REVOLUCIÓN EN LA CABEZA – IAN MACDONALD (1994)

Uncategorized 16 February 2011 | 1 Comment

Esta copia anda dando vueltas hace tiempo. Lo bueno es que el autor analiza -entre el entusiasmo, la distancia y el lirocentrismo- canción por canción. Discutible por supuesto, hay mucha trivia como por ejemplo el desprecio que sentía la izquierda radical estadounidense por la demagogia “política” del Lennon activista. Clinton Heylin a su vez -otro autor que ha escrito sobre Beatles que me gusta- desestima el aporta del Sgt Pepper´s expuesto en este estudio.

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Ringo Starr: el señor de los anillos

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 20 January 2008 | 0 Comments

Ringo Starr a pesar de ser el Beatle más querido en Estados Unidos, siempre se sintió inseguro por no hacer solos de batería. Los odiaba, porque sabía que su instrumento debía estar al servicio de las canciones. Después de mucho tiempo haciendo covers con su All Starr Band, regresa con un nuevo disco y con el convencimiento de que el mundo no es capaz de imaginar a Los Beatles sin él.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 20 de enero 2008.

Ringo fue el primero en renunciar a ser un Beatle. Eran las sesiones del “Album Blanco” (1968) y acababa de grabar las baterías de “Helter Skelter”, la canción más bestial jamás compuesta por los Beatles. Una caótica reacción de Paul McCartney ante declaraciones de Pete Townshend sobre lo supuestamente “heavy” y “desmadrado” que sería el nuevo single de los Who. La tercera y penúltima toma de la canción -cuyo título alude a un tobogán en espiral, popular en Inglaterra- duraba 27 minutos. Fue la más larga de toda la historia del cuarteto. Tan estresado estaba el baterista que en la versión que salió en el disco, entre cambios de volumen y guitarras recargadas, quedó registrada su frase: “I’ve got blisters on my fingers!” (“¡tengo ampollas en los dedos!”).

“Me marché por dos razones: pensé que no tocaba bien, y que los otros tres se sentían felices y unidos y yo no encajaba en el grupo” confesó Ringo en “Anthology” (2000). Después fue a visitar personalmente a cada uno de sus compañeros para decirles que no se sentía querido. Tal como en esa profética escena de “A Hard Day`s Night” (1964) donde se siente tan podrido que va a perderse en una playa, mientras de fondo suena “This Boy” (en los créditos aparecía como “Ringo’s theme”)

El renunciado baterista -que firma sus cheques como Richard Starkey- viajó a la isla de Cerdeña y se dedicó a tomar sol y andar en barco. El capitán le explicaba que los pulpos recolectan piedras preciosas, latas y botellas para ponerlas frente a su cueva como un jardín. Al músico le fascinó la idea y compuso “Octopus Garden”. “En aquella época yo también deseaba vivir en el fondo del mar”, declaró.

Hasta que llegó un telegrama firmado por George, John y Paul: “Eres el mejor baterista de rock del mundo. Vuelve a casa, te queremos”. Cuarenta años después del episodio que, aunque produjo el rotundo “Abbey Road” (1969), no logró salvar a la banda, Ringo está aquí, allá y en todas partes gracias a “Liverpool 8″. Si bien no ha parado de colaborar y sacar otros discos, este es el primero en demasiado tiempo que logra hacer tanto ruido como su clásico álbum de covers “Sentimental Journey” (1970) o el “Time takes time” (1992). La pregunta es, ¿podrá el mundo alguna vez tomarlo tan en serio como cuando renunció a su banda?

Con sus dedos llenos de anillos (“rings”), su carisma y conocimiento del mundo del espectáculo, Ringo fue el primer baterista “mediático” del rock. Un inspirador de miles de vocaciones por los bombos y platillos que paradójicamente fue arrasado por la pirotecnia y los solos interminables que dominaron la escena desde Keith Moon (The Who) y Mitch Mitchell (Jimi Hendrix Experience) en adelante. De hecho no es un invitado regular a las listas de grandes bateristas del rock.

Un buen Beatle. Pero con una mano en el corazón: ¿es posible concebir un universo paralelo donde el baterista de Los Beatles no sea Ringo? Beatlemanía, shows de televisión, la polémica gira del 66, viajes a la India, tensión en el estudio, Ringo, firme con las baquetas lo soportó todo. Incluso que sea históricamente reducido al “Beatle divertido”.

Un tipo capaz de decir con una inocencia desconcertante que su único sueño con el dinero que estaba ganando sería montar una “cadena de peluquerías, esas donde van las señoras elegantes”. O también, de bajarse, mover la batería y tocar en esos rudimentarios recitales de estadio estadounidenses, donde debían ir girando para dar la cara a todo el público que los rodeaba.

Sin Ringo, las películas de los Beatles no tendrían gracia. No por casualidad era el más querido de los cuatro en Estados Unidos. Tampoco estarían esas ingeniosas frases-eslogan salidas de su boca como “A Hard Day’s Night” (traducida en España como “Que noche la de aquel día”) o “Tomorrow Never knows”. Lennon las llamó “ringoísmos”. Tampoco habría ni “Yellow Sumarine”, ni los temas uno de las caras b, ni covers de rock and roll como “Honey Don’t” (de Carl Perkins), delirios tipo “You Know my name” (última cara b de la banda) o “With a Little help from my friends”. Temas compuestos por Lennon-McCartney pensando en su voz. Especialmente este último donde eleva su voz al máximo gracias al paciente ensayo en los estudios de Abbey Road. Y claro, tampoco tendríamos la ultramarina “Octopus Garden” compuesta por él.

“Eres el mejor”. Antes de los Beatles, la batería en el rock era cuadrada y algo aburrida. Con Ringo el instrumento recuperó el mismo protagonismo que en el jazz. Primero con el característico sonido de los platillos siempre arriba en clásicos como “Can’t buy me love”, una necesidad sonora debido al alto volumen de gritos de chicas en los conciertos. Luego, con las precisas figuras que creaba con sus instrumentos desde “Ticket to ride” en adelante. En este creaba un “pattern” de batería tan clásico y original como un riff de guitarra. Esto se repetiría en “Come Together” y “Tomorrows Never Knows” que para muchos, marca la cima de la música pop, siendo rescatada durante el auge de la música electrónica de fines de los noventas.

Después de la separación, Ringo se dedicó a colaborar con los otros tres Beatles por separado (es que no podían vivir sin él), participar en algunas películas, sacar discos más por placer que por obligación y salir de gira con la All Starr Band y The Rounheads (con músicos como David Gilmour, Billy Preston o Quincy Jones). Y ojo, que sus discos no están nada mal: “Ringo” (1973), “Goodnight Viena” (1974), Vertical Man (1998) y Ringorama (2003) . Incluso sacó un disco navideño llamado “I Wanna Be Santa Claus” (1999). Y su sentido del humor y citas a su legendaria banda se agradecen, porque debe ser realmente complicado vivir con el peso de haber cambiado la historia de la música Pop.

Ringo odiaba los solos de batería, porque intuía que si el instrumento no está al servicio de la canción, nada puede resultar bien. Pero también sabía que esa actitud generaba ciertos comentarios en otros bateristas que creían que una buena técnica eran 30 minutos de redobles. “Sus mejores cualidades eran la intuición, su sensibilidad y la firmeza de su ritmo. Siempre digo que si puedes dejar a un baterista solo y darle la espalda eres un tipo con suerte. Bastaba con indicar a Ringo la canción que íbamos a tocar, que sonaba fantástico y un ritmo firme y sostenido a tus espaldas”, señala McCartney.

A juzgar por el revuelo provocado durante la presentación del nuevo disco, parece que al fin el gran público está poniéndose de acuerdo en lo último en que The Beatles estaban de acuerdo: qué buen batero es Ringo. ¿Y que dice él?: “No soy un batería técnico de esos que se pasan 9 horas practicando al día. Pero cree un estilo, que con el Ginger Baker es el válido para el rock moderno.”

Ocho razones para amar al cuarto Beatle

Liverpool 8 se llama el nuevo disco del batería. Más que un buen disco (que ciertamente lo es) es un recordatorio de sus virtudes, aunque las listas de grandes bateristas de rock sigan privilegiando los extensos solos a los redobles al servicio de la canción como los hacía él. Con una mano en el corazón: ¿es posible imaginar un mundo paralelo donde Ringo no sea el baterista de los Beatles? Ante las dudas, ocho certezas a favor del “Beatle divertido”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 22 de enero 2008.

Ringo odiaba los solos de batería, porque intuía que si el instrumento no estaba al servicio de la canción, nada podría resultar bien. Pero también sabía que esa actitud generaba ciertos comentarios en otros bateristas que creían que una buena técnica eran treinta minutos de redobles.

“Sus mejores cualidades eran la intuición, su sensibilidad y la firmeza de su ritmo. Siempre digo que si puedes dejar a un baterista solo y darle la espalda eres un tipo con suerte. Bastaba con indicar a Ringo la canción que íbamos a tocar, que siempre sonaba fantástico y un ritmo firme y sostenido a tus espaldas”, señala McCartney. Aquí otras apreciaciones, además de las de Paul, para recuperar la figura de Ringo.

1. En los duros días de Hamburgo, Ringo era respetado y temido por Lennon y compañía. “Yo seguía siendo un teddy boy (la version inglesa y dura de los rockers americanos) y hasta más tarde no descubrí que los otros me tenían un poco de miedo. Me lo dijo John: Nos infundías un poco de miedo, vestido como ibas a lo teddy boy, aficionado a la bebida y las canciones lentas”, recordaba Ringo en la autobiografía Beatle “Anthology” (2000).

2. Los Beatles lo eligieron. “La verdad es que empezamos a pensar que necesitábamos al mejor batería de Liverpool y, para nosotros, el mejor batería era un tipo, Ringo Starr, que se había cambiado el nombre antes que nosotros, que llevaba barba y que era adulto y del que se decía que tenía un zodíaco de Zafiros”, dijo McCartney. Así que antes de grabar su primer single “Love me do” a fines de 1962, expulsaron al desganado Pete Best y lo contrataron. A pesar de eso, debió conformarse con tocar el pandero durante la grabación.

3. El primer baterista estrella del rock. Aparte de sus anillos (“rings”, de ahí su pseudónimo), Ringo fue el primer baterista mediático de la historia del rock and roll. El responsable de cientos de vocaciones percutivas, a pesar de haber sido arrasado por la pirotecnia de los que vinieron inmediatamente después como Keith Moon (The Who), Mitch Mitchell (Jimi Hendrix Experience) y John Bonham (Led Zeppelín). Gracias al punk y postpunk su figura comenzó a ser recuperada. Ya era hora.

4. Puro estilo. Antes de los Beatles, la batería en el rock era cuadrada y algo aburrida. Con Ringo el instrumento recuperó el mismo protagonismo que tenía en el jazz. Aunque en lugar de solos, se trataba de patterns (patrones rítmicos), auténticos riffs (motivos musicales) creados con esa batería Ludwig que nunca abandonó. El estilo Ringo se puede rastrear en los platillos siempre arriba en clásicos como “Can’t buy me love”, una necesidad sonora debido al alto volumen de gritos de chicas en los conciertos. También, en las precisas figuras que creaba con sus instrumentos desde “Ticket to ride” hasta el funky de “Come together” pasando por “Tomorrows never knows”, una de las grandes cimas de la música pop, homenajeada por Noel Gallagher, Chemical Brothers e incluso Los Tres (en “Bolsa de mareo”). Pero sobretodo en los impresionantes redobles de “A day in the life”. Es que Ringo hace parecer fácil algo que definitivamente requiere maestría.

5. El Beatle más querido. Durante la Beatlemanía estadounidense (febrero 1964), el fab four más popular era Ringo. Los mismos Beatles le entregaban la canción uno del lado B en los discos o después lo honraron al componerle la significativa “With a little help from my friends” (donde le enseñaron a llegar a la nota final de la canción). Él, muy sereno, declaró luego que con el dinero ganado pensaba “abrir una peluquería de estas donde van las señoras elegantes”.

6. El primero en renunciar al grupo. No quiso ser más un Beatle. Eran las sesiones del The Beatles (el Álbum blanco, 1968) y acababa de grabar las baterías de “Helter skelter”, la canción más bestial jamás compuesta por los Beatles. Una caótica reacción de Paul McCartney ante declaraciones de Pete Townshend sobre lo supuestamente “heavy” y “desmadrado” que sería el nuevo single de los Who. Tan estresado estaba el baterista que en la versión que salió en el disco, entre cambios de volumen y guitarras recargadas, quedó registrada su frase: “I’ve got blisters on my fingers!” (“¡tengo ampollas en los dedos!”). “Me marché por dos razones: pensé que no tocaba bien y que los otros tres se sentían felices y unidos y yo no encajaba en el grupo”, confesó Ringo en “Anthology” (2000). Después fue a visitar personalmente a cada uno de sus compañeros para decirles que no se sentía querido. Tal como en esa profética escena del filme “A hard day’s night” (1964), donde se siente tan podrido que se arroja a la soledad de una playa, mientras de fondo suena “This boy” (que en los créditos aparecía como “Ringo’s theme”).

7. El jardín del pulpo. El renunciado baterista -que firma sus cheques como Richard Starkey- viajó a la isla de Cerdeña y se dedicó a tomar sol y andar en barco. El capitán le explicaba que los pulpos recolectan piedras preciosas, latas y botellas para ponerlas frente a su cueva como un jardín. Al músico le fascinó la idea y compuso “Octopus’s garden”. “En aquella época yo también deseaba vivir en el fondo del mar”, declaró. La canción es una de las mejores de Abbey Road (1969). Hasta que llegó un telegrama firmado por George, John y Paul: “Eres el mejor baterista de rock del mundo. Vuelve a casa, te queremos”. Cuarenta años después del episodio que, sin embargo, no logró salvar a la banda, Ringo está aquí, allá y en todas partes gracias a Liverpool 8. Si bien no ha parado de colaborar y sacar otros discos, este es el primero en demasiado tiempo que logra hacer tanto ruido como su clásico álbum de covers Sentimental journey (1970) o el Time takes time (1992). La pregunta es, ¿podrá el mundo alguna vez tomarlo tan en serio como cuando renunció a su banda?

8. Un showman. Después de la separación, Ringo se dedicó a colaborar con los otros tres Beatles por separado (es que no podían vivir sin él), participar en algunas películas, sacar discos más por placer que por obligación y salir de gira con la All Starr Band y The Rounheads (con músicos como David Gilmour, Billy Preston o Quincy Jones). Y ojo, que sus discos no están nada mal: Ringo (1973), Goodnight Vienna (1974), Vertical man (1998) y Ringorama (2003). Incluso sacó un disco navideño llamado I wanna be Santa Claus (1999). Y su sentido del humor y citas a su legendaria banda se agradecen, porque debe ser realmente complicado vivir con el peso de haber cambiado la historia de la música pop.

Ocho momentos de Ringo

1 Ticket To Ride (1965). La batería de Ringo crea un increíble clima que retrata perfecto la idea de Lennon: lo pesado y titubeante de una despedida que desemboca en una acelerada decisión.

2. What Goes On (1965). Ringo, como de costumbre, encabezando el lado b de los discos, sólo que esta vez con una canción compuesta por él. Un guiño country para el público estadounidense que lo había hecho su Beatle favorito.

3. Rain (1966). La cara “B” de “Paperback Writer”. La batería está grabada después que McCartney hizo el bajo. Todos saben la capacidad de Paul de construir catedrales de sonido; lo notable es cómo Ringo es capaz de unirse a estas líneas melódicas, especialmente en la pausa.

4. Yellow Submarine (1966). ¿Alguien imagina que esta canción pudiese ser cantada por otra persona?

5. With a Little Help From My Friends (1967). Literalmente: Los Beatles dedicándole una canción, donde superaría todos sus temores interpretativos.

6. Come Togheter (1969). Una batería imposible de replicar. Simplemente perfecta.

7. You Know My Name (Look up the number) (1970). Cierra el último single Beatle, cantando como el gran cantante de clubes nocturnos que fue.

8. Sentimental Journey (1970). Su primer disco solista, una colección de covers, que lo retrata como el perfecto showman que es.

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THE BEATLES, como recién exprimidos [Artes y Letras, El Mercurio. PDF]

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 12 November 2006 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 12 de noviembre 2006

YA NO ES LA PULPA CONCENTRADA en el “Álbum Blanco”, “Revolver”, “Abbey Road” o “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”; sus obras maestras. Tampoco la apetitosa cáscara de sus sesiones para la BBC o la remasterización de la película “A Hard Days Night” o el DVD de su primera gira por EE.UU. o los inéditos y tomas alternativas del rotundo disco/documental “Anthology”. Ni siquiera las vitaminas de sus hits planetarios reunidas en “One”. La gota de Paul, John, Ringo y George que nos ofrecen para cerrar este 2006 se llama “Love” y verá la luz el 20 de noviembre. Una palabra que será disco y ya es neón en Las Vegas anunciando el musical del Cirque du Soleil que lo utiliza de banda sonora. La manzana Beatle sigue exprimiéndose.

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