El 3 y 4 de noviembre tocará la banda en Chile. Una buena oportunidad para atestiguar el renacimiento de quienes, gracias a sus poderosas canciones e integridad artística, pavimentaron el camino a Nirvana y al resto de las bandas que echaron al pop maqueteado de Michael Jackson de todos los número uno. El grupo estaadounidense cerrará las dos noches del festival SUE en el Arena Movistar:
J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 25 de octubre 2008.
R.E.M. es una institución en la música pop contemporánea. Una banda que pasó del circuito college (universitario) directo a las multiventas, sin transar absolutamente nada. Y en plenos noventa, mientras las nuevas bandas imitaban su música y actitud, decidieron jugar un poco con la distorsión y la electrónica. En el camino perdieron un integrante, pero este año regresaron más fuertes que nunca. Su disco Accelerate es la síntesis de todas estas luchas. Con dramatismo y belleza, R.E.M. confirma por qué es la gran banda estadounidense de los últimos veinticinco años. A continuación, cuatro razones para no perderse los shows que brindarán en Santiago el próximo lunes 3 y martes 4 de noviembre.
R.E.M. PAVIMENTÓ EL CAMINO A LA “NACIÓN ALTERNATIVA”. Antes de caer en una clínica de rehabilitación, escaparse, apuntarse en la cabeza y convertirse en la última leyenda del rock, Kurt Cobain, líder de Nirvana, tenía algo claro. “Nuestro próximo disco sonará hermoso, etéreo y acústico. Como el último de R.E.M. Si pudiera componer al menos un par de temas tan buenos como ellos lo hacen… Dios, son lo máximo”, dijo a la grabadora de la revista Rolling Stone. Cobain se refería al Automatic for the People (1992). Obra que coronó una carrera iniciada con el explosivo single “Radio Free Europe” (1981) y que estalló con Green (1988) y Out of Time (1991), el mismo elepé que contenía “Losing My Religion” y la irónica “Shiny Happy People”. El disco elogiado por Cobain contenía toda la integridad musical posible en una obra de música pop. Himnos redentores (“Everybody Hurts”), actualizaciones de la música de raíz estadounidense (“Drive”, “Find the River”), pop de herencia sesentera (“Sweetness Follows”) y estribillos cautivantes en su simpleza (“Man on the Moon”). Era la marca de fábrica del grupo, que, contradictoriamente, logró escalar en los rankings, radios y canales de música. Su sonido, dramático y de raíz folk, rock y pop, permitió que el cerrado ambiente estadounidense se tornara receptivo a Nirvana, Pearl Jam y el resto de las bandas más “subterráneas”. Un antídoto contra música maqueteada como New Kids on the Block o de típica brutalidad americana tipo Guns N’Roses.
RESCATARON LA MÚSICA QUE NO ESCUCHAN TODOS. “No somos otra banda fiestera. No tocamos new wave. Y no tenemos nada que ver con B-52 ni ninguna otra banda de la ciudad”, decía un enfurecido y pelilargo Michael Stipe en octubre del 82. “No creo que estemos listos para los grandes auditorios. Estamos más concentrados en escribir canciones y ser la mejor banda en vivo”, declaraba en la misma entrevista el guitarrista Peter Buck.
¿Cómo llegarían a ser los más grandes de todos? En el rock, la historia también la hacen los ganadores. Elvis, Beatles, Led Zeppelin, Pink Floyd o Metallica. Sin embargo, también existe un “canon alternativo” que agruparía a bandas y solistas creativos e influyentes, pero que jamás obtuvieron el reconocimiento masivo.
Música que si se escuchara con atención, convertiría al rock en algo más que riffs básicos y de contracultura domesticada. Discos que sonaban todos los días, por ejemplo, en la disquería Wuxtry Records de Athens, Georgia. Allí trabajaba Peter Buck, quien se dedicaba a tocar la guitarra y atender a los clientes. Es fácil detectar a través del sonido R.E.M. la música que escuchaban junto a Michael Stipe, estudiante de fotografía y pintura. La cristalina mezcla de country/folk y rock de los Byrds, la suciedad y belleza de Velvet Underground, el power pop dramático y tierno de Big Star. También la fuerza renovadora del post-punk o su equivalente estadounidense con The Replacements o Husker Du. Un sonido que podía pasar de los estribillos pop a la alta velocidad del hardcore.
Los mismos álbumes que sonaron en una fiesta en 1980, cuando se conocieron con Bill Berry (baterista) y Mike Mills (bajista). Aunque digan que R.E.M. en realidad no significa nada, en neofisiología se conoce como “Rapid-eye-movement”, la fase profunda del dormir, cuando se producen los sueños. Con ese nombre se presentaron por primera vez en una iglesia de Athens, tras unos meses de ensayo. Inmediatamente a R.E.M. se le clasificó dentro del subestilo jangle, llamado así debido al jangling (rasgueo) de las guitarras, una música que sin renunciar a lo pop, no encajaba con los sintetizadores o el heavy metal radial.
MÚSICA PARA PERDEDORES. “R.E.M. tiene el don de captar el pulso de la generación. Una rápida revisión de algunos de los singles de sus últimos álbumes es capaz de deprimir a cualquiera. Pero la depresión no es existencialista a lo Pink Floyd ni necesariamente dark o politizada. Más que depresión, lo que Stipe siente -y transmite- es angustia, ansiedad, neura. No tiene nada claro, pero tampoco quiere seguir así. Está enojado, pero ni tanto. Más bien está asustado”, escribía Alberto Fuguet en 1991.
R.E.M. había pasado de secreto a voces a la masividad, gracias a canciones como “The One I Love” o la extraordinaria “It’s the End of the World As We Know It (And I Feel Fine). Ambas de Document (1987), su último disco para el sello independiente IRS.
A diferencia del egocentrismo de U2, la única banda que le hacía el peso, R.E.M. había optado por la muy personal mirada de Michael Stipe. Un tipo que había jugado a cantar sin que se entendiera muy bien lo que decía en discos como Recknoning (1984). Ahora había aprendido a sacar la voz y convertirse en la voz de los perdedores, los que no lograron ser lo que querían, los que no aprendieron a vivir en la sociedad post-capitalista.
“Nuestras canciones son para aquellos a los que nadie eligió para bailar en la fiesta de graduación. Los que tenían la cara con acné. Los que se quedaron al lado del parlante toda la noche y terminaron solos”, dijo alguna vez Michael Stipe. Luego vendría “Losing My Religion”, la respuesta a todas las bandas que sonaban como ellos en el ruidoso Monster (1994), el activismo político, la renuncia del baterista Bill Berry y los desesperados intentos por seguir adelante en Up (1998) o Reveal (2001).
EL IMPULSO ACCELERATE. “Lo hicimos al estilo antiguo. Reflexionamos entonces dónde nos encontramos culturalmente en 2008, y creo que hicimos un gran trabajo, encontrando las canciones, la actitud y el sentimiento adecuado”, señaló Michael Stipe en una reciente entrevista para “El Mercurio”. En efecto, mientras Around the Sun (2004) sonaba vacilante y, a ratos, como si parodiaran su propio estilo (escuchar “Leaving New York”, “Make It All Ok”), Accelerate (2008) se aleja de los guiños electrónicos y pianos afectados y elige la misma fórmula que usaron a mediados de los noventa: las guitarras y el impacto emocional en seco.
Desde la furia de “Living Well Is the Best Revenge”, pasando por el country/folk de “Houston” hasta las descarnadas modulaciones de Michael Stipe en “I’m Gonna D.J.”, Accelerate es un álbum perfecto para defender en vivo y que, de paso, captura estos años de crisis y confusiones.
El festival SUE
La versión 2008 , será el lunes 3 y martes 4 de noviembre en el Arena Movistar. R.E.M cerrará ambas noches. La primera incluirá además a los británicos Kaiser Chiefs y los estadounidenses Mars Volta. La segunda noche, actuará The Jesus and Mary Chain, banda escocesa celebre por mezclar altos niveles de ruido con un pegajoso pop heredero de los sesenta. Son una de las favoritas de R.E.M. Entradas de 11.000 a 55.000 pesos. Más información: www.sue.cl y www.rockandpop.cl (radio oficial). La discografía de R.E.M., se encuentra en en Chile bajo el sello Warner.
Juan Carlos Ramírez Figueroa, (30, Higueras Talcahuano). Periodista Profesional, reportero y ensayista especializado en contenidos digitales y reconvertido a los estudios culturales. He escrito para La Nación Domingo, Paula, El Mercurio, Zona de Contacto, Artes y Letras, RTV/Mira (revista de tv cable), El Guachaca, Rockaxis, Mira El Péndulo (Lima/Miami) y La Mano (Buenos Aires), entre otros. También he sido columnista/productor en radio Rock and Pop y Via X. Todos los viernes critico discos en Emol. Acá recopilo mis publicaciones, artículos y textos.
Por unos instantes reinó la confusión. Vi el video de “Think for a minute” por TVE en 1986, y todos los referentes eran correctos: Rickenbakers, look soul boy, cardigans y loafers, pop refinado y voces Bill Withers. Sin duda, eran de los nuestros. ¿Por qué, entonces, eran fans suyos los tíos más capullos de mi instituto (los de la sudadera Mistral y Sebagos)? Una confusión únicamente española, sin duda, como las comparaciones con The Smiths. Si uno quiere situar a The Housemartins, hay que clavarlos entre la dialéctica marxista-pop cabreada por un lado y el estilo mod-casual con discos negros por el otro. The Housemartins habitaban el mismo universo que Dexys, The Style Council y Redskins, sólo que se lo tomaban con más humildad que ellos (quizás por ser de Yorkshire). Pero uno no puede hacer caso de la ironía auto-menospreciativa que exhibían: The Housemartins eran grandes. Uno sólo tiene que escuchar el álbum de debut: ingenio, energía pop (Undertones, Jam) pero sensibilidad soul y gospel (Al Green, “early Motown”), potencial para el hit, sencillez, pasión, elegancia modernista (Gabiccis, Fred Perrys y Pringles), humor fino (ver título del LP) y -al contrario que los llorones de Manchester- rabia política. Mucha gente (aquí) no percibió que todas las canciones de Housemartins eran marxistas; incluso las lentas. Especialmente las lentas. “Flag day”, su primer single, era un canto anti-beneficiencia. “Sheep” un grito contra la derecha rural inglesa. ¿“Happy hour”, que parecía una oda tontuela al beber? Era una denuncia del sexismo de pub oficinista. Por no hablar de los himnos revolucionarios “Freedom” y “Get up off our knees” (“No esperes a mañana para pegarle un tiro a alguien / A quien puedas pegar un tiro hoy”). Un disco glorioso, aquí aumentado con hermosas rarezas (algunas de ellas ya recopiladas en Now that’s what I call quite good, otras no) que son hits alternativos: “I’ll be your shelter” (explosiva versión gospel de The Messengers), un “People get ready” a capella, la gloriosa cara B “The Mighty Ship” (Booker T de anfetas), la melancólica “I smell winter” o el rompepistas “Drop down dead”. Una cosa excepcional, vamos. Kiko Amat
(Crítica publicada previamente en la revista Rockdelux de septiembre del 2009)