¡QUE LOS CUMPLAS FELIZ, GLAM ROCK!
Al principio los rockeros serios y virtuosos se reían de ellos. Artistas que tras su estética lujuriosa y fiestera, intentaban desmantelar -dejándola a la vista- la construcción ficticia de los mitos y estrellas en la cultura de masas. Y entre medio, una colección de canciones eterna y glamorosamente jóvenes.
40 años de rock and roll y lápiz labial
Por J.C. Ramírez Figueroa para La Panera, agosto 2011.
A principios de los setenta, el programa Top of The Pops funcionaba como cadena nacional para los adolescentes británicos. Desde Jimi Hendrix a Serge Gainsbourg, para los músicos era un deber actuar allí (en rigor se hacía playback) o estrenar single que ingresaría al ranking del show. De ahí la tremenda expectación que generaba “ver” en persona a un artista que empezaba a sonar en la radio. Como la banda T. Rex, una de las candidatas a heredar el sitial de los Beatles.
Su lider, Marc Bolan, ya era una celebridad en ambientes más ligados al folk acústico. Un estilo de música al que llegó más por las circunstancias que por política de sonido: por falta de recursos su proyecto se redujo a dúo (junto al fiel multintrumentista Steve “Peregrine” Took), deshaciéndose de instrumentos, equipos e integrantes.
Pero el show televisivo del 31 de marzo de 1971 era otra cosa. Nuevamente eran una banda. Bolan de pelo largo, traje ajustado y brillante. ¿La canción? “Hot love”. Un rock and roll tipo años cincuenta pero sorprendentes guitarras, sintetizadores envolventes y baterías marchosas. El impacto mediático fue mayor cuando el coqueto Bolan jadeaba o gritaba “¡wuuauu!”
Fue el primer número uno del grupo. Y a la vez marcó el nacimiento mediático del “glam rock”.
O “rock and roll con lápiz de labios”, como supuestamente definió John Lennon, que grabaría junto al muy glam David Bowie el autoparódico tema “Fame”.
ADELANTADOS AL PUNK.
Siempre se ha dicho que el punk, a nivel musical, fue una protesta contra el excesivo virtuosismo, complejidad y pretensión de la música rock. Sin embargo el glam ya lo había hecho en 1971, en pleno apogeo del rock sinfónico de Yes o Emerson Lake & Palmer
Los chicos glam “querían salir de noche, tomar mucha cocaína, pintarse la cara y hacer canciones pegadizas, rockeras, sencillas pero grandilocuentas”, definía la escritora y periodista argentina Mariana Enríquez. Querían ser estrellas: inventaban personajes, los conciertos eran casi obras de teatro, en contraste con la rigidez sinfónica. Les gustaba escandalizar. Veian el rock como un mundo ficcional, irreal, donde lo único que importaba era la imagen, la construcción ficticia de una estrella. de un mito. El rock “serio” se reía de ellos”.
Se reía de gente como David Bowie que en 1972 insistía en presentarse como Ziggy Stardust, un extraterrestre andrógino que tocaba junto a la banda “Las arañas marcianas” (Spiders from Mars). O Queen, que, sin embargo, eran más duros que cualquiera. O Lou Reed pintado en la tapa del disco “Transformer”. O Gary Glitter enfundado en ropa ajustada y brillosa, agitando a las masas en el hit “Rock and roll”. O bandas “menores” com The Sweet o Slade, tan energéticas como coquetas.
Ese rock “serio” y “varonil” no tuvo más remedio que aceptar esta estética que, como dice Enríquez, celebraba el mito de la estrella del rock, con todas sus ridiculeces. Ahí llegaría el teatro del horror -pero de canciones perfectamente comerciales- de Alice Cooper y Kiss, la nueva oleada ochentera encabezada por Motley Crüe y Guns n`Roses o personajes que, supuestamente, deberían hacer temblar las estructuras del cristianizado occidente como King Diamond, GWAR o Marilyn Manson.
Sin embargo el glam como movimiento reconocible se fue con la muerte de Bolan en 1977 en un accidente automovilistico junto a su novia.
POLÍTICA DE SONIDO
Es cosa de escuchar los discos clásicos (ver recuadro) y comprobar que lo glam no es sólo pintarse los labios. Es más bien una forma de hacer rock que, hasta el día de hoy, suena fresca y elegante. El productor Tony Visconti ayudó a Bowie y T.Rex a sonar dulces en medio de una pared de guitarras que, más que pesadas, tenían cierta fragilidad. Como las producciones de Phil Spector.
Acá no hay solos de guitarra de diez minutos. Más bien es una sóla nota, estirada y bien arriba en la mezcla. Pero también fue vital en el descubrimiento de Bowie a estructuras cancioneras más allá del rock, como la música popular europea de los años veinte. Sin embargo, lo más distintivo del glam es la guitarra eléctrica como pared sonora y la voz cantante, entre la coquetería y una masculinidad irónica.
EROTISMO, GUITARRAZOS Y OSCAR WILDE <
En 1998 se estrenó “Velvet goldmine” una delirante -y a ratos fallido- fantasía en torno a un personaje inspirado en David Bowie y que finge haber muerto. El cantante no quiso colaborar, porque supuestamente estaba preparando un trabajo similar. La cinta fue definida por la crítica como “lo más cerca que uno puede estar de la expees lo más cerca que uno puede estar de la experiencia de la fama y el poder de la ilusión”.
Su director, Todd Haynes tiene una teoría: “me di cuenta de que el glam tenía que ver con la estética camp inglesa e incluía contrafilosofías acerca del arte y la cultura que para mí se originan en Oscar Wilde. Wilde se convirtió entonces en la manifestación perfecta de esa era, así que leí todo lo que encontré de él, sus libros, biografías, todo. Wilde aparece en la película como un extraterrestre. Creo que el glam rock fue el primer movimiento que unió la noción del alien con la noción de la homosexualidad, y ambas cosas se transformaron en este fantástico potencial para la expresión musical, una libertad potencial para chicos atrapados en vidas tristes”, declaró durante el estreno.
Lo cierto es que el movimiento, cuyo big bang fue hace cuarenta años, sigue brillando a pesar de haberse apagado. En los guitarrazos del indiepop británico, la preocupación por la estética “escandalizante” que de vez en cuando logran las bandas, la reflexión en torno al estrellato en la cultura de masas, las bandas (en general norteamericanas) que se apropian de la tendencia sin entenderla bien, el deseo de fiesta, las reinvidaciones.
Dice Haynes: “Hay algo palpable entre la sexualidad pública de las estrellas y la sexualidad privada del consumidor, y cómo una afecta a la otra. Creo que tiene que ver con la tremenda alegría de los músicos de rock, la conexión sexual y pasional con la audiencia, algo que los cineastas no experimentamos. Haber vivido un momento en vivo con la audiencia, donde una descarga es compartida, es alucinante. Es por eso que el rock les habla a los adolescentes. Necesitan y están abiertos a todo tipo de descargas, porque todavía no están codificados ni etiquetados”.
Dos Libros
“David Bowie. Amando al extraterrestre” - Christoper Sandford (T&B Editores, España)
La primera biografía seria que se publica de David Bowie en español. Más de 300 páginas que retratan la mutación del cantante británico desde el folk al estilo Bob Dylan (en uno de las fotos incluídas se ven idénticos) a la teatralidad más glamorosa. La primera escena es brutal: es 1973 y Bowie, en lugar de subirse al escenario para encarnar el andrógino Ziggy Stardust, se queda confesandole, totalmente drogado en cocaína, sus excesos e inseguridades a una fan de trece años. El libro, sin embargo, usa esas anécdotas para enganchar al lector con los procesos creativos y musicales que van, sin lugar a dudas, relacionados con sus experiencias personales. Fundamental.

“Glam Rock. Sexo, purpurina y lápiz de labios” – Sergio Guillén y Andrés Puente (Editorial Milenio, España)
Es la panorámica más completa del movimiento, que también llaman glitter rock, en alusión al brillo (glitter) de los trajes. Allí nos podemos enterar de que uno de los orígenes de lo “glamoroso” viene de un concepto italiano que aluda a “las personas que se distanciaban de la pena o la alegría, mostrando una superioridad que se sustentaba en el poder de controlar sus sentimientos o al menos de no mostrarlo en ninguno de sus actos”. También hay una detallada biografía de las bandas, álbumes de fotos, selección de “momentos glamourosos” y antología de letras de las bandas. Está escrito con humor, afán didáctico pero también evitando los lugares comunes de los libros que glorifican el rock.

Cinco canciones Glam
1. “The Ballroom Blitz” – The Sweet (1973)
2. “I`m the leader of the gang (I am)” – Gary Glitter (1973)
3. “Children of the revolution” – T. Rex (1972)
4. “Cum on feel the noize” – Slade (1973)
5. “Life on mars?” – David Bowie (1971)
Cinco discos
T. Rex – “T. Rex” (1970).
Lou Reed – “Transformer” (1972).
David Bowie – “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars” (1972).
Roxy Music – “Roxy Music” (1973)
New York Dolls - “New York Dolls” (1974).
Tres bandas o artistas olvidados del glam
1. Suzie 4
2. Steve Harley and Cockney Rebel
3. Hello
Un verso:
A lo largo del país los chicos están finalmente comenzando a dominar la situación. Están en las calles aumentando la temperatura y pronto podrán estar totalmente al mando (“Teenage rampage”, Sweet)








Un científico inglés de cabello largo le muestra planos al Presidente Salvador Allende. Le dibuja una especie de “hombrecito” cabeza, tronco, extremidades hecho de cuadrados, flechas y círculos. Le dice que su proyecto Synco funcionaría igual que el cuerpo humano. Que en vez de huesos o músculos, este sistema trabajaría con el Gobierno de la Unidad Popular.
LA ESTÉTICA. El diseñador René Castillo Ibaceta abre su laptop y muestra una charla inédita de Stafford Beer. La grabación, hecha en Inglaterra a mediados de los setenta, pertenece a Raúl Espejo, otro de los chilenos que trabajó con Beer. Ahora vive en Inglaterra y se ha escrito con Castillo. En esas imágenes, Beer mueve las manos y muestra los mismos planos que veía con brillo en los ojos Salvador Allende.

Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.
Un teléfono suena en Nueva York
