ROCK Y POP NACIONAL: BIENVENIDOS A LA BRECHA

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 27 April 2011 | 0 Comments

Es difícil definir la nueva música hecha en chile. Incluso centrándonos en el rock y pop. Más bien hay una dispersión de escenas, géneros, estéticas e incluso planes de promoción. Todo esta “novedad” –impulsada, sin duda por la masificación de internet desde fines de los noventa- choca contra la forma tradicional –léase industria- que dominó los últimos treinta años y que es representada por bandas como Los Tres o Los Bunkers. Así se dan paradojas: mientras algunas bandas nuevas gestionan sus discos o salidas al extranjero, todavía hay algunos que sueñan con que los “descubran” y puedan sonar en la radio.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Cuaderno (Fundación Pablo Neruda), verano 2011

UNA BRECHA. El 2010 regresaron Los Bunkers y Los Tres, posiblemente las bandas más trascendentes -a nivel masivo- del rock/pop chileno. Los primeros sacaron Música libre una colección de versiones de Silvio Rodriguez. Los segundos, Coliumo, álbum de 17 canciones que insisten en el rockabilly-foxtrot-cueca con que el público los asocia. Ambas producciones fueron lanzadas con prensa (no especializada), grandes recitales y apariciones en televisión. Es decir, “a la antigua”. Incluso los links para descargar los discos compartidos por los fans fueron “quitados” de blogs y fotos por los sellos respectivos. Mientras tanto, en la nueva escena independiente las bandas no tienen ningún problema en subir los discos gratis, negarse a entrevistas, dialogar -o discutir- por las redes sociales. Artistas que van desde el pop como Dënver hasta el piano rock de Carolina Nissen, desde el rock moderno de Fother Muckers al neo-folclore de Diego Peralta. Este último, de hecho, ha organizado todas sus giras por el país y Argentina gracias a los amigos que va haciendo en internet. Evidentemente, hay una brecha no sólo tecnológica o de la “industria musical” que los sostiene, sino también generacional.

EL FACTOR MYSPACE. Antes de Twitter y Facebook, para las bandas nuevas la gran plataforma “social” de internet era Myspace. Un sitio -actualmente reformulado- que permitía no sólo colgar canciones en formato mp3, sino que también subir fotos de recitales, anunciar noticias o vincularse con los myspaces de sus influencias. Esto, sumado a páginas web/programas radiales como Super45 o Perdidos en el Espacio, ayudó a la creación de “microescenas” en la primera mitad de la década pasada, desde el hip-hop de Colectivo Etereo (que subía al instante sus collages sonoros compuestos y grabados en la pieza) hasta el pop de cámara de Les Ondes Martenot. Bandas con una base sólida de fans, mucha comunicación via internet y canciones que se escapaban a la lógica comercial radial. Bandas un poco más “convencionales” (en el sentido estilístico) como Guiso, Ganjas, Tsunamis o Ramires se fueron sumando a este eclosión indie. En regiones, sin embargo se seguía viviendo como en los viejos tiempos a excepción de fenómenos puntuales como la escena electropop de Talca o el emo-core de Concepción, sostenidas a través de Fotologs o bares convertidos en salas de conciertos.

SUBVENCIÓN VS. AUTOGESTIÓN. Desde la segunda mitad de la década pasada hasta hoy, la brecha es insalvable. Podríamos hablar incluso del asentamiento de la autogestión frente a la vieja subvención que dominó el mundo de la música popular moderna. Mientras por un lado habían bandas nuevas que aun intentaban entrar a la “industria” (esto es, conseguir productor, llegar a la radio o canales, ser contratados por un sello, editar un disco), por el otro había musicos que se agrupaban, que se autoproducían (desde canciones a giras internacionales) o que fundaban sellos como el netlabel Pueblo Nuevo, Cazador Records o Infanta Terrible. Todos con criterios estéticos y editoriales propios y siempre a la búsqueda de nuevas propuestas. De hecho este último generó un nexo para que músicos nacionales vayan a España y viceversa.

CANCIONISTAS. Uno de los primeros cambios importantes registrados por los medios masivos fue la aparición de los cantautores que tomaban intuitivamente elementos del folclore, punk, electrónica y pop más “alternativo”. La mayoría ha editado discos este año: Gepe (Audiovisión), Javiera Mena (Mena), Manuel García (s/t), Leo Quinteros (Los días santos), Angelo Pierattini (Vampiros) o el ex Teleradio Donoso, Álex Anwandter (Odisea). Javier Barría está por sacar nuevo material. Curiosamente, a excepción de PedroPiedra (quien tocó la batería con Jorge Gonzalez en el reciente festival chileno-argentino El Abrazo), todos ellos siguen siendo vistos fuera del rock chileno canónico. Como si fueran intrusos en un mundo habitado por Los Tres, Javiera Parra o Chancho en Piedra.

ESTRIBILLOS. A diferencia de los noventa y principios de 2000, actualmente la producción nacional se maneja con criterios “profesionales” no sólo en el sonido, sino en la construcción de canciones. Antes, bandas como Canal Magdalena, Glup! o Santos Dummont destacaban de la media porque hacían “canciones con estribillos” a diferencia del resto sumido en el funk o la demostración virtuosa de los instrumentos. Actualmente todo el espectro de bandas concuerdan en la importancia de la melodía. Desde Primavera de Praga que oscila entra la psicodelia y el pop británico histórico hasta Las Lilits, banda de punk-pop femenino.

EL REDESCUBRIMIENTO DEL “CORAZONES” DE LOS PRISIONEROS. Si bien es innegable la dispersión del rock/pop chileno actual, hay ciertos rasgos comunes en los proyectos más exitosos. Hablábamos de Javiera Mena, Pedro Piedra, Gepe, Anwandter o Dënver, solistas y bandas que han construido prestigio en el extranjero y que rinden tributo a un disco maltratado por la crítica de su tiempo: Corazones, el disco tecnopop y “despolitizado” (aparentemente, al menos) de Los Prisioneros. Canciones escapistas, lujuriosas y bailables que ahora son leídas como una liberación de la lucha por la democracia, que han sido revaloradas. Sin duda, Jorge Gonzalez, es el único puente de la nueva generación con el rock chileno clásico.

LA ¿NUEVA? CUMBIA. Si en Argentina la cumbia fue resignificada con las tecnologías digitales y la ironía -remitirse al catálogo de ZZK Records-, en Chile ha ingresado al público rockero, sin ningún maquillaje. De hecho, bandas impulsoras como Chico Trujillo o Juana Fe, hacen una lectura casi literal del viejo repertorio cumbiero-popular. Un movimiento que va mucho más allá del fenómeno de temporada y cuyo símbolo es Villa Cariño una agrupación que llevó este ritmo desde el tradicional Galpón Victor Jara al Club Amanda de Vitacura. Algunos incluso lo han llamado “Galpón Jaime Guzman”. Entre esta cumbia y fenómenos masivos como Americo, la diferencia la hacen los pequeños detalles que vienen “del rock”: volumen, cierto despliegue instrumental y cierta desprolijidad frente a la estructura clásica de la cumbia.

BLOGS, LINKS, REDES SOCIALES. En general la prensa especializada se refugia en secciones de “Cultura y Espectáculos” y revistas como la Rolling Stone, Extravaganza, iPop o Rockaxis. Los puntos de vista son, en general, centrados en el dato duro (fechas y costo de los recitales), el reseñismo (“describir” los estilos y canciones de un disco) o la entrevista promocional. Si bien en internet, la tendencia es mas o menos similar –anulando la experimentación, polémica o aventura de la prensa internacional- al menos hay un campo interesante para compartir enlaces de descarga de disco. Este punto es interesante: aunque hay instancias de descarga legal y a precios relativamente accesibles como Portaldisc, los links de descarga siguen siendo el acercamiento más directo a las “nuevas musicas”. En efecto, la novedad no es que se puedan subir discos en archivos .zip a internet, lo interesante es como estos links fluyen en Twitter y Facebook. El camino natural, después de Myspace. Esto, además se colgar recitales o videoclips en Youtube o Vimeo.

DISPERSIÓN. Por supuesto que hay contradicciones. Quizá nunca hubo tantas bandas y proyectos nuevos, pero las salas de concierto siguen siendo las mismas más algunas que abren y cierran. También hay cierto amateurismo en el manejo de las relaciones públicas (hay bandas que insultan directamente al crítico del disco). Además, aun no está completamente inventado un canal de distribución para la nueva música. Algunos venden sus discos en los recitales o ferias de diseño. Otros lo suben a mediafire o rapidshare (gestores de archivos) y luego lanzan el link en sus sitios. No faltan los que piden borrar el disco de los foros, temerosos de “compartir” gratis su obra. Mientras en el antiguo orden había una estructura que ordenaba las cosas, ahora todo es difuso. Sobretodo en la agotadora discusión por los derechos digitales o la ley que obligaría a las radios a tocar un 20% de música nacional en las radios.

PERSPECTIVAS. Hay teorías que dicen que el nuevo estadio de la música será componerla y compartirla con los amigos. Esto, por supuesto, no significa que desaparezcan los recitales o las grabaciones. Sin embargo, es muy interesante ver como los costos de grabación se van reduciendo cada vez más y existe todo un aparataje que permite manejar y mostrar esa música (redes sociales, mp3, pendrives). Durante un tiempo continuará la discusión, pero todo tiende a que el viejo modelo termine convirtiéndose en algo distinto. Pero, aun falta mucho: según un informe de la revista The Economist, esta misma industria musical global nunca había estado mejor que ahora, gracias los conciertos en vivo.

Materiales


5 discos

JAVIERA MENA/MENA (2010, UNION DEL SUR)

Mena está destinado a ser escuchado fuera de nuestras fronteras, porque está en sintonía con el pop que se hace actualmente. Lograr mirar más allá de nuestras apretadas fronteras y crear canciones de estándares mundiales es el gran logro del disco. Por algo se lanzó por iTunes. Es difícil que los antiguos fans se sientan decepcionados. Más bien vivirán el mismo proceso compositivo de la autora al escuchar estas nuevas canciones. Y, al final, comprobar que el camino elegido fue el correcto.

GEPE/AUDIOVISION (2010, QUEMASUCABEZA)

En Chile, siempre ha existido una brecha entre el folclor y la música popular. Hits radiales -y sociales- como “Todos juntos” o “Lejos del amor” aun hoy son excepciones. En este contexto, el gran aporte de los nuevos cautores -Gepe, Camila Moreno, Diego Peralta, Pedropiedra- ha sido llenar las grietas y vacíos a pura intuición. En lugar de remitirse a una estructura o tradición, en su obra hay mucho de imaginación y riesgo. Aunque alcancen o no buen puerto. Por algo el autor de Audiovisión elude “explicar” su música. O la influencia de Víctor Jara, el pop, el post-rock o la electrónica. Elementos que ciertamente están en su propuesta desde el elogiado 5×5 (2004). Simplemente porque su estilo no viene de un lugar definido, sino que está en desarrollo. Este disco continúa esa línea evolutiva. ¿Cómo podríamos definir si no “Amigos vecinos”?. Una canción que comienza con un dejo de tonada y está acompañada de palmas, pero al rato entra un piano y un coro. O “Alfabeto”, que a pesar del arpegio de guitarras que remite al canto nuevo, tiene una excelente percusión nortina y una línea vocal más cercana al dream pop que a la música de raíz.

ALEX ANWANDTER/ODISEA (2010, OVEJA NEGRA)

Este disco-proyecto, que en rigor sólo menciona a su autor en los créditos, utiliza una batería de recursos sorprendente: efectos de teclados antiguos, diálogos grabados, sonidos de vehículos, ecos en las voces, pianos, violines. Pero a la vez adopta una estética bailable en su estilo más ortodoxo: canciones que se extienden por más de cinco, siete o nueve minutos con el único objetivo de provocar el trance en el oyente o bailarín. Y todo esto se traduce, a la vez, en una libertad (y humor) para encarar las composiciones que está claro que el rígido estándar del pop le hubiese impedido.

FOTHER MUCKERS/SI NO TIENES NADA QUE DECIR ENTONCES CALLA (2010, CAZADOR)

En el mapa del pop-rock nacional, pocas bandas aprovechan la oportunidad de sonar a presente. Claro, están los netlabels y ciertos proyectos autogestionados, pero a nivel masivo, el panorama es desalentador. Ahí tienen a Chancho en Piedra, Lucybell o Los Bunkers, versionándose alegremente. De ahí la importancia que cobraron agrupaciones como Teleradio Donoso y Fother Muckers, que emergieron de forma paralela y jamás ocultaron sus ganas de alcanzar la masividad. Ambas bandas, comparadas y a veces enfrentadas en guerrillas de blogs o posteos, intentaban impulsarse desde el presente. Esto es asumir las influencias del pasado (en este caso, los Beatles, la invasión británica o Neil Young) pero tomando fuerzas del “sonido ambiente”. Esa mezcla de hits radiales, discos recomendados y métodos de producción que definen lo actual.

3 WEBS DE CONSULTA

www.musicapopular.cl

www.mus.cl

www.super45.cl

2 SELLOS
CAZADOR
http://www.sellocazador.cl/
PUEBLO NUEVO
http://www.pueblonuevo.cl/

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Gepe – ”Audiovisión” (2010, Quemasucabeza)

Uncategorized 4 June 2010 | 3 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 4 de junio 2010.

En Chile, siempre ha existido una brecha entre el folclor y la música popular. Hits radiales -y sociales- como “Todos juntos” o “Lejos del amor” aun hoy son excepciones. En este contexto, el gran aporte de los nuevos cautores -Gepe, Camila Moreno, Diego Peralta, Pedropiedra- ha sido llenar las grietas y vacíos a pura intuición. En lugar de remitirse a una estructura o tradición, en su obra hay mucho de imaginación y riesgo. Aunque alcancen o no buen puerto. Por algo el autor de Audiovisión elude “explicar” su música. O la influencia de Víctor Jara, el pop, el post-rock o la electrónica. Elementos que ciertamente están en su propuesta desde el elogiado 5×5 (2004). Simplemente porque su estilo no viene de un lugar definido, sino que está en desarrollo.

Este disco continúa esa línea evolutiva. ¿Cómo podríamos definir si no “Amigos vecinos”?. Una canción que comienza con un dejo de tonada y está acomañada de palmas, pero al rato entra un piano y un coro. O “Alfabeto”, que a pesar del arpegio de guitarras que remite al canto nuevo, tiene una excelente percusión nortina y una línea vocal más cercana al dream pop que a la música de raíz. La misma idea que Gepe desarrolla en “Estado de vista” y la excelente “La bajada”: ritmo y arreglos folclóricos acompañados de melodías del más fino pop de estilo internacional.

Por otro lado, hay en Audiovisión una interesante conexión con cierto pop que se hace en Europa (a diferencia de la tendencia rockera-electrica-fluorescente de Estados Unidos). En concreto: “Salón nacional de tecnología”, el single “Por la ventana” o las canciones “Budapest” y “Lienza” (con Javiera Mena) son melodías hermosas y calmadas, pero tocadas con programaciones y finos efectos. Recuerdan fuertemente las producciones de los sellos suecos Labrador y Bonjour (Sambassadeur, Radio Dept, Club 8).

Pero hay más puntos altos: “12 minerales”, con un gran trabajo de voces o la hermosa “Vitoria Roma”. Son piezas que no sólo confirman a Gepe como un gran compositor que abandonó ciertos vicios en la entonación o la escritura, sino también abren nuevas puertas a la compleja relación entre música de raíz y modernidad, entre folclor y pop, que más que opción es una necesidad.

Gepe / ”Audiovisión” (2010, Quemasucabeza)

1. Amigos vecinos, 2. Por la ventana, 3. 12 minerales, 4. Alfabeto, 5. Ayelén, 6. Estado de vista, 7. Lienza8. Salón nacional de tecnología, 9. Un día ayer, 10. Victoria Roma, 11. La bajada, 12. Budapest

Gepe (Daniel Riveros): voz, guitarras, teclados y piano, percusion y sonidos, secuencias.

Músicos invitados: Pedro Subercaseaux: bajo electrico, y guitarra electroacustica “12 minerales”, Danae Morales: corno frances en “12 minerales”, Felicia Morales: cello en “Victoria Roma” y “Un dia ayer”, Valeria Jara: voz en “Salón nacional de tecnologia”, “Alfabeto” y “Victoria Roma”, Pamela Sepulveda: voz en “Estado de vista”, Gonzalo Canales: guitarra electrica en “Estado de vista”, Jorge González: voz en “salon nacional de tecnologia”, Javiera Mena: voz en “Lienza y Cristian Heyne: programaciones y voz en “Alfabeto”

Producción: Cristián Heyne y Gepe

www.myspace.com/gepe
www.quemasucabeza.com

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Rock chileno: los exiliados del sur

Archivo Periodistico,Musica,Reportajes 9 December 2005 | 0 Comments

En los 90s Chile era un país adolescente. Uno que salía al mundo, engrupido con la llegada de MTV, los multicines, Internet, el cable. Y las bandas de rock sonaban muy parecidas a las de afuera. Una década después, un montón de bandas suenan propias, con canciones donde conviven identidad y globalización. De esas, Los Bunkers son los más populares. Un proceso rockero que también habla del país. Y que partió con cuecas sonando ahí, en MTV.

Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 9 de diciembre 2005.

ESTOY VERDE. “Estoy verde porque pase algo por aquí/ pero ya empiezo a desesperar/ podría haber algo como/ una fiesta!/ podría haber algo como/ unas chicas!/ podría haber algo como/ no sé/ podría haber algo cómo/ una revolución…”. La canción se llamaba “Una revolución en mi barrio” y con mis amigos la cantábamos en la esquina cada vez que no pasaba nada. Y eso era casi siempre. Nada-mucho, poco-más Pánico nuestro primer cd: Combo discos, 500 copias, Bruce Lee en fondo rosa, un disco que compré a medias con un amigo en el Dos Caracoles. Teníamos 16 años.

“Una revolución/ en mi barrio/ en mi esquina/ y todas/ todas esas chicas saldrían a bailar por mi calle/ y en mi cama/ A la policía, los políticos y toda ese gente del Estado les decimos/ conchetumadre…”. Bendita adolescencia. La canción se convirtió en un himno callejero a pesar que ni la Rock & Pop la tocara mucho (¿se acuerdan cuando la Rocka era realmente “la radio del rock chileno”?) Un himno que resumía el sentir de cualquier adolescente chileno en la mitad de los 90s: después de una infancia bajo el imperio del mal, era hora de la fiesta. Esa era nuestra revolución.

Pánico representó eso a nivel no mainstream: hijos de exiliados, sonando a una fiesta playera tipo Pixies, disfrazándose arriba del escenario y enseñándonos a jugar de nuevo, sin miedo. Tipos con onda, mucha onda. Y los amamos por eso. Porque eso fueron los noventas en Chile: un grupo de adolescentes que empezaban a cambiar los uniformes por la ropa de calle. Una época donde pintarse el pelo, tatuarse o ponerse un piercing nos parecía una declaración de principios (aún recuerdo el impacto que me produjo ver el video de “Corazón de Sandía” de Los Tetas en el Canal 2 y sus pelos de colores), un grito de libertad que te traía problemas, y no sólo un asunto de onda como ahora.

En los 90s todo Chile era un adolescente que se engrupía fácilmente, wannabes celebrando la llegada de MTV como la de un ejército libertador, rogándole a papá por el teve cable y leyendo a Fuguet hablar sobre River Phoenix (Ok, Fuguet nos enseñó a escribir y nos abrió la cabeza. Le debemos demasiado: desde Tarantino hasta Bukowski. Pero también hay que reconocer que se engrupe en extremo ¿O alguien nos puede explicar su incondicional amor por Phoenix y Henry Rollins?)

La economía chilena comenzó a crecer. Pasamos de ser el hermano pobre y piola, al “jaguar de Latinoamérica” que mandaba icebergs a Sevilla. Tan nórdicos, tan fríos, tan engrupidos. En los estelares millonarios de la época había una pregunta que se repetía sin cesar, cuando el entrevistado era una mega estrella extranjera. “¿Cómo somos los chilenos?, ¿qué conocen de Chile?”.

Como todo adolescente no teníamos claro quienes éramos y necesitábamos que el mundo nos lo dijera.

Cultura pop, Internet, cable, multicines. La globalización abriéndote la cabeza. Una ola que llegó casi sin aviso. Un mar en el que nos sumergimos con una sonrisa de oreja a oreja, y que con el tiempo —crisis económica de por medio— nos hizo aguantar la respiración, revolcarnos, tragar sal, y salir a flote. Los jóvenes empezaron a “empoderarse” tecnológicamente. Blogs, flogs, sellos independientes, raves, fiestas callejeras, etc. Con el tiempo aprendimos a hacer cosas y a digerir lo que llegaba de afuera. A tener mirada propia.

¿Y ahora? Bueno, ahora los adolescentes siguen siendo lo que siempre serán: unos wannabes en busca de identidad. Pero la diferencia, gran diferencia, es que con medios propios y una mirada más escéptica. Una que obliga a entender que todo es un juego. Que si te vistes de negro y vas a la Blondie tu enemigo no es el rapero que va a sus fiestas (como sí lo era en los 90s, donde las “tribus” se odiaban entre sí).

De pronto nació una generación que creció sin miedo. Una que tiene claro que opinar es su derecho, aunque a veces opine puras leseras. Con el tiempo, entendimos que en esto de la globalización vivimos en la periferia. Y que eso puede ser una ventaja: miras para todos lados y sacas lo mejor. Así terminas conociendo más bandas, películas o libros que un tipo que respira en Nueva York, París o Londres. Porque ellos sólo se miran su propio ombligo. Tú tienes el mundo. Y entre medio, empezamos de a poco a valorar lo nuestro.

Las semillas rockeras de los 90s comenzaron a brotar, al fin, en una síntesis que no se refugia estúpidamente en el Chile que no fue, sino que se alimenta de ambos lados. Identidad y globalización. Lo malo es que la mayoría de esas bandas (Matorral, La Floripondio!, Taller Dejao, etc.) siguen sin sonar en la radio. Lo bueno es que la Zona sigue escribiendo de ellos.

Pero, ¿cómo empezó todo esto?

CUECAS, AQUÍ, EN M-T-V. Tuvieron que aparecer Los Tres en el Unplugged de MTV, entre videos de Oasis y Soundgarden, para mostrarnos que la cueca no era esa música de viejos que sólo sonaba en las fiestas patrias, con historias campestres que no nos podían interesar menos. Nunca sospechamos que Los Huasos Quincheros, que por tanto tiempo tuvimos que escuchar obligados, escondían a Roberto Parra y sus amigotes. Cuequeros con más calle, vida y mirada que cualquiera de esos rockeros con camisa de franela o chasquilla british. Chilean punks.

Al fin teníamos un pasado decente. Así como los gringos tenían sus blueseros, nosotros teníamos a los cuequeros. En la Yein Fonda nos dimos cuenta que también se peinaban con los foxtrots, tangos, tonadas, y eso que el tío Roberto bautizó como jazz huachaca. Aprendimos los primeros acordes de guitarra con “¿Quién es la que viene allí?” al mismo tiempo que con “Wonderwall”.

“Nuestra dictadura fue la más cruel, porque por opción se mató la semilla que estaba germinado durante la Unidad Popular, sepultando todo. En Argentina nunca se persiguió a los artistas. De hecho la cultura siguió funcionando como siempre. Acá te obligaban a cortarte el pelo”, dice Mauricio Basualto, batería de Los Bunkers. En este ambiente, era lógico que perdiéramos la pista de esa gente. Pero lo más increíble es que fue en MTV, antes que en cualquier radio o canal nacional, donde descubrimos lo que nos escondieron: la buena cueca. Y nos dimos cuenta que sí teníamos una historias “rockera”, que los 70s y 80s fueron un obligado stand by. Afortunadamente Los Tres apretaron el botón adecuad

ENTRAN LOS BUNKERS. Cuando Los Tres se separaron todo eso quedó flotando en el aire, disperso. Álvaro Henríquez se encargó de continuarlo, hasta que desde la misma ciudad, cinco chicos que también habían visto el “Unplugged”, lo hicieron llegar a la nueva generación. Su argumento era el mejor: canciones con identidad que silban en el cerebro todo el día. Porque los Bunkers se elevaron por encima de sus influencias adolescentes —Beatles, Kinks, Oasis, los mismos Tres—, para recuperar la memoria de su infancia. Todo eso antes de llegar al segundo disco.

Con ellos empezamos a intrusear los viejos vinilos de los papás y tíos, descubriendo que Violeta Parra maneja la melancolía mejor que Radiohead, que Los Jaivas suenan únicos e irrepetibles y que las canciones de Víctor Jara son grandes lecciones de historia, como las de Dylan. La diferencia es que a él sí le entendemos las letras.

“El mejor recital que he visto en mi vida fue el 2002 en una Yein Fonda. Se presentaron los Chileneros y quedamos vueltos locos. Nunca había visto tanto desparpajo, energía y fuerza”, recuerda Basualto.

“Vida de Perros”,el último disco de Los Bunkers que se lanza en Santiago mañana, tiene canciones que recuerdan a Franz Ferdinand o Los Ángeles Negros, sin dejar nunca de sonar a ellos mismos.

EL FUTURO DE CHILE. “La actitud correcta al vivir en la periferia es abrirse. Porque acá tenemos un montón de cosas que hacer. Mi novia es de Estados Unidos y se sorprende que acá bandas chicas tengan acceso a la prensa. Acá todo es más familiar, más cálido. Y ya no es como en los noventas, donde las tribus marcaban territorio. Ahora se convive mejor. Se entienden mejor las cosas”, dice Gonzalo Planet de Matorral. Claro, lo mejor de vivir acá es que puedes mirar en las dos direcciones, aprendiendo a desprejuciarte.

Parado desde la periferia de la globalización tienes dos opciones: puedes ser como un adolescente que escucha a Simple Plan o Good Charlotte y formar una banda para calcarle el sonido, o puedes buscarte uno propio. Y hay mucha gente que lo está haciendo. Porque ahora los hip hoperos chilenos samplean Camilo Sesto o Lucho Barrios y no sólo funk gringo. Y una buena parte de los rockeros aprendió a tocar cueca eléctrica.

Ahora preferimos Vía X que MTV. Ahora podemos escuchar a Gepe mezclar Radiohead con Violeta Parra, Matorral sonando a los Stones y Los Jaivas, Perrosky bluseando a Atahualpa Yupanqui o La Floripondio! encendiendo la mecha con sus guarachas reggae y delirio a lo Tommy Rey. O los propios Pánico, que dejaron de sonar como Pixies para experimentar con cumbias y electrónica. Todos, sin dejar de sonar endemoniadamente rockeros.

Sí, buena parte del rock chileno ha cambiado. Y de nuevo tienes dos opciones: puedes seguir encerrado viendo MTV, y enterarte de lo que pasó debajo de tus narices diez años después, o salir a verlos en vivo. ¿Te lo quieres perder?

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