LuchaLibro en Radio Uno #15: El Regreso

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Ahora subimos el stream.

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Guns N’ Roses comienzan a ser interesantes cuando le quitamos toda la leyenda maldita de estrellas de rock y nos quedamos con sus grandes canciones. Piezas que reactualizan el sonido Rolling Stone y lo cruzan con el punk y hard rock de los ’80. Esas son las cenizas que quedan y que Axl Rose está dispuesto a defender.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 18 de marzo 2009.
Guns N’ Roses es una desmesura histórica en el rock and roll. Desde sus psicoanalizados videos con coreografías de delfines (“Estrangled”) hasta los 35 millones de copias vendidas con Appetite for destruction (1987). Pasando por excentricidades como “trabajar” con una prostituta en el estudio o interrumpir o llegar tarde a sus shows. Y, sobretodo, tardar quince años en grabar Chinese democracy (el disco que vienen a presentar) o lanzar un disco doble (Use your illusion, 1991) con, al menos, cinco canciones que duraban más de siete minutos.
“La historia de Guns N’ Roses es la del chico que le pegó al grande, del que triunfó a pesar de tener todo en contra. La banda, que combina lo mejor y lo peor del heavy metal, es el grupo más importante del año, esté uno de acuerdo o no (….) Su poderoso sonido es el soporte que tienen para explorar no tanto el lado oscuro del sueño americano, sino la carencia de este”, escribía Alberto Fuguet en 1988 cuando la banda desembarcó en el país -y el mundo- cautivando tanto al público del pop latino como a los thrashers.
Sin embargo, el secreto del éxito y posterior caída de Guns N’ Roses fue su identidad corporativa.
Una jugada conceptual que agrupaba sus ropas, melenas, calaveras, declaraciones, apariciones noticiosas. El típico capital simbólico rockista que hizo que Las canciones fueron tomadas en serio después. O pasaran a un segundo plano. No por nada entre 1987 y 1992 y con la ayuda de los agentes de prensa llegaron a ser “la banda más peligrosa del rock”, en lugar de “la banda con los discos más increíbles desde AC/DC, Led Zeppelin, etc”.
¿UNA BANDA PELIGROSA? Si aceptamos que el “relato rockero” contenido en películas y biografías fue creado por los managers y no por los periodistas, entenderemos la función de las innumerables leyendas sobre hoteles destruidos, pianos lanzados por las ventanas, orgías de sexo y cocaína, peleas en jets privados o entrevistas polémicas. Es el tipo de cosas que vuelve a un grupo de millonarios musicos californianos en bestias de temer y objeto de fascinación para adolescentes que creen que vivir así es lo máximo.
Yo tenía doce años, cuando la banda había llegado al número uno con “November rain”. Mis compañeras suspiraban con Axl y mis compañeritos usaban bandana en la cabeza. Me compré el Use your illusion 1 y, aparte de los solos de guitarra y un un puñado de canciones realmente buenas (el cover de Mc Cartney “Live and let die” y “Don`t Cry”) había mucho ripio.
Era de las primeras veces que sentiría esa sensación tan típica del capitalismo tardío de adquirir una “imagen” en lugar de una “experiencia artística”. Es decir, lo que uno compraba era la imagen pendenciera de la banda y no canciones que, al menos, te hicieran sentir pendencieros.
Hay una escena clave durante el debut de la banda en Santiago (2 de diciembre 1992, Estadio Nacional) que contradice la leyenda brutal del grupo. El público escupe a Axl Rose, el vocalista y líder de la banda en mitad de “Civil war”. En ese momento el cantante, con una horrible bandana en la cabeza, detiene a la banda e increpa al público. “¿Esto es acaso una fucking costumbre santiaguina?” y luego, indicando al “escupidor” pide que lo capturen, sin perder jamás la calma. Finalmente llama a la intérprete para que le diga al público que si mantiene su conducta Guns N’ Roses no seguirá tocando.
Es precisamente en esa grieta del espectáculo donde queda claro que el discurso “peligroso” de Guns N’ Roses es un invento. Axl, a diferencia de un Mike Patton que abría sobreactuadamente la boca para recibir el cariño del público, se comportó como un turista americano. Un tipo civilizado que “educa” a estos buenos salvajes latinos para que se porten bien
ES SOLO ROCK AND ROLL. Si para entender el sentido del cine del terror hay que quitarle los monstruos, para valorar a los Guns N’ Roses hay que extirpar su leyenda y dejar solamente la música. Una explosiva actualización del sonido rollingstoneado de Aerosmith y el glam de Iggy Pop o New York Dolls cruzado con el punk londinense del 77 y el hard rock de sus contemporáneos: Poison, Motley Crüe e incluso Ozzy Osbourne.
El sonido, centrado en la desgarrada voz de Axl y las guitarras explotando para luego separarse en rítmica y solista a cargo de Slash, era básico para potenciar las extraordinarias “Welcome to the jungle” y “Paradise City”. Ambas, certeras lecturas del ambiente post-Reagan y que adelantaban la depresión grunge de los ’90. Aunque también la banda sabía moverse en baladas como “Patience” o “Sweet child o’ mine”
Si repasamos su discografía, incluyendo el revelador disco de covers The spaghetti incident (1993), veremos que Guns N’ Roses se mueve tanto en el folk como el punk, las baladas y la épica, el piano rock y el blues. Sin embargo no todo llega cada vez a buen puerto. Sobre todo el Use your illusion, donde no sólo hay canciones que duran diez minutos, sino que en muchas hay espacio para solos de guitarra, bajo y batería, además del cantante que se resiste a terminar la canción estirando su grito hasta el final. Es tal el nivel de desorden, egocentrismo y falta de criterio en la producción que canciones como “November rain” terminan arruinándose y otras como “The garden” o “Dead horse” suenan a simple relleno.
Es decir, si el amor por el viejo rock and roll eleva a la banda, los excesos compositivos los arruinan. A tal punto que el único miembro que queda de la banda es Axl Rose, el mismo que intentó golpear a Kurt Cobain cuando este lo miró y lo saludó muerto de la risa en una entrega de premios MTV en 1992. Precisamente el año en que Guns N’ Roses comenzó a desintegrarse, con el extraño honor de haber sido la última banda de rock and roll en lograr el éxito global y vender decenas de millones de discos.
DEMOCRACIA CHINA. Sabemos que Axl Rose (impresionante: anagrama de la expresión “oral sex”) es el único sobreviviente de la banda y que tardó cerca de quince años en terminar Chinese democracy (2008). También sabemos que el disco fue un fracaso que hizo a la marca Guns N’ Roses salir de gira y tocar los temas clásicos. Pero, ¿valen la pena las canciones nuevas? El ensayista y experto en glam rock Chuck Klosterman, escribió en el sitio AV Club una de las reseñas más comentadas en Internet.
Dice que reseñar este disco es imposible. “Es algo así como criticar un unicornio. ¿Debería estar loco para pensar que algo así existe? ¿Debería compararlo con caballos convencionales? ¿Con rinocerontes? ¿Tiene esa mitología un impacto real en su valor, o debe ser examinada dentro de un vacío cultural, como si esta criatura no fuera más (o menos) especial que el resto del reino animal? He estado pensando sobre este álbum durante 15 años y he pensado en este disco más de lo que he pensado en China…”
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LOS ANÁLISIS POLÍTICOS actuales son muy similares a esos reportajes a U2 hechos por la revista Rollintg Stone: obvios, condescendientes y sin ir jamás al grano. Así como es EVIDENTE que Bono está tan desgastado -y baboso de reconocimiento- que sigue publicando descartes del Joshua Tree; también lo es el contexto periodístico de estas, nuestras, elecciones. El tema es cómo los marionetistas de Frei o la mente de Piñera quieren perpetuar un modelo que sólo defendible si despiertas y respiras aliviado porque tus nanas ordenan la casa. O quizá, también das tu vida por el sistema cuando estás hipnotizado por el retail, la tele o identificado con las letras de Sinergia. Dicho de otro modo: nuestros comicios son la lucha relativamente violenta por ver quien continúa vendiendo el país a sonrientes corporaciones de países indefinidos.
También hay subtramas interesantes: guerrilla en territorio mapuche, al transplante de Perez Yoma, la estrategia comunicacional en torno al “asesinato” de Frei Montalva. Temas que en su profundidad son cínicamente evitados por las redacciones de prensa y por la mayoría de las webs de “periodismo serio”.
Siempre que escucho esta última frase imagino una editora cuarentona que no ha tenido sexo en mucho tiempo. Por eso anda enojada y se queda trabajando hasta la medianoche.
Quizá nuestro “periodismo serio” está fundado en la carencia de pene, más que en la envidia de éste. Es cosa de verle la cara a las periodistas dedicadas al tema.
Más política y mala leche tras el salto [...]
Sabemos que la vida en Chile -que abrazó tan alegremente lo peor del capitalismo tardío- es, para el común de la gente, un fatigoso ciclo de trabajo de 9:00 a 18:00, compras en el supermercado y partidos de la selección. En ese contexto, los “ganadores” son aquellos capaces de desvincularse de la realidad (o al menos “aquella realidad), transformando el saqueo, la explotación y la autotraición en un “juego” o “aventura”. Eso explica la sonrisa idiota de zombie de los que ganan mucho dinero: se han separado tanto de la contingencia ciudadana (deudas, miedos, no llegar a fin de mes) y a la vez han iniciado un romance unidireccional con los poderosos que han torcido y pervertido su vinculo con lo real, imaginario y simbólico, si se me perdona mi lacanismo de última hora. Esta “locura” se expresa en las clásica contradicción de defender lo que antes, con muy justificadas razones, odiabas. El periodismo es una reproducción a escala de todo esto. Las pautas son más que nada simpáticas agendas que funciona como diario mural. La sección cultura al servicio del marketing, deportes a las mafias futboleras y la política a la estupidez. A veces hay milagros, claro. Pero en general el debate y la redacción política equivale a esos reportajes a U2 que salen en la Rolling Stone. De ahí, por ejemplo, la seriedad con que se analizan las encuestas, en lugar de las instituciones que las hacen. O las entrevistas tan serias efectuada por periodistas cincuentones, que al final son relaciones públicas. O el súbito interés de los veinteañeros por analizar las elecciones. Yo le comentaba a mi novia que a una semana antes iban a tirar la noticia de la muerte de Frei. Era evidente. Ella me miró con esos ojos que tiene y me dijo que conociendo a el “ambiente” era seguro. Lo sorprendete, claro, no era mi “predicción”, sino la indiferencia de mis colegas de la prensa cuando les hablaba de esto. Como suele suceder me cambiaban de tema, miraban para otro lado o se iban a saludar a otra persona más importante -es decir con más conexiones en redes análogas y virtuales- que yo.
Hasta que pasó y sigue pasando
Como dicen en las películas de catástrofes: no olviden que yo se los advertí primero.
Dentro de las numerosas operaciones políticas más o menos encubiertas de la Transición -pasta base en poblaciones, venta de recursos naturales a transnacionales, eliminación del periodismo investigativo- la más sorprendente es el desprestigio del resentimiento.
Desde mitad de los noventa, estar enrabiado -o “sentido” con la realidad- era celebrado sólo en tipos como Jorge González cuya ciclotimia autoritaria/desvalida enloquece a los chilenos, porque cumple el rol paterno necesario en un país de huachos, no de huérfanos, pero ese es otro tema.
El asunto es que cuando dejé la Universidad y sobretodo ese líquido amniótico que es Concepción me enfrenté desnudo a Santiago. Una ciudad sucia, calurosa y saturada de gente. Incluso para compra una revista había que hacer cola. Pero lo peor de la capital son sus interacciones sociales. La gente era arrogante en ciertos espacios -área de servicios, chocando en el metro- pero estúpidamente tímida si les preguntas la hora o hay un asalto en plena calle. Se habla mal de los demás, pero en persona se le sonríe. “Es que el medio es chico, hay que cuidarse”, parece ser la filosofía utilitaria en todos los microuniversos laborales. El CV se gestiona en las fiestas. Y la clase alta, los que verdaderamente cortan el queque, son más caricaturescos que los pobres empleados que se creían jefes en Concepción: católicos fundamentalistas, reprimidos sexuales y con ese tono idiota para hablar.
El diario donde trabajaba era una reproducción a escala de todo esto. Era como una sitcom: escuchaba dialogos chistosos, de repente debía entrevistar -y pelearme- con gente como Miguel Bosé o … ¡la banda Guiso! y generalmente ningún tema que ofrecía me lo compraban.
Me pasaba navegando, caminando, leyendo la prensa en inglés y nada. Ningún tema que ofrecía a los editores valía la pena. Ni siquiera una industria de Talcahuano que provoca mutaciones genéticas en los niños.
Entonces me llenaba de furia y le comentaba mis penurias al primer jetón que encontrara. Y claro, a la gente le daba lo mismo, me dejaban hablando solo o me hacían algún comentario tonto.
Ayer cumplí dos años y un mes con Daniela y pensé en todo esto.
Seguro que de no haberla conocido estaría tratando a esta misma gente con una @ antes del nombre.
O me amargaría por los criterios de editores lobotomizados.
Por eso -y millones de cosas más- Te Amo.