Uncategorized
18 February 2011 | 0 Comments

Ya había leído “Pégate un tiro para vivir” y lo pasé muy bien.
Después busqué éste y sólo encontré el audiobook (narrado por el mismo Klosterman).
Ahora lo encontré en formato libro-digital gentileza de ElBibliotecarioValiente.
Bajar via mediafire
(formato epub)
Tagged in Chuck Klosterman, mediafire, Sex drugs and cocoa puffs
Uncategorized
28 January 2010 | 0 Comments

Por Chuck Klosterman
(…) En enero de 2000, un amigo mío murió de cáncer. Cuando empecé a escribir este libro, me juré que no comentaría nada sobre este asunto, porque ya me siento bastante culpable por aprovecharme de las experiencias de gente que todavía está viva. No soporta la idea de pensar que me aprovecho de alguien que ha muerto. Pero creo que tengo que mencionarlo igualmente, porque no pude pensar en otra cosa que en su muerte cuando bajé las escaleras del edificio donde había vivido Stinson. Todavía no he llegado a saber por qué. Mi amigo estuvo enfermo durante más de un año, por lo que dispuse de tiempo más que suficiente para hacerme a la idea de su muerte; pude pensar en ello muchos meses antes de que ocurriese. No hubo sospresas. Nada, ni siquiera las últimas noticias, resultó desconcertarme. Pero unas pocas semanas después del funeral, yo iba conduciendo por la Ohio rural y empezó a sonar en el equipo de música, “Bastards of Young”, y me puse a llorar desconsoladamente. Sé por qué ocurrió. A mi amigo, un tipo brillante y adorable llamado Thad Holen, le encantaban los Replacements, y en una ocasión me dijo que ésa era su canción favorita, y resulta que la letra de “Bastards of Young” habla de enterrar a seres queridos y de luchar con los recuerdos de cuando esas personas estaban con nosotros. Entinedo cómo (y por qué) establecí una relación con Thad a través de esa canción. Pero lo que me precupa es cómo mi relación con esa canción ha crecido y se ha profundizado. La escuché otra vez cuando llegué a casa esa noche, y volví a llorar. Pasado un tiempo, también me hacían llorar otras canciones de los Replacements, porque me recordaban a “Bastards of Young”. Han pasado meses y años, y ya ni siquiera tengo que escuchar la música de los Replacements: con sólo leer algo sobre la banda o recordar las canciones, se me hace un nudo en la garganta y se me humedecen los ojos. Incluso escribiendo este párrafo estoy a punto de ponerme a llorar, por el mero hecho de pensar en los Replacements. Y eso es lo que no entiendo. ¿En qué momento el llanto por mi amigo se transformó en el llanto por una banda de rock?. No estoy pensando en Thad en este momento. Lo digo sinceramente. Pienso en Paul Westerberg, un cantante que me gusta. Pienso en Let it Be y en Don`t Tell a Soul, que son álbumes que me gustan. Pienso en el anodino apartamento de Bob Stinson, que ni me gusta ni me disgusta. No me siento triste. Pero siento como si el interior de mi pecho fuese una cueva helada, y no puedo evitar preguntarme si mi sincero cariño por Thad se ha convertido en una excusa para sentirme hipócritamente abatido por cualquier otra cosa.
Al ver que no hallo respuesta para mi reconocimiento existencia de la pérdida, decido ir a comer algo”.
Tagged in Chuck Klosterman, The Replacements