“Acúsalo Con Tu Mamá, Kiko” (5)
El Chavo del Ocho o una invención post-colonialista made in México.
Quinta parte: la eternización de la pobreza.
Por J.C. Ramírez Figueroa

Roberto Gómez Bolaños publicó “El Diario del Chavo del Ocho” usando el viejo -y agotador- recurso del tipo que se encuentra un cuaderno abandonado. En un estilo que sólo podríamos calificar como dudoso (¡Shakespeare latino, seguro!) nos cuenta la historia triste, pobre, asombrosa del protagonista de la serie. Un melodrama donde el Chavo se escapa del orfelinato, es maltratado, le pegan y finalmente, como el mismo Bolaños dice, moriría en un accidente (aunque terminó conviertiéndose en un final alternativo inédito).
Frases como “Por eso me metí al mercado, donde había muchisisísimas cosas de comer. Lo malo era que yo no tenía dinero para comprarlas. Entonces pensé en robarme algo, pero recordé que era pecado robarse las cosas; sobre todo (sic) cuando el dueño es otro. Por eso lo que hice fue pedir que me regalaran algo, y una señora me regaló dos zanahorias. Pero lo mejor fue al día siguiente, pues un señor me regalò una torta de jamón. ¡No puede haber nada más bueno en esta vida!”
¿No es acaso esta actitud pasiva y manipuladora una especie de dispositivo de cómo debe comportarse un perfecto idiota latinoamericano? ¿No es esta espera de “beneficiencia” una desviación perversa del caritas cristiano? ¿No es esta moralidad boba como espera el poder que nos comportemos?


