(I can`t get no) STEVIE JACKSON
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 25 de noviembre 2011
Lo bueno de los proyectos solistas es que nos permiten “fragmentar” los talentos de una banda y entender los intereses particulares de sus integrantes. Y si con God help the girl, Stuart Murdoch, director de Belle & Sebastian mostró de donde venía el pop de cámara (chamber pop); acá se nos muestra la conexión con el glam y el country/folk de la banda. De hecho, I can´t get no puede entenderse como un debate entre canciones eléctricas y acústicas junto a un innegable talento para ubicar las melodías donde tienen que estar.
“Man of god” es un ejemplo perfecto para entender esto. Una introducción de piano, primero. Los discretos violines que dan paso a la banda completa, después. Y una melodía demasiado pegajosa para ser una estrofa. Sin embargo ese es el truco, que permite que el puente y el estribillo suenen más duros y percusivos. Una sensación de sorpresa y de darle una vuelta a las composiciones que -significativamente- está presente en sus aportes para Belle & Sebastian.
Canciones como “Pure at heart” (cuya letra puede ser tan ñoña como reivindicativa), la energética “Try me” o la marchante “Where do all the good girls go?” tienen una marcada influencia del glam británico más clásico. No sólo por la producción cargada a los efectos de guitarra o piano y la reverberancia en la voz, sino también por cierta cosa irónica que se corona con “Richie now”. La extraña historia del mejor amigo del colegio que era “guapo y cool” y cuyas compañeras lo rodeban todo el tiempo. Y como si esto fuese poco “Tenía cada uno de los discos de los Beatles/Y yo apenas tenúa uno/ El Twist and shout ep de 1963″, canta Jackson. Aunque también hay sorpresas como la funky setentero de “Just. just so to the point”.
La sección acústica del disco es particularmente interesante, con un equilibro entre el folk más dulce (“Bird’s eye view”) hasta las baladas más rápidas y con secciones de vientos (“Kurosawa”). El mismo autor reconoce en las notas del disco que esta última queria dedicarsela al director japonés pero terminó sonando “más Ozu”. También hay piezas explícitamente country como “Feel the morning”, lo que demuestra que el amor que sienten los compositores británicos por la música de raíz estadounidense sigue vigente. Aspectos que de más está decir, Belle & Sebastian ha ido incorporando progresivamente.
Para cualquier seguidor de la banda, que Jackson se anime a sacar un disco completo (y no sólo colaboraciones o homenajes a Beach Boys) es todo un acontecimiento. No sólo por la simpatía natural que transmite en la banda, sino porque es el integrante más ansioso por hablar de la historia del rock. Algo que se nota en las referencias contenidas en las letras o citas musicales del disco.
También por una anécdota que es bueno ventilar: el famoso productor de Ramones, Talking Heads y Madonna; Seymour Stein quería conocer a su banda y viajó de Nueva York a Glasgow. En una apoteósica cena -donde los amigos del grupo metieron en la bolsa hasta los panes sobrantes- Stein se devolvió sin concretar nada y algo contrariado. A nadie de Belle & Sebastian le importó mucho porque no lo conocían. Sólo Jackson -lector de enciclopedias y revistas de música- sabía su importancia y no pudo juntarse con él: tenía que lavar platos hasta tarde al otro lado de la ciudad. ¿Cómo no simpatizar más con él?
Stevie Jackson/”I can’t get no” (Bachory, 2011)
1. Pure at heart, 2.Just, just so to the point, 3. Try me, 4. Richie now, 5. Dead man´s fail, 6. Bird´s eye view, 7. Man of God, 8. Kurosawa, 9. Where do all the good girls go?, 10. Telephone send, 11. Feel the morning


Alejandro “Mono” González aun no puede creer haber participado de la experiencia. Este viernes al mediodía, en el Centro Cultural La Moneda dará una charla al respecto.




Kasabian es una banda británica enfocada en comerse el mundo. Como sus coterráneos Oasis, Radiohead, Coldplay o, en menor medida, Arctic Monkeys. Sin embargo, tras varios discos editados aun no aciertan. Y méritos le sobran: buenas melodías, arreglos cuidados, una estética musical levemente manchesteriana y una producción que los hace sonar más potentes, especialmente en su sección rítimica. Pero estamos en una época en que la el formato “banda de rock” ha sido desplazado sobre todo por solistas-espectáculo como Lady Gaga o Justin Bieber. Por ende, centrarse en una carrera de hits, fama y revuelo mediático no es el mejor camino para una banda de rock con inquietudes creativas. Especialmente con tantas micro-escenas donde los grupos experimentan con el ruidismo, el folclor africano o las orquestaciones.

La discografía de Belle and Sebastian fácilmente puede interpretarse como la lucha por sensibilizar el cancionero pop-rock sin volverse cursi en el intento: desde el pop de cámara -a lo Left Banke o The Association- de Tigermilk (1996) hasta las guitarras glam y viejos sintetizadores del The life pursuit (2006). Era una propuesta integral que afectaba melodías, arreglos, letras, estribillos. Pero también eran sus escasas declaraciones a la prensa, apariciones en televisión y los libretos interiores de los discos. Así, es fácil entender la adoración y el sentimiento de “excepcionalidad” que hacen que sus fans se sientan los únicos en el mundo con derecho a escucharlos. A pesar de ser una agupación bastante popular, basta recordar los premios y la difusión -hasta en MTV y revista Rolling Stone- del If you`re feeling sinister (1996). Pero es entendible, si pensamos en el tipo de música que dominó dominó esos años: rap-metal, indietrónica, rock de garage.







