“Se oyen los pasos”, el ROCK CHILENO reeditado [La Nación, PDF]

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica,Uncategorized 31 December 2007 | 0 Comments

Reeditan libro que documenta el nacimiento del rock chileno

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación, 31 de diciembre 2007.

El texto muestra cómo en apenas cinco años las bandas pasaron de imitar a Los Beatles a mezclar el canto nuevo con las guitarras eléctricas. Una evolución paralela a los intensos cambios que se vivían. Ambos, claro, fueron interrumpidos por el golpe militar.

Su autor, dividió un año entero entre los ensayos con su banda Matorral y la Biblioteca Nacional. En esta última, se dedicó a hojear uno por uno todos los diarios y revistas de los sesentas hasta encontrar noticias relacionadas con el naciente rock nacional.

Y se topó con cosas como la cobertura al récord de Los Jockers quienes batieron un récord Guinnes tocando 52 horas seguidas en octubre de 1967; el festival de Piedra Roja en 1970 (“¡8 lolas jipies todavía no se ponen la ropa!”, tituló Clarín); o la reproducción en La Segunda de la célebre portada de Aguaturbia donde Denisse y Carlos Corales aparecían desnudos, en la misma época.

Luego, las fotocopió y aprovechó de contactarse con coleccionistas -algunos eran muy celosos de sus discos- y claro, los mismos músicos. Todo eso le sirvió para su muy documentada historia de los primeros años del rock en Chile “Se oyen los pasos” (2004, Capsula libros) que este mes fue relanzada en una versión corregida y aumentada.

Más datos, discografías y fotos de una historia que comienza copiándole todo a Los Beatles, continúa con Los Mac s, Vidrios Quebrados y Los Beat 4, las primeras bandas que hicieron canciones propias; y finaliza con la fusión de rock y folclore encabezada por Los Jaivas, Los Blops y Congregación entre otros. Un final interrumpido en 1973.

“No sé si sea justo echarle toda la culpa al golpe. Pero ciertamente influyó, al prohibir por decreto incluso ciertos instrumentos folclóricos. O al censurar letras. La evolución tan rápida desde lo imitativo a un folk rock con características propias, tiene que ver con la misma inmediatez de los cambios sociales que vivíamos”, explica su autor.

SIN MEMORIA NI HISTORIA

A Planet le sorprende que todas estas viejas bandas todavía sean ilustres desconocidas acá, sobre todo considerando que nuestra sicodelia y luego, el folk rock corrían paralelos a lo que pasaba en EEUU o Inglaterra. “El año pasado viajando con mi novia por Estados Unidos encontré en San Francisco una copia pirata del Fictions de los Vidrios Quebrados. Era inglesa y estaba cuidadosamente editada. Se la mostré a integrantes de la banda y no lo podían creer”.

Sin embargo, gracias a internet, estas viejas copias siguen dando vueltas. “Al final como me decía otro músico, al que le interesa va a terminar encontrando estos discos”, explica. No por nada, cuando presentó este libro en la SCD de Bellavista, Matorral interpretó completo el “Fictions” (1967) junto a Juan Mateo O Brien compositor y vocalista original. Y el público -mayoritariamente veinteañero- se sabía las letras de memoria. “Él me dijo al final que gracias a eso sus nietos lo miran de otra manera”.

VICTOR JARA ELÉCTRICO

El momento cumbre del rock nacional fue la colaboración entre Víctor Jara y Los Blops con la canción “El derecho de vivir en paz”. Unos rockeros que fueron ninguneados por el mismo Pablo Neruda, que los reprendió por tocar con guitarra eléctrica en un acto pro Allende. Una agridulce reflexión sobre Vietnam donde se consigue un sonido inédito, fusionando el Canto Nuevo con las guitarras eléctricas. Un hito que Los Bunkers incluyeron en su disco debut de 2001.

Incluso su propio sello, Dicap, los boicoteó escondiendo las copias. Desconfiaban de su pelo largo y porque no participaban en los sesudos debates políticos de la izquierda. El bueno de Jara los defendió “a garabato limpio” y además participaba en los ensayos porque admiraba el sonido de las guitarras -a lo Hendrix- de Eduardo Gatti y Julio Villalobos.

“Me acuerdo que llegaba en citroneta con su guitarra y un día empezamos a tocar algo. Por ahí empezó la cosa y Víctor nos dijo: “Bueno, ¿y por qué no graban conmigo?”. “Después nos invitó a tocar a algunos recitales”, explica Gatti en el libro.

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