FITO PAEZ Y SUS SHOWS ACÚSTICOS: “ES COMO CANTAR EN EL LIVING DE MI CASA”

Uncategorized 3 December 2010 | 1 Comment

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LOS TRES – COLIUMO (2010)

Uncategorized 5 November 2010 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 5 de noviembre 2010.

Como auditores -y aficionados al rock- tenemos todo el derecho de medir a Los Tres con la vara de su discografía histórica. Álbumes como La espada & la pared (1995) o Fome (1997) escalaron cumbres artísticas inéditas para el rock nacional de la época. Por eso extraña que Hágalo usted mismo (2006), su disco-regreso haya sido un puñado de buenas canciones (“No es cierto”, “Agua bendita”, “Cerrar y abrir”) sobre una montaña de riffs y ripios. Es algo extraño, considerando que la banda hizo de la rigurosidad una marca de fábrica. Ahí tienen a Álvaro Henríquez y sus excelentes discos como solista y con Pettinellis.

Este problema se repite con Coliumo -cuyo título alude a una zona costera devastada por el maremoto- aunque ahora con la excesiva suma de dieciséis canciones. Piezas construidas desde el “simulacro” más que desde la “aventura”. En efecto: tras su separación del año 2000, Los Tres comenzaron a ser recordados y simplificados en referencias como el jazz guachaca, el rockabilly, la cueca chora y el foxtrot chileno. Y cualquiera que haya escuchado sus discos sabrá que eso era una parte de sus recursos. Porque Los Tres podían hacer funk (“Dos en uno”), sonar a The Kinks (prácticamente todo el Fome), bolero (“Un amor violento”), rock latino (“El aval”) o al blues más asesino (“Amores incompletos”). Pero, y esto es lo importante, podían sonar como ellos mismos en temas-cumbre: “Me arrendé”, “La feria verdadera”, “Traje desastre”.

Si un comercial de bancos parodiaba la estética siciliana-bohemia de Los Tres y el término guachaca se convirtió en turismo aventura, muchos temas de Coliumo suenan como si Los Tres se hubieran plegado a eso. “Shusha”, el primer single, es discreto y aunque recuerde a The Pretenders y la Nueva Ola por partes iguales, no logra despegar. También hay dos cuecas de Roberto Parra (“En el banquillo” y “En capilla”), rockabilly (“Cárcel, hospital y cementerio”), foxtrot (“Diabla”, de innegable parecido a “Pero qué hermosas eran” de Joaquín Sabina, pero sin el humor negro) y rock de odio (“El hocicón”). Es decir la “nube de tags” con que el público redujo a la banda. Incluso hay canciones que recuerdan a los mismísimos Bunkers: “Cielo oscuro” suena como un cover de “Nada nuevo bajo el sol”.

¿Podemos decir, entonces, que Coliumo es un retroceso en la carrera de Los Tres? Complicado, porque ocurre otro fenómeno con otras canciones: “Odio amarte así”, “Hoy me hice la mañana”, “Don José” y “Y para qué”. La primera es una balada tipo Nueva Ola que ni siquiera las agotadores paradojas líricas de Henríquez logra dañar. La segunda suena excepcionalmente sincera. “Don José”, también de Roberto Parra, reproduce tanto en música, arreglos y letra un gran personaje picaresco. Y la última es tan triste como hermosa. Sólo en esas canciones (y los instrumentales) la banda recupera la aventura y el riesgo. Y tal como sus obras-cumbres suenan a ellos mismos y no como un cover de Los Tres, que es la tónica del disco.

Los Tres / ”Coliumo” (2010, Feria Music)

1. El hocicón, 2. Rosas al altar, 3. Odio amarte así, 4. Shusha, 5. Hoy me hice la mañana, 6. Diabla, 7. Carcel, hospital & cementerio, 8. Coliumo, 9. Cielo oscuro, 10. Terrible, 11. En el banquillo, 12. En capilla, 13. Don José, 14. Marta, 15. Desperté y soñé, 11. Y para qué.

Músicos: Álvaro Henríquez (voz, guitarras), Roberto Lindl (bajo) y Ángel Parra (guitarras, coros).

Invitados: Manuel Basualto (batería), Jerry Marotta (batería y percusiones) y Tommy Mandel (teclados).

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Una metáfora perfecta de La Concertación: Apuntes sobre “Coliumo”

Uncategorized 23 October 2010 | 15 Comments

1. “El hocicón”. Canción de “odio” a la manera de Álvaro Henriquez: indirecta, difusa (al principio parecía que era sobre un muerto por el maremoto) y sin dar referencia alguno sobre  el pobre infeliz odiado. ¿Piñera? ¿los periodistas? ¿los despistados que encontramos Hágalo usted mismo un mal disco?. Ah, y suena como el R.E.M. después del contrato con la Warner.

2. “Rosas al altar”. Un riff aburriiidoooo. La típica sucesión -en clave americana- que uno hace cuando no se le ocurre una melodía. Paso.

3. “Odio amarte así”. Si ignoramos la  lírica paradójica de Henriquez tipo “subo para abajo, bajo para arriba” o los “gemidos” de ¿Parra? diciendo “así, así” (imaginar su cara ya es perturbador), es la primera canción buena de Coliumo. Una balada tipo nueva ola, bien hecha, romanticona, que dan ganas de escuchar de nuevo.

4. “Shusha“. El primer single que, además se pudo descargar digitalmente. Pocos se entusiasmaron. No entiendo por qué el título suguiere una chuchada cuando en verdad es por el fraseo shuuuushaaaaa.  Musicalmente,  ¿tan poco rock nuevo escuchan que no se dieron cuenta que The Pretenders ya fue homenajeado con la misma idea?

5. “Hoy me hice la mañana”. La canción autobiográfica que cumple lo que Alvaro Henriquez dice en las entrevistas siempre que lanza algo nuevo: “lo pasé mal, pero me levanté”. Amarga, triste, oscura. Si fuera un tema de La espada & la pared, me la habría aprendido y tocado delante de los estúpidos de mis compañeros de colegio.

6. “Diabla”. Una canción a la antigua (tags:  foxtrot, guachaca, bohemia, años cuarenta, swing) y que es exactamente igual a “Pero que hermosas eran” de Sabina (iba a linkearla, pero la policía de la Sony quitó todas las versiones de Youtube).

7. “Cárcel, hospital y cementerio”. Esto es swing y rock, como Stray Cats. O Ariel Rot. Para que los noventeros y fanáticos del rock chileno se vuelvan locos en los recitales en vivo. La letra autoafirmativa hace juego con el solo de guitarra correcto para una cancion así.

8. “Coliumo”. La “referencia” al terremoto. Recuerdo que cuando estaba desesperado por saber algo de Talcahuano, en The Clinic el mismo Álvaro Henriquez pedía información sobre su familia. Los trolls se enojaron, decían que todos estabamos mal y que él no tenía que aprovecharse de su privilegio mediático. Habría sido bonito que junto a Los Bunkers -que siempre recuerdan lo bonito que era “Conce”, aunque el 70% era de Thno-  les taparan la boca  a esos hocicones malhablados, tocando a los pocos días  en las villas destruídas (como Keko Yungue o Fernando Ubiergo  que fue en camioneta). Ah, la canción es un instrumental.

9. “Cielo oscuro”. No soy el único que se sorprende de lo Bunkers que suena. Más específicamente a “Nada nuevo bajo el sol”. Acordes, arreglos, líneas vocales… el estribillo nomás marca la diferencia. Creo.

10.”Terrible”. Un rock amargo, de guitarras y voces con reverb tan espesas como la Plastic Ono Band. No, no es ni para mover la patita, ni cantar la ducha ni detener el tiempo (los clichés de periodista que leyó mucho la Rolling Stone argentina  que todos usamos en su momento)

11. “En el banquillo”. La primera cueca. Al hueso. Una variación de una música y melodía inmemorial que también es la de “La Vida que Yo He Pasado”

12. “En capilla“. La misma choreza, con el mismo personaje carcelario que tan bien construyó Roberto Parra y que lo conocimos por Los Tres, aunque Mario Rojas se merece todo el crédito.

13. “Don José”. 5/5. Aunque el mediocre de Everett True (que no es ni de cerca Simon Reynolds, Greil Marcus o Frith) diga que no se debe poner notas ni estrellas.

14. “Marta”. Un instrumental que cuando despega en el 1:25 pone triste.

15. “Desperté y soñé”. R&B que repite cierta formula Los Tres que arruina este disco. Me explico: es como si estuvieran enamorados de un estilo que los fans, prensa y entorno construyó. Esa cosa swing, rockabilly, cueca, guachaca. Lo curioso es que, tal como John Ford con  el western, esas supuesta identiudad duena a cover, parodia, cover de ellos mismos. En La espada & la pared o La sangre en el cuerpo aun no eran tan coquetos como para creerse el cuento creado por sus fans.

16.”Y para qué”. 4/5.

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El Eterno Deja Vu

Uncategorized 21 June 2010 | 1 Comment

I. Los Tres son el correlato perfecto de la tragedia concertacionista.

Surgidos -accidentelmente- en la cultura de la resistencia, conocieron la gloria tras una negociación fáustica con el sello Sony y luego del éxtasis (Unplugged, La Espada y la Pared, Fome) vino el bajón, la decadencia, la separación y una reunión tipo cover-de-ellos-mismos que nadie se atrevió a reconocer en su momento.

Exactamente el mismo tránsito de la centroizquierda parlamentaria,compartiendo incluso la escenografía: Liguria,The Clinic, glorificación utilitarista de lo “guachaca”.

II. El domingo en El Mercurio salió una entrevista a Álvaro Henriquez donde aparte de recalcar que grabarán nuevo disco, confiesa -¡una vez más!- que viene saliendo de un periodo oscuro.

Al parecer cada promoción de la banda o proyecto solista viene acompañado de una declaración al estilo “salí del pozo”, “limpié las heridas”, “renací”. Claro que con cierta distancia autoconsciente del músico, porque seguro que es consciente de su ciclotimia. Por ejemplo en una parte, a propósito de sus canciones nuevas dice:

“Ésa es una de las más personales, y habla de un período en el que, pese a estar acompañado, estuve muy solo. Tocando fondo, se podría decir. La hice hace poco. Habla de un estado general en que no lo estaba pasando muy bien. No quería nada. Onda la ‘Divina comedia’ de Dante, pero la parte del infierno no más”

El eterno deja vu del rock nacional, que sus discípulos aprendieron tan bien.

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El sino de Café Tacvba

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica 12 September 2007 | 0 Comments

Se fueron de vacaciones. Regalonearon a sus hijos, desempolvaron discos de Rush y XTC y volvieron a jugar juntos. Revisamos con Emmanuel “Meme” del Real la historia de los Tacvbos, cómo Chile fue fundamental para su éxito y escuchamos Sino, su nuevo disco que sale a fines de mes, el retorno guitarrero y bailable de una de las bandas más importante del rock latinoamericano, los principales responsables en recuperar y volver pop los ritmos del sub continente.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 12 de septiembre 2007.

El éxito casi arruina a Café Tacvba. No terminaban aún de girar mostrando su discazo Cuatro Caminos (2003) cuando el 6 y 7 de octubre de 2004 celebraban sus quince años con dos conciertos en el Palacio de los Deportes de México. Al año siguiente lanzaron Un Viaje (05) disco triple + DVD con el show. Sin darse cuenta ya estaban otra vez con maratónicas jornadas de promoción.

La apatía se instaló en la sala de ensayos. Se habían aburrido de Café Tacvbaa tiempo completo. Demasiados días perdidos en sesiones de fotos o videos cuando podrían estar jugando con sus hijos o haciendo canciones sin estar atados al concepto banda. Decidieron parar.

Joselo Rangel (guitarras) aterrizó en el Liguria y grabó con Álvaro Henríquez “Lejos” (05), Ruben Albarrán (conocido también como Cosme, Anónimo, Élfebgo Buendía y ahora Xxi Xoo) grabó el disco “Bienvenido al sueño” (06) y Emmanuel “Meme” del Real (teclado, guitarras) se integró al colectivo electrónico Noiselab. El mismo que habló desde el DF con la Zona, sobre el regreso de los Tacvbos.

“(La pausa) No fue algo tan planeado. Al principio la idea era tomarnos unas vacaciones. Pero después nos dimos cuenta que era indispensable darnos un tiempo, porque sólo así podíamos estar bien individualmente y recuperar la ilusión de tocar en el grupo. Fue medicinal”.

El resultado de la terapia es Sino (07) un disco bailable y cargado a las guitarras, sin la mega producción de Cuatro Caminos (03) , su excelente disco que contó con Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips, Mogwai) en los créditos de producción, pero con un sonido de lujo a cargo de su casi eterno productor Gustavo Santaolalla.

En Sino (07) hay canciones para aprender de memoria como “Vámonos” y “Quiero ver” , un bolero especie de continuación de su hit “Eres” , o un ritmo reggetonero como “53100” . El hilo conductor del disco queda claro en el título de su primer single subido a Myspace: “Volver a empezar”. El reencuentro de los cuatro Tacvbos.

HITS DEL MTV BOLIVARIANO. Desde su debut homónimo del 92, Café Tacvba sonaron a ellos mismos. Mezclando folclore y pop de sintetizadores, supieron traspasar en las letras el caos del DF. Desde la neurosis de “Cometer suicidio” a el amor punk de “Chica Banda”, sus textos y música eran inconfundibles. “Por eso no quisimos grabar en inglés: porque no tenemos nada que decir en ese idioma”, recuerda Meme, haciendo alusión a una práctica común en los grupos mexicanos de por entonces

Su segundo disco, Re (1994) es considerado por la prensa como su “álbum blanco”: una panorámica de todos los estilos de la época, mezclado con raíces. Desde el industrial “El Borrego”, hasta el swing de “El Balcón”, pasando por dance, pachangas y rancheras.

La revalorización de ritmos populares latinoamericanos, que por entonces no eran muy bien visto en las radios, y su mezcla con el rock fue en gran medida responsabilidad de Café Tacvba.

“Ocurrió algo que emocionalmente a nosotros nos rescató. No te podría decir que Re fue muy bien recibido en México. En verdad fue poco entendido y sucedió que en Chile “El Ciclón” era un éxito. Fue un brinco que esperábamos, la chispa que detonó lo que después regresó a México pasando por los países sudamericanos y hasta Estados Unidos”. De ahí “La Ingrata” y todo lo demás.

Era la época del MTV boliviariano…

“Sí!!!. Era lo máximo porque podías saber lo que estaba pasando en el continente. Añoro todo eso. Creo que no ha vuelto a pasar desde entonces, salvo hasta ahora con Myspace. Pero aun así no tiene la misma contundencia, no todo el mundo tiene acceso a las computadoras. Después, bueno, se abrió más al pop. Ahora MTV es un canal de programas y realitys. La gente honesta es la que aún sigue investigando, conociendo bandas, intercambiando (se ríe)”.

AVANZAR SIN TRANSAR. Después del éxito boomerang del Re, los mexicanos quisieron ganar tiempo con un disco de covers tocados “a su manera”. Desarmaron y le metieron violín y guitarrón al merengue “Ojalá Que Llueva Café”, volvieron ska lánguido el “Como Te Extraño Mi Amor” de Leo Dan y lanzaron como single “Chilanga Banda” un clásico under mexicano donde todas las palabras eran puro slang.

“Estábamos haciendo canciones tan intensas que decidimos sacar un disco con el que pensábamos que no pasaría mucho”, dice Meme. Pero el disco fue un éxito y los obligo a un intenso ciclo de recitales por todo el continente (incluyendo EE.UU).

¿Y luego de eso? “Nos dimos cuenta que las nuevas canciones eran instrumentales. Rubén dijo que se sentía cómodo tocando guitarra. Y dijimos ¿por qué mejor no hacemos un disco instrumental?”, cuenta Meme.

Al sello le espantó la idea, cuenta. Ellos querían que siguieran siendo una máquina de hits y un disco tan extraño sonaba a mala jugada comercial. Negociaron y lograron salirse con la suya, como siempre. “Siempre intentamos que la compañía sea cómplice de nuestros proyectos. Y ellos han entendido que vamos a entregar algo bueno, aunque los sorprenda”.

El disco doble Reves/Yo soy (99) sorprendió a todos: cero folclore, un disco experimental, otro más en formato canción, y guitarras emparenteadas con lo que hacía Radiohead y Spiritualized. Éxito de críticas. Se ganan un Grammy. Los gringos ponen sus oídos sobre la banda. Comienza el desgaste, el mismo que terminó con un paréntesis de cuatro años post Cuatro Caminos, otro disco aclamado por la prensa anglo.

“Esto es como vivir en pareja” dice Meme. “Después de tanto tiempo la idea de separarse definitivamente no es la primera opción”.

-El nuevo disco suena menos producido, más guitarreado y mucho más bailable.

-“Así es. El concepto primario fue grabarlo en vivo. Todos en el mismo cuarto. En el estilo de Los Tres. Sucede lo mismo que cuando tocas en vivo: se genera una energía que se vuelve otro integrante”.

-En Cuatro Caminos la banda sonaba reflexiva. En este disco pasaron a la acción…

-Exacto, ahora es más activo.

-”Gracias” la canción que cierra el disco es una plegaria. Agradecen por la democracia y el estado de derecho y luego aclaran que es lo que no existe aun…

“Tiene la influencia de la trova latinoamericana de los 70s. De protesta pero con cierta ironía. Hablamos de la desilusión que nosotros por lo menos en nuestro país, tenemos por el gobierno, la política, los partidos, los corruptos. Más que una crítica es el sentimiento de desilusión, del qué va a pasar. Y luego viene el solo de batería que nos divierte mucho”.

-Ahí hablan de ser “ciudadanos de segunda”.

“Es como cuando dicen que somos “region cuatro”. “Este grupo es como Los Beatles, región 4″. Esto de vernos como tercer mundo y menospreciarnos. Pero al mismo tiempo lo que a nosotros nos salva es la música”.

-La temática del disco tiene que ver, con reinventarse, de dejar de mirar el pasado porque las deudas ya están pagadas … pero tocado de manera adolescente y bailable.

“Sí, tiene que ver con los discos que escuchábamos de adolescentes, bandas progresivas comerciales como Rush o Yes. Pero también cosas de new wave como XTC, las influencias que siempre hemos tenido pero que ahora destacan más”.

- ¿Cuándo vienen a Chile a lanzar el disco?

“Arrancamos Buenos Aires. Tocaremos en el Pepsi Rock, en la Trastienda y en Rosario (entre el 22 y 29 de septiembre), luego regresamos a México. Vamos a Chile en febrero me parece”.

-¿Al festival de Viña?

-Sí.

Preguntamos: ni el sello ni los organizadores tienen confirmado a los mexicanos. Andrés Celis, concejal de Viña del Mar y miembro de la comisión niega que vayan a tocar. “Aunque conociendo a Canal 13 podría esperar cualquier cosa”, nos dijo.

Cuestión de fe. Habrá que creerle a Emmanuel, si queremos mantener nuestra única esperanza de ver en vivo, el nuevo disco de una de las bandas que ayudó a convertir al rock latinoamericano en un género de peso.

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¿Por qué el rock chileno no tiene himnos?

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 1 September 2007 | 0 Comments

Aparte de Los Prisioneros y, en menor medida, Los Tres, el rock nacional no dice mucho. Ojo, que no estamos hablando de música, sino de letras. Pero también debemos reconocer que cuando la letra y la música pega, terminas aprendiéndote las canciones de memoria. Y ahí se cumple eso que dijo Dylan y repitió Calamaro (que algo saben del tema): “una buena canción es un pensamiento de alguien capaz de detener el tiempo”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Rockaxis, septiembre 2007.


¿CUAL FUE LA ÚLTIMA CANCIÓN DE ROCK CHILENO QUE TARAREASTE y al final, aprendiste de memoria?. Pensarlo mucho es trampa.

Y no me vengan tampoco a decir que las letras no son importantes.

El mérito del rock –y por lo que aun se mantiene como “actitud”- fue llevar temáticas que antes sólo eran discutidas por las elites -folkys, beatniks, vanguardistas- al auditor adolescente promedio. Una licuadora que no solo mezcló r&b, country y folk. También fueron potentes ingredientes el surrealismo, la crónica callejera y la toma de conciencia política. Un espumeante vaso agitado entre el aterrizaje de los Beatles en Nueva York en 1964 y el primer show eléctrico de Dylan en Newport el 65, y servido ahí, en la boca de lobo del mainstream de la industria cultural.

Desde “Help!” –la fórmula de música alegre más letra triste patentada por Lennon cuya contradicción potenciaba el mensaje- , las canciones se vuelven himnos para cantar en tu pieza, una protesta o el estadio. Frases que pegan con la música y que te involucran. Palabras para subrayar y escribir atrás del cuaderno.

Da lo mismo que el discurso se haya domesticado, como cuando vemos a Jack Black diciéndole los niños de “Escuela de Rock” que esta música es “libertad” y “rebeldía” mientras les asigna instrumentos y funciones y decide cantar él esas horribles canciones. Porque la idea de las letras que valen la pena se renueva en el tiempo con en el punk/postpunk o el hip hop

Un dato no menor, considerando que antes, la música pop eran tontas historias de amor.

Y entonces, ¿cual fue la última canción chilena cuya letra te hizo detenerte en la calle?

Sin hacer trampa.

ESO QUE MIRAS Y NO SE VE.

El problema no es que Chile sea un país depresivo y por ende las letras apelen a la melancolía y el llanto, algo que suena muy lógico -y ya fue tratado en los noventas- considerando a Violeta Parra (aunque jamás suena en las radios), los discos de Los Tres y Lucybell y la insólita popularidad de los tristes Morrissey y –ahora- Placebo.

No, lo sorprendente, es que el rock chileno es borroso, mientras que el argentino –nuestro más cercano referente- es nítido. Acá no se sabe bien de qué se habla, mientras que allá las imágenes son potentes: el café donde se ven por casualidad, las ropas cayendo tras la persiana americana, las raíces del amor que donde estaban quedarán. Tampoco tienen vergüenza de cantar “Me gusta el rock/ el maldito rock”.

En Chile las letras son borrosas, metafóricas, de vuelo nerudiano. “La mano se hizo amiga de la soledad” ¿realmente grafica el horror de Miño al quemarse frente a La Moneda, que intentaban recrear Los Bunkers?. ¿Qué quiere decir Gepe con “En un amplio gesto amable / con gracia y resonancia / te inclinas hacia los otros”? ¿Qué significa el verde, azul y gris de Los Tres?

Tal vez por eso la vuelta de Soda Stereo (con las mismas viejas canciones que jamás se fueron) es un acontecimiento nacional. Lo mismo pasa con La Renga o El Otro Yo. Como si ellos dijeran -en sus respectivos estilos- lo que los músicos de acá no saben decir. Por eso quizá la gente los necesita.

ESTO NO ES UNA HISTORIA.

En los sesentas el naciente rock chileno y argentino recibían los afilados textos de Bob Dylan (muchas veces interpretados por otros artistas como los Byrds o The Turtles), las historias de Eleanor Rigby, el submarino amarillo o el escritor de novelas baratas de Los Beatles y las crónicas de la clase media de Ray Davis de los Kinks. Los melenudos sudamericanos fueron capaces de nacionalizar estas temáticas y volverlas suyas.

Los Mac`s metían ruido de artillería en 1966 para gritar “Ayer mataron a mi hermano/ lo mataron ¿y qué?/ no sabía leer/ hasta ayer”. Es una protesta contra la invasión norteamericana a la isla de Santo Domingo. En “Como Cristo usó el suyo” y Los Vidrios quebrados recuerdan que Hitler tenía el pelo corto y la gente buena como Jesús, largo.

Allá Litto Nebbia en Los Gatos eran más juguetones y le cantaban a una balsa donde “navegar hacia la locura” o a un rey que le pide a un hombre humilde el secreto para ser feliz. Y bueno, Moris, hablaba de un oso que aunque tenía comida y techo prefirío escapar a la libertad. Todo en primera persona y con frases gancheras que desde el primer verso te involucran en la historia, como en una buena película. ¿Influencia directa de las historias tangueras?.

Acá, aunque no hubiese habido Dictadura, el camino fue otro, íbamos hacia el rock folclórico con Los Jaivas, Quilapayún o Inti Illimani c0mo bandas insignia junto al hit de “Los momentos” de los Blops que básicamente no hablaba de nada.

La tradición de rock de autor y de contar historias tan normal en Fito Paez o Joaquin Sabina en España, acá en Chile prácticamente no existe. ¿Será que los rockeros no leen?. Alvaro Henriquez consiguió buenas historias con La primera vez, Pancho y sobretodo con La Torre de Babel, pero no es una regla. Acá la primera persona es un personaje secundario siempre a la deriva porque aun no sabe que en las canciones todo se resuelve en 3 minutos. ‘Sales del sol /te molesta el calor /providencia está igual /quieres comprar /algo para comer /pero todo sabe mal’ (Leo Quinteros en Bailar y Fumar)

EL CASO JORGE GONZALEZ.

Las únicas canciones que rompieron todas las normas y fueron tan imprescindibles como el oxígeno para vivir y que hasta hoy se recuerdan y cantan, aparecieron en los ochentas y su autor fue Jorge Gonzalez. El músico sin querer regaló su manual de instrucciones en ese afiebrado libro de entrevistas “Maldito Sudaca”: la música y la letra debían pegar al mismo tiempo y más aun si la batería te hace bailar. Segundo, la mayoría de los músicos quiere pegarse “las quebradas” y hacer juegos de palabras cuando es mucho mejor ser directo, concreto, tener imágenes. Tercero, trabajar mucho hasta que todas las piezas queden bien.

Imágenes como “había tanto sol sobre las cabezas” o “Yo me acuerdo que los fierros retumbaban/ y chocaban en el patio de la escuela/ con cada ritmo que marcaban/dirigían el latido de nuestro propio corazón”. Declaraciones como “Por qué los ricos/ tienen derecho a pasarla tan bien/ si son tan imbéciles como los pobres” o “Latinoamerica es un pueblo al sur de Estados Unidos”. Frases heartbreaker: “siendo estúpido serás feliz” o “pero no voy a aguantar estrechez de corazón”. Al lado de Los Prisioneros las letras del rock argentino de la época quedan al mismo nivel de calidad, emoción y creatividad. O incluso arriesgando más.

Tal vez porque cuando sus compañeros escuchaban Kiss a Gonzalez le interesaba The Clash y Sandro y esa mezcla entre la protesta punk y el frenesí pop le hizo decir cosas fuertes de una manera pop, y sin darse cuenta documentó una época mejor que cualquier banda radical o vanguardista. Esas si que son letras.

Por algo “Elvis sacúdete en tu cripta” fue la frase que abrió MTV Latino, cuando era una especie de youtube del cable.

VOLVER A LOS 17.

El rock chileno es un eterno adolescente. En 1973 despaparecio a la fuerza. En los ochentas fue solamente una moda. Pero precisamente ahí pasaron dos cosas aparte de Los Prisioneros, primero que lo directo trasciende: “Ha llegado un nuevo estilo de baile/ y yo no lo sabía” de Emociones Clandestinas, que sin ser un metaforón puede a partir de una imagen concreta referirse a cualquier cosa. Segundo, que comenzaron los intentos por capturar una idea en 3 minutos y hacer una canción con eso: “Yo soy de esta generación/vivo adentro de un televisor” cantaban Aparato Raro en Conexiones Televisivas. Con Sexual Democracia la idea evolucioné pero aunque las letras fueron importantes tanto chiste de semana mechona la perdían un poco. Acá era “Profanador de Cunas”, en Inglaterra era “Don`t stand so close to me”. Misma temática, distinto lenguaje.

Y eso es lo que se sigue buscando sin encontrar. Un lenguaje, una mirada, una actitud que haga el rock nacional reconocible y no una copia de las traducciones de Internet de los textos de bandas indies. Y, lo más importante, que rompa el circulo de las tocatas, de los fanzines, de los blogs de Internet y esté donde el rock siempre tuvo que estar: sonando en la calle.

Los Tres cuando eran precisos lograban maravillas: “Que no se te olvida acordarte/ que me tienes que olvidar” (Hojas de Te), “Orugas, moscas y un mal olor en la piel” o la letra entera de La Feria Verdadera. Sonaban chilenos y sonaban bien. Glup y Canal Magdalena decían en las entrevistas que querían acer lo que Pulp o Blur hacían en Inglaterra: contar las historias de la clase media. Sin embargo los ingleses no le hacían asco a los textos largos si favorecían una historia. ¿Alguien puede enumerar al menos 3 frases tan buenas como las de Common People o Parklife? Solar lograba buenos momentos con frases como “la noche es luminosa” o Santos Dummont : ‘alguna vez cantarás /una canción de odio y amor /un sueño muerto bajo el mar /atornillado entre las rocas’. Hoy, Ganjas, Guiso, Teleradio Donoso, Difuntos Correa, Golem, todas las bandas dan la impresión de estar muy ocupadas en la música, escribiendo las letras después, a la mala, en un cuaderno. Aunque seamos justos, Javiera Mena recuerda en una letra que “hay tantas canciones buenas” y cada banda de alguna manera influencia con sus letras a su público, aunque ese público tenga que pensar bastante para encontrarle el sentido. Pero el rock como gran narrativa de una época hace tiempo está perdido y el hip hop –las verdaderas letras importantes- está atrapado en las poblaciones o en su version descafeínada para la tele. El rock chileno no es tan joven pero aun es pura adolescencia, donde es mas importante expresarse que decir algo importante.

Dylan le dijo a Jimi Hendrix : “cuida las letras, la música se cuida sola”. Y a Lennon: “Ustedes están en lo más alto. Deberían decir algo”. Y esos tipos si que hicieron trascendente al rock. ¿Dónde está el tremendo legado de Nicanor Parra y Jorge Gonzalez? Alguien podría hacer algo con esos dos.

No por nada el último “himno” realmente masivo fue “Ch Bah Puta la Weá”. Tal vez la última que te aprendiste de memoria.

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Alvaro Henríquez y el regreso de Los Tres

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 8 July 2006 | 0 Comments

Grandes éxitos

Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria. Álvaro Henríquez es el compositor más exitoso de los últimos quince años de rock nacional. Ahora volvió a juntar a Los Tres, sacó nuevo disco y viene por el título de “jefe de jefes”. Acá la historia de todos, cantada por Los Tres, éxito tras éxito, canción a canción.

por  J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 8 de julio 2006.


JEFE DE JEFES. Álvaro Henríquez llegó a Santiago como un pollo que quería convertirse en gallo. Dieciocho años, flaco y desconocido, Henríquez salió de Pedro de Valdivia, localidad cercana a Chiguayante, como el hijo de un juez que quería ser Lennon; dejó un barrio que limitaba con el psiquiátrico, la cárcel y un sitio eriazo donde se instalaba el circo, para llegar a cantar en corral ajeno.

Henríquez abandonó el primer semestre de música en la U. de Conce y despertó en los años 50s, vistiendo la trajeada elegancia del arrabal populachero. Y lo hizo tocando foxtrots y cuecas en la casa de remolienda más famosa de Chile: la de La Negra Ester en su versión teatrera.

Dieciocho años después, Álvaro Henríquez es el gallo que cacarea con más fuerza. Disco tras disco, hit tras hit, grupo tras grupo, Henríquez se convirtió en el compositor más importante en la música popular chilena de los últimos quince años. Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria.

Aprendiz del mejor Maestro Yoda que pudo tener (Roberto Parra), Henríquez supo derrotar el lado oscuro de la cueca: esas historias de huasos con espuelas de plata, la costumbrista pintura del terrateniente tirado a roto, que por tantos años estuvimos obligados a oír. Henríquez recuperó una tradición no registrada, olvidada pero viva: el jazz huachaca, la cueca carcelaria y bluesera, el foxtrot alegre de las casas de remolienda. Y lo hizo ahí, en MTV.

Henríquez y Los Tres volvieron pop lo popular. Fueron “kitsch” antes que Rojo Vip, pero por sobre todo, le devolvieron al país una parte de su identidad. Con el tiempo, mezclar a Los Ángeles Negros con Franz Ferdinand o Violeta Parra con Radiohead, se convirtió en el sello de lo más interesante del rock chileno reciente, desde Los Bunkers a Gepe.

El país, la gran mayoría de él, eligió a Los Tres como la banda de rock chileno más importante post Prisioneros. Y que sean Los Tres y no La Ley, es algo que nos define.

EL Liguria VIP. Los Tres son pop, más que populares. Para hacerlo más gráfico: si Mauricio Redolés toca en La Piojera, Henríquez lo hace en El VIP del Liguria. Si Redoles es la izquierda extraparlamentaria, Henríquez es la Concertación. Él tiene el poder.

En su feudo personal, Henríquez parece moverse como un capo comiendo ravioles en El Ligura, el mismo bar donde, se cuenta, tienen prohibida la entrada algunos ex miembros de Pettinellis por problemas personales con el “jefe”.

Los Tres eran cuatro, pero sólo Henríquez y Titae aparecen componiendo las canciones. Ángel Parra siempre quiso participar (lo hace en dos temas del nuevo disco), pero nunca lo dejaron. A pesar de ello, cuando uno piensa en el particular sonido de Los Tres, siempre lo hace recordando sus inigualables guitarras

Así parece ser el líder de Los Tres: un talento con su genio particular, un Soprano, el capo de la pandilla. “Muchos pollos que apenas nacieron/ ya se quieren pelear con el gallo/ si pudieran estar a mi altura/ pues tendrían que pasar muchos años/ y no pienso dejarles el puesto”, se canta a sí mismo en “Jefe de jefes”, el narcocorrido que reversionó en su disco solista de 2004.

La canción de Los Tigres del Norte es el propio “Sigo siendo el rey” de Henríquez. Y el rey ha vuelto con “Hágalo usted mismo” (06). Acá, una revisión de su carrera, éxito tras éxito, disco a disco (y el cómo cambiamos en el camino).

Cuando Los Tres dejaron de ser Los Tres, 1993. “Nos vemos en el infierno, lleva bronceador”. Es cuestión de hacer memoria., o poner “Se Remata el Siglo” (93), su segundo disco, mientras miras las fotos de adentro.

En 1993 Álvaro Henríquez era joven, inexperto y con ganas de ser famoso. Su meta era entrar al Olimpo de la música popular, y en ningún caso se conformaría con ser un secreto a voces entre universitarios avispados. El precio que tuvo que pagar fue grabar un disco que no sonaba como la banda quería, y ser marketeados como “la respuesta chilena al grunge”.

Los Tres vestían bermudas, camisas floreadas y se veían como si llevaran puesto ropa ajena. Había riffs tipo AC/DC, punteos metaleros con olor a laca glam y una canción donde Henríquez cantaba en inglés (dos, si contamos el bonus de la versión en cd). La elegancia jazzy de “Flores secas”, “Amor violento” o la urgencia avasalladora de “La primera vez”, acá no aparecen por ninguna parte.

Para entonces, la banda estaba pasando a las ligas mayores de un sello multinacional y aprendiendo en el camino. En “La última canción”, la biografía que iba a ser oficial, y que posteriormente fue desautorizada (pero jamás desmentida) por Los Tres, Ángel Parra asegura que “es el peor disco de todos”. Cuenta que en el estudio dejaban las guitarras sonando de una manera, y que cuando volvían, estaba todo cambiado. Y responsabiliza del sonido final, al productor musical que les puso el sello: el argentino Mario Breuer (GIT, Enanitos Verdes, entre tantos otros).

“Se Remata el Siglo” (disco que fue remasterizado para un box set) recuerda a los discos del rock pop latino ochentero, con esa estética sonora “brillante” que uniforma todo lo que aspira a ser radial. Un sonido completamente opuesto a la calidez de su impresionante debut, “Los Tres” (91), un disco que te hace sentir a centímetros de los instrumentos.

“Se remata el siglo” es el momento más “faústico” en la carrera de Los Tres, el momento en que debieron transar para seguir avanzando. El disco vendió bastante bien, convirtiéndolos en la banda de moda, con pósters en TV Grama y tocatas en el Seriatutix del Negro Piñera.

Dos años después, Los Tres tendrían su venganza.

La Espada y la pared, 1995. “Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar”. Chao bermudas, hola terno. Para el 95 Los Tres habían logrado ganar admiración y respeto gracias a un disco debut espléndido, pero desconocido, y la popularidad con un segundo disco efectivo pero mediocre. “La espada y la pared” fue un disco que hizo crecer la popularidad de la banda, en sus propios términos musicales.

Regresan las guitarras acústicas y las melodías de quinta de recreo, esas que Henríquez aprendió en su trabajo con La Regia Orquesta de La Negra Ester. Aparecen los guitarrazos trémulos y slides de Ángel Parra, se mantienen sus inolvidables solos, revive el contrabajo. Todo eso mezclado con mucho funk y soul versión Tres.

“Déjate caer”, “La espada y la pared”, “Hojas de té”, “Me rompió el corazón” o “Te desheredo” ya no es rock ni pop. Es otra cosa. Es música Los Tres. “Un concepto cazuela donde echas a la olla todo lo que ves”, según Henríquez.

Con el disco además, adelantan el kitsh nacional (“Tú cariño se me va” de Buddy Richard fue el primer single), y comienzan a ganar fama afuera: se hacen amigos de Café Tacuba, Fito Páez los invita a abrir un show suyo en River, y MTV los llama para grabar un unplugged en Miami.

Henríquez reconoce que cuando canta estas canciones se le paran los pelos siempre. Su pelo rojo en el video de “Déjate caer” -un homenaje a Carcuro, según él- era lo último que quedaba del look “grunge”. Ahora eran, ni más ni menos, que Los Tres de terno y corbata. Ya estaban listos para hacer historia.

La cueca larga, septiembre de 1995. “Qué tal, festival”. Las verdaderas cuecas las conocimos por MTV. Era septiembre de 1995 y en los estudios de Miami, Álvaro Henríquez se vistió de militar raso para dedicar “La primera vez”, a los dictadores, todos esos mal bichos que han llenado el mundo con sus “martes de horror”. Pinochet aún era Comandante en Jefe del Ejército, y todos en el estudio de MTV aplaudieron. Los mismos que no entendieron muy bien el chiste, cuando Henríquez partió el ”Unplugged” (95) saludando con un “qué tal, festival”.

Los Tres se peinaron. Interpretaron todos sus grandes éxitos, y la guitarra jazzera de Ángel Parra se lució. Incluso se despacharon un inédito que ahora es clásico: “Traje desastre”. Aunque para los chilenos no era sorpresa enterarnos los secos que eran, igual daba orgullo verlos ahí, dando clases de cueca en MTV.

Muchos aprendimos así, que nuestro baile nacional podía contar historias urbanas,y no sólo retratar paisajes campestres de postal lejana. Con las cuecas choras, el rock chileno había encontrado su blues.

Los Tres ahora eran una banda que conocían todos: niños, micreros, abuelos. El disco vendió más de 150 mil copias, y se aseguraba un sitio en nuestra memoria colectiva. Como dijo Henríquez sobre “Quien es la que viene ahí”: “la cantaron hasta los pacos”.

Después vendrían La Yein Fonda y el disco “Peineta” (98). “Antes con Roberto Parra tocábamos el jazz huachaca y le gustaba a los puros viejos. Pero había que imponerlo a la juventud y Alvarito hizo eso”, decía Don Lalo Parra en la presentación de ese disco.

Tocando fondo, tocando techo. 1997. “Volar en mil pedazos y ser feliz, todo lo que miras se vuelve gris”. Y de repente, “Bolsa de Mareo” de single. Todos desconcertados: guitarras espesas, coro difícil de memorizar, quiebres furiosos, ruido. Estos eran Los Tres rockeando con rabia y dolor.

Acá no hay cuecas, coros pegajosos, ni canciones fáciles de recordar a la primera oída (a excepción de “La torre de Babel” y quizás, “Olor a gas”). Acá hay rabia, amargura y cinismo, condensado en el vals de “Fealdad”, el rock stoner de “Libreta” o la tristeza solitaria de “Me arrendé”.

Gran parte del público dijo “fome”, el disco no vendió bien en comparación con el mega hit del “Unplugged”, la prensa criticó a la banda por no capitalizar ese éxito, y gente como Jorge González y Café Tacuba calificaron a “Fome” (97), como uno de los mejores discos de la historia del rock en español.

“Fome” es rocker, muy rocker, la amarga foto de una banda que se empieza a odiar. Y la clave para leerlo se conoció después, cuando salió a la luz pública el lío de Javiera Parra. Henríquez tenía su Yoko Ono.

Es difícil imaginar cómo algo tan bueno nació en las sesiones de un tipo tocando con los amigos que lo traicionaron con su novia. La herida aún respiraba y “Fome” fue mucho más que un desahogo: fue el salvavidas en medio de la noche ártica, una colección de canciones capaces de detener el tiempo. Henríquez emergiendo rabioso para grabar la caída del amor y la amistad en tiempo real.

Independiente de este dato extra musical, el disco es una tremenda joya.

Volver a empezar, 1999. “Hago lo mejor, para no ser el que era”. “La Sangre en el cuerpo” (99) retoma musicalmente el camino iniciado definitivamente en “La espada y la pared”, después del urgente paréntesis emocional que fue “Fome”.

“La sangre…” además documenta el fallido intento de Los Tres por conquistar México, país donde “Fome” fue muy bien recibido por el publico universitario.

Después de tanto esfuerzo y éxito, para Henríquez resultaba una lata volver a contestar las mismas preguntas, aperrar en giras sin hoteles cinco estrellas y dejar su status de rockstar. Era demasiado exitoso en Chile, y no lo suficientemente joven, como para volver a empezar de cero.

En el disco hay canciones buenísimas como “La feria verdadera”, “Agua fría”, “Morir de viejo” o “No me falles”. Para algunos, es el disco más delicado de Los Tres, el refinamiento mejor logrado de su estilo. Para otros más sordos, sus mejores canciones no logran sostener una obra que es “más de lo mismo”.

Sea cual sea la opinión del oyente, en este disco ya se oyen esos órganos a lo Ángeles Negros en ácido, que serían el nuevo sello de Henríquez. Ese que por la disolución de Los Tres el 2000, conocimos en el disco de Los Pettinellis.

Seis años después, todo pasó muy rápido: la reunión, grabar “Hágalo usted mismo”, lograr disco de oro en una semana y agotar dos shows en otra. Los Tres estaban de vuelta. Habrá que ver si Henríquez seguirá levantando el título de “jefe de jefes”. Las expectativas son altas.

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