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9 June 2010 | 0 Comments
El Chavo del Ocho o una invención post-colonialista made in México.
Quinta parte: la eternización de la pobreza.
Por J.C. Ramírez Figueroa

Roberto Gómez Bolaños publicó “El Diario del Chavo del Ocho” usando el viejo -y agotador- recurso del tipo que se encuentra un cuaderno abandonado. En un estilo que sólo podríamos calificar como dudoso (¡Shakespeare latino, seguro!) nos cuenta la historia triste, pobre, asombrosa del protagonista de la serie. Un melodrama donde el Chavo se escapa del orfelinato, es maltratado, le pegan y finalmente, como el mismo Bolaños dice, moriría en un accidente (aunque terminó conviertiéndose en un final alternativo inédito).
Frases como “Por eso me metí al mercado, donde había muchisisísimas cosas de comer. Lo malo era que yo no tenía dinero para comprarlas. Entonces pensé en robarme algo, pero recordé que era pecado robarse las cosas; sobre todo (sic) cuando el dueño es otro. Por eso lo que hice fue pedir que me regalaran algo, y una señora me regaló dos zanahorias. Pero lo mejor fue al día siguiente, pues un señor me regalò una torta de jamón. ¡No puede haber nada más bueno en esta vida!”
¿No es acaso esta actitud pasiva y manipuladora una especie de dispositivo de cómo debe comportarse un perfecto idiota latinoamericano? ¿No es esta espera de “beneficiencia” una desviación perversa del caritas cristiano? ¿No es esta moralidad boba como espera el poder que nos comportemos?
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8 June 2010 | 0 Comments
El Chavo del Ocho o una invención post-colonialista made in México.
Cuarta Parte: No hay inocencia

Navegando por internet me he encontrado con un “artículo crítico” hacia El Chavo del Ocho. Sin embargo, se centra en el su carácter de niño pobre maltratado.
El filósofo y escritor mexicano Fernando Buen Abad Dominguez señala:
Y en México –y toda América Latina- tenemos en la televisión un personaje que se llama el Chavo del Ocho, que es un niño de la calle que vive en un barril (que no es un barril de petróleo precisamente), y ese barril lo tiene puesto en una vecindad. Esa vecindad es un núcleo social en el cual hay relaciones sociales entre los distintos personajes. Y el Chavo vive ahí. El Chavo come casi únicamente tortas de jamón (pan con jamón adentro). El Chavo -llueva, truene o relampaguee, haga frío o haga calor- tiene como única ropa la que lleva puesta y el Chavo es el receptor, el receptáculo, de una pirámide invertida de violencia permanente que descansa sobre él: todos le pegan, todos lo insultan, todos lo ningunean y el Chavo siempre acaba llorando. Eso es lo que pasa en las aventuras del Chavo del Ocho.
Y resulta que en México –y en muchos otros lugares- nos enseñaron que eso es divertido, que eso nos entretiene y nos reímos y decimos: ¡Ay, qué tierno!
En suma, se trata un ejercicio de crueldad colectiva, de abandono colectivo funcional en el cual ese niño de la calle -que no tiene ni amparo ni protección ni acompañamiento ni solidaridad básica- ése, por ser golpeado y porque chilla, nos entretiene, nos divierte. ¡Debería darnos vergüenza!
Más adelante, el autor dice algo que se emparenta con este ensayo:
Necesitamos ser muy claros acerca de cómo las operaciones ideológicas, las matrices ideológicas y el manipuleo ideológico de empresas como Televisa producen engendros como éste y nosotros no podemos permanecer callados ni acríticos
Sin embargo, El Chavo es parte del problema.
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4 June 2010 | 0 Comments
El Chavo del Ocho o una invención post-colonialista made in México.
Tercera parte: el mito de la cultura del trabajo
Por J.C. Ramírez Figueroa

Aceptamos como normal que en los dibujos animados nadie trabaje. Incluso es más fácil encontrar referencias sexuales veladas que a alguien con problemas para cobrar un cheque. Es la vieja idea de Para leer al Pato Donald, donde se postula que la cultura Disney construye un mundo desprovisto de cualquier antagonismo económico. Así, la producción infantil estadounidense se invierte la vieja idea de estructura – superestructura, en una amable representación de la sociedad post-industrial.
Y como estamos hablando de un mundo pre-Simpsons, los dibujos y seriales que consumimos precisamente eran representantes de este orden.
Por otro lado, sabemos que en América, la gran diferencia entre norte rico y centro-sur pobre reside en la religión de quienes la fundaron. O más bien la religión en su apecto más ideológico y las estructuras económicas subyacentes.
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