La Familia Es Lo Primero

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Lo bueno de crecer es que al fin experimentas las sensaciones que evoca la canción de autor. Cuando era adolescente o veintañero apenas me bastaba la anarquía controlada del punk o la melancolía del rock inglés, que al final era más bien una reducción estética con estribillo glam. En cambio ahora, que el paso del tiempo llega a dejar polvo a su paso, entiendo perfecto la idea de “ausencia” que tan bien interpretaban las silly love songs de los setenta.
La semana pasada estuve cuidando la casa de mi Daniela. Llegaba, jugaba con los pollitos, regaba el pasto, me hacía jugo de melón, veía los Simpsons, me tiraba en su cama, volvía a ver a los pollos dormir juntos y apretados.
Y créanme que andar así es terrible.
El sentimiento de ausencia que tenía era tremendo.
Puro vacío.
Así que te digo públicamente que el próximo año, nos vamos a colonizar algún rincón sudamericano juntos.
Con todo el apasionamiento que eso implica.
Que ya no quiero más veranos sin veraneo.
Te amo.

Y tengo novia
trabajo
pelo
un gato
¡Gracias Dios, por dejarme ser como la canción berlinesa de David Bowie y producida por Brian Eno!
Dentro de las numerosas operaciones políticas más o menos encubiertas de la Transición -pasta base en poblaciones, venta de recursos naturales a transnacionales, eliminación del periodismo investigativo- la más sorprendente es el desprestigio del resentimiento.
Desde mitad de los noventa, estar enrabiado -o “sentido” con la realidad- era celebrado sólo en tipos como Jorge González cuya ciclotimia autoritaria/desvalida enloquece a los chilenos, porque cumple el rol paterno necesario en un país de huachos, no de huérfanos, pero ese es otro tema.
El asunto es que cuando dejé la Universidad y sobretodo ese líquido amniótico que es Concepción me enfrenté desnudo a Santiago. Una ciudad sucia, calurosa y saturada de gente. Incluso para compra una revista había que hacer cola. Pero lo peor de la capital son sus interacciones sociales. La gente era arrogante en ciertos espacios -área de servicios, chocando en el metro- pero estúpidamente tímida si les preguntas la hora o hay un asalto en plena calle. Se habla mal de los demás, pero en persona se le sonríe. “Es que el medio es chico, hay que cuidarse”, parece ser la filosofía utilitaria en todos los microuniversos laborales. El CV se gestiona en las fiestas. Y la clase alta, los que verdaderamente cortan el queque, son más caricaturescos que los pobres empleados que se creían jefes en Concepción: católicos fundamentalistas, reprimidos sexuales y con ese tono idiota para hablar.
El diario donde trabajaba era una reproducción a escala de todo esto. Era como una sitcom: escuchaba dialogos chistosos, de repente debía entrevistar -y pelearme- con gente como Miguel Bosé o … ¡la banda Guiso! y generalmente ningún tema que ofrecía me lo compraban.
Me pasaba navegando, caminando, leyendo la prensa en inglés y nada. Ningún tema que ofrecía a los editores valía la pena. Ni siquiera una industria de Talcahuano que provoca mutaciones genéticas en los niños.
Entonces me llenaba de furia y le comentaba mis penurias al primer jetón que encontrara. Y claro, a la gente le daba lo mismo, me dejaban hablando solo o me hacían algún comentario tonto.
Ayer cumplí dos años y un mes con Daniela y pensé en todo esto.
Seguro que de no haberla conocido estaría tratando a esta misma gente con una @ antes del nombre.
O me amargaría por los criterios de editores lobotomizados.
Por eso -y millones de cosas más- Te Amo.
A Daniela, la operan el viernes.
Espero que salga todo bien.
Iré al hospital con mi laptop y la acompañaré todo el día.
Elliott, mi gato, también está enfermo. Ha hecho caca por toda la casa. No soy muy bueno para limpiar y ordenar, pero me preocupé de tener el piso con papel de diario.
Yo también ando mal: transpiro, ando sin ánimo y estoy horriblemente fuera de forma.
Anoche vi “Operación Valquiria” y no era tan horrible como decía la crítica.
Mi papá me dijo por teléfono que podría llevarme al gato al sur.
Mientras, necesito salir adelante.
Tengo que enfocarme, creo yo.
1. Las raíces están acá. Mi abuelo, que andaba en Lambretta y no celebró januka, seguramente miró este reloj y su estrella de David en clave, y no comprendió nada.
2. Siempre me ha dado risa ese aviso tan sixtie, revolucionario sexual y mod antes que todos. Como una película chilena perdida de la época. Con banda sonora.
3. Después vendría el tren, el mar y los chocolates alemanes, tan buenos para el alma. La pareja se parece a una portada de Field Mice.

Actualización: Recién me di cuenta que en la foto se lee parte de mi plan de los 28 años, y que se mantiene hoy: irme con Daniela a Buenos Aires, nuestra puerta de entrada a todos los puertos del mundo. La tomé en Dichato, donde fui a tomar sol, pensar y escuchar música después de que en mi casa me cantaran el cumpleaños feliz. Y en ese mismo celular mi novia, la destinataria de estos planes, me dijo feliz cumpleaños, también. Y me fui de nuevo a Santiago a estar con ella hasta hoy.