El Eterno Deja Vu

CBB2,Crash Boom Bang 21 June 2010 | 0 Comments

I. Los Tres son el correlato perfecto de la tragedia concertacionista.

Surgidos -accidentelmente- en la cultura de la resistencia, conocieron la gloria tras una negociación fáustica con el sello Sony y luego del éxtasis (Unplugged, La Espada y la Pared, Fome) vino el bajón, la decadencia, la separación y una reunión tipo cover-de-ellos-mismos que nadie se atrevió a reconocer en su momento.

Exactamente el mismo tránsito de la centroizquierda parlamentaria,compartiendo incluso la escenografía: Liguria,The Clinic, glorificación utilitarista de lo “guachaca”.

II. El domingo en El Mercurio salió una entrevista a Álvaro Henriquez donde aparte de recalcar que grabarán nuevo disco, confiesa -¡una vez más!- que viene saliendo de un periodo oscuro.

Al parecer cada promoción de la banda o proyecto solista viene acompañado de una declaración al estilo “salí del pozo”, “limpié las heridas”, “renací”. Claro que con cierta distancia autoconsciente del músico, porque seguro que es consciente de su ciclotimia. Por ejemplo en una parte, a propósito de sus canciones nuevas dice:

“Ésa es una de las más personales, y habla de un período en el que, pese a estar acompañado, estuve muy solo. Tocando fondo, se podría decir. La hice hace poco. Habla de un estado general en que no lo estaba pasando muy bien. No quería nada. Onda la ‘Divina comedia’ de Dante, pero la parte del infierno no más”

El eterno deja vu del rock nacional, que sus discípulos aprendieron tan bien.

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El sino de Café Tacvba

Uncategorized 12 September 2007 | 0 Comments

Se fueron de vacaciones. Regalonearon a sus hijos, desempolvaron discos de Rush y XTC y volvieron a jugar juntos. Revisamos con Emmanuel “Meme” del Real la historia de los Tacvbos, cómo Chile fue fundamental para su éxito y escuchamos Sino, su nuevo disco que sale a fines de mes, el retorno guitarrero y bailable de una de las bandas más importante del rock latinoamericano, los principales responsables en recuperar y volver pop los ritmos del sub continente.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 12 de septiembre 2007.

El éxito casi arruina a Café Tacvba. No terminaban aún de girar mostrando su discazo Cuatro Caminos (2003) cuando el 6 y 7 de octubre de 2004 celebraban sus quince años con dos conciertos en el Palacio de los Deportes de México. Al año siguiente lanzaron Un Viaje (05) disco triple + DVD con el show. Sin darse cuenta ya estaban otra vez con maratónicas jornadas de promoción.

La apatía se instaló en la sala de ensayos. Se habían aburrido de Café Tacvbaa tiempo completo. Demasiados días perdidos en sesiones de fotos o videos cuando podrían estar jugando con sus hijos o haciendo canciones sin estar atados al concepto banda. Decidieron parar.

Joselo Rangel (guitarras) aterrizó en el Liguria y grabó con Álvaro Henríquez “Lejos” (05), Ruben Albarrán (conocido también como Cosme, Anónimo, Élfebgo Buendía y ahora Xxi Xoo) grabó el disco “Bienvenido al sueño” (06) y Emmanuel “Meme” del Real (teclado, guitarras) se integró al colectivo electrónico Noiselab. El mismo que habló desde el DF con la Zona, sobre el regreso de los Tacvbos.

“(La pausa) No fue algo tan planeado. Al principio la idea era tomarnos unas vacaciones. Pero después nos dimos cuenta que era indispensable darnos un tiempo, porque sólo así podíamos estar bien individualmente y recuperar la ilusión de tocar en el grupo. Fue medicinal”.

El resultado de la terapia es Sino (07) un disco bailable y cargado a las guitarras, sin la mega producción de Cuatro Caminos (03) , su excelente disco que contó con Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips, Mogwai) en los créditos de producción, pero con un sonido de lujo a cargo de su casi eterno productor Gustavo Santaolalla.

En Sino (07) hay canciones para aprender de memoria como “Vámonos” y “Quiero ver” , un bolero especie de continuación de su hit “Eres” , o un ritmo reggetonero como “53100” . El hilo conductor del disco queda claro en el título de su primer single subido a Myspace: “Volver a empezar”. El reencuentro de los cuatro Tacvbos.

HITS DEL MTV BOLIVARIANO. Desde su debut homónimo del 92, Café Tacvba sonaron a ellos mismos. Mezclando folclore y pop de sintetizadores, supieron traspasar en las letras el caos del DF. Desde la neurosis de “Cometer suicidio” a el amor punk de “Chica Banda”, sus textos y música eran inconfundibles. “Por eso no quisimos grabar en inglés: porque no tenemos nada que decir en ese idioma”, recuerda Meme, haciendo alusión a una práctica común en los grupos mexicanos de por entonces

Su segundo disco, Re (1994) es considerado por la prensa como su “álbum blanco”: una panorámica de todos los estilos de la época, mezclado con raíces. Desde el industrial “El Borrego”, hasta el swing de “El Balcón”, pasando por dance, pachangas y rancheras.

La revalorización de ritmos populares latinoamericanos, que por entonces no eran muy bien visto en las radios, y su mezcla con el rock fue en gran medida responsabilidad de Café Tacvba.

“Ocurrió algo que emocionalmente a nosotros nos rescató. No te podría decir que Re fue muy bien recibido en México. En verdad fue poco entendido y sucedió que en Chile “El Ciclón” era un éxito. Fue un brinco que esperábamos, la chispa que detonó lo que después regresó a México pasando por los países sudamericanos y hasta Estados Unidos”. De ahí “La Ingrata” y todo lo demás.

Era la época del MTV boliviariano…

“Sí!!!. Era lo máximo porque podías saber lo que estaba pasando en el continente. Añoro todo eso. Creo que no ha vuelto a pasar desde entonces, salvo hasta ahora con Myspace. Pero aun así no tiene la misma contundencia, no todo el mundo tiene acceso a las computadoras. Después, bueno, se abrió más al pop. Ahora MTV es un canal de programas y realitys. La gente honesta es la que aún sigue investigando, conociendo bandas, intercambiando (se ríe)”.

AVANZAR SIN TRANSAR. Después del éxito boomerang del Re, los mexicanos quisieron ganar tiempo con un disco de covers tocados “a su manera”. Desarmaron y le metieron violín y guitarrón al merengue “Ojalá Que Llueva Café”, volvieron ska lánguido el “Como Te Extraño Mi Amor” de Leo Dan y lanzaron como single “Chilanga Banda” un clásico under mexicano donde todas las palabras eran puro slang.

“Estábamos haciendo canciones tan intensas que decidimos sacar un disco con el que pensábamos que no pasaría mucho”, dice Meme. Pero el disco fue un éxito y los obligo a un intenso ciclo de recitales por todo el continente (incluyendo EE.UU).

¿Y luego de eso? “Nos dimos cuenta que las nuevas canciones eran instrumentales. Rubén dijo que se sentía cómodo tocando guitarra. Y dijimos ¿por qué mejor no hacemos un disco instrumental?”, cuenta Meme.

Al sello le espantó la idea, cuenta. Ellos querían que siguieran siendo una máquina de hits y un disco tan extraño sonaba a mala jugada comercial. Negociaron y lograron salirse con la suya, como siempre. “Siempre intentamos que la compañía sea cómplice de nuestros proyectos. Y ellos han entendido que vamos a entregar algo bueno, aunque los sorprenda”.

El disco doble Reves/Yo soy (99) sorprendió a todos: cero folclore, un disco experimental, otro más en formato canción, y guitarras emparenteadas con lo que hacía Radiohead y Spiritualized. Éxito de críticas. Se ganan un Grammy. Los gringos ponen sus oídos sobre la banda. Comienza el desgaste, el mismo que terminó con un paréntesis de cuatro años post Cuatro Caminos, otro disco aclamado por la prensa anglo.

“Esto es como vivir en pareja” dice Meme. “Después de tanto tiempo la idea de separarse definitivamente no es la primera opción”.

-El nuevo disco suena menos producido, más guitarreado y mucho más bailable.

-“Así es. El concepto primario fue grabarlo en vivo. Todos en el mismo cuarto. En el estilo de Los Tres. Sucede lo mismo que cuando tocas en vivo: se genera una energía que se vuelve otro integrante”.

-En Cuatro Caminos la banda sonaba reflexiva. En este disco pasaron a la acción…

-Exacto, ahora es más activo.

-”Gracias” la canción que cierra el disco es una plegaria. Agradecen por la democracia y el estado de derecho y luego aclaran que es lo que no existe aun…

“Tiene la influencia de la trova latinoamericana de los 70s. De protesta pero con cierta ironía. Hablamos de la desilusión que nosotros por lo menos en nuestro país, tenemos por el gobierno, la política, los partidos, los corruptos. Más que una crítica es el sentimiento de desilusión, del qué va a pasar. Y luego viene el solo de batería que nos divierte mucho”.

-Ahí hablan de ser “ciudadanos de segunda”.

“Es como cuando dicen que somos “region cuatro”. “Este grupo es como Los Beatles, región 4″. Esto de vernos como tercer mundo y menospreciarnos. Pero al mismo tiempo lo que a nosotros nos salva es la música”.

-La temática del disco tiene que ver, con reinventarse, de dejar de mirar el pasado porque las deudas ya están pagadas … pero tocado de manera adolescente y bailable.

“Sí, tiene que ver con los discos que escuchábamos de adolescentes, bandas progresivas comerciales como Rush o Yes. Pero también cosas de new wave como XTC, las influencias que siempre hemos tenido pero que ahora destacan más”.

- ¿Cuándo vienen a Chile a lanzar el disco?

“Arrancamos Buenos Aires. Tocaremos en el Pepsi Rock, en la Trastienda y en Rosario (entre el 22 y 29 de septiembre), luego regresamos a México. Vamos a Chile en febrero me parece”.

-¿Al festival de Viña?

-Sí.

Preguntamos: ni el sello ni los organizadores tienen confirmado a los mexicanos. Andrés Celis, concejal de Viña del Mar y miembro de la comisión niega que vayan a tocar. “Aunque conociendo a Canal 13 podría esperar cualquier cosa”, nos dijo.

Cuestión de fe. Habrá que creerle a Emmanuel, si queremos mantener nuestra única esperanza de ver en vivo, el nuevo disco de una de las bandas que ayudó a convertir al rock latinoamericano en un género de peso.

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Alvaro Henríquez y el regreso de Los Tres

Archivo Periodístico,Música,Perfiles,Rock,Zona de Contacto,Zona.cl 8 July 2006 | 0 Comments

Grandes éxitos

Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria. Álvaro Henríquez es el compositor más exitoso de los últimos quince años de rock nacional. Ahora volvió a juntar a Los Tres, sacó nuevo disco y viene por el título de “jefe de jefes”. Acá la historia de todos, cantada por Los Tres, éxito tras éxito, canción a canción.

por  J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 8 de julio 2006.


JEFE DE JEFES. Álvaro Henríquez llegó a Santiago como un pollo que quería convertirse en gallo. Dieciocho años, flaco y desconocido, Henríquez salió de Pedro de Valdivia, localidad cercana a Chiguayante, como el hijo de un juez que quería ser Lennon; dejó un barrio que limitaba con el psiquiátrico, la cárcel y un sitio eriazo donde se instalaba el circo, para llegar a cantar en corral ajeno.

Henríquez abandonó el primer semestre de música en la U. de Conce y despertó en los años 50s, vistiendo la trajeada elegancia del arrabal populachero. Y lo hizo tocando foxtrots y cuecas en la casa de remolienda más famosa de Chile: la de La Negra Ester en su versión teatrera.

Dieciocho años después, Álvaro Henríquez es el gallo que cacarea con más fuerza. Disco tras disco, hit tras hit, grupo tras grupo, Henríquez se convirtió en el compositor más importante en la música popular chilena de los últimos quince años. Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria.

Aprendiz del mejor Maestro Yoda que pudo tener (Roberto Parra), Henríquez supo derrotar el lado oscuro de la cueca: esas historias de huasos con espuelas de plata, la costumbrista pintura del terrateniente tirado a roto, que por tantos años estuvimos obligados a oír. Henríquez recuperó una tradición no registrada, olvidada pero viva: el jazz huachaca, la cueca carcelaria y bluesera, el foxtrot alegre de las casas de remolienda. Y lo hizo ahí, en MTV.

Henríquez y Los Tres volvieron pop lo popular. Fueron “kitsch” antes que Rojo Vip, pero por sobre todo, le devolvieron al país una parte de su identidad. Con el tiempo, mezclar a Los Ángeles Negros con Franz Ferdinand o Violeta Parra con Radiohead, se convirtió en el sello de lo más interesante del rock chileno reciente, desde Los Bunkers a Gepe.

El país, la gran mayoría de él, eligió a Los Tres como la banda de rock chileno más importante post Prisioneros. Y que sean Los Tres y no La Ley, es algo que nos define.

EL Liguria VIP. Los Tres son pop, más que populares. Para hacerlo más gráfico: si Mauricio Redolés toca en La Piojera, Henríquez lo hace en El VIP del Liguria. Si Redoles es la izquierda extraparlamentaria, Henríquez es la Concertación. Él tiene el poder.

En su feudo personal, Henríquez parece moverse como un capo comiendo ravioles en El Ligura, el mismo bar donde, se cuenta, tienen prohibida la entrada algunos ex miembros de Pettinellis por problemas personales con el “jefe”.

Los Tres eran cuatro, pero sólo Henríquez y Titae aparecen componiendo las canciones. Ángel Parra siempre quiso participar (lo hace en dos temas del nuevo disco), pero nunca lo dejaron. A pesar de ello, cuando uno piensa en el particular sonido de Los Tres, siempre lo hace recordando sus inigualables guitarras

Así parece ser el líder de Los Tres: un talento con su genio particular, un Soprano, el capo de la pandilla. “Muchos pollos que apenas nacieron/ ya se quieren pelear con el gallo/ si pudieran estar a mi altura/ pues tendrían que pasar muchos años/ y no pienso dejarles el puesto”, se canta a sí mismo en “Jefe de jefes”, el narcocorrido que reversionó en su disco solista de 2004.

La canción de Los Tigres del Norte es el propio “Sigo siendo el rey” de Henríquez. Y el rey ha vuelto con “Hágalo usted mismo” (06). Acá, una revisión de su carrera, éxito tras éxito, disco a disco (y el cómo cambiamos en el camino).

Cuando Los Tres dejaron de ser Los Tres, 1993. “Nos vemos en el infierno, lleva bronceador”. Es cuestión de hacer memoria., o poner “Se Remata el Siglo” (93), su segundo disco, mientras miras las fotos de adentro.

En 1993 Álvaro Henríquez era joven, inexperto y con ganas de ser famoso. Su meta era entrar al Olimpo de la música popular, y en ningún caso se conformaría con ser un secreto a voces entre universitarios avispados. El precio que tuvo que pagar fue grabar un disco que no sonaba como la banda quería, y ser marketeados como “la respuesta chilena al grunge”.

Los Tres vestían bermudas, camisas floreadas y se veían como si llevaran puesto ropa ajena. Había riffs tipo AC/DC, punteos metaleros con olor a laca glam y una canción donde Henríquez cantaba en inglés (dos, si contamos el bonus de la versión en cd). La elegancia jazzy de “Flores secas”, “Amor violento” o la urgencia avasalladora de “La primera vez”, acá no aparecen por ninguna parte.

Para entonces, la banda estaba pasando a las ligas mayores de un sello multinacional y aprendiendo en el camino. En “La última canción”, la biografía que iba a ser oficial, y que posteriormente fue desautorizada (pero jamás desmentida) por Los Tres, Ángel Parra asegura que “es el peor disco de todos”. Cuenta que en el estudio dejaban las guitarras sonando de una manera, y que cuando volvían, estaba todo cambiado. Y responsabiliza del sonido final, al productor musical que les puso el sello: el argentino Mario Breuer (GIT, Enanitos Verdes, entre tantos otros).

“Se Remata el Siglo” (disco que fue remasterizado para un box set) recuerda a los discos del rock pop latino ochentero, con esa estética sonora “brillante” que uniforma todo lo que aspira a ser radial. Un sonido completamente opuesto a la calidez de su impresionante debut, “Los Tres” (91), un disco que te hace sentir a centímetros de los instrumentos.

“Se remata el siglo” es el momento más “faústico” en la carrera de Los Tres, el momento en que debieron transar para seguir avanzando. El disco vendió bastante bien, convirtiéndolos en la banda de moda, con pósters en TV Grama y tocatas en el Seriatutix del Negro Piñera.

Dos años después, Los Tres tendrían su venganza.

La Espada y la pared, 1995. “Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar”. Chao bermudas, hola terno. Para el 95 Los Tres habían logrado ganar admiración y respeto gracias a un disco debut espléndido, pero desconocido, y la popularidad con un segundo disco efectivo pero mediocre. “La espada y la pared” fue un disco que hizo crecer la popularidad de la banda, en sus propios términos musicales.

Regresan las guitarras acústicas y las melodías de quinta de recreo, esas que Henríquez aprendió en su trabajo con La Regia Orquesta de La Negra Ester. Aparecen los guitarrazos trémulos y slides de Ángel Parra, se mantienen sus inolvidables solos, revive el contrabajo. Todo eso mezclado con mucho funk y soul versión Tres.

“Déjate caer”, “La espada y la pared”, “Hojas de té”, “Me rompió el corazón” o “Te desheredo” ya no es rock ni pop. Es otra cosa. Es música Los Tres. “Un concepto cazuela donde echas a la olla todo lo que ves”, según Henríquez.

Con el disco además, adelantan el kitsh nacional (“Tú cariño se me va” de Buddy Richard fue el primer single), y comienzan a ganar fama afuera: se hacen amigos de Café Tacuba, Fito Páez los invita a abrir un show suyo en River, y MTV los llama para grabar un unplugged en Miami.

Henríquez reconoce que cuando canta estas canciones se le paran los pelos siempre. Su pelo rojo en el video de “Déjate caer” -un homenaje a Carcuro, según él- era lo último que quedaba del look “grunge”. Ahora eran, ni más ni menos, que Los Tres de terno y corbata. Ya estaban listos para hacer historia.

La cueca larga, septiembre de 1995. “Qué tal, festival”. Las verdaderas cuecas las conocimos por MTV. Era septiembre de 1995 y en los estudios de Miami, Álvaro Henríquez se vistió de militar raso para dedicar “La primera vez”, a los dictadores, todos esos mal bichos que han llenado el mundo con sus “martes de horror”. Pinochet aún era Comandante en Jefe del Ejército, y todos en el estudio de MTV aplaudieron. Los mismos que no entendieron muy bien el chiste, cuando Henríquez partió el ”Unplugged” (95) saludando con un “qué tal, festival”.

Los Tres se peinaron. Interpretaron todos sus grandes éxitos, y la guitarra jazzera de Ángel Parra se lució. Incluso se despacharon un inédito que ahora es clásico: “Traje desastre”. Aunque para los chilenos no era sorpresa enterarnos los secos que eran, igual daba orgullo verlos ahí, dando clases de cueca en MTV.

Muchos aprendimos así, que nuestro baile nacional podía contar historias urbanas,y no sólo retratar paisajes campestres de postal lejana. Con las cuecas choras, el rock chileno había encontrado su blues.

Los Tres ahora eran una banda que conocían todos: niños, micreros, abuelos. El disco vendió más de 150 mil copias, y se aseguraba un sitio en nuestra memoria colectiva. Como dijo Henríquez sobre “Quien es la que viene ahí”: “la cantaron hasta los pacos”.

Después vendrían La Yein Fonda y el disco “Peineta” (98). “Antes con Roberto Parra tocábamos el jazz huachaca y le gustaba a los puros viejos. Pero había que imponerlo a la juventud y Alvarito hizo eso”, decía Don Lalo Parra en la presentación de ese disco.

Tocando fondo, tocando techo. 1997. “Volar en mil pedazos y ser feliz, todo lo que miras se vuelve gris”. Y de repente, “Bolsa de Mareo” de single. Todos desconcertados: guitarras espesas, coro difícil de memorizar, quiebres furiosos, ruido. Estos eran Los Tres rockeando con rabia y dolor.

Acá no hay cuecas, coros pegajosos, ni canciones fáciles de recordar a la primera oída (a excepción de “La torre de Babel” y quizás, “Olor a gas”). Acá hay rabia, amargura y cinismo, condensado en el vals de “Fealdad”, el rock stoner de “Libreta” o la tristeza solitaria de “Me arrendé”.

Gran parte del público dijo “fome”, el disco no vendió bien en comparación con el mega hit del “Unplugged”, la prensa criticó a la banda por no capitalizar ese éxito, y gente como Jorge González y Café Tacuba calificaron a “Fome” (97), como uno de los mejores discos de la historia del rock en español.

“Fome” es rocker, muy rocker, la amarga foto de una banda que se empieza a odiar. Y la clave para leerlo se conoció después, cuando salió a la luz pública el lío de Javiera Parra. Henríquez tenía su Yoko Ono.

Es difícil imaginar cómo algo tan bueno nació en las sesiones de un tipo tocando con los amigos que lo traicionaron con su novia. La herida aún respiraba y “Fome” fue mucho más que un desahogo: fue el salvavidas en medio de la noche ártica, una colección de canciones capaces de detener el tiempo. Henríquez emergiendo rabioso para grabar la caída del amor y la amistad en tiempo real.

Independiente de este dato extra musical, el disco es una tremenda joya.

Volver a empezar, 1999. “Hago lo mejor, para no ser el que era”. “La Sangre en el cuerpo” (99) retoma musicalmente el camino iniciado definitivamente en “La espada y la pared”, después del urgente paréntesis emocional que fue “Fome”.

“La sangre…” además documenta el fallido intento de Los Tres por conquistar México, país donde “Fome” fue muy bien recibido por el publico universitario.

Después de tanto esfuerzo y éxito, para Henríquez resultaba una lata volver a contestar las mismas preguntas, aperrar en giras sin hoteles cinco estrellas y dejar su status de rockstar. Era demasiado exitoso en Chile, y no lo suficientemente joven, como para volver a empezar de cero.

En el disco hay canciones buenísimas como “La feria verdadera”, “Agua fría”, “Morir de viejo” o “No me falles”. Para algunos, es el disco más delicado de Los Tres, el refinamiento mejor logrado de su estilo. Para otros más sordos, sus mejores canciones no logran sostener una obra que es “más de lo mismo”.

Sea cual sea la opinión del oyente, en este disco ya se oyen esos órganos a lo Ángeles Negros en ácido, que serían el nuevo sello de Henríquez. Ese que por la disolución de Los Tres el 2000, conocimos en el disco de Los Pettinellis.

Seis años después, todo pasó muy rápido: la reunión, grabar “Hágalo usted mismo”, lograr disco de oro en una semana y agotar dos shows en otra. Los Tres estaban de vuelta. Habrá que ver si Henríquez seguirá levantando el título de “jefe de jefes”. Las expectativas son altas.

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Rock chileno: los exiliados del sur

Archivo Periodístico,Ensayo,Música,Reportajes,Rock 9 December 2005 | 0 Comments

En los 90s Chile era un país adolescente. Uno que salía al mundo, engrupido con la llegada de MTV, los multicines, Internet, el cable. Y las bandas de rock sonaban muy parecidas a las de afuera. Una década después, un montón de bandas suenan propias, con canciones donde conviven identidad y globalización. De esas, Los Bunkers son los más populares. Un proceso rockero que también habla del país. Y que partió con cuecas sonando ahí, en MTV.

Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 9 de diciembre 2005.

ESTOY VERDE. “Estoy verde porque pase algo por aquí/ pero ya empiezo a desesperar/ podría haber algo como/ una fiesta!/ podría haber algo como/ unas chicas!/ podría haber algo como/ no sé/ podría haber algo cómo/ una revolución…”. La canción se llamaba “Una revolución en mi barrio” y con mis amigos la cantábamos en la esquina cada vez que no pasaba nada. Y eso era casi siempre. Nada-mucho, poco-más Pánico nuestro primer cd: Combo discos, 500 copias, Bruce Lee en fondo rosa, un disco que compré a medias con un amigo en el Dos Caracoles. Teníamos 16 años.

“Una revolución/ en mi barrio/ en mi esquina/ y todas/ todas esas chicas saldrían a bailar por mi calle/ y en mi cama/ A la policía, los políticos y toda ese gente del Estado les decimos/ conchetumadre…”. Bendita adolescencia. La canción se convirtió en un himno callejero a pesar que ni la Rock & Pop la tocara mucho (¿se acuerdan cuando la Rocka era realmente “la radio del rock chileno”?) Un himno que resumía el sentir de cualquier adolescente chileno en la mitad de los 90s: después de una infancia bajo el imperio del mal, era hora de la fiesta. Esa era nuestra revolución.

Pánico representó eso a nivel no mainstream: hijos de exiliados, sonando a una fiesta playera tipo Pixies, disfrazándose arriba del escenario y enseñándonos a jugar de nuevo, sin miedo. Tipos con onda, mucha onda. Y los amamos por eso. Porque eso fueron los noventas en Chile: un grupo de adolescentes que empezaban a cambiar los uniformes por la ropa de calle. Una época donde pintarse el pelo, tatuarse o ponerse un piercing nos parecía una declaración de principios (aún recuerdo el impacto que me produjo ver el video de “Corazón de Sandía” de Los Tetas en el Canal 2 y sus pelos de colores), un grito de libertad que te traía problemas, y no sólo un asunto de onda como ahora.

En los 90s todo Chile era un adolescente que se engrupía fácilmente, wannabes celebrando la llegada de MTV como la de un ejército libertador, rogándole a papá por el teve cable y leyendo a Fuguet hablar sobre River Phoenix (Ok, Fuguet nos enseñó a escribir y nos abrió la cabeza. Le debemos demasiado: desde Tarantino hasta Bukowski. Pero también hay que reconocer que se engrupe en extremo ¿O alguien nos puede explicar su incondicional amor por Phoenix y Henry Rollins?)

La economía chilena comenzó a crecer. Pasamos de ser el hermano pobre y piola, al “jaguar de Latinoamérica” que mandaba icebergs a Sevilla. Tan nórdicos, tan fríos, tan engrupidos. En los estelares millonarios de la época había una pregunta que se repetía sin cesar, cuando el entrevistado era una mega estrella extranjera. “¿Cómo somos los chilenos?, ¿qué conocen de Chile?”.

Como todo adolescente no teníamos claro quienes éramos y necesitábamos que el mundo nos lo dijera.

Cultura pop, Internet, cable, multicines. La globalización abriéndote la cabeza. Una ola que llegó casi sin aviso. Un mar en el que nos sumergimos con una sonrisa de oreja a oreja, y que con el tiempo —crisis económica de por medio— nos hizo aguantar la respiración, revolcarnos, tragar sal, y salir a flote. Los jóvenes empezaron a “empoderarse” tecnológicamente. Blogs, flogs, sellos independientes, raves, fiestas callejeras, etc. Con el tiempo aprendimos a hacer cosas y a digerir lo que llegaba de afuera. A tener mirada propia.

¿Y ahora? Bueno, ahora los adolescentes siguen siendo lo que siempre serán: unos wannabes en busca de identidad. Pero la diferencia, gran diferencia, es que con medios propios y una mirada más escéptica. Una que obliga a entender que todo es un juego. Que si te vistes de negro y vas a la Blondie tu enemigo no es el rapero que va a sus fiestas (como sí lo era en los 90s, donde las “tribus” se odiaban entre sí).

De pronto nació una generación que creció sin miedo. Una que tiene claro que opinar es su derecho, aunque a veces opine puras leseras. Con el tiempo, entendimos que en esto de la globalización vivimos en la periferia. Y que eso puede ser una ventaja: miras para todos lados y sacas lo mejor. Así terminas conociendo más bandas, películas o libros que un tipo que respira en Nueva York, París o Londres. Porque ellos sólo se miran su propio ombligo. Tú tienes el mundo. Y entre medio, empezamos de a poco a valorar lo nuestro.

Las semillas rockeras de los 90s comenzaron a brotar, al fin, en una síntesis que no se refugia estúpidamente en el Chile que no fue, sino que se alimenta de ambos lados. Identidad y globalización. Lo malo es que la mayoría de esas bandas (Matorral, La Floripondio!, Taller Dejao, etc.) siguen sin sonar en la radio. Lo bueno es que la Zona sigue escribiendo de ellos.

Pero, ¿cómo empezó todo esto?

CUECAS, AQUÍ, EN M-T-V. Tuvieron que aparecer Los Tres en el Unplugged de MTV, entre videos de Oasis y Soundgarden, para mostrarnos que la cueca no era esa música de viejos que sólo sonaba en las fiestas patrias, con historias campestres que no nos podían interesar menos. Nunca sospechamos que Los Huasos Quincheros, que por tanto tiempo tuvimos que escuchar obligados, escondían a Roberto Parra y sus amigotes. Cuequeros con más calle, vida y mirada que cualquiera de esos rockeros con camisa de franela o chasquilla british. Chilean punks.

Al fin teníamos un pasado decente. Así como los gringos tenían sus blueseros, nosotros teníamos a los cuequeros. En la Yein Fonda nos dimos cuenta que también se peinaban con los foxtrots, tangos, tonadas, y eso que el tío Roberto bautizó como jazz huachaca. Aprendimos los primeros acordes de guitarra con “¿Quién es la que viene allí?” al mismo tiempo que con “Wonderwall”.

“Nuestra dictadura fue la más cruel, porque por opción se mató la semilla que estaba germinado durante la Unidad Popular, sepultando todo. En Argentina nunca se persiguió a los artistas. De hecho la cultura siguió funcionando como siempre. Acá te obligaban a cortarte el pelo”, dice Mauricio Basualto, batería de Los Bunkers. En este ambiente, era lógico que perdiéramos la pista de esa gente. Pero lo más increíble es que fue en MTV, antes que en cualquier radio o canal nacional, donde descubrimos lo que nos escondieron: la buena cueca. Y nos dimos cuenta que sí teníamos una historias “rockera”, que los 70s y 80s fueron un obligado stand by. Afortunadamente Los Tres apretaron el botón adecuad

ENTRAN LOS BUNKERS. Cuando Los Tres se separaron todo eso quedó flotando en el aire, disperso. Álvaro Henríquez se encargó de continuarlo, hasta que desde la misma ciudad, cinco chicos que también habían visto el “Unplugged”, lo hicieron llegar a la nueva generación. Su argumento era el mejor: canciones con identidad que silban en el cerebro todo el día. Porque los Bunkers se elevaron por encima de sus influencias adolescentes —Beatles, Kinks, Oasis, los mismos Tres—, para recuperar la memoria de su infancia. Todo eso antes de llegar al segundo disco.

Con ellos empezamos a intrusear los viejos vinilos de los papás y tíos, descubriendo que Violeta Parra maneja la melancolía mejor que Radiohead, que Los Jaivas suenan únicos e irrepetibles y que las canciones de Víctor Jara son grandes lecciones de historia, como las de Dylan. La diferencia es que a él sí le entendemos las letras.

“El mejor recital que he visto en mi vida fue el 2002 en una Yein Fonda. Se presentaron los Chileneros y quedamos vueltos locos. Nunca había visto tanto desparpajo, energía y fuerza”, recuerda Basualto.

“Vida de Perros”,el último disco de Los Bunkers que se lanza en Santiago mañana, tiene canciones que recuerdan a Franz Ferdinand o Los Ángeles Negros, sin dejar nunca de sonar a ellos mismos.

EL FUTURO DE CHILE. “La actitud correcta al vivir en la periferia es abrirse. Porque acá tenemos un montón de cosas que hacer. Mi novia es de Estados Unidos y se sorprende que acá bandas chicas tengan acceso a la prensa. Acá todo es más familiar, más cálido. Y ya no es como en los noventas, donde las tribus marcaban territorio. Ahora se convive mejor. Se entienden mejor las cosas”, dice Gonzalo Planet de Matorral. Claro, lo mejor de vivir acá es que puedes mirar en las dos direcciones, aprendiendo a desprejuciarte.

Parado desde la periferia de la globalización tienes dos opciones: puedes ser como un adolescente que escucha a Simple Plan o Good Charlotte y formar una banda para calcarle el sonido, o puedes buscarte uno propio. Y hay mucha gente que lo está haciendo. Porque ahora los hip hoperos chilenos samplean Camilo Sesto o Lucho Barrios y no sólo funk gringo. Y una buena parte de los rockeros aprendió a tocar cueca eléctrica.

Ahora preferimos Vía X que MTV. Ahora podemos escuchar a Gepe mezclar Radiohead con Violeta Parra, Matorral sonando a los Stones y Los Jaivas, Perrosky bluseando a Atahualpa Yupanqui o La Floripondio! encendiendo la mecha con sus guarachas reggae y delirio a lo Tommy Rey. O los propios Pánico, que dejaron de sonar como Pixies para experimentar con cumbias y electrónica. Todos, sin dejar de sonar endemoniadamente rockeros.

Sí, buena parte del rock chileno ha cambiado. Y de nuevo tienes dos opciones: puedes seguir encerrado viendo MTV, y enterarte de lo que pasó debajo de tus narices diez años después, o salir a verlos en vivo. ¿Te lo quieres perder?

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Alvaro Henríquez y los Pettinellis, música para transpirar

Archivo Periodístico,Diario Crónica,Entrevistas,Frente Sonora,Música,Rock,Rock Chileno 15 February 2003 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Crónica y Frente Sonora, febrero 2003.

“Estoy demasiado contento. Con nuevas energías, porque este es un grupo de cabros jóvenes con otras influencias y que nos entendemos bien. De hecho, lo pasamos excelente. Me siento cómodo. Creo que esa es la única manera de estar feliz. Y que sonemos bien”, dijo Alvaro Henriquez, antes del show con su banda en Collao.

Claro, porque con Los Pettinellis logró -una vez más- matricularse en la memoria pop nacional con “Ch’ bah puta la gueá”. Tanto así, que en el estadio lo presentó como “el himno nacional”. Luego subió su hermano Gonzalo -lider de la banda beatnick Los Asistentes Now- y Sinergia, haciendo una encendida versión. Pettinellis está en plena forma. De hecho, ahora están lanzando el single “Sexo con amor”, perteneciente a la banda sonora de la película.

“Ahora hemos ido a mil. Pero yo siento que el tiempo ha pasado lento y sé que no es así. Sacamos el disco recién hace 4 meses. Lo que pasa es que yo venía con otro ritmo de trabajo, con giras y viajes a México. Ahora estoy con más calma para componer”.

Eso es lo que le interesa conversar, aunque no tiene atados en hablar de su ex agrupación (“Con el Ángel y Titae no hay problema, la relación es cordial, me alegro que estén bien. Claro que no nos hemos visto mucho en los recitales. De Pancho no supe nada más y no me interesa saberlo”). “Más que perseguir una canción, espero que me lleguen. No me refiero a sentarse cómodamente, sino más bien trabajar alguna idea. Yo acumulo bastante información y cuando siento que me llega la hago de una. Claro que hay otras que demoran más. También me gusta trabajar bajo presión, pero ahora estoy con más calma, tranquilidad y tiempo para poder aplicarme a la parte sonora y lírica”.

El cantante dice que un tema está listo “cuando cae de cajón y se hace evidente que no hay que agregarle nada más, te emocionas y suena bien… ahí es indiscutible que está terminado. Estoy de acuerdo contigo que lo que hacemos es más que rock and roll, es música chilena. Lo que quiero hacer es integrar las cosas. Tiene mucho que ver con las cuecas que grabamos en el álbum. Aunque no son cuecas tradicionales, podríamos llamarlas cuecas eléctricas. Me interesa tener eso presente en los discos”.

Para hacerse una idea de cómo está el sonido Pettinellis, una pequeña lista de influencias actuales y de siempre: “Harto rockabilly, vinilos antiguos, Stray Cats, Roberto Parra, Los Chileneros, cuecas varias y Renato Carossone”. De este italiano es la pieza “Tuo vuo fa l`americano”, donde el tecladista Camilo Salinas se luce en la voz. La idea es lanzarla en un ep junto a “Sexo con Amor” para más adelante.

-¿Eres consciente de lo que ha significado Los Tres y tu música a las nuevas generaciones?

-”Los cabros jóvenes a veces se me acercan después de los recitales y me dicen que gracias al Unplugged descubrieron las cuecas. El problema es que en Chile hay pocos discos cuequeros o se descatalogan rápido… pero yo creo que sí, hay un legado”.

Sobre el presente de Los Pettinellis -que también incluye al batero Nicolás Torres y Pedro Araneda en el bajo- dice que están haciendo música que “exuda felicidad de tocar. Se trata de un estado anímico frente a la música. La idea es estar siempre arriba. Esto involucra también un despliegue físico y tocar harto. Horas y horas. Ahora último en la sala de ensayo estamos dándole al rock and roll…”. Álvaro, haciendo gala de su verborragia heredada de su ídolo John Lennon, acierta en definir lo que practica su banda: “…es música que hace transpirar”.

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