“MÚSICA LIBRE” – LOS BUNKERS (2010)

Uncategorized 15 January 2011 | 1 Comment


Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 14 de enero 2010.

Si el single de adelanto “Sueño con serpientes” generó serias dudas sobre el contenido de Música libre, “Quien fuera” -la canción que acompañó su lanzamiento oficial- aclaró las cosas. Un tema de melodía tan hermosa en su simpleza que habría que ser muy torpe para arruinarla. Y si por algo se han destacado Los Bunkers es por su habilidad. Primero, para apropiarse de la herencia beat en los escenarios de Concepción. Incluso, por sobre los Santos Dumont. Luego, para conquistar Santiago a punta de correctas melodías, rescates folclóricos y trabajo profesional. Y finalmente para llegar a México y lograr notoriedad, prácticamente al instante.

Por supuesto, el precio de esta expansión territorial -incluso más que musical-  es alto. Discos como Vida de perros (2005) o Barrio Estación (2008) ya denotaban cierta fatiga de materiales, tanto en ideas como en construcción melódica y de arreglos. O, diciéndolo de otra forma, como si la banda se hubiera quedado muy tranquila con sus referencias a Elvis Costello o Velvet Underground, rechazando todo lo que está pasando musicalmente a su alrededor.

Música libre les permite ganar tiempo. No sólo por las canciones del cubano (no todas tan conocidas), sino por la producción de Emmanuel del Real (Café Tacvba) que ayuda a potenciarlas. Además, se les une Manuel García, alguien que -mucho antes que Los Bunkers y la generación indie-folk- reinvidicó la trova y el guitarreo de las peñas. No es casual que los dos temas que canta “Al final de este viaje” y “La era está pariendo un corazón” (compartida con Álvaro López) sean los temas más logrados del disco. Potentes. Conmovedores. Melancólicos. El resto del disco se debate entre el power pop de (“El día feliz que está llegando”, “Quien fuera”), el rock de riffs (“El necio”, “Y nada más”) y el disco-rock a lo Giorgo Moroder (“Quien ya viví, que te vas”, “Santiago de Chile”).

Esto último tal vez horrorice a los fans más ortodoxos de Rodríguez, aunque convertir una pieza acústica en bailable es algo que a Los Bunkers les sale muy bien. Tanto como las lecturas, mucho más “respetuosas” de clásicos como “Pequeña serenata diurna”. Música libre funciona entonces como una actualización desde el territorio pop-rock a la obra de Silvio Rodríguez. Pero también como una introducción a su obra a las nuevas generaciones (o a México, donde no es un artista tan masivo como Chile). Para la banda, sin embargo, es como una pausa para decidir hacia donde apuntará su carrera, si hacia el sonido enciclopédico con el que los conocemos o la exploración de recursos y “músicas” nuevas.


Los Bunkers / ”Música Libre” (2010, Universal México)

1. Sueño con serpientes, 2. Quien fuera, 3. Que ya viví, que te vas, 4. Al final de este viaje en la vida, 5. El necio, 6. La leyenda, 7. Ángel para un final, 8. Santiago de Chile, 9. Y nada más, 10. El día feliz que está llegando, 11. Pequeña serenata diurna, 12. La era está pariendo un corazón.

Mauricio Basualto (batería), Francisco Durán (guitarras, teclados, sintetizador, voz), Mauricio Durán (guitarras, teclados, coros), Gonzalo López (bajo) y Álvaro López (voz).

Músico invitado: Manuel García

Producción: Emmanuel del Real.

www.losbunkers.cl

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APUNTES SOBRE “MÚSICA LIBRE” DE LOS BUNKERS

Uncategorized 28 December 2010 | 0 Comments

HERENCIA/RUPTURA. Desde su debut, Los Bunkers habitan un clima (o tiempo) histórico-musical que sólo podría generarse en Chile o México: países de tradición rockera interrupta. Un  universo referencial donde deglutir lo más obvio de The Beatles y la invasión británica (trajes, riffs Stones, órganos del Sgt Pepper`s o Something Else by The Kinks) o componer un single vampirizando el éxito “rockero” de la temporada como The Strokes o Franz Ferdinand es aceptado -e incluso celebrado- por oyentes, radios y la misma crítica rock. Nada de rescates al electropop de los ochenta, explotar la música africana o jugar con la fragmentación (lo que justamente hacía el rock independiente). Lo de Los Bunkers es regresivo, incluso en sus lecturas folcloricas de Victor Jara, “La exiliada del sur” o Los Ángeles Negros.

BANDA EMBLEMÁTICA. El problema es que en un país de tradición interrupta como decíamos, el trabajo de Los Bunkers -especialmente en Canción de Lejos (2002)  y La Culpa (2003)- era incluso necesario. No es casual que haya sido reconocida por los medios como sucesores de Los Tres en cuanto a “banda grande, correcta y emblemática de Chile”. Tras el Vida de perros y Barrio Estación, la banda demostró que incluso desde su peculiar (y algo nerd) temporalidad y aun resintiendo cierta capacidad melódica mucho más rica en el principio, podían construir una discografía.

¿IRSE A LA SEGURA CON SILVIO RODRIGUEZ? Si en Chile el cantautor cubano fue un fenómeno enorme, llegando a ser el subtexto musical pre-Los Prisioneros de la resistencia popular a Pinochet, en México es una figura no del todo masiva. Por ende, creer que Los Bunkers se fueron a la segura es discutible. Pero tampoco fue un acto necesariamente arriesgado: el núcleo de canciones escogidas -no todas “conocidas”, por cierto- era tan bueno que habría que ser muy incompetente para arruinarlas. Al contrario, con el trabajo en la producción de Emmanuel del Real (Café Tacvba) Los Bunkers incluso podrían “escapar de la temporalidad” usando las canciones de otros.

EL DISCO.

-Sueño con serpientes. Densa pero “radial” -en el sentido más conservador del término- de todas formas. Repite el mismo esquema del primer punto (referencias explícitas al Revolver).

-Quien fuera. El primer punto alto en cuanto a arreglos (power pop) que potencian una de las últimas canciones de Silvio que pasó directo a las fogatas.

-Quien ya viví y te vas. La pregunta es: ¿quieren sonar como The Killers o se acordaron de repente de Giorgio Moroder?

-Al final de este viaje en la vida. Esto es un joropo, ¿no?. El ritmo de “Ojalá que llueva café” en la versión del Avalancha de éxitos de Café Tacvba. Manuel García, cantante invitado, le da credibilidad (él efectivamente tocaba y defiendía eso que se conoce como trova).

-El necio. Una balada rock/pop convencional con cambio de ritmo hard rock (!!!).

-Leyenda. Esos acordes pastorales (si a lo White album) la vuelven tan buena como “Quien fuera”.

-Ángel para un final. Atmósfera torturada tipo Vida de perros, con esas guitarras densas. La melodía -y la letra- hacen que se escuche hasta el final.

-Santiago de Chile. ¡Otra post-punk/Moroder!

-Y nada más. Voces en armonía. Luego, regresa Moroder, las guitarras rock/pop y mucha distorsión al final.

-El día feliz que está llegando. Otra de esas que nos sabemos todos. ¿Qué más se puede hacer que tocarla a lo “September gurls”?

-Pequeña serenata diurna. Si, la de “vivo en un país libre” cuya contradicción duranta mucho tiempo fue la única forma sublimada de decir que la Dictadura era una mierda. El ritmo es de cueca. Luego la electricidad “folclórica” a lo Álvaro Henriquez.

-La era está pariendo un corazón. Nuevamente, Manuel García. Pop/rock que -como ya hemos dicho hasta el cansancio- potencia canciones que ya eran enormes, pero más aun: forman parte de la memoria histórica de varias generaciones acá. Más potentes aun, entonces. ¿Es tan arriesgado eso?

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LOS BUNKERS Y SU TRIBUTO: “A SILVIO RODRIGUEZ LE GUSTÓ NUESTRO DISCO”

Uncategorized 29 November 2010 | 2 Comments

El quinteto radicado en México se presenta este miércoles en el Club Amanda y luego inician gira nacional.



Por J.C. Ramírez Figueroa para La Segunda 29 de noviembre 2010

“Música Libre”. Así se llama el nuevo disco de Los Bunkers que debería llegar a Chile el 10 de diciembre. Doce relecturas de clásicos de Silvio Rodríguez en clave rock (“Sueño con serpientes”), joropo mexicano (“Al final de este viaje en la vida”, junto a Manuel García) e incluso disco-funk (“Santiago de Chile”).

“Sabemos que hay mucha gente ortodoxa, tanto en la trova como los talibanes del rock. Estos últimos son peores, claro. Por eso quisimos romper el estándar y grabar este disco. Además, en los ensayos siempre decíamos «hagamos esta parte como tal canción de Silvio»”, explica Mauricio Durán desde México.

Lo discutieron. Armaron una lista de canciones. Llamaron a Emmanuel del Real para la producción. Su banda —Café Tacvba— ya había brillado en los noventa cubriendo el “Ojalá que llueva café” o “Cómo te extraño”. También le pidieron ayuda a Manuel García, quien se luce en “Al final de este viaje” y “La era está pariendo un corazón”.

Y así salió “Música libre” en México, quien hasta el momento ha cosechado elogios y buenas ventas, incluyendo en la plataforma digital iTunes. Además, la semana pasada se lanzó el single “Quien fuera”.

“La respuesta de la gente en los conciertos ha sido buena. Ahí lo palpamos”. Eso es importante, tomando en cuenta que, a diferencia de Chile, allá el público del trovador cubano es “más de nicho”, como el mismo Durán lo aclara.

El e-mail de Silvio Rodríguez

“Sin desmerecer, creo que Silvio tuvo más impacto en nuestro continente que Bob Dylan. Queríamos que las canciones capturaran el espíritu y no fuera simplemente un traspaso en clave rock. Hay miles de bandas que hacen eso y se pierde lo importante de la canción”, explica Durán.


Y cuenta que le mandaron el disco con las premezclas. Y el cantante cubano les mandó un mail de vuelta diciendo que “le había encantado”, explayándose en el respeto que le tuvieron al espíritu original de los temas.

“Como fans de su obra sabíamos que él había tenido acercamientos al rock. Sus primeras canciones estaban pensadas con batería y guitarra eléctrica. Además, fue vetado por hablar bien de Los Beatles. Sabíamos todo eso. Pero no si le iban a gustar tanto las versiones de las canciones que elegimos. Pero le gustó mucho la producción”.

Club Amanda: El show más largo de su historia

Si bien Los Bunkers quieren seguir explorando México (“un país gigante y al igual que Chile, cuesta mucho recorrerlo”), quieren, por un lado, llegar a mercados como el argentino o español; por el otro, seguir visitando nuestro país y “no perder la permanencia”.

Así la banda iniciará su gira nacional este miércoles en el Club Amanda en un regreso que promete ser memorable: será el “concierto más largo que hemos hecho en Santiago en toda su historia”.

Allí no sólo tocarán los hits de sus cinco discos anteriores, sino que presentarán casi íntegro “Música libre”. Estará invitado también Manuel García.

Después tocarán en El Huevo de Valparaíso (4 de diciembre), Curicó (9), Concepción (10), Festival el Abrazo (11), Calama (17), Antofagasta (18), entre otras fechas.

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Las cinco de Pedro Subercaseaux

Uncategorized 6 March 2009 | 0 Comments

Fue parte de Hermanos Brothers y CHC. Se fue a México el 2007 y terminó grabando una colección de canciones donde dejaba atrás el hip hop, para incursionar en la canción pop. Compartió con Los Bunkers, Jorge Gonzalez y ¡Sin Bandera! para terminar publicando en Chile su primer disco como Pedropiedra.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Paula.cl, 6 de marzo 2009.


1. Hermanos Brothers, CHC y el poder de las melodías.
“El disco Pedropiedra ya está listo y tiene un single sonando en Radio Uno. Lo estoy vendiendo en tocatas y a principios de abril habrá un lanzamiento con todas las de la ley. Acá hay melodías, tal como en CHC y Hermanos Brothers, mis anteriores grupos. De hecho, creo que eso era el principal elemento que los distinguía de otros grupos hip hop. Lo que estoy haciendo ahora es profundizar esa inquetud. A tal punto, que cae de lleno en lo conocido como “formato canción”, que siempre ha sido mi estilo musical favorito. Hice muchas de forma esporádica desde los catorce años, pero en los últimos tres, empecé a apreciarlas y ponerle más color con las letras para que se pudieran parecer un poco a las canciones de verdad.”

2. El nacimiento de Pedropiedra. “Vivir en México fue bastante positivo en general. Estuve casi dos años, teniendo el tiempo y aislamiento suficiente para trabajar con esmero en este proyecto (Pedropiedra), que tomó forma definitiva allá. También tuve algún contacto con la industria. Hubo un alto ejecutivo de una multinacional que se interesó mucho en el disco, tanto que puso como condición contratar a un productor horrible y tuve que huir. Allá, no existen las bandas de “clase media”. Están por un lado los mega famosos y promocionados artistas románticos. Por el otro, el resto, que se pelea los espacios chicos. Los sellos parecen laboratorios de estudios económicos, en donde unos ejecutivos tratan de dar con una fórmula que les de plata por un rato. Mi disco no les parecía suficientemente pop, supongo. Aunque yo creo que sí lo es. En todo caso, hay una movida de festivales que se hacen todo el rato, y ahí se lucen las bandas emergentes. Lamentablemente nunca hice los contactos como para entrar en ese circuito, así que todos los shows que hice allá los producíamos nosotros mismos con amigos, un poco como lo hacemos acá en Chile, donde por ejemplo me extraña que no hayan invitado a CHC a un evento con 80 bandas como lo fue la cumbre del Rock. Aprovecho de decir que necesito un manager.”

3. Chilenos en el DF. “Estuve allá con Gepe y Perrosky cuando fueron de gira e hicimos varias fechas juntos. Algunos se alojaban en la casa. Se hacía todo entre amigos, bastante parecido a como hay que hacerlo acá. También conocí a Los Bunkers, con quienes nos veíamos harto e incluso tuvieron la amabilidad de honrarme invitándome a tocar teclados para el lanzamimento del Barrio Estación en el Teatro Metropolitan, donde la rompieron, tal como lo hacen en cada escenario que pisan allá. Jorge González ponía la casa y la mesa para todos los chilenos y en general cualquier persona que anduviera por esos lados. A todos los recibían con la misma generosidad y cariño, él y su familia. Arturo Turra Medina, productor chileno y baterista de Sin Bandera, fue el ingeniero de sonido en mi disco y nos hicimos bien amigos. Hay un verdadero sentido de la camaradería entre todos los musicos chilenos en Mexico.”

4. Trabajando con un Sin Bandera. “Sí, trabajé con Leonel García, un Sin Bandera. Es resultado de lo que mencioné arriba. Por haberme salido de este proyecto con la multinacional, tuve el privilegio de terminar grabando en su estudio, financiado por él, lo que lo terminó convirtiendo en el productor ejecutivo. Además, grabó unas voces de una canción mía, y a su vez me invitó a participar en una canción de León Polar, su disco solista. La canción se llama Déjalo.”

5. Mis planes con Pedropiedra. “La idea es promocionar este disco, tocar lo más posible y terminar otro disco que estoy trabajando hace unos meses. Si se da la posibilidad de volver a viajar, genial. ¿CHC? Por el momento queda en stand by, no sólo por Pedropiedra, sino porque los dos vocalistas están dedicados a sus propios proyectos de cine y televisión. Aunque hay ganas de grabar material nuevo. No me sorprendería que CHC hiciera más discos en el futuro.”

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Rock chileno: los exiliados del sur

Archivo Periodistico,Musica,Reportajes 9 December 2005 | 0 Comments

En los 90s Chile era un país adolescente. Uno que salía al mundo, engrupido con la llegada de MTV, los multicines, Internet, el cable. Y las bandas de rock sonaban muy parecidas a las de afuera. Una década después, un montón de bandas suenan propias, con canciones donde conviven identidad y globalización. De esas, Los Bunkers son los más populares. Un proceso rockero que también habla del país. Y que partió con cuecas sonando ahí, en MTV.

Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 9 de diciembre 2005.

ESTOY VERDE. “Estoy verde porque pase algo por aquí/ pero ya empiezo a desesperar/ podría haber algo como/ una fiesta!/ podría haber algo como/ unas chicas!/ podría haber algo como/ no sé/ podría haber algo cómo/ una revolución…”. La canción se llamaba “Una revolución en mi barrio” y con mis amigos la cantábamos en la esquina cada vez que no pasaba nada. Y eso era casi siempre. Nada-mucho, poco-más Pánico nuestro primer cd: Combo discos, 500 copias, Bruce Lee en fondo rosa, un disco que compré a medias con un amigo en el Dos Caracoles. Teníamos 16 años.

“Una revolución/ en mi barrio/ en mi esquina/ y todas/ todas esas chicas saldrían a bailar por mi calle/ y en mi cama/ A la policía, los políticos y toda ese gente del Estado les decimos/ conchetumadre…”. Bendita adolescencia. La canción se convirtió en un himno callejero a pesar que ni la Rock & Pop la tocara mucho (¿se acuerdan cuando la Rocka era realmente “la radio del rock chileno”?) Un himno que resumía el sentir de cualquier adolescente chileno en la mitad de los 90s: después de una infancia bajo el imperio del mal, era hora de la fiesta. Esa era nuestra revolución.

Pánico representó eso a nivel no mainstream: hijos de exiliados, sonando a una fiesta playera tipo Pixies, disfrazándose arriba del escenario y enseñándonos a jugar de nuevo, sin miedo. Tipos con onda, mucha onda. Y los amamos por eso. Porque eso fueron los noventas en Chile: un grupo de adolescentes que empezaban a cambiar los uniformes por la ropa de calle. Una época donde pintarse el pelo, tatuarse o ponerse un piercing nos parecía una declaración de principios (aún recuerdo el impacto que me produjo ver el video de “Corazón de Sandía” de Los Tetas en el Canal 2 y sus pelos de colores), un grito de libertad que te traía problemas, y no sólo un asunto de onda como ahora.

En los 90s todo Chile era un adolescente que se engrupía fácilmente, wannabes celebrando la llegada de MTV como la de un ejército libertador, rogándole a papá por el teve cable y leyendo a Fuguet hablar sobre River Phoenix (Ok, Fuguet nos enseñó a escribir y nos abrió la cabeza. Le debemos demasiado: desde Tarantino hasta Bukowski. Pero también hay que reconocer que se engrupe en extremo ¿O alguien nos puede explicar su incondicional amor por Phoenix y Henry Rollins?)

La economía chilena comenzó a crecer. Pasamos de ser el hermano pobre y piola, al “jaguar de Latinoamérica” que mandaba icebergs a Sevilla. Tan nórdicos, tan fríos, tan engrupidos. En los estelares millonarios de la época había una pregunta que se repetía sin cesar, cuando el entrevistado era una mega estrella extranjera. “¿Cómo somos los chilenos?, ¿qué conocen de Chile?”.

Como todo adolescente no teníamos claro quienes éramos y necesitábamos que el mundo nos lo dijera.

Cultura pop, Internet, cable, multicines. La globalización abriéndote la cabeza. Una ola que llegó casi sin aviso. Un mar en el que nos sumergimos con una sonrisa de oreja a oreja, y que con el tiempo —crisis económica de por medio— nos hizo aguantar la respiración, revolcarnos, tragar sal, y salir a flote. Los jóvenes empezaron a “empoderarse” tecnológicamente. Blogs, flogs, sellos independientes, raves, fiestas callejeras, etc. Con el tiempo aprendimos a hacer cosas y a digerir lo que llegaba de afuera. A tener mirada propia.

¿Y ahora? Bueno, ahora los adolescentes siguen siendo lo que siempre serán: unos wannabes en busca de identidad. Pero la diferencia, gran diferencia, es que con medios propios y una mirada más escéptica. Una que obliga a entender que todo es un juego. Que si te vistes de negro y vas a la Blondie tu enemigo no es el rapero que va a sus fiestas (como sí lo era en los 90s, donde las “tribus” se odiaban entre sí).

De pronto nació una generación que creció sin miedo. Una que tiene claro que opinar es su derecho, aunque a veces opine puras leseras. Con el tiempo, entendimos que en esto de la globalización vivimos en la periferia. Y que eso puede ser una ventaja: miras para todos lados y sacas lo mejor. Así terminas conociendo más bandas, películas o libros que un tipo que respira en Nueva York, París o Londres. Porque ellos sólo se miran su propio ombligo. Tú tienes el mundo. Y entre medio, empezamos de a poco a valorar lo nuestro.

Las semillas rockeras de los 90s comenzaron a brotar, al fin, en una síntesis que no se refugia estúpidamente en el Chile que no fue, sino que se alimenta de ambos lados. Identidad y globalización. Lo malo es que la mayoría de esas bandas (Matorral, La Floripondio!, Taller Dejao, etc.) siguen sin sonar en la radio. Lo bueno es que la Zona sigue escribiendo de ellos.

Pero, ¿cómo empezó todo esto?

CUECAS, AQUÍ, EN M-T-V. Tuvieron que aparecer Los Tres en el Unplugged de MTV, entre videos de Oasis y Soundgarden, para mostrarnos que la cueca no era esa música de viejos que sólo sonaba en las fiestas patrias, con historias campestres que no nos podían interesar menos. Nunca sospechamos que Los Huasos Quincheros, que por tanto tiempo tuvimos que escuchar obligados, escondían a Roberto Parra y sus amigotes. Cuequeros con más calle, vida y mirada que cualquiera de esos rockeros con camisa de franela o chasquilla british. Chilean punks.

Al fin teníamos un pasado decente. Así como los gringos tenían sus blueseros, nosotros teníamos a los cuequeros. En la Yein Fonda nos dimos cuenta que también se peinaban con los foxtrots, tangos, tonadas, y eso que el tío Roberto bautizó como jazz huachaca. Aprendimos los primeros acordes de guitarra con “¿Quién es la que viene allí?” al mismo tiempo que con “Wonderwall”.

“Nuestra dictadura fue la más cruel, porque por opción se mató la semilla que estaba germinado durante la Unidad Popular, sepultando todo. En Argentina nunca se persiguió a los artistas. De hecho la cultura siguió funcionando como siempre. Acá te obligaban a cortarte el pelo”, dice Mauricio Basualto, batería de Los Bunkers. En este ambiente, era lógico que perdiéramos la pista de esa gente. Pero lo más increíble es que fue en MTV, antes que en cualquier radio o canal nacional, donde descubrimos lo que nos escondieron: la buena cueca. Y nos dimos cuenta que sí teníamos una historias “rockera”, que los 70s y 80s fueron un obligado stand by. Afortunadamente Los Tres apretaron el botón adecuad

ENTRAN LOS BUNKERS. Cuando Los Tres se separaron todo eso quedó flotando en el aire, disperso. Álvaro Henríquez se encargó de continuarlo, hasta que desde la misma ciudad, cinco chicos que también habían visto el “Unplugged”, lo hicieron llegar a la nueva generación. Su argumento era el mejor: canciones con identidad que silban en el cerebro todo el día. Porque los Bunkers se elevaron por encima de sus influencias adolescentes —Beatles, Kinks, Oasis, los mismos Tres—, para recuperar la memoria de su infancia. Todo eso antes de llegar al segundo disco.

Con ellos empezamos a intrusear los viejos vinilos de los papás y tíos, descubriendo que Violeta Parra maneja la melancolía mejor que Radiohead, que Los Jaivas suenan únicos e irrepetibles y que las canciones de Víctor Jara son grandes lecciones de historia, como las de Dylan. La diferencia es que a él sí le entendemos las letras.

“El mejor recital que he visto en mi vida fue el 2002 en una Yein Fonda. Se presentaron los Chileneros y quedamos vueltos locos. Nunca había visto tanto desparpajo, energía y fuerza”, recuerda Basualto.

“Vida de Perros”,el último disco de Los Bunkers que se lanza en Santiago mañana, tiene canciones que recuerdan a Franz Ferdinand o Los Ángeles Negros, sin dejar nunca de sonar a ellos mismos.

EL FUTURO DE CHILE. “La actitud correcta al vivir en la periferia es abrirse. Porque acá tenemos un montón de cosas que hacer. Mi novia es de Estados Unidos y se sorprende que acá bandas chicas tengan acceso a la prensa. Acá todo es más familiar, más cálido. Y ya no es como en los noventas, donde las tribus marcaban territorio. Ahora se convive mejor. Se entienden mejor las cosas”, dice Gonzalo Planet de Matorral. Claro, lo mejor de vivir acá es que puedes mirar en las dos direcciones, aprendiendo a desprejuciarte.

Parado desde la periferia de la globalización tienes dos opciones: puedes ser como un adolescente que escucha a Simple Plan o Good Charlotte y formar una banda para calcarle el sonido, o puedes buscarte uno propio. Y hay mucha gente que lo está haciendo. Porque ahora los hip hoperos chilenos samplean Camilo Sesto o Lucho Barrios y no sólo funk gringo. Y una buena parte de los rockeros aprendió a tocar cueca eléctrica.

Ahora preferimos Vía X que MTV. Ahora podemos escuchar a Gepe mezclar Radiohead con Violeta Parra, Matorral sonando a los Stones y Los Jaivas, Perrosky bluseando a Atahualpa Yupanqui o La Floripondio! encendiendo la mecha con sus guarachas reggae y delirio a lo Tommy Rey. O los propios Pánico, que dejaron de sonar como Pixies para experimentar con cumbias y electrónica. Todos, sin dejar de sonar endemoniadamente rockeros.

Sí, buena parte del rock chileno ha cambiado. Y de nuevo tienes dos opciones: puedes seguir encerrado viendo MTV, y enterarte de lo que pasó debajo de tus narices diez años después, o salir a verlos en vivo. ¿Te lo quieres perder?

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