My Maudlin Career o Cómo Me Metí En Esta Cosa Loca Del Periodismo Cultural

Autobiografía 10 December 2009 | 2 Comments

Un profesor de Televisión 2 me dio el dato: en Chilevisión “podrían necesitar” un periodista de cultura y espectáculos. Él -como el resto de mis compañeros- estaba convencido que mi única gracia era entrevistar famosillos y promocionar recitales.

Asi que viajé a Santiago con su teléfono y la plata justa para almorzar.

Estuve esperando una mañana entera afuera del canal, hasta que logré localizar a la editora de contenidos recomendada. Me dijo que no, que periodistas como yo sobraban. Luego, algo arrepentida abrió su agenda y me dijo: este tipo te puede ayudar.

Y salí con el celular de Julio César Rodriguez.

El resto de la tarde esperé en la portería de La Nación.

No tenía idea quien era.

-”¡Ése que va bajando es Julito!”, dijo el guardia que a esta altura conocía todos mis fracasos buscando trabajo.

Me presenté a toda velocidad.

Él sonrió: “Te pareces al de Casi Famosos. Vamos a comer algo”.

Ahora pienso que esa comparación es un insulto: William era un pobre pendejo que prefería el Led Zeppelin III al Here Comes The Warm Jets.

Rodriguez me habló de los nuevos medios, la revolución de los contenidos, Joaquin Sabina, lo barato que está Buenos Aires y si se me ocurrían temas para el diario. Después saludó a todos los otros ágiles de la prensa y sin darme cuenta estaba en una pauta. No dije mucho en verdad, pero parece que les caí bien a todos.

Después Rodriguez me invitó a cenar con su novia de entonces. Me pasó toda la colección de LND y me dijo que me iba a hacer famoso. Nunca entendí si yo iba a serlo, o él como editor general iba a hacerme un periodista estrella.

A las dos semanas siguiente estaba publicado. Mi foto al lado de John Cusack.

El texto -bien malo en verdad, una antología de canciones que me gustaban a lo Nick Hornby- jamás lo pude encontrar por internet.

Tampoco me pagaron.

No tenía computador para escribir tranquilo y unas semenas después el staff completo renunció al diario.

Llegué a Santiago con más ideas, pero me atendió una editora gorda y malhumorada.

“Vuelve cuando tengas una buena colección de temas, a ver si te publicamos alguno”.

Era el 2002 y ni siquiera me daba cuenta en el lío laboral que me estaba metiendo.

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El delirante mundo de Luis Almendra

Archivo Periodístico,Arte,Entrevistas,Perfiles,Reportajes 18 January 2009 | 0 Comments

AMORES PERROS SÓLO PUEDO DARTE

Luis Almendra es un “artista de acción” que ha convulsionado el sur de Chile con sus delirantes acciones de arte. Primero se disfrazó de guardia para proteger su propia obra (y dio entrevistas como tal). Después destruyó todo el trabajo, haciendo una fotonovela sobre ello, que ya va en su cuarta edición. Más adelante trató de dormir y comer dentro de un tagadá en movimiento. La saga continúa junto a los perros de Becerro y una acción sorpresa el 26 de enero.  Ojo, con el arte.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 18 de enero 2009.

UN ARTISTA DISFRAZADO de guardia de seguridad protege su propia exposición. Un travesti sana a un enfermo con la leche de sus pechos. Pacientes del psiquiátrico se disfrazan de superhéroes y marchan por el centro de Concepción desplegando una alfombra roja. Un pez gigante sobrevuela el río Biobío hasta hundirse en el mar. Un personaje intenta desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo: “el tagada”. Otro, arranca el corazón crudo de un vacuno y se lo come en un palacio patrimonial que pronto será demolido para construir el segundo mall de Concepción.

Son episodios documentados -y revividos vía Youtube- en el sorprendente blog de Luis Almendra (29). Un artista-de-acción criado a un costado del Estadio Higueras, en Talcahuano y en plena ebullición.

La próxima semana comenzará su desembarco en Santiago para producir junto a la connotada artista Elizabeth Neira, la fotonovela “El Dios de los perros”. Ambos compartirán con los célebres perros embalsamados de Antonio Becerro. La obra, que incluirá una acción de arte sorpresa, será el quinto número de una novela gráfica iniciada por Almendra el 2005.

Aunque reniega del concepto performance (“se ha manoseado tanto que pierde su sentido al igual que la política”, dice, sus acciones artísticas son verdaderos “acontecimientos convulsivos”, como él mismo dice. Pero lo más importante es que cada una de sus obras funcionan como acciones sueltas y dementes de una exploración mayor: el viaje al corazón de los monstruos y sueños incumplidos que mueven la maquinaria de la “chilenidad”. Bienvenidos al planeta Almendra.

AMOR DE POBRE

“Artista se pone en guardia para defender su creación” titulaba el diario Crónica de Concepción (14-10-2003). En la foto aparecía el autor, uniformado, cuidando su exposición “Amor de pobre sólo puedo darte”, en la penquista Sala Andes. Fue su primera obra tras llegar de Ámsterdam. Había ganado una beca del Museo de Bellas Artes, gracias a la pintura–instalación “El bello durmiente”. Se trataba de un cuadro enmarcado en un catre de cama en donde se representaba a sí mismo durmiendo. Y bueno, masturbándose, tras una colorida frazada.

Los medios penquistas se sorprendieron con este guardia/artista. “Fue intuitivo. En la precaria sala de arte no había nadie cuidando y algunos empezaron a robarse cosas y objetos de la muestra. Así que decidí convertirme en el cuidador y a las vez cambiar mi personalidad por la de mi falso hermano gemelo. De hecho, durante el desarrollo de la acción di una entrevista en la radio como el guardia Alfonso Almendra, hermano gemelo del autor. El uniforme fue un préstamo de mi padre”.

Es más: el guardia terminó siendo parte fundamental de la obra -que incluía cosas como huevos que se reventaban con cohetes y el dibujo de una pistola junto a la frase “cuando tenga ganas de matarme lo haré con balas de juguete”- y todo terminó abruptamente con una máquina retro excavadora destruyendo la muestra y dando muerte al “gemelo”.

“Recuerdo que para ese entonces a un profesor de la U. de Conce le interesó mucho la situación ocurrida. Para él toda esta acción era una metáfora de lo que finalmente les ocurría a muchos artistas jóvenes en el país: terminas en la invisibilidad, con tu propuesta plástica destruida y olvidada en algún lugar”. Y fue tal el estímulo, que Almendra conoció la liberación artística de ser “otra persona” y que su estudio performático “Amor de pobre solo puedo darte”, se convirtió en su primera novela gráfica. Una revista que iniciaría una impresionante saga protagonizada por el mismo autor y sus delirantes transformaciones.

ILUMINACIONES EN EL ESTADIO HIGUERAS

La Villa Presidente Ríos, nombre oficial de Las Higueras, es un oasis residencial cubierto por cerros entre Concepción y Talcahuano. Detrás, emerge un gigantesco parque industrial con sus chimeneas vomitando humo día y noche.

En los ochenta, Huachipato organizaba en su estadio, un espectáculo navideño que incluía desfiles, cuentos y fuegos artificiales. Un milagro, entre las ollas comunes y la dictadura. El pequeño Almendra se impresionó mucho con el evento. “Para mí aquel espectáculo fue uno de mis primeros encuentros con el universo del arte de acción o perfomance. Algo insólito. Era como tener en el patio de tu casa a “La Fura Dels Baus” pero a la chilena y a la cresta del mundo. Hasta el día de hoy intento recuperar la intensa emoción que provocaba esa orgía de formas plagadas de barroquismo y extrañas imágenes. En parte la obra que realizo se remite bastante a todo ese imaginario”, dice. Por eso a su productora “en bancarrota” la bautizó como “Huachistáculo”, en honor al “maestro de ceremonias” que presentaba el show, quién tuvo un final trágico, según cuenta Luis: en su última aparición comenzó a incendiarse cayendo en medio de la cancha.

Para Almendra su taller es el espacio público, la calle es su centro de operaciones. Por tal motivo entre varias de sus acciones esta haber dormido en los cementerios y techos de las casas en plena zona industrial. “En esa época yo era un mochuelo viviendo sólo y pasando apreturas económicas. Dormía en una pieza chica, sin ventanas. Un día asqueado de ese cuarto decidí convulsionar e interferir mi vida cotidiana. Así que me fui a dormir a la calle sin siquiera saber que tal acción vislumbraba otra forma vivir”. Así que se fue por un tiempo con cama y pijama, mientras las gaviotas formaban la letra “v” encima de él. Los que ven las fotos no pueden creer que el paisaje de tuberías y tumbas no haya sido photoshopeado.

“Para mí el sur de Chile en general es una especie de paraíso exuberante a la hora de llevar a cabo estas acciones de arte. Si trataras de ocupar una calle de Barcelona o Berlín la policía o guardia urbana te pondría obstáculos, sobre todo siendo ilegal; antes de realizar tu acción tendrías que dar explicaciones acerca de quién eres, ya que en aquellos territorios todo está normado. La gente también se acerca con otra disposición. Incluso en Santiago. En cambio acá se puede inventar y hacer casi de todo… quemar una cama en la mitad de un puente por ejemplo. Hasta los travestis prefieren venir a Conce, donde pueden crear sus espacios y no hay ningún neonazi hueveándolos”, dice Almendra mientras toma una cerveza en un local de la Diagonal que conduce al hospital de Concepción. Varios amigos entran, lo saludan felices y salen.

FOTONOVELAS


El verano de 2004, Almendra volvió a aparecer en los medios penquistas. Su nueva acción consistía en paralizarse dentro en una nave de cartón cubierta de avisos económicos, en el centro de Concepción.

“La gente pensaba que yo era una estatua humana, pero la verdad es que yo permanecía inmóvil por más de seis horas dentro de esto que parecía un robot pobre o espanta pájaros urbano. El episodio por supuesto era chiflado ya que las personas se sentían estafadas al ver que el armatoste no se movía… jejejeje, incluso en varias oportunidades trataron de botarme. Y pensar que en el fondo dicha acción para mí era una forma personal o ingenua de protestar acerca del indecente sistema laboral para jóvenes chilenos”

Pero lo más notable vino tiempo después, con la segunda parte de su fotonovela “biográfica” titulada “Una funeraria llamada Jesús de Nazareth”, donde el cuerpo del guardia/artista ahora se descompone al estilo película Gore hasta cobrar nueva vida. En la tercera parte, “Quirófano” (2006), comienza la reconstrucción y en “Historia de un hombre que fue devorado por un pez”, comienza el conflicto con una criatura marina infernal.

EL DIOS DE LOS PERROS


A Becerro le impresionó el trabajo de Almendra y le propuso prestarle las instalaciones del centro de arte experimental “La perrera” para continuar su alucinante fotonovela. Entre perros disecados, el protagonista de la obra, escapando del pez mutante tiene entre otros, un encuentro con los canes, que, como ha dicho Becerro son el más fiel reflejo de la chilenidad: sin un pasado y expulsados a la carretera, viviendo de lo que encuentran cada día.

“No tengo claro aún lo que haremos en vivo. Tampoco quiero contar mucho. Lo importante es que trabajaremos una semana con los perros y habrá una performance sorpresa. Será violenta y explorará actos físicos que no son muy trabajados por los artistas de acá”, dice Almendra, enigmático. Dice, además que gracias a Elizabeth Neira, que se ha destacado por su exploración de los tabúes sexuales, podrá llevar su obra a otro nivel. “El dios de los perros”, séria el quinto tomo de su fotonovela, que espera pronto editar en una versión de lujo.

“Tú me preguntas por el sentido de mi obra. Pero es una pregunta y repuesta compleja por que hasta el momento y siendo franco no tengo claro de quién soy, por lo mismo no sé bien hasta dónde quiero o puedo llegar. Pero si puedo reconocer el interés -mediante estas obras- de generar un “contra – universo”, o zona en el mundo en donde no existen las certezas de la vida capitalizada. Y para esto se me hace necesario vivir intensamente la vida subjetiva, destruyendo paulatinamente mi educación para reeducar mis sentidos. De todos modos no creas nada de lo que digo”, cierra Almendra, mientras sus amigos entran al local, lo saludan y se van.

ACCIONES NOTABLES DE ALMENDRA EN CONCEPCIÓN/TALCAHUANO

EXPEDICIÓN ICONOCLASTA (NOVIEMBRE 2008): “Colectivo de interferencia y convulsión de la vida cotidiana. Gestado en las dependencias del servicio de psiquiatría del hospital regional de Concepción. Es la vida imaginaria de un grupo de personas unidas por la acción creativa. Intentan desafiar el cáncer geométrico de la vida cotidiana y reanimar el cuerpo humano mediante la observación de los relámpagos.

Los integrantes de “Expedición Iconoclasta” han decidido destruir sus nombres y regalar el número de Rut a los vendedores de tumbas. Disfrutan de los bingos bailables y son empedernidos coleccionistas de los más extraños sonidos de la ciudad.

Ya han realizado acciones. Por ejemplo han trazado un camino invisible por la ciudad de más de cuarenta metros y de color rojo. Para ellos no existe la certidumbre, solo flujo y acción”.

2. SISMO. ACCIÓN COMPUESTA POR UNA TRILOGÍA. SISMO 1 – SISMO 2 – SISMO 3 (2005-2008): “En cada acción se presenta el intento de un grupo de personajes por desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo llamada TAGADÁ. Una de las formas para desafiar ésta es comiendo tallarines o durmiendo sobre la estructura centrífuga”.

3. CONCIERTO PARA ORGANO (2006): Camino en el centro de concepción. Bajo mi chaqueta, a la altura de mi pecho llevo escondido el corazón ensangrentado de un Vacuno.

Las calles viven repletas de Banderas y consignas políticas pregonando el último día de elecciones para concejales de la octava región.

Me dirijo al palacio Castellón… sitio que pronto será destruido para construir un centro comercial llamado Hites… mientras tanto el lugar es ocupado por el deseo de invadir y liberar la vida cotidiana.

Subo los escalones para encontrar en el salón principal un intenso concierto de Bach para órgano.

En ese instante, y rodeado de gente extraigo el corazón bajo mi chaqueta para devorar su tercera parte.

EL MANIFIESTO “HUACHISTÁCULO”

“Lo sagrado y las prohibiciones cotidianas. La creación de las imágenes y la libre expresión del sueño. El lenguaje y la pulsión alucinatoria. La fiesta de los instintos y la acción social. La expansión de nuestros estados de conciencia y de subconciencia. La elucidación (aclaración) de la subconciencia colectiva. La gestión política de nuestra propia existencia. Todo esto es concebible cuando hayamos conquistado la soberana multiplicidad del ser. Y querrá decir que habremos sobrepasado el arte, que hemos ido más allá del teatro y alcanzado la vida”

HUACHISTACULO

MANIFIESTO ICONOCLASTA

ICONOCLASTA:

Destruye los símbolos de la opresión.

ICONOCLASTA:

Subvierte el orden establecido.

ICONOCLASTA:

Quema imágenes de tus enemigos.

ICONOCLASTA:

La violencia simbólica alimenta tu odio.

ICONOCLASTA:

Su autoridad no merece ningún respeto.

ICONOCLASTA:

No tengas compasión por los líderes.

ICONOCLASTA:

Decapita estatuas y rompe retratos.

ICONOCLASTA:

No hay nostalgia para un sistema caducado.

ICONOCLASTA:

Su destrucción es tu deber.

ICONOCLASTA:

Empuña tus armas.

Acciones de arte, colaboraciones con artistas gráficos como Adaos, youtubazos, fotonovela, adelantos:

www.luisalmendra.blogspot.com/

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Peter Estay: el arqueólogo de los ritmos callejeros

Archivo Periodístico,Perfiles 27 April 2008 | 0 Comments

Con ustedes: ¡Chinchinero Man!

Baterista, operador informático, ex metalero, organillero y músico oficial de La Tirana. Estay (32 años) decidió traspasar los pulsos autóctonos a la batería. Grabó con Amongelatina, colaboró en el último disco de Jirafa Ardiendo y sigue dándole como caja ahora con un libro.


Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 27 de abril 2008.

Vengo del metal. Tocaba la batería en un grupo thrash de Maipú, a mediados de los noventa. Me cargaba que cantáramos en inglés. Sé que cuando se es chico, la música que te pega generalmente viene de afuera, pero yo les decía que tratáramos de hacer las letras en español.

Ellos me respondían: “Es que no calzan con la música”. Me aburrí. Trabajaba de técnico informático en una compañía minera. En el norte. Pucha que se ganaba plata. Cuando volvía a Santiago tocaba en Amongelatina con Marcel Molina (ex Santos Dummont). Fue un salto experimentar ese estilo tirado al “lounge”, aunque jamás abandoné el doble bombo.

Me acuerdo que hace años había un rollo con la “globalización”. La pregunta era dónde estaban nuestras raíces. Los Tres y Joe Vasconcellos aportaron algo en redescubrirlas, pero siempre desde el pop. Yo, de metido y porque era autodidacto, me inscribí en la Escuela Moderna de Música.

El problema era que en la biblioteca no había muchos textos. Pero un profesor, de apellido Levy, que era seco y había estudiado con el baterista de Toto, me dijo: “Hay que cuidar la técnica, pero también el estilo”. Así que me dediqué a buscarlo.

Me puse a trabajar de vendedor ambulante y en la feria había que tener calle y ser pillo. Lo que ganaba me alcanzaba justo. Era excelente estar en el “mundo popular”. Lo que más me gustó fue esa “chilenidad” sintetizada en el “acá no ganamos mucho, pero puta que te cagái de la risa”.

ENTRE LAS FERIAS LIBRES Y LA BATUTA. Era rarísimo en la mañana escapar de los pacos y en la noche tocar en la SCD o La Batuta, con catering incluido. Ambos mundos me potenciaron. De hecho, a mí me hacían hablar con el público y yo aprovechaba todo lo aprendido en la calle.

Tuvimos conversaciones con el Eddie de Pánico cuando tenía Combo Discos. Pero justo firmaron con Francia y se fueron. Al menos pude hacer un solo cuando teloneamos a Holden en el Teatro Providencia (2000). Me gustó haber grabado con Amongelatina el disco “Saunacabaret” (2004). La banda sigue en funcionamiento, pero yo ya había encontrado mi rumbo: traspasar los ritmos tradicionales a la batería.

Mis compañeros me hablaban de músicos gringos y los míos estaban en Chile, como Tilo González (Congreso). Lo veía y decía: “¡Éste es mi baterista favorito!”. Se me ocurrió trabajar los ritmos tradicionales de Chile y traspasarlos a la batería, ya que no hay textos al respecto. Junto a Germán Concha (Bafona, organizador del Festival de Olmué) postulamos un proyecto al Ministerio de Educación.

Elegimos el norte por lo percusivo. Cuando fue aprobado, Osvaldo Cádiz, investigador y marido de Margot Loyola, me aconsejó ir a La Tirana y observar. Había que esperar que ellos te invitaran. Porque es complicado sacarle información al cultor tradicional. Cuidan mucho su oficio y tradición. Le temen al mal uso o que te apropies de su trabajo.

LA TIRANA: UNA CONFITERÍA. La Tirana es una verdadera confitería. Como cuando a un niño le dicen “come lo que quieras” y todo es tan rico y bueno que no puedes terminar de comer nada. Es tanta la información, los colores, el arte, la danza, la música, el potencial es tan grande que no alcanzas a comerte todo. Es la megafiesta, más que cualquier fiesta electrónica. Terminé participando como músico oficial del baile los tres años siguientes. De hecho, somos amigos con el director de la Gran Banda Wiracocha, la más grande del país.

Mi trabajo es etnográfico; es decir, meterme en el ambiente de la gente, almorzar y vivir con ellos hasta entender las claves musicales. Viviendo así te vuelves mejor persona. Si te fijas, acá en Santiago son las empresas las que organizan las fiestas. Allá las hacen ellos mismos. Descubrí cosas como que hay tres géneros distintos que usan el mismo ritmo: salto gitano, diablada y salto limpio. O también el sambo caporal, muy popular en los ochenta. Me demoré dos años en descifrar su rítmica, porque mientras los pies hacen un ritmo, las manos hacen otro. Mi método de texto tiene 200 ejercicios, además de un estudio sobre la percusión nortina.

DALE, DALE. También soy secretario de la Corporación Cultural Organilleros de Chile, que agrupa asimismo a los chinchineros. Mi averiguación sobre el chinchín y el organillo forma parte de mi segunda etapa de investigación. La primera fue el norte, ésta es el centro, y ahora será Chiloé.

Al estudiar esta música me hice chinchinero. La historia del instrumento es reinteresante. A fines del siglo XIX llegaron 300 organillos a Valparaíso. El chinchín se desarrolló después, basado en la idea del “hombre orquesta”. De hecho, trabajaron juntos, pero cada uno encontró su camino. Es chistoso saber que, por ejemplo, antes había grandes peleas entre ellos por quién guardaba la plata. Pero lo realmente interesante es saber que el chinchín es único en el mundo y que los extranjeros se impresionan mucho cuando ven a un ejecutante.

Con el organillo pasa algo parecido; Chile tiene una tradición que se ha mantenido. De hecho, los descendientes de Héctor Lizana, uno de los viejos impulsores del instrumento, ya están siguiendo sus pasos. Esto no se va a acabar tan fácil. Para eso estamos nosotros y la gente. Ah, y toqué chinchín en “Pulmonía” el nuevo disco de Jirafa Ardiendo (“Frágil”).

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Observatorio El Elke: el universo en el patio de la casa.

Archivo Periodístico,Entrevistas,Perfiles 18 March 2008 | 0 Comments

El Elke es el sueño de cualquier astrónomo y su heredero Paris Bustos lo sabe. Hijo de un célebre investigador, consiguió fondos y auspicios para terminar este delirio de la tecnología que además de acercar las galaxias a la comunidad de la Octava Región, le permite estar cerca del cielo, sin salir de su casa.

Por J. C. Ramírez Figueroa Figueroa para La Nación, 18 de marzo 2008.

En la carretera que une Concepción con Tomé, entre un montón de casas de madera, se divisa una cúpula blanca. Una sorprendente estructura futurista visible también para los camioneros de la autopista interportuaria Talcahuano-Penco o buses interregionales que deben pasar obligatoriamente por la cercana Chillán. Es el observatorio astronómico Elke, ubicado en la parte más alta de Villa Los Radales, en Penco, allí donde las calles tienen nombres de estrellas como Antares, Canopus o Sirio.

“Fue una iniciativa de Arnoldo, mi padre. Logró que la Municipalidad de Penco las bautizara con el nombre de las estrellas que están justo sobre nosotros”, explica Paris Bustos (28 años), su hijo y heredero del proyecto inaugurado en 1962.

En efecto, fue el fallecido Arnoldo Bustos, un astrónomo aficionado que llegó tan lejos como su objetos de estudio: diseñó y construyó el observatorio, se hizo célebre por sus talleres en la Universidad del Biobío o la Técnica Federico Santa María y fue un gestor cultural que,en la época del cometa Halley en los ochenta, tenía hasta una tribuna en la televisión regional. “Todo lo aprendí de él. Cuando niño me empezaba a hablar de las estrellas, el espacio, las constelaciones. Me llevaba a sus charlas para apoyarlo con la información que me enseñaba”, explica Paris con nostalgia.

Éste no sólo heredó este delirio llamado Elke, sino que también la fuerza de la porfía. Más que sorprender por los cientos de proyectos en que participa, lo notable es que los gana. Precisamente el Fondart, la Municipalidad de Penco y el Observatorio Europeo Austral (ESO) permiten que el observatorio esté equipado y en perfecto funcionamiento.

ODISEA EN EL ESPACIO. Paris se ríe, pero literalmente es capaz de llegar al cielo sin salir de su casa. “A veces me quedo toda la noche escudriñando las galaxias con el telescopio”, explica. En lugar de la calma de los observatorios gigantes del norte del país, acá se escuchan micros, ladridos de perros y a veces hasta reggaeton proveniente de las fiestas de barrio. Pero a él no le importa mucho.

Este verano realizó, como cada año, “La Semana del cielo”, un apasionante inicio de temporada que logra juntar a los niños, pobladores de las villas cercanas y a los astrónomos profesionales de la zona. En el primer piso hay un escenario para las charlas donde se explica el origen del cosmos, los eclipses o cómo a partir de una fotografía se puede estudiar la composición de una estrella. En el segundo está el telescopio principal, además de otros secundarios, una máquina para tomar fotos y computador. “Es una de las cosas novedosas que hay en la comuna. No creo que haya otro abierto al público, ya que generalmente pertenecen al ámbito de las universidades. Vivo cerca y hace un año que lo voy a ayudar. Incluso Paris me ha enseñado a manejar los telescopios. Es infatigable, pero siento que necesita más apoyo. “, dice Roberto Villanueva (31 años).

En la municipalidad, en tanto, aplauden a Paris. “No en todos lados tenemos la posibilidad de contar con un observatorio “a la mano” como ocurre con el Elke. Es importantísimo para la comunidad y para la enseñanza. La mayoría de los colegios lo visitan. Además turísticamente es importante. La gente que viene en el verano pregunta por él para visitarlo. Por eso lo apoyamos”, dicen en la municipalidad.

UN LUJO PARA LA COMUNA. Tanta actividad tiene a Paris tranquilo, aunque algo tenso. Quiere dedicarse a la astronomía profesionalmente (ha estudiado otras carreras) y está reuniendo dinero para eso. Mientras tanto, construye telescopios a pedido, dicta clases en colegios y centros turísticos y continúa administrando el sueño de su padre.

“Somos hijos de una estrella que dejó su reflejo sobre nosotros, moviéndonos hacia lo desconocido. Tenemos que ser partícipes de nuestro pasado y viajar hacia el conocimiento de las estrellas”, dice Paris.

Paris Bustos, el responsable.

Este joven penquista tiene un observatorio en el patio de su casa. Y aparte de hacer telescopios e investigar la formación del universo, tiene un proyecto electrónico con Yogui Alvarado (Emociones Clandestinas) ¿Un genio? Mejor que eso: un tipo dando tumbos que duerme mirando las estrellas.

Por Juan Carlos Figueroa para La Nación Domingo, 24 de septiembre 2006,

Cuando explico que tengo un observatorio astronómico en el patio de mi casa, la gente me mira de arriba hacia abajo y no me cree. Es cosa de tomar una micro a Penco y bajarse en la villa Los Rodales. Distinguirás la cúpula blanca entre los techos y antenas. Arnoldo Bustos, mi papá, era un astrónomo autodidacta. De aquellos tipos desesperados por saber qué había sobre su cabeza. Con el primer sueldo en la refinería de azúcar CRAV donde trabajaba, compró un telescopio. No le costó conseguir financiamiento para su proyecto estrella, el Centro Astronómico Elque, inaugurado en 1962. Para mí, era un genio: hacía clases en la Universidad del Biobío, la Técnica Federico Santa María y Diego Portales, organizaba talleres en la comuna y tenía un espacio en la televisión. Sufrí mucho cuando falleció de un infarto el año 2000. En verdad, fue una mierda todo, pero entendí lo que significa ser el heredero de esto. Y me gusta.

Donde vivo, las calles tienen el nombre de la estrella que pasa por encima de ellas: Canopus, Antares, Sirio. Yo vivo en Alfa Centauro. Fue otra idea de mi papá. Tenía seis años cuando pasó el cometa Halley y los vecinos estaban vueltos locos acá y él les enseñaba feliz de la vida. A mí me interesaba el fútbol solamente. Recién a los 11 años, con un eclipse que vi -por la tele, más encima-, algo hizo click. Era como encontrar un pasadizo secreto en tu pieza y perderte allá adentro.

AISLADO. En el colegio no me pescaban mucho. O sea, hablaba de astronomía y mis profesores me hacían callar. Nunca me entendieron. Creían que yo estaba rayado o algo así. Es que no sabía quedarme callado. Lo que me salvaba eran los congresos de astronomía en los que me inscribía. Era genial para un adolescente penquista viajar, recorrer los observatorios grandes, como La Silla o El Tololo, y compartir con gente de mi edad que estaba en la misma. Ahí uno se siente acompañado. Mi viejo realmente me tomó en serio, cuando lo acompañé a una reunión con el director del Observatorio Europeo Austral.

“Paris, estoy orgulloso de ti. De verdad”. Eso me dijo en el bus de vuelta. Ahí sí que se me infló el pecho. Y créeme que no es normal que alguien de 17 años se demore menos de diez segundos en tener el objeto listo en el telescopio, de saberse la ubicación de cinco mil estrellas y que realmente pueda disertar de corrido las teorías sobre el origen de la galaxia o la composición de ella. Sentí una especie de vértigo. Me llegaba a dar miedo.

ADIÓS, PLUTÓN. Ahora yo soy responsable de este observatorio. El 2001 logré sacar adelante un proyecto Fondart y lo remodelamos. Ahora tiene una sala de conferencias, además de nueva implementación. Cinco telescopios, una cámara para fotografiar galaxias, un computador, biblioteca, sala de clases y una oficina. A pesar de dictar charlas, hacer cursos en colegios o centros vacacionales como las Termas de Chillán, estudiar astronomía bajo un convenio con la Universidad de Lancashire de Inglaterra siento que no he logrado tanto. Yo quiero ser astrónomo, pero siempre hay algo que me impide lograrlo. No sé muy bien qué es.

En los veranos organizo la Semana del Cielo. Es bacán porque vienen todas las familias, incluyendo los cabros chicos, a ver las estrellas. Les muestro mi observatorio, les cuento anécdotas, les explico cómo es posible saber de qué está hecho el universo con sólo fotografiar una galaxia. También estoy con el Yogui Alvarado, de Emociones Clandestinas, en un proyecto llamado Cosmofonic. Él se dedica a hacer música electrónica y yo voy lanzándole imágenes de galaxias. En estos momentos estoy investigando las estrellas de tipo binario en contacto, se llaman estrellas variables cataclísmicas. Puedo estudiar su evolución y compartimiento solamente por los cambios en su luminosidad. También construyo telescopios a pedido.

¿Plutón? Ya pasó a la historia. Ahora es un planeta menor, porque son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Es bueno saber eso, porque vamos precisando cómo se comporta nuestro sistema. Esa es la gracia de la ciencia: cambiar el curso de lo que se conoce. Antes, por ejemplo, se creía que el universo estaba fijo, ahora en expansión.

Me gusta mucho esta vida. Tal vez estoy loco, no sé. Lo único que quiero es que mi padre siga estando orgulloso de mí. Y bueno, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que yo duermo acá, en el observatorio. O sea, lo más cerca del cielo que se puede estar en Penco.

En acción

Observatorio Elque. Centauro 13, Villa Los Radales, Penco. VIII Región. Concertar visitas: (41) 245 84 37.

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Jane Birkin: la mujer de los gemidos

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música 13 March 2008 | 0 Comments

Jane Birkin actuará este sábado en el Teatro Oriente, pero ojo, que no se ha quedado en el pasado, y tras colaborar con gente como Beth Orton, Franz Ferdinand y Manu Chau está tan potenciada como con sus amigos mods que protagonizaron Blow Up, cinta que con su polémico desnudo, la llevó a la fama.


Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 13 de marzo 2008.

Paul Weller, lider de The Jam y héroe del pop inglés, decía que bastaba ver una foto de los Beatles para entender los ’60. Que la ropa, peinado y sobretodo actitud podían sintetizar perfectamente el espíritu de una época. Lo mismo podría aplicarse a Jane Birkin, cantante inglesa pero residente en Francia que se presenta el 15 de marzo a las 21:00 en el Teatro Oriente de Providencia.

Minifalda, flequillo “modette” y una mirada de estar sumergida para siempre en 1968. El “año eje” para la contracultura del siglo pasado, donde en París “mayo duró doce meses”, en Inglaterra se disfrutaba de la colorida explosión del “Swinging London” y en California se vivía el “Verano del amor”.

“Una revolución sociocultural” -define Birkin dede París y luego, como el juego de asociaciones que hacen los que vivieron fuerte una época, comienza a enumerar: “Minifaldas baratas, Michael Caine, Twiggy, los Rolling Stones, los Beatles… claro que sería genial tener una máquina del tiempo y volver allá”, responde entusiasmada.

La influencia Birkin. Desde Bryan Ferry a Dominique A, desde Manu Chau a Jarvis Cocker (quien tocará la misma noche), todos los músicos que han colaborado con ella en Rendez vous (2004) y Fictions (2006), saben que ella es un ícono, aunque ella no responde cuando se le pregunta por qué. Al parecer Birkin jamás ha dejado de estar “demodé”, tal como sus amigos londinenses de los ’60. Intensa, elegante y pop, sus últimos discos son una extensión de su mito.

Y que además, como si fuera un inmenso plus, los músicos más jóvenes como los mismos Franz Ferdinand la miran desde abajo, porque saben que estuvo más que cercana a Serge Gainsbourg, el renovador de la chanson. Basta verla, con su legendaria blusa transparente, caminando de la mano con Gainsbourg. O gimiendo en el hit del año siguiente: “Je t’aime, moi non plus”. Un bombazo de pop beat que por primera vez explicitaba el acto sexual en una canción. La primera versión fue grabada y censurada por la misma Brigitte Bardot, y ahí apareció Jane Birkin, quien ya se había hecho famosa por su topless en la película “Blow Up” (1966) de Antonioni, donde también aparecían The Yardbirds con el gran Jeff Beck rompiendo su guitarra a lo Townsend o a lo Hendrix.

-¿Sabía que el tema fue un suceso en Sudamérica? ¿Escuchó la versión que grabó el popular puertoriqueño Chayanne (Extasis, 1992)?
-¡No lo sabía! Me gustaría escuchar esa versión. Hay más de cien versiones registradas, incluyendo dúos de chicas japonesas, hip-hop y especialmente la de André Bourvil y Jacqueline Maillán grabada 1970 (parodia de la canción) donde participamos Serge y yo también.

-¿Y valdría la pena construir una máquina del tiempo y retornar a los ’60 a la época del “Swinging London”?
-¡Yo me apuntaría! Siento orgullo, tal como Serge, por los ’60. Creo que jamás me he ido de allí. Pienso en la revolución sociocultural que dejó, las minifaldas baratas, los muchachos “cockneys” (de los barrios bajos británicos) o las fotos de David Bailey (quien introdujo el término “Swinging London” y fue la inspiración del protagonista de “Blow Up”). También en que las guapas eran Jean Schrimpton y Twiggy, cuando la moda dejó de ser para las damas elegantes. Pienso en John Barry (compositor de bandas sonoras), Michael Caine, Terence Stamp, los Stones. Pero antes que todo, la alegría Beatle. Los ingleses de los ’60 eramos los “top of the world”. Por eso Antonioni eligió retratar esta ciudad en “Blow Up”, porque eramos “demodé”. Incluyendo el tocino que comíamos, ja ja.

-La canción popular actual ha perdido todas las grandes orquestaciones de los ’60. ¿Cree que hay que regresar a ello o es simplemente la evolución?
-No debe regresar. Todo evoluciona simplemente. Integrar las tendencias celtas, romanescas, multiculturales y moverse a través de ellas. Por eso Internet y los nuevos sistemas de grabación son geniales. Todo el mundo graba sus propios discos. Eso es más interesante.

-¿Qué le parece el trabajo de su hija Charlotte? Últimamente la vimos encarnado a Sarah, la esposa de Bob Dylan en la película “I’m not there” (2007).
-
Pienso que es lo más “verdadero” de la película. Ejemplar, justa, como siempre. Para mí es la actriz más “rara” de su tiempo. Desde los doce años se me hizo evidente. Su Jane Eyre (1996) de Zeffirelli, era un milagro de calma, y de emoción contenida que en 21 gramos (2003) se fue perfeccionado. La ciencia del sueño (2006) me parece genial. Yo no soy tan actriz como ella.

-En una entrevista reciente usted dice: “Gainsbourg, siempre estará conmigo”. ¿Cree que ustedes fueron la pareja que renovó la canción francesa?
-Él sí y para siempre. Es una referencia constante y yo trato de manatenerla, aunque no es fácil. Si me llaman para un concierto en Sao Paulo, por ejemplo, es porque canté “Je t’aime” con él. Tengo mucho que agradecerle. Entonces, si estoy aquí es porque Serge está conmigo. ¡Y él lo sabía!

-¿Qué vamos a ver de usted esta en Chile?
-¡Encuentro increíble que yo les pueda interesar! Haré todo, para que ustedes no salgan desilusionados. ¡Gracias por venir a verme!

Sexo Pop

Desde Elvis, las canciones que sonaban en la radio jamás aludieron al sexo. Pero con los gemidos de Jane Birkin, en este clásico compuesto por el gran Gainsbourg, pasamos de los dichos a los hechos. Ojo, que esta chica, ícono de los sesenta, nos visita el 15 de marzo.

“Si hubiera sexo de verdad, habríamos grabado un disco doble”. Así justificaba Serge Gainsbourg, el feo más deseado en la historia del pop, el revuelo provocado por los gemidos, textos explícitos y más gemidos de “Je t’aime… mai non plus” (1969).

Aunque fue popularizada junto a Jane Birkin (ver recuadro), la primera versión fue grabada un año antes, cuando el verano del amor, literalmente, acababa.

En un sudoroso estudio de sonido, Gainsbourg y Brigitte Bardot grababan el disco de pop sicodélico “Bonnie and Clyde”.

El compositor francés estaba obsesionado con grabar la “canción de amor definitiva” y convenció al símbolo sexual que gimiera simulando un orgasmo sostenido. El ritmo funk que marcaba la batería y órgano Hammond sólo hacía más accesible el intenso diálogo.

Ella dice que lo ama, él responde jugando con las palabras “yo tampoco”/”a más no poder”. Luego, se entregan a un jadeo que deja bien claro que la controvertida relación entre el amor sentimental de una mujer y el corporal de un hombre, reflejado en la letra, terminan en el mismo lugar.

La grabación incomodó a la Bardot, que al parecer sólo se dejó llevar, y solicitó no divulgarla. Es probable que fuese ante los comprensibles celos que provocaría en su marido, Gunter Sachs, millonario fotógrafo y amigo de Dali y Andy Warhol. También porque podría afectar su imagen, según ella.

La grabación recién se reeditó en los ochenta, hasta hacerse masiva en “Best of BB” (1996). Gainsbourg, enojado, encontró en Birkin, quien ya se había desnudado en “Blow Up”, de Antonioni, a la muchacha perfecta. En lugar de sonar experimentada como Bardot, Birkin delgada y de flequillo sonaba como una Lolita de Nabokov jugando a lo que aún no sabe.

“Je t’aime… mai non plus” se convirtió en un hito y motivo de debate tanto en El Vaticano como en la España franquista. Jamás una relación sexual había sido hecha single.

Después vinieron versiones lamentables como la de Chayanne con Natalie (Éxtasis, 1992), perversas (Brian Molko-Asia Argento, 2003) y curiosas (Cat Power-Karen Elson, para el tributo a Gainsbourg preparado por la revista “Inrockuptibles” el 2006). Lo importante es que desde acá el sexo y no sus insinuaciones se vuelve pop y aparece en las canciones que escuchamos en la radio.

MÓJATE LAS OREJAS. El sexo en las canciones pop puede entenderse como la biografía erótica del “público joven y adolescente”. Hoy cuesta imaginar que este lucrativo target surgió debido a la explosiva tasa de natalidad (baby boom) durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior Estado de bienestar propicio para el consumo.

Antes pasabas de niño a adulto y ahora surgía esta etapa intermedia, donde sorpresivamente había tiempo para explorarse mutuamente en lugar de casarse y envejecer juntos. Tampoco existía la música pop como género. Elvis Presley y Cía. eran animales en celo civilizados por el baile; Los Beatles y Los Stones cristalizaban las contradicciones de cualquier aproximación, debatiéndose entre “tomar la mano” o “pasar la noche juntos”: “I wan’t to hold yout hand” y “Let’s spend the night together”, respectivamente.

“Je t’aime ” sería el puente hacia la locura de la música disco, donde el acto se explicita en los gemidos de Donna Summer, Barry White e incluso nuestras Frecuencia Mod con “Duele, duele”. Los brutales gemidos del controvertido clásico house “French Kiss” (1989), de Li’L Louis, eran sexo maquinal y con la protección que permiten las máquinas y las baterías programadas.

BIRKIN VIENE DE VUELTA. El show de Birkin (62 años) está programado para el 15 de marzo en el Teatro Oriente (Pedro de Valdivia Norte 099) a las  21:00 horas. Entradas entre $ 20.000 y $ 25.000. La chica, aparte de ser un ícono de los sesenta casi como Bob Dylan, ha generado el interés de gente como Manu Chau, Beth Gibbons (Portishead) o Bryan Ferry, que participaron en el álbum de duetos “Rendez-Vous” (2004).

En “Fictions” (2006), disco que vienen a presentar, aparte de las versiones de Tom Waits o Neil Young, siguen colaborando músicos como Johnny Marr (el extraordinario guitarrista de Los Smiths), Neil Hannon, de Divine Comedy, el compositor neoyorquino Rufus Wainwright y Dominique A, que también estuvo en Chile a principios de año.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 9 de marzo 2008.

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Calamaro y Liniers: sorprendidos por la alegría

Archivo Periodístico,Entrevistas 25 November 2007 | 0 Comments

El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 25 de noviembre 2007.

El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.

La niña contempla indecisa una biblioteca junto a su gato y dice: “Seguramente voy a leer muchos libros en mi vida, pero los que lea en mi infancia me los voy a acordar siempre ¡Es mucha presión!”.

Este tipo de diálogos y dibujos increíbles salen de la pluma de Liniers todas las semanas en el diario “La Nación” de Argentina. Andrés Calamaro, lector de “Clarín”, su competencia, lo descubrió tarde y de golpe no tuvo más remedio que enviarle un mail.

“Pensaba que era una joda de mis amigos”, cuenta Liniers, risueño, al teléfono desde Buenos Aires. “Yo era fan absoluto de Andrés y que de repente apareciera escribiéndome y felicitándome era sorprendente. Por las dudas le respondí”.

Pero en vez de un e-mail cortésmente desconfiado, lo hizo con una historieta donde aparece personificado en un conejo como habitualmente lo hace en sus tiras explicándole que Kevin Johansen se le adelantó y que tiene la portada de “Logo” a medio hacer (finalmente la terminó e incluso aparece dibujando en sus shows). Pero también le dice a Calamaro que “como todo el mundo, colecciono tus discos hace años… así que la idea de ver un dibujo mío en uno… ¿En serio sos Calamaro?”.

Así que esta es la historia de un rockero, un caricaturista, un disco llamado “La lengua popular”, un concierto en Santiago y todo lo que hay en el medio.

VIETNAM PERSONAL. “No tengo la costumbre de colgarme de los recuerdos”, dice Calamaro desde Buenos Aires. “Prefiero mi vida como está ahora. Pero tengo recuerdos muy interesantes y atrevidos de mi última década. Y recuerdos entrañables, alegrías y secretos de todas mis vidas anteriores”, dice.

En pleno cambio de milenio estaba claro que el lujoso “Alta suciedad” de 1997 (El de “Flaca” y “Loco”, grabado con músicos de John Lennon y Tom Waits) era apenas el principio. Dos años después vendría el doble “Honestidad brutal”, y el 2000 el quíntuple “El salmón”, con 103 canciones.

Allí, en su departamento madrileño bautizado como Deep Camboya en referencia a “Apocalypse Now” entre teclados, computadores, guitarras, crisis personales semipúblicas, y un portaestudios en “Rec”, decidió grabar una canción por día, abandonando los discos y shows en vivo (ojo, que incluso Bob Dylan lo felicitó por su “Elvis está vivo”).

El músico estaba tan iluminado que en cualquier momento parecía que se autodestruiría. Grababa 10 temas seguidos, literalmente hasta desmayarse, y mientras la “Rolling Stone” española se preguntaba “¿dónde se esconde Andrés Calamaro?”, el “Salmón” continuaba sus aventuras en Buenos Aires. Cada amigo, periodista o fan que entró a su Vietnam particular regresó del edificio con un CDR copiado por él.

“Ir al rescate de esas grabaciones propiamente dichas es un proyecto permanente y que siempre progresa de una forma u otra”, dice. En esa época, recién los músicos de Los Auténticos Decadentes lo obligaron a darse cuenta que a muchos les extrañaban sus canciones, hasta que la Bersuit lo arrastró a cantar de nuevo a fines de 2004.

NERD DE BIBLIOTECA. Hace 20 años, mientras Calamaro esperaba a su chica bajo la lluvia como un perro en Los Abuelos de la Nada, Liniers quien paga sus cuentas como Ricardo Liniers Siri era un niño que lo escuchaba por la radio mientras dibujaba historietas inspirado en Mafalda, Tintin o Condorito (“hace poco me enteré que era chileno, cada tanto incluyo un plop! en mis dibujos”, dice).

Por eso lo puso tan contento la petición de Calamaro. “En una de esas era el verdadero músico. Por eso respondí con un dibujo, ¡para entusiasmarlo! ¡No vaya a ser que se arrepintiera!”. Cuando se juntaron, el autor de “Sin documentos” le mostró el disco, intercambiaron ideas y al final le dijo: “Tienes la libertad de hacer lo que quieras con el arte del disco”.

Tras colaborar con revistas universitarias y publicaciones under, Liniers comenzó el 99 con “Bonjour” en el suplemento No de “Página/12″. Tenía 26 años y le ofrecieron ese espacio a raíz de otras colaboraciones que hacía para ese periódico. “Daba vueltas por la redacción una vez a la semana, cuando entregaba mis trabajos, y me paró un editor y me preguntó si quería colaborar. Creo que hay que tener ese golpe de suerte, pero también debes hacer las tareas”.

“Bonjour” eran unas tiras en blanco y negro, con situaciones como un señor con sombrero que le dice a una señorita: “Yo aún soy virgen y me gustaría que mi primera experiencia sea con usted”. Ella lo mira y le dice: “Ay, las cosas que dice. ¡Es usted un gracioso…! Virgen, jaja”. “Sí, de lo más cómico”, dice él riendo también, hasta que ella se va y él se queda solo y triste.

La saga que incluía sus tradicionales pingüinos, ovejitas y “cameos” de artistas tenía ya todo lo que nos gusta de Liniers y que continuó en “Macanudo”. Primero, la ternura que desprenden los personajes (la vaca cinéfila, Z-25 el robot sensible, Enriqueta y el gato Fellini). Dos, las situaciones (como la del párrafo anterior). Tres, la construcción de un mundo a la manera de las películas de Wes Anderson o los discos de Belle and Sebastian: libros, cafés, plazas, animalitos, el centro de la ciudad. Cuatro, las reflexiones simples pero de alto vuelo en la tradición de Quino. Quinto, un principio de bondad.

Sí, porque cada tira de Liniers es una buena razón para no volvernos tan locos y pegarnos un tiro. O dicho de otro modo, leerlo provoca esa inédita emoción que nos impulsa a querer más a la gente y la vida. Como cuando Enriqueta se dedica a leer, correr y jugar todo el día con su gato Fellini y dice: “Otro sábado bien aprovechado”. O cuando Angie se golpea la cabeza y el conejo Liniers le dice: “Odio verte lastimada”.

“Hay que tener tiempo para dialogar con la infancia. Es una época increíble de la que sin embargo se tienen pocos recuerdos. Un estado muy puro y lúcido que me intriga, tal vez porque en esa época no tienes nada que defender y eres más tú mismo y eres directo, en lugar de andar disimulando”.

LA LENGUA FELIZ. Un hombrecito de sombrero camina digno y orgulloso. Su panza brilla como un sol. “Fue el primer dibujo que hice y a Andrés le encantó, se rió mucho”, explica Liniers. La canción se llama “Sexy & Barrigón”, y en una parte dice: “Soy una buena combinación de Homero Simpson y Rolling Stone”, mientras una voz de mujer gime el título.

- ¿Volvieron las guitarras eléctricas, Andrés?

-Yo toco unas cuantas, la única canción donde no hay otro guitarrista es ésta. La chica sexy es la computadora Apple de Cachorro López. Un poco de buen humor es necesario en el rock y la ironía es importante para las personas. Ese ritmo Motown es de los preferidos de Cachorro, que estaba determinado a incluir una canción así en el álbum. Suerte que se filtró un poco de espiritu Iggy Pop en el disco, de su groove personality. “La mitad de las olas” y “Sexy” tienen aires de este gran ninja de Detroit”.

La clave del disco es ésta. Porque aparte de la lectura “popular” en los ritmos o temáticas como la de “Comedor piquetero”, hay un sorprendente “rediseño de la felicidad”. Porque entre el disco de versiones “El cantante” (donde hacía suyos los versos de Héctor Lavoe: “Si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren”); su regreso a los escenarios (con bandas de lujo como Bersuit, Ariel Rot o Fito & Los Fitipaldis) y “El Palacio de las Flores” (a cuatro manos con Litto Nebbia), el planeta Calamaro jamás se había visto tan recién pintado como ahora. Y sin proponérselo, simplemente sucedió como todo lo bueno en la vida: los músicos de la Bersuit lo animaron a regresar a los escenarios, conoció a una buena chica en el lugar menos pensando y, claro, se le aparecieron las historietas de Liniers y sintió que las comprendía perfectamente.

Tan importante como el dibujante, el apoyo de Cachorro López fue clave para Calamaro. Su ex compañero en Los Abuelos de la Nada lo ayudó a rockear las armonías populares aprendidas con Litto Nebbia. “Sí que quise que el disco tenga meneo subtropical y guitarras de rock, me gusta la cumbia y la movida tropicuartetera y era mi deseo incluir esta variedad en un álbum”.

LA LENGUA POP. El disco que Calamaro envió a Liniers quien incluso “dibujó” las letras esconde una gran verdad desde su rockera apertura “Los chicos” hasta el cierre de “Mi Cobain”. Ambos recuperados de su época salvaje de principios de milenio coinciden en que lo esencial no es invisible, como decía el Principito, sino que llega gratis e incluso podemos tocarlo.

“Es verdad. Lo esencial es visible. Al menos todo lo que dibujo es lo que veo. Sería interesante una historieta donde se dijera eso. A mí me gustaba El Principito , pero como lo leí cuando niño. Después, más grande, descubrí un airecillo a metáfora new wave que no me gusta”, opina el dibujante.

Calamaro reconoce no ser ya el “viejo Andrés que no dormía más” en la aceleradísima “La mitad del amor”. En “De orgullo y de miedo” el dibujo es un paisaje otoñal abierto incluso reconoce: “Cualquiera se cansa de milongas/ y quiere querer y también ser querido/ Confieso haber vivido afuera del margen de la moral y lo permitido”. “Es la letra de un corazón cansado que se sorprende latiendo de nuevo por alguien. No siento a diario el peso de la culpa ni creo haber cometido demasiados errores imperdonables, aunque tampoco podría recordarlos todos”, dice el músico.

Porque Calamaro, más que rock, hace canciones, patenta estilos y aunque dice a LCD que le gustaría mucho poder dominar el lenguaje del jazz y de la gran música, “confieso haber surfeado sobre acordes sencillos para hacer y cantar mis canciones Asimismo, mi paleta de acordes no es tan escasa, pero ya formo parte de los autores que hacen muchas canciones con pocos tonos”.

Y si andas tropical e incluyes dibujos en tu disco, es señal que andas más contento que nunca.

Incluso pulió su discurso antiindustria de los años de “El salmón”: “”Yo lamento que la música popular no forme parte de las páginas culturales de los períodicos. Vivimos en un mundo corporativo, pero prefiero no internarme en un laberinto de paranoia y mantener la frialdad para seguir siendo un buen francotirador. Contra el MP3 no tengo nada, pero creo que la música local debería pagarse siempre que exista esa opción. La música importada propongo bajarla Hay tanto para conocer que no se puede comprar todo, pero nuestros discos sí, porque necesitamos ser dignos, seguir encontrándole sentido a grabar discos y vivir en castillos de arena”.

Para Calamaro, lo mejor que le ha pasado fue “volver a Buenos Aires y empezar a vivir de nuevo”, también dar recitales satánicos (como el que promete para el 9 de diciembre en el Espacio Riesco) y el respeto de sus colegas y el pueblo.

“Sí, mi vida es buena. Lo digo yo”, aunque advierte: “La felicidad, finalmente, es más frágil que la tristeza, por lo menos la de los humildes. Eso dicen las canciones”.

Liniers sigue trabajando en sus caricaturas. A veces, cuando sale con su chica (al igual que Calamaro está feliz de al fin estar con una buena nena a quien dibuja siempre), pinta sus caricaturas con café. “Es un lindo color”, dice.

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Las siete vidas de Litto Nebbia

Archivo Periodístico,Entrevistas 27 July 2007 | 0 Comments

La mítica banda argentina Los Gatos vuelven. A cuatro décadas de su canción “La Balsa”, aquella que fundó el rock argentino y lo convirtió en algo tan porteño como el tango. Y vienen a Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 27 de julio 2007.

Cuando el single La Balsa/Ayer Nomás atracó en las disquerías argentinas -exactamente hace 40 años- el rock aun no estaba completamente inventado. Los Beatles podían meter una orquesta sinfónica o Jimi Hendrix quemar una stratocaster (aun sonando) en el escenario. El factor sorpresa, tan natural en los sesentas, hacía que los ejecutivos de los sellos y promotores de shows hicieran negocios todavía mirando desde lejos. Por eso esta música era peligrosa. Y acá, en Sudamérica, se cantaba en inglés.

“Estábamos más complicados aun” -dice desde el teléfono Litto Nebbia compositor del histórico single- “Era una época de dictadura, censura y toda esa mierda. Algo difícil de imaginar para un muchacho de ahora. Entonces, si vos tocabas rock la policía te jodía. De verdad que era así”.

Nebbia tenía 19 años cuando con Los Gatos llegaron al número uno. “La Balsa”, la canción más importante de la del rock argentino tanto para músicos como Andrés Calamaro o Fito Paez como para la Rolling Stone y MTV. El tema fundacional, ese que fue ideado por Tanguito (el de la película Tango Feroz), aquel que dice “estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado/ tengo una idea, es la irme al lugar que yo más quiera/ me falta algo para ir/ pues caminando yo no puedo/ construiré una balsa/ y me iré a naufragar”

Y ahora, Los Gatos están de vuelta, celebrando sus cuatro décadas. “El 23 de agosto comenzaremos una gira tocando en el Gran Rex. Luego iremos al interior, para en el verano tocar en Uruguay, Bolivia y Chile. La fecha y el lugar aun no están confirmados, pero es seguro que iremos”, dice Nebbia. Yeah.

GATOS UNDERGROUND. Los Gatos protagonizaron la primera oleada de rock en Argentina. Esa que comenzó en Rosario con los Gatos Salvajes, donde tocaba el mismo Lito, y en Buenos Aires con los Beatnicks y su single “Rebelde” del 66. Ese mismo año, tras separarse de su banda Lito y el tecladista Ciro Fogliatta llegan a la capital y se sumerjen en la bohemia rocker (condeándose con Moris, Miguel Abuelo o el mismo Tanguito) los discos importados, las librerías abiertas hasta las dos de la mañana.

En esta efervencencia sesentera, era obvio que la actitud del rock and roll se encontrara con el viejo tango y se fueran de fiesta juntos.”Ambos, junto al folclore forman nuestra música popular. Si escuchas nuestros primeros discos verás que no sonabamos ingleses ni estadounidenses, había una cadencia local. El rock argentino ya tiene una discografía muy amplia y para las nuevas generaciones ocupa un calendario de recuerdos, tal como antes Gardel”.

Y es verdad: “Los Gatos” (1967), “Seremos Amigos” (1968) y su colección de singles (editados en Chile) son claves para entender el origen del rock trasandino. Primero, la nacionalización de la invasión británica y el pop estadounidense, agregándole, como si fuera lo más natural del mundo, una armonía tanguera o una progresión típica del bolero. Segundo, una melancolía que te aprieta la garganta pero camuflada en un sonido eléctrico, con el piano en primerísimo plano. Tercero, esas letras, repletas de fábulas y pequeñas historias protagonizadas por pajaritos, reyes o vagabundos.

“Es verdad, canciones como “El Niño y el Mar” o “El Rey Lloró”, nacieron para pasarnos la censura. Había que tener ingenio y picardía para crear esos pequeños cuentos”.

El mérito de Nebbia en Los Gatos no sólo fue escapar de la Oficina de Censura, sino también de eludir el metaforón inentendible, para escoger imágenes universales, casi bíblicas. Como “Viento Dile a la Lluvia” o “La Balsa”, que ahora puede interpretarse básicamente como la historia de un chico resistiendo a la Dictadura desde su pieza, en lugar de ampararse en la masa.

“El movimiento era muy underground aun. Yo no le doy mucha importancia al fenómeno de La Balsa, pero reconozco que fue el primer suceso en América Latina de un grupo argentino, donde se vendieron dos millones de discos y fue el puntapié inicial para otras bandas, armando un bloque”, piensa el músico.

ACTIVISTA DE LA CANCIÓN. En estos mismos momentos, Nebbia está ensayando con Los Gatos: Gaetano “Kay” Galifi (guitarras, regresa a Argentina, después de 30 años), Alfredo Coth (bajo), Rodolfo García y Daniel Columbres (que se turnarán para reemplazar a Oscar Moro, el fallecido batero) y Fogliatta (teclados). La banda ya tuvo un emotivo debut en Rosario ante 15 mil personas. Todo un éxito.

Pero Nebbia no sólo es una leyenda, sino también es un activista de la música popular argentina. Desde su sello/estudio de grabación Melopea edita rockeros, tangueros y músicos de folclore. También participó junto a su banda La Luz en “El Palacio de las Flores” de Andrés Calamaro. Algo que debería aprender acá, nuestra SCD que se dedica a cerrar blogs de mp3 y anunciar la condena eterna a quien se atreva incluso a bajar un disco descatalogado de la red.

“La gente piratea porque los discos son muy caros y la industria ha convertido las canciones en algo mecánico. La música más arriesgada, que se atreve a no está en la televisión. Pero salir a buscar, es trabajo tuyo, pero si te quedas terminarás solamente leyendo el bestseller o escuchando el ranking, sabiendo que se hacen toneladas de canciones interesantes en el mundo. Y lo terrible es que nadie las escuchará!”

Si le haces caso a Litto, el rock tal vez volvería a ser peligroso.

más info:

http://www.melopeadiscos.com.ar/

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Llegan las Pelo Lais, un fenómeno de Apumanque para arriba.

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 24 July 2007 | 0 Comments

Adolescentes ABC1 que sonríen. Es el nuevo hit del mundo fotolog. Rubias, delgadas, altas, sonrisas perfectas, genéticamente “pijas”. Un concepto que entró al “slang” nacional gracias a Nachito Larraín, de “Casado con hijos”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 24 de junio 2007.

“No huevón, no sé si esta mina me convenga”, le grita el flaco de polera “100% Vago” a su amigo. “Se cree Pelolais”. La ruidosa micro, una de esas que sólo se pintaron de verde para el Transantiago, se detiene en el Metro República. Suben tres niñas: pelo tijereteado, zapatillas de skate y parkas que si levantan el brazo se les ve la guata. Son las Pokemonas, como se autodenominan, que, a pesar del look punk californiano, bailan reguetón. Los miran de reojo. Hace mucho frío. La radio escupe rock latino decadente. “¿Y qué chucha es una pelolais?”. El chico las indica con el dedo y ellas se ponen coloradas: “Como esas Pokemonas, pero ABC 1”.

Es fin de semana, pero en el bus nadie sonríe. Tampoco hablan. Todos ellos se bajarán, correrán a sus respectivas casas, encenderán el computador y los hombrecitos del interfaz de Messenger danzarán mientras se inicia la sesión. ¿Dónde están los apocalípticos que declaraban que los malls eran las nuevas plazas del pueblo? Seguramente escribiendo que mutaron en fotologs, posteos y emoticones. En adolescentes expertos en Photoshop borrándose las espinillas o agregándose tetas. En gente que revisa lo que le escriben y se urge por los anónimos. Ese tipo de obviedades.

Las Pelolais son tribu urbana, como los Pokemones. Pero tribus atípicas. Tienen ámbito geográfico y tienen ideología, aunque ellas no lo sepan. Son también un cóctel molotov agitado por la moda, los realitys de MTV y fotolog punto com, que estalla en adjetivos de micro. O cuando Nacho, el pokemonesco protagonista de “Casado con hijos”, la utiliza. Y cuando eso pasa hay que analizarlo.

DE PELO BIEN LISO. Pelolais es básicamente un sitio de adolescentes buenas mozas. “Regias”, como les gusta decir. Su primera versión es de 2006 y aparece un angelical curso del Villa María. La idea es simple: una foto, los datos de la chica de pelo liso (de ahí viene el “lais”) y que la gente postee. “Se le ocurrió a un grupo de amigas un verano, la idea era crear un fotolog de amigas, algo típico. Y así, a la rápida, se les ocurrió el nombre Pelolais. De a poco, la gente comenzó a mandar fotos y tincó harto la idea”, explica Catalina (18 años, estudiante), una de las administradoras. Fue el 2006.

En el post del 16 de febrero, textual: “Según nosotras pelo lais: mina producida, PELO LISO (pero no sólo eso), que no tenga pinta de chana, la típica que se arregla ene el pelo/peinao, NO ES LA MINA TÍPICA DE PELO LISO pk hasta mi nana sería… y no lo digo con ofender… pa’ eso toas las d pelo liso son pelo laiss?? NOOOOOOOOOOOOOO!”. ¿Chanas? “La idea es subir el prototipo de mina Pelolais. A mi parecer, es una mina con pelo largo liso bien cuidado, como natural. Clase media alta”, dice Catalina.

La idea prendió, como decía ella. Mucho collage de alumnas del Maissonete o Mayflower. Sonrisa perfecta. Playa. Apellidos vinosos. Buen calefón. De vez en cuando, alguna de comunas más aspiracionales que “lo logra”.

En países como Argentina, donde el concepto fashion no produce culpas, existen espontáneos fotologs de nenas modelando creaciones de marcas top de allá, tipo Ay Not Dead o Rapsodia. Chasquillas, suéter, traseros. Ellas exudan seguridad. Acá las niñas son más recatadas. Como portada revista “Tú”, que no por casualidad tiene fotolog y está en los ff de las Pelolais.

“O sea, de partida como que causa más furor en los hombres, que ven a estas niñas lindas como ‘cuiquitas’. Lo segundo es que las niñas que subimos pasan a ser más conocidas y se empiezan a pasar el dato del fotolog entre ellas. Ya llegamos a tener más de 15 mil reverse, o sea gente que nos tiene en sus favoritos”.

LAS CUICAS DE LA CIUDAD. Hay un videoclip de un chico fantasma que camina por Madrid cantándole a las “pijas” –cuicas de allá– que, evidentemente, no se dan cuenta que existe: “Van rompiendo corazones/ en sus coches de tres millones/ No entiendo quien se resista/ a su sonrisa de dentista/ Te lo cambio por amor/ te lo cambio/ el dinero que tu padre te dejó”. La canción se llama “Yo adoro a las pijas de mi ciudad”, es de los indies La Costa Brava y está en Youtube. Sería el videoclip ideal Pelolais.

“Las Pelolais tienen tanto poder y seguridad aparente que no necesitan compararse ni pelear con nadie”, explica Martín (23 años, estudiante de Periodismo y reputado blogger indiepop). Él es alto, castaño y de “barrio alto”. El perfil novio-Pelolais. De hecho, ha salido con algunas y sabe del tema. “El 99% no tiene idea de lo que es un Pokemon. No les interesa ese mundo. Su enemigo número uno es el chulismo. Y yo creo que no van al Parque Arauco ni a Provi, como sale en algunas partes. Van a la fiesta de un huevón mino y bailan indiepop”.

Pero si algo ofende a Pelolais es cuando llegan algunos anónimos escandalizados acusándolas de clasistas. O racistas. Los mismos que, paradójicamente, se reían con la campaña “pitéate un flaite” o se van a reír con el nuevo y explícito fotolog Solo_Flaites (los anteriores han sido cerrados por la empresa). Luca Prodán, el desafortunado líder de Sumo, explicó en una entrevista que “La rubia tarada” es la historia de las rubias y los “negros” que se la quieren coger y no pueden. “La venganza es ésa: decirles taradas, porque hay más fantasías sexuales que sexualidad, porque se hacen la película, se masturban con esa rubia, se la violan en la cabeza, pero saben que nunca, nunca, la van a coger. Esa agresión está reflejada en el tema”. Interesante. En sitios como el célebre Porlaputa.com el Doctor Phaser escribe: “Según un conocido foro son ‘las típicas pendejas cuicas, súper rikas, que tienen esa onda de ser súper tontas pero son las bakanes de su colegio”. ¿Entendido? Catalina responde: “O sea, es gente resentida. Yo creo o q le da lata ver q se suba fotos de gente como linda. A estas alturas, nadie se hace atado por los comentarios. Si ya llegamos hasta a aparecer en ‘Casado con hijos’. Siempre nombran Pelolais”.

“Las odian no sólo porque tienen plata, sino por un componente genético que las hace ser distintas. Poca pechuga, caderas anchas, pelo castaño claro a rubio. Todo lo que es vasco, ¿me entiendes?”, explica Martín. Los vascos, con sus apellidos vinosos y muchas erres entremedio, el ADN de la clase alta nacional y mucho más sofisticados que en España, donde tienen fama de “brutos”, ¿los culpables de todo?

RESENTIDOS SON. Pero las Pelolais no tienen la culpa de nada. Su renovado sitio (www.fotolog.com/pelo_lais2) y la red de fotologs que lo componen (Chillan Top, Legalmente Rubias. Tu Corbatín. Interescolar, Versus Top) están activos y rebosantes de posteos. La radio virtual FM Box ha sido la gran responsable de agruparlos. Las hicieron gold member de fotolog (cinco fotos al día y 200 posteos permitidos, a diferencia de la única foto y 20 posteos del fotolog normal) y ellas, a su vez, promocionaron la página. Todo un modelo de negocios.

“Hay que reconocer que las imágenes son muy ABC1, pero ahí está su gracia”, piensa Max Valdés, uno de los capos de FM Box. “Además, también la gente odia a los Pokemones y los descuartizan”.

Y es curioso que un país tercero en el mundo en fotologs por persona sea tan odioso en lugar de receptivo. Aunque claro, las chicas Pelolais no quisieron hablar (“Yo soy la más Pelolais de todas”, dijo una, y luego: “¿Y por qué querís saber de la página? Yo no pienso hablar”). Otra dijo que le cargaba que el periodista la etiquetara como lais, aunque haya subido una foto a la página.

“Yo voy en una universidad cuica. Y te lo digo claramente: hay muchas lais. Y sólo hablan entre ellas. No les importan los demás. Y si van a hacer mediaguas es porque las lleva el pololo”, dice Cristóbal (22 años, blogger y polemista).

Catalina dice que ni ella ni sus amigas se consideran cuicas. De hecho, les molesta que les digan lais. “Catalogarlas como lais lleva consigo una carga de cuicas, de niñitas mimadas encerradas en un círculo, llenas de plata… pero no siempre es así. Es el logo que nos ha puesto la gente que entra al fotolog e insulta sin conocer”.

CACHA, UNA PELOLAIS. ¿Por qué usan la palabra resentido para defenderse? Según los documentales tipo “La batalla de Chile”, era el comodín usado por sus abuelos en 1969 cuando peleaban con los “upelientos”. Palabrita defensiva que sus papás aprendieron, remanente de los tiempos que se jugaba a la lucha de clases. Cuando nadie imaginaba el horror que vendría después.

Y después de todo, Pelolais no es más que eso: un fotolog. Claro, agrupar es reducir. Y las chicas, siempre sonrientes, en la playa o en sus casas de rejas altas, pueden parecerles iguales a algún visitante que puede ser el verdadero clasista. Ellas no son culpables de nada, hasta que se demuestre lo contrario. Aunque… ¿es necesario usar la palabra “chano”?. “Cacha, loco, una Pelolais”, le dice el amigo al 100% vago. En el Apumanque, un grupo de chicas de pelo liso, altas y delgadísimas, espera taxi. Es temprano aún y en vez de estar conectadas a Internet están conociendo el lado “cuico de la ciudad”. Las mismas pijas de la ciudad, inalcanzables y modelos aspiracionales de la chica que lo persigue (según él), sonríen y mueven las manos. No eran un invento de Internet, entonces.

¿Y qué pasa si son simpáticas? ¿De qué se les podría conversar? ¿Mirarán feo la polera 100% vago? ¿Como serán los almuerzos con los papás? ¿Por qué están siempre felices?, piensa, mientras la micro sigue de largo hacia el Pelolaisland. “Es que Santiago es una ciudad ridículamente segregada”, le dice a su amigo. Y se quedan callados esperando que la carga de la bip! alcance para el viaje de vuelta.

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D.A. Pennebaker, el hombre que registró al mejor Dylan

Archivo Periodístico,Cine,La Nación Domingo,Perfiles 3 June 2007 | 0 Comments

A una semana del primer tributo criollo a Bob, conozca al hombre que giró con el músico en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 3 de junio 2007.

Un teléfono suena en Nueva York

-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

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Seguimos a Tom Waits en Buenos Aires

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Música,Perfiles,Reportajes,Rock 29 April 2007 | 0 Comments

Tom Waits está vivo y pasó por Buenos Aires, en el marco del reciente festival de cine independiente. Habló de películas y canciones, respondió preguntas y claro, aporreó el piano ante un auditorio en pleno orgasmo. Después fue a ver a jóvenes tangueros, un partido de futbol y una secreta inspección de locales porteños donde tocar.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 29 de abril 2007.

BARRERAS PAPALES en plena Avenida Corrientes. Es sábado por la noche, hace demasiado calor y los transeuntes abandonan su rutina de cafés-librerías-teatro para contemplar a la multitud apretujada frente al Teatro Presidente Alvear. Hay guardias y una pantalla gigante también. “Venite pronto, che. Tom Waits dará una conferencia y dicen que también va a tocar!. Pero no nos dejan entrar sin invitación, la puta que los parió” grita un flaco de barba por su celular.

Suspenso. Una van se estaciona. Se abren las barreras y ante la incredulidad de los fans -que hasta levantan carteles ofreciendo dinero para conseguir la puta invitación- el mismísmo Waits se baja, levanta la mano derecha y saluda amablemente, sin quitarse su mítico sombrero. Saltan los celulares y cámaras digitales.

Es que su llegada a esta clase magistral organizada por el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires debía ser inmortalizada. Sobretodo, sabiendo que el músico es famoso por no dar entrevistas ni salir de giras “prefiero pasármela en la casa con mi esposa”. Después de todo tiene 59 y hace rato que abandonó la mala vida.

Adentro se encienden las luces (sorpresa! hay un piano!). Afuera, todos los ojos son para las pantalla gigante. Los periodistas encargados de conducir la entrevista lo saludan. Y él les dice a un auditorio ya entregado: “Hola!”. Gritos. Aplausos. Silencio.

PAPÁ DE LEJOS. Antes -aunque cueste creerlo- nadie queria a Tom Waits. Ni siquiera él mismo. Ya a los 18 era un viejo que daba tumbos por Los Angeles, con una petaca de whisky y su voz de monstruo, buscando cualquier antro abierto y equipado con piano. Eran los sesentas y como fugado de una novela de Bukowsky, trazaba un plan para completar el puzzle dejado por el padre ausente -abandonó su hogar hacía siete años- precisamente siendo como él.

“Mi padre era pura Rebeldía por partida doble”, confesaría el músico a la revista Mojo el 2004, recordando a este cantante y viejo bohemio llamado Jessie Frank, en honor a los bandidos Jessie y Frank James. ÉL le enseñó en guitarra las canciones de Woodie Guthrie, Harry Belafonte y corridos mexicanos. En los restaurants, cada vez que cruzaban la frontera, papá Waits pedía a los mariachis que por favor fueran a cantar a la mesa. Al final, la familia regresaba al hotel, mientras Jessie seguía cantando con ellos, regresando con los pajaritos, después de dormir en las colinas, mirando las luces de la ciudad y tomando tequila.

Entonces, el adolescente Tom convirtió a Louis Armstrong, Nat King Cole o Howlin`Wolf en sus figuras paternas. Los Beatles, que estaban en plena efervecencia, pasaron de largo. Su único contacto con la “contracultura” fue al dispararle casualmente a un amigo mientras practicaban puntería. En el hospital fue a visitarlo un primo hippie e intrigado, decidió partir a la cercana San Francisco, cuna del “verano del amor”. Terminó más interesado en la célebre librería City Lights y los cafés que en los recitales de Jefferson Airplane. Tom Waits ya era el vivo retrato de su padre.

Pero algun error habrá cometido en su destilada búsqueda paterna que, tras canciones, borracheras, vagundeo y la edición de “Closing Time” (1973) su sorprendente debut, fue adoptado por Frank Zappa para telonear sus shows. Y ahora lo cuenta entusiasmado entusiasmado dejando las bromillas al enciclopedismo de los entrevistadores -mientras le tiran datos duros él respondía “eh, si” o “eh, no”- y entregándose él a su público que le seguía la corriente.

ÉCHALE LA CULPA A FRANK ZAPPA.“Era una experiencia religiosa. Como si me tiraran a los leones. La primera noche inventaron un cantito para pifearme diciéndome que era malísimo. Creo que Zappa me estaba usando como termómetro rectal, claro que no en el sentido literal, jaja, sino para medir la temperatura del público, gente muy melómana. Cuando terminaba él me preguntaba “hey, Tom, como está la gente hoy”. Era una situación tristísima, pero pensaba: el show bussines es así y estoy pagando el piso. Así desarrollé un gran sentido del humor”- dice moviendo las manos.

Envalentonado por la experiencia, siguió dándole al trago y a la redacción cancionera. Sus ambientes aguardentosos, donde se desenvuelven texturas swingeras y blues, vientos, pianos maltratados, espesos riffs e historias degeneradas fueron un impacto al corazón de la industria de la cultura. Porque para entender a Waits no puedes poner sus discos mientras haces el aseo o comes con amigos: debes ensimismarte. Y como esto es casi un antónimo de la música pop, hasta el día de hoy Waits es acusado de sobrevalorado. O de todo lo contrario. Pero esto no es el planeta Arctic Monkey, esta banda británica que te ofrecen con la excusa de “haber tenido el disco de debut más vendido de la historia. Afortunadamente.

“A todos nos gustan las canciones” -dice, con esa voz que tiene- “Lo importante es que a ellas les gustes tú. Por eso debes coquetearles, hacerte el interesante, para que se queden contigo. Pero es un lío mantenerte atractivo todo el tiempo para que no nos abandonen. Hay que seducirlas, pero no sé si lo he aprendido, a pesar de los años. Uno no debería tenerse tanta confianza”.

MÚSICA PARA LOS OJOS. Waits dice que aunque le guste mucho trabajar en cine no se considera actor y reconoce que “las películas son caras y difíciles de hacer”. Fue camarero en “La Ley de la Calle” de Coppola, colaboró con Godard, estuvo en “Vidas Cruzadas” del finado Altman, se hizo amigo de Roberto “La Vida es Bella” Benigni y Jim Jarmush. ¿Cómo olvidarlo filosofando con Iggy Pop en “Coffe & Cigarrettes”?

“Si no te gusta tanto tu papel, pero aceptas trabajar igual, te aseguro que a la mitad de la grabación ya te quieres matar. Es como una relación de pareja: algo infernal puede salir en el camino. Hubo películas en que me dije: No puedo decir esta frase. No es graciosa. Y no va a ser graciosa porque yo lo diga”.

Su fuerte, claro, son las canciones para bandas sonoras: “One From The Heart” (del mismo Francis Ford), “Una noche en la tierra”, “Fight Club”, “12 Monos”, “La Tormenta Perfecta”, “Shrek 2″. Siempre con el inconfundible swing de sus manos sobre el piano. Mientras, paralelamente sacaba discazos como “Rain Dogs” (1985), “Bone Machine” (1992) o “Real Gone” (2004). “A veces quieren que mejores y salves una película con una canción. Y eso no se puede. Aunque a veces una canción puede iluminar un filme, pero no sé las leyes para lograr ese efecto”.

WAITS PORTEÑO. Fueron las profundidades de los ochentas -entre la cirrosis, los amigos y los proyectos cinematográficos- el peaje donde finalmente Waits se convirtió en hombre. En esos años abandonó el alcohol -que jamás interrumpió su actividad compositiva-, reconoció que también le gustaban los Rolling Stones y formó una familia.”Mi hijo es el baterista de mi banda y se queja que le pago poco”, confesó.

De su padre quedó el amor por la tradición músical estadounidense y la voz -”Desde niño que usaba bastón y trataba de hablar ronco como los adultos”. Pero el camino que trazó en su adolescencia al piano de clubs de mala muerte californianos ya es otro.

Por eso ahora ahora lo vemos con cara de enojado -Bob Dylan es un viejito gagá al lado de él- , impecablemente vestido -los Strokes y Franz Ferdinand quedan en ridículo-, arriesgandose a grabar discos triples para el pequeño sello independiente Anti, como si volviera a tener 17 y cerrando la Master Class -que al final se convirtió en un emocionante monólogo con preguntas- aporreando el piano para tocar “You Can Never Hold Back Springs” y “Tom Trambeurt`s Blues”

Después del show, antes que el público -con gusto a poco, obviamente- recuperara la respiración tomó la van y se fue a cenar con el medíatico gobernador de la ciudad Jorge Telerman, alguien dateó a Waits para ver a la Orquesta Típica Fernandez Fierro unos jovenes tangueros con look rocker que estuvieron recientemente en Chile. El domingo partió a Liniers a ver el partido Vélez/Boca

Lo que nadie supo fue sobre su tour un tour secreto por los teatros porteños como El Gran Rex buscando un local donde hacer algun show, emocionado por la devoción argentina. El Luna Park le pareció horrible.

“Uno hace las canciones cuando ellas desean que lo hagas. ¿Desaprovecharás el momento? Si lo haces, al final te enojas mucho, porque después termina escribiendolas Bruce Springsteen. No me pasó, pero nadie está libre”

PARA ESCUCHAR A TOM WAITS.

Closing Time. 1973.

Su debut. El equivalente a una larga noche en una taberna, atendida por un Waits pianista, rudo y confidente. Sorprende su voz ronquísima que con el tiempo iría volviéndose prácticamente death metal (pero con neuronas). Jazz, Rithlim and blues y una canción que fue versionada por Tim Buckley ese mismo año: “Martha”.

Small Change. 1976.

Disco que potenciado por su evolución poética que fue muy popular en pleno advenimiento punk. “Step Right Out” o el mismo “Tom Traubert Blues”. Piano, bohemia y sobria ebriedad. Mucho piano y saxofón para ambientes sórdidos.

Rain Dogs. 1985.

Una tapa que cruza perfecto el London Calling con cualquiera de los Smiths. Y como el mensaje se vuelve más poderoso con los contrastes, acá no hay nada de punk ni de jangle londinense. Acá hay rock primal, con instrumentos como el trombón, la marimba y el banjo, pero con unas guitarras espesas tapándolo todo en función de canciones como el hit “Downtown Rain” o “Big Black Mariah” con su adorado Keith Richards en guitarras.

Bone Machine. 1992.

Un disco bruto que jamás será un hit, pero como bien señalaba la revista Mojo: “marca un punto aparte en su carrera”. Rock and roll de ultratumba, voces que asustan y pulsiones africanas. El ADN del sonido negro, reactualizado en un disco/juego que al parecer dejó muy contento a su autor y a nosotros nos sirve para disfrutarlo y sobretodo conocer los límites creativos del viejo Waits.


Orphans. 2007.

Su último e impresionante disco triple. “Orphans: Brawlers, Bawlers And Bastards” (“Huérfanos: Alborotadores, Gritones y Bastardos” ¿un guiño a las novelas de Soriano?) Una eléctrica y poderosa colección de versiones de rockabilly, country, blues y folk (eso que llaman “Americana”), tan buena como manejar un cadillac por las míticas carreteras yanquis con un grupo de forajidos. Es cosa de escuchar “The Return of Jackie and Lucy” o “Low Down” (con ese sonido de guitarras al máximo y baterías machacantes pero en un estudio de los años cincuentas) para caer rendidos ante este viaje a la semilla.

CONOCERLO ES AMARLO
SIETE COSAS QUE HAY QUE SABER DE TOM WAITS.

7. A pesar de ser amigos con el cineasta Jim Jarmush estuvieron a punto de irse a los golpes. Según Waits, Jarmush estaba poniendo demasiado de su cosecha y la obra en rigor era un clip promocional “Me dijo: ‘Mira, no es tu película. Es una promo para mi canción’ (…) Recuerdo que lo encerré fuera, en el párking, y él aporreaba la puerta y gritaba ‘Jim! Voy a encolarte la cabeza a la pared!’ No pegó mi cabeza en la pared. Pero es verdad que en realidad los videoclips no son películas mías, son películas para una canción. Hace mucho que aprendí esto”.

6. Colaboró Junto al escritor William Burroughs colaboraron en una obra musical (“operística humorística”)The Black Rider. “Hablaba todo el tiempo de reptiles, armas e insectos. Si le conversabas de eso, le caías bien”, dijo Waits.

5. Keith Richards participó en la sesiones de Rain Dogs, aunque Waits se confesó incapaz de seguirle su ritmo tóxico. A propósito de las declaraciones del Stone, diciendo que jaló las cenizas de su padre, Waits dice “Bueno, no puedo opinar de eso. Total, eran las cenizas de “su” padre, no del mío”.

4. Los Ramones versionaron “I don’t wanna grow up” como último single en 1995. Waits les devuelve la mano y grabó en su último álbum “The return of Jackie and Judy”.

3.”¿Que pasará arriba”? le preguntó Waits a Martin Perez (editor de Radar de Pagina 12 y uno de los engargados de conducir la entrevista). “Este teatro está lleno de gente que no sabe inglés. pero sabe las letras de todas tus canciones, lo que sea que hagas va a estar bien”, le respondió, pero el músico no se convencía. “Me sorprendió lo nervioso que estaba, al punto que necesitó usarnos a nosotros, los que lo entrevistamos para tranquilizarse” -confidencia Martin- “Como artista, es un sobreviviente de las guerras de los setentas, el que más se dedicó al alcohol. Y realmente es uno de los mejores letristas desde Johnny Mercer, algo que nadie podría negar después de escuchar Orphans, el disco triple de baladas que recién editó”.

2. Joaquin Sabina: “Yo quería ser como Tom Waits, sabiendo que si hubiese nacido en España jamás hubiese encontrado disquera. Waits también es rock and roll”

1. Medio en broma, medio en serio Waits señaló: “Buenos Aires me facina. Estuve en el cementerio, una tienda de mascotas y un conscesionario de autos”.

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Suicide Girls

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 22 April 2007 | 0 Comments

Suicide Girls es un punto de referencia para entender el nuevo erotismo en la web y la contracultura. Mientras las siliconas van en retirada, las chicas punk se toman fotos desnudas sin ganas de satisfacer el onanismo masculino.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 22 de abril 2007.

Paulina tiene 17, quiere estudiar Historia, la chasquilla le tapa los ojos, vive en La Florida y hay tardes, cuando sus padres están trabajando, que se quita el jumper, los sostenes, los calzones y empieza a tomarse fotos con su cámara digital. Antes que regresen, las sesiones se autodestruirán o quedarán en su flickr (fotolog) como “privados”. Es decir, sólo ella podrá revisar sus instantáneas, más cercanas a la ingenuidad de las pin ups de los ’50 que al erotismo desatado de una tapa de “Maxim” o “FHM”, “revistas para pajeros”, dice.

En su viejo Pentium 3 tiene grabada solamente una web: Suicide Girls. “Esto no es pornografía, tampoco un jueguito para que a los hombres se les pare”, dice mientras se carga la dirección. “Yo, feliz mandaría mis fotos. Pero si no he sido capaz de contarle a mi madre que tuve polola. No quiero pensar cómo le explicaría si se encontrara conmigo, mis piercings y en pelota en una página web gringa. Pensará que soy una perra”, dice riéndose y mirando para abajo.

Las chicas de la coqueta y rosada página web que se cargó al fin se parecen muchísimo a Paulina.

Su plan cuando cumpla 18 es ser una de las chilenas que aparecen ahí.

FURIOSAS. En su novela “Fight Club” (que inspiró la famosa película con Brad Pitt), Chuck Palahniuk definió como “suicide girls” a las adolescentes agresivas e independientes, que “lloran con el pelo mojado en las cabinas telefónicas”, pero que jamás te llamarán porque ellas no necesitan a nadie.

Las dos palabritas que encerraban el concepto le encantaron a Missy Suicide (Selena Mooney), una de las fundadoras del website, quien explica en la misma página que ella y sus amigos de Portland llamaban así a las chicas “(…) con sus tablas de skate, polerones con capucha, escuchando Ice Cube en sus iPods, mientras leen un libro de Nick Cave (…), que no encajan en ninguna subcultura ni se basan en sus gustos musicales para definirse”. También dice que si hubiese sabido hasta dónde llegaría, el título se lo pensaría mejor.

Suicide Girls (SG), que comenzó el 2001 como una red de fotologs de chicas malas desnudas, es ahora todo un hito mediático y contracultural en Estados Unidos. De hecho, hay artículos en la “Rolling Stone” o “New Yorker”, elogiosas notas en fanzines y suplementos de espectáculos que lo calificaban como “la revolución total”. Un megaportal de pago con publicidad y que promociona películas como “Short Bus” (la neoyorquina película con sexo explícito, estrella del Festival del Cine Independiente de Buenos Aires) o entrevistan a escritores como el mismo Palahniuk (“cuando las conocí parecía que hubiesen salido del libro y cobraran vida”, dijo). Incluso han sido perseguidos por el Departamento de Justicia de EEUU, que califica de obscenas sus imágenes fetichistas o con armas.

¿La consolidación del erotismo alternativo vía Internet? ¿El fin de las modelos descerebradas y siempre listas para una felación? Sin duda, el éxito de SG sincroniza con la hiperventilada muerte de Anna Nicole Smith y la decadencia de la era “Playboy” con sus videos, publicaciones y siliconas. La página fue pionera en proponer en Internet el fin de la desnudez como objeto masturbatorio o descafeinadamente artístico, para posicionar a una chica veinteañera furiosa, con look punk/alternativo y mucha actitud, demostrándolo en su correspondiente blog y perfil especificando sus gustos musicales o literarios. Ahora, las chicas desnudas leen, escuchan punk y se parecen a tu compañera despierta de la universidad. Yeah.

ROMPIENDO ESTÁNDARES CARTUCHONES. “El erotismo propuesto por SG ha abierto la mente de la sociedad, para ser aceptado por ésta”, explica Sunna (25 años, fotógrafa, pelo rojo furioso), una de las siete chilenas inscritas en la página hasta el momento. “En lugar de abordar la pornografía, SG va ligado a la estética. Si quieres ver porno hay miles de sitios gratuitos circulando en Internet. No te vas a SG a buscar chicas siliconadas, en posiciones bastante incómodas y con las inconfundibles caras de lascivia”.

Ella modela desde el 2005, cuando no era tan masivo. “A mucho orgullo debo decir que soy la segunda SG made in Chile. En esa época los estándares eran distintos, para postular te pedían una serie de papeles, contratos de por medio, etc. Era engorroso y confuso, ya que no había a quién preguntar ‘oye, y qué escribo aquí’, mientras que ahora hay bastante gente de habla hispana en el sitio”.

Cuando su set de fotos fue aprobado sintió que pasó la prueba autoimpuesta: “Superar trancas internas que me limitaban constantemente a ser libre, y sentirme cómoda conmigo misma y mi cuerpo, y por qué no, romper los estándares de chilena cartuchona y fome”.

Sunna es simpática, tal vez porque las SG toman la estética pin up tipo Bettie Page (de por sí alegre y relajada) y la pervierten a descargas de punk rock, y la ética “do it yourself” (hazlo tú misma) con la que las bandas renunciaban al estrellato para asumirse como personas comunes al público. Ella, que también quería ser rockera (su mamá no la dejó ir a Faith No More el ’95, cuando tenía 13), no se extraña que en la mayoría de las producciones fotográficas con desnudos las mujeres queden como taradas. Sin embargo, cree que las nuevas generaciones son distintas, mucho más libres.

“Es súper cotidiano ver parejas del mismo sexo caminando de la mano por el parque, es un tema que se toca en la mesa y antes no se hacía, aunque no creo que este boom liberal tenga relación con el Gobierno, es más bien una cuestión generacional. El Gobierno; no lo hace Bachelet, lo hacemos los chilenos”.

–¿Y tus amigos y conocidos qué dicen?

–¡Fuerte lo tuyo!, jajaja, ¡en serio! No suelo hablar del tema abiertamente ni mando mi link. Hay que tener mucho cuidado para abordar el tema. No siempre vas a escuchar un “¡huy, la raja!, te felicito por ello”. Muchas veces, la gente es malintencionada, o simplemente no concibe la idea como algo sano. A los pololos no suele hacerles mucha gracia que seas SG. Se ve súper seguido que chicas tengan dramas por ello. Tengo la gran suerte de tener un pololo que me entiende y apoya ciento por ciento, al extremo que se ha vuelto mi fotógrafo y está súper comprometido con la causa.

A Sunna le interesa que sus fotos tengan identidad. “Estamos hablando de más de mil chicas que actualmente modelamos para la página y, obviamente, no soy la única con pelo rojo y tatuajes”. También le hace set a otras niñas que quieren ser SG. “En ese sentido es más curioso. Mis conocidos dicen que tengo la mejor pega del mundo porque fotografío chicas guapas desnudas. Más de unos cuantos me han ofrecido ayuda como asistentes de iluminación o roadies”.

NUNCA PORNO ALTERNATIVO. La idea de mezclar el erotismo con la cultura pop, o de conectar un desnudo hacia “otros campos de pensamiento”, ha tenido éxito en los blogs eróticos españoles, como Orgasmatrix, donde se pueden ver las últimas aventuras de una actriz porno veinteañera al mismo tiempo que unos links a viejos recitales de los Misfits. O de un sitio como Beautiful Agony, donde una cámara graba los rostros de chicos y chicas mientras se masturban.

Una suicide girl puede que sonría con la idea, pero terminaría rechazándola: lo suyo no es una celebración del sexo, es una integración de lo erótico y lo rock o punk o alternativo o como quieran llamarle.

La “mala intención” que advierte Sunna tiene que ver con la peligrosa aproximación de SG al mundo de la pornografía en Internet, más por un asunto formal: página privada de desnudos más que de contenido.

Porque no sólo la industria discográfica sufrió la avalancha Internet. La diferencia es que mientras los sellos iniciaron una ridícula caza de brujas –apoyada entre líneas por la mismísima revista “Rolling Stone”– contra cualquiera que se baje un MP3, la pornografía abrió sus archivos audiovisuales en la red para goce de millones de personas que mantienen el tema “sexo” en aproximadamente un 56%, según worldtraker.com.

El negocio, con un campo de especialización infinito (japonesas vestidas de colegialas que se besan entre ellas, europeas del Este con lentes que lo hacen con viejos ucranianos, tríos multiétnicos en buses por Brasil), al menos en Estados Unidos repetía el patrón “Playboy”/“Hustler”. Rubias siliconadas, primeros planos vaginales y sexo machista, ante la desesperación del visitante, exige usar la tarjeta de crédito para ver (y en mejor resolución) lo que ya se muestra explícitamente.

Usando esta misma regla industrial, SG exige pagar cuatro dólares al mes para ver los sets y pertenecer a la comunidad, las modelos están contratadas, funcionando todo como una gran empresa independiente, en contraposición al “mainstream”, que recibió el golpe y lanzó chicas como Ariel Rebel. Esta guapa veinteañera de rasgos orientales muestra su vagina mientras escucha música con audífonos. También hay otros sitios más oscuros donde jovencitas perdidas se masturban con símbolos religiosos o le succionan no precisamente el cuello a los pobres chicos modelos. Pero una suicide girl moriría antes que exhibirse así, lo suyo es más fino y definitivamente más “pin up, tatuado, gótico”, como se definen en la página. De hecho, el acto sexual o los primeros planos vaginales están prohibidos en su web.

LA FOTÓGRAFA OFICIAL. Anémona (Aka Gricel, 23 años) es fotógrafa oficial de SG para Chile. Llegó a la página por un link que salía en un fotolog que revisaba al azar. “Me encantó el concepto, eso de chicas con tattoos, pelos pintados y piercings que no tienen miedo a mostrarse tal como son”. Con Nefis –una amiga– enviaron un set y recibió un mail de vuelta donde estaban interesados en su trabajo, y que al no tener fotógrafo oficial en Chile necesitaban uno.

Finalmente fue confirmada en el cargo y trabaja con las chilenas –entre todas se conocen– y a las fotos les imprime el logo SG con el rostro de la actriz Sam Doumit. “La regla para ser fotógrafo oficial en SG es tener más de tres sets aceptados. A mitad de marzo me nombraron fotógrafa oficial de Chile, y hasta la fecha llevo siete sets aprobados”, explica.

Una de las gracias de SG es que ellos no buscan modelos, las modelos buscan la página.

Paulina revisa las entrevistas y mira las fotos. Les caen bien estas niñas, pero le da vergüenza contactarlas. “Me gustaría conversar con mi madre y que no se espante. Ahora salgo con un niño, pero quedé mal por la otra minoca. Jaja. Sólo quiero tener 18 y, aparte de inscribirme en el registro electoral, quiero probar con un set de fotos para Suicide Girls. En una de esas me hago famosa. O conozco a alguna chica como yo. No creo que sea pecado. ¿Y tú?”.

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Generación Pokemon o el reportaje que inició todo.

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 11 February 2007 | 0 Comments

Los carretes de dos de la tarde son un fenómeno más complejo que el mostrado en el paparazeo de “La Cuarta” que escandalizó a las madres. Ésa es la punta del iceberg. Se trata del recreo de una generación que mezcla el look hardcore punk con el reggaeton. Que se photoshopea para conseguir citas vía fotologs y que se cita en MSN, mientras sus padres ven tele. Acá habla Makakatoons, los cronistas musicales de la movida, algunos productores de las fiestas y los adolescentes.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 11 de febrero 2007.

Santiago arde y dan ganas de golpear a Pedro de Valdivia por no fundar la ciudad frente al Pacífico. Saliendo de la flamante estación de Metro Quiyalles de Puente Alto, el sol de las 16 horas es una lupa que achicharra obreros, alumnos en práctica, carabineros, mamás con bolsas del Líder y vendedores de mote con huesillo. Todos calcinados, menos el pelotón de adolescentes que está siendo empapado por un camión a la entrada de Lola Lola Discotheque. Chicos, muy chicos, de 12, 13, hasta 17 años. Son los hardcoritos. O “pokémones”, aunque ni ellos mismos pueden precisar el origen del nombre. Tal vez por la insólita mezcla del look hardcore/punk procesado por MTV (piercings, zapatillas de skate, Simple Plan, la primera Avril Lavigne), con raros peinados japanimation y actitud reggaeton-boy, herencia de demasiadas horas frente a “Mekano” y “Rojo”.

Son los mismos que pasaban las noches de “revolución pingüino” bailando reggaeton.

“Es que después del colegio evolucionan. Se vuelven distintos. Súper locos. Eso pasa”, dice Tania Roque (16). Ella algo sabe del tema, porque dispara cientos de fotologs interconectados para ilustrar el asunto. Quinceañeras en peto fotografiadas desde arriba, niños con “chocopanda” a torso desnudo, grupos de amigos anunciando lo bien que la pasarán a la noche, niñas pidiendo perdón a la amiga por lo que hicieron, “desnudos artísticos” y anuncios de fiestas que prometen ser “tu vía de escape” o el lugar mítico donde “estallarán tus neuronas”.

MAKAKA QUÉ. Y acá estamos, con música electrónica de fondo y Karol Dance –una especie de Javier Olivares, con una polera negra estampada con la leyenda “100% wuashón”– animando a la gente, mientras el camión lanzaagua sigue disparando. Dos chicos están sobre el escenario al aire libre y él explica: “Ella se escapó de su propio cumpleaños en Algarrobo para ver a su pololo en Santiago. Y él la dejó plantada”. Al tipo le gritan “huevón, huevón”, pero él sólo sonríe, nervioso. La idea del concurso es que ella le pegue una cachetada y se lleve un alisador de pelo. Y lo hace. Después se subiría otro y tendría que soportar un golpe en el trasero con una tabla de skate para ganársela.

Michael Cerón (15) se ríe y dice: “Chucha, eso debe doler”. También tiene una polera negra. Atrás tiene estampado su MSN. Adelante, el nombre de su grupo: Makakatoons.

Su hit es “Hardcorita”, un reggaeton grabado en cool edit y que circula de MSN en MSN: “Hay algo en tu cara/ que me raspa la pichula./ Parece que sólo fue ayer/ que eras tonta, perna y bigotuda/ y ahora erís hardcore,/ choco panda y expansiones/ y con tus tillas (sic) de skate/ vacilái nuestras canciones”. Y es sólo el principio, porque las otras canciones sonrojarían a la mismísima Anita Alvarado con hija y todo: quinceañeras que comieron demasiado pollo y se dejan “puntear” mientras le dicen al chico “ven, papá, te voy a dar la pasá” (“Cheque a fecha”); un tipo ardiendo conectado al MSN y desesperado “porque no se conecta nunca esta culeada” (“Conéctate pa verte”), un tipo buscando un par de condones (“Bacilongo”) o la sospecha que la guagua de la tipa es de otro (“La wuawua”). Hay referencias a sexo oral, anal, lubricaciones, eyaculaciones y pezones. En exceso.

–Oye, pero la chica en las canciones siempre está calladita, no se defiende, es una mosquita muerta. ¿No los odian por machistas?

–Na. Las “peladas” (así llama a las hardcoritas) se ríen nomás –responde Cerón–. Además, todo lo que sale en las letras es la verdad. Y creo que ahora se tira más que antes. Los embarazos ocurren de puro huevones que son. Y por los papás, que no cachan nada –agrega.

Pero no hay rastros del Sodoma y Gomorra sugerido en las canciones esta tarde. Ni en los baños mixtos ni en la diminuta piscina donde un pololo lanza a su polola, tampoco en la disco, o la fiesta electrónica de afuera. Sólo reggaeton, olor a transpiración, bebidas de fantasía y un chico demasiado lampiño, con un tatuaje de Sistem of a Down que quiere ganarse una tabla de skate. Cerón dice que más tarde, besar a una chica es tan fácil que basta con mirarla a los ojos. Si aceptaron bailar Daddy Yankee contigo, la tarea está casi hecha. “Pero es una lata enamorarse. Se pasa mal. Se sufre”. Mientras tanto, algunas chicas se sacan la polera exhibiendo la parte de arriba del bikini y los tipos ponen cara de no importarles demasiado.

A TODO CARRETE. Adolescentes aburridos + fotolog + reggaeton. No hay que ser un genio para relacionarlos, inventar una idea y convertirla en oro. “Al principio eran las fiestas de colegio; pero ahora en las vacaciones, de dos a ocho de la tarde son un éxito. Es fácil promocionarlas por Internet. Además, se arma un staff que trabaja con nosotros y nos va muy bien”, explica Esteban Fernández, de Impackto Producciones. Estos chicos son todo un nicho de mercado y el Bar Urbano (Gran Avenida 4920), Punta Juárez (Vicente Reyes 90), Bar 89 (Américo Vespucio 7550), Costa Varúa (Trinidad 1533, La Florida) y el Lola Lola son sus epicentros.

Así, Alfredazo, Jeffersinho y Papi Nigga –el resto de la banda, con un promedio de edad de 20 años, orgullosos vecinos de La Palmilla, Conchalí y que prefirieron ir a la playa antes que dar la entrevista– constituirían los cronistas de esta generación que creció en casas pareadas de “comunas emergentes” y vio cómo sus papás contrataban Internet y TV cable en el mall un domingo por la mañana, y en la tarde celebraban un asado ante cualquier partido de la selección chilena de fútbol. Y lo cuentan chistoso y pasándola bien. De hecho, lo asumen como un pasatiempo por Internet, no como un proyecto artístico.

PINGÜINOS. “Uno lo pasa bien acá. Conoce gente. Fíjate”, dice Cerón. Después saluda a unos amigos. Mucha zapatilla gigante, ojos pintados, pelo largo y aplastado. Definitivamente, Kudai aprendió la lección y los guionistas de CHV estaban pensando en otra cosa porque el personaje de Ignacia Allamand en “Vivir con 10” parece cualquier cosa menos una chica normal de 16. “Sí, es extraño eso. Si la mayoría de las pendejas se viste como hardcorita”, dice Andrea.

“Yo no sé. No me preocupo del tema. Vengo con mis amigos, carreteo, voy a las casas, tomo a veces, algunas veces me beso con alguien”, dice Paulina, de 14. “No sé si somos todas iguales. No lo creo. Y las letras de Makakatoons me dan risa nomás. Eso”.

Indagar más es un terreno árido, porque los chicos sólo quieren divertirse, como dice esa canción. Cerón ahora va al Urbano y me pregunta si escuché “Pingüinos”, una canción que recrea perfecto la revolución de mediados de año (“Somos pingüinos y estamos luchando/ contra el sistema (…) Las leyes culeadas la pasan perdiendo (…) La LOCE cuentea,/ hay que puro cambiarla./ Si esto no pasa/ quemamos Alameda”. “Pésima está la educación, pues”, dice.

Makakatoons, sin darse cuenta, son un viaje húmedo y caluroso por el sueño chileno, adolescentes que prefieren bailar y pasarla bien, como si todo fuese un placebo para una “revolución pingüino” que podría repetirse este año, de la que participaron sin entenderla tanto como sus dirigentes.

Al intentar entrar al Urbano, una chica que se autodenomina periodista pregunta de qué se trata la nota, de que con tal de polemizar se puede escribir cualquier cosa. Adentro, una pantalla gigante muestra a unos chicos demasiado tropicales gozando entre autos en llamas y reggaeton salvaje, los adolescentes siguen bailando…

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Gloria Trevi, rompe el silencio

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,television 6 August 2006 | 0 Comments

La Locatrevi

Sedujo a Vodanovic el año ’93 en Viña, y “Voy a traer el pelo suelto” se coló en todas las radios. El ’99 la acusaron de abuso y corrupción de menores y terminó en una cárcel de Brasil. Ahí retuvieron su placenta para hacerle un examen de ADN. Había un embarazo y 76 sospechosos. Ahora habla de su nuevo disco y sin arrugarse se compara con Picasso. Esto no es una teleserie mexicana. Es una “trevolución”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 6 de agosto 2006.

GLORIA TREVI, callebo sueto, celular en mano, incendia las autopistas mexicanas rumbo a Televisa.

Sin avisar, bajó de la suite al estacionamiento del hotel, mientras el encargado del sello se desespera buscándola y solicita –muy diplomáticamente– aguardar en línea, por favor.

Es la promoción de “La trayectoria”, disco en vivo donde asistimos al exorcismo definitivo de esta Linda Blair (o Madonna sudaca) de Monterrey, quien intentó hacer rock and roll y terminó componiendo baladas latinas con bases electropop. Melodías con frases guarras (“y aparte de todo quieres ser mi rey / no mames güey”) que la romperían en una fiesta kitsch o disco gay. Clásicos de fuente de soda que recordamos todos.

Aquí su particular operación retorno, directamente desde las ardientes cárceles brasileñas y la telenovelesca justicia mexicana.

–¿Aló, Gloria? Escuché el disco y tienes buenos estribillos y tu banda toca súper, aunque no necesitas esos solos de saxo sensual, porque con tu guitarrista basta y…

–Espere cinco minutos más. Estamos haciendo el contacto.

CHICA RITALÍN. Sucedió en el Festival de Viña de 1993. La banda toca “Borregos” (“brincan, brincan los borregos / dentro de un corral”) y la Trevi (25 años) salta, grita y corre de un lado a otro del escenario. Ni Mike Patton pudo rockear a la concha acústica como ella.

Era la revolución, las niñas querían andar de pelo suelto. Al año sacaría un disco con el impresentable título de “Más turbada que nunca”, acosaría a Vodanovic y se montaría sobre Peter Dragicevic en directo por Megavisión. Según la prensa de la época, ella fue “la primera latinoamericana que habló de sexo al aire” y pronto sería “la más ardiente latin lover desde Rodolfo Valentino”.

–¡Hola! Soy Gloria. Pos, espero que hablemos solamente de mi nuevo disco.

De fondo se escuchan los autos.

–Ehhh…

Lo dice tan amablemente que no queda otra que escucharla. “Para mí, los años no han pasado. Es como si me hubiese metido en una máquina del tiempo y desperté ahora. La gente me quiere igual que antes. Y lo mejor es que estreno nuevas canciones, como ‘Todos me miran’, que habla de lo que me pasa a mí, de enfrentarme a los demás”. También explica que está en medio de una apretada agenda que la tiene viajando a Miami, grabando videos y ensayando. “Por suerte, tengo tiempo para mi hija, Ana Dalai, que es lo central en mi vida”.

SI PICASSO PUDO. Y uno intenta preguntarle por detalles escabrosos de su vida carcelaria, pero ella, que no es tonta, deriva la conversación a interminables frases promocionales de buena crianza, de esas donde no puedes salir, pero con entrelíneas. “Bueno, también te darás cuenta que tuve mucho tiempo para componer”.

Y ese mucho tiempo, seguro es el encarcelamiento en el país del samba hace seis años, donde huyó junto a su pareja y productor, Sergio Andrade –quien le dio cuerda desde que se emparejó con ella cuando tenía 15–, tras ser buscados por acusaciones de corrupción de menores.

La cantante se parece también a estas tías locas que nos ofrecen un jugo sonrientes y si se lo pedimos lo sirve a regañadientes. Puede ser muy cordial narrando cómo compone (“No uso ni piano, ni guitarra. Todo lo que hago es con la voz. Voy cantando y así van saliendo los temas”), pero no se puede dejar de pensar que hasta su prima Brandy Ruiz declaró ser abusada sexualmente por Andrade ante el silencio de la artista. Se dice que el representante tendría sexo con las adolescentes que reclutaba como coristas para la banda, como Mary “Boquitas”, quien escapó con ellos a Brasil. Episodios más oscuros que cualquier biografía de los Rolling Stones, a quienes, por cierto, versionó alguna vez con “Satisfecha”.

“Yo sólo quiero pedirles que se fijen en mi música. Del resto de las cosas prefiero dejar que la gente hable, que se inventen cosas. Yo estoy acá por mis canciones. Por eso quiero ser conocida. ¿A quién le importa que Picasso haya tenido siete amantes? Eso definitivamente no influye en su obra, pues todo esto tampoco debería hacerlo en la mía”, concluye.

También desmiente que recién haya encontrado a Dios en ese período oscuro, que concluyó el 2004 cuando fue absuelta por la justicia mexicana. “Siempre fui católica. Dios me da fuerzas para avanzar”, dice. Cuatro años antes, en Brasil, la policía había ordenado guardar su placenta para un examen de ADN tras su sorprendente embarazo. Los 76 hombres –delegados, celadores, presos– de la cárcel de Brasilia se volvieron sospechosos. El padre, se descubrió, era Andrade. Cuando le preguntan por él, ella dice: “Haz de cuenta que olvidé la pregunta”.

“NO LE CREAS A LA PRENSA”. Gloria dice que le gusta Chile, que no aguanta las ganas de tocar acá. Que su nueva placa no es solamente su nuevo punto de partida, sino que demuestra que está más viva que nunca. “Me aventuré con una cumbia llamada ‘Sufran con lo que gozo’. Te gusta el título, ¿ah?”, explicando que es una declaración de principios. En definitiva, deja en claro que es una chica plena y feliz. Y uno quiere terminar los rodeos y escuchar su versión de la historia.

–Gloria, lo que más sabemos de ti es por tus escándalos. Y frente a las versiones de prensa que leemos, nos gustaría saber la tuya, de primera fuente. Cuéntanos.

–No le creas a la prensa. Escuchen mi música. Y, ¿sabes? Justo estoy llegando a Televisa. Muchas gracias. Un abrazo para los amigos chilenos. ¡Chao!

Y corta. Como esa tía loca que te cambia de tema. Como ella sola.

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Roberto Pettinato, ex Sumo y gurú de la farándula argentina

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,television 6 August 2006 | 0 Comments

“EL CHISME MUEVE AL UNIVERSO”

Tocó saxofón con Luca Prodán y terminó convirtiéndose en estrella de televisión. Con inteligencia y delirio pincha la silicona de modelos idiotas, edita una revista de cultura rock y es el capo del programa “Duro de domar”, licencia que en Chile emite Chilevisión con la conducción de Marcos Silva.

por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 6 de agosto 2006.

ROBERTO PETTINATO despierta a las 4.30 a.m. todos los días. Enciende su auto, deja a los hijos en el colegio, saluda a gente que no conoce por los pasillos de Radio 100 y a las seis en punto abre “El show de la noticia”, su programa radiofónico. Después regresa a casa, donde duerme hasta las 17. Tirado en su cama redacta su monólogo para “Duro de domar”, programa farandulero de medianoche donde es la estrella. Su versión chilena la conduce Marcos Silva los martes en CHV. Entremedio dirige “La Mano”, revista de cultura rock, escribe textos hilarantes recopilados en libros como “Entre la nada y la eternidad”, toca free jazz en su saxofón –los que dicen saxo siempre tienen cara de pelotudos”– y jamás pierde el don para hacerte reír.

SUMO INFILTRADO. “Se hace el agrandado. Si vos parás a Pettinato en la calle te mira mal, con desprecio. Esa es la diferencia conmigo, ¿entendés?”, decía Luca Prodán en una vieja entrevista. En 1987, la banda presentaba “Llegando los monos” –con hits como “Los viejos vinagres” y “Que me pisen”– en la Quinta Vergara. Era un festival de rock latino organizado por Radio Concierto. “Lo recuerdo como si fuera hoy, pero por razones que no puedo contarte. El tema ‘Camarón Bombay’ lo hicimos en honor a un plato que comimos allí. Después, muchos chilenos me dijeron que esa suerte de papa con un bicho adentro no existía. Tampoco era un bicho propiamente un bicho. Era algo baboso. También recuerdo el dinero que llevaba la gente encima. Nada más”, dice el saxofonista, convertido en estrella de televisión.

–¿Un Sumo infiltrado en la farándula?

–Gracias a Dios siempre seré un Sumo infiltrado o como quieras llamarlo. Mi vocación es ser músico. Mi trabajo, la tele. Punto final.

¿ANIMAL DOMÉSTICO?. Pettinato es un animal de las comunicaciones. Un cerebro delirante que comprime la realidad y utiliza los medios para reinterpretarla. Todo bajo la santísima trinidad inteligencia-humor-irreverencia. Puede burlarse de Tinelli, luego analizar una pelea de modelos junto a sus panelistas, bromear con Mini, un enano que se disfraza del personaje del momento y, finalmente, despedirse a la cámara, mientras piensa cómo llegar luego al garaje de su casa. Allí ordenará sus discos, improvisará encima de John Coltrane y arrendará una película, como escribe en su columna “Diario de cómo abandonar la tierra”, de “La Mano”. “Prefiero ser un infiltrado que viene de otro lado, a ser una persona que no surge de ninguna parte del espectro artístico y se mete en un mundo tan poco interesante como el de la televisión”.

“Duro de domar” es la culminación de una trayectoria periodística que comenzó en los ’70, en la redacción de “El Expreso Imaginario”, para muchos la “verdadera ‘Rolling Stone’ argentina”. Trabajando allí se topó con Lester Bangs –el gurú melómano del film “Casi famosos”– en Nueva York, vivió dos días con Frank Zappa, conversó con Miles Davis y, claro, se hizo amigo de Luca Prodán, quien lo invitó a Sumo. Tras su muerte fundó bandas jazz rock como Pachuco Cadáver y Los Maxilares de Perón (de hecho, sus papás eran activos militantes peronistas en los ’50 condenados al exilio). Hasta que lo invitan a la tele y la rompe con sus chistes y sketches en “Orsai”, programa deportivo del canal T&C Sports, donde además encarnaba al guarrísimo Gato de Verdaguer, la “mascota” del recordado comediante uruguayo, quien pregunta cosas como ¿quién está más enfermo: la vagina o el pene?

“Indomables”, cuya primera temporada fue el 2002, constituyó el triunfo del formato “televisión que se ríe de sí misma”. Esa donde los panelistas comentan lo mejor y peor de la semana. Un formato –mutado a Late Show– que se sostiene en gran medida por su inteligencia casi abismal si se compara con gente como el mismo Tinelli. Al pasar de América a Canal 13 –tras un incidente de censura que sufrió otro programa, “Televisión registrada”– sólo cambió el nombre.

“Nunca planeé mi carrera, pero resultó. Ahora me entienden, después de doce años de oscuridad en que veía pasar delante de mí a personajes que nunca admiré ni admiraría”.

LOSER. Hay una foto de Pettinato sosteniendo un cartel  con la palabra “loser”. ¿Perdedor? Nunca. Nerd, siempre. Porque su manejo de rock, cine y libros delatan tardes enteras de bibliotecas y tocadiscos. Le dices Frank Zappa, Woody Allen o The Beatles y te puede hablar un día entero de ellos. Le nombras bandas subterráneas de rock progresivo y pasa lo mismo. ¿La suerte de nacer en la saludable Buenos Aires?

“Lo que puedes envidiar de acá es la cultura rockera y su desarrollo. Aunque en verdad acá tampoco es demasiado. Lo único que cuenta es encontrar. El que busca encuentra, es cierto. En todo país se puede hablar de underground y vender para pocos. Pero esos pocos, gracias al cielo, seguirán siendo pocos en el futuro, y de eso se trata. Es como cuando descubrís que una serie que es tuya, de pronto todos los estúpidos del mundo la adoptan. Los odias. ¿A que sí?”.

Por eso, Pettinato no cuenta lo que está escuchando y leyendo: “Sería lindo poder enumerarlos, pero dejaría de ser under para que otros lo sepan”.

¡CHAN!. Él inventó la lluvia de chanes. Esos soniditos de sintetizador pobre que aparecen tras una “impactante declaración” y que fueron importados por “SQP”. Aunque no ha visto el “Duro de domar” local, ese que tiene “temporal de chanes”, dice que no le importan los argentinismos que lo salpican. “Lo importante es lo que se dice, no como se dice. Da lo mismo huevón que pelotudo. Pero bueno, Latinoamérica es así: un gran grupo de pequeños países peleándose por quién tiene la mejor camiseta de fútbol”.

Pettinato sabe que el humor es la mejor forma para transmitir inteligencia y poder entrar en razón. Dice que así podría haber logrado derrocar nuestras dictaduras ¿Cómo? Haciendo sentir ridículos y asesinos a los militares. “Pero no que lo sientan ellos, sino que lo experimenten sus hijos y después ellos se avergüencen a la hora de sentarse a la mesa. Hubiese sido terrible para ellos darse cuenta que su locura no pudo dejar herederos”.

–La tele de chimentos lleva un par de años en Chile. La llamamos “farándula”. ¿Qué te atrae de este mundo de modelos, futbolistas y famosillos?.

–Lo mismo sería preguntarnos por qué vemos todos los días una mierda tan enorme como “E! Entertainment” y nos gusta. Queremos ver famosos arrastrándose por el lodo. Es así nomás. Una vez que consumimos lo mejor de ellos, lo único que nos queda por pedirles y demandarles es lo peor de sí mismos. Ése es el atractivo. Siempre digo en mi programa que la fuerza que mueve el universo no es Dios ni la bondad. Es el chisme”.

–¿Alguna otra cosa que decir Petti?

–Sí. Que me divierte cuando ustedes terminan diciendo ¡poh!

¡Chan!

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Rodrigo Fresán: Dylan lo que Dylan

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo 30 July 2006 | 0 Comments

El escritor argentino se encerró en su casa de Barcelona con la discografía de su héroe y la tradujo para la prestigiosa editorial que publicó “Crónicas”, su alabada autobiografía. Y, aunque asegura que es imposible vivir dentro de la mente del músico, al menos por unos segundos sus ojos se volvieron azules y sus manos empuñaron una Fender Telecaster

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 30 de julio 2006.

SI EXISTIERAN LOS MAKING OFF de los libros, la tapa del último de Fresán sería como el afiche de la película “¿Quieres ser John Malkovich?”. Un desfile de Fresanes con las distintas caras de Bob Dylan, desde el look proletario folky del primer disco de 1962 hasta el elegante bigotillo y sombrero cowboy que luce hoy. A pedido de la Editorial Global Rhythm Press –la misma de “Crónicas”, su aplaudida autobiografía– se internó en la traducción íntegra de su cancionero. Titánica labor si consideramos que son más de 50 discos y 700 canciones, muchas de ellas composiciones que revolucionaron los cánones del rock and roll y la música popular.

“Cuando me lo ofrecieron, mi pensamiento automático fue si acepto me arrepentiré un año; si lo rechazo, toda la vida”, explica desde su casa en Barcelona vía telefónica. Y hubo un instante –o varios– en que quiso tirar la toalla. No se trataba sólo de convertir sus versos al español –de por sí algo difícil–, sino de habitar dentro de su mente, de entender su mecánica, de rozar al genio.

“En este momento estoy revisando lo escrito. Son cerca de 1.200 páginas y saldría editado en España a fines de septiembre o principios de octubre. Sólo falta traducir ‘Modern times’, su último disco”, cuenta el escritor argentino, quien desde sus artículos para los suplementos del diario “Página 12” o la revista “Rockdelux” y sus aplaudidas novelas, como “Mantra” –donde lo hace aparecer–, exuda fanatismo por Bob: “Para mí, es un héroe más que ídolo. Más que admiración, me he nutrido mucho de él. Y ahora terminar este libro es como cuando te dan de baja en el servicio militar”.

LOCO POR BOB. Fresán se encargó, también, de agrupar toda la información dispersa, dotando a cada canción de contexto, la historia de su composición y la opinión de otros músicos, valiéndose de su envidiable biblioteca dylaniana. Así nos enteramos, por ejemplo, que la favorita de Paul McCartney es “Mr. Tambourine Man”, o que la formación de Dylan es anterior al blues y tiene que ver con los madrigales o las baladas de los colonos. “Algo que lo diferencia de los Beatles, quienes tenían como antecedente solamente el rock and roll de Elvis Presley”.

–¿Algún descubrimiento, tras vivir en su mente durante tanto tiempo?

–Nadie puede decir que entiende la mente de Bob Dylan. Es como Shakesperare. Empiezas, claro, a vislumbrar algunos de sus trucos, como el manejo del sinsentido o la forma de tirar las palabras sobre los acordes, casi como riendo. Pero es imposible meterse ahí. Él mismo lo decía: “Mientras mi mano derecha avanza, retrocede la izquierda. Y viceversa”.

“MI LIBIDO ESTÁ EN LA LITERATURA”. El abordaje de Fresán en las letras argentinas –y luego hispanoamericanas– fue paralelo al de Alberto Fuguet. Era 1991 y ambos dispararon espíritu adolescente –y rock, cine, televisión; bueno, todo eso que llamamos “cultura pop”– desde sus colecciones de cuentos “Historia argentina” y “Sobredosis”, respectivamente. Pero mientras el chileno cerraba su mundo en torno a los conflictos parentales y la fundación de McOndo, Fresán lo expandía rabiosamente, pasando de los soldados argentinos en las Malvinas que quieren estar cerca de los Rolling Stones a monumentales lecturas de la realidad y el sentido del tiempo, donde se dan la mano Platón y John Lennon, Borges y Ray Davis, Chéjov y Kubrick. Casi una canción del Dylan cosecha 1966.

“Supongo que debería estar agradecido de eso que dices” responde, algo desconcertado.

Porque para el actual Fresán –cuyo look dista bastante del chascón de polera negra y lentes que te sonríe en la contratapa del tremendo “Vida de santos” (1993) –, no hay nada más redundante que hablar de literatura. Lo opuesto a teorizar sobre Bob. Aunque, volviendo al paralelismo, si Fuguet trataba de hacer películas mediante sus novelas, lo de Fresán es literatura a secas. De hecho, cada vez va menos al cine. “Mi libido está en la literatura”, dice.

“Los jardines de Kensington” (2003) era esa novela donde el rockero periodista y escritor Peter Hook se sumerge en la vida de J. M. Barrie, el creador de Peter Pan, mezclando magistralmente toda la cultura popular de Occidente (Walt Disney, Beatles) con la Inglaterra victoriana. Tampoco faltaba el pueblo mítico de Canciones Tristes, una constante en su obra. Su éxito y por ende traducciones han impedido la salida de la nueva novela –sin título aún– que Fresán ya tiene lista, al menos en su primera versión, desde el año pasado. El chico no para de escribir, aunque asegura no creer en las rutinas y en los consejos-para-escritores, renegando además del mote de “escritor pop” con que cada artículo periodístico le adjudica. “No tengo una enorme y total conciencia de lo que hago”, concluye.

“Siento que cada vez hay menos escritores. Se ha perdido bastante el glamour en el oficio y si eres bueno te publican, independiente de los gerentes de marketing de las editoriales”. Después, silencio incómodo vía telefónica. Casi como los del malhumorado Dylan en el documental “Don’t look back” (1967). Volvamos a su héroe.

El COWBOY ELÉCTRICO. ¿Cómo traducir el título “Like a Rolling Stones” para que se entienda a la primera?. “Lo difícil de traducirlo es que él trabaja mucho con el argot de los años ’30. O también formas de lenguaje inglés muy primitivo donde una frase puede significar cinco o seis cosas. Sus letras, además, no tienen la ambición cronista de Ray Davis (The Kinks) o la poesía casi matemática de Leonard Cohen, o la sencillez de los Beatles o la estupidez hormonal de los Rolling Stones”, dice soltando una carcajada.

La clave estaría en la inimitable forma en que Dylan frasea, cómo va lanzando sus palabras cargadas de fuego sobre los acordes. “Y sí, estoy preparado y resignado a que miles de personas se lancen contra mí tras leer el trabajo”, afirma y sigue riéndose con la seguridad que probablemente eso nunca le pasará.

YO CANTÉ CON DYLAN. Hace un par de semanas, Fresán tuvo un nuevo encuentro con el músico en Girona (España). Entre un público “pijo” de polera Lacoste, el compositor se bajó de la van instalada al mismo lado del escenario, tocó y se fue. “Si te fijas, Dylan logró convertirse en lo que siempre quiso ser, en el modelo de músico que él admiraba. Una especie de cowboy-tahúr. Y también es un punk, porque la gente esperaba ver al autor de “Blowin the wind” y apareció este tipo con su voz de vómito monstruoso. Quedaron aterrorizados”.

Fresán escuchó “Modern times” y le encantó. De hecho, cree que estamos asistiendo a la mejor etapa de su carrera. La más plena. Esa donde Dylan se reeduca y se pega la vuelta completa hacia sus orígenes. “Es prácticamente el primer rockero que le c anta a la tercera edad y riéndose a carcajadas. Como un personaje loco de Lucky Luck”, dice.

–Lo último. ¿Algo que contarnos sobre esa vez que subiste al escenario a hacer los coros de una canción con Bob?

– No quiero contarla más. Ya está escrita. Pero debo decir que ahora no podría repetirlo. Me moriría tal vez.

Y claro, Fresán como su héroe, tampoco quiere repetirse. Y nos obliga a reventar el Google hasta enterarnos de esa noche surrealista en Davenport (Estados Unidos) donde aún no sabe cómo consiguió subirse al escenario, mirarlo detenidamente y cantar junto a él. Ahí, Fresán efectivamente se volvió Dylan.

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