Morrissey, APSI, biblioteca
En la mañana estaba escribiendo, escuchaba una extraña compilación de la Wire y al lado tenía la colección de Apsis de 1991.
Me hizo gracia que la Corrupción haya sido tema de portada prácticamente iniciado el gobierno de Aylwin.
O que mi colega Sergio Paz comentara un disco de Aztec Camera, que ahora aparecen reseñados en blogs indie al lado de las bandas de Sarah Records.
También había en el número del 6 de octubre una entrevista a Morrissey hecha por Jean-Daniel Beauvallet (vía Ajo Blanco). La titularon: “La soledad del corredor de fondo”. Acababa de lanzar Kill Uncle, su segundo disco con los títulos más brutalmente irónicos de su carrera.
Dice muchas cosas interesantes, que se me habían olvidado que eran importante y me acercaron a sus discos, cuando no eran citados en películas mainstream. Hay frases que ya conocía. Ahora sé de donde la copiaron mis colegas más viejos, temorosos de citar.
Para mí, un éxito no es tan importante como parece. No estoy dispuesto a hacer lo que sea para convertirme en popular…Un amigo me decía hace poco: “Estás loco por decir que no a Top of the Pops. Yo daría mi brazo por estar allí”. Y le respondí: “Pues tendrías un aspecto un poco ridículo en Top of the Pops con un solo brazo.
Pregunta: Existe una teoría que dice que la escena actual de Manchester es fruto de una reacción contra los Smiths. Durante años le has dicho al público que no coma carne, que queme las discotecas, que lea a Oscar Wilde. Ahora de repente aparecen grupos cuyo mensaje es “Hagan lo que se les antoje, dróguense, sean vándalos”.
Es simplemente el cambio de guardia. Cada generación se revela contra la anterior. Los hijos hacen todo lo contrario a lo que hicieron sus padres. Con un poco de suerte, pronto llegará una generación que considerará a los Happy Mondays como unos idiotas y que reinvidicará los valores opuestos a los que acababas de enunciar.
(sobre el cine obrero británico de los sesenta, cuya estética reproducen las portadas de los Smiths). Lo único que quería comprender era la belleza de la trampa, ver a la gente luchar sin tener la más mínima oportunidad, sobre todo en el contexto de la vida familiar, en un mundo que conocía tan bien como el Norte. Esas películas reproducían mi infancia con una dignidad increíble. La gente era auténtica, lo cual no es muy habitual. Y yo quería que las películas fueran el espejo que reflejara mi vida. Necesitaba que me dijeran que no estaba loco
Creía ser la reencarnación misma del paria, del marginado social. Dicho hoy esto, parece casi arrogante, en el límite del romanticismo: el “rebelde”, el “outsider”… Pero no era el caso. Yo era sumamente insignificante.
Pregunta: ¿A quien se lo reprochas?
Es por culpa del gobierno (risas). Era un díscolo, me negaba a prepararme para una vida normal y respondí demasiado pronto “no, gracias”. El único deseo de la gente de mi edad era ahogarse en la masa, ser considerado como un miembro del clan Todo lo que se esperaba de mí me repugnaba. La vida podría haber sido mucho más fácil para mí.
(…) Estaba fascinado por el individuo, obsesionado por el individualismo
Pregunta: Has dicho que eras un niño “terriblemente impopular”. ¿Lo sentías como una fatalidad o una injusticia?
Era una crueldad sobretodo porque yo era un niño encantador. Iba siempre bien peinado, con la raya impecable (risas). Era una impopularidad malvada. La gente de mi alrededor disfrutaba haciéndome sufrir, creían que me lo merecía.
Pregunta: ¿No te sentías un poco orgulloso de tu aislamiento?
Sin duda. Hay un goce perverso y amargo en el hecho de sentirse único, pero hay que pagar un precio muy alto y renunciar a muchas cosas en la vida. Pero debía hacerlo. Hoy en día los adolescentes me dicen: “Mi vida está vacía, no tengo amigos, no salgo, no me gusta este mundo”. Veo que lo que sentía entonces no era un sentimiento exclusivo; en aquel momento estaba solo y convencido de ser el único en esa situación.
Escribir puede ser mucho mejor que tener amigos.
Cuando alguien vive una juventud atroz, su vida no puede sino mejorar.
También habla de su rollo con el celibato (supe que ahora, al fin, encontró novia, bien Mozz!), que en The Smiths, mientras Johnny Marr estaba rodeado de amigos él apenas tenía el gato y que la mejor forma de acabar con la realeza es echarle cianuro al desayuno.
Un ensayo sobre los Smiths y el jangle publicado acá
Una página que recopila toda la informarción de singles, portadas, ediciones raras y entrevistas
La extraña compilación de la Wire aquí, vía La Increíble Verdad Redux.

