De como me metí en el extraño mundo del periodismo cultural
Un profesor de Televisión 2 me dio el dato: en Chilevisión “podrían necesitar”un periodista de cultura y espectáculos.
Él -como el resto de mis compañeros- estaba convencido que mi única gracia era entrevistar famosillos y reseñar eventos.
Asi que viajé a Santiago con su teléfono y la plata justa para almorzar.
Estuve esperando una mañana entera afuera del canal, hasta que logré localizar a la editora de contenidos recomendada.
Me dijo que no, que periodistas como yo sobraban. Luego, algo arrepentida abrió su agenda y me dijo: este tipo te puede ayudar.
Y salí con el celular de Julio César Rodriguez.
El resto de la tarde esperé en la portería de La Nación.
No tenía idea quien era, en verdad.
-”¡Ése que va bajando es Julito!”, dijo el guardia que a esta altura conocía todos mis fracasos buscando trabajo.
Me presenté a toda velocidad.
Él sonrió.
Màs tarde diría que le recordé a William Miller (el que prefería el Led Zeppelin III al Here Comes The Warm Jets)
Rodriguez me habló de los nuevos medios, la revolución de los contenidos, Joaquin Sabina, lo barato que está Buenos Aires y si se me ocurrían temas para el diario. Después saludó a todos los otros ágiles de la prensa y sin darme cuenta estaba en una pauta.
No dije mucho en verdad, pero parece que les caí bien a todos.
Después Rodriguez me invitó a cenar con su novia de entonces. Me pasó toda la colección de LND y me dijo que me iba a hacer famoso. Nunca entendí si yo iba a serlo, o él como editor general iba a convertirme un periodista estrella.
A las dos semanas siguiente estaba publicado. Mi foto al lado de John Cusack.
El texto -bien malo en verdad, una antología de canciones que me gustaban a lo Nick Hornby- jamás lo pude encontrar por internet.
Tampoco me pagaron. Pero si me aceptó otro tema con tono de “que lata, si ya lo publicamos”.
No tenía computador para escribir tranquilo en el sur y unas semanas después el staff completo renunció al diario. Lo leí en el laboratorio de mi universidad.
De todas formas, insistí, pero la nueva editora editora gorda y malhumorada se dio cuenta lo novato (y provinciano) que era.”Vuelve cuando tengas una buena colección de temas, a ver si te publicamos alguno”.
Era el 2002 y ni siquiera me daba cuenta en el lío laboral que me estaba metiendo.
Luis Almendra es un “artista de acción” que ha convulsionado el sur de Chile con sus delirantes acciones de arte. Primero se disfrazó de guardia para proteger su propia obra (y dio entrevistas como tal). Después destruyó todo el trabajo, haciendo una fotonovela sobre ello, que ya va en su cuarta edición. Más adelante trató de dormir y comer dentro de un tagadá en movimiento. La saga continúa junto a los perros de Becerro y una acción sorpresa el 26 de enero. Ojo, con el arte.
UN ARTISTA DISFRAZADO de guardia de seguridad protege su propia exposición. Un travesti sana a un enfermo con la leche de sus pechos. Pacientes del psiquiátrico se disfrazan de superhéroes y marchan por el centro de Concepción desplegando una alfombra roja. Un pez gigante sobrevuela el río Biobío hasta hundirse en el mar. Un personaje intenta desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo: “el tagada”. Otro, arranca el corazón crudo de un vacuno y se lo come en un palacio patrimonial que pronto será demolido para construir el segundo mall de Concepción.
Son episodios documentados -y revividos vía Youtube- en el sorprendente blog de Luis Almendra (29). Un artista-de-acción criado a un costado del Estadio Higueras, en Talcahuano y en plena ebullición.
La próxima semana comenzará su desembarco en Santiago para producir junto a la connotada artista Elizabeth Neira, la fotonovela “El Dios de los perros”. Ambos compartirán con los célebres perros embalsamados de Antonio Becerro. La obra, que incluirá una acción de arte sorpresa, será el quinto número de una novela gráfica iniciada por Almendra el 2005.
Aunque reniega del concepto performance (“se ha manoseado tanto que pierde su sentido al igual que la política”, dice, sus acciones artísticas son verdaderos “acontecimientos convulsivos”, como él mismo dice. Pero lo más importante es que cada una de sus obras funcionan como acciones sueltas y dementes de una exploración mayor: el viaje al corazón de los monstruos y sueños incumplidos que mueven la maquinaria de la “chilenidad”. Bienvenidos al planeta Almendra.
AMOR DE POBRE
“Artista se pone en guardia para defender su creación” titulaba el diario Crónica de Concepción (14-10-2003). En la foto aparecía el autor, uniformado, cuidando su exposición “Amor de pobre sólo puedo darte”, en la penquista Sala Andes. Fue su primera obra tras llegar de Ámsterdam. Había ganado una beca del Museo de Bellas Artes, gracias a la pintura–instalación “El bello durmiente”. Se trataba de un cuadro enmarcado en un catre de cama en donde se representaba a sí mismo durmiendo. Y bueno, masturbándose, tras una colorida frazada.
Los medios penquistas se sorprendieron con este guardia/artista. “Fue intuitivo. En la precaria sala de arte no había nadie cuidando y algunos empezaron a robarse cosas y objetos de la muestra. Así que decidí convertirme en el cuidador y a las vez cambiar mi personalidad por la de mi falso hermano gemelo. De hecho, durante el desarrollo de la acción di una entrevista en la radio como el guardia Alfonso Almendra, hermano gemelo del autor. El uniforme fue un préstamo de mi padre”.
Es más: el guardia terminó siendo parte fundamental de la obra -que incluía cosas como huevos que se reventaban con cohetes y el dibujo de una pistola junto a la frase “cuando tenga ganas de matarme lo haré con balas de juguete”- y todo terminó abruptamente con una máquina retro excavadora destruyendo la muestra y dando muerte al “gemelo”.
“Recuerdo que para ese entonces a un profesor de la U. de Conce le interesó mucho la situación ocurrida. Para él toda esta acción era una metáfora de lo que finalmente les ocurría a muchos artistas jóvenes en el país: terminas en la invisibilidad, con tu propuesta plástica destruida y olvidada en algún lugar”. Y fue tal el estímulo, que Almendra conoció la liberación artística de ser “otra persona” y que su estudio performático “Amor de pobre solo puedo darte”, se convirtió en su primera novela gráfica. Una revista que iniciaría una impresionante saga protagonizada por el mismo autor y sus delirantes transformaciones.
ILUMINACIONES EN EL ESTADIO HIGUERAS
La Villa Presidente Ríos, nombre oficial de Las Higueras, es un oasis residencial cubierto por cerros entre Concepción y Talcahuano. Detrás, emerge un gigantesco parque industrial con sus chimeneas vomitando humo día y noche.
En los ochenta, Huachipato organizaba en su estadio, un espectáculo navideño que incluía desfiles, cuentos y fuegos artificiales. Un milagro, entre las ollas comunes y la dictadura. El pequeño Almendra se impresionó mucho con el evento. “Para mí aquel espectáculo fue uno de mis primeros encuentros con el universo del arte de acción o perfomance. Algo insólito. Era como tener en el patio de tu casa a “La Fura Dels Baus” pero a la chilena y a la cresta del mundo. Hasta el día de hoy intento recuperar la intensa emoción que provocaba esa orgía de formas plagadas de barroquismo y extrañas imágenes. En parte la obra que realizo se remite bastante a todo ese imaginario”, dice. Por eso a su productora “en bancarrota” la bautizó como “Huachistáculo”, en honor al “maestro de ceremonias” que presentaba el show, quién tuvo un final trágico, según cuenta Luis: en su última aparición comenzó a incendiarse cayendo en medio de la cancha.
Para Almendra su taller es el espacio público, la calle es su centro de operaciones. Por tal motivo entre varias de sus acciones esta haber dormido en los cementerios y techos de las casas en plena zona industrial. “En esa época yo era un mochuelo viviendo sólo y pasando apreturas económicas. Dormía en una pieza chica, sin ventanas. Un día asqueado de ese cuarto decidí convulsionar e interferir mi vida cotidiana. Así que me fui a dormir a la calle sin siquiera saber que tal acción vislumbraba otra forma vivir”. Así que se fue por un tiempo con cama y pijama, mientras las gaviotas formaban la letra “v” encima de él. Los que ven las fotos no pueden creer que el paisaje de tuberías y tumbas no haya sido photoshopeado.
“Para mí el sur de Chile en general es una especie de paraíso exuberante a la hora de llevar a cabo estas acciones de arte. Si trataras de ocupar una calle de Barcelona o Berlín la policía o guardia urbana te pondría obstáculos, sobre todo siendo ilegal; antes de realizar tu acción tendrías que dar explicaciones acerca de quién eres, ya que en aquellos territorios todo está normado. La gente también se acerca con otra disposición. Incluso en Santiago. En cambio acá se puede inventar y hacer casi de todo… quemar una cama en la mitad de un puente por ejemplo. Hasta los travestis prefieren venir a Conce, donde pueden crear sus espacios y no hay ningún neonazi hueveándolos”, dice Almendra mientras toma una cerveza en un local de la Diagonal que conduce al hospital de Concepción. Varios amigos entran, lo saludan felices y salen.
FOTONOVELAS
El verano de 2004, Almendra volvió a aparecer en los medios penquistas. Su nueva acción consistía en paralizarse dentro en una nave de cartón cubierta de avisos económicos, en el centro de Concepción.
“La gente pensaba que yo era una estatua humana, pero la verdad es que yo permanecía inmóvil por más de seis horas dentro de esto que parecía un robot pobre o espanta pájaros urbano. El episodio por supuesto era chiflado ya que las personas se sentían estafadas al ver que el armatoste no se movía… jejejeje, incluso en varias oportunidades trataron de botarme. Y pensar que en el fondo dicha acción para mí era una forma personal o ingenua de protestar acerca del indecente sistema laboral para jóvenes chilenos”
Pero lo más notable vino tiempo después, con la segunda parte de su fotonovela “biográfica” titulada “Una funeraria llamada Jesús de Nazareth”, donde el cuerpo del guardia/artista ahora se descompone al estilo película Gore hasta cobrar nueva vida. En la tercera parte, “Quirófano” (2006), comienza la reconstrucción y en “Historia de un hombre que fue devorado por un pez”, comienza el conflicto con una criatura marina infernal.
EL DIOS DE LOS PERROS
A Becerro le impresionó el trabajo de Almendra y le propuso prestarle las instalaciones del centro de arte experimental “La perrera” para continuar su alucinante fotonovela. Entre perros disecados, el protagonista de la obra, escapando del pez mutante tiene entre otros, un encuentro con los canes, que, como ha dicho Becerro son el más fiel reflejo de la chilenidad: sin un pasado y expulsados a la carretera, viviendo de lo que encuentran cada día.
“No tengo claro aún lo que haremos en vivo. Tampoco quiero contar mucho. Lo importante es que trabajaremos una semana con los perros y habrá una performance sorpresa. Será violenta y explorará actos físicos que no son muy trabajados por los artistas de acá”, dice Almendra, enigmático. Dice, además que gracias a Elizabeth Neira, que se ha destacado por su exploración de los tabúes sexuales, podrá llevar su obra a otro nivel. “El dios de los perros”, séria el quinto tomo de su fotonovela, que espera pronto editar en una versión de lujo.
“Tú me preguntas por el sentido de mi obra. Pero es una pregunta y repuesta compleja por que hasta el momento y siendo franco no tengo claro de quién soy, por lo mismo no sé bien hasta dónde quiero o puedo llegar. Pero si puedo reconocer el interés -mediante estas obras- de generar un “contra – universo”, o zona en el mundo en donde no existen las certezas de la vida capitalizada. Y para esto se me hace necesario vivir intensamente la vida subjetiva, destruyendo paulatinamente mi educación para reeducar mis sentidos. De todos modos no creas nada de lo que digo”, cierra Almendra, mientras sus amigos entran al local, lo saludan y se van.
ACCIONES NOTABLES DE ALMENDRA EN CONCEPCIÓN/TALCAHUANO
EXPEDICIÓN ICONOCLASTA (NOVIEMBRE 2008): “Colectivo de interferencia y convulsión de la vida cotidiana. Gestado en las dependencias del servicio de psiquiatría del hospital regional de Concepción. Es la vida imaginaria de un grupo de personas unidas por la acción creativa. Intentan desafiar el cáncer geométrico de la vida cotidiana y reanimar el cuerpo humano mediante la observación de los relámpagos.
Los integrantes de “Expedición Iconoclasta” han decidido destruir sus nombres y regalar el número de Rut a los vendedores de tumbas. Disfrutan de los bingos bailables y son empedernidos coleccionistas de los más extraños sonidos de la ciudad.
Ya han realizado acciones. Por ejemplo han trazado un camino invisible por la ciudad de más de cuarenta metros y de color rojo. Para ellos no existe la certidumbre, solo flujo y acción”.
2. SISMO. ACCIÓN COMPUESTA POR UNA TRILOGÍA. SISMO 1 – SISMO 2 – SISMO 3 (2005-2008): “En cada acción se presenta el intento de un grupo de personajes por desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo llamada TAGADÁ. Una de las formas para desafiar ésta es comiendo tallarines o durmiendo sobre la estructura centrífuga”.
3. CONCIERTO PARA ORGANO (2006): Camino en el centro de concepción. Bajo mi chaqueta, a la altura de mi pecho llevo escondido el corazón ensangrentado de un Vacuno.
Las calles viven repletas de Banderas y consignas políticas pregonando el último día de elecciones para concejales de la octava región.
Me dirijo al palacio Castellón… sitio que pronto será destruido para construir un centro comercial llamado Hites… mientras tanto el lugar es ocupado por el deseo de invadir y liberar la vida cotidiana.
Subo los escalones para encontrar en el salón principal un intenso concierto de Bach para órgano.
En ese instante, y rodeado de gente extraigo el corazón bajo mi chaqueta para devorar su tercera parte.
EL MANIFIESTO “HUACHISTÁCULO”
“Lo sagrado y las prohibiciones cotidianas. La creación de las imágenes y la libre expresión del sueño. El lenguaje y la pulsión alucinatoria. La fiesta de los instintos y la acción social. La expansión de nuestros estados de conciencia y de subconciencia. La elucidación (aclaración) de la subconciencia colectiva. La gestión política de nuestra propia existencia. Todo esto es concebible cuando hayamos conquistado la soberana multiplicidad del ser. Y querrá decir que habremos sobrepasado el arte, que hemos ido más allá del teatro y alcanzado la vida”
HUACHISTACULO
MANIFIESTO ICONOCLASTA
ICONOCLASTA:
Destruye los símbolos de la opresión.
ICONOCLASTA:
Subvierte el orden establecido.
ICONOCLASTA:
Quema imágenes de tus enemigos.
ICONOCLASTA:
La violencia simbólica alimenta tu odio.
ICONOCLASTA:
Su autoridad no merece ningún respeto.
ICONOCLASTA:
No tengas compasión por los líderes.
ICONOCLASTA:
Decapita estatuas y rompe retratos.
ICONOCLASTA:
No hay nostalgia para un sistema caducado.
ICONOCLASTA:
Su destrucción es tu deber.
ICONOCLASTA:
Empuña tus armas.
Acciones de arte, colaboraciones con artistas gráficos como Adaos, youtubazos, fotonovela, adelantos:
Baterista, operador informático, ex metalero, organillero y músico oficial de La Tirana. Estay (32 años) decidió traspasar los pulsos autóctonos a la batería. Grabó con Amongelatina, colaboró en el último disco de Jirafa Ardiendo y sigue dándole como caja ahora con un libro.
Vengo del metal. Tocaba la batería en un grupo thrash de Maipú, a mediados de los noventa. Me cargaba que cantáramos en inglés. Sé que cuando se es chico, la música que te pega generalmente viene de afuera, pero yo les decía que tratáramos de hacer las letras en español.
Ellos me respondían: “Es que no calzan con la música”. Me aburrí. Trabajaba de técnico informático en una compañía minera. En el norte. Pucha que se ganaba plata. Cuando volvía a Santiago tocaba en Amongelatina con Marcel Molina (ex Santos Dummont). Fue un salto experimentar ese estilo tirado al “lounge”, aunque jamás abandoné el doble bombo.
Me acuerdo que hace años había un rollo con la “globalización”. La pregunta era dónde estaban nuestras raíces. Los Tres y Joe Vasconcellos aportaron algo en redescubrirlas, pero siempre desde el pop. Yo, de metido y porque era autodidacto, me inscribí en la Escuela Moderna de Música.
El problema era que en la biblioteca no había muchos textos. Pero un profesor, de apellido Levy, que era seco y había estudiado con el baterista de Toto, me dijo: “Hay que cuidar la técnica, pero también el estilo”. Así que me dediqué a buscarlo.
Me puse a trabajar de vendedor ambulante y en la feria había que tener calle y ser pillo. Lo que ganaba me alcanzaba justo. Era excelente estar en el “mundo popular”. Lo que más me gustó fue esa “chilenidad” sintetizada en el “acá no ganamos mucho, pero puta que te cagái de la risa”.
ENTRE LAS FERIAS LIBRES Y LA BATUTA. Era rarísimo en la mañana escapar de los pacos y en la noche tocar en la SCD o La Batuta, con catering incluido. Ambos mundos me potenciaron. De hecho, a mí me hacían hablar con el público y yo aprovechaba todo lo aprendido en la calle.
Tuvimos conversaciones con el Eddie de Pánico cuando tenía Combo Discos. Pero justo firmaron con Francia y se fueron. Al menos pude hacer un solo cuando teloneamos a Holden en el Teatro Providencia (2000). Me gustó haber grabado con Amongelatina el disco “Saunacabaret” (2004). La banda sigue en funcionamiento, pero yo ya había encontrado mi rumbo: traspasar los ritmos tradicionales a la batería.
Mis compañeros me hablaban de músicos gringos y los míos estaban en Chile, como Tilo González (Congreso). Lo veía y decía: “¡Éste es mi baterista favorito!”. Se me ocurrió trabajar los ritmos tradicionales de Chile y traspasarlos a la batería, ya que no hay textos al respecto. Junto a Germán Concha (Bafona, organizador del Festival de Olmué) postulamos un proyecto al Ministerio de Educación.
Elegimos el norte por lo percusivo. Cuando fue aprobado, Osvaldo Cádiz, investigador y marido de Margot Loyola, me aconsejó ir a La Tirana y observar. Había que esperar que ellos te invitaran. Porque es complicado sacarle información al cultor tradicional. Cuidan mucho su oficio y tradición. Le temen al mal uso o que te apropies de su trabajo.
LA TIRANA: UNA CONFITERÍA. La Tirana es una verdadera confitería. Como cuando a un niño le dicen “come lo que quieras” y todo es tan rico y bueno que no puedes terminar de comer nada. Es tanta la información, los colores, el arte, la danza, la música, el potencial es tan grande que no alcanzas a comerte todo. Es la megafiesta, más que cualquier fiesta electrónica. Terminé participando como músico oficial del baile los tres años siguientes. De hecho, somos amigos con el director de la Gran Banda Wiracocha, la más grande del país.
Mi trabajo es etnográfico; es decir, meterme en el ambiente de la gente, almorzar y vivir con ellos hasta entender las claves musicales. Viviendo así te vuelves mejor persona. Si te fijas, acá en Santiago son las empresas las que organizan las fiestas. Allá las hacen ellos mismos. Descubrí cosas como que hay tres géneros distintos que usan el mismo ritmo: salto gitano, diablada y salto limpio. O también el sambo caporal, muy popular en los ochenta. Me demoré dos años en descifrar su rítmica, porque mientras los pies hacen un ritmo, las manos hacen otro. Mi método de texto tiene 200 ejercicios, además de un estudio sobre la percusión nortina.
DALE, DALE. También soy secretario de la Corporación Cultural Organilleros de Chile, que agrupa asimismo a los chinchineros. Mi averiguación sobre el chinchín y el organillo forma parte de mi segunda etapa de investigación. La primera fue el norte, ésta es el centro, y ahora será Chiloé.
Al estudiar esta música me hice chinchinero. La historia del instrumento es reinteresante. A fines del siglo XIX llegaron 300 organillos a Valparaíso. El chinchín se desarrolló después, basado en la idea del “hombre orquesta”. De hecho, trabajaron juntos, pero cada uno encontró su camino. Es chistoso saber que, por ejemplo, antes había grandes peleas entre ellos por quién guardaba la plata. Pero lo realmente interesante es saber que el chinchín es único en el mundo y que los extranjeros se impresionan mucho cuando ven a un ejecutante.
Con el organillo pasa algo parecido; Chile tiene una tradición que se ha mantenido. De hecho, los descendientes de Héctor Lizana, uno de los viejos impulsores del instrumento, ya están siguiendo sus pasos. Esto no se va a acabar tan fácil. Para eso estamos nosotros y la gente. Ah, y toqué chinchín en “Pulmonía” el nuevo disco de Jirafa Ardiendo (“Frágil”).
El Elke es el sueño de cualquier astrónomo y su heredero Paris Bustos lo sabe. Hijo de un célebre investigador, consiguió fondos y auspicios para terminar este delirio de la tecnología que además de acercar las galaxias a la comunidad de la Octava Región, le permite estar cerca del cielo, sin salir de su casa.
Por J. C. Ramírez Figueroa Figueroa para La Nación, 18 de marzo 2008.
En la carretera que une Concepción con Tomé, entre un montón de casas de madera, se divisa una cúpula blanca. Una sorprendente estructura futurista visible también para los camioneros de la autopista interportuaria Talcahuano-Penco o buses interregionales que deben pasar obligatoriamente por la cercana Chillán. Es el observatorio astronómico Elke, ubicado en la parte más alta de Villa Los Radales, en Penco, allí donde las calles tienen nombres de estrellas como Antares, Canopus o Sirio.
“Fue una iniciativa de Arnoldo, mi padre. Logró que la Municipalidad de Penco las bautizara con el nombre de las estrellas que están justo sobre nosotros”, explica Paris Bustos (28 años), su hijo y heredero del proyecto inaugurado en 1962.
En efecto, fue el fallecido Arnoldo Bustos, un astrónomo aficionado que llegó tan lejos como su objetos de estudio: diseñó y construyó el observatorio, se hizo célebre por sus talleres en la Universidad del Biobío o la Técnica Federico Santa María y fue un gestor cultural que,en la época del cometa Halley en los ochenta, tenía hasta una tribuna en la televisión regional. “Todo lo aprendí de él. Cuando niño me empezaba a hablar de las estrellas, el espacio, las constelaciones. Me llevaba a sus charlas para apoyarlo con la información que me enseñaba”, explica Paris con nostalgia.
Éste no sólo heredó este delirio llamado Elke, sino que también la fuerza de la porfía. Más que sorprender por los cientos de proyectos en que participa, lo notable es que los gana. Precisamente el Fondart, la Municipalidad de Penco y el Observatorio Europeo Austral (ESO) permiten que el observatorio esté equipado y en perfecto funcionamiento.
ODISEA EN EL ESPACIO. Paris se ríe, pero literalmente es capaz de llegar al cielo sin salir de su casa. “A veces me quedo toda la noche escudriñando las galaxias con el telescopio”, explica. En lugar de la calma de los observatorios gigantes del norte del país, acá se escuchan micros, ladridos de perros y a veces hasta reggaeton proveniente de las fiestas de barrio. Pero a él no le importa mucho.
Este verano realizó, como cada año, “La Semana del cielo”, un apasionante inicio de temporada que logra juntar a los niños, pobladores de las villas cercanas y a los astrónomos profesionales de la zona. En el primer piso hay un escenario para las charlas donde se explica el origen del cosmos, los eclipses o cómo a partir de una fotografía se puede estudiar la composición de una estrella. En el segundo está el telescopio principal, además de otros secundarios, una máquina para tomar fotos y computador. “Es una de las cosas novedosas que hay en la comuna. No creo que haya otro abierto al público, ya que generalmente pertenecen al ámbito de las universidades. Vivo cerca y hace un año que lo voy a ayudar. Incluso Paris me ha enseñado a manejar los telescopios. Es infatigable, pero siento que necesita más apoyo. “, dice Roberto Villanueva (31 años).
En la municipalidad, en tanto, aplauden a Paris. “No en todos lados tenemos la posibilidad de contar con un observatorio “a la mano” como ocurre con el Elke. Es importantísimo para la comunidad y para la enseñanza. La mayoría de los colegios lo visitan. Además turísticamente es importante. La gente que viene en el verano pregunta por él para visitarlo. Por eso lo apoyamos”, dicen en la municipalidad.
UN LUJO PARA LA COMUNA. Tanta actividad tiene a Paris tranquilo, aunque algo tenso. Quiere dedicarse a la astronomía profesionalmente (ha estudiado otras carreras) y está reuniendo dinero para eso. Mientras tanto, construye telescopios a pedido, dicta clases en colegios y centros turísticos y continúa administrando el sueño de su padre.
“Somos hijos de una estrella que dejó su reflejo sobre nosotros, moviéndonos hacia lo desconocido. Tenemos que ser partícipes de nuestro pasado y viajar hacia el conocimiento de las estrellas”, dice Paris.
Paris Bustos, el responsable.
Este joven penquista tiene un observatorio en el patio de su casa. Y aparte de hacer telescopios e investigar la formación del universo, tiene un proyecto electrónico con Yogui Alvarado (Emociones Clandestinas) ¿Un genio? Mejor que eso: un tipo dando tumbos que duerme mirando las estrellas.
Por Juan Carlos Figueroa para La Nación Domingo, 24 de septiembre 2006,
Cuando explico que tengo un observatorio astronómico en el patio de mi casa, la gente me mira de arriba hacia abajo y no me cree. Es cosa de tomar una micro a Penco y bajarse en la villa Los Rodales. Distinguirás la cúpula blanca entre los techos y antenas. Arnoldo Bustos, mi papá, era un astrónomo autodidacta. De aquellos tipos desesperados por saber qué había sobre su cabeza. Con el primer sueldo en la refinería de azúcar CRAV donde trabajaba, compró un telescopio. No le costó conseguir financiamiento para su proyecto estrella, el Centro Astronómico Elque, inaugurado en 1962. Para mí, era un genio: hacía clases en la Universidad del Biobío, la Técnica Federico Santa María y Diego Portales, organizaba talleres en la comuna y tenía un espacio en la televisión. Sufrí mucho cuando falleció de un infarto el año 2000. En verdad, fue una mierda todo, pero entendí lo que significa ser el heredero de esto. Y me gusta.
Donde vivo, las calles tienen el nombre de la estrella que pasa por encima de ellas: Canopus, Antares, Sirio. Yo vivo en Alfa Centauro. Fue otra idea de mi papá. Tenía seis años cuando pasó el cometa Halley y los vecinos estaban vueltos locos acá y él les enseñaba feliz de la vida. A mí me interesaba el fútbol solamente. Recién a los 11 años, con un eclipse que vi -por la tele, más encima-, algo hizo click. Era como encontrar un pasadizo secreto en tu pieza y perderte allá adentro.
AISLADO. En el colegio no me pescaban mucho. O sea, hablaba de astronomía y mis profesores me hacían callar. Nunca me entendieron. Creían que yo estaba rayado o algo así. Es que no sabía quedarme callado. Lo que me salvaba eran los congresos de astronomía en los que me inscribía. Era genial para un adolescente penquista viajar, recorrer los observatorios grandes, como La Silla o El Tololo, y compartir con gente de mi edad que estaba en la misma. Ahí uno se siente acompañado. Mi viejo realmente me tomó en serio, cuando lo acompañé a una reunión con el director del Observatorio Europeo Austral.
“Paris, estoy orgulloso de ti. De verdad”. Eso me dijo en el bus de vuelta. Ahí sí que se me infló el pecho. Y créeme que no es normal que alguien de 17 años se demore menos de diez segundos en tener el objeto listo en el telescopio, de saberse la ubicación de cinco mil estrellas y que realmente pueda disertar de corrido las teorías sobre el origen de la galaxia o la composición de ella. Sentí una especie de vértigo. Me llegaba a dar miedo.
ADIÓS, PLUTÓN. Ahora yo soy responsable de este observatorio. El 2001 logré sacar adelante un proyecto Fondart y lo remodelamos. Ahora tiene una sala de conferencias, además de nueva implementación. Cinco telescopios, una cámara para fotografiar galaxias, un computador, biblioteca, sala de clases y una oficina. A pesar de dictar charlas, hacer cursos en colegios o centros vacacionales como las Termas de Chillán, estudiar astronomía bajo un convenio con la Universidad de Lancashire de Inglaterra siento que no he logrado tanto. Yo quiero ser astrónomo, pero siempre hay algo que me impide lograrlo. No sé muy bien qué es.
En los veranos organizo la Semana del Cielo. Es bacán porque vienen todas las familias, incluyendo los cabros chicos, a ver las estrellas. Les muestro mi observatorio, les cuento anécdotas, les explico cómo es posible saber de qué está hecho el universo con sólo fotografiar una galaxia. También estoy con el Yogui Alvarado, de Emociones Clandestinas, en un proyecto llamado Cosmofonic. Él se dedica a hacer música electrónica y yo voy lanzándole imágenes de galaxias. En estos momentos estoy investigando las estrellas de tipo binario en contacto, se llaman estrellas variables cataclísmicas. Puedo estudiar su evolución y compartimiento solamente por los cambios en su luminosidad. También construyo telescopios a pedido.
¿Plutón? Ya pasó a la historia. Ahora es un planeta menor, porque son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Es bueno saber eso, porque vamos precisando cómo se comporta nuestro sistema. Esa es la gracia de la ciencia: cambiar el curso de lo que se conoce. Antes, por ejemplo, se creía que el universo estaba fijo, ahora en expansión.
Me gusta mucho esta vida. Tal vez estoy loco, no sé. Lo único que quiero es que mi padre siga estando orgulloso de mí. Y bueno, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que yo duermo acá, en el observatorio. O sea, lo más cerca del cielo que se puede estar en Penco.
En acción
Observatorio Elque. Centauro 13, Villa Los Radales, Penco. VIII Región. Concertar visitas: (41) 245 84 37.
Jane Birkin actuará este sábado en el Teatro Oriente, pero ojo, que no se ha quedado en el pasado, y tras colaborar con gente como Beth Orton, Franz Ferdinand y Manu Chau está tan potenciada como con sus amigos mods que protagonizaron Blow Up, cinta que con su polémico desnudo, la llevó a la fama.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 13 de marzo 2008.
Paul Weller, lider de The Jam y héroe del pop inglés, decía que bastaba ver una foto de los Beatles para entender los ’60. Que la ropa, peinado y sobretodo actitud podían sintetizar perfectamente el espíritu de una época. Lo mismo podría aplicarse a Jane Birkin, cantante inglesa pero residente en Francia que se presenta el 15 de marzo a las 21:00 en el Teatro Oriente de Providencia.
Minifalda, flequillo “modette” y una mirada de estar sumergida para siempre en 1968. El “año eje” para la contracultura del siglo pasado, donde en París “mayo duró doce meses”, en Inglaterra se disfrutaba de la colorida explosión del “Swinging London” y en California se vivía el “Verano del amor”.
“Una revolución sociocultural” -define Birkin dede París y luego, como el juego de asociaciones que hacen los que vivieron fuerte una época, comienza a enumerar: “Minifaldas baratas, Michael Caine, Twiggy, los Rolling Stones, los Beatles… claro que sería genial tener una máquina del tiempo y volver allá”, responde entusiasmada.
La influencia Birkin. Desde Bryan Ferry a Dominique A, desde Manu Chau a Jarvis Cocker (quien tocará la misma noche), todos los músicos que han colaborado con ella en Rendez vous (2004) y Fictions (2006), saben que ella es un ícono, aunque ella no responde cuando se le pregunta por qué. Al parecer Birkin jamás ha dejado de estar “demodé”, tal como sus amigos londinenses de los ’60. Intensa, elegante y pop, sus últimos discos son una extensión de su mito.
Y que además, como si fuera un inmenso plus, los músicos más jóvenes como los mismos Franz Ferdinand la miran desde abajo, porque saben que estuvo más que cercana a Serge Gainsbourg, el renovador de la chanson. Basta verla, con su legendaria blusa transparente, caminando de la mano con Gainsbourg. O gimiendo en el hit del año siguiente: “Je t’aime, moi non plus”. Un bombazo de pop beat que por primera vez explicitaba el acto sexual en una canción. La primera versión fue grabada y censurada por la misma Brigitte Bardot, y ahí apareció Jane Birkin, quien ya se había hecho famosa por su topless en la película “Blow Up” (1966) de Antonioni, donde también aparecían The Yardbirds con el gran Jeff Beck rompiendo su guitarra a lo Townsend o a lo Hendrix.
-¿Sabía que el tema fue un suceso en Sudamérica? ¿Escuchó la versión que grabó el popular puertoriqueño Chayanne (Extasis, 1992)? -¡No lo sabía! Me gustaría escuchar esa versión. Hay más de cien versiones registradas, incluyendo dúos de chicas japonesas, hip-hop y especialmente la de André Bourvil y Jacqueline Maillán grabada 1970 (parodia de la canción) donde participamos Serge y yo también.
-¿Y valdría la pena construir una máquina del tiempo y retornar a los ’60 a la época del “Swinging London”? -¡Yo me apuntaría! Siento orgullo, tal como Serge, por los ’60. Creo que jamás me he ido de allí. Pienso en la revolución sociocultural que dejó, las minifaldas baratas, los muchachos “cockneys” (de los barrios bajos británicos) o las fotos de David Bailey (quien introdujo el término “Swinging London” y fue la inspiración del protagonista de “Blow Up”). También en que las guapas eran Jean Schrimpton y Twiggy, cuando la moda dejó de ser para las damas elegantes. Pienso en John Barry (compositor de bandas sonoras), Michael Caine, Terence Stamp, los Stones. Pero antes que todo, la alegría Beatle. Los ingleses de los ’60 eramos los “top of the world”. Por eso Antonioni eligió retratar esta ciudad en “Blow Up”, porque eramos “demodé”. Incluyendo el tocino que comíamos, ja ja.
-La canción popular actual ha perdido todas las grandes orquestaciones de los ’60. ¿Cree que hay que regresar a ello o es simplemente la evolución? -No debe regresar. Todo evoluciona simplemente. Integrar las tendencias celtas, romanescas, multiculturales y moverse a través de ellas. Por eso Internet y los nuevos sistemas de grabación son geniales. Todo el mundo graba sus propios discos. Eso es más interesante.
-¿Qué le parece el trabajo de su hija Charlotte? Últimamente la vimos encarnado a Sarah, la esposa de Bob Dylan en la película “I’m not there” (2007).
-Pienso que es lo más “verdadero” de la película. Ejemplar, justa, como siempre. Para mí es la actriz más “rara” de su tiempo. Desde los doce años se me hizo evidente. Su Jane Eyre (1996) de Zeffirelli, era un milagro de calma, y de emoción contenida que en 21 gramos (2003) se fue perfeccionado. La ciencia del sueño (2006) me parece genial. Yo no soy tan actriz como ella.
-En una entrevista reciente usted dice: “Gainsbourg, siempre estará conmigo”. ¿Cree que ustedes fueron la pareja que renovó la canción francesa? -Él sí y para siempre. Es una referencia constante y yo trato de manatenerla, aunque no es fácil. Si me llaman para un concierto en Sao Paulo, por ejemplo, es porque canté “Je t’aime” con él. Tengo mucho que agradecerle. Entonces, si estoy aquí es porque Serge está conmigo. ¡Y él lo sabía!
-¿Qué vamos a ver de usted esta en Chile? -¡Encuentro increíble que yo les pueda interesar! Haré todo, para que ustedes no salgan desilusionados. ¡Gracias por venir a verme!
Sexo Pop
Desde Elvis, las canciones que sonaban en la radio jamás aludieron al sexo. Pero con los gemidos de Jane Birkin, en este clásico compuesto por el gran Gainsbourg, pasamos de los dichos a los hechos. Ojo, que esta chica, ícono de los sesenta, nos visita el 15 de marzo.
“Si hubiera sexo de verdad, habríamos grabado un disco doble”. Así justificaba Serge Gainsbourg, el feo más deseado en la historia del pop, el revuelo provocado por los gemidos, textos explícitos y más gemidos de “Je t’aime… mai non plus” (1969).
Aunque fue popularizada junto a Jane Birkin (ver recuadro), la primera versión fue grabada un año antes, cuando el verano del amor, literalmente, acababa.
En un sudoroso estudio de sonido, Gainsbourg y Brigitte Bardot grababan el disco de pop sicodélico “Bonnie and Clyde”.
El compositor francés estaba obsesionado con grabar la “canción de amor definitiva” y convenció al símbolo sexual que gimiera simulando un orgasmo sostenido. El ritmo funk que marcaba la batería y órgano Hammond sólo hacía más accesible el intenso diálogo.
Ella dice que lo ama, él responde jugando con las palabras “yo tampoco”/”a más no poder”. Luego, se entregan a un jadeo que deja bien claro que la controvertida relación entre el amor sentimental de una mujer y el corporal de un hombre, reflejado en la letra, terminan en el mismo lugar.
La grabación incomodó a la Bardot, que al parecer sólo se dejó llevar, y solicitó no divulgarla. Es probable que fuese ante los comprensibles celos que provocaría en su marido, Gunter Sachs, millonario fotógrafo y amigo de Dali y Andy Warhol. También porque podría afectar su imagen, según ella.
La grabación recién se reeditó en los ochenta, hasta hacerse masiva en “Best of BB” (1996). Gainsbourg, enojado, encontró en Birkin, quien ya se había desnudado en “Blow Up”, de Antonioni, a la muchacha perfecta. En lugar de sonar experimentada como Bardot, Birkin delgada y de flequillo sonaba como una Lolita de Nabokov jugando a lo que aún no sabe.
“Je t’aime… mai non plus” se convirtió en un hito y motivo de debate tanto en El Vaticano como en la España franquista. Jamás una relación sexual había sido hecha single.
Después vinieron versiones lamentables como la de Chayanne con Natalie (Éxtasis, 1992), perversas (Brian Molko-Asia Argento, 2003) y curiosas (Cat Power-Karen Elson, para el tributo a Gainsbourg preparado por la revista “Inrockuptibles” el 2006). Lo importante es que desde acá el sexo y no sus insinuaciones se vuelve pop y aparece en las canciones que escuchamos en la radio.
MÓJATE LAS OREJAS. El sexo en las canciones pop puede entenderse como la biografía erótica del “público joven y adolescente”. Hoy cuesta imaginar que este lucrativo target surgió debido a la explosiva tasa de natalidad (baby boom) durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior Estado de bienestar propicio para el consumo.
Antes pasabas de niño a adulto y ahora surgía esta etapa intermedia, donde sorpresivamente había tiempo para explorarse mutuamente en lugar de casarse y envejecer juntos. Tampoco existía la música pop como género. Elvis Presley y Cía. eran animales en celo civilizados por el baile; Los Beatles y Los Stones cristalizaban las contradicciones de cualquier aproximación, debatiéndose entre “tomar la mano” o “pasar la noche juntos”: “I wan’t to hold yout hand” y “Let’s spend the night together”, respectivamente.
“Je t’aime ” sería el puente hacia la locura de la música disco, donde el acto se explicita en los gemidos de Donna Summer, Barry White e incluso nuestras Frecuencia Mod con “Duele, duele”. Los brutales gemidos del controvertido clásico house “French Kiss” (1989), de Li’L Louis, eran sexo maquinal y con la protección que permiten las máquinas y las baterías programadas.
BIRKIN VIENE DE VUELTA. El show de Birkin (62 años) está programado para el 15 de marzo en el Teatro Oriente (Pedro de Valdivia Norte 099) a las 21:00 horas. Entradas entre $ 20.000 y $ 25.000. La chica, aparte de ser un ícono de los sesenta casi como Bob Dylan, ha generado el interés de gente como Manu Chau, Beth Gibbons (Portishead) o Bryan Ferry, que participaron en el álbum de duetos “Rendez-Vous” (2004).
En “Fictions” (2006), disco que vienen a presentar, aparte de las versiones de Tom Waits o Neil Young, siguen colaborando músicos como Johnny Marr (el extraordinario guitarrista de Los Smiths), Neil Hannon, de Divine Comedy, el compositor neoyorquino Rufus Wainwright y Dominique A, que también estuvo en Chile a principios de año.
Hermano del fallecido Nino, Francisco es pianista, cantante y compositor. Geniecillo del violín es sus primeros años, luego se pasó al piano, hizo temas para telenovelas, fundó la banda Plástico (¿no la recuerda?) y ahora presentará todos sus temas que se quedaron dormidos en el tiempo.
Somos ocho hermanos, todos músicos: Marianela (viola), Deli (violín), Gonzalo (flauta), Marita (chelo), Marisol (chelo), Ignacio (actualmente es primer corno en la Filarmónica de Berlín) y Nino, que en paz descanse (piano). ¿Alguna explicación a esto? Es un misterio: mi papá es abogado, mi mamá es dueña de casa. Ellos escuchaban música clásica, aunque no creo que sea una razón contundente. Desde chicos, en Valparaíso, hacíamos “música” con cualquier objeto. Hasta que nuestra abuela materna se compadeció y nos trajo un piano vertical a la casa.
A los diez años estudié violín en el Conservatorio de la Universidad Católica. Avanzaba súper rápido: hice cuatro años en uno. El instrumento y yo éramos prácticamente una sola cosa. Sin embargo, por mis profesores caché que mi vida sería ir a Alemania a estudiar y de ahí pasar el resto de mi vida practicando ocho horas diarias. Para siempre. Me atacó el bicho rebelde y lo abandoné. Ellos no lo podían creer.
Tiempo después, a los quince empecé a sentarme al piano y a componer. Eran baladas, nada de dulzonas, sino más bien duras. Siempre estoy componiendo y descomponiendo canciones.
ONE HIT WONDER
En cuarto medio trabajaba en un estudio de grabación y apareció Scottie Scott. Le gustó la maqueta que estaba haciendo y me pidió que compusiera el tema principal de la teleserie “Alguien por quien vivir” (1982). Hice una balada romántica muy influenciada por los italianos. El estreno se hizo con todos los actores en el Casino de Viña. Yo estaba tan nervioso que al tercer compás ya no podía cantar más. Me quedé afónico. Ésa fue mi primera actuación en vivo.
En esa época andaba mucho con Nino, que estaba muy metido en la televisión y la música popular, a pesar de su raíz clásica. Era cuatro años mayor y lo considero aún un maestro.
A mediados de los ochenta trabajaba en la academia de Alicia Puccio, acompañando las audiciones de sus alumnos. Con otros compañeros fundamos Plástico, muy influenciados por Charly García y el rock latino. Grabamos unas canciones, aunque la banda era básicamente para entretenernos. Un día nos llama un productor desde Perú. Estábamos número uno con la canción “Niños durmiendo”. Nunca supimos cómo llegó la canción allá.
Viajamos a hacer promoción y éramos súper famosos. El 88 fuimos a la Plaza de Toros de Lima. Una red de televisión nos llevó para cerrar el año musical de Perú. Fueron 40 mil personas a vernos. Al frente estaba Charly en el Estadio San Agustín y llegaron 2.500 personas.
Tras este “boom” empezamos a sonar en Chile, compartimos recitales playeros con Upa! y Aterrizaje Forzoso, pero Plástico se acabó. No se dieron las coordenadas para que la banda tuviera un sello o una promoción como correspondía. No quedamos en la historia impresa chilena. En las editoriales y los sellos fuimos como fantasmas.
JINGLISTA
Pasé al inconsciente colectivo por los jingles. Yo hice el “Marca, marca, marca con un dedo…” para promocionar un carrier. Tú sabes que los jingles te lo piden desde la agencia, te mandan una referencia de una música que ellos piensan que es para el producto. Y uno debe hacer un “plagio”, sin exceder los ocho compases. Ese tema era el de Molotov “Gimmie the Power”. También hice para Pinturas Cerecita, Universidad Simón Bolívar, Susuki, Bilz y Pap y Coca-Cola (basado en Spoonman de Soundgarden). Para hacer jingles debes ser músico. Aunque no se use la poesía ni el talento, acá se trabaja el ingenio. La parte “intelectual” de la música, digamos.
En los noventa no hice muchas cosas (aunque compuse el tema central de la telenovela “Aquelarre”). Crecí con el pesimismo, bastante bien fundado, con respecto al círculo musical de este país. Aunque creo que internet es la solución de la vida.
Creo que Chile es Virgo, necesita la farándula y la copucha. Una persona tímida e insegura como es la chilena requiere que el otro se fije en el que está al lado. La gente habla de otra persona para que no se fijen en uno. Y de ahí nace la farándula que ha tomado el medio artístico de nuestro país.
MI HERMANO NINO
Nino es un ángel. Demasiado sensible y adelantado para este país. Es un tesoro para Chile que dará frutos a través de la música para la gente. Lo importante en la música es difundirla para que sea valorada. No hay un sistema para que un músico que hace ese tipo de música tenga espacio en Chile. Nino vivía comprimido sin poder expandirse como músico. Lo llamaban de la tele para grabar música “anecdótica”, onda grabar una cueca barroca. Y Nino decía: si tengo millones de músicas para el mundo, ¿por qué tengo que hacer eso? Y ahí de un día para otro hizo una autorrevolución y dijo ya no. No transó nunca más, y eso le costó la vida. Valiente.
Últimamente se me está dando algo mágico. Sin tener ni una ilusión de nada y sobreviviendo con mis pegas en la publicidad, apareció mi hermana Marianela y me concientizó mucho para que mis canciones no se perdieran. Para tentarme dijo: pásame tus baladas, y yo empecé a escarbar.
He pensado que los músicos somos personas con carencia de afecto y hacemos música para tener afecto, para que nos quieran. El aplauso y el éxito y el triunfo en el fondo son cariño.
No me genera un rollo que mis jingles sean más conocidos que las canciones y no se sepa que los compuse yo. Son dos mundos diferentes. El que compone el jingle es el clon.
El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.
Por Juan Carlos Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 25 de noviembre 2007.
El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.
La niña contempla indecisa una biblioteca junto a su gato y dice: “Seguramente voy a leer muchos libros en mi vida, pero los que lea en mi infancia me los voy a acordar siempre ¡Es mucha presión!”.
Este tipo de diálogos y dibujos increíbles salen de la pluma de Liniers todas las semanas en el diario “La Nación” de Argentina. Andrés Calamaro, lector de “Clarín”, su competencia, lo descubrió tarde y de golpe no tuvo más remedio que enviarle un mail.
“Pensaba que era una joda de mis amigos”, cuenta Liniers, risueño, al teléfono desde Buenos Aires. “Yo era fan absoluto de Andrés y que de repente apareciera escribiéndome y felicitándome era sorprendente. Por las dudas le respondí”.
Pero en vez de un e-mail cortésmente desconfiado, lo hizo con una historieta donde aparece personificado en un conejo como habitualmente lo hace en sus tiras explicándole que Kevin Johansen se le adelantó y que tiene la portada de “Logo” a medio hacer (finalmente la terminó e incluso aparece dibujando en sus shows). Pero también le dice a Calamaro que “como todo el mundo, colecciono tus discos hace años… así que la idea de ver un dibujo mío en uno… ¿En serio sos Calamaro?”.
Así que esta es la historia de un rockero, un caricaturista, un disco llamado “La lengua popular”, un concierto en Santiago y todo lo que hay en el medio.
VIETNAM PERSONAL. “No tengo la costumbre de colgarme de los recuerdos”, dice Calamaro desde Buenos Aires. “Prefiero mi vida como está ahora. Pero tengo recuerdos muy interesantes y atrevidos de mi última década. Y recuerdos entrañables, alegrías y secretos de todas mis vidas anteriores”, dice.
En pleno cambio de milenio estaba claro que el lujoso “Alta suciedad” de 1997 (El de “Flaca” y “Loco”, grabado con músicos de John Lennon y Tom Waits) era apenas el principio. Dos años después vendría el doble “Honestidad brutal”, y el 2000 el quíntuple “El salmón”, con 103 canciones.
Allí, en su departamento madrileño bautizado como Deep Camboya en referencia a “Apocalypse Now” entre teclados, computadores, guitarras, crisis personales semipúblicas, y un portaestudios en “Rec”, decidió grabar una canción por día, abandonando los discos y shows en vivo (ojo, que incluso Bob Dylan lo felicitó por su “Elvis está vivo”).
El músico estaba tan iluminado que en cualquier momento parecía que se autodestruiría. Grababa 10 temas seguidos, literalmente hasta desmayarse, y mientras la “Rolling Stone” española se preguntaba “¿dónde se esconde Andrés Calamaro?”, el “Salmón” continuaba sus aventuras en Buenos Aires. Cada amigo, periodista o fan que entró a su Vietnam particular regresó del edificio con un CDR copiado por él.
“Ir al rescate de esas grabaciones propiamente dichas es un proyecto permanente y que siempre progresa de una forma u otra”, dice. En esa época, recién los músicos de Los Auténticos Decadentes lo obligaron a darse cuenta que a muchos les extrañaban sus canciones, hasta que la Bersuit lo arrastró a cantar de nuevo a fines de 2004.
NERD DE BIBLIOTECA. Hace 20 años, mientras Calamaro esperaba a su chica bajo la lluvia como un perro en Los Abuelos de la Nada, Liniers quien paga sus cuentas como Ricardo Liniers Siri era un niño que lo escuchaba por la radio mientras dibujaba historietas inspirado en Mafalda, Tintin o Condorito (“hace poco me enteré que era chileno, cada tanto incluyo un plop! en mis dibujos”, dice).
Por eso lo puso tan contento la petición de Calamaro. “En una de esas era el verdadero músico. Por eso respondí con un dibujo, ¡para entusiasmarlo! ¡No vaya a ser que se arrepintiera!”. Cuando se juntaron, el autor de “Sin documentos” le mostró el disco, intercambiaron ideas y al final le dijo: “Tienes la libertad de hacer lo que quieras con el arte del disco”.
Tras colaborar con revistas universitarias y publicaciones under, Liniers comenzó el 99 con “Bonjour” en el suplemento No de “Página/12″. Tenía 26 años y le ofrecieron ese espacio a raíz de otras colaboraciones que hacía para ese periódico. “Daba vueltas por la redacción una vez a la semana, cuando entregaba mis trabajos, y me paró un editor y me preguntó si quería colaborar. Creo que hay que tener ese golpe de suerte, pero también debes hacer las tareas”.
“Bonjour” eran unas tiras en blanco y negro, con situaciones como un señor con sombrero que le dice a una señorita: “Yo aún soy virgen y me gustaría que mi primera experiencia sea con usted”. Ella lo mira y le dice: “Ay, las cosas que dice. ¡Es usted un gracioso…! Virgen, jaja”. “Sí, de lo más cómico”, dice él riendo también, hasta que ella se va y él se queda solo y triste.
La saga que incluía sus tradicionales pingüinos, ovejitas y “cameos” de artistas tenía ya todo lo que nos gusta de Liniers y que continuó en “Macanudo”. Primero, la ternura que desprenden los personajes (la vaca cinéfila, Z-25 el robot sensible, Enriqueta y el gato Fellini). Dos, las situaciones (como la del párrafo anterior). Tres, la construcción de un mundo a la manera de las películas de Wes Anderson o los discos de Belle and Sebastian: libros, cafés, plazas, animalitos, el centro de la ciudad. Cuatro, las reflexiones simples pero de alto vuelo en la tradición de Quino. Quinto, un principio de bondad.
Sí, porque cada tira de Liniers es una buena razón para no volvernos tan locos y pegarnos un tiro. O dicho de otro modo, leerlo provoca esa inédita emoción que nos impulsa a querer más a la gente y la vida. Como cuando Enriqueta se dedica a leer, correr y jugar todo el día con su gato Fellini y dice: “Otro sábado bien aprovechado”. O cuando Angie se golpea la cabeza y el conejo Liniers le dice: “Odio verte lastimada”.
“Hay que tener tiempo para dialogar con la infancia. Es una época increíble de la que sin embargo se tienen pocos recuerdos. Un estado muy puro y lúcido que me intriga, tal vez porque en esa época no tienes nada que defender y eres más tú mismo y eres directo, en lugar de andar disimulando”.
LA LENGUA FELIZ. Un hombrecito de sombrero camina digno y orgulloso. Su panza brilla como un sol. “Fue el primer dibujo que hice y a Andrés le encantó, se rió mucho”, explica Liniers. La canción se llama “Sexy & Barrigón”, y en una parte dice: “Soy una buena combinación de Homero Simpson y Rolling Stone”, mientras una voz de mujer gime el título.
- ¿Volvieron las guitarras eléctricas, Andrés?
-Yo toco unas cuantas, la única canción donde no hay otro guitarrista es ésta. La chica sexy es la computadora Apple de Cachorro López. Un poco de buen humor es necesario en el rock y la ironía es importante para las personas. Ese ritmo Motown es de los preferidos de Cachorro, que estaba determinado a incluir una canción así en el álbum. Suerte que se filtró un poco de espiritu Iggy Pop en el disco, de su groove personality. “La mitad de las olas” y “Sexy” tienen aires de este gran ninja de Detroit”.
La clave del disco es ésta. Porque aparte de la lectura “popular” en los ritmos o temáticas como la de “Comedor piquetero”, hay un sorprendente “rediseño de la felicidad”. Porque entre el disco de versiones “El cantante” (donde hacía suyos los versos de Héctor Lavoe: “Si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren”); su regreso a los escenarios (con bandas de lujo como Bersuit, Ariel Rot o Fito & Los Fitipaldis) y “El Palacio de las Flores” (a cuatro manos con Litto Nebbia), el planeta Calamaro jamás se había visto tan recién pintado como ahora. Y sin proponérselo, simplemente sucedió como todo lo bueno en la vida: los músicos de la Bersuit lo animaron a regresar a los escenarios, conoció a una buena chica en el lugar menos pensando y, claro, se le aparecieron las historietas de Liniers y sintió que las comprendía perfectamente.
Tan importante como el dibujante, el apoyo de Cachorro López fue clave para Calamaro. Su ex compañero en Los Abuelos de la Nada lo ayudó a rockear las armonías populares aprendidas con Litto Nebbia. “Sí que quise que el disco tenga meneo subtropical y guitarras de rock, me gusta la cumbia y la movida tropicuartetera y era mi deseo incluir esta variedad en un álbum”.
LA LENGUA POP. El disco que Calamaro envió a Liniers quien incluso “dibujó” las letras esconde una gran verdad desde su rockera apertura “Los chicos” hasta el cierre de “Mi Cobain”. Ambos recuperados de su época salvaje de principios de milenio coinciden en que lo esencial no es invisible, como decía el Principito, sino que llega gratis e incluso podemos tocarlo.
“Es verdad. Lo esencial es visible. Al menos todo lo que dibujo es lo que veo. Sería interesante una historieta donde se dijera eso. A mí me gustaba El Principito , pero como lo leí cuando niño. Después, más grande, descubrí un airecillo a metáfora new wave que no me gusta”, opina el dibujante.
Calamaro reconoce no ser ya el “viejo Andrés que no dormía más” en la aceleradísima “La mitad del amor”. En “De orgullo y de miedo” el dibujo es un paisaje otoñal abierto incluso reconoce: “Cualquiera se cansa de milongas/ y quiere querer y también ser querido/ Confieso haber vivido afuera del margen de la moral y lo permitido”. “Es la letra de un corazón cansado que se sorprende latiendo de nuevo por alguien. No siento a diario el peso de la culpa ni creo haber cometido demasiados errores imperdonables, aunque tampoco podría recordarlos todos”, dice el músico.
Porque Calamaro, más que rock, hace canciones, patenta estilos y aunque dice a LCD que le gustaría mucho poder dominar el lenguaje del jazz y de la gran música, “confieso haber surfeado sobre acordes sencillos para hacer y cantar mis canciones Asimismo, mi paleta de acordes no es tan escasa, pero ya formo parte de los autores que hacen muchas canciones con pocos tonos”.
Y si andas tropical e incluyes dibujos en tu disco, es señal que andas más contento que nunca.
Incluso pulió su discurso antiindustria de los años de “El salmón”: “”Yo lamento que la música popular no forme parte de las páginas culturales de los períodicos. Vivimos en un mundo corporativo, pero prefiero no internarme en un laberinto de paranoia y mantener la frialdad para seguir siendo un buen francotirador. Contra el MP3 no tengo nada, pero creo que la música local debería pagarse siempre que exista esa opción. La música importada propongo bajarla Hay tanto para conocer que no se puede comprar todo, pero nuestros discos sí, porque necesitamos ser dignos, seguir encontrándole sentido a grabar discos y vivir en castillos de arena”.
Para Calamaro, lo mejor que le ha pasado fue “volver a Buenos Aires y empezar a vivir de nuevo”, también dar recitales satánicos (como el que promete para el 9 de diciembre en el Espacio Riesco) y el respeto de sus colegas y el pueblo.
“Sí, mi vida es buena. Lo digo yo”, aunque advierte: “La felicidad, finalmente, es más frágil que la tristeza, por lo menos la de los humildes. Eso dicen las canciones”.
Liniers sigue trabajando en sus caricaturas. A veces, cuando sale con su chica (al igual que Calamaro está feliz de al fin estar con una buena nena a quien dibuja siempre), pinta sus caricaturas con café. “Es un lindo color”, dice.