Perseguidos por la CNI, autores de grandiosos himnos de protesta y capaces de llevar más de 60 mil personas a sus recitales, Sol y Lluvia celebran sus treinta años de historias y anuncian nuevo disco. Hablamos con Amaro Labra, voz y guitarra emblemático del conjunto.
Por JC Ramírez Figueroa
En nuestra cartografía musical Sol y Lluvia encarna el mismo rol que Los Redonditos de Ricota en Argentina o The Grateful Dead en Estados Unidos. Agrupaciones que desarrollaron un “rock-pop de raíces”, capaz de representar y movilizar tanto al público universitario como a las clases obreras.
Amaro Labra (voz y guitarra) celebra la comparación con la banda del fallecido Jerry García. No por nada, Sol y Lluvia se formó en 1979 gracias al interés de sus miembros por el rock clásico (que tiene mucho de country, blues y folk) y la Nueva Canción Chilena, arrasada por el Golpe de Estado.
-Es cierto, tenemos esa onda. Y quienes escuchan también son capaces de viajar largas distancias -dice contento.
La banda nació en La Legua a partir de un taller de serigrafía instalado por Amaro junto a su hermano Charles Labra en 1975. Aunque no eran propiamente “católicos”, si estaban ligados a la Iglesia Cristo Rey a la que asistían desde chicos y que sirvió de oasis en tiempos duros. Espirituales, folclóricos y rockeros comienzan un dúo llamado Antuanca (Sol Rebelde en mapudungun) para convertirse, tres años, después en Sol y Lluvia. Su disco debut se llamaría Canto + vida (1980) y sería un éxito dentro del circuito de resistencia a la par que el dúo se convertía en banda con percusiones e instrumentos eléctricos.
Después del disco La vida siempre (2000, Alerce), Charles se separa del grupo, formando el grupo Antu kai Mawen (Sol y Lluvia en mapudungun) que, según ha declarado en entrevistas, busca recuperar el sentido original de la banda. Sin embargo Sol y Lluvia ha seguido activo gracias a discos como La conspiración de la esperanza (2004, Universal) o el DVD Sol y Lluvia vive!!! (2005).
Este sábado 12 de septiembre en el Velódromo del Estadio Nacional, la banda probará, una vez más, su poder de convocatoria para festejar sus 30 años. El grupo está formado en la actualidad por Amaro Labra (voz y guitarra), su hermano Johnny Labra (bajo), su hijo Harley Labra(batería y percusión), además de Patricio Quilodrán (quena, zampoña, charango y voz), Marcelo Concha (quena, zampoña, charango y coros) y Joseph Barahona (quena y zampoña).
Sol y Lluvia tiene una carrera con hitos como la creación de “Un largo tour” y “Para que nunca más”, grandiosos himnos de resistencia ante la dictadura militar, o la largada de 40 mil copias vendidas de A desatar esperanza (1987) y + personas (1988), ambas promociones independientes y que no gozaron de ninguna publicidad. A eso se suma el hecho de ser la primera banda chilena en llenar el Estadio Nacional en un concierto individual, en 1999.
-Estamos creando un nuevo disco ahora y lo pasamos muy bien con eso. Nuestro flujo de discos es a escala humana. Tres o cuatro años pasan entre ellos. Ese ritmo de trabajo nos tiene felices, los medios replican bien la cosa, la gente necesita creer en algo y nosotros buscamos ayudarlos a ellos en esa búsqueda. Hay Sol y Lluvia para rato.
-Imagino que están concientes de que son una de las bandas más populares de la historia de Chile, que muchas canciones han trascendido el tiempo, ¿cómo manejan ese legado?
-Nos hemos ido dando cuenta muy lentamente en realidad. No era una preocupación nuestra, pero ha habido una respuesta increíble por parte de la gente. El año pasado estábamos el 11 de septiembre en la Universidad del Bío-Bío y habían más de siete mil jóvenes de entre 17 y 22 años que cantaban, armando un coro impresionante. Fue una sorpresa bastante grande ver como estos jóvenes nos conocían, y no sólo una sino casi todas las canciones. Ahí uno piensa que es un hito dentro de la música chilena y que crece hasta el día de hoy. Seguimos viviendo al ritmo de estos años.
-Sorprende comprobar que en los ‘80 ustedes como grupo no estaban comprometidos con ningún partido político, más bien pasaban por encima.
-No había militancias partidarias en el grupo. Hay diferentes tendencias, menos una (se ríe). Estamos marcados por una cultura de los Derechos Humanos y de la libertad que creemos no existe en la derecha de este país.
-A propósito de eso, ¿piensas que los grupos actuales, a diferencia de los ‘80, no se vinculan a los procesos sociales y políticos del país?
-Estamos llegando a una etapa en que debería reactivarse el compromiso. Hay extensas etapas de recreo en que no se siente amenazada la vida. Pero ahora efectivamente está amenazada la vida y el medio ambiente. En Centroamérica, que no está muy lejos de nosotros, ya hay una dictadura instalada en Honduras, por ejemplo. Cuando terminó la dictadura militar acá hubo un recreo, pero uno no puede ser tonto todo el tiempo y tampoco desprenderse de lo que pasa a tu alrededor. Yo creo que hay de todo, gente que se compromete y gente que no. Lo que si siento es que hay muy buenos músicos…
-Entonces, ¿eres optimista respecto a nuestros jóvenes?
-Acá hay un tremendo capital funcionando. Creo que pronto van a surgir personalidades y preocupaciones más políticas. Hay escuelas gigantescas como Violeta Parra y Víctor Jara, que regalaron una forma de hacer canciones no sólo en la música, sino también en las letras. Uno no puede competir con Estados Unidos haciendo jazz o rock. Uno tiene que remitirse a su identidad y creo que acá se está desarrollando una música asociada nuestra tierra. Hay un sonido santiaguino, hay un sonido de Concepción. Están brotando músicos y considero que ésta es una etapa bien potente. El mismo hecho que a nosotros los jóvenes nos valoren, significa algo.
-Sol y Lluvia fusionó intuitivamente rock y raíces latinoamericanas…
-Tenemos una escuela rockera fuerte. Jimi Hendrix, Lennon, Led Zeppelin, Grand Funk, The Doors. Pero también tenemos la Nueva Canción Chilena, Inti-Illimani, Violeta, Víctor Jara. Éramos jóvenes antes del Golpe y alcanzamos a vivir esa etapa, cuando se estaba desarrollando esa fusión entre rock y folclor por los Blops o Los Jaivas. Pero nunca fue tan pensado. Desde los quince años que yo componía y me interesó el folclor porque era lo que se escuchaba en ese momento. Cuando integramos percusión comenzó a nacer un sonido “de tribu”, que podríamos llamar “música santiaguina”. De occidente recibimos el rock, del norte el charango y del sur tenemos la música campesina. Todo eso llegaba a Santiago. Y a principios de los ‘70 sonaba en la radio. Por ejemplo, Patricio Manns, que era todo un hit, incluso a fines de los ‘60.
-De hecho Manns utilizaba teclado eléctrico.
-Hay algo que quedó trunco en esa época. Me acuerdo de Víctor Jara con los Blops (“El derecho de vivir en paz”). Nosotros sentimos que somos continuadores de esa idea. Nunca lo planeamos, eso sí. Recién ahora que miramos hacia atrás nos damos cuenta de eso. Al final, simplemente somos una guitarra, una voz y alguien que hace canciones, que soy yo. Después se agregó un bombo, charango y un bajo eléctrico. Era la lógica hacerlo así, fuimos rockeros y folclóricos desde siempre.
-¿Cuándo se dieron cuenta que tenían un arrastre popular que otrs grupos no tenían?
-Yo creo que fuimos los primeros que mezclamos un asunto rítmico con esperanza. Había alegría y protesta, pero siempre con la idea de construir algo distinto. Es lo que hacemos con nuestras vidas. Todo lo que escuchas es lo que vivimos. No es que nos sentemos a construir una canción así. Son respuestas y soluciones que nosotros creemos.
-Lo que ustedes retrataban en los ’80 es actual aún.
-El tema de la pobreza no avanza. Y nos referimos también a la pobreza de no crecer como personas. Queremos que haya juicio de verdad. Es irrenunciable para nosotros. Sin bronca, pero con justicia. Sentimos que hay que hablar y construir y dejar de hacernos los tontos. A principios de los ’90 había gente que pensaba que Sol y Lluvia no tenía nada que decir, cómo si nosotros fuésemos solamente un instrumento antidictatorial. Y acá estamos.
-¿Es verdad que fueron perseguidos por la CNI?
-Nosotros fabricábamos nuestros afiches. Nos detuvieron cuando estábamos repartiendo junto a mi hermano panfletos y también intentaron quemar nuestro taller. En el primero estuvimos secuestrado dos días. Al menos no hubo tortura física, porque era el período en que la DINA estaba convirtiéndose en la CNI. Lo segundo fue un atentado un día domingo, no tengo bien clara la fecha. Por suerte estábamos en el taller y alcanzamos a apagar el incendio. Sin embargo no quisimos difundir mucho eso, sólo a la Vicaría de la Solidaridad. Hacerlo público hacía más mal que bien, porque se estimulaba el terror y el miedo.
-“Para que nunca más” es una de sus grandes canciones, ¿Nos podrías hablar de ella?
-Había una campaña de la Iglesia que tenía el mismo nombre. Nosotros propusimos esa canción. Salió sola, porque acá no hay mucho pensamiento ni nada. Salen simplemente. Hay tantas canciones… me he dedicado a repasar, porque ya puedo mirarlas como si no fuera yo quien las construyó y es muy loco. Hay temas que me alucinan hasta hoy.
-¿Qué pasó en los ’90 con ustedes? ¿Hubo algún cambio profundo en su propuesta?
-Fue duro del ’90 al ’94, porque nos dimos cuenta que debíamos empezar de nuevo. Creíamos que si teníamos presencia dentro de los medios alternativos en el anterior régimen, con la democracia deberíamos estar presentes. Por ejemplo en la televisión. Pero eso no pasó y tuvimos que empezar de nuevo el recorrido. Y eso llegó a su punto cúlmine el ’99 cuando llenamos el Estadio Nacional. Eso nos refuerza. Si me preguntas por qué somos tan importantes para la gente, simplemente lo hacemos. Y sabemos que ellos necesitan estar juntos, necesitan reconocerse como gente bonita, trabajadora y bajo un paraguas que la proteja de un sol demasiado fuerte y de un invierno demasiado crudo. Y nos sentimos capaces de eso. Tenemos los apoyos y tenemos el recambio que nos ayuda en eso.
-¿Te das cuenta que Sol y Lluvia fue capaz de llenar un Nacional sin pertenecer jamás a la industria ni a lo establecido?
-Yo creo que lo que nos salva de volvernos loquitos es no pescar mucho el cuento que somos tan conocidos y tan grandes. Eso hay que sentirlo, hace bien para el ego, pero hay que hacer el ejercicio de parar y sentir que somos del público. Que todos somos capaces de generar una fuerza suficiente y construir país y derrotar dictaduras. Qué estemos en un escenario es accidental. Esa división es simplemente para que instalemos los instrumentos y toquemos. Todavía me acuerdo cuando perdió Pinochet en las elecciones del ’88 el Fortín Mapocho publicó: “Adiós General. Intérprete: El pueblo. Autor: Sol y Lluvia”.
Treinta años en vivo
Sin la presencia del histórico hermano del entrevistado, Charles Labra, a cargo del grupo Antu Kai Mawen, el concierto estará cargado tanto a los hits históricos como “Un largo tour” y “Adiós General”, como a sus nuevos éxitos populares (“Prestado al sol”, “La píldora”).
-La idea de este recital, es hacer un recorrido lo más fiel posible de lo que han sido estos 30 años en la fabricación y construcción de canciones. O mejor dicho “crónicas”, porque nos consideramos observadores y protagonistas de los acontecimientos. Lo hemos mantenido en el tiempo.
-Me imagino que hay nervios, aunque seguro que van a llenar el estadio una vez más.
-Luis Jara dijo una vez que cualquiera llena el Nacional a dos lucas. Eso es un juicio sobre lo que valen las personas. Es como si las personas que pagan dos lucas son menos importantes. Nosotros trabajamos en la idea de “la revolución de lo cotidiano”. Nosotros estamos preocupados de fomentar las mejores relaciones entre las personas. Lo hago con harta humildad. Porque uno igua comete errores. Pero lo importante es que somos reales, como las fotos de los afiches.
-¿Y esto se va convertir en DVD?
-Creo que es súper necesario registrarlo. Depende de cómo salgan las cosas, podríamos editarlos.
Publicado en Emol, 9 de septiembre 2009