Luz, cámara y rock and roll : ¿en espera de la obra maestra?

Archivo Periodistico,Cine,Ensayos,Musica 28 December 2011 | 0 Comments

Esta semana se inauguró una nueva versión del INEDIT, festival de cine y rock ya consolidado en el país. Al mismo tiempo que aterriza una colección de ensayos sobre la relación entre ambos géneros, con un prólogo de Julien Temple, director de “La gran estafa del rock and roll”. Una buena ocasión para preguntarse si el séptimo arte y las guitarras eléctricas aún nos deben una obra maestra.

J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 11 de diciembre 2011

En una escena de “Semilla de maldad” (1955, Richard Brooks), un grupo de adolescentes destruye con inusitada violencia los discos de jazz de 78 rpm de sus mayores. Y aunque al final de la cinta triunfan estos últimos, cuando empezaba a sonar “Rock around the clock” en los créditos, los espectadores -totalmente identificados con los pandilleros de la pantalla- destrozaban las butacas para bailar al ritmo de Bill Halley y sus Cometas. Como si la rabia y el aburrimiento tras la carnicería de la II Guerra Mundial y posterior polarización de occidente al fin encontrara su válvula de escape. Aunque el proceso ya había comenzado con la irrupción de dos héroes con que identificarse: el Marlon Brando de “¡Salvaje!” y el James Dean de “Rebelde sin causa”. Personajes icónicos que se sumarían a un par de documentales dirigidos por Joseph Kohn: “Rock and roll revue” y “Rhythm and blues revue”. Ambos presentaban una música salvaje e irresistible, tradicionalmente vedada en los medios oficiales blancos. Pero no hay dudas, la película que inauguró la fructífera relación de cine y música rock fue “Semilla de maldad”. Frank Zappa confesó que cuando la vio por primera vez pensó: “Han hecho una película sobre nosotros, por lo tanto existimos”. No estaba equivocado: la obra se convirtió en un fenómeno sociológico al presentar el concepto “teenager” , cuestionar el Estado de bienestar estadounidense y popularizar una banda de rock . El mismo Halley -que podría ser uno de los padres castigadores del filme- reflotó su carrera, salió de gira y en cada lugar, para su sorpresa, era vitoreado por los jóvenes. Zappa, por otro lado participaría como músico en “El pecador más grande del mundo” (1962) cinta de culto de Timothy Carey donde él mismo interpretaba a un rockero que funda una secta y en la escena final se enfrenta con el mismísimo Dios. Había nacido el cine rock .

Los años cincuenta

Pero antes de convertirse en un género con ramificaciones que van desde el documental paródico hasta la biografía experimental, el rock en el cine fue la música de fondo en las películas adolescentes. Cintas que para el escritor Paul Yonnet tienen dos orientaciones: una masiva (abogar por la liberación sexual) y otra más profunda: denunciar la segregación racial. El punto en común era la celebración del tiempo libre y la liberación de los “períodos de obligación y compromiso” (colegio, trabajo, familia). En esa línea -caracterizada por los amoríos adolescentes, una rebeldía algo domesticada y muchas estrellas de rock – destaca la comedia “The girl can’t help it” (1956) dirigida por Frank Tashlin el mismo de la mayoría de los hits de Jerry Lewis. Allí participa Gene Vincent, Little Richard, el héroe de la guitarra Eddie Cochran y hasta Los Platters. O “Shake, rattle and rock” (1956) una cinta de bajo presupuesto sobre unos jóvenes que quieren abrir un club de rock y aparecen Fats Domino y Joe Turner para apoyarlos. Y aunque Elvis Presley fuera sin duda la primera estrella global de rock and roll , hay un consenso en torno a la mala calidad de sus cintas. Esto no impediría el revuelo provocado por “Love me tender”, su debut de 1956, o “El rock de la cárcel” un año después. Fueron Los Beatles con “A hard day’s night” (1964, Richard Lester) quienes convertirían una cinta de rock en una pieza visual realmente interesante. De hecho algunos la llaman “El ciudadano Kane del cine rock” y que rompería la moda de las películas de surfistas protagonizadas por Frankie Avalon. En blanco y negro e inspirado tanto en la nueva ola francesa como en el novísimo cine realista inglés, la película se adelantaba a MTV, los rockumentales y hasta las parodias al presentarnos a Los Beatles en diálogos delirantes, escapando de las fans y, por supuesto, tocando sus hits.

 

Beatles y Bob Dylan, las “excusas” para que la aventura creativa comience

“La idea de montar un grupo tiene algo que ver con la de hacer una película. Me gusta pensar que tiene algo de rebeldía, y todo el buen rock and roll es rebelde”, escribe Julian Temple en la presentación de “¡Rock acción!”, una colección de ensayos que analizan la relación entre séptimo arte y guitarras eléctricas (ver recuadro). Temple dirigió “La gran estafa del rock and roll” (1980) protagonizada por los Sex Pistols. Al no poder romper la resistencia del mánager Malcolm McLaren, instaló la cámara -que tomaba “prestada” de la universidad- en el baño y de vez en cuando iba a buscarla y grabar fragmentos del recital. Al final terminó grabando firmas de contratos y fiestas de la banda. Aunque algunos llaman a esa mezcla de rock y documental, rockumental, Temple se desmarca. “Odio que me llamen rockumentalista. Cuando lo oigo me dan ganas de ahorcarme. Soy cineasta”. Es que desde mediados de los sesenta, el cine rock se perfila como género con sus propias características, mitos y estándares creativos. D.A. Pennebaker eleva la apuesta, al grabar la gira inglesa de 1965 de Bob Dylan y, con una efectiva ilusión de no haber editado nada, estrenó dos años después “Don’t look back”: un documental donde el cantante ignora a su amante Joan Baez, discute con los periodistas y su mánager negocia (y miente). Además de grabar el versionado clip de “Subterranean homesick blues” donde el cantante va dejando caer papeles con la letra de la canción. Godard se entusiasma y acepta el llamado de los Rolling Stones a filmarlos. Aunque al final en “One plus one”, la banda es más bien un personaje secundario. Antonioni captura a Jeff Beck rompiendo la guitarra en el “swinging London” de “Blow Up”. A su vez, Los Beatles experimentan con el non-sense en “Magical Mystery Tour”. Y “Busco mi destino” actualiza la idea de viaje iniciático en motocicleta y acompañado de The Byrds y el clásico rock de carreteras “Born to be wild” de Steppenwolf.

El cine rock se convierte en género

En los setentas se establecen las bases de todo el cine rock que vendrá hasta hoy. ¿Recitales? “Woodstock” de Michael Wadleigh, estrenada un año después del megafestival de 1969. Con recursos como subdividir la pantalla o centrarse en detalles, como las manos temblorosas de Joe Cocker o Jimi Hendrix tocando mientras el público empaca sus cosas. ¿Nostalgia? “American Graffiti” , “The last picture show”, “Grease” y “Rock and roll high school” protagonizada por The Ramones. ¿Humor? “Sgt Pepper’s lonely hearts club band” (Michael Schultz, 1978), un musical inspirado en el disco de Los Beatles con Bee Gees y Peter Frampton. ¿Documental independiente y punkie? “Blank Generation” de Amos Poe e Ivan Kral. ¿Parodia? “All you need is cash” (Eric Idle, 1977). En esta salvaje parodia de Los Beatles que curiosamente se parece demasiado a los documentales sobre la banda que se harían después, aparece incluso George Harrison haciéndose pasar por periodista.

La revolución inconclusa

Sin embargo, para Xavier Cervantes en el ensayo “De Richard Lester a Jean-Luc Godard”, incluido en el libro, la relación entre séptimo arte y el rock es desproporcionada. Música y cine forman una pareja disfuncional donde la “y” apenas es copulativa. “Sucede así desde que el cine es sonoro, pero sobre todo, desde los años cincuenta, cuando el rock puso los pies sobre la mesa para reclamar su estatus de cultura de masas. El cine, como gran devorador cultural, no dejó escapar una presa tan apetecible…”. Y agrega, con amargura: “En ese proceso devorador, el cine llegó a plantearse viajar al corazón de la música, pero en general falló en los metros finales. Y es una pena, porque en las contradicciones y los conflictos que experimentaban los músicos anidaban algunas de las claves para explicar las transformaciones de la sociedad occidental, muchas de ellas vinculadas a la cultura del éxito y su correspondiente lado oscuro”. Al parecer la gran obra maestra del cine rock aún estaría por escribirse.

¡Rock acción!

¡Rock acción! es una colección de ensayos que analizan la relación del cine y la música rock. Además del prólogo de Julien Temple, destaca el análisis de las obras de los años cincuenta (“Los adolescentes, los explotadores y el rey”); los lineamientos básicos del documental musical (“Teoría y práctica del rockumental”); el soul en el cine (“What`s going on”) o un texto que intenta explicar lo que sucede cuando los rockeros se creen actores (“Zapatero a tus zapatos”). También hay reflexiones sobre las películas biográficas, la electrónica en la ciencia ficción o el rock independiente. ¡Rock, acción! Ensayos sobre cine y música popular . Varios Autores. Avant Press, España, 211 páginas.

Tagged in , ,

¡EN ARTES Y LETRAS! (Y NO COMO AUTOR DE LA NOTA)

Uncategorized 18 July 2011 | 0 Comments

Aparecimos en Artes y Letras de El Mercurio, en un interesante reportaje de Patricio Contreras Vásquez sobre cómo se defienden -o “arman”- las librerías ante la invasión digital.

Estos son nuestros párrafos claves:

Sinergias intergeneracionales

Berta Concha es directora de la librería Prosa y Política, enclavada en el casco cívico de Santiago. Ella define ese espacio como “poco común” y “bastante excéntrico”. Se explica: “Nos dedicamos mucho a conocimiento, a filosofía, tenemos una sección de música transversal, trabajamos la novela gráfica, el cómic, y las formas nuevas de literatura y de expresión. Tenemos cosas que a la gente se le hace muy densa y que, sin embargo, en las redes encuentran siempre un interlocutor”.

Uno de esos interlocutores es el periodista freelance Juan Carlos Ramírez, director y editor del sitio LuchaLibro.cl, un proyecto hecho por, como afirman en su web, “gente que lee hasta en el baño”. Hace un tiempo Ramírez encontró en Prosa & Política el libro “Disonancias”, de Theodor Adorno, y escribió un reportaje que se enfocó en ese “modelo excéntrico” del que habla Concha.

Tras una serie de reuniones, la librería y el sitio web sellaron una alianza. Ramírez cuenta que LuchaLibro “intruseará” en el catálogo de Prosa & Política, reseñará libros y los presentará a sus lectores. “Quienes se hacen socios de LuchaLibro acceden a comprar con descuento o facilidades de pago. Incluyendo regiones. Ellos nos sponsorean con el banner, nosotros llevamos público joven o que no sabía dónde encontrar ese ensayo sobre los Simpson, aquel texto sobre anarquistas, el nuevo de Peter Bagge o la biografía de David Bowie a la librería”.

Prosa & Política tiene Facebook, pero no Twitter. Berta Concha confiesa que trabajan con miles de libros y la demanda les impide profesionalizar el manejo de redes sociales. “Y si podemos hacer alianzas de tal manera que algunas labores que nosotros debiéramos desarrollar por Twitter las hagan otros que mejor conocen el tema y mejor la tecnología, fantástico. Esto te lo digo de corazón: es como una alianza intergeneracional, que a mí me encanta, me ‘primaverea’, me encanta que haya gente joven que esté manejando estas cosas con mucha experticia y podamos hacer estos complementos tan especiales”, dice Concha.

 

En otra parte, se habla del libro digital:

El diagnóstico suena lapidario: frente a la irrupción de los libros digitales, Marco Antonio Coloma, de La Ciudad Letrada, cree que las librerías “están fritas”; Juan Carlos Fau, de Qué Leo, dice que hay que tomar resguardos para mantener vivo el negocio; y Berta Concha, de Prosa & Política, con optimismo prefiere hablar de un sistema de cohabitación “más o menos prolongado”.

[ link ]

 

Tagged in ,

¡PAULMANÍA!

Archivo Periodistico,Ensayos,Musica,Reportajes 10 April 2011 | 0 Comments

Con 68 años y una carrera que jamás ha podido desligarse de Los Beatles, Paul Mc Cartney regresa a Chile el 11 de mayo en el Estadio Nacional. ¿Pero por qué deberíamos verlo? Acá exploramos cuatro razones que confirman por qué es uno de los grandes del rock. Y no necesariamente por sus baladas más conocidas.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 10 de abril 2011

 

Un debate clásico de la “rock-ficción” es qué habría pasado si Mc Cartney (1942, Liverpool) hubiera muerto en lugar de Lennon. ¿Cómo sería recordado? ¿Se le reconocería como el vanguardista y lider de los Beatles que efectivamente fue a fines de los sesenta? ¿Cual sería su sello personal, si John quedó para la posteridad como “el pacifista”?

Pero, en ese guión casi perfecto que fueron Los Beatles, a Mc Cartney le tocó el papel de ser el Beatle más vivo. El que tuvo más actividad musical, hasta ahora. El más feliz de haber formado parte de la banda. Y por ende, a merced de fans polarizados que insisten en el mismo ataque que Lennon le hizo en “How do you sleep” (1971): “la única cosa que hiciste fue Yesterday”.

Aunque la frase -escrita cuando el abrupto final del grupo estaba demasiado fresco- era velada y sin nombrar al destinatario, era evidente la referencia. “Yesterday” (1965) fue el primer hit compuesto, trabajado y grabado por Paul sin pedirle ayuda a ningún otro Beatle. Una canción tan melódica, dulce y no-rockera que terminaría potenciando la imagen que muchos tienen en la actualidad: Un Mc Cartney “blando” y apto para todo público.

¿Es tan así? Ahora que se acerca por segunda vez al país, el 11 de mayo en el Estadio Nacional (la primera fue en 1993) es bueno recordar las verdaderas razones que lo han convertido a “Macca” (abreviación anglosajona, ya casi oficializada en nuestro país) en un músico imprescindible.

PRIMER BAJISTA MELÓDICO DEL ROCK.

A principios de los sesenta, cuando tocaban en clubes de Hamburgo y Liverpool, Paul era feliz tocando rock and roll con la guitarra y , luego, el piano. Pero tras la partida -y posterior fallecimiento- del bajista estable (Stuart Sutcliffe), no le quedó más remedio que asumir las cuatro cuerdas. Al no tener formación, empezó intuitivamente a tocar melodías y “floreos” en un Hofner barato con forma de violín.

“Como zurdo, me gustaba que fuera simétrico. Además era tan ligero que lo tratabas como una guitarra. Descubrí que era mas melódico que la mayoría de los bajistas porque era capaz de tocar muchas notas altas. Como mis canciones son melódicas, pensaba que era bueno no tocar tantas notas bajas. Este estilo lo adopté firmemente”, reconocería.

Después se pasaría a un Rickenbaker 4001 que terminaría por sellar su estilo, reconocido por instrumentistas y revistas especializadas como El Musiquero: armar con el bajo auténticas melodías paralelas a la principal. Es cosa de escucharlo en el Revolver, con Wings o sus discos solistas. Esto lo ha convertido, según un ranking de la revista más generalista Rolling Stone como uno de los 3 mejores bajistas de la historia del rock.

VANGUARDISTA.

A fines de 1966 el resto de los Beatles no quería más guerra. Las críticas de Lennon a la religión organizada, la confusa gira por Filipinas (donde fueron prácticamente secuestrados por la dictadura de Ferdinand Marcos), el matrimonio, los proyectos artísticos personales y la sob reexposición, hicieron que la banda se tomara un receso. Sólo Paul, aun soltero, vivía a fondo la efervecencia cultural londinense.


Había visto en vivo a Pink Floyd, sabía de la existencia de V elvet Underground, profundizando técnicas de grabación con loops y cintas en reversa (ya usadas en Revolver) y tenía el suficiente humor como para hacer un disco donde la banda jugara a ser otras personas. Antes que cerrara el año tenía a la banda de vuelta grabando el Sgt Pepper´s Lonely Hearts Club Band que incluiría sus inquietudes sónicas: orquesta sinfónica tocando caóticamente, sonidos de animales, pegar dos canciones sin pausa siquiera, mezclar Bach con music-hall, tocar más “pesado”.

Habrá errado comercialmente (la película televisiva “Magical Mistery Tour” fue un fracaso) o habrá sido déspota (en la etapa de Let it be), pero es innegable que llevó la batuta en la etapa final. Y no se le pasa: sin saber leer música ha explorado la música docta: Liverpool Oratorio (1991), el poema sinfónico Standing stone (1997) o Ecce Cor Meum (2006).

También hace música electrónica y experimental junto a Martin Glover (Youth) con el pseudónimo The Fireman y se codea con nuevos productores como Nigel Godrich para grabar el celebrado Chaos and Creation in the Backyard (2005)

ROCKERO.

“Se dice muy a la ligera: esta canción es de John, ésta de Paul. Paul hace baladas, John los temas rockeros. John es el duro, Paul es el blando. Todo eso es una falacia” se defendía el músico. Y es verdad: aunque en los créditos figuran siempre ambos, hay una creencia en torno a quien es “dueño” de la canción.

Sin embargo, investigando cómo fueron compuestas -hay una extensa bibliografía, donde destaca: “Revolución en la cabeza” (1994, Ian Mc Donald) y “The Compleat Beatles Recording Session” (1988, Marc Lewisohn)- Mc Cartney ha hecho intensos aportes al rock.

Por ejemplo, “Paperback writer” una irónica historia sobre un aficionado a la literatura (¿referencia a John?) con un sonido garage, armonías de voces y un riff demoledor. Miles Davis recién ahí puso atencion a la banda. “Helter skelter”, nacida tras leer una entrevista donde Pete Townshend (The Who) aseguraba “I can see for miles” era la canción más heavy de la historia. Paul les respondió con esta caótica pieza proto-punk. Y un tercer botón de muestra: “Live and let die” (1973) que sólo la versión de Guns n`Roses activaría el rock que llevaba latente.

DULCE Y ENIGMÁTICO.

Pero tampoco hay que engañarse: Mc Cartney no puede evitar las grandes orquestaciones, los pianos melancólicos, las influencias de la era pre-rock and roll, la melodía amable que es imposible sacar de la cabeza. Durante el periodo 1965-1967, Brian Wilson de los Beach Boys era el único capaz de competir con él.

Su carrera solista es bastante coherente, con hits regulares, con su banda Wings (1971-1981) o solista y en todos los tonos: para todo público (“Uncle Albert/Admiral Halsey”, 1971), romántico (“My love”, 1972), progresivos (“Jet”, 1973), pop (“Band on the run”, 1974), bailable (“Coming up”, 1980), rock adulto (“Hope of deliverance, 1993) o folk (“Dance tonight”, 1997).

Pero trás esta carrera de exito se oculta alguien que no conocemos tan bien, aunque lo pareciera. Alguien capaz de resucitar públicamente tras una vida como Beatle, una detención por portar marihuana en Japón en 1980, la muerte de su amada Linda (1998), varias batallas ambientalistas, un escandaloso divorcio con Heather Mills (¡justo cuando cumplía 64 años, como su famosa canción!) o -lo más increíble- el rumor de que habría muerto en un accidente automovilistico 1966 en base a pruebas desacreditadas (su supuesto doble, William Campbell nunca existió) y otras que, nunca sabremos si fueron puestas a propósito. Como por ejemplo, la corona de flores con forma de bajo en la tapa del Sgt Pepper´s. Claro que al bueno de Paul no le quedó otra que reirse y decir: “¡Estoy seguro que sigo vivo!”.

Su show en Chile. Independiente de la polémica por las entradas millonarias que permiten ver hasta su prueba de sonido, hay al menos un importante stock para galería a un precio de $28.000 y cancha a $44.000. El “Up and coming tour” se centrará en su material Beatle. En sus shows de Buenos Aires de noviembre, por ejemplo tocó desde hits como “And i love here”, “Hey Jude” o “Let it be” hasta piezas que no fueron single de discos como Rubber Soul (“I looking through you”) o Revolver (“Got yo get you into my life”). Incluso rockeará con “Helter Skelter”. También cobrará importancia el recientemente remasterizado disco de Wings “Band on the run” (1973), considerado su obra maestra post-Beatles.

Tagged in , , , , , , ,

“Mito del Reyno de Chile”: la invención ilustrada de un Chile secreto

Uncategorized 26 April 2010 | 0 Comments

Para entender el Bicentenario, también es necesario remitirse a las historias legendarias y personajes secundarios de nuestro país. Esta “investigación gráfica”, encabezada por el ilustrador Marcelo Escobar y publicada por Lom, recopila veintidós episodios que permanecen en la mitología colectiva nacional, pero a la que los libros de historia dedican pocas líneas.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 25 de abril 2010

Al ilustrador Marcelo Escobar (39) siempre le obsesionaron los sucesos extraños y personajes secundarios de nuestra historia nacional. Un “Chile secreto” que fue recopilando y documentando gracias a los libros heredados de su padre o las célebres obras de Oreste Plath, aunque en los textos oficiales de estudio “siempre se mencionaban a la pasada, en un par de líneas nada más”, dice. Junto a la periodista Marcela Araneda (40) y el artista gráfico Marcelo Baeza (37) se embarcaron en “Mito del Reyno de Chile” (Lom Ediciones). Una investigación que parte en 1533 con el “El Desorejado”, un mutilado soldado sevillano que escapa de Machu Picchu a Quillota, aterrando a la caravana de Diego de Almagro, y termina en el año 1907 con el fusilamiento de Emilie Dubois, enigmático personaje que un año antes, en pleno terremoto de Valparaíso, había escapado de la cárcel (ver recuadro). “Eran buenas historias para ser ilustradas. El objetivo de esos dibujos fue también recuperar la tradición gráfica chilena como La Lira Popular”, explica Escobar. De ahí la referencia en la portada del libro a estas clásicas publicaciones de poesía popular y dibujos de fines del siglo XIX. “Muchos me han dicho que es Arturo Prat el de la tapa, pero no. Es un chileno común y corriente de la época, sosteniendo la bandera”, dice el dibujante.

[spoiler effect="appear" show="Leer más..."]

Mitos que hablan por nosotros. El equipo de Mito del Reyno de Chile se movió en dos criterios: que las historias fueran lo suficientemente “desconocidas”, al menos en el discurso oficial de la Historia de Chile, y que abarcaran cronológicamente desde el Descubrimiento hasta el Centenario, sin dar demasiados saltos cronológicos. Evidentemente hay una delgada línea que separa lo real y lo legendario, sobre todo en las más antiguas, pero como ellos reconocen, es la permanencia de la historia en el inconsciente colectivo y los datos verificables los que validan el material. Después de todo, estos sucesos hablan bastante del pueblo que los ha mitificado. Se trata de 22 narraciones donde conviven personajes como “La Monja Alférez” o “El soldado Morales”, con “La Recta Provincia”, una secta de brujos chilotes, y un electrizante duelo de payas en San Vicente de Tagua Tagua. El resultado es este libro de tapa dura que llama a la aventura, sobre todo a los niños que han enganchado bastante, según sus autores, y a los adultos, a redescubrir el lado “B” de nuestra terremoteada historia nacional. Narraciones cruzadas por el misterio y lo monstruoso, lo heroico y lo demente. “Acá están nuestras raíces. Dubois es una animita a la que aún le rezan en el puerto. Tal como en el primer centenario, Chile comenzó a mirarse hacia adentro, ahora se repite aquello. Y nuestra idea es comenzar este mismo año a recopilar las historias que parten desde 1910. Ya tenemos varias trabajadas”, dice entusiasmado Escobar.

La “Recta Provincia”: una conspiración chilota

Una fila de jóvenes y ancianos de siniestra expresión desfilan por Ancud escoltados por militares y policías. Es 1880 y estamos en una auténtica “cacería de brujos”. Se dice que en la época de la conquista un español de apellido Moraleda intentó embrujar a un grupo de chilotes para esclavizarlos. Una bruja llamada Chilpila se batió con él en un duelo de hechicería, logrando vencerlo. Antes de embarcarse, el hispano le dejó un libro mágico. Se supone que la mezcla de ambos “poderes” fascinaría a los chilotes que comenzarían a integrarse a “La recta provincia”, una especie de escuela mágica que influiría en el destino del país y terminaría degenerándose, sembrando el terror en los chilotes. Los crímenes y “abusos de poder mágico” llegaron hasta las autoridades, que gracias a la burocracia de leyes, procesos y juicios fueron desarticulando la sociedad secreta más famosa de la historia chilena.

Emile Dubois: el gánster del Centenario

El terremoto de 7.6 en Valparaíso (1906) hizo que se cayeran los muros de la cárcel. Y un extraño hombre caminaba feliz entre las réplicas. Era Emile Dubois, un encarcelado que había declarado ser “ciudadano francés, ingeniero en minas” y arribado al puerto desde un buque de carga colombiano. Sin embargo, siempre iban cambiando las versiones. También se decía que había combatido en la selva tropical, liderado una huelga bananera en Ecuador y entrenado un equipo de fútbol en Argentina. Este “Zelig” nacional, tal como el personaje de Woody Allen, se adaptaba a su entorno para que lo quisieran. Seducía mujeres, se infiltraba en la elite y pedía dinero prestado a los nuevos amigos. Pero Dubois es un criminal: en Santiago mata y roba a tres banqueros. Su captura fue portada de El Mercurio de Valparaíso. “Era un auténtico actor dotado de un genio singular, un asesino que paseó su estampa por las calles de Valparaíso, vestido de sombrero, capa y bastón, y que además poseía un pasado revolucionario”, retrata el libro. Es fusilado un año después, negándosea ser vendado. Su tumba en Playa Ancha sólo reza su apellido. Se convertiría en un sitio de veneración para ladrones, prostitutas y “choros” del puerto. Una leyenda.

Los amantes de Talca

El alemán Juan Mauricio Rugendas llamó la atención de todo Valparaíso cuando llegó repleto de pinceles, telas y equipaje. El famoso explorador Alexander von Humboldt le había recomendado en París conocer este país extraño y perdido en el mapa. Su buena facha y referencias culturales lo hacen entrar a las fiestas y contactos de la elite porteña. Carmen Arriagada de Gutike le habla de libros y arte. Él engancha. Oficialmente era una sana amistad. “(Ella) era una mujer inusual para su época, una adelantada, libre de las convenciones de su país y de su sexo. Pese a estar casada con un retirado soldado alemán, adusto y conservador, no aceptaba los preceptos que dominaban a sus congéneres. Era progresista y culta, volteriana, gran lectora, librepensadora. En suma una mujer extravagante para 1838, que encontró en el pintor una veta donde saciar sus ansias de conocimiento y apertura”, explica Mito del Reyno de Chile. Carmen le escribe afiebradas cartas a Rugendas, donde deja claro que hace rato la relación no es platónica. Él quiere irse con ella a Europa, debido a su fracaso creativo en nuestro país. Ella no se decide. Finalmente, el pintor se va a Perú. Ella reconoce que esto no puede seguir, a pesar de que enviudaría pronto. Le escribió una carta todos los días, sin enterarse jamás de su muerte en 1858. Ella lo sobrevivió hasta 1900.

“El Desorejado”: el auténtico descubridor del Reyno de Chile

En 1533, mientras Diego de Almagro se internaba por Chile, estaba preparado para el ataque indígena. Pero nunca se esperó que a la altura de Quillota, los aborígenes lo salieran a recibir amistosamente, con regalos y comida. Menos que al lado del cacique Michimalonco apareciera un español sin orejas. Era Gonzalo Barrientos, soldado sevillano cuyo nombre en España era Pedro Calvo, quien había sido mutilado por Pizarro en Perú al descubrírsele robando el oro de Atahualpa. Sin embargo, Barrientos logró escapar hacia los valles de Aconcagua, convirtiéndose en un nativo más. Él les advirtió a sus compatriotas que en estas tierras no encontrarían oro ni riquezas, ofreciéndose a acompañarlos de regreso al norte. El libro concluye: “El hombre sin orejas perdió la vida en una de las tantas revueltas por la repartición de las tierras del Perú”. Estigmatizado por ser uno de “los de Chile”, como se referían sardónicamente a los que habían participado en la frustrada expedición a las tierras del sur del Cuzco, sinónimo de fracaso, derrota, pobreza y, en último término, de guarida para el que se internó en sus desiertos y valles, ocultando su vergonzosa mutilación. Así concluyó la vida del auténtico descubridor del Reyno de Chile, el desorejado Pedro Calvo o Gonzalo Barrientos.

[/spoiler]

Tagged in , , , , , , , , , ,

Cuatro razones para amar a R.E.M.

Uncategorized 25 October 2008 | 0 Comments

El 3 y 4 de noviembre tocará la banda en Chile. Una buena oportunidad para atestiguar el renacimiento de quienes, gracias a sus poderosas canciones e integridad artística, pavimentaron el camino a Nirvana y al resto de las bandas que echaron al pop maqueteado de Michael Jackson de todos los número uno. El grupo estaadounidense cerrará las dos noches del festival SUE en el Arena Movistar:

J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 25 de octubre 2008.

R.E.M. es una institución en la música pop contemporánea. Una banda que pasó del circuito college (universitario) directo a las multiventas, sin transar absolutamente nada. Y en plenos noventa, mientras las nuevas bandas imitaban su música y actitud, decidieron jugar un poco con la distorsión y la electrónica. En el camino perdieron un integrante, pero este año regresaron más fuertes que nunca. Su disco Accelerate es la síntesis de todas estas luchas. Con dramatismo y belleza, R.E.M. confirma por qué es la gran banda estadounidense de los últimos veinticinco años. A continuación, cuatro razones para no perderse los shows que brindarán en Santiago el próximo lunes 3 y martes 4 de noviembre.

R.E.M. PAVIMENTÓ EL CAMINO A LA “NACIÓN ALTERNATIVA”. Antes de caer en una clínica de rehabilitación, escaparse, apuntarse en la cabeza y convertirse en la última leyenda del rock, Kurt Cobain, líder de Nirvana, tenía algo claro. “Nuestro próximo disco sonará hermoso, etéreo y acústico. Como el último de R.E.M. Si pudiera componer al menos un par de temas tan buenos como ellos lo hacen… Dios, son lo máximo”, dijo a la grabadora de la revista Rolling Stone. Cobain se refería al Automatic for the People (1992). Obra que coronó una carrera iniciada con el explosivo single “Radio Free Europe” (1981) y que estalló con Green (1988) y Out of Time (1991), el mismo elepé que contenía “Losing My Religion” y la irónica “Shiny Happy People”. El disco elogiado por Cobain contenía toda la integridad musical posible en una obra de música pop. Himnos redentores (“Everybody Hurts”), actualizaciones de la música de raíz estadounidense (“Drive”, “Find the River”), pop de herencia sesentera (“Sweetness Follows”) y estribillos cautivantes en su simpleza (“Man on the Moon”). Era la marca de fábrica del grupo, que, contradictoriamente, logró escalar en los rankings, radios y canales de música. Su sonido, dramático y de raíz folk, rock y pop, permitió que el cerrado ambiente estadounidense se tornara receptivo a Nirvana, Pearl Jam y el resto de las bandas más “subterráneas”. Un antídoto contra música maqueteada como New Kids on the Block o de típica brutalidad americana tipo Guns N’Roses.

RESCATARON LA MÚSICA QUE NO ESCUCHAN TODOS. “No somos otra banda fiestera. No tocamos new wave. Y no tenemos nada que ver con B-52 ni ninguna otra banda de la ciudad”, decía un enfurecido y pelilargo Michael Stipe en octubre del 82. “No creo que estemos listos para los grandes auditorios. Estamos más concentrados en escribir canciones y ser la mejor banda en vivo”, declaraba en la misma entrevista el guitarrista Peter Buck.

¿Cómo llegarían a ser los más grandes de todos? En el rock, la historia también la hacen los ganadores. Elvis, Beatles, Led Zeppelin, Pink Floyd o Metallica. Sin embargo, también existe un “canon alternativo” que agruparía a bandas y solistas creativos e influyentes, pero que jamás obtuvieron el reconocimiento masivo.

Música que si se escuchara con atención, convertiría al rock en algo más que riffs básicos y de contracultura domesticada. Discos que sonaban todos los días, por ejemplo, en la disquería Wuxtry Records de Athens, Georgia. Allí trabajaba Peter Buck, quien se dedicaba a tocar la guitarra y atender a los clientes. Es fácil detectar a través del sonido R.E.M. la música que escuchaban junto a Michael Stipe, estudiante de fotografía y pintura. La cristalina mezcla de country/folk y rock de los Byrds, la suciedad y belleza de Velvet Underground, el power pop dramático y tierno de Big Star. También la fuerza renovadora del post-punk o su equivalente estadounidense con The Replacements o Husker Du. Un sonido que podía pasar de los estribillos pop a la alta velocidad del hardcore.

Los mismos álbumes que sonaron en una fiesta en 1980, cuando se conocieron con Bill Berry (baterista) y Mike Mills (bajista). Aunque digan que R.E.M. en realidad no significa nada, en neofisiología se conoce como “Rapid-eye-movement”, la fase profunda del dormir, cuando se producen los sueños. Con ese nombre se presentaron por primera vez en una iglesia de Athens, tras unos meses de ensayo. Inmediatamente a R.E.M. se le clasificó dentro del subestilo jangle, llamado así debido al jangling (rasgueo) de las guitarras, una música que sin renunciar a lo pop, no encajaba con los sintetizadores o el heavy metal radial.

MÚSICA PARA PERDEDORES. “R.E.M. tiene el don de captar el pulso de la generación. Una rápida revisión de algunos de los singles de sus últimos álbumes es capaz de deprimir a cualquiera. Pero la depresión no es existencialista a lo Pink Floyd ni necesariamente dark o politizada. Más que depresión, lo que Stipe siente -y transmite- es angustia, ansiedad, neura. No tiene nada claro, pero tampoco quiere seguir así. Está enojado, pero ni tanto. Más bien está asustado”, escribía Alberto Fuguet en 1991.

R.E.M. había pasado de secreto a voces a la masividad, gracias a canciones como “The One I Love” o la extraordinaria “It’s the End of the World As We Know It (And I Feel Fine). Ambas de Document (1987), su último disco para el sello independiente IRS.

A diferencia del egocentrismo de U2, la única banda que le hacía el peso, R.E.M. había optado por la muy personal mirada de Michael Stipe. Un tipo que había jugado a cantar sin que se entendiera muy bien lo que decía en discos como Recknoning (1984). Ahora había aprendido a sacar la voz y convertirse en la voz de los perdedores, los que no lograron ser lo que querían, los que no aprendieron a vivir en la sociedad post-capitalista.

“Nuestras canciones son para aquellos a los que nadie eligió para bailar en la fiesta de graduación. Los que tenían la cara con acné. Los que se quedaron al lado del parlante toda la noche y terminaron solos”, dijo alguna vez Michael Stipe. Luego vendría “Losing My Religion”, la respuesta a todas las bandas que sonaban como ellos en el ruidoso Monster (1994), el activismo político, la renuncia del baterista Bill Berry y los desesperados intentos por seguir adelante en Up (1998) o Reveal (2001).

EL IMPULSO ACCELERATE. “Lo hicimos al estilo antiguo. Reflexionamos entonces dónde nos encontramos culturalmente en 2008, y creo que hicimos un gran trabajo, encontrando las canciones, la actitud y el sentimiento adecuado”, señaló Michael Stipe en una reciente entrevista para “El Mercurio”. En efecto, mientras Around the Sun (2004) sonaba vacilante y, a ratos, como si parodiaran su propio estilo (escuchar “Leaving New York”, “Make It All Ok”), Accelerate (2008) se aleja de los guiños electrónicos y pianos afectados y elige la misma fórmula que usaron a mediados de los noventa: las guitarras y el impacto emocional en seco.

Desde la furia de “Living Well Is the Best Revenge”, pasando por el country/folk de “Houston” hasta las descarnadas modulaciones de Michael Stipe en “I’m Gonna D.J.”, Accelerate es un álbum perfecto para defender en vivo y que, de paso, captura estos años de crisis y confusiones.

El festival SUE

La versión 2008 , será el lunes 3 y martes 4 de noviembre en el Arena Movistar. R.E.M cerrará ambas noches. La primera incluirá además a los británicos Kaiser Chiefs y los estadounidenses Mars Volta. La segunda noche, actuará The Jesus and Mary Chain, banda escocesa celebre por mezclar altos niveles de ruido con un pegajoso pop heredero de los sesenta. Son una de las favoritas de R.E.M. Entradas de 11.000 a 55.000 pesos. Más información: www.sue.cl y www.rockandpop.cl (radio oficial). La discografía de R.E.M., se encuentra en en Chile bajo el sello Warner.

Tagged in , , , , , , , , , , , ,

El ABC del Tango

Archivo Periodistico,Musica,Reportajes 24 August 2008 | 0 Comments

Acaba de lanzarse “Tango, una guía definitiva” (Ediciones B), un esclarecedor recorrido por los personajes, historias y claves de esta música porteña. A continuación, inspirado en los puntos más destacados del libro, presentamos un diccionario panorámico del “pensamiento triste que se baila”, como lo definió Enrique Santos Discépolo.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras. 24 de agosto 2008

Academia Nacional del Tango: Situada en la Porteña calle Talcahuano, esta institución que reune tanto a músicos, investigadores y apasionados del tango fue fundada en 1990. “Con los mismos derechos que el resto de las Academias Nacionales (Letras, Medicina, Ciencias, Bellas Artes, Educación, Geografía e Historia, entre otras,)”, se señala. Sus fines son investigativos, educativos y de difusión. Realiza publicaciones periódicas como “¡Viva el Tango!, La preside, el poeta y ensayista Horacio Ferrer.

“Adios Nonino”: Célebre pieza instrumental de Astor Piazzolla. Fue compuesta durante una estadía en Nueva York el año 1959. Es un homenaje a su padre, Vicente que había fallecido cinco años antes. El título alude a su sobrenombre.

Aín, Casimiro (1882-1940): Bailarín apodado “El vasco”. Bailó ante el Papa Pio X, “para que el pontífice pudiese juzgar el carácter inocente de la danza (cuestionada hasta entonces por algunos prelados como el arzobispo de París, quien la había criticado duramente debido a sus connotaciones sexuales)”, señala Horacio Salas. Las fechas y versiones son inciertas.

Bacán: Palabra del lunfardo que, supuestamente, viene del “baccan” genovés, que alude al patrón, padre o jefe de familia.

Bailes del internado: Entre 1914 y 1924, durante el mes de septiembre, los alumnos practicantes de medicina de hospitales organizaban estos eventos. “Hubo casos en que a los cadáveres les cortaban las manos y luego, disfrazándose con sábanas en forma de fantasmas, ataban esas manos yertas, heladas y se las pasaban por la cara a las mujeres, con el efecto que es de suponer”, relata Francisco Canaro en sus memorias. En la primera version de estos bailes, estrenó “El internado”.

Bandoneón: Fue inventada por Heinrich Band en 1835, inicialmente con cuatro botones para cada mano. Su función era netamente religiosa, para las ceremonias realizadas fuera de los templos. Con el tempo se incorporó en los conjuntos tangueros de prostíbulos. Su nombre viene de “Band Union”, es decir, del creador y la cooperativa que comercializó el instrumento. Se convirtió en instrumento central del tango.

Barrio: “Con la aparición del tango canción, hubo tangos para todos los barrios”, señala Salas. Y luego cita a Homero Manzi en su extraordinario “Barrio de tango”: “Un pedazo de barrio allá en Pompeya/ durmiéndose al costado del terraplén/ Un farol balanceando en la barrera/ y el misterio del adiós que siembra el tren”. El Barrio es el microterruño ciudadano, fundamental en la genética tanguera.

Buenos Aires: Fundada en 1536, desde fines del siglo XIX recibió a inmigrantes italianos, polacos, franceses, alemanes y españoles, que conformaron una sensibilidad melancólica, básica en el tango. Se dice que la ciudad, es la proyección mitificada de los lugares más queridos por los recien llegados.

Café: Sitio de reunión y tradición indivisible del tango. El primero se instaló en 1764 en Buenos Aires. “En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas/ yo aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel/ de no pensar más en mí”, explica Discépolo. Destaca el Tortoni, fundado en 1858 en Avenida de Mayo y que aun sigue funcionando.

“Caminito”: Clásico absoluto del género. Compuesto a mediados de los años veinte por Juan de Dios Filberto (música) y Gabino Coria Peñaloza (versos), es junto a “La Cumparsita” y “A Media Luz” los pocos tangos que recorrieron el mundo entero.

Discépolo, Enrique Santos (1901-1951): Poeta, compositor, actor, director de cine y orquesta, dramaturgo. Descendiente de italianos y uno de los notables tangueros, cuyos versos son considerados “las de un moralista que observa el contexto social y se queja ácidamente de la inescripulosidad de sus semejantes, la del desesperado que busca a Dios, la del dolorido ante la carencia de una escala de valores que impida que sea lo mismo ser derecho que traidor”, como denuncia en el histórico “Cambalache”.

“El ciruja”: Notable tango de Ernesto de la Cruz con letra de Alfredo Marino. Se considera que la estrofa “campaneando un cacho de sol en la vereda” es el verso más perfecto de la literatura tanguera.

Fraseo: corresponde al cambio de duración de una nota en relación con lo fijado en una partitura. Se usa por razones de expresividad.

Gardel, Carlos (“El morocho del abasto”) (1890-1935): “es mucho más que una voz. Más que una estampa, y por supuesto mucho más que un mediocre actor de comienzos del cine sonoro. Carlos Gardel es el mito capaz de albergar la identificación del argentino medio, del pequeño burgués hijo de la inmigración. Es el hombre que llega. El arquetipo que carga con sus oscuros orígenes y su imposibilidad de rastrar su linaje”, señala Salas, dedicándole siete páginas.

Habanera: “En la danza no había mujer fea ni mujer sin gracia”, se señala. Importada de España a Cuba, es un baile sensual que se considera un antecedente directo del tango.

La Boca: Barrio al que llegaron mayoritariamente inmigrantes genoveses. Se asentaron, desde fines del siglo XIX, “cafetines, prostíbulos de mala muerte y tugurios de toda clase y luego los famosos café de camareras mezcla de bar con prostíbulo, antendido por mujeres y donde también se interpretaban tangos”. Es el lugar donde se desarrolló el tango en sus primeras etapas.

Le Pera, Alfredo (1902-1935): Le escribió letras a Gardel como “El día que me quieras” y “Mi Buenos Aires Querido”. Su plan era despojar al tango de localismo que impidieran su comprensión.

Manzi, Homero (1907-1951): “Fue el primero en convertir la palabra tango en poesía. En sus versos quedaron retratadas nostálgicas postales de barrio” señala Salas. Destacan versos como “Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve/rosa marchitada por la nube que no llueve”.

Milonga: Alude tanto a una música acelerada y bailable como al salón donde se practicaba. Aun existen en Buenos Aires y son turísticas.

Orquesta típica: Evolución del trío guitarra-violín y flauta. Ahora se incorporaba el bandoneón en lugar de la flauta y el piano. Con este último se necesitó mayor volumen y alrededor de 1913 se incluyó un segundo violín. Se llamaban así para distinguirse de las bandas de valses, mazurcas, chotis, polcas o tarantelas.

Papusa: vocablo del lunfardo que significa “mujer hermosa”. Para designar a otro tipo de mujeres se usan los términos “mina”o “percanta”, con cierto aire despectivo.

“Sur”: Tango compuesto por Aníbal Troilo y Homero Manzi. Su idea de “arrabal” según el escritor Jorge Luis Borges, “era una idea y no un sitio geográficamente delimitado”.

“Yira, yira”: Otra célebre composición de Discépolo. Con sus propias palabras el compositor confesó: “Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan y ríen sin moldes”.

Zotto, Miguel Angel (1958): Bailarín que se pasó del rock al tango. Con su pareja Milena Plebs, realizó giras por Europa. Ya separado se ha dedicado a presentar “Historia del tango por dos”.

Tango

Una Guia Definitiva

Horacio Salas

Ediciones B

2008

$ 12.000

Un enfoque apasionado pero documentado del tango.

Tagged in , , ,

Bob Dylan, Desclasificado

Archivo Periodistico,Musica,Reportajes 24 February 2008 | 0 Comments

Este 11 de marzo, el compositor se presenta en Chile. Y a diferencia de su anterior visita, hoy sus fans cuentan con discos, películas y libros que recorren los hitos de su vida. Dylan ya no quiere jugar al misterio. Después de todo, la única manera de que sobreviviera su obra y no su mito era desclasificándose.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 24 de febrero 2008.

Hace una década, Bob Dylan aterrizó en Chile por primera vez. Era la sorpresiva escala sudamericana de su “Neverending Tour”, la famosa gira interminable y que ahora lo vuelve a traer al país este 11 de marzo, al Arena Santiago. Con rostro de piedra, empuñando su guitarra eléctrica y vestido como si se hubiese fugado de un western, Dylan comenzó a deconstruir sus canciones en el teatro Caupolicán, sin saludar siquiera, un 15 de abril de 1998.

Esa noche, ante un teatro repleto, había que ser muy “dylanita” -como se denominan sus fans duros- para identificar a la primera “Tangled Up In Blue” o “Just Like A Woman”. Después se fue al hotel, sin hablar con nadie: la comida se la dejaban en una pieza contigua y él iba a buscarla sólo al asegurarse de que el botones se había marchado. No dio entrevistas ni se dejó ver, aunque se dice que viajó a Valparaíso junto a su comitiva, señalando que “me encantaría volver pronto”. Aunque su encargado de prensa no desmintió ni confirmó nada.

La anécdota ilustra perfectamente la transición de mito a hiperventilada celebridad vivida por el músico estadounidense aquel año. Meses antes había grabado el extraordinario “Time Out Mind” e inmediatamente después fue internado de una grave enfermedad cardiaca. Se trataba de una pericarditis, inflamación de la membraba del corazón que impide que lata correctamente y que impedía la normal respiración. Pero Dylan, impredecible como siempre, se recuperó rápidamente y editó finalmente su álbum, cuyo tema de fondo era precisa y curiosamente a la muerte.

A la altura de su monumental trilogía de grabaciones de mediados de los sesentas -Bringing it all back home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde- el disco disparó a Dylan a un nuevo “estado de gracia”. Después vendría su comentado show frente a Juan Pablo II, la aparición en la serie “Dharma y Greg”, la oficialización del disco pirata Live 1966 y una decena de reediciones, documentales y libros que lo resucitarían a una celebridad cuya pérdida en los ’80 había motivado, precisamente, esta gira sin fin.

La fiebre dylaniana continuó con el documental de Scorsese, su elogiada autobiografía, un publicitado show radial donde programó mucho blues, hip-hop e incluso a Blur, y suma y sigue con la edición de una antología (llamada simplemente Dylan), la película “Im not there” donde varios actores lo encarnan y el DVD de sus shows en el festival folk de Newport entre 1963 y 1965.

Tanta información es, probablemente un gesto deliberado de Dylan por escapar a la canonización de sus fans. Aunque su historia era relativamente conocida -muchacho judío que se instala en Nueva York y electrifica el rock para luego reinventarse cada cierto tiempo-, lo que impacta es constatarlo en los videos, discos y entrevistas que se ha dignado dar.

Archivos desclasificados de Dylan que presentaremos a continuación y que pueden leerse como una desmitificación.

Un proceso que junto a la eterna reconstrucción de las canciones en el escenario, es la única forma que su obra de músico e investigador de las raíces estadounidenses funcione e inspire como desde hace casi medio siglo.

El primer invierno del resto de su vida

Antes de llegar a Nueva York haciendo autostop, el joven Robert Allen Zimmerman, su nombre original, pasó la Navidad solo. Los padres de Bonnie, su novia, no lo dejaron pasar las fiestas junto a ellos, en Minnesota.

“Recuerdo lo desconcertado que estaba él y lo enfadada que me sentía yo, y toda mi vida me he arrepentido de no haberme mantenido firme frente a mis padres”, señalaría Bonnie muchísimo tiempo después.

Tras una parada en Chicago, donde cayó rendido ante la rabiosa pero elegante lírica de Pete Seeger, Dylan llegó a Nueva York, un invierno especialmente crudo, con temperaturas bajo cero y sin conocer a nadie. Aprovechando su menuda contextura, look inocente y una enfermiza tendencia a la mitomanía (cambiaba de identidad, biografía y hasta de nombre demasiado seguido), consiguió alojamiento en sillones y sótanos en casas de músicos folk neoyorkinos. Se dice que hasta hoy le encanta dormir en sillones.

Folk auténtico

Tocaba en cafés y bares, escribía mientras miraba a la gente y pasaba jornadas enteras en las bibliotecas investigando, con pasión de recopilador, la música estadounidense pre-rock and roll.

Hasta que lo comprendió todo: “Lo que realmente me distinguía de los demás era mi repertorio. Era mejor que el del resto de los cantantes de café. Consistía en auténticas canciones folk, sin concesiones, con la base de un rasgueo incesante y estridente. O acababa ahuyentando a la gente o despertaba en ellos una curiosidad que los impulsaba a acercarse más aún para ver de qué iba ese rollo. No había punto medio”, confiesa en su autobiografía, disponible en español, en las librerías chilenas desde el año pasado.

Archivos: El libro “Bob Dylan. La Biografía”, de Howard Sounes (2001), de editorial Sudamericana y su autobiografía “Crónicas. Volumen 1″ (2005), de Global Rhythm Press.

También el disco “The Bootleg Series, Vol. 6: Bob Dylan Live 1964, Concert at Philharmonic Hall” (2004).

Blasfemia en el festival de folk

Bob Dylan era el niño mimado de la canción folk. Sus discos “The Freewhellin’Bob Dylan” (1963) y “The Times There Are A-Changing” (1964) habían impactado profundamente la música popular estadounidense. Letras rabiosas y economía de recursos. “Vengan padres y madres de todo el país/ Y no critiquen lo que no entienden/ Sus hijos e hijas ya no están bajo su control/ Porque los tiempos están cambiando”, bramaba mientras rasgueaba las cuerdas y golpeaba el cuerpo de la guitarra con los dedos. Los Beatles acusaron recibo, especialmente Lennon, que reconocería su influencia desde el Beatles For Sale (1964).

Sin embargo, en su show de 1965 subió junto a The Hawks, una banda de blues canadiense, tocando unas ruidosas versiones de “Maggies Farm” y “Like a Rolling Stone”, con un demencial trabajo de guitarras de Mike Bloomfield. La gente empezó a pifiar. Dylan se marchó del escenario. Pete Seeger señaló: “Si tuviera un hacha, cortaría el cable”. Finalmente, Dylan volvió visiblemente afectado.

No lloró como dice el mito, pero sí señaló en una fiesta posfestival: “No puedo bailar contigo, me arden las manos”, tras tocar un set acústico con la guitarra acústica de Johnny Cash. Sin embargo, esta acción de arte fue la que marcó el nacimiento del folk-rock y su poco valorado rol de investigador y recopilador de las raíces de la música estadounidense.

Archivos: El DVD “The Other Side of the Mirror: Bob Dylan at Newport Folk Festival 1963-1965″, recién editado por Sony Music.

Las raíces de la música estadounidense

En 1966, Dylan tuvo un accidente en moto. Se retiró al campo junto a su esposa y empezó a grabar usando otra voz, volcándose al country. La revista Rolling Stone califica su disco “Self Portrait” (1970) de “mierda absoluta”. Mientras tanto, él ensaya junto a los ex Hawks en una casa estudio, donde también se habían mudado. Ahora se llaman The Band, y Dylan es una especie de padre espiritual. En estos años, el músico le saca brillo a su vocación de investigador musical y en 1978 Scorsese lo siguió durante la gira de despedida de The Band, Dylan ya era todo un recopilador, que mezclaba reggae, funk, rancheras y mucho blues.

Luego vendría su trilogía cristiana, en la que exploró el gospel. Más tarde, en 1988, se volcaría al rockabilly y al pop pre-Beatles junto a Roy Orbison, George Harrison, Tom Petty y Jeff Lyne, formando The Treaveling Wilburys.

Archivos: El libro “Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera”, de Sam Shepard, Anagrama. También el DVD “The Last Waltz”, de Martin Scorsese (reedición 2002), y los discos “Bob Dylan Live 1975: Rolling Thunder Review” (2002) y “The Travelling Wilburys Collection”, Rhino Records (2007).

Traicionando a los fans y en estado de gracia

Se dice que tenía los dientes amarillentos y ni siquiera se bañaba. Se pasaba en el Hotel Chelsea escribiendo y tomando estimulantes, abrazando el surrealismo en lugar de las letras directas. Obsesionado por lograr el “delgado sonido de mercurio” y componiendo sus discos en el mismo estudio, mientras sus músicos jugaban a los naipes, Dylan gozaba de un notable “estado de gracia”. Un equipo dirigido por D.A. Pennebacker se dedicó a grabarlo durante las giras inglesas del 65 y 66, capturando una alcohólica conversación en limusina con John Lennon. El éxito de “Like a Rolling Stone” no evitó que el público lo pifiara e incluso amenazara con matarlo, por traicionar al folk. “Sin embargo, cuando tocábamos ese hit, la gente dejaba de gritarnos. Cuando terminábamos, comenzaban las pifias nuevamente”, explicaba uno de sus músicos. En Manchester, Inglaterra, tras un sublime set acústico, precisamente antes de empezar esta canción, un inglés lo trató de Judas. Dylan le respondió: “No te creo”. El episodio quedó registrado en una grabación pirata.

Archivos: El disco doble “The Bootleg Series, vol. 4, Bob Dylan Live, 1966: The Royal Albert Hall Concert” (1998) y los DVD “No Direction Home”, de Martin Scorsese (2005) y “Dont Look Back”, de D.A Pennebaker (2007). La escena con Lennon se puede ver Youtube.

Los próximos archivos de Bob

Estamos a la espera del estreno de la película sobre Dylan “Im not there” de Todd Haynes. La actriz Cate Blanchett postula al Oscar por su rol de Dylan modelo 66 en este film. (Ojo que la banda sonora de la cinta, que consiste en versiones de hits a cargo de bandas indies, es excelente).

Y la siguiente pregunta es ¿cuál será la próxima sorpresa de Bob? Es muy probable que sea una revaloración de su “trilogía cristiana”.

A fines de los 70, tras una profunda crisis personal, Dylan señaló que el mismo Jesús le tocó el hombro y le preguntó: “¿Por qué te me resistes?”.

A pesar del escándalo -tan intenso como cuando se volvió eléctrico-, publicaciones como la Rolling Stone apoyaron su cambio. Durante esa época Dylan predicaba, evitaba tocar hits y llegaba a momentos de intenso dramatismo en el escenario.

En esa etapa grabó los discos Slow Train Coming (1979), Saved (1980) y Shot of Love (1981). Incluso ganó un Grammy por el disco-gospel Gotta Serve Somebody.

¿Escucharemos sus míticas grabaciones, en las que explica que para llegar a Dios hay que pasar a través de Cristo?

Tagged in , , ,

Pages: 1 2 Next