¡QUE LOS CUMPLAS FELIZ, GLAM ROCK!

Uncategorized 23 August 2011 | 0 Comments

Al principio los rockeros serios y virtuosos se reían de ellos. Artistas que tras su estética lujuriosa y fiestera, intentaban desmantelar -dejándola a la vista- la construcción ficticia de los mitos y estrellas en la cultura de masas. Y entre medio, una colección de canciones eterna y glamorosamente jóvenes.

40 años de rock and roll y lápiz labial

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Panera, agosto 2011.

A principios de los setenta, el programa Top of The Pops funcionaba como cadena nacional para los adolescentes británicos. Desde Jimi Hendrix a Serge Gainsbourg, para los músicos era un deber actuar allí (en rigor se hacía playback) o estrenar single que ingresaría al ranking del show. De ahí la tremenda expectación que generaba “ver” en persona a un artista que empezaba a sonar en la radio. Como la banda T. Rex, una de las candidatas a heredar el sitial de los Beatles.

Su lider, Marc Bolan, ya era una celebridad en ambientes más ligados al folk acústico. Un estilo de música al que llegó más por las circunstancias que por política de sonido: por falta de recursos su proyecto se redujo a dúo (junto al fiel multintrumentista Steve “Peregrine” Took), deshaciéndose de instrumentos, equipos e integrantes.

Pero el show televisivo del 31 de marzo de 1971 era otra cosa. Nuevamente eran una banda. Bolan de pelo largo, traje ajustado y brillante. ¿La canción? “Hot love”. Un rock and roll tipo años cincuenta pero sorprendentes guitarras, sintetizadores envolventes y baterías marchosas. El impacto mediático fue mayor cuando el coqueto Bolan jadeaba o gritaba “¡wuuauu!”

Fue el primer número uno del grupo. Y a la vez marcó el nacimiento mediático del “glam rock”.

O “rock and roll con lápiz de labios”, como supuestamente definió John Lennon, que grabaría junto al muy glam David Bowie el autoparódico tema “Fame”.

ADELANTADOS AL PUNK.  

Siempre se ha dicho que el punk, a nivel musical, fue una protesta contra el excesivo virtuosismo, complejidad y pretensión de la música rock. Sin embargo el glam ya lo había hecho en 1971, en pleno apogeo del rock sinfónico de Yes o Emerson Lake & Palmer

Los chicos glam “querían salir de noche, tomar mucha cocaína, pintarse la cara y hacer canciones pegadizas, rockeras, sencillas pero grandilocuentas”, definía la escritora y periodista argentina Mariana Enríquez. Querían ser estrellas: inventaban personajes, los conciertos eran casi obras de teatro, en contraste con la rigidez sinfónica. Les gustaba escandalizar. Veian el rock como un mundo ficcional, irreal, donde lo único que importaba era la imagen, la construcción ficticia de una estrella. de un mito. El rock “serio” se reía de ellos”.

Se reía de gente como David Bowie que en 1972 insistía en presentarse como Ziggy Stardust, un extraterrestre andrógino que tocaba junto a la banda “Las arañas marcianas” (Spiders from Mars). O Queen, que, sin embargo, eran más duros que cualquiera. O Lou Reed pintado en la tapa del disco “Transformer”. O Gary Glitter enfundado en ropa ajustada y brillosa, agitando a las masas en el hit “Rock and roll”. O bandas “menores” com The Sweet o Slade, tan energéticas como coquetas.

Ese rock “serio” y “varonil” no tuvo más remedio que aceptar esta estética que, como dice Enríquez, celebraba el mito de la estrella del rock, con todas sus ridiculeces. Ahí llegaría el teatro del horror -pero de canciones perfectamente comerciales- de Alice Cooper y Kiss, la nueva oleada ochentera encabezada por Motley Crüe y Guns n`Roses o personajes que, supuestamente, deberían hacer temblar las estructuras del cristianizado occidente como King Diamond, GWAR o Marilyn Manson.

Sin embargo el glam como movimiento reconocible se fue con la muerte de Bolan en 1977 en un accidente automovilistico junto a su novia.

POLÍTICA DE SONIDO 

Es cosa de escuchar los discos clásicos (ver recuadro) y comprobar que  lo glam no es sólo pintarse los labios. Es más bien una forma de hacer rock que, hasta el día de hoy, suena fresca y elegante. El productor Tony Visconti ayudó a Bowie y T.Rex a sonar dulces en medio de una pared de guitarras que, más que pesadas, tenían cierta fragilidad. Como las producciones de Phil Spector.

Acá no hay solos de guitarra de diez minutos. Más bien es una sóla nota, estirada y bien arriba en la mezcla. Pero también fue vital en el descubrimiento de Bowie a estructuras cancioneras más allá del rock, como la música popular europea de los años veinte. Sin embargo, lo más distintivo del glam es la guitarra eléctrica como pared sonora y la voz cantante, entre la coquetería y una masculinidad irónica.

EROTISMO, GUITARRAZOS Y OSCAR WILDE <

En 1998 se estrenó “Velvet goldmine” una delirante -y a ratos fallido- fantasía en torno a un personaje inspirado en David Bowie y que finge haber muerto. El cantante no quiso colaborar, porque supuestamente estaba preparando un trabajo similar. La cinta fue definida por la crítica como “lo más cerca que uno puede estar de la expees lo más cerca que uno puede estar de la experiencia de la fama y el poder de la ilusión”.

Su director, Todd Haynes tiene una teoría: “me di cuenta de que el glam tenía que ver con la estética camp inglesa e incluía contrafilosofías acerca del arte y la cultura que para mí se originan en Oscar Wilde. Wilde se convirtió entonces en la manifestación perfecta de esa era, así que leí todo lo que encontré de él, sus libros, biografías, todo. Wilde aparece en la película como un extraterrestre. Creo que el glam rock fue el primer movimiento que unió la noción del alien con la noción de la homosexualidad, y ambas cosas se transformaron en este fantástico potencial para la expresión musical, una libertad potencial para chicos atrapados en vidas tristes”, declaró durante el estreno.

Lo cierto es que el movimiento, cuyo big bang fue hace cuarenta años, sigue brillando a pesar de haberse apagado. En los guitarrazos del indiepop británico, la preocupación por la estética “escandalizante” que de vez en cuando logran las bandas, la reflexión en torno al estrellato en la cultura de masas, las bandas (en general norteamericanas) que se apropian de la tendencia sin entenderla bien, el deseo de fiesta, las reinvidaciones.

Dice Haynes: “Hay algo palpable entre la sexualidad pública de las estrellas y la sexualidad privada del consumidor, y cómo una afecta a la otra. Creo que tiene que ver con la tremenda alegría de los músicos de rock, la conexión sexual y pasional con la audiencia, algo que los cineastas no experimentamos. Haber vivido un momento en vivo con la audiencia, donde una descarga es compartida, es alucinante. Es por eso que el rock les habla a los adolescentes. Necesitan y están abiertos a todo tipo de descargas, porque todavía no están codificados ni etiquetados”.

Dos Libros  


 

“David Bowie. Amando al extraterrestre” - Christoper Sandford (T&B Editores, España)

La primera biografía seria que se publica de David Bowie en español. Más de 300 páginas que retratan la mutación del cantante británico desde el folk al estilo Bob Dylan (en uno de las fotos incluídas se ven idénticos) a la teatralidad más glamorosa. La primera escena es brutal: es 1973 y Bowie, en lugar de subirse al escenario para encarnar el andrógino Ziggy Stardust, se queda confesandole, totalmente drogado en cocaína, sus excesos e inseguridades a una fan de trece años. El libro, sin embargo, usa esas anécdotas para enganchar al lector con los procesos creativos y musicales que van, sin lugar a dudas, relacionados con sus experiencias personales. Fundamental.


“Glam Rock. Sexo, purpurina y lápiz de labios” – Sergio Guillén y Andrés Puente (Editorial Milenio, España)

Es la panorámica más completa del movimiento, que también llaman glitter rock, en alusión al brillo (glitter) de los trajes. Allí nos podemos enterar de que uno de los orígenes de lo “glamoroso”  viene de un concepto italiano que aluda a “las personas que se distanciaban de la pena o la alegría, mostrando una superioridad que se sustentaba en el poder de controlar sus sentimientos o al menos de no mostrarlo en ninguno de sus actos”. También hay una detallada biografía de las bandas, álbumes de fotos, selección de “momentos glamourosos” y antología de letras de las bandas. Está escrito con humor, afán didáctico pero también evitando los lugares comunes de los libros que glorifican el rock.




Cinco canciones Glam  

1. “The Ballroom Blitz” – The Sweet (1973)
2. “I`m the leader of the gang (I am)” – Gary Glitter (1973)
3. “Children of the revolution” – T. Rex (1972)
4. “Cum on feel the noize” – Slade (1973)
5. “Life on mars?” – David Bowie (1971)

Cinco discos

T. Rex – “T. Rex” (1970).
Lou Reed – “Transformer” (1972).
David Bowie – “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars” (1972).
Roxy Music – “Roxy Music” (1973)
New York Dolls -  “New York Dolls” (1974).

Tres bandas o artistas olvidados del glam  

1. Suzie 4
2. Steve Harley and Cockney Rebel
3. Hello

Un verso:  

A lo largo del país los chicos están finalmente comenzando a dominar la situación. Están en las calles aumentando la temperatura y pronto podrán estar totalmente al mando (“Teenage rampage”, Sweet)

Tagged in , , , , ,

LLEGA A CHILE LA MEJOR BIOGRAFÍA DE DAVID BOWIE: “AMANDO AL EXTRATERRESTRE”

Uncategorized 7 August 2011 | 0 Comments

El periodista Christoper Sandford recopiló decenas de testimonios para reconstruir la vida de un artista cuyo atractivo es ser un “símbolo de una cultura rock que, aunque vetusta en sí misma, todavía permanece débil e insegura”.  

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 7 de agosto 2011

“¡¿Donde está Bowie?!”. El enojo del manager y su equipo era justificado. Esa noche de 1973, el cantante se despedía en el Hammersmith Broadway de Londres del personaje de Ziggy Stardust. El melancólico extraterrestre con que radicalizaría la teatralidad y ambigüedad sexual en el rock masivo.

Intoxicado, maquillado y confundido entre sus propios fans adolescentes (los llamados “Bowie boys”), se quedó hablando con una niña de trece años. Julie Anne Paull, una fan que más tarde contaría que esa noche su ídolo le dijo que se desmoronaba y “estaba volviéndose loco”, además de confesarle sus aventuras homosexuales, problemas con su esposa y líos de dinero.

De pronto, Bowie la dejó, caminó hacia el recinto, saludó al guardia y se metió al camarín. Luego miró por la ventana a los fans. Un músico de la banda asegura que se puso a llorar para después contestarle al manager que preguntaba por él. “Dime tú dónde estoy”.

El show que vendría a continuación sería impecable -una fascinante mezcla de kabuki y “La Naranja Mecánica”, según la prensa- e incluso fue calificado por el severo The Times como “un triunfo orgiástico”.

Viejo pero inseguro, tal como el rock and roll

Así comienza “Bowie: amando al extraterrestre”, considerada la primera biografía profunda del cantante, editada en español. La tesis del autor, Christoper Sandford -quien también ha escrito libros de tapa dura sobre Jagger, Clapton y Cobain-, es que “parte del atractivo de Bowie reside en su calidad de símbolo de una cultura rock que, aunque vetusta en sí misma, todavía permanece débil e insegura”.

El libro repasa un legado, de por sí difícil de abarcar: De cantante folk a lo Bob Dylan pasó a la psicodelia y de allí al glam rock (ver recuadro). Se disfrazó de mujer, extraterrestre y hombre convencional. Exploró el pop de vanguardia alemán junto a Brian Eno y Lou Reed. Hizo hits bailables e irónicas reflexiones sobre la fama junto a John Lennon. Revisitó estilos pre-rock and roll y, a su vez, jugó con el ruidismo salvaje, la música industrial y la electrónica. Trabajó en la polémica “Furyo” de Oshima, hizo de extraterrestre en “The man who fell the earth” de Roeg y trabajó con David Lynch. Inventó modas. Patrocinó a Duchamp y Damien Hirst. Ha rezado el Padrenuestro ante 70.000 personas.

Sandford lo resume: “Una cosa es mantener un punto de vista artístico novedoso, otra convertir la volubilidad en una virtud y otra, muy distinta, asegurar que lo que está haciendo es inventar una nueva clase de versatilidad moral. David Bowie ha conseguido las tres cosas. Hasta su nombre es un híbrido”.

Burroughs: “Era inteligente y sencillo: la antítesis de su imagen pública”

“Amando al extraterrestre” incluye una fuente mayor: el escritor William Burroughs, fallecido en 1997. A principios de los setenta, el ambiente contracultural de Londres estaba fascinado con sus películas (“Towers open fire”, “Cuts up”) y sus piezas beatnik “Almuerzo desnudo” y “Nova express”. Ideales para un Bowie que quería “desafiar las barreras que definían los límites de la conducta normal”.

El 17 de noviembre de 1973 -meses después de la noche de furia relatada al principio- el escritor, el cantante y un periodista de la Rolling Stone se reúnen a cenar.

-Bowie: “Yo no sé mentir… No sé si cambio de opinión o es que miento mucho. Un poco de todo. Más que mentir, cambio de opinión sin parar. La gente siempre me echa en cara las cosas que digo, y yo les digo que no quería decir nada. No puede uno quedarse parado en un punto durante el resto de su vida”.

-Burroughs: “La gente intenta catalogarte. Quieren ver la imagen que tienen de ti, y si no la ven, se enojan”.

Un año después, en un documental de la BBC, Bowie aseguraría ocupar la “técnica de recortes de Burroughs”. Mientras la cámara lo mostraba rompiendo páginas con letras de canciones por la mitad y armando frases con lo que iba cortando.

Hasta que Bowie irrumpió en el departamento de Burroughs con un jarrón de flores de un metro veinte de altura.

“Era un chico inteligente, sencillo, la antítesis de su imagen pública: tranquilo, generoso, listo. Inquisitivo”, recordó el escritor.

Héroe

Lo interesante de este panorámico viaje por la vida de Bowie es que comprobamos que el mundo del rock habría sido mucho peor sin él. Nadie habría dado tanta dignidad y elegancia a las actuaciones en vivo, ningún otro rockero de su generación habría explorado sonidos “nuevos” como el kraut, jungle o drum & bass, sin sonar patético, nadie se reinventó, esquivando los homenajes en vida como él.

“La fama había magnificado y consolidado enormemente las peculiaridades de la personalidad de Bowie desde sus primeros tiempos profesionales. Estaba el cantante folk, el enamorado del abrasivamente ruidoso rock de las guitarras. Estaba el bello andrógino, tan «moral como un gato arrabalero bisexual», en palabras de su ex mujer, el hombre que era extrañamente pasivo en la cama. Quería indignar y escandalizar -como cuando se arrodilló ante Ronson, tomó sus muslos entre sus manos y lamió las cuerdas de su guitarra-, pero que en 1995 seguía diciendo que había sido «un chico muy tímido»”.

De hecho, el libro culmina con su cumpleaños 70, el 2007. Su único acto público fue una donación a un grupo de jóvenes afroamericanos de Jena, Louisiana, acusados de una serie de delitos violentos. Según ellos mismos y el cantante fueron el resultado de “vejaciones raciales sistemáticas”.

Incluso en esas apariciones, siempre había alguien del público que le gritaba: “¡Ziggy!” o cosas por el estilo. Y aunque Bowie reconocería que eso lo molestaba, también lo ponía orgulloso. Demostrando que está bien consciente de su marca camaleónica en la historia, no sólo del rock, sino que de la música popular. “Si alguien quiere revivir su juventud y escuchar algo nuevo que esté bien -aunque eso lo diga yo-, yo soy su hombre. ¿Quién si no?”.

[ Leer el primer capítulo acá ]

Tagged in , , , ,

Locos por Synco

Uncategorized 21 September 2008 | 0 Comments

Una obra de ciencia ficción, una cátedra y una instalación que deslumbró a los alemanes presionan los botones de un proyecto tecnológico alucinante que un inglés vendió a Salvador Allende en 1971. Antecedente de internet, el Sistema de Información y Control (Synco) es estudiado hoy como un hito. El escritor Jorge Baradit entrega detalles de la novela que presentará en octubre: “Es como el yeti de nuestra historia”, dice.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 21 de septiembre 2008.

Un científico inglés de cabello largo le muestra planos al Presidente Salvador Allende. Le dibuja una especie de “hombrecito” cabeza, tronco, extremidades hecho de cuadrados, flechas y círculos. Le dice que su proyecto Synco funcionaría igual que el cuerpo humano. Que en vez de huesos o músculos, este sistema trabajaría con el Gobierno de la Unidad Popular.

El hombre suena convincente. En el Chile de 1971, su facha rockera, sus lentes y sus teorías vanguardistas pegaron bien.

“¿Qué le parece, doctor Allende?”, le dice el investigador, quien gustaba recordarle al Mandatario su profesión. De hecho, comparar el cuerpo humano con el sistema que creó para comunicar las fábricas, ministerios y reparticiones de Gobierno fue perfecto.

Entonces, Allende le indica la “cabeza” del dibujo. “Ahí estará la base de su Gobierno”, le dice el científico, refiriéndose a él. Pero el Presidente le responde: “Excelente. Ahí estará el pueblo, entonces”.

UN DELIRIO MUY CUERDO. Aquel científico se llamaba Stafford Beer (1926-2002), un excéntrico heredero de un millonario inglés, que hizo su servicio militar en la India y que se paseaba por el Londres de los Rolling Stones en autos de lujo. Pero también había editado libros fundacionales, como “Cibernética y gestión” (1959), “Decisión y control” (1966) y el clásico “Brain of the firm” (1972).

En ellos postulaba una inédita relación entre tecnología, computación y organización social-laboral. Una teoría que bautizó como Synco (Sistema de Información y Control), también conocida como Cybersin (Sinergia Cibernética) o Modelo de Sistemas Viable.

Invitado a Chile por Fernando Flores fan de su trabajo y en esos años encargado de Corfo , Beer recorrió las poblaciones, compuso el himno del proyecto junto a Ángel Parra y carreteó con Humberto Maturana. A pesar de haber sido retratado como un episodio freak de la UP por “The Clinic” hace un par de años, la historia no terminó allí.

Mientras que Beer se convierte en un referente para gente como David Bowie o Brian Eno, un grupo de chilenos sigue rayando con el capítulo que puso a Chile en la historia de la tecnología mundial.

LA ESTÉTICA. El diseñador René Castillo Ibaceta abre su laptop y muestra una charla inédita de Stafford Beer. La grabación, hecha en Inglaterra a mediados de los setenta, pertenece a Raúl Espejo, otro de los chilenos que trabajó con Beer. Ahora vive en Inglaterra y se ha escrito con Castillo. En esas imágenes, Beer mueve las manos y muestra los mismos planos que veía con brillo en los ojos Salvador Allende.

“La idea de cuerpo humano fue vital para venderle el proyecto a Allende. A Beer le sorprendió mucho que el Presidente señalara que a la cabeza irían los obreros y no él”.

Castillo es un estudioso de la figura de Beer. Incluso imparte una clase sobre Synco en la Escuela de Diseño de la Universidad de Talca y prepara la cátedra para dictarla el segundo semestre en la Universidad del Desarrollo. Para él, este proyecto es uno de los más notables modelos de gestión y también antecedente directo del diseño de interface.

“Muchos de los conceptos computacionales que conocemos ahora, Beer ya los había desarrollado, incluso el autoformateo. Él había visualizado una forma en que el computador pueda aprender de sus propios errores, corregirlos y seguir adelante”.

Mientras tanto, Beer concluye su charla hablando en el video: “Bueno, el proyecto tuvo que terminarse debido al golpe militar”. Luego, viene un silencio y la tristeza.

Además de reconstruir la historia de Synco, Castillo se ha dedicado a hacerlo gráficamente. Basado en los planos de Beer, el diseñador ha trabajado en réplicas de los cuarteles centrales de Synco. Desde la estricta norma de seis sillones que rodean al sillón central o detalles como un pocillo especial para dejar vaso y cigarrillos.

“Muy acorde con la mentalidad de la época. Aparte de los comandos y las pantallas que permitirían visualizar lo que pasa en las fábricas o ministerios, había espacio para dejar el vaso o botar las cenizas del cigarrillo”, explica.

“La estética era muy retrofuturista. Como una versión avanzada de los muebles de la época”, dice, marcando la similitud gráfica de Synco con la película “2001 Odisea en el Espacio”, de Stanley Kubrick.

LA RECONSTRUCCIÓN. “Hay mucho mito en torno a Synco. Decir que fue la internet de Allende es una manera muy simplista de definirlo”, explica Enrique Rivera, cineasta que forma parte de un equipo dedicado a reconstruir Synco, no sólo rediseñarlo a nivel gráfico.

El fruto de su trabajo se encuentra en la muy documentada página web www.cybersyn.cl. Allí hay fotos y textos de Beer, tesis, investigaciones e imágenes de los famosos sillones retrofuturistas de Synco.

“Queremos desempolvar todo lo referente a Synco y desmentir algunas cosas. Por ejemplo, que fue apenas un prototipo de internet. O que fue un delirio de la UP. Las ideas de Beer eran muy coherentes e inteligentes. Y lo sorprendente es que el Gobierno de Chile le compro la idea. Synco puede ser aplicado en el mundo del arte y la cultura. Es un gran mecanismo de organización y gestión”, indica.

Rivera, junto a Catalina Ossa, fueron invitados por el Centro de Arte y Nuevas Tecnologías (ZKM) en Alemania, donde trabajaron en una exposición en torno a Synco el año pasado. “En lugar de hacer un documental sobre el tema, decidimos presentarlo usando precisamente las teorías de Beer”, cuenta el cineasta, entusiasmado.

Así, en “Multinodo Metajuego/Cybersyn: Sinergia Cibernética”, el público alemán pudo manipular réplicas de las sillas de Synco, escuchar canciones de Brian Eno inspiradas en Synco e inteactuar grabando sus opiniones sobre el sistema o manejando la pantalla tal como si el proyecto estuviese funcionando.

Rivera no cree para nada que Synco fuese un delirio. Para él, es un proyecto muy serio que pudo haber revolucionado el mundo. La misma exposición fue trasladada a Chile y se encontrará desde noviembre en el Centro de Documentación del Palacio de La Moneda.

“Chile fue el único país donde se trató seriamente convertir el proyecto en realidad. En Uruguay se intentó algo parecido, pero se robaron la plata”, dice.

CIENCIA, HISTORIA Y FICCIÓN. “Synco” se llama la nueva novela de Jorge Baradit, que ficcionará lo que hubiese pasado si el proyecto Synco no se hubiese venido abajo tras el golpe militar. Se editará en octubre y parece el paso definitivo del hecho freak de la UP a una fantasía retrofuturista.

“La sola idea de un proyecto para convertir a Chile en un Estado cibernético es insólita. La frase de Stafford Beer: ‘Quiero dotar a Chile de un sistema nervioso electrónico’, parece sacada de la mejor literatura que recién comenzó a escribirse ¡diez años después! Es decir, cómo no interesarse en una idea tan adelantada a la época, además cruzada por uno de los hechos más trágicos de nuestros últimos años, el golpe y la tragedia socialista”, explica el también autor de la notable “Ygdrasil” (2006).

Baradit reconoce que la documentación es fragmentaria. Sin embargo, basado en la citada página Cybersyn (“un dossier virtual amplio y confiable”), revisando los documentos y mirando la gráfica “parecen fotos de ovnis, como si Synco fuese una leyenda urbana, un yeti de nuestra historia” , la ficción comenzó a armarse en su cabeza.

Un drama nostálgico y horriblemente trágico: “La posibilidad cierta de haber convertido a Chile en una Camelot de la tecnología mundial y haberla perdido de modo tan espantoso. Por último, es insólito que un proyecto de esta envergadura haya permanecido escondido durante tantos años, secreto a la vista. Confirma que en Latinoamérica la tecnología, la magia, los sueños y las pesadillas se cruzan en la realidad sin concierto aparente, dotándola de un espesor surrealista tangible, alucinatorio y desconcertante”, señala.

Baradit es un creador de mundos que se nutren de muchos canales, entre ellos la cultura pop, la tecnología, los mitos galácticos, las urbes apocalípticas, el hombre doblegado por los chips, la destrucción del planeta. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si Pinochet decide seguir el ejemplo de Prats y apoya a Allende, desarticulando el golpe del ’73?

Esa es una de las líneas gruesas del argumento de su nueva novela “¿Se imaginan que hubiera pasado si Synco se desarrolla completamente y Chile se convierte en Sylicon Valley 15 años antes de Sylicon Valley? ¿El primer país con una producción industrial administrada cibernéticamente, en tiempo real. Próspero y progresista?

¿Qué habría pasado con América Latina si Chile exporta la experiencia Synco y se organiza algún tipo de cyberbolivarismo? ¿Se imaginan a Miguel Serrano y su visión mágico-totalitaria organizando un movimiento en las sombras tras el Gobierno chileno?”.

Por supuesto, siempre hay un costo de sangre y muerte que pagar.

¿Cuál fue el precio que tuvo que pagar Allende para obtener las llaves del paraíso socialista? Lea la novela en octubre o, mientras, viaje por los circuitos de Synco, el sistema nervioso de Chile muerto ahora en un chip manipulado en el sudeste asiático.

Tagged in , , , , , , , , , , ,

D.A. Pennebaker En Buenos Aires: Su Rollo Es El Rock

Archivo Periodistico,Cine,Musica,Reportajes 27 July 2007 | 0 Comments

Conozca al hombre que giró con Bob Dylan en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa


Un teléfono suena en Nueva York


-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Pennebaker and DylanUn sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

Publicado en La Nación, 3 de junio 2007.


Tagged in , , , , , , , ,

D.A. Pennebaker, el hombre que registró al mejor Dylan

Archivo Periodistico,Cine,Musica,Reportajes 3 June 2007 | 1 Comment

A una semana del primer tributo criollo a Bob, conozca al hombre que giró con el músico en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 3 de junio 2007.

Un teléfono suena en Nueva York

-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

Tagged in , , , , , , , ,