A Keane le interese. Arena Santiago.

Uncategorized 6 March 2009 | 0 Comments

Con el Movistar Arena a tres cuartos de su capacidad, los ingleses desmintieron eso de que son una banda melodramática. Más bien, demostraron que son capaces de conseguir algo emocional a escala humana. Justo lo que U2 o Coldplay ya no logran hacer.

JC. Ramírez Figueroa para Emol, 6 de marzo 2009.

-No somos unos blanditos-, declaraba Keane textual a la prensa inglesa, hace unos meses, mientras promocionaban su flamante Perfect simmetry. Incluso se habían arriesgado lanzando como single, la ochentrónica “Spiralling”. La canción, que recordaba el pop de sintetizadores más comercial de los ’80 (Duran Duran, The Power Station) parecía una toma de posesión ante la fiebre post-punk y electro que azota al pop inglés. Y viéndolos tocar en el Arena Movistar, con la excelente voz de Tom Chaplin, el característico staccato del piano de Timothy James Rice-Oxley (principal compositor), sobretodo, la intensidad de sus canciones, queda clarísimo que Keane no son los Coldplay en miniatura que nos quieren hacer creer.

Porque sería fácil desacreditar los recursos de Keane. Después de todo es piano rock, con canciones de estructura clásica -sin el enfermizo cut & paste o guiños afrolatinos del pop, supuestamente, más aventajado- y enraizado con lo emocional más que con la angustia adolescente, que tan buenos dividendos da a los rockers verdaderamente duros.

Después de un respetado teloneo de Francisco González, cargado a las guitarras y elogiado por la misma banda, los ingleses abrieron con “The lovers are losing”. Esta canción, segundo single de Perfect simmetry, tales “Crystall ball” o “Is it any wonder” tienen toda la fuerza y escala humana perdida por U2 Y Coldplay, y que Travis intentó recuperar. Tres bandas que fracasan en lo que Keane vuelve totalmente explícito en “This is the last time”, “Somewhere only we knows” y la extraordinaria “Nothing in my way”. Una marca registrada, que sus detractores llamarán “fórmula”, y que es simplemente encontrarle un cuerpo melódico e instrumental a un estado de ánimo.

¿Suena complicado? Entonces, hay que remitirse al cierre del concierto. Sí, porque después de los bonitos motivos ochenteros en la pantalla (gráficas de Atari, por ejemplo) y de los sinceros saludos de Chaplin, que incluso tocó con chupalla (“¡No sabía que teníamos tantos fans en Chile!” o “Ésta es para ti”, decía con enternecedoras fallas en su traducción) vino el bis. Primero, “Under pressure” (Queen con David Bowie) y finalmente, la impresionante, “Bedshaped”.

Ahí está resumido todo el poderío de Keane, en esta segunda visita a Chile tras el Vive Latino 2007. Un piano en primer plano, una melodía tristísima (heredera del gran trabajo de The Hit Parade, notable influencia de Keane) y un Chaplin que le saca el brillo a la voz. Es imposible no involucrarse con la canción mientras desemboca en un monumental estribillo. Porque meter ruido o incitar al baile es mucho más fácil que emocionar. Esto último, no lo lograrían agrupaciones supuestamente “blandas” como insisten en categorizar a Keane.

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Interpol: Que Nos Devuelvan La Emoción (Arena Santiago)

Archivo Periodistico,Críticas,Musica 7 March 2008 | 0 Comments

Los indie/dark neoyorkinos vinieron, tocaron y se fueron. A pesar de la “épica” de la segunda mitad del show, dejaron en claro que las bandas contemporáneas suenan mejor en mp3 que en persona. Aunque en la segunda parte, cuando el vocalista se puso una bandera chilena, las cosas cambiaron.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 7 de marzo 2008

Mientras de fondo sonaba -era que no- Joy Division, un roadie de Interpol golpeaba la batería y otro se animaba con la guitarra. Eran las 21.00 horas y hacer una prueba de sonido en la hora fijada para un recital es falta grave. Más aun si el Teatro Caupolicán ya estaba repleto. Tipas  fingiendo estar malhumoradas y tipos de polera sin mangas. Todos impacientándose.

Pasaron unos veinte minutos cuando Paul Banks y compañía atacaron con la oscura “Pioneer to the falls” que abre su reciente disco Our love to admire (2007). Un “muchas gracias” en perfecto español y la extraordinaria “Obstacle 2″ (que los puso en el mapa el 2002) con doble bombo incluido. Sin embargo, a pesar de sus canciones (muchas, pero muchas deslumbrantes) las descargas eléctricas y lo bien procesada que tienen la herencia post-punk (voz profunda a lo Ian Curtis, batería dominando la estructura de las canciones) algo ahí no estaba cuadrando.

Aunque sus fans, pegados a la reja, se sabían las letras y ponían los ojos en blanco, era evidente el ya acostumbrado “piloto automático” con que interpretan sus hits las agrupaciones que nos visitan. Generalmente los escenarios de Santiago marcan el cierre de las giras y los músicos están agotados de tocar las mismas canciones.

Mientras en Europa salen a matar, en Sudamérica (a excepción de un Rock en Río o tal vez un estadio bonaerense) se reciclan. Ni siquiera varían mucho el tracklist. ¿Qué gracia tiene ver a unos tipos con terno sobre el escenario tocando, si en el computador suenan igual? Bueno, el guitarrista Daniel Kessler a veces corría y se mostraba algo hiperventilado, sin que el resto enganchara demasiado.

Pero vino “Lighthouse”, hermosa y a puro reverb eléctrico de guitarra. La curiosa imagen del excelente Banks con la bandera chilena al cuello, más que dar risa generaba ternura. ¿Un indie/dark neoyorkino jugando a ser Bono? Aunque, posiblemente si pusieramos a competir el debut de Interpol con el de U2 ganarán los primeros. Desde allí, la segunda parte del show ganó en intensidad y pasión. Con “Rest my chemistry” y sus aires a los Pixies; el hit “Slowhands” y la urgente “PDA”, por ejemplo.

Sorprendentemente, Interpol había logrado lo que ni The Strokes, Oasis o My Chemical Romance habían podido: tocar porque les gustan sus propias canciones, en lugar de hacerlo por compromiso. E incluso ponían buena cara. Eso se notaba mucho con las del nuevo disco como “The Scale” o la misma “Lighthouse”. Nuevas cimas compositivas para unos tipos que negaban sistemáticamente la influencia de Joy Division. Tal vez era cierto que no los escucharan y fue sólo una coincidencia en la búsqueda de hacer canciones “distintas” pero con la misma carga pop. Porque ahora van bastante adelantados. Y con banderita tricolor

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