LA CRÍTICA A LA INGENUIDAD DEL PUNK

La crítica a la ingenuidad del punk asume, de hecho, sus propios recursos, su sentido de la inmediatez y la improvisación (…) Pasa por alto el verdadero principio de esa estética: el punk siempre se presentó como gran estafa de la sociedad de consumo -como versión acelerada, informalista y obscenamente materialista de las premisas del pop. La verdadera cultura pop -Disney, Spielberg- es idealista y moralista; el punk es su contrafigura. No diga: “el punk ha degenerado en pantomima como Green Day”; diga “Milli Vanilli prueban que el punk sigue existiendo”. La crítica inocente al punk está fundada en la misma premisa conservadora que sustenta la crítica a la banalización de la estética vanguardista, tal como la puso en circulación Peter Bürger en los años setenta: presuponer un “origen puro e incontaminado” de la estética transgresora y postular un supuesto ciclo histórico de la vulgarización, popularización y comercializació en que el movimiento “pierde su capacidad de revulsión originaria”. Esta tesis sólo la puede sostener alguien que no haya visitado nunca una exposición medianamente exhaustiva sobre los orígenes de las vanguardias. En cualquiera de ellas -véase a modo de ejemplo, cualquiera de los dos Museos de la Moda de París- puede observarse como buena parte de los pintores y fotógrafos que hoy vemos como “clásicos de la vanguardia” dedicaron buena parte de sus esfuerzos a trabajos publicitarios o meramente comerciales – bien lejos de la visión frívolamente seria de esos movimientos que popularizaron críticos como Clement Greenberg
Eloy Fernandez Porta en FACTOR P: EL PUNK NO ES JUVENIL, SINO JUVENAL de “Afterpop” (2007).
Prog Rock: El Dinosaurio Que Se Niega A Morir
Prácticamente confirmada está la visita de Rush para el 17 de octubre en el Estadio Nacional. Una banda sobreviviente de un género que fue motivo de burla y desprecio para la generación punk, pero que finalmente pegó más fuerte de lo que se creía.

Por J. C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 8 de agosto 2010
ANTES DE MASIFICAR EL PUNK como líder de los Sex Pistols, John Lyndon -alias Johnny Rotten- se paseaba orgulloso por el Londres de 1975 con una polera de Pink Floyd. Arriba había escrito con un plumón “I hate”. Ese “Yo odio a Pink Floyd” fue un mantra juvenil que insistía en la “honestidad” de los tres acordes punkies a los solos de guitarra y batería, sintetizadores, letras crípticas y canciones de más de veinte minutos del rock progresivo. “Nunca olvidaré cuando estábamos en el estudio haciendo la canción ‘Sheer heart attack’ y resulta que los Sex Pistols estaban en el estudio de al lado”, contaría Freddie Mercury en su autobiografía publicada en 2008.
Su banda en ese tiempo se había destacado por todos los “vicios” que acusaba Rotten. “Ya te puedes imaginar a nosotros y los estandartes de toda la movida punk-rock antisistema bajo el mismo techo. De todas maneras, hice entrar a Johnny Rotten y a Sid Vicious (bajista) para que escucharan uno de nuestros temas y les dije que cantaría en una de sus canciones si ellos cantaban en una de las mías… y deberías haberlos visto. Dijeron: ‘¡No vamos a cantar con Freddie Mercury!’”. Es que, el “prog rock” fue el hazmerreír de la generación punk y sus descendientes. El odio a Genesis, Emerson, Lake & Palmer, Jethro Tull, King Crimson, Yes, Rush, los primeros Queen y Pink Floyd infectó a los músicos, a periodistas y a las escenas indies hasta hoy.
Quizá porque sus propuestas monumentales, excesivas y complejas, lograron éxito comercial. En efecto, porque bandas más volcadas al blues o a lo heavy como Led Zeppelin o Black Sabbath, fueron reivindicadas. O escenas tan “progresivas” e intelectuales -pero minimalistas- como el kraut alemán influirían directamente en que Lyndon se aburriera de ser un Sex Pistols y encontrara la respuesta, dos años después, en la experimentación post-punk de Public Image Limited (P.I.L).
Radiohead y Homero Simpson
“El día en que el LSD se popularizó como droga creativa, se creó un monstruo que a punto estuvo de hundir el rock”, definió el periodista Iñigo López Palacios a esta música. Y continúa: “Entre delirios alucinógenos, muchos decidieron ir un paso más allá (…) Gracias a ellos, el rock se haría adulto y alcanzaría niveles de excelencia reservados a la música clásica. No nos explayaremos con los excesos y atentados contra el buen gusto que se realizaron en nombre de este ideal”. Sin embargo, más allá de la ironía, lo “progresivo” ha encontrado su espacio de respeto a pesar de l shock inicial. De hecho, muchos se sorprendieron cuando Radiohead, después de los elogios por la melancolía y dramatismo de The Bends (1995), lanzó, al año siguiente, “Paranoid Android” (1996). Una canción de casi siete minutos repleta de cambios de ritmo, distorsiones, pasajes vocales y letras extrañas. Una canción que junto a su obra posterior fue comparada con Pink Floyd

No pasaría mucho tiempo para que cualquier disco “complejo” pero masivo y que rompiera la lógica de la canción-para-la-radio fuera comparado con ese rock que los punk odiaban tanto. Desde Tool a Muse. Aunque lo “progresivo” nunca dejó de estar presente como subcultura del rock (ahí tienen a Porcupine Tree o Dream Theater), recién ahora, a nivel comercial, comenzó a ser celebrado y reconocido. Precisamente porque quebraron el camino al folk y a la distorsión blusera que había tomado el rock después de la explosión psicodélica de 1967-1968. En lugar de rescatar antiguos formatos de canción, el rock progresivo llevó al rock a una dialéctica entre la música docta y los adelantos electrónicos. Un estilo que en su variante más pop (Supertramp, Toto) luego se conocería como “rock adulto”, o como dijo un periodista español: “la música favorita de Homero Simpson”. ¿Hay algo más adolescente que las peleas de los fans de Rush contra Pink Floyd? Esto sólo demuestra la profunda conexión del “prog rock” con una infancia o juventud donde la ejecución instrumental y las canciones ambiciosas eran algo de primera necesidad. Los mismos músicos de Café Tacuba -insignia de lo popular y experimental en el rock latino- declaraban que para renovarse musicalmente había que volver “a los discos de Rush”. Un trío canadiense que logró construir un lenguaje en torno a su discografía. De hecho, se bromea mucho sobre lo nerd de sus fans. Una banda que desde su debut homónimo y power pop de 1974 no ha hecho más que ir tocando cada vez más “complejamente bien”. Sin olvidar sus referencias a la ciencia ficción.

Como explica Rodrigo Gatica, músico de blues: “De la misma manera en que los nerds se han tomado el planeta desde las sombras de la tecnología han estado ‘esparciendo’ su música en nuestro inconsciente… y es así como notarás música de Rush en cortinas de programas de televisión, comerciales y películas”. Y este triunfo de Rush, materializado en la “vuelta a las raíces” del disco Snakes & Arrows (2007) es también el triunfo de un género que fue hijo de un contexto: el vinilo, las portadas, la idea del “disco conceptual”, la evolución del rock hacia lo “clásico” y “tecnológico”. Pero también que a pesar de haber explotado en un período concreto (los setentas) supo mantenerse en pie gracias a sus fans.
Esto quizá tiene que ver con una de las funciones de la música popular, descrita por el académico Simon Frith: el “poseer” la música. “Los fans del rock ‘poseían’ su música favorita de un modo absolutamente intenso y trascendente (…).Obviamente, es la característica de mercancía de la música la que permite articular ese sentido de posesión, pero uno no cree poseer únicamente ese disco: sentimos que poseemos la canción misma, la particular forma de interpretarla que contiene esa grabación, e incluso a su intérprete”.
Marky Ramone: ¿El último de los mohicanos?
Marky Ramone es el único sobreviviente de la banda que creó el punk. Él sabe que acá, la locura por los Ramones es mayor que en EE.UU, donde los Pistols se llevaron casi todo el crédito y Green Day la plata. “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk”, fue una de las frases para el bronce que se mandó en la entrevista. Pero le da lo mismo, él sabe que es leyenda.

Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Guillermo Scott) para Zona de Contacto, 1 de septiembre 2006.
DON RAMÓN. Si no fuera por las arrugas, Marky se vería idéntico a como aparece en las tapas de sus discos con los Ramones. La misma chaqueta de cuero, la misma chasquilla y, obvio, las mismas converses. Mientras come una ensalada, se queda pegado en una vieja foto del trompetista Joe Sullivan que reposa sobre una pared del restaurante Bluebird de Providencia. Entonces mira a los ojos para responder la primera pregunta. “Claro que soy un sobreviviente. Mírenme: estoy vivo y respirando”, dice recordando a Joey, Johnny y Dee Dee, el resto de la familia Ramone que ya no está.
Marky Ramone es un punk amable. Y sigue siéndolo hasta que unos tipos de terno dejan la puerta abierta, a pesar que él les había pedido cortésmente que la cerraran porque hacía frío. Probablemente ni sabían quien era. Entonces, el baterista que a los 26 años abandonó el apellido Bell, grabó “I wanna be sedated” (78) y se fue a girar con la banda que creó el punk, levanta su metro 85 de estatura, les grita “asshole” y se vuelve a sentar aguantándose las ganas de ponerles un combo.
Marky llegó a los Ramones en 1978, como un suplente recomendado por el entonces baterista titular, Tommy Ramone. Marky entró a la cancha y supo jugar bien entre cada “one, two, three, four”, durante cada noche, ciudad y show. “No tuve que adaptar nada. Tommy y yo venimos de la escuela Ringo Starr. Él es grande, fresco, el mejor. Yo sólo tocaba un poco más rápido que Tommy. Y no pienses que nuestro estilo es fácil. Hay que ser muy preciso”
-¿Cuando te diste cuenta que ya eras un Ramone, que estabas integrado?
-Siempre lo fui. Hasta cuando me salí de la banda, aun seguía recibiendo dinero. En esa época (1981) yo estaba tratando dejar el alcohol. Ramones es lo que yo soy: un tipo normal al que le gusta tocar la batería”.

HEY HO, LET´S GO. 1978. En el CBGB´s los Ramones juegan de local y los Sex pistols son la visita que por entonces, se llevaba los créditos como creadores del estilo. Intimidados, los ingleses beben cerveza y miran de reojo al camarín. No saben como abordar a la banda que creó el estilo que ellos escaneron. Siguen bebiendo hasta que deciden acercarse a Los Ramones. Los neoyorkinos no pescan demasiado y en lugar de saludarlos, le pasan una chela a Johnny Rotten. La cerveza estaba meada. Los británicos ni se enteraron.
Los Ramones punkeando a los punks británicos. La historia la cuenta Marky entre risas, asegurando que es verdad.
-¿Es cierto que Syd Vicious les temía?
-El quería que nos presentaran. Estaba con Nancy y estaba seriamente borracho. Sid cuando chupaba se ponía muy odioso, rudo, quería pelear conmigo. Eso te dice como era su carácter y cuando supo que yo era un Ramone nos hicimos amigos, el era un fan de Dee Dee. Nos hicimos amigos porque nos juntábamos a tomar juntos, carreteábamos y eso. Una relación muy wasted.
-¿Qué pensabas realmente del punk inglés?
- “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk. Malcolm Mclaren, los juntó, los peinó, los vistió y les puso el Sex a los pistols. Eran punks fashion y eso es. Pero no eran una mala banda, no hacían mal punk. Eso sí, sin los Ramones no serían nada, ellos solo eran una banda de pop rock, se sentaban con sus pelos largos y tocaban la guitarra, eran unos hippies no hay ninguna diferencia entre ellos y Neil Young. Los ingleses tiene esa fijación con ser los que cambiaron la historia, ellos siempre dicen que inventaron el rock o el punk. Pero los que partieron todo fueron Elvis, Chuck Berry, Little Richard y tipos como ellos”.
-¿Por qué crees que durante mucho tiempo en EE.UU el crédito del punk se lo llevaran los Pistols por sobre ustedes?
-“Nunca fuimos portada de Rolling Stone porque éramos una banda nueva, el punk era nuevo, no era tan grande como ahora. Las bandas que la llevaban eran los Stones, Neil Young, Grateful Dead, Jefferson Airplane. Los hippies seguían dándole a estas bandas y la prensa no le dio a los Ramones una chance. Le dieron una portada a los Pistols y a nosotros, que inventamos el punk, no. Al final dijimos, jodánse, ¿a quien le importa?”
-Cuando ingresaron al Salón de la Fama Eddie Vedder los presentó. ¿Quien te hubiera gustado que los presentara?
-Me hubiera encantado que fuera Little Richard, Jerry lee Lewis o Dion de Dion & the Belmonts.
PUNKSTAR. Marky es una estrella de rock, pero se comporta como si nunca hubiera salido del garage. “Dylan ni en broma haría esto, ¿pero qué más da?”, dice mientras algunos oficinistas parecen reconocerlo pero no se atreven a saludarlo.
Marky se siente el responsable de mantener vivo el legado de los Ramones, mal que mal, es el último de lo mohicanos. Viaja por el mundo cantando los hits de la banda, está escribiendo un libro y tiene un programa de radio en la estación punk más importante de Estados Unidos (Satelite radio). Y acaba de formar una nueva banda, con las leyendas americanas del punk. Así se gana sus monedas. Mejor eso, que andar macheteando como los chilean punks.
-Cuéntanos del proyecto OsakaPopStars.
-“Es una idea que tuve con mi amigo John Cafiero. Él juntó a la gente: Jerry Only, bajista de los Misfits, Dez Cadena guitarrista de Black Flag e Ivan Jullian, guitarrista de Richard Hell & the Voidoids. Yo escuché los demos y me enamoré del proyecto. Hicimos unos shows para ver como funcionaba y me gustó la onda. En verdad, durante mucho tiempo no quería hacer nada aparte de tocar los temas de los Ramones. Con Osaka hicimos un muy buen álbum así que vamos a tratar de hacer una buena gira”.
-¿Qué escuchas por estos días?
-”Escucho a tipos como Mozart, Bach, Beethoven y Wagner. Ellos eran verdaderos punks, no tenían electricidad ni baños, sus condiciones de trabajo eran una mierda, morían muy jóvenes pero hacían excelente música y por eso los respeto”.
-Plop… ¿Cuál es tu relación con Pablo Echaurren, el pintor chileno hijo de Matta?
-Es un amigo. Su padre es un genio, un verdadero artista. En mi última visita a Italia, Pablo me regaló un cuadro muy bonito de los Ramones tocando. Es un gran tipo
-Por último, ¿qué opinas del la escena emo?
-Es mejor que escuchen eso a que se influencien por bandas como Cinderella, Wasp, Whitesnake o Poison. Prefiero el emo mil veces.
Se ríe y agrega “pero no soy gay. Jajaja”


