VIVIR EN SANTIAGO DE CHILE DESPUÉS DE LA MUERTE DE PINOCHET

Archivo Periodistico,Ensayos 7 April 2008 | 0 Comments

Bueno, bueno.
Debuté en La Mano de Buenos Aires.



Por J.C. Ramírez Figueroa

El calentamiento global hace estragos en Santiago de Chila. Este verano la punta de la Cordillera -tradicionalmente cubierta de nieve- amaneció más seca, pelada y árida que de costumbre. “Efectivamente algo pasa: cuando era un crío la recuerdo siempre blanca”, me dice Iñigo Diaz, un hipster de los bravos. Él me dio el dato del Thelonious, un club de jazz equipado con piano de cola, libros y bar, en el epicentro de Bellavista, barrio turístico-bohemio-decadente. Erwin Diaz, su dueño (quien es escritor y acaba de lanzar “Nieve en el fondo” su primer libro de poemas que demoró 20 años en terminar: “no quería que fuera malo” se excusa) dice que a fines de los ochentas Santiago parecía más bohemia porque Pinochet hacía que los movimientos se agruparan: rockeros con actores, poetas con dramaturgos. “Ahora cada uno tiene su espacio”, me dice mientras su bar empieza a llenarse. Exactamente a 70 pasos de la pieza que estoy arrendando. La palabra pieza es una formalidad. En verdad son los restos de una vieja casona que ahora funciona de sala de ensayo: Estudios Primate. Es inevitable: a las diez de la mañana en punto comienzan a sonar los riffs de Foxtrot (banda tributo a Genesis), Jirafa Ardiendo (extraordinaria banda que suenan como un improbable encuentro entre los Beatles del Álbum blanco y el mejor Radiohead) y Teleradio Donoso. Estos últimos, según la publicación Zona de Contaco, fueron la mejor banda de 2006. Su disco “Gran Santiago” tuvo bastante repercusión mediática junto a los electro-folk Javiera Mena y Gepe. Entre los Kinks y la new wave procesada por The Strokes, el grupo es fiel representante de lo que una periodista bautizó como “Generación Pitillo”: universidad privada, flequillos, poleras estampadas, drogas de diseño, pantalones apretados. No sería una mala plaza para Ay Not Dead.

La otra consecuencia de la ola de calor son los Pokemones. Una “tribu urbana” que luce como hardcore punk californiano pero baila reggaeton. Chicas y chicos de 11 a 17 años que tienen sexo por webcam y no pueden vivir sin fotolog. Por cierto, Chile es el país del mundo con más inscritos: tres millones de personas. Además inventaron dos conceptos: el ponceo (besar a la mayor cantidad posible de personas en las fiestas, sin importar el sexo) y tomar helado (sexo oral en lugares públicos). De hecho el año pasado el video de una chica de 13 hacièndoselo a un compañero de curso fue tema nacional. Basta encender la tele para verlos con sus peinados tipo My Chemical Romance, hablando de sus problemas en “El diario de Eva”, un programa donde una “jueza” dirime todo tipo de casos: engaños, padres que no los dejan salir de noche, amigas que están celosas. El espíritu adolescente se palpa también en los matinales, artículos de prensa y programas como Canal Copano, donde una dupla de adolescentes tipo Wayne`s World se dedica a reirse de todo esto, pasando videos malos, exhibiendo fotologs ultrasexuales e invitando a un sadomasoquista a castigarlos llevandolos a la “carpa del amor”. A los chicos les encanta.

Cada año hace más calor, mientras la ciudad sigue transformandose: en cuestión de meses se cierran locales, se construyen edificios y se muda gente. Esa es tal vez la principal característica de la ciudad: todo es sísmico. No por casualidad se llama “Terremoto” al trago favorito de los turistas que se animan a caminar por el peligroso sector de Mapocho y entre perros, vagabundos y vendedores de fruta llegan a un bar llamado La Piojera. Y claro, también están los célebres cafés con piernas: locales oscuros y culposos donde chicas en paños menores conversan con los clientes. O la infame dieta nacional consistente en completos (hot-dogs), papas fritas y Coca-Cola. Afortunadamente la inmigración peruana y la democratización del sushi ha mejorado un poco la sensibilidad del paladar del chileno medio. Pero la paranoia sigue, a pesar de que se abran sucursales de Starbucks, Bonafides y locales nuevos en los malls (acá hay uno por comuna), el chileno sigue hablando bajo, temiendole al otro. Esto lo confirma un vendedor de diarios brasileño que ha estado en Francia, Argentina y España: “pasas al lado de alguien y éste esconde la cartera”.

La chilenidad se expresa en esta precariedad porque todos saben que en cualquier momento la vida se puede ir a la mierda. Y mientras el verano termina, no hay mucho que hacer, sólo esperar que empiece el año y estemos doce horas en la oficina haciendo como que se trabaja mucho, quizá la única forma de pasar desapercibido en un país obsesionado por no llamar la atención.

Tagged in , , ,