Filosofía & Pop

Uncategorized 15 June 2010 | 0 Comments


Mi colaboración en La Panera de este mes, profundizando uno de los temas que me han dado vuelta: pensamiento, internet y capitalismo tardío vs. cultura de masas.

Está en librerías, bibliotecas y algunos café selectos.

Hacer click acá para que las hormiguitas se vuelvan letras, frases y links.

Gracias, Daniela por el escaneo  y feliz aniversario: Je t´aime

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“Es Más Fácil Imaginar El Fin del Mundo, Que El Fin Del Capitalismo”

Uncategorized 27 April 2010 | 0 Comments

1. Encontré este análisis radial sobre el capitalismo a través de “The Full Monthy” (en la foto) y “Billy Elliot”. La planificación del fin del estado de bienestar impulsado por Margaret Tatcher es realmente siniestro. ¿Les suena conocido?

2. Franco Ingrassia me envía un artículo sobre esa idea que Zizek le atribuye a Frederic Jameson: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. El extracto de Mark Fisher analiza la película “Children Of Men” y plantea que más que una visión futurista, la película es precisamente nuestra realidad exacerbada. Y después habla de lo funcional que es al capitalismo el hip-hop y analiza a Cobain:

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Observemos, por ejemplo, el establecimiento de, las ya asentadas, zonas culturales “alternativas” o “independientes”, que repiten viejos gestos de rebelión y contestación hasta el hartazgo como si fuera la primera vez. “Lo alternativo” y “lo independiente” no designan algo fuera de la cultura mainstream; mas bien, son estilos, de hecho los estilos dominantes, dentro del mainstraim (o cultura hegemónica). Nadie ha encarnado (o luchado contra) este conflictivo punto más que Kurt Cobain y Nirvana.

En su espantosa lasitud y su ira sin ninguna finalidad, Cobain parece haber dado una fatigada voz a los descorazonados de la generación que ha venido después en la historia, cuyos movimientos fueron anticipados, seguidos, comprados y vendidos antes de que hayan podido siquiera suceder. Cobain sabía que era solamente otra pieza del espectáculo, que nada funciona mejor en MTV que una protesta contra MTV; sabía que cada uno de sus movimientos eran un cliché programado por adelantado, incluso dándose cuenta que eso es un cliché. El impasse que paralizó a Cobain es, precisamente, el mismo que describió Jameson: como la cultura posmoderna en general, Cobain se encontró a sí mismo en “un mundo donde ya no es posible ninguna innovación estilística, (donde) lo que resta es imitar estilos muertos, hablar a través de las máscaras y con las voces de los estilos en el museo imaginario”.

Acá, incluso el éxito implica el fracaso, desde el momento en que para triunfar solo significaría que vos sos la carne nueva con la cual el sistema se puede alimentar. Pero la angustia existencial de Nirvana y Cobain pertenecen a un momento más antigüo: los que los sucedió a ellos fue un rock-pastiche que reprodujo las formas del pasado sin ansiedad.

3. Y finalmente, Pinochet aparece en la tapa de Radar para la entrevista a Jon Lee Anderson -que escribió una nota sobre el terremoto el mismo fin de semana-  hecha por  Martín Perez, uno de mis contactos en Buenos Aires.

Pinochet, después de todo es el símbolo del “exitoso” experimento capitalista del que hablaban en el reportaje citado en el punto 1.

La foto, donde el gordo impide una muerte en defensa propia vía Montymania.co.uk

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La Imagen como Forma Final de la Reificación de la Mercancía.

Uncategorized 18 March 2010 | 0 Comments

Estoy leyendo este ensayo de Frederic Jameson.

Aunque me siento “fuera de las canchas teóricas” con esto del terremoto (1)  y me impaciento con los laberintos semánticos, hay partes que encontré muy interesantes. El autor intenta explicar la relación y lógica del capitalismo tardío con la cultura, incluyendo a los que creen que ya pasamos a “otra etapa económica”.

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Y hay un párrafo donde organiza una vieja -y estúpida- discusión que yo tenía con mi editor del suplemento juvenil donde partí. Él creía que  el “refrito” de estilos era algo “reciente”.

En estas circunstancias, la parodia misma pierde su vocación; vivió su momento, y esa extraña novedad del pastiche ha tomado lentamente el relevo. El pastiche es, como la parodia, la imitación de un estilo peculiar o único, idiosincrásico; es una máscara lingüística, hablar un lenguaje muerto; pero es una práctica neutral de esta mímica, no posee las segundas intenciones de la parodia; amputado su impulso satírico, carece de risa y de la convicción de que, junto a la lengua anormal que hemos tomado prestada por el momento, todavía existe una sana normalidad lingüística. El pastiche es, entonces, una parodia vacía, una estatua ciega: es a la parodia lo mismo que esa práctica moderna (tan interesante e históricamente original) de la ironía vacía es respecto a lo que Wayne Booth llama las «ironías estables» del siglo XVIII.

Así pues, parece que se ha cumplido el diagnóstico profético de Adorno, si bien de modo negativo: el auténtico precursor de la producción cultural postmoderna no es Schonberg (la esterilidad de su sistema concluido ya fue vislumbrada por Adorno), sino Stravinsky. Esto se debe a que, tras la quiebra de la ideología modernista del estilo —eso que es tan único e inconfundible como las huellas dactilares, tan incomparable como el propio cuerpo (la fuente misma, según el  joven Roland Barthes, de la invención e innovación estilísticas)—, los productores de la cultura sólo pueden dirigirse ya al pasado: la imitación de estilos muertos, el discurso a través de las máscaras y las voces almacenadas en el museo imaginario de una cultura que hoy es global.

Esta situación provoca, evidentemente, lo que los historiadores de la arquitectura llaman «historicismo», es decir, la canibalización aleatoria de todos los estilos del pasado, el juego de la alusión estilística azarosa y, en general, lo que Henri Lefébvre bautizó como la creciente primacía de lo «neo». Aun así, esta omnipresencia del pastiche no es incompatible con un cierto humor, ni está exenta de pasión: es, como poco, compatible con la adicción, con ese apetito, único en la historia, que tienen los consumidores de un mundo transformado en meras imágenes de sí mismo, apetito de pseudoacontecimientos y «espectáculos» (dicho con el término de los situacionistas). Para tales objetos podemos reservar la concepción de Platón del «simulacro», la copia idéntica de la que jamás ha existido un original. Muy coherentemente, la cultura del simulacro nace en una sociedad donde el valor de cambio se ha generalizado hasta el punto de que desaparece el recuerdo del valor de uso, una sociedad donde, como ha observado Guy Debord en una frase extraordinaria, «la imagen se ha convertido en la forma final de la reificación de la mercancía» (La sociedad del espectáculo). (2)

Cabe esperar que la nueva lógica espacial del simulacro tenga un efecto crucial en lo que solía ser el tiempo histórico. El propio pasado se modifica: lo que en la novela histórica (tal y como la define Lukács) era la genealogía orgánica del proyecto colectivo burgués (lo que la historiografía redentora de un E. P. Thompson o de la «historia oral» norteamericana, la resurrección de los muertos de generaciones anónimas y silenciadas, sigue viendo cómo la dimensión retrospectiva indispensable para toda reorientación vital de nuestro futuro colectivo) se ha llegado a convertir en un vasto conjunto de imágenes, un ingente simulacro fotográfico. Hoy, la incisiva consigna de Guy Debord se adecúa mejor que nunca a la «prehistoria» de una sociedad despojada de toda historicidad, una sociedad cuyo supuesto pasado es poco más que un conjunto de espectáculos cubiertos de polvo. En fiel conformidad con la teoría lingüística postestructuralista, el pasado como referente se va poniendo paulatinamente entre paréntesis y termina borrándose del todo, dejándonos tan sólo textos.

1.Al parecer acá en Santiago todos quieren olvidarlo excepto Daniela y yo, y sabemos que en el resto del sur es noticia diaria, sobretodo ahora que están apareciendo cuerpos en Talcahuano.

2. En términos simples: si los productos culturales fueran persona, serían pura imagen, pura apariencia.

3. La foto es de acá.

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