MARIA COLORES – “LLAMADAS PERDIDAS” (SELLO AZUL, 2011)
Por J. C. Ramírez Figueroa para Emol, 12 de junio 2011
Se nota cuando un disco está compuesto desde el piano en lugar a la guitarra. Y no necesariamente por ser el instrumento dominante en la mezcla final (que de hecho lo es). Sino que por ciertas soluciones melódicas que se agradecen. María Colores viene desde ese mundo. Del piano-rock, las melodías y los estribillos. Tal como Carolina Nissen y Francisca Valenzuela. Aunque temáticamente se emparenta más con la primera.
En Llamadas perdidas, su disco debut y una de las nuevas ediciones del Sello Azul, celebra las sensaciones más que las acciones. Los personajes de sus canciones parecen disfrutar del presente y sus momentos (“Canto al sol”, “No espero nada”) más que enfocarse en torno a un hombre amado/odiado que organice toda la lírica como sucede con Valenzuela.
Las canciones están muy bien armadas. Esto es pop melódico y la cantante cumple su trabajo de manera correcta. A veces de forma sobresaliente. Por ejemplo en ”Paraíso”, que parte muy luminosa hasta sufrir un cambio de ritmos y melodía que recuerdan muchísimo a Ben Folds. Lo mismo pasa con “Blanca soledad”, sostenida exclusivamente por el piano y la voz. Un contrapunto que si ella puede encontrar la forma de conectarlos podría llegar quizá, a territorios aun más interesantes. Aunque todavía el modelo cancionero es evidente -entre el trabajo de Fiona Apple, Regina Spektor y la primera Julieta Venegas, sobre todo en la voz- hay muchas señales prometedoras.
María Colores / ”Llamadas perdidas” (2011, Sello Azul)
1. Llamadas perdidas, 2. Paraíso, 3. No existe la soledad, 4. Celebrar, 5. El mundo en tu mano, 6. Pulsar, 7. Tren del tiempo, 8. Canto al sol, 9. Blanca soledad, 10. Hello, 11. No espero nada, 12. Soy para vivir, 13. Mi own sky, 14. Missed calls.
María Colores (voz, piano y guitarras), Maz Flynn (bajo, guitarra, contrabajo) y Felipe Greene (batería).


-No somos unos blanditos-, declaraba Keane textual a la prensa inglesa, hace unos meses, mientras promocionaban su flamante Perfect simmetry. Incluso se habían arriesgado lanzando como single, la ochentrónica “Spiralling”. La canción, que recordaba el pop de sintetizadores más comercial de los ’80 (Duran Duran, The Power Station) parecía una toma de posesión ante la fiebre post-punk y electro que azota al pop inglés. Y viéndolos tocar en el Arena Movistar, con la excelente voz de Tom Chaplin, el característico staccato del piano de Timothy James Rice-Oxley (principal compositor), sobretodo, la intensidad de sus canciones, queda clarísimo que Keane no son los Coldplay en miniatura que nos quieren hacer creer.
