LOS SECRETOS DE LOS ESCRITORES CHILENOS EXITOSOS EN EL EXTRANJERO

Uncategorized 5 July 2011 | 0 Comments


Desde Gabriela Mistral a Bolaño, pasando por Isabel Allende y Roberto Ampuero… Nadie puede decir que no tenemos escritores que han roto nuestras fronteras. ¿Pero cómo funciona eso en los tiempos de las redes sociales y el libro digital?

Por Juan Carlos Ramírez F. para La Segunda, 5 de julio 2011

“Y el mundo descubrió a Chile”. Así tituló el diario “El País” de España un reciente reportaje sobre artistas chilenos celebrados en Europa y Estados Unidos.

El informe -que se suma a otro sobre música independiente aparecido en el verano- es encabezado por dos escritores: Carlos Labbé y Alejandro Zambra, posiblemente los dos narradores nacionales con mayor proyección global.

Ambos fueron incluidos, además, en la antología de los mejores veintidós narradores en español y sub 35 hecha por la mítica revista inglesa “Granta”.

Pero el mundo ha descubierto varias veces a Chile. Antes que nosotros mismos, incluso. Recordemos el terrible “honor” de Gabriela Mistral al ganar primero el Nobel y años después el Premio Nacional. O Roberto Bolaño, que en los noventa fue bastante resistido debido a sus incendiarias -y divertidas- declaraciones contra la escena literaria nacional.

En tiempos del libro digital, viralización y redes sociales, ¿cómo los jóvenes escritores pueden expandirse más allá de nuestras fronteras?

Distribución internacional y agente literario vs promoción independiente

En general, los escritores chilenos con más trayectoria contratan la edición de sus obras directamente con España. El otro camino es lanzarla por alguna transnacional que opere en Chile y acordar cierta distribución en los países a los que llega.

“Como esto último no suele darse tan fácil, hay muchos autores hoy en día que firman contrato con una editorial grande en Chile y luego ceden sus derechos a pequeñas editoriales independientes en otros países de América Latina, para así asegurarse una mejor difusión y distribución”, explica Josefina Alemparte, editora de Planeta .

Por otro lado, la idea de contar con un agente resulta muy caro para un escritor emergente. “Lo que generalmente lo que hacen es participar en concursos, mandar manuscritos, o participar en seminarios, lo que no siempre rinde frutos”, cree María José Camblor, del Fondo de Cultura Económica.

“Pero también es importante la experiencia de autores que logran ser leídos en otras latitudes, ya sea porque reciben premios o porque logran que un editor extranjero los lea y aprecie el valor de su obra”, recalca Melanie Jösch , directora editorial de Random House Mondadori . “Yo creo que la calidad siempre encuentra su camino. Más en estos tiempos, donde se edita mucho, y muchísimos tienen la posibilidad de ser leídos”, agrega.

Vivir afuera, ¿el único camino?

Para Claudia Apablaza -que ha publicado en España y Perú la novela “Eme/A”-, el único camino es “irse a vivir afuera”. Ella desde hace un tiempo reside en Barcelona y desde allí organiza todo: entrevistas, escritura, su actualizado blog (claudiaapablaza.blogspot.com)

“Mandar manuscritos a España es una suerte de arribismo ridículo y bastante patético. En realidad, publicas en los países en que crees que tienes un diálogo cercano, una continuidad vital. Yo lo he vivido no como una experiencia de internacionalización, sino más bien como una experiencia de relaciones cotidianas con mis contemporáneos cercanos, al igual como me sucedía en Chile”, explica.

¿Crear una escena?

Si en los últimos años Suecia -vía Stieg Larsson- se ha hecho famosa por sus best sellers policiales, ¿por qué Chile no podría experimentar un fenómeno parecido? Explotar la veta nortina de Hernán Rivera Letelier o, quizá, resignificar la herencia de Bolaño…

Para la encargada del Fondo de Cultura Económica, esto es posible. “Pero para lograr eso tenemos que mejorar primero los índices de lectoría en nuestro país. Debemos tener lectores interesados, informados y compradores de la literatura nacional”.

Apablaza cree que la palabra “internacionalizar” le parece muy fría. “Lo que sucede es que te integras a la cultura de otro país y sus derivados y en esos casos suele suceder que terminas publicando o trabajando en los espacios en que te encuentras viviendo. Es más que una internacionalización, una forma de sobrevivir”.

La fórmula Zambra

Alejandro Zambra partió como poeta y crítico literario. Aunque, como precisa en “No leer” (Ediciones UDP), esto último fue más azaroso.

Tras publicar en la codiciada editorial española Anagrama “Bonsai” (2006, y traducido al inglés para Melville House) y “La vida privada de los árboles” se convirtió en uno de los escritores latinoamericanos más elogiados.

Esto se potenció con el recién lanzado “Formas de volver a casa”, también por Anagrama y la gira por Europa (incluyendo Cannes) donde acompañó a Cristián Jiménez en el estreno de la película “Bonsai”, basada en su novela.

“Sucedió algo inédito, porque la película es más larga que la novela. La novela dura como 45 minutos y la película 90″, comenta.

Sobre las claves para que un escritor nacional sea leído afuera reconoce que no sabe. Más allá de dedicarse a escribir, claro.

“Lo mejor es mantenerse fiel a las propias obsesiones. El resto viene o no viene, pero es accesorio. Es mejor que venga, pero si no viene, qué tanto. No es importante”.

Carlos Labbé, nuestro hombre en Estados Unidos

Una de las novelas más interesantes publicadas el año pasado -primero en España y luego, Chile- fue “Locuela” (Periférica/Hueders). Un viaje de 249 páginas donde hay un crimen, una novela que lo narra, la destinataria (la misma asesinada) y el personae del escritor.

Carlos Labbé está residiendo en Nueva Jersey. Ex editor de Planeta, en algún momento protagonizó una polémica al acusar a los escritores exitosos nacionales de no arriesgarse literariamente y de ser más bien flojos y predecibles. Tal como pasó con Bolaño, generó muchos anticuerpos. Pero él siguió adelante.

“La verdad es que Chile no existe, es una ficción geopolítica de Santiago. El país es Santiago, y sus colonias son las ciudades y los campos de provincia desde Tarapacá hasta Isla de Pascua y Magallanes. Al mismo tiempo, Santiago es títere de las decisiones de Wall Street y de Madrid, pero siempre nos olvidamos que la mayoría de los escritores en Santiago son leídos desde afuera: la proveniencia de regiones les da una extranjería lúcida, agrégale a eso si tienen una conciencia de disidencia socioeconómica, de género, de preferencia sexual o cualquier otra”.

Para Labbé, lo único que debe hacer un escritor chileno para ser leído “afuera” es publicar un libro. Se sentirá un inmigrante hasta que le ofrezcan pertenecer a la elite simbólica de Santiago y ahí empieza la siguiente mutación, a menos que rechace ese ofrecimiento y proponga construir su propia comunidad en Santiago o en regiones, explica.

“Recién ahí creo que alguna otra comunidad dentro de alguna otra nación extranjera le pondrá atención. No es necesario salir de Santiago para que te lean en otro lugar. Más bien es necesario entrar realmente en Santiago, romper la cultura del salón y proponer una nueva sociabilidad que inevitablemente llamará la atención aquí y en la quebrá del ají”.

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Jorge Edwards y el reventón del siglo

Archivo Periodistico,Entrevistas,Libros 18 June 2008 | 0 Comments

En un relato iniciático, el escritor retrata las noches de poesía, sexo, alcohol e incluso opio, protagonizada por sus amigos. Edwards presentó ayer su libro junto al colombiano Fernando Quiroz, finalista del premio que ganó el chileno.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación, 18 de junio 2008.

Jorge Edwards (1931) se sorprendió cuando una periodista española de veintitrés años le señaló que “La casa de Dostoievsky” (Planeta) era una novela para esta generación. “Puede ser. La escribí como la historia de mis amigos, de las lecturas de poesía en el Parque Forestal, de mi propia experiencia en París y Cuba”, dice el escritor, mirando hacia el horizonte desde su amplio departamento frente al Santa Lucía.

Lo cierto es que el libro, ganador del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2008, tiene mucho de iniciación. Comienza con un delirante grupo de universitarios en el Santiago de fines de los cuarenta, que intentan escribir poemas que ericen los pelos. Entre lecturas de Rimbaud, Sartre o T. S. Eliot, conversaciones regadas hasta las cinco de la mañana en Il Bosco o La Unión Chica, sorprendentes fumaderos de opio (“Efectivamente había uno en el centro, aunque en la novela ficcioné la ubicación”, se ríe) y descubrimientos sexuales, comienza a destacar la figura del enigmático protagonista, bautizado como El Poeta.

“Es y no es Enrique Lihn”, explica Edwards. “Yo era amigo de Jodorowsky y de él, aunque terminaron peleados. Estuvo en París, como el protagonista del libro, pero la parte de Cuba, donde se involucra en el Caso Padilla, es invención mía”.

Esta primera parte se llama “La espalda de Teresita”, debido a una memorable fiesta en la Escuela de Danza, que terminó con los botones del traje de la muchacha destruidos por los intentos eróticos de El Poeta. “Así era nuestro carrete”, dice Edwards. Tanto como las camisas con restos de sal. “Era normal verlas en los bares, porque alguien había asegurado que borraban las manchas de vino”.

Sin embargo lo que comienza como un relato coral -incluyendo al Chico Adriazola y Eduardito Villaseca, también amigos de Edwards y ficcionados, desesperados por volverse escritores- se centra en El Poeta, desde que abandona su destartalada pieza (bautizada con el nombre que da título al libro), se refugia donde Nicanor Parra (acá se llama Antipoeta), se marcha a París y luego a Cuba (“de tránsito”) y finalmente regresa al Santiago infernal de la dictadura (“La ciudad del pingüino”).

“Eso es lo importante de las novelas, que los acontecimientos arrastren a sus personajes y los hagan crecer. No sé si los nuevos escritores hayan leído tanto. De repente aparece un funcionario de gobierno que te dice que además de economista, también tiene una novelita. Desde el primer párrafo es evidente que ni siquiera sabe manejar las palabras”.

Edwards además adelantó que tiene un libro de cuentos “casi terminado” y que se plantea escribir “algún tomo de memorias muy remotas de su infancia, adolescencia y primera juventud”, cuando conoció a importantes personalidades de la vida política nacional.

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