Alberto Fuguet se arrienda

Archivo Periodístico,Entrevistas,Reportajes 9 October 2005 | 0 Comments

Seguimos al director en los estrenos de su película en Valdivia y Santiago. En el camino, Andrés Valdivia –el compositor de la canción principal- se cayó al río Calle Calle y una paleta publicitaria declaraba: “Me vendí… ¿Y qué?”. Fuguet repondió: “No te arriendes ni te vendas. Crea tu sistema”. No es que ahora el escritor de gafas se sienta más querido: él quiere más, seguro de dirigir su propia vida.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 9 de octubre 2005. Versión sin editar.

CERO PESOS: el saldo es insuficiente para realizar la llamada, le susurra la grabación a Gastón Fernández. Pero en vez de romper el celular, el pobre tipo se queda estático: no sabe bien cómo tocó fondo, pero lo comprende perfectamente. Fernández -por si alguien aun no conoce la sobrepublicitada trama de “Se Arrienda”- es un compositor bloqueado de regreso en Santiago de Chile. Sin trabajo ni ánimo para leer una partitura, las bolsas de basura se acumulan en su pieza y la única alternativa es visitar a su padre, dueño de una corredora de propiedades.  Hace un par de décadas, en 1988 Gastón juró hacer música, editar discos y no venderse al sistema. Ahora intentará arrendararle departamentos a tipos que pensaban como él.

VENDERSE. Gastón ya no está en pantalla: carretea, impecablemente vestido, en la fiesta post-estreno valdiviana. Se llama Luciano Cruz-Coke y a su lado, los actores Gonzalo Valenzuela, Nicolás Saavedra y Diego Muñoz pelusean. Muñoz le agarra el poto a Cruz-Coke y se ríe. The Verve suena a todo volumen, los mozos se desviven por atenderlos y los invitados que no son vip, miran de reojo y sacan canapés. En la esquina, con un vaso en la mano, Alberto Fuguet, el jefe de todo esto.

“Es verdad” -dice- “Hay desolación en la película. Por eso me sorprende verla entre tanta gente, porque está realizada para ser vista en el cine solo”.

Y el hombre del momento se levanta, sin despedirse.

Así ha sido todo el reportaje: one liners y escabullidas. Días después, en el preestreno capitalino en la sala Las Lilas -que pronto será demolida- se coló entre el público y quedó tranquilo: el público celebra al universitario Gastón cuando rechaza de plano “trabajar con el enemigo, aunque se llame Julio Iglesias”.

“Si yo te ofreciera 10 millones de pesos y cuestiones que te importan como devedés o viajes por dirigir el programa Mekano. ¿Qué me responderías?. Estar inseguro de tu talento hace que tomes ese tipo de decisiones rápidas. Porque no sabes si podrías conseguir lo que realmente quieres sin ceder”- me dice Fuguet después de la función.

Es la última vez antes del estreno en salas comerciales.

ARRENDARSE. Antes de eso, en Valdivia, el muro de un pub dice: “Me Vendí… ¿Y Qué?”. En los paraderos hay publicidad de la película. No pude conseguir una entrada, pero me dicen que no me preocupe. Estoy con el staff, rumbo a una supuesta conferencia de prensa en una isla.  La “novelista” María José Viera Gallo despierta a todo el bus con sus risas.  Su hermana Titi es la editora, o “brazo derecho” como Fuguet la llamaría después. Andrés Valdivia me dejó alojar en su pieza de hotel y me enseña los acordes de “Encontrar”, esa canción tan Elliott Smith de “Se Arrienda”.

Un gracioso la pone en el equipo y Valdivia tiene pudor de escucharse a sí mismo. La lancha no llega y todos quieren almorzar. Y eso hacen. Obligado a seguirlos y pagar por un salmón que no quería, mientras los valdivianos saludan a Katina Huberman  que está sentada al lado.  Fuguet no aparece.

Ya es de noche. Estamos en el multicine Movieland del Mall Plaza de los Ríos, Fuguet aparece flaco, con jockey y traspasando flashes, adolescentes caza autógrafos, prensa y estudiantes de cine.  Estaba viendo la película “En La Cama” de Matías Bize, dice.  Le gustó.

Me pasan la entrada y no sé como, estoy sentado en primera fila. La sala está a tope. Es la primera vez que se exhibe la cinta. Tras el desfile de los infinitos nombres de empresas que apoyaron el proyecto aparece Gastón a la deriva por el centro de Santiago. Gastón discutiendo con su padre que duda de su talento. Gastón sintiéndose ajeno en las fiestas. Todos somos Gastón, cuando mira -dentro de la misma película- el corto “Hormigas Asesinas”, donde un solitario Benjamín Vicuña busca el amor verdadero en un Santiago muerto.  Si Fuguet dice que nació vendido, lo que realmente quiso hacer es una frase ingeniosa, porque nadie que vende el alma puede lograr conmover la de  los otros.  O al menos dejarlos callados un rato. ¿O será que no saben qué decir de la película de su amigo?

SALVARSE. Regla uno del Sistema Fuguet: dirigir tu propia vida. “Mucha gente acepta el libreto asignado y es infeliz. La única manera de escapar es editando. Esa es la fuerza del director. Claro, es un gasto de energía enorme y un trabajo largo, pero realista”.

Regla dos del Sistema Fuguet: Fijarse metas a largo plazo. “Porque así tienes un horizonte, un lugar. Si te caes, te levantas porque lo sigues persiguiendo. Y ojo, esto es sin llorar”.

Alberto dice que la gente que admira ha tenido grandes fracasos que luego se convierten en triunfos; que la matriz cristiana está presente en toda su obra bajo la idea de cargar la cruz y la redención; que si quieres conocerlo debes leerlo porque, él finalmente “es” el protagonista de todas sus obras; que la pasó más mal en la escuela de periodismo que en el colegio, donde fue presidente de curso los últimos años; que perdona pero no olvida a los que lo atacaron cuando sacó “Sobredosis” o “Mala Onda”; que aprendió a saltar la reja porque le negaron las llaves del Reino; que se aisló cuando empezó a hacerse conocido; que todo tiempo pasado fue peor; que está reconciliado con su padre, que de hecho es productor del film y lo acompañó en Valdivia; y –lo más importante- no es que se sienta más querido ahora, es que él está empezando a querer más.

Titi Viera-Gallo: “Fuguet sabe hacerte parte de su vida. Te involucra tanto que no temes llamarlo a las dos de la mañana para discutir una idea”, agrega. Francisco Ortega, coguionista y amigo, no se queda atrás en los elogios: “Alberto tiene talento y ganas. Y sobretodo buenas historias. Sabe como dirigir a los actores y arma equipos. Cruz-Coke hace el papel de su vida. Y claro, la película viene con mala leche desde el principio, pero ¿Qué se le va a hacer?”.

El actor Nicolás Saavedra, le tiene aun más fe. “Es generoso con lo que sabe. Para inspirar mi personaje me prestaba devedés y conversábamos mucho. Por su sensibilidad podría convertirse en el próximo Woody Allen”. Luciano Cruz-Coke, el jovencito de la película, es aún más seguro: “Fuguet escribió el personaje pensando en mí. Lo mejor de él es la complicidad que crea con los actores. Cada uno guarda pequeños secretos con él”.

En el cine de Valdivia hubo un extraño silencio cuando “Se Arrienda” terminó. Sin adelantarlo, se puede decir que es de esos finales que te pillan por sorpresa. Después, obviamente, todos aplaudieron, aunque algo desconcertados. Ahora me entero que hizo Fuguet escabullido: fue a caminar al Calle Calle. Más rato se uniría el resto del equipo. Yo me fui a dormir. Me despierta Valdivia, empapado: se había caído al río.

Ya en Santiago en Radio Horizonte, Fuguet recuerda el accidente y se ríe con Cristian Heyne, el compositor de la banda sonora. Después explica “el equipo no trabaja para el director sino para Gastón”. Francisca Lewín y Nicola (que actía de sí misma)  confirman que el director les repartió a todos una estampita con la cara de Clint Eastwood.

“Los libros y el cine son una inmejorable tabla de salvación”, me dice Fuguet y me muestra su bolso repleto de libros, revistas y un ipod. Estamos en confianza, al fin y me explica cosas que escribí en la primera version de este reportaje. Me cae bien que haya sido pop, que lo hayan pelado y haya salido adelante. Por algo lo entrevisto.

LA CUARTA VÍA. Pienso en la silueta del director entre el público de la sala, mientras Gastón trata de llamar por celular. “Quería comprobar que la película funcionara con el público. Comprobar que la gente se ríe, lo pasa bien. Su emoción me demuestra que no estoy equivocado”, sentencia. Mientras los actores están en algún bar de Providencia celebrando, Fuguet camina por Plaza Las Lilas. Pronto volverá a su vida normal, de libros, discos y películas. Ahora el círculo se agranda, la gente engancha con el Sistema Fuguet y el mundo se vuelve más cómodo porque al fin, encontró su lugar. “Ya no soy una piedra rodante”, dice mientras un auto pasa veloz por la calle. Me dice que le gusta Dylan. Y Calamaro. Fresán se lo presentó.

-¿Y qué te pareció la película a ti?

Le digo que estoy de acuerdo con su teoría de los departamentos vacíos. Esa donde te olvidas de los demás fabricando tu espacio y Fuguet dice su Regla de Oro: “Arrendarse es la opción menos mala entre venderse o renunciar. Todos tenemos acceso a la cuarta vía: crear tu propio sistema. Si no te gusta el mundo, es mucho mejor transformar el tuyo. Ahora puedo decirlo, pero uno no hace películas o escribe libros para que tengan éxito. Son los medios que utilizas para modificar tu vida. El arte definitivamente te salva. Es como “Héroes” de Ray Loriga, donde los discos de Bob Dylan finalmente rescataban al protagonista. Hacer una película es una forma de ser rockero también”.

Luego de horas de espera, lluvias y plantones pienso que Fuguet nunca se arrendó ni se vendió. En Tobalaba el afiche de la película dice “Bienvenido al sistema”. No alcanzo a decírselo, porque él hace rato que entró a su departamento y yo voy rumbo al centro pensando en Loriga y su visión del escritor chileno: “Uno puede hacerse el mundo que quiera. Fuguet convirtió su proyección personal en un hecho. Alberto es lo que siempre quiso ser”

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