Rolling Stones, la película

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 11 June 2008 | 0 Comments

Se estrena en Chile la comentada colaboración entre Scorsese y los Rolling Stones: Shine A Light. El “documental”, que en realidad no es más que un estupendo recital en vivo. El mismo que deja en claro que si el rock de estadios sigue un guión, los Stones fueron los primeros en escribirlo. Porque no sólo son la banda más longeva de la historia: crearon las mega giras y encarnaron a la perfección un mito. Acá, la historia en cuatro actos de cómo lo hicieron.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 11 de junio 2008.

SO GANGSTA. “Jumpin’ Jack Flash” (1968) acompañando a Robert de Niro en la iniciática Mean Streets(1973) o “Gimmie Shelter” (1969) por partida doble: en la intro de The Departed(06) y coronando los excesos tóxicos de Ray Liotta en Goodfellas(1990).

Dos canciones escritas por los Stones en su etapa más mafiosa, la época en que expulsaron a su propio fundador y guitarrista Brian Jones (1969), que apareció muerto en su piscina un mes después. Un momento clásico del rockandroll que varios artículoscalificaron como asesinato premeditado.

Dos años antes Jones, Jagger y Richards habían sido encarcelados por posesión de marihuana y eran el demonio rockandrollero que azotaba al mundo. Y ellos golpeaban de vuelta titulando su disco como “déjalos sangrar”, Let it Bleed (69), en abierta burla a los peleados Beatles del Let it Be (disco “póstumo” de los fab four grabado ese año, pero editado al siguiente).

El mismo año en que los Stones dieron un concierto gratuito en Altamont, San Francisco, para presentar aquel disco, y donde un fan terminó asesinado por los motoqueros Hell’s Angels encargados de la seguridad.

No es de extrañar entonces, que la elegancia gangsteril de los Rolling Stones de aquella época fascinara tanto a Martin Scorsese.

“Cuando era estudiante, yo daba vueltas alrededor de la música de los Stones. Los escuchaba e imaginaba escenas de cine. Y esas canciones me inspiraron para hacerlo… En mi cabeza hice esta película hace cuarenta años. Simplemente sucedió que recién pude filmarla ahora”, declaró “Marty” (como le dicen sus amigos Jagger y Richards), durante el estreno de Shine a Light(08).

Ese es el “documental” -en rigor es el registro de dos shows realizados en el neoyorkino teatro Bacon en septiembre de 2006- que junta a dos leyendas, y que se estrena el jueves 19 de junio en cines chilenos.

No es una película, ni un documental. Aquí no hay arqueología rocker como lo hizo Scorsese con Bob Dylanen su celebrada No Direction Home(05). Shine a Light (08) está más cerca de The Last Waltz(1978), la sentida filmación que hizo del adiós de The Band o a su primer trabajo como asistente de dirección en Woodstock:Un escaneo a rostros, muecas y actitudes, que generalmente se ven desde lejos. O en una pantalla gigante.

Pero Shine a Light también es el registro de una banda que protagonizó la revolución y posterior estandarización del rock and roll. Una banda que no sólo no ha muerto, sino que ha dado con la fórmula para vivir entre el reviente y las giras siempre fastuosas, siempre energéticas, siempre predecibles, sin importar el disco que lancen. Igual que U2 o Kiss.

A continuación, cuatro razones para entender cómo el rock and roll pasó de ser una revolución cultural a un parque de diversiones: un lugar seguro pero aparentemente arriesgado, que no molesta nadie. Y todo eso lo hicieron primero los Stones.

COPIAR Y PEGAR. Los Stones son de una generación pobre, posterior a los bombardeos alemanes de la II Guerra. Por eso las letras y la moral del blues y r&b que escuchaban por onda corta, les resultaron más inspiradoras que los “teen idols” de la época como Paul Anka o Cliff Richards. Así se conocieron Mick Jagger y Keith Richards: con una colección de discos bajo el brazo.

Liderados en un comienzo por Brian Jones, los Stones fueron profundos investigadores de la raíz estadounidense, por algo ahora son los primeros en presentar sus respetos al fallecido Bo Didley.

Sus primeros tres discos —el homónimo de (1964), Rolling Stones 2 y Out of Our Heads, ambos del 65— son antológicas versiones del rock and roll, soul y blues urbano estadounidense.

En la sexualidad de “I’m just want to make love with you” (Willie Dixon) o “Walking the dog”(Rufus Thomas), la velocidad de “Carol” (Chuck Berry) o “Route 66″ (Bobby Trump) y el soul de “Good times” (Sam Cooke), están casi todas las claves del sonido Stone.

Una revolución seguida por The Animals, Small Faces, The Kinks y The Who, que sorprendió y enojó a los autores originales, que acusaban a los Stones de robarles todo.

Eso, hasta que recibieron el golpe de vuelta cuando Otis Redding sacó su cover para Satisfaction, una original de los Stones.

A continuación, Redding tocándola en vivo en 1966. Ojo con la cara de Jagger al final del video: no sabe dónde esconderse. Al final no le quedó otra que declarar “Ottis la toca mejor que nosotros”. Es que en esa época los Stones recién se sacaban el uniforme de chicos buenos.

Los increíbles Aftermath (1966) y Between the Buttons (1967) fueron sus primeros discos compuestos íntegramente con material propio ¡Y cómo tocaban! Pero volvamos atrás: Los Stones presentados por Dean Martin en 1964, haciendo una versión de “Not fade away”, canción popularizada por Buddy Holly.

EL ROCK ES UNA MARCA. Casi siempre detrás de una gran mega banda, hay un muy buen manager. El de los Stones era un veintiañero y ex publicista de los Beatles llamado Andrew Loog Oldham, que les ofreció llevarlos a la cima el 64 con un plan claro: definirse como la antítesis de los Beatles. “Si ellos eran Cristo, nosotros seríamos el Anticristo”, teorizó. Así nació la marca Stones.

“Más que una banda, son un estilo de vida”, fue el primer slogan que escribió para su debut homónimo del 64. Le siguieron otros como: “¿Dejaría a su hija salir con un Rolling Stone?” y “Madres: encierren a sus hijas en casa porque vienen los Rolling Stones”.

Para cerrar la operación Oldham se reunió con Brian Epstein, manager de los fab four, y juntos acordaron planificar los lanzamientos de singles y discos de ambas bandas. Incluso los Beatles les dieron una canción: “I wanna be your man”, un año antes que Oldham encerrara en el baño a los Stones, para obligarlos a componer una canción propia.

Aunque Richards y Jagger señalen que no fue “exactamente así”, lo cierto es que el resultado a la salida del baño fue “As tears go by” (1964)

Durante la primera mitad de los 60s, mientras los de Liverpool sonaban limpios y disciplinados, los Stones eran sucios y salvajes. Todo eso se puede apreciar en este videocomparativo de “I wanna be your man”, tocada por ambas bandas.

Hasta que los Beatles se separaron, los Stones no dejaron de ser una respuesta a Lennon y McCartney. Sólo un par de ejemplos: cuando los Beatles sacaron Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band (67), los Stones editaron Their Satanic Majesties Request. Tras “All you need is love”,ellos lanzaron “We love you”. Y la lista sigue.

“Me gustaría listar todo lo que hicimos, contra todo que hicieron los Stones dos meses después”, diría un furioso Lennon en la famosa Rolling Stone Interview de octubre de 1970, cuya versión grabada la estrenó la BBC el 2005. Para oírla, acá.

Sexuales, malvados, rudos, viciosos y feos, parece que los Stones nunca se separaron sólo para seguir llevándoles la contra. A continuación dos clásicos videos del Rock & Roll Circus (1968). Primero tocando “Jumping Jack Flash”, para una audiencia top que incluía a Lennon y Yoko Ono.

PROTAGONIZAR EL MITO. Los Stones se adueñaron del concepto “rock and roll” completo, al convertirse en su mejor sinónimo.

Asesinatos, arrestos, drogas, supermodelos y muchos, muchos clásicos, cruzan su trayectoria. Una asociación de sexo, drogas y rock and roll que se convirtió en marca registrada, y que ha logrado resistir desde el punk que asoló Londres al “rock alternativo” noventero. Un grupo cuyos integrantes tienen más de sesenta años y que a pesar de su salvajismo, siguen de pie y llenando estadios.

Lo hicieron conjugando la calidad musical con el mito. Tenemos por una parte indiscutibles momentos de perfección rockera, como esa panorámica del pop psicodélico y beat inglés Between the Buttons (1967), el incendiario Beggars Banquet (1968, considerado por muchos, el mejor disco de los Stones) o el fundacional doble Exile On Main Street (1972) que sintetizó riffs, tres tonos y rock desesperado.

Esa forma de tocar estaba unida tanto en letras como sonido, al mito fundacional del rock. Y en los Stones siempre hubo perfectos protagonistas para encarnarlo: Richards el reviente. Jagger el sex symbol. Watts, el intelectual que iguala al sucio rock, con las expresiones artísticas más clásicas de la humanidad.

Las aventuras de los Stones se cuentan por cientos. Del libertinaje salvaje de las noches blancas de Keith Richards (64 años), quien siempre tenía una cajita con cocaína al alcance de la mano mientras grababa Exile… en París -en el mismo estudio que usó Deep Purple para registrar el himno del heavy metal “Smoke on the water”- a declarar que se jaló las cenizas de su padre, sólo hay casi cuatro décadas de distancia.

Mick Jagger (64 años) partió quitándole la novia a Keith (la italiana Anita Pallenberg, quien a su vez fue esposa de Jones) y ahora tiene siete hijos reconocidos de cuatro supermodelos (su novia actual es L’Wren Scout).

Nótese lo bajito de Mick, cosa que sorprende a todo el mundo, en esta foto.

Y Charlie Watts (67), el baterista que quería ser pintor, pero que renunció a ello por no tener talento. El único atormentado del grupo, el mismo que arma y desarma grupos de jazz para tributar a Charlie Parker y apoyó las “acciones de arte” del grupo como incluir una foto de un baño público(Beggars Banquet, 1968) o un cierre diseñado por Warhol(Sticky Fingers, 1971).

Todo eso se ve en Shine a Light: Un mega energético Jagger perreando con una entregada Christina Aguilera. Un muy pero muy carreteado Keith Richards mirando de reojo, haciendo chistes picantes y fumando como carretonero.

La diferencia de estilos de vida se nota: aunque seis meses mayor que Richards, en el escenario Jagger parece su nieto.

Watts haciendo gala de un sentido del humor parco, potenciando las canciones con la misma precisión de Ringo. Y la solidez de Ron Wood (que venía de los Faces de Rod Stewart), el guitarrista que se quedó en los Stones casi por casting a partir del 73-74.

Un “estilo de vida” que comenzó a suavizarse tras las internaciones de Richards y la vida sana publicitada por Jagger. Aunque en el imaginario, los Stones siempre serán salvajes y drogadictos.

Los dejamos con dos clásicos con 16 años de diferencia. Primero “ (I can`t get no) Satisfaction”, en su famosa versión censurada durante una aparición de tele en 1965.

UN PARQUE TEMÁTICO STONE. Los Rolling Stones fueron los primeros en tomar conciencia que el dinero estaba en los shows en vivo. Mientras los Beatles experimentaban en el estudio, ellos organizaban giras cada vez más monumentales. Si bien entre el 67-69 se tomaron un relativo descanso por drogas, de ahí casi no pararon más.

Con el devenir de las décadas, pasaron del salvajismo a convertir los mega shows en una montaña rusa: arriesgados sólo en apariencia. Porque eso que llamamos “rock de estadios” comenzó a fundarse con los Stones, y terminó de definirse con Led Zeppelin, Kiss y Pink Floyd.

Desde experimentos como el show televisivo Rock & Roll Circus (1968), que salió recién treinta años después, porque estaban celosos de lo bien que tocó The Who, al histórico concierto de Altamont donde murió un fan en cámara asesinado por los Hell’s Angels —la pandilla de motociclistas que le hacían la seguridad a los Stones, como se puede ver en el imperdible documental Gimmie Shelter(70)— ellos definieron los megaconciertos.

A continuación, los Stones tocando “Sympathy for the Devil”, con Jagger parando el tema y pidiendo que los “hermanos y hermanas se calmen” antes de proseguir. Pero el diablo ya había metido la cola: la “seguridad” había acuchillado a un fan en las primeras filas, sin que la banda lo notara.

Precisamente esos incidentes marcarían sus posteriores mega giras: seguridad, luces, puesta en escena, amplificación, espectáculo masivo. El lenguaje del rock de estadios. El refugio más digno que encontraron los Stones.

Es que desde el Tatto You (1981), sus discos son poco más que souvenirs de gira, justificativos del despliegue técnico y las notas de prensa que anuncien que “no, no se separan, aunque esta podría ser la última gira” y promocionan cada disco como “el mejor desde los clásicos de los setentas”. Pero basta escuchar los singles, para darse cuenta que sólo son una excusa para justificar las giras mundiales.

De su última gira es Shine a Light. Un show presentado por Bill Clinton, que incluye a un tímido Jack White, una canchera Christina Aguilera y al blusero Buddy Guy, el único que obliga a la banda a salirse de la rutina de saltos, miradas y frases perfectamente estudiadas, que de tanto repetir ya forman parte de ellos.

A no confundirse con su campaña promocional: Shine a Light no es ni una película ni un documental, menos una biografía. Es un encuentro de amigos de alta calidad. Un imperdible para cualquier rollinga y/o amante de Scorsese.

Un “Marty” en su expresión más payasa, transmitiendo a la perfección el show ultra controlado, de la banda más longeva de la historia del rockandroll. Todo salpicado con breves, divertidas y reveladoras entrevistas de archivo.

Una filmación que deja en claro por una parte que el sexo es mejor que las drogas (cosa de comparar a Jagger con Richards), pero sobre todo, que si el rock de estadios sigue un guión, los Stones fueron los primeros en escribirlo.

Shine a Light se estrena en cines el 19 de junio.

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No country for old Bob

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 3 April 2008 | 1 Comment

Desde su juventud, Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Una piedra rodante que desde mediados de los 80s se mantiene en gira constante con su Neverending Tour, el que lo trae por segunda vez a Chile. Más que la leyenda que nunca quiso ser, a Dylan le gusta verse como un recopilador de las raíces estadounidenses. Porque para él, el pasado es el lugar donde habitan todas las respuestas. Aunque éstas claro, estén siempre flotando en el viento.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 3 de abril 2008.

UN LUGAR PARA LOS VIEJOS

Botas negras, fino bigotillo y sombrero. El Bob Dylan que se encerró a grabar Modern Times (06) parecía un viajero de otro tiempo, decidido a enfrentar el presente con las siempre vitales raíces del pasado. Un viejo bluesman/cowboy de regreso a un lugar donde no hay espacio para la épica ni la moral de antaño, algo así como el sheriff de No Country for Old Men,la última gran cinta de los hermanos Coen.

Pero en lugar de verse indefenso y derrotado por los “cambios de los tiempos” como el personaje de la película, Dylan volvía bien armado, con una Fender Stratocaster colgando del cinto y frases como “dices que mi mejor momento pasó/ a ver qué me puedes enseñar tú/ seguro que lo pasaremos bien en eso” (“Spirit on the water”). Un discazo lleno de impresionantes blues eléctricos, rockabillys y baladas country-folk

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El lanzamiento de Modern Times volvió otra vez hype al viejo Bob. Y su revalorización en la cultura pop resultó inminente. Pero más que sentirse cómodo, Dylan decidió restarle importancia al asunto. Más sabe el viejo por viejo. Para Dylan la gente ya era una batalla perdida desde 1966, cuando un espectador lo trató de “Judas” por haber abandonado la “canción de protesta” y enchufado sus guitarras. “¡No te creo! Eres un mentiroso”, fue su hastiada respuesta.

Dylan ya había pasado por otras oleadas de admiración y “olvido”. Durante el punk Patti Smith quedó en éxtasis cuando logró conocerlo, en la era ochentera Michael Jackson lo invitó a cantar “We Are The World“, y en los 90s vivió todo un “revival” cuando estuvo a punto de morir.

Tras ser dado de alta de una gravísima enfermedad cardiorespiratoria, en 1997 sacó el extraordinario Time Out Mind, desempolvó la grabación del mítico show en Manchester donde responde los insultos de un desencantado fan (Live 1966), se ganó un Oscar y tocó frente al Papa.Porque Dylan es un tipo religioso que ya había sacado a fines de los 70s una trilogía cristiana, y que ante las críticas declaró: “Cuando creo en algo no me importa lo que los demás piensen. Se ríen porque adoro al Señor pero ¿y ustedes qué hacen con Kiss?”.

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Luego del Modern Times los homenajes llegaron como una avalancha. Scorsese anunció su documental No Direction Home (05), una editorial le ofrece escribir su autobiografía -“Crónicas. Volumen Uno” (05)-, “Like a Rolling Stone” es elegida la mejor canción de la historia por la, ejem, Rolling Stone, terminan de reeditarse sus discos clásicos y hasta aparece en un spot de Victoria Secrety acepta salir en un capítulo de Dharma & Greg,algo muy extraño para un tipo tan arisco como él.

Con el estreno de la película I`m Not There y su gran banda sonora -cargada al indie-, la “Dylanmanía” parece tan infinita como la afamada Neverending Tour, una gira que desde mediados de los ochentas jamás se ha detenido y que ya lo trajo por primera vez a Chile el 98, y lo vuelve a hacer este 11 de marzo. Acá las razones para no perdértelo.

VAQUERO ELÉCTRICO

Desde su juventud Bob Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Antes de la electricidad, los hoteles cinco estrellas y ser ungido como una voz de su generación, sólo fue un tipo desconocido que llegó a Nueva York a los 19 años, sin conocer a nadie y con 20 grados bajo cero.

Lo primero que hizo fue visitar en el hospital al héroe folk Woody Guthriepara mostrarle sus canciones. Lo segundo fue encerrarse en las bibliotecas buscando partituras viejas, textos del siglo 18 y letras de canciones tradicionales. Sólo así estuvo seguro que su camino era el correcto.

“Era mejor que el resto de los cantantes de cafés. (Mi repertorio) consistía en auténticas canciones folk, sin concesiones, con la base de un rasgueo incesante y estridente. O acababa ahuyentándolos o despertaba en ellos una curiosidad que los impulsaba a acercarse más aun para ver de qué iba ese rollo. No había punto medio”, escribió en sus celebradas Crónicas(05)

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Sus canciones tenían la pólvora de un predicador callejero y la mirada casi sobrenatural de un tipo que entendía la condición humana a pesar de tener apenas 23 años, como si viniera de vuelta, enojado con un mundo más salvaje que el de las propias bestias. Nadie había tenido el descaro de cantar, tocar la armónica y rasguear tan rabiosamente como él. Y nadie tenía tanta dinamita en sus letras.

“Vengan padres y madres de todo el país/ y no critiquen lo que no entienden/ Sus hijos ya no están bajo su control/ Porque los tiempos están cambiando (…) La línea está trazada/ y la maldición lanzada”, canta en “The times there are a-changing”.) “Ustedes arrojaron el peor miedo/ que alguien pudo haber lanzado/ el miedo a traer niños al mundo”, dice en “Masters of war”.

Como bien resumió Bruce Springsteen “así como Elvis le dio cuerpo a la música popular, Dylan le puso neuronas”.

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El siguiente paso fue convertir esa música de raíz en pop. Entonces llegaron los Beatles. Y a ellos les llegó Dylan, en una de los encuentros más vitales de la historia del rock, celebrada en un hotel neoyorkino el año 64.

Más allá de las risas, la marihuana y la extraña imagen de Dylan contestando el teléfono de los Beatles, cortando y diciéndoles: “Esto es Beatlemanía”, como aparece en la Antología de los de Liverpool (acáuna recreación del histórico momento en dibujos animados).

La reunión hizo que Lennon, McCartney y compañía, no sólo comenzaran a fumar pitos, sino que le pusieran atención a las letras. Y que Dylan, por su parte, hiciera más pesado y eléctrico su ya áspero folk-blues, formando su primera banda. Para ello contrató a los canadienses The Hawks, más tarde conocidos como The Band.

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Luego del encuentro Dylan grabó Bringing It All Back Home (1965), un álbum fundamental cuyo concepto era traer de vuelta todo el blues, r&b, rockabilly, country y folk que los ingleses habían utilizado para invadir USA con los Beatles, Rolling Stones y The Who.

Junto a ello, sus letras dejan de ser directas -”Johnny está en el subterráneo/mezclando la medicina/ yo estoy en el pavimento/ pensando en el gobierno.. No sigas a los líderes/ Mejor mira los parquímetros” canta en “Subterranean homesick blues”- y su sonido se carga de “violencia”, en paralelo a los disturbios políticos y raciales de la época, conflictos que en el fondo no han cambiado demasiado.

Quizás por eso el mundo sigue hablando de sus canciones. Quizás por ello siempre habrá un lugar para el viejo Bob. A continuación el video de un clásico. Ojo con Allen Ginsberg a la izquierda.

Dylan odia que le digan “leyenda”. ¿Cuanto duró su época pop de lentes oscuros y conferencias de prensa? Dos años: 1965-1966, la época de la famosa escena de Dylan y Lennon borrachos en una limusina paseando por Londres y hablando de Johnny Cash, que puedes ver acá.

Luego de sufrir un accidente en moto el 66, se cambió de look, abandonó varios shows y empezó a grabar discos country como John Wesley Harding (1967) o con aires hispanos como Desire (1976), que desconcertaron aún más a su público. Así comenzaba a dejar el rock&roll para volcarse a las raíces que lo alimentan. Por eso Dylan prefiere verse a sí mismo como un recopilador de las raíces musicales estadounidenses, un arqueólogo de sonidos que marcó a fuego la década de los 60s, más que como un rockero.

Él prefirió contar historias rurales, retorcidos relatos de pueblerinos que llegan a la Gran Ciudad y armar el Rolling Thunder Review, un festival donde músicos y poetas vestidos como en el siglo 19 viajaban en tren por la “América profunda” tocando sin previo aviso, en lugar de quedarse rompiendo hoteles.

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Posiblemente muchos de los que vieron el documental de Scorsese y se fascinaron con su interpretación de Like a Rolling Stonequedarán desconcertados al ver al Dylan modelo 2008, vestido como si se hubiese fugado de un western y con un sonido cargado al órgano Hammond y las guitarras espesas. Dicen que adivinar que clásico está tocando no es fácil. Y eso que para Sudamérica Dylan prepara sets repletos de temas históricos.

Aunque buceando en lo mejor del pasado, Dylan no vive anclado a él: sabe que la única forma de no matar sus éxitos es reviviéndolos cada noche, volviéndolos a armar con el personalísimo sonido folk-blues que logró en esta última década. El cowboy eléctrico no se detiene

Bob Dylan toca este martes 11 de marzo en el Arena Santiago (interior del Parque O’Higgins). Entradas entre $16.500 y $126.000 a la venta acá.

A continuación, discos fundamentales y homenajes para adentrarse en la Dylanmanía.

DISCOS ESENCIALES:

The Freewheelin’ Bob Dylan (1963):

Una portada tan clásica como su sonido de guitarra y armónica. Una colección de himnos como “Blowin`in the wind”, “Masters of war”, “A hard rain are a-gonna fall”, todos tan certeros como impresionantes. Acá Dylan se volvió icono generacional.

Acáun video de la época para “Blowin’ in the wind”.

Highway 61 Revisited (1965):

La música de raiz (folk, country, blues) Dylan la hace pop, eléctrica e indomable. Abre con el clásico “Like a Rolling Stone” y después de un huracán de riffs y letras de amor/odio cierra con la surrealista “Desolation Row” donde T.S Elliot, el Fantasma de la Ópera y la Cenicienta comparten una fiesta alucinada que termina mal.

Acáun video de la época para “Like a Rolling Stone

Blonde on Blonde (1966):

Su obra maestra. Disco doble grabado con músicos de Memphis, que expande las búsquedas musicales de Dylan (hay desde himnos del ejército de salvación hasta pop chicle) y sus líricas extraordinarias. Ejemplo de ello es “Visions of Johanna“, donde su protagonista en pleno insomnio se debate entre dos misteriosas mujeres. El rock como forma de arte.

Acáun video de la época para “Visions of Johanna“.

Blood on the tracks (1975):

Dylan jamás había escrito sobre su vida personal tan directamente. Para muchos es su mejor disco, uno que inaugura una especie de súb genero, el “álbum divorcio” (el Sea Change, 2002, de Beck sería un ejemplo moderno) donde narra el fin de una relación de pareja con toda la melancolía, el arrepentimiento y el odio que conlleva el proceso. En “Idiot Wind” dice “eres una idiota nena/ me sorprende que aun sepas cómo se respira”.

Acáun video de la época para “”Idiot Wind“.

Live 1966 (1998):

La oficialización de la grabación de un show en Manchester donde tras su soberbio set acústico enchufó la guitarra, por lo que un fan lo trató de “Judas”. Dylan arremete con, tal vez, la más rabiosa version de Like a Rolling Stone de todos los tiempos. El momento en que por primera vez en la historia, un artista pop se atrevía a tratar de idiota a su público. El mejor punto de partida para conocer musicalmente al cowboy eléctrico.

DYLANMANÍA:

No Direction Home (2005) de Scorsese es quizás la mejor forma para introducirse en el planeta Bob Dylan. Su educación sentimental formada por los viejos discos de country, blues y folk hasta su estrellato pop de mediados de los 60s están narrados acá por testigos, excelente material de archivo y él mismo. Lo encuentras en cualquier videoclub.

Crónicas. Volumen uno” (2005), es su autobiografía centrada en la misma etapa y narrada con el mismo estilo que hablan los cowboys en las películas: áspero, preciso y rico en historias. Lo encuentras en librerías a $8.500.

El recién editado dvd “The Other side of the mirror” compila sus presentaciones en Newport, el festival de “folk abc1″ preferido por los snobs, beatniks y chicos universitarios gringos de la época, donde Dylan tocó por tres años seguidos (63-65), el primer lugar donde lo pifiaron por usar guitarra eléctrica. Precio de referencia $14.000.

Otra buena opción es “Dylan” disco que recopila todos sus singles desde “Blowin’in the wind” hasta la ganadora de Oscar “Things have changed” ($9.900).

También se reeditó en formato dvd el documental “Don`t Look Back” de D.A. Pennebacker donde cámara en mano se registra su gira acústica de 1965.

Im not there” de Todd Haynes por otra parte, es una película que ficciona la biografía de Dylan, donde destaca la actuación de Cate Blanchett haciendo de un anfetaminado Bob modelo 1966. Su doble banda sonora incluye covers de Eddie Vedder, Sonic Youth, Yo La Tengo, Calexico y Cat Power. Estos últimos hay que encargarlos ya que no están editados en Chile.

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El sino de Café Tacvba

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 12 September 2007 | 0 Comments

Se fueron de vacaciones. Regalonearon a sus hijos, desempolvaron discos de Rush y XTC y volvieron a jugar juntos. Revisamos con Emmanuel “Meme” del Real la historia de los Tacvbos, cómo Chile fue fundamental para su éxito y escuchamos Sino, su nuevo disco que sale a fines de mes, el retorno guitarrero y bailable de una de las bandas más importante del rock latinoamericano, los principales responsables en recuperar y volver pop los ritmos del sub continente.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 12 de septiembre 2007.

El éxito casi arruina a Café Tacvba. No terminaban aún de girar mostrando su discazo Cuatro Caminos (2003) cuando el 6 y 7 de octubre de 2004 celebraban sus quince años con dos conciertos en el Palacio de los Deportes de México. Al año siguiente lanzaron Un Viaje (05) disco triple + DVD con el show. Sin darse cuenta ya estaban otra vez con maratónicas jornadas de promoción.

La apatía se instaló en la sala de ensayos. Se habían aburrido de Café Tacvbaa tiempo completo. Demasiados días perdidos en sesiones de fotos o videos cuando podrían estar jugando con sus hijos o haciendo canciones sin estar atados al concepto banda. Decidieron parar.

Joselo Rangel (guitarras) aterrizó en el Liguria y grabó con Álvaro Henríquez “Lejos” (05), Ruben Albarrán (conocido también como Cosme, Anónimo, Élfebgo Buendía y ahora Xxi Xoo) grabó el disco “Bienvenido al sueño” (06) y Emmanuel “Meme” del Real (teclado, guitarras) se integró al colectivo electrónico Noiselab. El mismo que habló desde el DF con la Zona, sobre el regreso de los Tacvbos.

“(La pausa) No fue algo tan planeado. Al principio la idea era tomarnos unas vacaciones. Pero después nos dimos cuenta que era indispensable darnos un tiempo, porque sólo así podíamos estar bien individualmente y recuperar la ilusión de tocar en el grupo. Fue medicinal”.

El resultado de la terapia es Sino (07) un disco bailable y cargado a las guitarras, sin la mega producción de Cuatro Caminos (03) , su excelente disco que contó con Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips, Mogwai) en los créditos de producción, pero con un sonido de lujo a cargo de su casi eterno productor Gustavo Santaolalla.

En Sino (07) hay canciones para aprender de memoria como “Vámonos” y “Quiero ver” , un bolero especie de continuación de su hit “Eres” , o un ritmo reggetonero como “53100” . El hilo conductor del disco queda claro en el título de su primer single subido a Myspace: “Volver a empezar”. El reencuentro de los cuatro Tacvbos.

HITS DEL MTV BOLIVARIANO. Desde su debut homónimo del 92, Café Tacvba sonaron a ellos mismos. Mezclando folclore y pop de sintetizadores, supieron traspasar en las letras el caos del DF. Desde la neurosis de “Cometer suicidio” a el amor punk de “Chica Banda”, sus textos y música eran inconfundibles. “Por eso no quisimos grabar en inglés: porque no tenemos nada que decir en ese idioma”, recuerda Meme, haciendo alusión a una práctica común en los grupos mexicanos de por entonces

Su segundo disco, Re (1994) es considerado por la prensa como su “álbum blanco”: una panorámica de todos los estilos de la época, mezclado con raíces. Desde el industrial “El Borrego”, hasta el swing de “El Balcón”, pasando por dance, pachangas y rancheras.

La revalorización de ritmos populares latinoamericanos, que por entonces no eran muy bien visto en las radios, y su mezcla con el rock fue en gran medida responsabilidad de Café Tacvba.

“Ocurrió algo que emocionalmente a nosotros nos rescató. No te podría decir que Re fue muy bien recibido en México. En verdad fue poco entendido y sucedió que en Chile “El Ciclón” era un éxito. Fue un brinco que esperábamos, la chispa que detonó lo que después regresó a México pasando por los países sudamericanos y hasta Estados Unidos”. De ahí “La Ingrata” y todo lo demás.

Era la época del MTV boliviariano…

“Sí!!!. Era lo máximo porque podías saber lo que estaba pasando en el continente. Añoro todo eso. Creo que no ha vuelto a pasar desde entonces, salvo hasta ahora con Myspace. Pero aun así no tiene la misma contundencia, no todo el mundo tiene acceso a las computadoras. Después, bueno, se abrió más al pop. Ahora MTV es un canal de programas y realitys. La gente honesta es la que aún sigue investigando, conociendo bandas, intercambiando (se ríe)”.

AVANZAR SIN TRANSAR. Después del éxito boomerang del Re, los mexicanos quisieron ganar tiempo con un disco de covers tocados “a su manera”. Desarmaron y le metieron violín y guitarrón al merengue “Ojalá Que Llueva Café”, volvieron ska lánguido el “Como Te Extraño Mi Amor” de Leo Dan y lanzaron como single “Chilanga Banda” un clásico under mexicano donde todas las palabras eran puro slang.

“Estábamos haciendo canciones tan intensas que decidimos sacar un disco con el que pensábamos que no pasaría mucho”, dice Meme. Pero el disco fue un éxito y los obligo a un intenso ciclo de recitales por todo el continente (incluyendo EE.UU).

¿Y luego de eso? “Nos dimos cuenta que las nuevas canciones eran instrumentales. Rubén dijo que se sentía cómodo tocando guitarra. Y dijimos ¿por qué mejor no hacemos un disco instrumental?”, cuenta Meme.

Al sello le espantó la idea, cuenta. Ellos querían que siguieran siendo una máquina de hits y un disco tan extraño sonaba a mala jugada comercial. Negociaron y lograron salirse con la suya, como siempre. “Siempre intentamos que la compañía sea cómplice de nuestros proyectos. Y ellos han entendido que vamos a entregar algo bueno, aunque los sorprenda”.

El disco doble Reves/Yo soy (99) sorprendió a todos: cero folclore, un disco experimental, otro más en formato canción, y guitarras emparenteadas con lo que hacía Radiohead y Spiritualized. Éxito de críticas. Se ganan un Grammy. Los gringos ponen sus oídos sobre la banda. Comienza el desgaste, el mismo que terminó con un paréntesis de cuatro años post Cuatro Caminos, otro disco aclamado por la prensa anglo.

“Esto es como vivir en pareja” dice Meme. “Después de tanto tiempo la idea de separarse definitivamente no es la primera opción”.

-El nuevo disco suena menos producido, más guitarreado y mucho más bailable.

-“Así es. El concepto primario fue grabarlo en vivo. Todos en el mismo cuarto. En el estilo de Los Tres. Sucede lo mismo que cuando tocas en vivo: se genera una energía que se vuelve otro integrante”.

-En Cuatro Caminos la banda sonaba reflexiva. En este disco pasaron a la acción…

-Exacto, ahora es más activo.

-”Gracias” la canción que cierra el disco es una plegaria. Agradecen por la democracia y el estado de derecho y luego aclaran que es lo que no existe aun…

“Tiene la influencia de la trova latinoamericana de los 70s. De protesta pero con cierta ironía. Hablamos de la desilusión que nosotros por lo menos en nuestro país, tenemos por el gobierno, la política, los partidos, los corruptos. Más que una crítica es el sentimiento de desilusión, del qué va a pasar. Y luego viene el solo de batería que nos divierte mucho”.

-Ahí hablan de ser “ciudadanos de segunda”.

“Es como cuando dicen que somos “region cuatro”. “Este grupo es como Los Beatles, región 4″. Esto de vernos como tercer mundo y menospreciarnos. Pero al mismo tiempo lo que a nosotros nos salva es la música”.

-La temática del disco tiene que ver, con reinventarse, de dejar de mirar el pasado porque las deudas ya están pagadas … pero tocado de manera adolescente y bailable.

“Sí, tiene que ver con los discos que escuchábamos de adolescentes, bandas progresivas comerciales como Rush o Yes. Pero también cosas de new wave como XTC, las influencias que siempre hemos tenido pero que ahora destacan más”.

- ¿Cuándo vienen a Chile a lanzar el disco?

“Arrancamos Buenos Aires. Tocaremos en el Pepsi Rock, en la Trastienda y en Rosario (entre el 22 y 29 de septiembre), luego regresamos a México. Vamos a Chile en febrero me parece”.

-¿Al festival de Viña?

-Sí.

Preguntamos: ni el sello ni los organizadores tienen confirmado a los mexicanos. Andrés Celis, concejal de Viña del Mar y miembro de la comisión niega que vayan a tocar. “Aunque conociendo a Canal 13 podría esperar cualquier cosa”, nos dijo.

Cuestión de fe. Habrá que creerle a Emmanuel, si queremos mantener nuestra única esperanza de ver en vivo, el nuevo disco de una de las bandas que ayudó a convertir al rock latinoamericano en un género de peso.

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Ojo con el comic

Archivo Periodistico,Reportajes 26 February 2007 | 0 Comments

OJO CON EL CÓMIC

Viñetas, globos de texto, onomatopeyas y arte a la chilena es lo que trae el volumen recopilatorio Ojo de Vidrio, un compendio de la nueva camada de artistas chilenos dedicados al noveno arte. Experimentación, dibujos y tres artistas seleccionados.

Por JC. Ramírez Figueroa, 26 de febrero 2007.


Superman, Manga y Condorito. Novelas gráficas “serias” pero protagonizadas por un hombre murciélago. O esas femmes fatales que parecen de verdad. Viñetas y globitos con texto. Para muchos el cómic se reduce a eso. Un arte menor que en Chile es incapaz de romper la barrera de la fotocopia o del número dos. Para desmentirlo fue lanzada “Ojo de Vidrio”, libro/panorámica del cómic experimental chileno.

No huyan, cuando los recopiladores hablan de “experimental” se refieren no sólo al quiebre con el relato lineal de una historia, sino también con la fusión que hacen con el diseño, el collage, la estética fanzine, el stencil y la fotografía. Algo que en países como Francia, Bélgica o EE.UU. es natural.

Iván Pinto, Roberto Contador y Nicolás Perez de Arce hicieron, como ellos mismos dicen, una recopilación “transversal” de los dibujantes nacionales de la última década.

Una generación que creció más allá del planeta Marvel/Dc Comics, que aparte de devorar las publicaciones “under” de los 80s como “El Trauko” o “Bandido”, también se dedicó a la música, el teatro o el cine. Un grupo de gente que comenzó a salir a la luz con el mítico fanzine Kiltraza, un semillero -de ahí salió Rodrigo Salinas de la Nueva Gráfica Chilena, quien también aparece en la compilación- que recuperó la tradición de los 80s y se adelantó a la mezcla de estilos, escapando de los clichés de la historieta tradicional.

Acá te presentamos los trabajos más interesantes según la Zona.


EL SECRETO DE LA MONTAÑA. Los dibujos de Carlos Reynoso (33 años) tienen esa perversidad naive -monitos encantadores pero de mal corazón- que en el último tiempo se ha hecho común entre diseñadores y fanáticos de los stickers. Claro que en su caso, no lo hace para intervenir paredes o poleras con un monito lindo, ‘Guerra contra la gente inteligente’ es una especie de génesis mitológico sobre el nacimiento de su ciudad, Los Andes.

“Vivir en Los Andes es algo inquietante, hay como una cosa maligna que no sé definir, el ostracismo, la posibilidad de subir en cualquier momento a la montaña y regresar al pueblo iluminado”. A él le pasa y cuando se le enciende la ampolleta, aprovecha de crear, antes que se le apague de nuevo, porque dice que esto es intermitente.

En Los Andes, creció dibujando compulsivamente mientras leía ‘El Trauko’ y editaba fanzines. “La fotocopia a mi parecer, dentro de las disciplinas de gráfica tiene mayor identidad cultural con Chile”.

Reynoso además toca guitarra y teclados en Mostro y tiene un sello de música experimental llamado ‘Horribilis Registros’, donde se da el gusto de dibujar las portadas de cada disco que edita. Para él ambas cosas van de la mano -de hecho en los shows de la banda hay animaciones y dibujos suyos- y todos los días después de almuerzo se dedica religiosamente a dibujar y componer. “Tengo los dedos negros de tanto lápiz pasta”.

Influenciado por la estética de los cuentos para colorear y con la idea de pervertir la herencia gráfica de las tías de párvulo, Reynoso en vez de esforzarse por destruir el canon del cómic, se dedica a darle una vuelta de tuerca a los personajes, la estética y la historia. Y le resulta.


ESTO SÍ QUE ES ARTE. Un hombre sin polera, lentes, un tarro sobre la cabeza y un par de tubérculos que emergen de ahí. Salta, cae, come, defeca y muere. Ese es MC Rabito y aquellos, los títulos de la única obra sin rastros de tinta del libro. Sólo fotografía.

“¿El cómic es tinta y dibujos? Los brasileños se refieren al ‘cómic’ como historias en cuadros, los chinos le llaman imágenes encadenadas. ¿Qué tiene entonces de cómic lo que puse dentro del libro?, pues nada. Podrías preguntarle a una persona que vive en una toma ¿que tiene de casa su casa?”, dice Francisco ‘Papas Fritas’ Tapia (22 años) quien se caracteriza por no sólo crear obras, sino por protagonizarlas. Sí, MC Rabito es “papas fritas”.

Papas interviene los billetes que le caen en las manos y los hace circular (“Firma de Autor”), expuso en el Museo Benjamín Vicuña Mackenna junto su mamá enfermera en la obra “Conchito de su madre” (octubre de 2006), se clonó en una escultura donde personificaba a un mendigo pidiendo materiales para hacer arte. Por esta instalación un curador de cómic lo invitó a participar en la muestra ‘Comic Strip Passion Trip’ en Suiza, Francia e Italia.

Además graba discos de música experimental para Jacobino Discos.

Si le preguntas si él es su obra, Papas no duda y dice: “Yo soy el arte”. Aunque en verdad no sabes si es en serio o en broma.




A LO PERRITO. Antes de Becerro, Rodrigo Adaos (31 años) y algunos amigos del colegio habían elevado al quiltro como un animal simbólico: sin hogar, sin pasado y viviendo todo el tiempo en la calle. Por eso bautizaron su fanzine como Kiltraza. De a poco fueron sumando gente hasta transformarse en un colectivo, creando escuela. De eso, hace ya 13 años.

Adaos exhibe orgulloso los números de Kiltraza donde la gráfica se aparta del cómic tradicional y se sumerge en el collage, el stencil, los personajes retorcidos, o una sola frase capaz de cerrar una historia absurda. Cada edición distinta a otra, ediciones objeto y una revista “contra Kiltraza” hecha de papeles de cuaderno y cosas pegadas una encima de otra, totalmente artesanal.

Además de un grupo de cumbia-rock bautizado “Sonora Kiltraza” cantando cosas como “Perdóname si te digo, Marcel Duchamp” al ritmo del “negro José”, o haciendo una procesión donde paseaban un elefante hecho de cartón, montado sobre un carro de supermercado. Acciones que tuvieron un receso a principios de esta década, cuando Adaos fue a estudiar a Barcelona. Como si fuera un partido extraparlamentario, ahora el colectivo está reactivándose.

Adaos dice no tener arte poética, pero cree que todo es mixeable. Por ejemplo tomar el arte precolombino y mezclarlo con la estética del collage.

‘Hoy es un día espectacular’, su aporte a Ojo de Vidrio narra una batalla donde aparecen Condorito, conejos, ratones, bombarderos y soldados. Todos sumados y fusionados en un Apocalipsis que, obvio, marca el The End de la historia.


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Marky Ramone: ¿El último de los mohicanos?

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 1 September 2006 | 0 Comments

Marky Ramone es el único sobreviviente de la banda que creó el punk. Él sabe que acá, la locura por los Ramones es mayor que en EE.UU, donde los Pistols se llevaron casi todo el crédito y Green Day la plata. “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk”, fue una de las frases para el bronce que se mandó en la entrevista. Pero le da lo mismo, él sabe que es leyenda.


Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Guillermo Scott) para Zona de Contacto, 1 de septiembre 2006.

DON RAMÓN. Si no fuera por las arrugas, Marky se vería idéntico a como aparece en las tapas de sus discos con los Ramones. La misma chaqueta de cuero, la misma chasquilla y, obvio, las mismas converses. Mientras come una ensalada, se queda pegado en una vieja foto del trompetista Joe Sullivan que reposa sobre una pared del restaurante Bluebird de Providencia. Entonces mira a los ojos para responder la primera pregunta. “Claro que soy un sobreviviente. Mírenme: estoy vivo y respirando”, dice recordando a Joey, Johnny y Dee Dee, el resto de la familia Ramone que ya no está.

Marky Ramone es un punk amable. Y sigue siéndolo hasta que unos tipos de terno dejan la puerta abierta, a pesar que él les había pedido cortésmente que la cerraran porque hacía frío. Probablemente ni sabían quien era. Entonces, el baterista que a los 26 años abandonó el apellido Bell, grabó “I wanna be sedated” (78) y se fue a girar con la banda que creó el punk, levanta su metro 85 de estatura, les grita “asshole” y se vuelve a sentar aguantándose las ganas de ponerles un combo.

Marky llegó a los Ramones en 1978, como un suplente recomendado por el entonces baterista titular, Tommy Ramone. Marky entró a la cancha y supo jugar bien entre cada “one, two, three, four”, durante cada noche, ciudad y show. “No tuve que adaptar nada. Tommy y yo venimos de la escuela Ringo Starr. Él es grande, fresco, el mejor. Yo sólo tocaba un poco más rápido que Tommy. Y no pienses que nuestro estilo es fácil. Hay que ser muy preciso”

-¿Cuando te diste cuenta que ya eras un Ramone, que estabas integrado?

-Siempre lo fui. Hasta cuando me salí de la banda, aun seguía recibiendo dinero. En esa época (1981) yo estaba tratando dejar el alcohol. Ramones es lo que yo soy: un tipo normal al que le gusta tocar la batería”.

HEY HO, LET´S GO. 1978. En el CBGB´s los Ramones juegan de local y los Sex pistols son la visita que por entonces, se llevaba los créditos como creadores del estilo. Intimidados, los ingleses beben cerveza y miran de reojo al camarín. No saben como abordar a la banda que creó el estilo que ellos escaneron. Siguen bebiendo hasta que deciden acercarse a Los Ramones. Los neoyorkinos no pescan demasiado y en lugar de saludarlos, le pasan una chela a Johnny Rotten. La cerveza estaba meada. Los británicos ni se enteraron.

Los Ramones punkeando a los punks británicos. La historia la cuenta Marky entre risas, asegurando que es verdad.

-¿Es cierto que Syd Vicious les temía?

-El quería que nos presentaran. Estaba con Nancy y estaba seriamente borracho. Sid cuando chupaba se ponía muy odioso, rudo, quería pelear conmigo. Eso te dice como era su carácter y cuando supo que yo era un Ramone nos hicimos amigos, el era un fan de Dee Dee. Nos hicimos amigos porque nos juntábamos a tomar juntos, carreteábamos y eso. Una relación muy wasted.

-¿Qué pensabas realmente del punk inglés?

- “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk. Malcolm Mclaren, los juntó, los peinó, los vistió y les puso el Sex a los pistols. Eran punks fashion y eso es. Pero no eran una mala banda, no hacían mal punk. Eso sí, sin los Ramones no serían nada, ellos solo eran una banda de pop rock, se sentaban con sus pelos largos y tocaban la guitarra, eran unos hippies no hay ninguna diferencia entre ellos y Neil Young. Los ingleses tiene esa fijación con ser los que cambiaron la historia, ellos siempre dicen que inventaron el rock o el punk. Pero los que partieron todo fueron Elvis, Chuck Berry, Little Richard y tipos como ellos”.

-¿Por qué crees que durante mucho tiempo en EE.UU el crédito del punk se lo llevaran los Pistols por sobre ustedes?

-“Nunca fuimos portada de Rolling Stone porque éramos una banda nueva, el punk era nuevo, no era tan grande como ahora. Las bandas que la llevaban eran los Stones, Neil Young, Grateful Dead, Jefferson Airplane. Los hippies seguían dándole a estas bandas y la prensa no le dio a los Ramones una chance. Le dieron una portada a los Pistols y a nosotros, que inventamos el punk, no. Al final dijimos, jodánse, ¿a quien le importa?”

-Cuando ingresaron al Salón de la Fama Eddie Vedder los presentó. ¿Quien te hubiera gustado que los presentara?

-Me hubiera encantado que fuera Little Richard, Jerry lee Lewis o Dion de Dion & the Belmonts.

PUNKSTAR. Marky es una estrella de rock, pero se comporta como si nunca hubiera salido del garage. “Dylan ni en broma haría esto, ¿pero qué más da?”, dice mientras algunos oficinistas parecen reconocerlo pero no se atreven a saludarlo.

Marky se siente el responsable de mantener vivo el legado de los Ramones, mal que mal, es el último de lo mohicanos. Viaja por el mundo cantando los hits de la banda, está escribiendo un libro y tiene un programa de radio en la estación punk más importante de Estados Unidos (Satelite radio). Y acaba de formar una nueva banda, con las leyendas americanas del punk. Así se gana sus monedas. Mejor eso, que andar macheteando como los chilean punks.

-Cuéntanos del proyecto OsakaPopStars.

-“Es una idea que tuve con mi amigo John Cafiero. Él juntó a la gente: Jerry Only, bajista de los Misfits, Dez Cadena guitarrista de Black Flag e Ivan Jullian, guitarrista de Richard Hell & the Voidoids. Yo escuché los demos y me enamoré del proyecto. Hicimos unos shows para ver como funcionaba y me gustó la onda. En verdad, durante mucho tiempo no quería hacer nada aparte de tocar los temas de los Ramones. Con Osaka hicimos un muy buen álbum así que vamos a tratar de hacer una buena gira”.

-¿Qué escuchas por estos días?

-”Escucho a tipos como Mozart, Bach, Beethoven y Wagner. Ellos eran verdaderos punks, no tenían electricidad ni baños, sus condiciones de trabajo eran una mierda, morían muy jóvenes pero hacían excelente música y por eso los respeto”.

-Plop… ¿Cuál es tu relación con Pablo Echaurren, el pintor chileno hijo de Matta?

-Es un amigo. Su padre es un genio, un verdadero artista. En mi última visita a Italia, Pablo me regaló un cuadro muy bonito de los Ramones tocando. Es un gran tipo

-Por último, ¿qué opinas del la escena emo?

-Es mejor que escuchen eso a que se influencien por bandas como Cinderella, Wasp, Whitesnake o Poison. Prefiero el emo mil veces.

Se ríe y agrega “pero no soy gay. Jajaja”

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Andrés Calamaro: operación retorno

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 31 July 2006 | 0 Comments

Estuvo una larga temporada bajo tierra. Allí grabó discos dobles, quintuples y centenas de inéditos que subió gratis a Internet. Ahora regresó más limpio, más enamorado, pero igual de prolífico, con un disco de tangos en plan flamenco, otro doble donde lo homenajean hasta los Cadillacs, y un gran disco en vivo editado este año en Chile. Acá, conversa con la Zona desde Madrid. Acceso al exceso.


por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 31 de julio 2006.

COSQUÍN STATE. Verano del 2005, Cosquín Rock. Los hoteles y las residenciales cordobesas tienen carteles de “no hay lugar” o “lleno”. En la calle los afiches anuncian con letra gigante el one night only de Andrés Calamaro.Y en los bares los chicos sólo hablan de eso, acariciando la entrada que guardan en sus bolsillos.

Hace seis años que no tocaba en vivo. Encapsulado en su depto madrileño y con el corazón roto, Calamaro grababa hasta once canciones por jornada y sólo bajaba para comprar cocaína. Veía salir el sol hasta tres veces por día antes de desmayarse. Su propia temporada en el infierno, entregada en cuotas de cedés quemados.

Canciones, canciones y más canciones que el mundo conoció gracias a Internet, Página 12, Clarín o la Rolling Stone argentina, cada vez que uno de sus periodista lograba internarse en el Vietnam privado de Calamaro. Todos regresaban con unos cuantos cedés inéditos, prueba que se trataba de “un loco, pero un loco trabajando”, según sus propias palabras.

En Cosquín, Attaque 77 termina su show. La Mancha de Rolando se sube al escenario alternativo. Nadie se mueve hasta allá. Las 15 mil personas miran hacia el principal y cantan “olé, olé, olé, olé. Andrés, Andrés”. En el backstage los músicos de La Bersuit Vergarabat, su banda de apoyo para la ocasión, lo abrazan. Finalmente, un Calamaro de barba, chaleco y camisa amarilla, sube al escenario. Y se para frente a un atril con las letras de sus propias canciones.

SOY EL CANTANTE. Como el protagonista de Garden State, Calamaro es el amigo perdido que regresa a casa. El Maradona del rock. “Siempre seguí la misma dirección/ la difícil/ la que usa el salmón” (El Salmón, 2000) es la canción que abre el show, su declaración de principios y metáfora de los días salvajes en España. La gente se la sabe de memoria, como todas las que cantó, hit tras hit.

“Prepárate, porque acá está pasando algo muy serio con tus canciones y tu repertorio” le habían dicho, en plan Nostradamus, Los Auténticos Decadentes, en cuanto se bajó del avión en Baires y –como es su costumbre- se puso a ensayar con bandas amigas.

Era la cuarta etapa del “Plan Retorno”, que continuó en el Luna Park, la edición del disco de tangos interpretados desde el flamenco (“Tinta Roja”, 06), el disco doble tributo donde versionan sus canciones Julieta Venegas, Kevin Johansen, Joaquín Sabina, Pedro Aznar o Los Fabulosos Cadillacs (especialmente reunidos para la ocasión) y un devedé en vivo pauteado para septiembre.

La primera etapa del plan fue cerrar por un tiempo la llave de la locura (personal y creativa), para centrarse en un elegante disco de versiones –que al final incluyó tres suyas también- llamado “El Cantante” (04). La segunda dejar las drogas. La tercera, regresar a su país.

“La amistad y el respeto son sagrados. No se piden. Se ofrecen. Sobre ser el músico argentino más querido y respetado, no creo que sea por méritos musicales, en el caso de ser cierta esa información tan graciosa que me honra tanto”, le dice Calamaro a la Zona desde Madrid, tras presentarse junto a Ariel Rot su ex compañero en Los Rodríguez en el Natural Festival de El Ejido en Almería junto a Placebo, The Pretenders y Guns N`Roses.

EL MEJOR DE LOS AMIGOS. Voy a salir a caminar solito. Sentarme en el parque a fumar un porrito. Y mirar a las palomas comer, el pan que la gente les tira. (“Loco”, Alta Suciedad, 1997).

Calamaro es aquel amigo en el que puedes confiar tus penas. No es sofisticado como Cerati, no juega al divo bohemio como Fito, no te lanza un vaso de whisky en la cara como Charly. Calamaro tiene calle, barra y humo, a pesar de vivir entre aeropuertos y hoteles cinco estrellas.

“Soy del centro. Crecí entre edificios, enfrente de una estación de trenes. No soy exactamente un chico de barrio, ni soy últimamente un chico. Puedes imaginarme egoísta, haragán, ermitaño y hacer un promedio. Tratando que el promedio no estropee esa buena imagen que estoy dando”, responde con esas frases de rocker pasado a ginebra, que tan bien quedan en sus canciones.

La imagen de Calamaro surge con ese chico que espera eternamente bajo la lluvia a su novia. Lo hace como un perro y con un “cohete en el pantalón”.

“Mil horas” (1983) de Los Abuelos de La Nada (grupo donde él era tecladista), fue su primer y sorpresivo hit. El más grande de la banda. Y como todos saben, cuando la mina llegó, lo miró y le dijo “loco/ estás mojado/ ya no te quiero/ na na na”.

Con esa canción nació el Calamaro con el que uno se encariña, el tipo con voz pasada a barra de bar, el “perro ideal que aprendió a ladrar, y a volver al hogar/ para poder comer” (“Flaca”, 97).

En las canciones de Calamaro son las mujeres las que realmente tienen el poder dentro de las relaciones. Ellas son las que mandan, eligen, salvan y condenan. “No entendí si fui tu dueño/ o un borracho que pasaba/ soy grande pero tengo/ algo que aprender”, canta recordando a un ex amor en “El día mundial de la mujer”.

A pesar de eso, Calamaro no es un llorón: aunque el tema central de sus canciones sea el amor no correspondido, el amor perdido y la invención de la soledad, Calamaro nunca canta desde el suelo, siempre lo hace con la dignidad del que sostiene un ramo de flores nunca entregado, con el corazón hecho pedazos. Y lo hace escribiendo frases para el bronce, que se verían excelentes como nicks de msn.

“Te quiero/ pero te llevaste la flor/ y me dejaste el florero…/ me dejaste el vestido y te llevaste el amor/ pero igual/ te quiero” (“Te quiero igual”). Tan simple y brutal como un tipo honesto.

LA MAQUINA DE HACER CANCIONES. “Te dedico mis canciones porque sientes que la vida no está hecha de canciones. Está hecha de pedazos de tormenta. Está hecha de malditas sensaciones”. “Mi Rock Perdido” (Los Rodríguez, Sin Documentos, 1993)

1987. Vicentino y Andrés Calamaro discuten en un estudio de grabación sobre el sonido de “Mi novia se cayó en un pozo ciego”. Calamaro hace algunas recomendaciones sobre el ritmo y mueve las perillas. Meses después esta canción de Los Fabulosos Cadillacs sería número uno, el primer gran clásico de la banda.

Ese fue el primer efecto de la bola de nieve Calamaro: su toque como productor y colaborador en varios hits del rock de los ochenta desde Enanitos Verdes hasta nuestros Upa! Mientras tanto, seguía componiendo y sacando buenos discos, pero sin mucha repercusión. Una máquina de hacer canciones. Aunque los hits propios, vendrían en la década siguiente.

-¿Cuándo te diste cuenta que tenías el “don” de convertir canciones en hits?

-Más que tener el don de las canciones, estaba más compenetrado en pensar: “Dios mío, perdí el don”. Ni siquiera canto lo que me gustaría escuchar. Extrañamente eso hace a mis canciones populares. Es una pregunta también que me hago.

-Tus letras generalmente tienen que ver con el amor y la tristeza…

-Sí. No entiendo como el dolor no me bloqueó totalmente. En cualquier caso es mucho más agradable bloquearse de alegría. No sufrí más que la media de las personas. ¿Si es inevitable pasarla mal? Apostaría por lo contrario. Además, el amor es la salvación. Incluso morir de amor es digno

- ¿Por qué tus discos solistas de los ochentas no tuvieron éxito en Argentina, si estaba en ellos el germen de Los Rodríguez en cuanto a rock, letras y onda?

-Es inevitable que existan tiempos buenos y tiempos medianos. Supongo que habría que mirar el panorama completo de esa época, sumarlo todo. Tampoco soy tan exitoso. Soy desconocido en la gran mayoría de los países del mundo. Con Los Rodríguez tampoco fue un súper éxito. Conseguimos trabajar y vivir de la música. Pero no éramos unos jovencillos tampoco.

-A propósito ¿es cierto lo que contó Pablo Ugarte, que te fuiste a España a fundar Los Rodríguez con tu paga como productor de UPA!?

-Es cierto, aunque no es menos cierto que necesité otras grabaciones para ahorrar los novecientos dólares que me llevé a Europa, descontándole ticket.

Calamaro dice que ”Alta Suciedad” (1997) fue una grabación extraordinaria. En Los Rodríguez su pluma y capacidad compositiva elevó al grupo a kilómetros del resto del rock ibérico, con canciones como “Sin documentos” o “Dulce condena”. Tras ese grupo nació un nuevo punto de partida para Calamaro: el de su éxito en Argentina y Latinoamérica, y la revalorización de sus canciones de los ochentas, como la inigualable “No se puede vivir del amor”.

Con el éxito apareció su muy privada, pero a la vez pública, temporada infernal. Porque Calamaro es el chico terrible del rock con eñe. Un cantautor que tomó la locura, el miedo y asco de seguir apenas vivo después de romper con la chica de su vida (le quedó un tatuaje con el nombre de su ex como marca), y lo convirtió en discos tan impresionantes como el doble “Honestidad Brutal” (1999) o el quíntuple “El Salmón” (00).

“La época fue tremenda. Confieso que buscaba respeto y repertorio y lo encontré. Incluso eligiendo el camino más complicado”, dice recordando su época de exceso, compositivo y del otro.

Y DICEN QUE NO DUERME. Una noche de 1998 Calamaro se quedó solo en su depto. La chica se había ido, la cama era más grande, y la almohada al lado de la suya aún olía a perfume. Calamaro no quería dormir. Tampoco podía hacerlo, pero en lugar de sólo revolcarse en el polvo, empezó a jugar con la portaestudio, el piano y la guitarra. “Creaba sobre los ritmos programados de los teclados baratos”, cuenta.

Calamaro no salió de esa esfera voluminosa de canciones, soledad y pupilas dilatadas hasta cuatro años después. Dejó de dar recitales y entrevistas. Después, comenzaría a grabar 50, 100, 500 canciones que subiría a internet. Su aislamiento fue total, salvo por la edición de “El salmón” (00) un disco quíntuple de 103 canciones. Fue lo único que se supo de él, aparte de algunos reportajes que lo mostraban bastante demacrado, pero impresionantemente productivo. Y claro, una vuelta a Buenos Aires para volver a encerrarse y repetir el procedimiento yonqui-compositivo de Madrid.

-“Eso duró algunos años. Sobreviví al Salmón y remonté ese mismo río una o dos veces más. Lo bueno de esa época-síndrome es que no llegaba mucha información a ninguna parte. La realidad pedía discos que no editaban, canciones ocultas y ocultistas, romper la baraja, no salir de gira. Es doloroso no dar a conocer la obra, pero es funcional y es de un orden artístico, lógico y ético. No compartir la música con el público es noble. Lo que pasó es que pasó”.

-Tú si que viviste en el lado salvaje. ¿Cómo saliste de ahí, entonces?

-No sé si habrá sido para tanto, así tan salvaje. Es que no me acuerdo. Científicamente sigo saliendo de ahí y todavía me estoy recuperando.

Con lo último, Calamaro se refiere al psicoanalista. “Cambié una droga por otra, es verdad”. Y todo lo que vino después: su reclusión en una zona campestre, su disco de versiones y la vuelta definitiva a Buenos Aires. Desintoxicado, recuperado y feliz con su novia, con la que tendrá su primer hijo.

-Andrés, lo último… Hace casi diez años que no tocas acá. ¿Qué onda?

-No tengo una respuesta aceptable para eso !!! Supongo que soy un itinerante regresado. Canto de prestado con agrupaciones que siguen su camino (Bersuit) o se van con Paco de Lucia (sus músicos actuales). Lamento tanta demora. Casi una ausencia…

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Alvaro Henríquez y el regreso de Los Tres

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 8 July 2006 | 0 Comments

Grandes éxitos

Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria. Álvaro Henríquez es el compositor más exitoso de los últimos quince años de rock nacional. Ahora volvió a juntar a Los Tres, sacó nuevo disco y viene por el título de “jefe de jefes”. Acá la historia de todos, cantada por Los Tres, éxito tras éxito, canción a canción.

por  J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 8 de julio 2006.


JEFE DE JEFES. Álvaro Henríquez llegó a Santiago como un pollo que quería convertirse en gallo. Dieciocho años, flaco y desconocido, Henríquez salió de Pedro de Valdivia, localidad cercana a Chiguayante, como el hijo de un juez que quería ser Lennon; dejó un barrio que limitaba con el psiquiátrico, la cárcel y un sitio eriazo donde se instalaba el circo, para llegar a cantar en corral ajeno.

Henríquez abandonó el primer semestre de música en la U. de Conce y despertó en los años 50s, vistiendo la trajeada elegancia del arrabal populachero. Y lo hizo tocando foxtrots y cuecas en la casa de remolienda más famosa de Chile: la de La Negra Ester en su versión teatrera.

Dieciocho años después, Álvaro Henríquez es el gallo que cacarea con más fuerza. Disco tras disco, hit tras hit, grupo tras grupo, Henríquez se convirtió en el compositor más importante en la música popular chilena de los últimos quince años. Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria.

Aprendiz del mejor Maestro Yoda que pudo tener (Roberto Parra), Henríquez supo derrotar el lado oscuro de la cueca: esas historias de huasos con espuelas de plata, la costumbrista pintura del terrateniente tirado a roto, que por tantos años estuvimos obligados a oír. Henríquez recuperó una tradición no registrada, olvidada pero viva: el jazz huachaca, la cueca carcelaria y bluesera, el foxtrot alegre de las casas de remolienda. Y lo hizo ahí, en MTV.

Henríquez y Los Tres volvieron pop lo popular. Fueron “kitsch” antes que Rojo Vip, pero por sobre todo, le devolvieron al país una parte de su identidad. Con el tiempo, mezclar a Los Ángeles Negros con Franz Ferdinand o Violeta Parra con Radiohead, se convirtió en el sello de lo más interesante del rock chileno reciente, desde Los Bunkers a Gepe.

El país, la gran mayoría de él, eligió a Los Tres como la banda de rock chileno más importante post Prisioneros. Y que sean Los Tres y no La Ley, es algo que nos define.

EL Liguria VIP. Los Tres son pop, más que populares. Para hacerlo más gráfico: si Mauricio Redolés toca en La Piojera, Henríquez lo hace en El VIP del Liguria. Si Redoles es la izquierda extraparlamentaria, Henríquez es la Concertación. Él tiene el poder.

En su feudo personal, Henríquez parece moverse como un capo comiendo ravioles en El Ligura, el mismo bar donde, se cuenta, tienen prohibida la entrada algunos ex miembros de Pettinellis por problemas personales con el “jefe”.

Los Tres eran cuatro, pero sólo Henríquez y Titae aparecen componiendo las canciones. Ángel Parra siempre quiso participar (lo hace en dos temas del nuevo disco), pero nunca lo dejaron. A pesar de ello, cuando uno piensa en el particular sonido de Los Tres, siempre lo hace recordando sus inigualables guitarras

Así parece ser el líder de Los Tres: un talento con su genio particular, un Soprano, el capo de la pandilla. “Muchos pollos que apenas nacieron/ ya se quieren pelear con el gallo/ si pudieran estar a mi altura/ pues tendrían que pasar muchos años/ y no pienso dejarles el puesto”, se canta a sí mismo en “Jefe de jefes”, el narcocorrido que reversionó en su disco solista de 2004.

La canción de Los Tigres del Norte es el propio “Sigo siendo el rey” de Henríquez. Y el rey ha vuelto con “Hágalo usted mismo” (06). Acá, una revisión de su carrera, éxito tras éxito, disco a disco (y el cómo cambiamos en el camino).

Cuando Los Tres dejaron de ser Los Tres, 1993. “Nos vemos en el infierno, lleva bronceador”. Es cuestión de hacer memoria., o poner “Se Remata el Siglo” (93), su segundo disco, mientras miras las fotos de adentro.

En 1993 Álvaro Henríquez era joven, inexperto y con ganas de ser famoso. Su meta era entrar al Olimpo de la música popular, y en ningún caso se conformaría con ser un secreto a voces entre universitarios avispados. El precio que tuvo que pagar fue grabar un disco que no sonaba como la banda quería, y ser marketeados como “la respuesta chilena al grunge”.

Los Tres vestían bermudas, camisas floreadas y se veían como si llevaran puesto ropa ajena. Había riffs tipo AC/DC, punteos metaleros con olor a laca glam y una canción donde Henríquez cantaba en inglés (dos, si contamos el bonus de la versión en cd). La elegancia jazzy de “Flores secas”, “Amor violento” o la urgencia avasalladora de “La primera vez”, acá no aparecen por ninguna parte.

Para entonces, la banda estaba pasando a las ligas mayores de un sello multinacional y aprendiendo en el camino. En “La última canción”, la biografía que iba a ser oficial, y que posteriormente fue desautorizada (pero jamás desmentida) por Los Tres, Ángel Parra asegura que “es el peor disco de todos”. Cuenta que en el estudio dejaban las guitarras sonando de una manera, y que cuando volvían, estaba todo cambiado. Y responsabiliza del sonido final, al productor musical que les puso el sello: el argentino Mario Breuer (GIT, Enanitos Verdes, entre tantos otros).

“Se Remata el Siglo” (disco que fue remasterizado para un box set) recuerda a los discos del rock pop latino ochentero, con esa estética sonora “brillante” que uniforma todo lo que aspira a ser radial. Un sonido completamente opuesto a la calidez de su impresionante debut, “Los Tres” (91), un disco que te hace sentir a centímetros de los instrumentos.

“Se remata el siglo” es el momento más “faústico” en la carrera de Los Tres, el momento en que debieron transar para seguir avanzando. El disco vendió bastante bien, convirtiéndolos en la banda de moda, con pósters en TV Grama y tocatas en el Seriatutix del Negro Piñera.

Dos años después, Los Tres tendrían su venganza.

La Espada y la pared, 1995. “Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar”. Chao bermudas, hola terno. Para el 95 Los Tres habían logrado ganar admiración y respeto gracias a un disco debut espléndido, pero desconocido, y la popularidad con un segundo disco efectivo pero mediocre. “La espada y la pared” fue un disco que hizo crecer la popularidad de la banda, en sus propios términos musicales.

Regresan las guitarras acústicas y las melodías de quinta de recreo, esas que Henríquez aprendió en su trabajo con La Regia Orquesta de La Negra Ester. Aparecen los guitarrazos trémulos y slides de Ángel Parra, se mantienen sus inolvidables solos, revive el contrabajo. Todo eso mezclado con mucho funk y soul versión Tres.

“Déjate caer”, “La espada y la pared”, “Hojas de té”, “Me rompió el corazón” o “Te desheredo” ya no es rock ni pop. Es otra cosa. Es música Los Tres. “Un concepto cazuela donde echas a la olla todo lo que ves”, según Henríquez.

Con el disco además, adelantan el kitsh nacional (“Tú cariño se me va” de Buddy Richard fue el primer single), y comienzan a ganar fama afuera: se hacen amigos de Café Tacuba, Fito Páez los invita a abrir un show suyo en River, y MTV los llama para grabar un unplugged en Miami.

Henríquez reconoce que cuando canta estas canciones se le paran los pelos siempre. Su pelo rojo en el video de “Déjate caer” -un homenaje a Carcuro, según él- era lo último que quedaba del look “grunge”. Ahora eran, ni más ni menos, que Los Tres de terno y corbata. Ya estaban listos para hacer historia.

La cueca larga, septiembre de 1995. “Qué tal, festival”. Las verdaderas cuecas las conocimos por MTV. Era septiembre de 1995 y en los estudios de Miami, Álvaro Henríquez se vistió de militar raso para dedicar “La primera vez”, a los dictadores, todos esos mal bichos que han llenado el mundo con sus “martes de horror”. Pinochet aún era Comandante en Jefe del Ejército, y todos en el estudio de MTV aplaudieron. Los mismos que no entendieron muy bien el chiste, cuando Henríquez partió el ”Unplugged” (95) saludando con un “qué tal, festival”.

Los Tres se peinaron. Interpretaron todos sus grandes éxitos, y la guitarra jazzera de Ángel Parra se lució. Incluso se despacharon un inédito que ahora es clásico: “Traje desastre”. Aunque para los chilenos no era sorpresa enterarnos los secos que eran, igual daba orgullo verlos ahí, dando clases de cueca en MTV.

Muchos aprendimos así, que nuestro baile nacional podía contar historias urbanas,y no sólo retratar paisajes campestres de postal lejana. Con las cuecas choras, el rock chileno había encontrado su blues.

Los Tres ahora eran una banda que conocían todos: niños, micreros, abuelos. El disco vendió más de 150 mil copias, y se aseguraba un sitio en nuestra memoria colectiva. Como dijo Henríquez sobre “Quien es la que viene ahí”: “la cantaron hasta los pacos”.

Después vendrían La Yein Fonda y el disco “Peineta” (98). “Antes con Roberto Parra tocábamos el jazz huachaca y le gustaba a los puros viejos. Pero había que imponerlo a la juventud y Alvarito hizo eso”, decía Don Lalo Parra en la presentación de ese disco.

Tocando fondo, tocando techo. 1997. “Volar en mil pedazos y ser feliz, todo lo que miras se vuelve gris”. Y de repente, “Bolsa de Mareo” de single. Todos desconcertados: guitarras espesas, coro difícil de memorizar, quiebres furiosos, ruido. Estos eran Los Tres rockeando con rabia y dolor.

Acá no hay cuecas, coros pegajosos, ni canciones fáciles de recordar a la primera oída (a excepción de “La torre de Babel” y quizás, “Olor a gas”). Acá hay rabia, amargura y cinismo, condensado en el vals de “Fealdad”, el rock stoner de “Libreta” o la tristeza solitaria de “Me arrendé”.

Gran parte del público dijo “fome”, el disco no vendió bien en comparación con el mega hit del “Unplugged”, la prensa criticó a la banda por no capitalizar ese éxito, y gente como Jorge González y Café Tacuba calificaron a “Fome” (97), como uno de los mejores discos de la historia del rock en español.

“Fome” es rocker, muy rocker, la amarga foto de una banda que se empieza a odiar. Y la clave para leerlo se conoció después, cuando salió a la luz pública el lío de Javiera Parra. Henríquez tenía su Yoko Ono.

Es difícil imaginar cómo algo tan bueno nació en las sesiones de un tipo tocando con los amigos que lo traicionaron con su novia. La herida aún respiraba y “Fome” fue mucho más que un desahogo: fue el salvavidas en medio de la noche ártica, una colección de canciones capaces de detener el tiempo. Henríquez emergiendo rabioso para grabar la caída del amor y la amistad en tiempo real.

Independiente de este dato extra musical, el disco es una tremenda joya.

Volver a empezar, 1999. “Hago lo mejor, para no ser el que era”. “La Sangre en el cuerpo” (99) retoma musicalmente el camino iniciado definitivamente en “La espada y la pared”, después del urgente paréntesis emocional que fue “Fome”.

“La sangre…” además documenta el fallido intento de Los Tres por conquistar México, país donde “Fome” fue muy bien recibido por el publico universitario.

Después de tanto esfuerzo y éxito, para Henríquez resultaba una lata volver a contestar las mismas preguntas, aperrar en giras sin hoteles cinco estrellas y dejar su status de rockstar. Era demasiado exitoso en Chile, y no lo suficientemente joven, como para volver a empezar de cero.

En el disco hay canciones buenísimas como “La feria verdadera”, “Agua fría”, “Morir de viejo” o “No me falles”. Para algunos, es el disco más delicado de Los Tres, el refinamiento mejor logrado de su estilo. Para otros más sordos, sus mejores canciones no logran sostener una obra que es “más de lo mismo”.

Sea cual sea la opinión del oyente, en este disco ya se oyen esos órganos a lo Ángeles Negros en ácido, que serían el nuevo sello de Henríquez. Ese que por la disolución de Los Tres el 2000, conocimos en el disco de Los Pettinellis.

Seis años después, todo pasó muy rápido: la reunión, grabar “Hágalo usted mismo”, lograr disco de oro en una semana y agotar dos shows en otra. Los Tres estaban de vuelta. Habrá que ver si Henríquez seguirá levantando el título de “jefe de jefes”. Las expectativas son altas.

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