Ficción, mitología e historia reciente se conjugan en el libro SYNCO de Jorge Baradit. Este escritor inaugura “Las 5 del viernes”, una sección donde exprimimos el pensamiento de nuestros entrevistados en cinco partes. A disfrutar.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Paula.cl, 28 de noviembre 2008
Jorge Baradit acaba de lanzarSynco (Ediciones B) novela “retrofuturista” inspirada en Cybersin. El proyecto del profesor inglés Stafford Beer (1926-2002) buscaba interconectar computacionalmente instituciones, colegios y fábricas durante la Unidad Popular, misión que el golpe militar desmantela. El libro propone un Chile donde Pinochet detiene el Golpe y Chile es gobernado por las máquinas. Martina, hija de un mililar golpista regresa a conocer el “milagro chileno” y comienza a descubrir una red de traiciones, tecnología y niños esclavos.
1. “La recepción de Synco ha sido insólita. El público en lugar de molestarse por jugar con íconos históricos sagrados y fantasear con hechos recientes, se ha sentido aliviado. En Synco ponemos el país mítico de la Unidad Popular, ese momento macondiano de nuestra historia política, cruzado por una revolución cibernética real y conspiraciones exotéricas y esotéricas. Me tiene feliz que los que más lo han disfrutado son los jóvenes, cabros de 16 o 17 años”.
2. “Synco forma parte de la increíble historia de una Latinoamérica desatada. Un continente capaz de los más infames o gloriosos experimentos, donde el primer presidente socialista de la historia le entrega un país completo a un científico loco británico, que también fue ex comandante gurka en la Segunda Guerra y poeta. Me interesó por las ganas de Staffor Beer de ‘instalarle un sistema nervioso electrónico a la sociedad chilena’ y la posibilidad de haber sido Silicon Valley 20 años antes de la web”.
3. “Si Pinochet hubiese salvado a Allende, Chile sería un cementerio. Estaríamos levantándonos de una catástrofe, llorando cientos de muertos, implementando una variante socialdemócrata del libremercado. No le tengo fe al poder. De algún modo el territorio chileno pedía sangre durante la década de los ‘70. El poder corrompe, es una droga asquerosa que enloquece a las personas y las convierte en monstruos. Si algunos líderes se pudieran ver al espejo como realmente son, huirían o se sacarían los ojos para no verse”.
4. “Para escribir me nutro de la realidad y su espanto. El narcotráfico usa hoy ejércitos de niños sicarios fanáticos de las marcas corporativas. En el persa Bío-bío una mujer cobraba dinero por exhibir a su hijo deforme, diciendo que era un alien. Podemos modificar nuestra personalidad en internet y vivir vidas paralelas con otros nombres y sexos. De ahí a generar metáforas, empujar sólo un poco los hechos y pasarlos por el cristal un poco desviado de alguien que disfruta el ejercicio de desatada libertad que ofrece el delirio, hay sólo unos pasos”.
5. “Ahora trabajo en Karma Police, junto a Raúl Pinto (autor del trailer). Se trata de una serie sobre un departamento estatal que vigila, investiga y detiene a las personas por hechos o crímenes cometidos en sus vidas pasadas. ¿Te imaginas que te nieguen un trabajo por haber sido uno de los que gritó contra Jesús en Palestina? ¿O que lleguen a detenerte porque en otra vida participaste en crímenes en masa? Esperemos que alguien tenga los cojones para exhibirla, porque el material es de lujo”.
Una obra de ciencia ficción, una cátedra y una instalación que deslumbró a los alemanes presionan los botones de un proyecto tecnológico alucinante que un inglés vendió a Salvador Allende en 1971. Antecedente de internet, el Sistema de Información y Control (Synco) es estudiado hoy como un hito. El escritor Jorge Baradit entrega detalles de la novela que presentará en octubre: “Es como el yeti de nuestra historia”, dice.
Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 21 de septiembre 2008.
Un científico inglés de cabello largo le muestra planos al Presidente Salvador Allende. Le dibuja una especie de “hombrecito” cabeza, tronco, extremidades hecho de cuadrados, flechas y círculos. Le dice que su proyecto Synco funcionaría igual que el cuerpo humano. Que en vez de huesos o músculos, este sistema trabajaría con el Gobierno de la Unidad Popular.
El hombre suena convincente. En el Chile de 1971, su facha rockera, sus lentes y sus teorías vanguardistas pegaron bien.
“¿Qué le parece, doctor Allende?”, le dice el investigador, quien gustaba recordarle al Mandatario su profesión. De hecho, comparar el cuerpo humano con el sistema que creó para comunicar las fábricas, ministerios y reparticiones de Gobierno fue perfecto.
Entonces, Allende le indica la “cabeza” del dibujo. “Ahí estará la base de su Gobierno”, le dice el científico, refiriéndose a él. Pero el Presidente le responde: “Excelente. Ahí estará el pueblo, entonces”.
UN DELIRIO MUY CUERDO. Aquel científico se llamaba Stafford Beer (1926-2002), un excéntrico heredero de un millonario inglés, que hizo su servicio militar en la India y que se paseaba por el Londres de los Rolling Stones en autos de lujo. Pero también había editado libros fundacionales, como “Cibernética y gestión” (1959), “Decisión y control” (1966) y el clásico “Brain of the firm” (1972).
En ellos postulaba una inédita relación entre tecnología, computación y organización social-laboral. Una teoría que bautizó como Synco (Sistema de Información y Control), también conocida como Cybersin (Sinergia Cibernética) o Modelo de Sistemas Viable.
Invitado a Chile por Fernando Flores fan de su trabajo y en esos años encargado de Corfo , Beer recorrió las poblaciones, compuso el himno del proyecto junto a Ángel Parra y carreteó con Humberto Maturana. A pesar de haber sido retratado como un episodio freak de la UP por “The Clinic” hace un par de años, la historia no terminó allí.
Mientras que Beer se convierte en un referente para gente como David Bowie o Brian Eno, un grupo de chilenos sigue rayando con el capítulo que puso a Chile en la historia de la tecnología mundial.
LA ESTÉTICA. El diseñador René Castillo Ibaceta abre su laptop y muestra una charla inédita de Stafford Beer. La grabación, hecha en Inglaterra a mediados de los setenta, pertenece a Raúl Espejo, otro de los chilenos que trabajó con Beer. Ahora vive en Inglaterra y se ha escrito con Castillo. En esas imágenes, Beer mueve las manos y muestra los mismos planos que veía con brillo en los ojos Salvador Allende.
“La idea de cuerpo humano fue vital para venderle el proyecto a Allende. A Beer le sorprendió mucho que el Presidente señalara que a la cabeza irían los obreros y no él”.
Castillo es un estudioso de la figura de Beer. Incluso imparte una clase sobre Synco en la Escuela de Diseño de la Universidad de Talca y prepara la cátedra para dictarla el segundo semestre en la Universidad del Desarrollo. Para él, este proyecto es uno de los más notables modelos de gestión y también antecedente directo del diseño de interface.
“Muchos de los conceptos computacionales que conocemos ahora, Beer ya los había desarrollado, incluso el autoformateo. Él había visualizado una forma en que el computador pueda aprender de sus propios errores, corregirlos y seguir adelante”.
Mientras tanto, Beer concluye su charla hablando en el video: “Bueno, el proyecto tuvo que terminarse debido al golpe militar”. Luego, viene un silencio y la tristeza.
Además de reconstruir la historia de Synco, Castillo se ha dedicado a hacerlo gráficamente. Basado en los planos de Beer, el diseñador ha trabajado en réplicas de los cuarteles centrales de Synco. Desde la estricta norma de seis sillones que rodean al sillón central o detalles como un pocillo especial para dejar vaso y cigarrillos.
“Muy acorde con la mentalidad de la época. Aparte de los comandos y las pantallas que permitirían visualizar lo que pasa en las fábricas o ministerios, había espacio para dejar el vaso o botar las cenizas del cigarrillo”, explica.
“La estética era muy retrofuturista. Como una versión avanzada de los muebles de la época”, dice, marcando la similitud gráfica de Synco con la película “2001 Odisea en el Espacio”, de Stanley Kubrick.
LA RECONSTRUCCIÓN. “Hay mucho mito en torno a Synco. Decir que fue la internet de Allende es una manera muy simplista de definirlo”, explica Enrique Rivera, cineasta que forma parte de un equipo dedicado a reconstruir Synco, no sólo rediseñarlo a nivel gráfico.
El fruto de su trabajo se encuentra en la muy documentada página web www.cybersyn.cl. Allí hay fotos y textos de Beer, tesis, investigaciones e imágenes de los famosos sillones retrofuturistas de Synco.
“Queremos desempolvar todo lo referente a Synco y desmentir algunas cosas. Por ejemplo, que fue apenas un prototipo de internet. O que fue un delirio de la UP. Las ideas de Beer eran muy coherentes e inteligentes. Y lo sorprendente es que el Gobierno de Chile le compro la idea. Synco puede ser aplicado en el mundo del arte y la cultura. Es un gran mecanismo de organización y gestión”, indica.
Rivera, junto a Catalina Ossa, fueron invitados por el Centro de Arte y Nuevas Tecnologías (ZKM) en Alemania, donde trabajaron en una exposición en torno a Synco el año pasado. “En lugar de hacer un documental sobre el tema, decidimos presentarlo usando precisamente las teorías de Beer”, cuenta el cineasta, entusiasmado.
Así, en “Multinodo Metajuego/Cybersyn: Sinergia Cibernética”, el público alemán pudo manipular réplicas de las sillas de Synco, escuchar canciones de Brian Eno inspiradas en Synco e inteactuar grabando sus opiniones sobre el sistema o manejando la pantalla tal como si el proyecto estuviese funcionando.
Rivera no cree para nada que Synco fuese un delirio. Para él, es un proyecto muy serio que pudo haber revolucionado el mundo. La misma exposición fue trasladada a Chile y se encontrará desde noviembre en el Centro de Documentación del Palacio de La Moneda.
“Chile fue el único país donde se trató seriamente convertir el proyecto en realidad. En Uruguay se intentó algo parecido, pero se robaron la plata”, dice.
CIENCIA, HISTORIA Y FICCIÓN. “Synco” se llama la nueva novela de Jorge Baradit, que ficcionará lo que hubiese pasado si el proyecto Synco no se hubiese venido abajo tras el golpe militar. Se editará en octubre y parece el paso definitivo del hecho freak de la UP a una fantasía retrofuturista.
“La sola idea de un proyecto para convertir a Chile en un Estado cibernético es insólita. La frase de Stafford Beer: ‘Quiero dotar a Chile de un sistema nervioso electrónico’, parece sacada de la mejor literatura que recién comenzó a escribirse ¡diez años después! Es decir, cómo no interesarse en una idea tan adelantada a la época, además cruzada por uno de los hechos más trágicos de nuestros últimos años, el golpe y la tragedia socialista”, explica el también autor de la notable “Ygdrasil” (2006).
Baradit reconoce que la documentación es fragmentaria. Sin embargo, basado en la citada página Cybersyn (“un dossier virtual amplio y confiable”), revisando los documentos y mirando la gráfica “parecen fotos de ovnis, como si Synco fuese una leyenda urbana, un yeti de nuestra historia” , la ficción comenzó a armarse en su cabeza.
Un drama nostálgico y horriblemente trágico: “La posibilidad cierta de haber convertido a Chile en una Camelot de la tecnología mundial y haberla perdido de modo tan espantoso. Por último, es insólito que un proyecto de esta envergadura haya permanecido escondido durante tantos años, secreto a la vista. Confirma que en Latinoamérica la tecnología, la magia, los sueños y las pesadillas se cruzan en la realidad sin concierto aparente, dotándola de un espesor surrealista tangible, alucinatorio y desconcertante”, señala.
Baradit es un creador de mundos que se nutren de muchos canales, entre ellos la cultura pop, la tecnología, los mitos galácticos, las urbes apocalípticas, el hombre doblegado por los chips, la destrucción del planeta. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si Pinochet decide seguir el ejemplo de Prats y apoya a Allende, desarticulando el golpe del ’73?
Esa es una de las líneas gruesas del argumento de su nueva novela “¿Se imaginan que hubiera pasado si Synco se desarrolla completamente y Chile se convierte en Sylicon Valley 15 años antes de Sylicon Valley? ¿El primer país con una producción industrial administrada cibernéticamente, en tiempo real. Próspero y progresista?
¿Qué habría pasado con América Latina si Chile exporta la experiencia Synco y se organiza algún tipo de cyberbolivarismo? ¿Se imaginan a Miguel Serrano y su visión mágico-totalitaria organizando un movimiento en las sombras tras el Gobierno chileno?”.
Por supuesto, siempre hay un costo de sangre y muerte que pagar.
¿Cuál fue el precio que tuvo que pagar Allende para obtener las llaves del paraíso socialista? Lea la novela en octubre o, mientras, viaje por los circuitos de Synco, el sistema nervioso de Chile muerto ahora en un chip manipulado en el sudeste asiático.