La canción de abajo es, definitivamente, una de las mejores del año pasado. Hit de un disco que marca el regreso de Bart Cummings (The Cat`s Miaow) y sus amigos “dreamy, jangly and sublime”, conectados con The Shapiros, Lucksmiths y Fred Astereos.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 11 de marzo de 2011.
En la biografía de R.E.M. resulta muy curioso cómo se menospreció el Monster (1994). Una pieza ruidosa y power pop, que marcaba un quiebre con el folk-rock depresivo y elegante de Out of time (1991) y Automatic for the people (1992). Ambos, tremendos bombazos comerciales y artísticos. La banda jamás logró reunir el prestigio, ventas e impacto global de estos discos. El Monster fue una feroz renovación sonora incomprendida.
Les jugó en contra un contexto que sonaba como el R.E.M. del querían despegarse: desde Counting Crows hasta el Unplugged de Nirvana, pasando por Pearl Jam. El grupo, confundido, perdió al baterista, abrazó los teclados, le bajo el volumen a las guitarras y empezó a usar bases. Por eso fue tan notable el Accelerate, el disco que los trajo a Chile el 2008. Una obra simple, al hueso y donde volvía el decibelaje y la furia. El nuevo disco, nuevamente, profundiza en las guitarras, dejando en claro que Monster fue más importante de lo que se creyó hace casi dos décadas.
Sólo así podemos entender de donde viene la urgencia y esas guitarras filosas de Peter Buck que cubren desde “Discovered” hasta “That someone is you”. Esta última, rabiosa introducción hasta el calmado cierre de “Me, Marlon Brando, Marlon Brando and I” y “Blue”. Estas canciones, precisamente, nos llevan al otro pie con que corre Collapse into now el country-folk que ha sido una de las marcas de fábrica de la banda. Como si quisieran fusionar de una vez, la contemplación de sus álbumes clásicos junto a las guitarras brutales.
Se puede hacer el ejercicio y armar dos playlists del disco. Descontando las canciones citadas, tenemos la mezcla “power pop”: “All the best”, “Mine smell like honey” (con destino de single y apariciones en bandas sonoras) y “Alligator, aviator autopilot antimatter”. En la otra, el “pop de raíz”: “Überlin”, “Oh my heart”, “It happened today”, “Every day is yours to win”, “Walk it back”.
Es discutible la tesis de que este es su mejor disco desde los de principios de los noventa. Lo mismo se dice de cada nueva obra que sacan. Podría influir los invitados: Eddie Vedder, Patti Smith y Peaches. Lo cierto es que éste debería haber sido la continuación de Monster. La fusión perfecta y conmovedora de las dos caras con que la banda emerge frente al mundo: ruidismo y raíz.
R.E.M. / ”Collapse into now” (2011, Warner)
1. Discoverer, 2. All the best, 3. Überlin, 4. Oh my heart, 5. It happened today, 6. Every day is yours to win, 7. Mine smell like honey, 8. Walk it back, 9. Alligator aviator autopilot antimatter, 10. That someone is you, 11. Me, Marlon Brando, Marlon Brando and I, 12. Blue.
Michael Stipe (voz), Peter Buck (guitarras) y Mike Mills (bajo).
Músicos invitados: Peaches, Eddie Vedder, Patti Smith.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 17 de diciembre 2010
Lo primero que aquí llama la atención es la voz: Mauricio Riveros, tal como en su antigo proyecto Truman, canta con una impostación -algunos llamarían teatralidad- poco común en el rock chileno. Nada de vocalizar como Cerati o desafinar “rockeramente”. Riveros canta, entona, profundiza el mensaje con una voz que, si hay que citar referencias, recuerda tanto a Enrique Bunbury, Peter Murphy o Calvin Johnson (Beat Happening).
Después está la atmósfera: fría, ochentera, nuevaolera. Con bases programadas, teclados o efectos de guitarra eléctrica que van mucho más allá del “mundo del rock” en que podríamos haber intentado encasillar al cantante. Y finalmente están las canciones, que no por casualidad recuerdan a Bunbury. Tanto Carlos Ann como Copi Corellano -colaborades en La verdad- han tocado con el español. De ahí cierta belleza decadentista presente en “Lo que no está permitido”, “La esquina del mundo” y especialmente la tremenda “El lobo herido”. Canciones fuertes y “aboleradas” que recuerdan las murder ballads de otro amigo de Bunbury: Nacho Vegas. O “El desastre” con esas guitarras brillantes y torturadas.
En el comunicado oficial de promoción del disco debut de Riveros se destaca que “El lobo herido” fue lanzada primero en Guatemala, mucho antes que nuestro país. Nada que extrañar: allá, los referentes presentes en La verdad hace décadas que son los favoritos de la comunidad rockera vía Héroes del Silencio. Y si bien Riveros tiene un estilo propio, es innegable que maneja el mismo lenguaje que Bunbury y que -curiosamente- en Chile aun es apreciado por una comunidad pequeña. Quizás el “aficionado” chileno prefiera el rock de guitarras más convencional o el indie a manera que lo entiende la Rolling Stone (cuando intenta pasar por “moderna”). O simplemente la voz y postura artística de Riveros no es entendida del todo. Lo cierto es que el disco es muy interesante y deja con ganas de escucharlo de nuevo.
Riveros / ”La verdad” (2010, Alerce)
1. De todo en esta vida, 2. Ahora, 3. La verdad, 4. El desastre, 5. Lo que no está permitido, 6. Escapar contigo, 7. Cada nuevo vuelo, 8. El lobo herido, 9. Las esquinas del mundo, 10. Un fascinante error.
Músicos invitados: Drag (bajo, teclados y programaciones), Cathy Lean (voz), Carlos Ann (voz), Edita Rojas (batería), Ricardo Manríquez (guitarra eléctrica), Rodrigo Quiroga (voz), Rafael Mena (bajo), Natalie Santibáñez (bajo), Copi Corellano (piano, cuerdas, organo y hammond), Olivia Alarcón (voz).
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 3 de diciembre 2010.
Un micrófono, guitarra eléctrica, pedaleras y un buen amplificador. Nada más necesita Neil Young (n. 1945) para hacer uno de los discos más radicales de la temporada. No tanto por lo “rockero” o rupturista (Lou Reed y Robert Fripp han hecho lo mismo), sino por lanzarlo en un contexto dominado por el collage como política de sonido. Y si reconocemos que tanto melodías, acordes, efectos y arreglos son decisiones y reacciones ante el ambiente, es evidente que sacar un disco “desnudo” es un acto separatista ante tanta dispersión sonora del rock moderno. Aunque ni él se dé cuenta.
“Walk with me” es un blues hecho con la mayor distorsión posible. Capas y capas de guitarras que van dejando un eco eléctrico -algo muy típico de Daniel Lanois el productor- que choca con la voz sorprendentemente adolescente del cantante. “Sing of love” repite la idea, pero desde una melodía más fluída y donde la voz está al mismo nivel que la electricidad en la mezcla. No por nada el título del disco alude al ruidismo. Sin embargo también hay espacio para lo acústico, como los lamentos country-folk “Love and war” y “Peaceful valley boulevard”.
Recién ahí entendemos que lanzar un disco tan lo-fi no es un intento primitivista o de falsa vuelta a los orígenes. Es simplemente el formato en que se cantan estas canciones. Solos, en una pieza. Con rabieta post-adolescente, entre la pedalera con su efecto “grunge” y la guitarra limpia, entre el peso de los años y las ganas de seguir gritándole al mundo. Porque con todo lo malhumorado e incluso egocéntrico que puede ser, nadie puede decir que Neil Young no la tiene clara. Incluso durante su “redescubrimiento” a cargo de Pearl Jam y sus amigotes hace ya veinte años.
Neil Young / ”Le noise” (2010, Reprise)
1. Walk with me, 2. Sign of love, 3. Someone`s gonna rescue you, 4. Love and war, 5. Angry world, 6. Hitchhiker, 7. Peaceful valley boulevard, 8. Rumblin’.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 8 de octubre 2010
La discografía de Belle and Sebastian fácilmente puede interpretarse como la lucha por sensibilizar el cancionero pop-rock sin volverse cursi en el intento: desde el pop de cámara -a lo Left Banke o The Association- de Tigermilk (1996) hasta las guitarras glam y viejos sintetizadores del The life pursuit (2006). Era una propuesta integral que afectaba melodías, arreglos, letras, estribillos. Pero también eran sus escasas declaraciones a la prensa, apariciones en televisión y los libretos interiores de los discos. Así, es fácil entender la adoración y el sentimiento de “excepcionalidad” que hacen que sus fans se sientan los únicos en el mundo con derecho a escucharlos. A pesar de ser una agupación bastante popular, basta recordar los premios y la difusión -hasta en MTV y revista Rolling Stone- del If you`re feeling sinister (1996). Pero es entendible, si pensamos en el tipo de música que dominó dominó esos años: rap-metal, indietrónica, rock de garage.
Por eso es curioso que la mayoría de los comentarios sobre el Write about love partan desde la idealización de la banda, más que desde su “momento artístico”. Como por ejemplo utilizar el léxico indiepop: “canciones para caminar junto a la lluvia”, “melodías soleadas”, “maravillas orquestadas”. O juicios de valor que oscilarán entre el autoengaño (“el mejor disco de su carrera”), la extrañeza (“¡Qué hace Norah Jones cantando acá!”) y la frustración (“Era mejor God Help The Girl“, el proyecto solista de Stuart Murdoch).
Pero la verdad es que el disco suena como a un reinicio. O más bien su definitivo paso a la adultez. Ellos mismos han recomnocido los errores que han cometido, por ignorancia o arrogancia y que les han impedido llegar a un público más masivo. Por eso, a pesar de los ripios y baches, hay un puñado de temas extraordinarios: “I’m not living in the real world”, “I can see your future”, “Come on sister” y especialmente “I want the world to stop”, “Write about love” y “Sunday’s pretty icons”. En ellos hay un nivel musical que es totalmente Belle and Sebastian. Una síntesis de todos los estilos y triunfos de sus discos anteriores que deberían en algún momento ser la tónica de todo un disco. Un disco que haga que sus mismos fans dejen de justificarlos, como relataba graciosamente Paul Whitelaw en la biografía “Una historia de rock moderna”: “¡Les gusta el fútbol! ¡Y beber! ¡Y hacer cosas malas, entre ellas aparearse como moscas con representantes del sexo opuesto! ¡Como putos adultos, vaya!”
Belle and Sebastian / ”Write about love” (Rough Trade/Matador, 2010)
1. I didn`t see it coming, 2. Come on sister, 3. Calculating Bimbo, 4. I want the world to stop, 5. Little Lou, Ugly Jack, Prophet John, 6. Write about love, 7. I`m not living in the real world, 8. The ghost of Rockschool, 9. Read the blessed pages, 10. I can see your future, 11. Sunday`s pretty icons.
Stuard Murdoch (voz), Stevie Jackson (guitarras, harmonica), Chris Geddes (teclados), Richard Colburn (batería, percusiones), Sarah Martin (violín), Mick Cooke (trompeta, bajo), Bobby Kidea (bajo, guitarra)
Invitados: Carey Mulligan y Norah Jones (voz, coros) Tony Hoffer (programaciones), Bruce Otto (trombón), Lauren Chipman (viola), Noah Glastone (trombón); Eric Gorfain, Wes Precourt, Melissa Reiner, Amy Wickman y Daphne Chen (violin); John Krovoza, Matt Cooker y Richard Dodd (chelo); Stephanie OKeefe y Danielle Ondarza (french horn).
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 3 de septiembre 2010
Este es un disco de transición. Entre la balada romántica cargada al R&B y el pop de pianos. Basta comparar “Momentos” y “No veo la hora” con la beatlesca “A un minuto del sol”. Mientras las primeras tienen los clásicos arreglos -instrumentales y vocales- de Sin Bandera, la última es una marchante pieza que recuerda los momentos más amables del britpop noventero (con coros y efecto flanger incluído). La observación no es casual: los pianos, grabados en Abbey Road, eran los mismos que aporreaba Lennon y Mc Cartney.
Sin embargo, es en el terreno del pop adulto donde Noel Schajris se siente más cómodo. Canciones sin prisas, con finas partituras de piano, con influencias del soul contemporáneo, arreglos de violín y la búsqueda del estribillo radial. “Nadie me hace más feliz que tú” (a dúo con la mexicana Yuridia), “No importa” (con John Legend) o la muy latin jazz “Hay una luna nueva” son ejemplos de esto. En un contexto donde los baladistas latinos caen en cierto infantilismo musical y discursivo, Schajris tomó la decisión correcta. Primero, asumirse como pianista. Segundo, aprovechar los recursos vocales que pulió con Sin Bandera. Y tercero arriesgarse a abrirse a la búsqueda de la renovación estilística. Su próximo disco será vital en este camino.
Noel Schajris / ”Uno no es uno” (2010, Sony Music)
1. Momentos, 2. No veo la hora, 3. A un minuto del sol, 4. Nadie me hace más feliz que tú, 5. No importa, 6. Quien necesita mirar, 7. Aunque duela aceptarlo, 8. Nadie se va a marchar, 9. Gracias por entrar, 10. Lejos, 11. Hay luna nueva, 12. Regresar (bonus), 13. No importa (solo Noel).