(I can`t get no) STEVIE JACKSON

Anorak City,Archivo Periodistico,Críticas,Musica 26 November 2011 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 25 de noviembre 2011

Lo bueno de los proyectos solistas es que nos permiten “fragmentar” los talentos de una banda y entender los intereses particulares de sus integrantes. Y si con God help the girl, Stuart Murdoch, director de Belle & Sebastian mostró de donde venía el pop de cámara (chamber pop); acá se nos muestra la conexión con el glam y el country/folk de la banda. De hecho, I can´t get no puede entenderse como un debate entre canciones eléctricas y acústicas junto a un innegable talento para ubicar las melodías donde tienen que estar.

“Man of god” es un ejemplo perfecto para entender esto. Una introducción de piano, primero. Los discretos violines que dan paso a la banda completa, después. Y una melodía demasiado pegajosa para ser una estrofa. Sin embargo ese es el truco, que permite que el puente y el estribillo suenen más duros y percusivos. Una sensación de sorpresa y de darle una vuelta a las composiciones que -significativamente- está presente en sus aportes para Belle & Sebastian.

Canciones como “Pure at heart” (cuya letra puede ser tan ñoña como reivindicativa), la energética “Try me” o la marchante “Where do all the good girls go?” tienen una marcada influencia del glam británico más clásico. No sólo por la producción cargada a los efectos de guitarra o piano y la reverberancia en la voz, sino también por cierta cosa irónica que se corona con “Richie now”. La extraña historia del mejor amigo del colegio que era “guapo y cool” y cuyas compañeras lo rodeban todo el tiempo. Y como si esto fuese poco “Tenía cada uno de los discos de los Beatles/Y yo apenas tenúa uno/ El Twist and shout ep de 1963″, canta Jackson. Aunque también hay sorpresas como la funky setentero de “Just. just so to the point”.

La sección acústica del disco es particularmente interesante, con un equilibro entre el folk más dulce (“Bird’s eye view”) hasta las baladas más rápidas y con secciones de vientos (“Kurosawa”). El mismo autor reconoce en las notas del disco que esta última queria dedicarsela al director japonés pero terminó sonando “más Ozu”. También hay piezas explícitamente country como “Feel the morning”, lo que demuestra que el amor que sienten los compositores británicos por la música de raíz estadounidense sigue vigente. Aspectos que de más está decir, Belle & Sebastian ha ido incorporando progresivamente.

Para cualquier seguidor de la banda, que Jackson se anime a sacar un disco completo (y no sólo colaboraciones o homenajes a Beach Boys) es todo un acontecimiento. No sólo por la simpatía natural que transmite en la banda, sino porque es el integrante más ansioso por hablar de la historia del rock. Algo que se nota en las referencias contenidas en las letras o citas musicales del disco.

También por una anécdota que es bueno ventilar: el famoso productor de Ramones, Talking Heads y Madonna; Seymour Stein quería conocer a su banda y viajó de Nueva York a Glasgow. En una apoteósica cena -donde los amigos del grupo metieron en la bolsa hasta los panes sobrantes- Stein se devolvió sin concretar nada y algo contrariado. A nadie de Belle & Sebastian le importó mucho porque no lo conocían. Sólo Jackson -lector de enciclopedias y revistas de música- sabía su importancia y no pudo juntarse con él: tenía que lavar platos hasta tarde al otro lado de la ciudad. ¿Cómo no simpatizar más con él?

Stevie Jackson/”I can’t get no” (Bachory, 2011)
1. Pure at heart, 2.Just, just so to the point, 3. Try me, 4. Richie now, 5. Dead man´s fail, 6. Bird´s eye view, 7. Man of God, 8. Kurosawa, 9. Where do all the good girls go?, 10. Telephone send, 11. Feel the morning

http://www.steviejackson.net/

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Cristianismo y Rock

Uncategorized 4 April 2010 | 0 Comments

El rock está obsesionado con la religión más de lo que se cree. Específicamente con el cristianismo. Desde la influencia gospel en Elvis hasta la vocación hímnica de U2, pasando por la oscuridad del metal o la crítica del punk, la figura de Cristo, aunque ha inspirado más dudas que certezas, raras veces ha sido vista desde un ateísmo militante.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 4 de abril 2010.

“Muchos sacerdotes católicos venían a nuestros shows. Y conversábamos. Deberían cantar el Evangelio, les decíamos. Eso atraería a los jóvenes. Dénle más vida al asunto… Estábamos convencidos de que la Iglesia debería cambiar”.

Así recuerda Paul Mc Cartney, en la biografía “Anthology” (2000), cómo surgió el tema del cristianismo en la famosa entrevista de 1966. Ésa donde John Lennon declaraba que Los Beatles eran más populares que Cristo. “En realidad éramos muy pro Iglesia… Él intentaba decir algo en lo que todos creíamos: no están insistiendo lo suficiente en Jesucristo, deberían hacer algo más al respecto”.

El cristianismo ha sido una obsesión en el rock. Como si el sexo, drogas y rock & roll fueran una cáscara para ocultar una búsqueda espiritual desesperada.

“Hay dos opciones”, decía Bono en una entrevista de 2005. “O Jesucristo estaba loco o realmente es el Hijo de Dios. La idea de que el curso entero de la civilización en la mitad del globo haya cambiado su destino a causa de un loco, para mí es exagerado”.

VERBO, NO SUSTANTIVO

“No, no creo en nada. Muéstrenme algo en qué creer y conversamos”, decía Bob Dylan durante su gira por Inglaterra de 1965. Ya había logrado el éxito con “Blowin’in the wind” justamente basada en un himno cristiano y sus discos estaban llenos de citas de la Torá judía, es decir el Antiguo Testamento. En 1979 terminaría predicando La Palabra ante sus desconcertados fans.

Tanto el rock and roll como el folk que influyeron en la generación de Dylan se emparentaban con el cristianismo. El primero tenía una importante base del gospel (literalmente: “Evangelios”) cantados en las iglesias afroamericanas. El segundo estaba bajo la influencia lírica y musical protestante propia del interior de los Estados Unidos. Por eso no extraña que Elvis grabara discos bíblicos (y que llamara de madrugada a su pastor pidiendo consejos) o que el rocker Little Richard se volviera ministro. Tampoco que los Byrds sacaran una bella adaptación del Eclesiastés, original de Pete Seeger (“Turn!, Turn!, Turn!”, 1965).

Cuatro años después lanzarían: “Jesús is just allright”, adelantándose, por cierto, a años luz de lo que intentó hacer Arjona, en “Jesús verbo, no sustantivo”.

En California, Brian Wilson, de Los Beach Boys, hacía que su banda rezara antes de componer y grabar. De esas sesiones surgirían piezas sublimes como “God only knows” (1966). ¿Es éste un mundo cristiano?, se preguntaban Los Rolling Stones en “Simpathy for the devil” (1968). Una canción generalmente malinterpretada donde Mick Jagger teatraliza la dualidad demonio-hombre como causante de la traición de Judas, el holocausto y el asesinato de Kennedy. George Harrison en 1971 llegaría al número uno con “My sweet lord”, un auténtico himno donde le cantaba al Dios -cristiano e hindú. En esa misma época, Big Star, la banda del recientemente fallecido Alex Chilton, compondría “Jesus Christ”.

SALVACIÓN

El rock ha visto al cristianismo con más dudas que certezas. Pero nunca desde un ateísmo militante. Basta volver a la opera rock “Jesucristo Superstar” (1970). Allí, la dupla Tim Rice y Andrew Lloyd Webber muestran a un Cristo cansado y sin poderes. Algo así como su imagen “laica”. De hecho, Judas es mucho más importante y el Mesías es más bien un líder político ligado a la contracultura de los sesenta. Sin embargo, hacia el final, después de su espantosa crucifixión (con unas percusiones y sonidos electrónicos desesperantes), la música queda inconclusa. Como si realmente no fuera solamente un revolucionario que muere crucificado. Como sugiriendo la posibilidad anunciada en la Biblia.

Paralelamente comienza a gestarse el “rock cristiano” como género en Estados Unidos. Sin embargo, sus músicos son mas bien “versiones cristianizadas” (es decir con letras exclusivamente de alabanzas) de la música que suena en las radios. Aunque bandas como Stryper (versión del hair metal ochentero), Sixpence none the richer (versión indie pop) o P.O.D. (versión del niü metal) terminarían siendo masivas.

Por otro lado, en el indie actual hay varios ejemplos notables: los suecos de Club 8 (“Jesus, walk with me”, 2008), las referencias bíblicas de Arcade Fire o, sobre todo, enterarse que el lider de Belle and Sebastian, Stuart Murdoch participa en la pastoral juvenil de Glasgow. Tan curioso como conocer las conversiones de Alice Cooper o Dave Mustaine de Megadeth. “¿Qué hacen escuchando a Kiss? Yo vengo a hablarles del único que puede salvarlos. Vengo a hablarles de Jesucristo”, decía en 1979 antes de tocar prácticamente integró sus nuevas canciones. Dylan, acorralado por los periodistas decía que creía que Cristo era el hijo de Dios y que si se hubiera hecho hindú lo hubieran jodido menos. También explicaba, casi didácticamente para molestar a los desconfiados, que “Él me dijo: Bob, por qué te me estás escapando…”.

Su trilogía cristiana, especialmente “Slow train coming” (1979), estaba muy lejos de la beatería y la obviedad. Había ironía, citas a Nixon o Kissinger, críticas a Estados Unidos y la declaración que, aunque todos lo traten de loco, él tiene la certeza de Dios (“I believe in you”). Luego volvería al judaísmo, aunque es difícil olvidar su rostro emocionado cuando cantó ante Juan Pablo II en Bolonia en 1997. En una entrevista reciente dijo: “Sigo siendo un hombre de fe. Aunque tengo claro que ser creyente no es algo para todo el mundo”.

REZANDO POR UN HIT

“Lamento informar que Américo no es “cristiano” y su postura religiosa no la ventila públicamente. Gracias por el interés”. Respondió Meliton Vera, mánager de Américo, por mail. Tamaña reacción refleja perfecto la relación de la música tropical y el cristianismo. Porque no es lo mismo ser un “músico cristiano” que hacer “música cristiana”. Si bien algunos integrantes de La Noche o reggaetoneros como Tito El Bambino hablen de Cristo, están lejos de la música cristiana. La división evangélica entre música “secular” y música “cristiana” es brutal. Si no es música de adoración, no es música cristiana como se explica en los foros dedicados a la gigante escena cristiana. Aunque sus agrupaciones sean -tal como en el rock- “versiones cristianizadas” de la música comercial. Postura muy diferente al catolicismo que nunca rechazó oficialmente el rock: “Revolver” de Los Beatles fue elegido recientemente por la prensa vaticana como el mejor disco de la historia. LCD

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No country for old Bob

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica 3 April 2008 | 1 Comment

Desde su juventud, Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Una piedra rodante que desde mediados de los 80s se mantiene en gira constante con su Neverending Tour, el que lo trae por segunda vez a Chile. Más que la leyenda que nunca quiso ser, a Dylan le gusta verse como un recopilador de las raíces estadounidenses. Porque para él, el pasado es el lugar donde habitan todas las respuestas. Aunque éstas claro, estén siempre flotando en el viento.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 3 de abril 2008.

UN LUGAR PARA LOS VIEJOS

Botas negras, fino bigotillo y sombrero. El Bob Dylan que se encerró a grabar Modern Times (06) parecía un viajero de otro tiempo, decidido a enfrentar el presente con las siempre vitales raíces del pasado. Un viejo bluesman/cowboy de regreso a un lugar donde no hay espacio para la épica ni la moral de antaño, algo así como el sheriff de No Country for Old Men,la última gran cinta de los hermanos Coen.

Pero en lugar de verse indefenso y derrotado por los “cambios de los tiempos” como el personaje de la película, Dylan volvía bien armado, con una Fender Stratocaster colgando del cinto y frases como “dices que mi mejor momento pasó/ a ver qué me puedes enseñar tú/ seguro que lo pasaremos bien en eso” (“Spirit on the water”). Un discazo lleno de impresionantes blues eléctricos, rockabillys y baladas country-folk

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El lanzamiento de Modern Times volvió otra vez hype al viejo Bob. Y su revalorización en la cultura pop resultó inminente. Pero más que sentirse cómodo, Dylan decidió restarle importancia al asunto. Más sabe el viejo por viejo. Para Dylan la gente ya era una batalla perdida desde 1966, cuando un espectador lo trató de “Judas” por haber abandonado la “canción de protesta” y enchufado sus guitarras. “¡No te creo! Eres un mentiroso”, fue su hastiada respuesta.

Dylan ya había pasado por otras oleadas de admiración y “olvido”. Durante el punk Patti Smith quedó en éxtasis cuando logró conocerlo, en la era ochentera Michael Jackson lo invitó a cantar “We Are The World“, y en los 90s vivió todo un “revival” cuando estuvo a punto de morir.

Tras ser dado de alta de una gravísima enfermedad cardiorespiratoria, en 1997 sacó el extraordinario Time Out Mind, desempolvó la grabación del mítico show en Manchester donde responde los insultos de un desencantado fan (Live 1966), se ganó un Oscar y tocó frente al Papa.Porque Dylan es un tipo religioso que ya había sacado a fines de los 70s una trilogía cristiana, y que ante las críticas declaró: “Cuando creo en algo no me importa lo que los demás piensen. Se ríen porque adoro al Señor pero ¿y ustedes qué hacen con Kiss?”.

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Luego del Modern Times los homenajes llegaron como una avalancha. Scorsese anunció su documental No Direction Home (05), una editorial le ofrece escribir su autobiografía -“Crónicas. Volumen Uno” (05)-, “Like a Rolling Stone” es elegida la mejor canción de la historia por la, ejem, Rolling Stone, terminan de reeditarse sus discos clásicos y hasta aparece en un spot de Victoria Secrety acepta salir en un capítulo de Dharma & Greg,algo muy extraño para un tipo tan arisco como él.

Con el estreno de la película I`m Not There y su gran banda sonora -cargada al indie-, la “Dylanmanía” parece tan infinita como la afamada Neverending Tour, una gira que desde mediados de los ochentas jamás se ha detenido y que ya lo trajo por primera vez a Chile el 98, y lo vuelve a hacer este 11 de marzo. Acá las razones para no perdértelo.

VAQUERO ELÉCTRICO

Desde su juventud Bob Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Antes de la electricidad, los hoteles cinco estrellas y ser ungido como una voz de su generación, sólo fue un tipo desconocido que llegó a Nueva York a los 19 años, sin conocer a nadie y con 20 grados bajo cero.

Lo primero que hizo fue visitar en el hospital al héroe folk Woody Guthriepara mostrarle sus canciones. Lo segundo fue encerrarse en las bibliotecas buscando partituras viejas, textos del siglo 18 y letras de canciones tradicionales. Sólo así estuvo seguro que su camino era el correcto.

“Era mejor que el resto de los cantantes de cafés. (Mi repertorio) consistía en auténticas canciones folk, sin concesiones, con la base de un rasgueo incesante y estridente. O acababa ahuyentándolos o despertaba en ellos una curiosidad que los impulsaba a acercarse más aun para ver de qué iba ese rollo. No había punto medio”, escribió en sus celebradas Crónicas(05)

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Sus canciones tenían la pólvora de un predicador callejero y la mirada casi sobrenatural de un tipo que entendía la condición humana a pesar de tener apenas 23 años, como si viniera de vuelta, enojado con un mundo más salvaje que el de las propias bestias. Nadie había tenido el descaro de cantar, tocar la armónica y rasguear tan rabiosamente como él. Y nadie tenía tanta dinamita en sus letras.

“Vengan padres y madres de todo el país/ y no critiquen lo que no entienden/ Sus hijos ya no están bajo su control/ Porque los tiempos están cambiando (…) La línea está trazada/ y la maldición lanzada”, canta en “The times there are a-changing”.) “Ustedes arrojaron el peor miedo/ que alguien pudo haber lanzado/ el miedo a traer niños al mundo”, dice en “Masters of war”.

Como bien resumió Bruce Springsteen “así como Elvis le dio cuerpo a la música popular, Dylan le puso neuronas”.

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El siguiente paso fue convertir esa música de raíz en pop. Entonces llegaron los Beatles. Y a ellos les llegó Dylan, en una de los encuentros más vitales de la historia del rock, celebrada en un hotel neoyorkino el año 64.

Más allá de las risas, la marihuana y la extraña imagen de Dylan contestando el teléfono de los Beatles, cortando y diciéndoles: “Esto es Beatlemanía”, como aparece en la Antología de los de Liverpool (acáuna recreación del histórico momento en dibujos animados).

La reunión hizo que Lennon, McCartney y compañía, no sólo comenzaran a fumar pitos, sino que le pusieran atención a las letras. Y que Dylan, por su parte, hiciera más pesado y eléctrico su ya áspero folk-blues, formando su primera banda. Para ello contrató a los canadienses The Hawks, más tarde conocidos como The Band.

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Luego del encuentro Dylan grabó Bringing It All Back Home (1965), un álbum fundamental cuyo concepto era traer de vuelta todo el blues, r&b, rockabilly, country y folk que los ingleses habían utilizado para invadir USA con los Beatles, Rolling Stones y The Who.

Junto a ello, sus letras dejan de ser directas -”Johnny está en el subterráneo/mezclando la medicina/ yo estoy en el pavimento/ pensando en el gobierno.. No sigas a los líderes/ Mejor mira los parquímetros” canta en “Subterranean homesick blues”- y su sonido se carga de “violencia”, en paralelo a los disturbios políticos y raciales de la época, conflictos que en el fondo no han cambiado demasiado.

Quizás por eso el mundo sigue hablando de sus canciones. Quizás por ello siempre habrá un lugar para el viejo Bob. A continuación el video de un clásico. Ojo con Allen Ginsberg a la izquierda.

Dylan odia que le digan “leyenda”. ¿Cuanto duró su época pop de lentes oscuros y conferencias de prensa? Dos años: 1965-1966, la época de la famosa escena de Dylan y Lennon borrachos en una limusina paseando por Londres y hablando de Johnny Cash, que puedes ver acá.

Luego de sufrir un accidente en moto el 66, se cambió de look, abandonó varios shows y empezó a grabar discos country como John Wesley Harding (1967) o con aires hispanos como Desire (1976), que desconcertaron aún más a su público. Así comenzaba a dejar el rock&roll para volcarse a las raíces que lo alimentan. Por eso Dylan prefiere verse a sí mismo como un recopilador de las raíces musicales estadounidenses, un arqueólogo de sonidos que marcó a fuego la década de los 60s, más que como un rockero.

Él prefirió contar historias rurales, retorcidos relatos de pueblerinos que llegan a la Gran Ciudad y armar el Rolling Thunder Review, un festival donde músicos y poetas vestidos como en el siglo 19 viajaban en tren por la “América profunda” tocando sin previo aviso, en lugar de quedarse rompiendo hoteles.

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Posiblemente muchos de los que vieron el documental de Scorsese y se fascinaron con su interpretación de Like a Rolling Stonequedarán desconcertados al ver al Dylan modelo 2008, vestido como si se hubiese fugado de un western y con un sonido cargado al órgano Hammond y las guitarras espesas. Dicen que adivinar que clásico está tocando no es fácil. Y eso que para Sudamérica Dylan prepara sets repletos de temas históricos.

Aunque buceando en lo mejor del pasado, Dylan no vive anclado a él: sabe que la única forma de no matar sus éxitos es reviviéndolos cada noche, volviéndolos a armar con el personalísimo sonido folk-blues que logró en esta última década. El cowboy eléctrico no se detiene

Bob Dylan toca este martes 11 de marzo en el Arena Santiago (interior del Parque O’Higgins). Entradas entre $16.500 y $126.000 a la venta acá.

A continuación, discos fundamentales y homenajes para adentrarse en la Dylanmanía.

DISCOS ESENCIALES:

The Freewheelin’ Bob Dylan (1963):

Una portada tan clásica como su sonido de guitarra y armónica. Una colección de himnos como “Blowin`in the wind”, “Masters of war”, “A hard rain are a-gonna fall”, todos tan certeros como impresionantes. Acá Dylan se volvió icono generacional.

Acáun video de la época para “Blowin’ in the wind”.

Highway 61 Revisited (1965):

La música de raiz (folk, country, blues) Dylan la hace pop, eléctrica e indomable. Abre con el clásico “Like a Rolling Stone” y después de un huracán de riffs y letras de amor/odio cierra con la surrealista “Desolation Row” donde T.S Elliot, el Fantasma de la Ópera y la Cenicienta comparten una fiesta alucinada que termina mal.

Acáun video de la época para “Like a Rolling Stone

Blonde on Blonde (1966):

Su obra maestra. Disco doble grabado con músicos de Memphis, que expande las búsquedas musicales de Dylan (hay desde himnos del ejército de salvación hasta pop chicle) y sus líricas extraordinarias. Ejemplo de ello es “Visions of Johanna“, donde su protagonista en pleno insomnio se debate entre dos misteriosas mujeres. El rock como forma de arte.

Acáun video de la época para “Visions of Johanna“.

Blood on the tracks (1975):

Dylan jamás había escrito sobre su vida personal tan directamente. Para muchos es su mejor disco, uno que inaugura una especie de súb genero, el “álbum divorcio” (el Sea Change, 2002, de Beck sería un ejemplo moderno) donde narra el fin de una relación de pareja con toda la melancolía, el arrepentimiento y el odio que conlleva el proceso. En “Idiot Wind” dice “eres una idiota nena/ me sorprende que aun sepas cómo se respira”.

Acáun video de la época para “”Idiot Wind“.

Live 1966 (1998):

La oficialización de la grabación de un show en Manchester donde tras su soberbio set acústico enchufó la guitarra, por lo que un fan lo trató de “Judas”. Dylan arremete con, tal vez, la más rabiosa version de Like a Rolling Stone de todos los tiempos. El momento en que por primera vez en la historia, un artista pop se atrevía a tratar de idiota a su público. El mejor punto de partida para conocer musicalmente al cowboy eléctrico.

DYLANMANÍA:

No Direction Home (2005) de Scorsese es quizás la mejor forma para introducirse en el planeta Bob Dylan. Su educación sentimental formada por los viejos discos de country, blues y folk hasta su estrellato pop de mediados de los 60s están narrados acá por testigos, excelente material de archivo y él mismo. Lo encuentras en cualquier videoclub.

Crónicas. Volumen uno” (2005), es su autobiografía centrada en la misma etapa y narrada con el mismo estilo que hablan los cowboys en las películas: áspero, preciso y rico en historias. Lo encuentras en librerías a $8.500.

El recién editado dvd “The Other side of the mirror” compila sus presentaciones en Newport, el festival de “folk abc1″ preferido por los snobs, beatniks y chicos universitarios gringos de la época, donde Dylan tocó por tres años seguidos (63-65), el primer lugar donde lo pifiaron por usar guitarra eléctrica. Precio de referencia $14.000.

Otra buena opción es “Dylan” disco que recopila todos sus singles desde “Blowin’in the wind” hasta la ganadora de Oscar “Things have changed” ($9.900).

También se reeditó en formato dvd el documental “Don`t Look Back” de D.A. Pennebacker donde cámara en mano se registra su gira acústica de 1965.

Im not there” de Todd Haynes por otra parte, es una película que ficciona la biografía de Dylan, donde destaca la actuación de Cate Blanchett haciendo de un anfetaminado Bob modelo 1966. Su doble banda sonora incluye covers de Eddie Vedder, Sonic Youth, Yo La Tengo, Calexico y Cat Power. Estos últimos hay que encargarlos ya que no están editados en Chile.

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