LLEGA A CHILE LA MEJOR BIOGRAFÍA DE DAVID BOWIE: “AMANDO AL EXTRATERRESTRE”

Uncategorized 7 August 2011 | 0 Comments

El periodista Christoper Sandford recopiló decenas de testimonios para reconstruir la vida de un artista cuyo atractivo es ser un “símbolo de una cultura rock que, aunque vetusta en sí misma, todavía permanece débil e insegura”.  

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 7 de agosto 2011

“¡¿Donde está Bowie?!”. El enojo del manager y su equipo era justificado. Esa noche de 1973, el cantante se despedía en el Hammersmith Broadway de Londres del personaje de Ziggy Stardust. El melancólico extraterrestre con que radicalizaría la teatralidad y ambigüedad sexual en el rock masivo.

Intoxicado, maquillado y confundido entre sus propios fans adolescentes (los llamados “Bowie boys”), se quedó hablando con una niña de trece años. Julie Anne Paull, una fan que más tarde contaría que esa noche su ídolo le dijo que se desmoronaba y “estaba volviéndose loco”, además de confesarle sus aventuras homosexuales, problemas con su esposa y líos de dinero.

De pronto, Bowie la dejó, caminó hacia el recinto, saludó al guardia y se metió al camarín. Luego miró por la ventana a los fans. Un músico de la banda asegura que se puso a llorar para después contestarle al manager que preguntaba por él. “Dime tú dónde estoy”.

El show que vendría a continuación sería impecable -una fascinante mezcla de kabuki y “La Naranja Mecánica”, según la prensa- e incluso fue calificado por el severo The Times como “un triunfo orgiástico”.

Viejo pero inseguro, tal como el rock and roll

Así comienza “Bowie: amando al extraterrestre”, considerada la primera biografía profunda del cantante, editada en español. La tesis del autor, Christoper Sandford -quien también ha escrito libros de tapa dura sobre Jagger, Clapton y Cobain-, es que “parte del atractivo de Bowie reside en su calidad de símbolo de una cultura rock que, aunque vetusta en sí misma, todavía permanece débil e insegura”.

El libro repasa un legado, de por sí difícil de abarcar: De cantante folk a lo Bob Dylan pasó a la psicodelia y de allí al glam rock (ver recuadro). Se disfrazó de mujer, extraterrestre y hombre convencional. Exploró el pop de vanguardia alemán junto a Brian Eno y Lou Reed. Hizo hits bailables e irónicas reflexiones sobre la fama junto a John Lennon. Revisitó estilos pre-rock and roll y, a su vez, jugó con el ruidismo salvaje, la música industrial y la electrónica. Trabajó en la polémica “Furyo” de Oshima, hizo de extraterrestre en “The man who fell the earth” de Roeg y trabajó con David Lynch. Inventó modas. Patrocinó a Duchamp y Damien Hirst. Ha rezado el Padrenuestro ante 70.000 personas.

Sandford lo resume: “Una cosa es mantener un punto de vista artístico novedoso, otra convertir la volubilidad en una virtud y otra, muy distinta, asegurar que lo que está haciendo es inventar una nueva clase de versatilidad moral. David Bowie ha conseguido las tres cosas. Hasta su nombre es un híbrido”.

Burroughs: “Era inteligente y sencillo: la antítesis de su imagen pública”

“Amando al extraterrestre” incluye una fuente mayor: el escritor William Burroughs, fallecido en 1997. A principios de los setenta, el ambiente contracultural de Londres estaba fascinado con sus películas (“Towers open fire”, “Cuts up”) y sus piezas beatnik “Almuerzo desnudo” y “Nova express”. Ideales para un Bowie que quería “desafiar las barreras que definían los límites de la conducta normal”.

El 17 de noviembre de 1973 -meses después de la noche de furia relatada al principio- el escritor, el cantante y un periodista de la Rolling Stone se reúnen a cenar.

-Bowie: “Yo no sé mentir… No sé si cambio de opinión o es que miento mucho. Un poco de todo. Más que mentir, cambio de opinión sin parar. La gente siempre me echa en cara las cosas que digo, y yo les digo que no quería decir nada. No puede uno quedarse parado en un punto durante el resto de su vida”.

-Burroughs: “La gente intenta catalogarte. Quieren ver la imagen que tienen de ti, y si no la ven, se enojan”.

Un año después, en un documental de la BBC, Bowie aseguraría ocupar la “técnica de recortes de Burroughs”. Mientras la cámara lo mostraba rompiendo páginas con letras de canciones por la mitad y armando frases con lo que iba cortando.

Hasta que Bowie irrumpió en el departamento de Burroughs con un jarrón de flores de un metro veinte de altura.

“Era un chico inteligente, sencillo, la antítesis de su imagen pública: tranquilo, generoso, listo. Inquisitivo”, recordó el escritor.

Héroe

Lo interesante de este panorámico viaje por la vida de Bowie es que comprobamos que el mundo del rock habría sido mucho peor sin él. Nadie habría dado tanta dignidad y elegancia a las actuaciones en vivo, ningún otro rockero de su generación habría explorado sonidos “nuevos” como el kraut, jungle o drum & bass, sin sonar patético, nadie se reinventó, esquivando los homenajes en vida como él.

“La fama había magnificado y consolidado enormemente las peculiaridades de la personalidad de Bowie desde sus primeros tiempos profesionales. Estaba el cantante folk, el enamorado del abrasivamente ruidoso rock de las guitarras. Estaba el bello andrógino, tan «moral como un gato arrabalero bisexual», en palabras de su ex mujer, el hombre que era extrañamente pasivo en la cama. Quería indignar y escandalizar -como cuando se arrodilló ante Ronson, tomó sus muslos entre sus manos y lamió las cuerdas de su guitarra-, pero que en 1995 seguía diciendo que había sido «un chico muy tímido»”.

De hecho, el libro culmina con su cumpleaños 70, el 2007. Su único acto público fue una donación a un grupo de jóvenes afroamericanos de Jena, Louisiana, acusados de una serie de delitos violentos. Según ellos mismos y el cantante fueron el resultado de “vejaciones raciales sistemáticas”.

Incluso en esas apariciones, siempre había alguien del público que le gritaba: “¡Ziggy!” o cosas por el estilo. Y aunque Bowie reconocería que eso lo molestaba, también lo ponía orgulloso. Demostrando que está bien consciente de su marca camaleónica en la historia, no sólo del rock, sino que de la música popular. “Si alguien quiere revivir su juventud y escuchar algo nuevo que esté bien -aunque eso lo diga yo-, yo soy su hombre. ¿Quién si no?”.

[ Leer el primer capítulo acá ]

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“CRÓNICAS” – BOB DYLAN (2006)

Uncategorized 15 January 2011 | 2 Comments

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Ojo, que es en formato epub.

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“Se oyen los pasos”, el ROCK CHILENO reeditado [La Nación, PDF]

Archivo Periodistico,Entrevistas,Musica,Uncategorized 31 December 2007 | 0 Comments

Reeditan libro que documenta el nacimiento del rock chileno

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación, 31 de diciembre 2007.

El texto muestra cómo en apenas cinco años las bandas pasaron de imitar a Los Beatles a mezclar el canto nuevo con las guitarras eléctricas. Una evolución paralela a los intensos cambios que se vivían. Ambos, claro, fueron interrumpidos por el golpe militar.

Su autor, dividió un año entero entre los ensayos con su banda Matorral y la Biblioteca Nacional. En esta última, se dedicó a hojear uno por uno todos los diarios y revistas de los sesentas hasta encontrar noticias relacionadas con el naciente rock nacional.

Y se topó con cosas como la cobertura al récord de Los Jockers quienes batieron un récord Guinnes tocando 52 horas seguidas en octubre de 1967; el festival de Piedra Roja en 1970 (“¡8 lolas jipies todavía no se ponen la ropa!”, tituló Clarín); o la reproducción en La Segunda de la célebre portada de Aguaturbia donde Denisse y Carlos Corales aparecían desnudos, en la misma época.

Luego, las fotocopió y aprovechó de contactarse con coleccionistas -algunos eran muy celosos de sus discos- y claro, los mismos músicos. Todo eso le sirvió para su muy documentada historia de los primeros años del rock en Chile “Se oyen los pasos” (2004, Capsula libros) que este mes fue relanzada en una versión corregida y aumentada.

Más datos, discografías y fotos de una historia que comienza copiándole todo a Los Beatles, continúa con Los Mac s, Vidrios Quebrados y Los Beat 4, las primeras bandas que hicieron canciones propias; y finaliza con la fusión de rock y folclore encabezada por Los Jaivas, Los Blops y Congregación entre otros. Un final interrumpido en 1973.

“No sé si sea justo echarle toda la culpa al golpe. Pero ciertamente influyó, al prohibir por decreto incluso ciertos instrumentos folclóricos. O al censurar letras. La evolución tan rápida desde lo imitativo a un folk rock con características propias, tiene que ver con la misma inmediatez de los cambios sociales que vivíamos”, explica su autor.

SIN MEMORIA NI HISTORIA

A Planet le sorprende que todas estas viejas bandas todavía sean ilustres desconocidas acá, sobre todo considerando que nuestra sicodelia y luego, el folk rock corrían paralelos a lo que pasaba en EEUU o Inglaterra. “El año pasado viajando con mi novia por Estados Unidos encontré en San Francisco una copia pirata del Fictions de los Vidrios Quebrados. Era inglesa y estaba cuidadosamente editada. Se la mostré a integrantes de la banda y no lo podían creer”.

Sin embargo, gracias a internet, estas viejas copias siguen dando vueltas. “Al final como me decía otro músico, al que le interesa va a terminar encontrando estos discos”, explica. No por nada, cuando presentó este libro en la SCD de Bellavista, Matorral interpretó completo el “Fictions” (1967) junto a Juan Mateo O Brien compositor y vocalista original. Y el público -mayoritariamente veinteañero- se sabía las letras de memoria. “Él me dijo al final que gracias a eso sus nietos lo miran de otra manera”.

VICTOR JARA ELÉCTRICO

El momento cumbre del rock nacional fue la colaboración entre Víctor Jara y Los Blops con la canción “El derecho de vivir en paz”. Unos rockeros que fueron ninguneados por el mismo Pablo Neruda, que los reprendió por tocar con guitarra eléctrica en un acto pro Allende. Una agridulce reflexión sobre Vietnam donde se consigue un sonido inédito, fusionando el Canto Nuevo con las guitarras eléctricas. Un hito que Los Bunkers incluyeron en su disco debut de 2001.

Incluso su propio sello, Dicap, los boicoteó escondiendo las copias. Desconfiaban de su pelo largo y porque no participaban en los sesudos debates políticos de la izquierda. El bueno de Jara los defendió “a garabato limpio” y además participaba en los ensayos porque admiraba el sonido de las guitarras -a lo Hendrix- de Eduardo Gatti y Julio Villalobos.

“Me acuerdo que llegaba en citroneta con su guitarra y un día empezamos a tocar algo. Por ahí empezó la cosa y Víctor nos dijo: “Bueno, ¿y por qué no graban conmigo?”. “Después nos invitó a tocar a algunos recitales”, explica Gatti en el libro.

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