NACHO VEGAS – “LA ZONA SUCIA” (MARXOPHONE, 2011)

Archivo Periodistico,Críticas,Musica 6 May 2011 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 6 de mayo 2011.

No es casual la cantidad de entrevistas de Nacho Vegas dispersas por la red. Como todo compositor respetable, sus canciones dejan tal cantidad de interrogantes en el oyente que el primer impulso es ir a preguntarle el sentido de las letras al propio autor. Pero, a  diferencia de sus admirados Bob Dylan o Tom Waits, él intentará ayudar a entender su música. Por ejemplo, que el título del disco apela al automovilismo y al lugar de la pista más complicado para el arranque de la carrera. O que cuando fue a México junto a Christina Rosevinge (tienen un EP conjunto, Verano fatal, editado en 2007), les recomendaron conocer el mercado de Sonora, pero al mismo tiempo les dijeron “no les conviene ir”. O que “Taberneros” es la columna central del álbum.

Y si bien esta información, especialmente la última, sirve para entender La zona sucia, no queda más remedio que aceptar que sus canciones son “inexplicables”. En el sentido que sólo pueden entenderse viviendo dentro de ellas, cantándolas, involucrándose. Al menos con Nacho Vegas, el protagonista de sus letras es quien las escucha.

Así, dependiendo del auditor, el disco puede ser una colección de canciones de (des)amor despiadadas. Pero también una reflexión sobre la destrucción de los vínculos afectivos entre amigos o padres e hijos. O incluso una parábola del renovado miedo al fin de mundo. Lo cierto es que a nivel musical por un lado ganó la sencillez en la construcción de las canciones. También hay cierta aproximación a la canción popular mexicana (ojo con el “Ay de mí” de “Cuando te canses de mí”) o a clásicos como “Un velero llamado libertad” de José Luis Perales en el estribillo de “Reloj sin manecillas”). Pero sobre todo se destacan temas enormes como “La gran broma final” donde se describe el desfondamiento emocional comparándolo con las torres gemelas de Nueva York o con dar entrevistas mientras el mundo se cae en mil pedazos. También la mencionada “El mercado de Sonora” (que explora magistralmente el imaginario pagano latinoamericano) y “Lo que comen las brujas” una especie de canción infantil donde utiliza uno de sus recursos favoritos: el coro de niños al estilo “The wall”. Lentamente va emergiendo el resto de las canciones que, particularmente en este disco, crece a medida que se escucha. Algunos llaman a eso madurez compositiva.

Nacho Vegas / ”La zona sucia” (Marxophone, 2011)  

1. Cuando te canses de mí. 2. La gran broma final. 3. Incendios. 4. Reloj sin manecillas. 5. Taberneros. 6. Perplejidad. 7. La comedia humana. 8. Lo que comen las brujas. 9. Cosas que no hay que contar. 10. El mercado de Sonora.

www.nachovegas.blogspot.com

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Nacho Vegas: “Sé Que No Soy El Mejor Cantante, Pero Siempre Pienso En Bob Dylan”

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 27 October 2009 | 0 Comments

Hablé con Nacho Vegas por teléfono. Aun no entiendo cómo un songwriter que canta sobre violaciones, heroína e infernales grietas espirituales sea  tan tímido y educado

Una de las primeras canciones de Nacho Vegas (Gijón, 1974) que sonó en Chile fue “El ángel Simón”. Venía en el cedé de regalo que acompañaba a la revista catalana Rockdelux en un número dedicado a lo mejor de 2001. El tema era un impresionante monólogo de un padre ante su hijo recién suicidado donde le decía cosas como “y desde cualquier lugar / dondequiera que ahora te estés pudriendo / sólo quiero que sepas / que ya no te tengo miedo / que ahora estoy cansado / y sólo tengo miedo de mi propia vida”. Ocho minutos de piano y bandoneón que apretaban la garganta como pocos songwriters en español saben hacerlo.

Esta pieza abre la antología doble Canciones inexplicables, recién editada en Chile por el sello Infanta Terrible. Son veintitrés temas que demuestran cómo Nacho Vegas ha “hispanizado” como nadie la belleza y sordidez de pilares de la canción de autor americana. Dos ejes por los que transitan y padecen los héroes que protagonizan las canciones de Tom Waits, Leonard Cohen o el propio Bob Dylan. Al mismo tiempo podemos detectar radiaciones noise que vienen de su participación en grupos históricos del indie español de los ’90 como Eliminator Jr. y Manta Ray.

Sin embargo el músico también ha investigado la extensa tradición de la música asturiana en canciones como “Añada de Ana la friolera”, que es una canción de cuna regional (que en Asturias llaman “añadas”), o el proyecto Lucas XV. Además ha coescrito discos junto a Enrique Bunbury, Aroah y la recordada Christina Rosevinge, junto con publicar el año pasado el libro “Política de hechos consumados” que también edita aquí Infanta Terrible. En esas páginas el músico aprovecha de extender las correrías de sus personajes e intenta una especie de autobiografía donde admite que “hay que arder hasta apagarse”.

La entrevista a Nacho Vegas, sus escritos sobre canciones como la citada y una reseña a su libro Política de Hechos Consumados tras el salto [...]

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Nacho Vegas, por el lado salvaje

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 19 November 2006 | 0 Comments

Oscuro, literario y rockero, Nacho Vegas transita por la misma senda de Nick Cave y Bob Dylan, pero en nuestro idioma. Ahora prepara su desembarco como solista y con un proyecto paralelo junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury. A fin de año viene a Argentina y tal vez inyecte su veneno en Santiago. Esta es su primera entrevista para Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 19 de noviembre 2006.

Detrás de un cristal, cuatro putas invitan al extranjero a entrar mientras bailan un transpirado vals. Un padre no puede evitar mirar la mancha oscura que dejó su hijo Simón en el colchón después de suicidarse. Ante el juez, Ramona dice que mató a un hombre por culpa del calor y la humedad, y además porque esta vida iba a ser otra y algo salió mal. En el Bar La Sed Mortal, un borracho comienza a pedir perdón por todas las cosas y un payaso le cuenta que hasta los perros se ponen tristes después de eyacular.

Nacho Vegas (31 años, Gijón) escribe canciones que no sólo se escuchan, sino que también se leen. Y si una buena canción es aquella que te obliga a dejar cualquier cosa que estabas haciendo, el compositor español da en el blanco. Pedazos de un hombre/espejo roto que duele y muchas veces corta, desde “Actos inexplicables” (2001) y “Cajas de música difíciles de parar” (2003) hasta los simultáneos “Desaparezca aquí” (Limbo Starr) y “El tiempo de las cerezas” (Emi) –álbum doble junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury–, este flaco se ha convertido en el secreto mejor guardado del rock ibérico.

Aunque –tras sus constantes apariciones como artista o disco del año en la revista “Rockdelux”, el lanzamiento continental del disco con Bunbury y la bendición del YouTube de Internet– no es difícil encontrarlo, con sus gafas oscuras y su chaqueta de terno, caminando la senda de Nick Drake, Leonard Cohen o Nick Cave.

LOS CUATRO PASOS. Lo primero fue escuchar a Morrissey. “Era sensibilidad, ambigüedad sexual, provocación, belleza… todo. ¿Qué más se le puede dar a un adolescente desencantado con el mundo y hambriento de mitos a los que aferrarse?”, escribió el propio Vegas en un fanzine español dedicado al cine.

Luego, aprendió guitarra –inspirado en Sonic Youth– y formó bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. Después se encerró a leer y empezó a escribir letras en castellano. “Uno de los defectos de mi generación es abusar del inglés que oculta carencias y pone una frontera entre tú y lo que quieres decir”, manifiesta. Finalmente decide cantar en solitario.

Esos fueron los cuatro pasos de Nacho para convertirse en Nacho Vegas. Un compositor que ha sido saludado por “Página 12”, “Rolling Stone” e “Inrockuptibles”, y que ya inició el desembarco en nuestro continente con su sello Limbo Starr. El primer puerto es Argentina.

“El rock tiene una urgencia particular que lo hace muy excitante, especialmente cuando eres joven. La poesía es más sintética. El peligro es que puedes escuchar música lavándote los dientes, adoptando un papel pasivo, mientras que un libro siempre es activo. Los discos que más disfrutas también son activos”, explica Vegas al teléfono desde Gijón.

Y en su música, que alterna la electricidad despiadada y una perversa calma acústica, se detecta fácil un ADN de bibliotecas y rock. Pero, además, Nacho Vegas se salta el recurso del estribillo tarareable para caer en una zona del alma del oyente a la que pocos saben llegar. Historias de culpa, drogas, insomnio, muerte y amor condensadas en personajes miserables y atrapados por el destino como en los grandes dramas griegos.

“Unamuno decía que la gente prefiere el infierno a la nada. Lo único bueno del sufrimiento es que te hace sentir vivo. Y una de las cosas que más luces arroja sobre la naturaleza humana son los dilemas morales, el enfrentamiento con uno mismo”, dice soltando una bocanada de humo al auricular.

Aunque reconoce que hay un sentido del humor implícito en sus textos, se percibe un exquisito cinismo de cantautor a negarse a explicar lo que las canciones evidencian. “Es necesario llegar a un punto donde se crea una distancia entre la canción y el autor, trascender el puro relato autobiográfico. Las canciones sirven para cuestionarse a uno mismo y lo que te rodea, y uno puede intentar reconocer sus errores sin dramatizar todo. La tentación, cuando utilizas la primera persona, es caer en el ombliguismo”, explica.

Vegas estaría tocando a fin de año en Ciudad de México, iniciando su plan de promoción junto a Bunbury –del cual ya se desprende el single “Días extraños”, con aires a canción de carretera y al “Everybody’s talking” de Harry Nilsson– y además aprovechará de visitar Buenos Aires en plan solista, aunque no se descarta un showcase en Santiago de Chile.

“Yo creo que las canciones salen del desorden, de los sentimientos confusos y encontrados, un caos que escapa de la lógica y que uno necesita ponerle melodía y letra. La gente cree que mis canciones son tristes, pero eso es reducirlas. Transmitir esa sensación de absurdo es difícil”.

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