Las cinco del viernes: Nicolás Copano

Archivo Periodístico,Entrevistas 15 December 2008 | 0 Comments

Nicolás Copano ha hecho de todo. Escribe para distintos medios de comunicación, trabaja en radio y también tiene currículum televisivo, con sus programas Canal Copano -que fue cancelado tras las burlas a Ignacio Franzani, del mismo canal- y Conspiración Copano -sancionado por el Consejo Nacional de Televisión por hacer a ñiños actuar como adultos en una sección. A continuación, Copano y su receta para emerger en el Chile Bicentenario.


Por J.C Ramírez Figueroa para Paula.cl, 15 de diciembre 2008.

1. “Mi pega es la de un obrero. Me levanto a las 6 de la mañana, leo los diarios y emprendo mi propia construcción hasta altas horas de la noche. Me involucro porque lo que más me gusta es trabajar. Partí a los 15 y ahora tengo 22. Y cuando uno es chico, comenzar un proyecto es complejo, uno pone más emociones en la canasta. Ya al crecer te das cuenta que los posteos negativos, los amigos que uno pierde, las noches sin dormir son parte del escenario. En los colegios se fomenta el silencio y en ciertas universidades asumir la posición de empleado. Entonces, se castiga al distinto. Pero uno después entiende que las morales colectivas son sumamente celosas, porque le temen al cambio y a las exigencias. Eso es complicado cuando uno llega a un lugar donde hay tipos peludos y asustados porque hay un huevón dispuesto a hacer la pega que todos desprecian y armarse un espacio”.

2. “Hace rato cambié mis influencias trasandinas: ahora es Villouta. Como comunicador el tipo es realmente valiente. El mejor, lejos, de su generación. Un constructor de ideas. Fue quien me enseñó a ponerme objetivos. ¿De Argentina? Pucha, puede ser Pergolini, Petinatto, Lanata. Gente que he visto en vivo y he dialogado en calidad de fanático con ella. Hoy me gusta Jon Stewart y Bill Maher, los dos van por el cable. Me gustaría ser como ellos cuando tenga canas o pierda el pelo”.

3. “Fue complicado Canal Copano. Venía de la televisión abierta (El Informal, Chilevisión), donde no me habían dado la oportunidad que yo sentí que merecía. Además, en la Rock and Pop me había tocado reemplazar en el horario a un monstruo editorial como Pato Cuevas y llegaba con muchísimos posteos en contra. En Buenos Aires trabajaba en Duro de Domar como guionista, echando de menos a mis papás, con mis amigos en otra y dañado afectivamente. Y partí horrible. Yo soy comunicador, no genio del humor como mi hermano. Todo cambió cuando tomé de verdad la conducción. Sé que soy muy gritón, pero son los formatos los que te instalan en esa posición y creo que el próximo proyecto jugará en otro carril, pero mantendrá la energía”.

4. “Los chicos hoy ven más tevé, sin ver necesariamente tevé. YouTube, los DVR o los videopodcast son lo que viene. En diez años los soportes de medios tradicionales van a perder importancia. Los modelos de negocios van a pasar a ser iguales a los combos de McDonalds, pero cambia las papas fritas, la bebida y la hamburguesa por una mención de radio, una sección de televisión y un banner en internet. Y eso para los periodistas es una gran oportunidad: la de ser filtradores, interpretadores e investigadores de la información. Para los publicistas no sólo será hacer la campaña, sino generar contenidos”.

5. “¿Cuando vamos los chilenos a preguntar por la propiedad de los medios? Si estás de verdad sintiendo que coartan tu independencia, con el mismo computador con que navegas en el sitio del oligopolio que te molesta tanto y te quita el sueño, ármate un blogcito, un podcast que sea, nadie te lo va a cortar. Ahí pon tus cojones y deja de lloriquear. A mí me han bajado todo y eso que soy sólo un pelotudo de clase media, pero sigo construyendo mi visión y compartiéndola”.

Copano actualmente trabaja en La Grúa de la Rock and Pop (06:30 a 9:00, lunes a viernes). También es columnista de La Nación Domingo. Además, prepara un proyecto “secreto”, que tiene que ver con el formato late show y carácter de “comedia política con crítica a los medios”. Dice que la radio es su especialidad, “pero mezclado con temas más mundanos y estúpidos como la incapacidad de cierta gente de tener orgasmos”.

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Las cinco del viernes: Jorge Baradit

Archivo Periodístico,Entrevistas 28 November 2008 | 0 Comments

Ficción, mitología e historia reciente se conjugan en el libro SYNCO de Jorge Baradit. Este escritor inaugura “Las 5 del viernes”, una sección donde exprimimos el pensamiento de nuestros entrevistados en cinco partes. A disfrutar.


Por J.C. Ramírez Figueroa para Paula.cl, 28 de noviembre 2008

Jorge Baradit acaba de lanzar Synco (Ediciones B) novela “retrofuturista” inspirada en Cybersin. El proyecto del profesor inglés Stafford Beer (1926-2002) buscaba interconectar computacionalmente instituciones, colegios y fábricas durante la Unidad Popular, misión que el golpe militar desmantela. El libro propone un Chile donde Pinochet detiene el Golpe y Chile es gobernado por las máquinas. Martina, hija de un mililar golpista regresa a conocer el “milagro chileno” y comienza a descubrir una red de traiciones, tecnología y niños esclavos.

synco1.jpg1. “La recepción de Synco ha sido insólita. El público en lugar de molestarse por jugar con íconos históricos sagrados y fantasear con hechos recientes,  se ha sentido aliviado. En Synco ponemos el país mítico de la Unidad Popular, ese momento macondiano de nuestra historia política, cruzado por una revolución cibernética real y conspiraciones exotéricas y esotéricas. Me tiene feliz que los que más lo han disfrutado son los jóvenes, cabros de 16 o 17 años”.

2. “Synco forma parte de la increíble historia de una Latinoamérica desatada. Un continente capaz de los más infames o gloriosos experimentos, donde el primer presidente socialista de la historia le entrega un país completo a un científico loco británico, que también fue ex comandante gurka en la Segunda Guerra y poeta. Me interesó por las ganas de Staffor Beer de ‘instalarle un sistema nervioso electrónico a la sociedad chilena’ y la posibilidad de haber sido Silicon Valley 20 años antes de la web”.

3. “Si Pinochet hubiese salvado a Allende, Chile sería un cementerio.
Estaríamos levantándonos de una catástrofe, llorando cientos de muertos, implementando una variante socialdemócrata del libremercado. No le tengo fe al poder. De algún modo el territorio chileno pedía sangre durante la década de los ‘70. El poder corrompe, es una droga asquerosa que enloquece a las personas y las convierte en monstruos. Si algunos líderes se pudieran ver al espejo como realmente son, huirían o se sacarían los ojos para no verse”.

4. “Para escribir me nutro de la realidad y su espanto.
El narcotráfico usa hoy ejércitos de niños sicarios fanáticos de las marcas corporativas. En el persa Bío-bío una mujer cobraba dinero por exhibir a su hijo deforme, diciendo que era un alien. Podemos modificar nuestra personalidad en internet y vivir vidas paralelas con otros nombres y sexos. De ahí a generar metáforas, empujar sólo un poco los hechos y pasarlos por el cristal un poco desviado de alguien que disfruta el ejercicio de desatada libertad que ofrece el delirio, hay sólo unos pasos”.

5. “Ahora trabajo en Karma Police,
junto a Raúl Pinto (autor del trailer). Se trata de una serie sobre un departamento estatal que vigila, investiga y detiene a las personas por hechos o crímenes cometidos en sus vidas pasadas. ¿Te imaginas que te nieguen un trabajo por haber sido uno de los que gritó contra Jesús en Palestina? ¿O que lleguen a detenerte porque en otra vida participaste en crímenes en masa? Esperemos que alguien tenga los cojones para exhibirla, porque el material es de lujo”.

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Calexico – ”Carried to dust” (2008, Quarterstick Records)

Discos 14 November 2008 | 0 Comments

Sud-Americana

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 14 de noviembre 2008.

Me siento solo y perdido / una vela alumbra mi camino / cruzando tierras que nunca he visto / cruzando el río de mi destino / sólo soy un chico más / que sueña en alto y mira al mar”. Así parte el nuevo disco de Calexico, experimentados cultures de americana, la música de raíz estadounidense. La gira que los trajo a Chile el año pasado los afectó de tal manera que Carried to dust no sólo homenajea a Víctor Jara en esta primera canción (“Víctor Jara’s hands”) sino que le canta a Valparaíso (“House of Valparaíso”) e integra aires de fusión latinoamericana.

En efecto, ambas canciones citadas abrazan ese sonido que Sting intentó imitar en Nothing like the sun (1987) y su clásico anti dictadura “They dance alone”. La diferencia es que Calexico lleva años investigando no sólo las raíces country-folk sino también el sonido fronterizo llegado desde México. No por casualidad son de Tucson, Arizona, porque el sonido el sonido es desértico e intenso. Por cierto, en el imaginario folk estadounidense el desierto es una metáfora bíblica que remite a la búsqueda y redención.

“Two silver trees” y “The new about William” son canciones que tienen mucho de eso, con sus precisos arreglos de cuerdas y sus tiempos lentos. También hay mucho de alt country, el country alternativo hecho por gente que en vez de crecer en granjas entre vacas y caballos lo hicieron entre discos de Sonic Youth o Fugazi. “Writer’s minor holiday”, por ejemplo, con su estribillo pop, “Fractured air” con su ritmo marchoso o “Slowness”, una hermosa balada country. Lo mejor, sin embargo es escuchar cosas como “Inspiration”, bolero eléctrico cantado en español, con las clásicas trompetas de Calexico y que delata la fascinación de la banda por cruzar las fronteras e integrar todo lo que encuentren allí. Cómo se agradece eso: que los músicos sean inquietos.

Calexico / ”Carried to dust” (2008, Quarterstick Records)

1. Víctor Jara’s hands, 2. Two silver trees, 3. The news about William, 4. Sarabande in pencil form, 5. Writer´s minor holiday, 6. Man made lake, 7. Inspiration, 8. House of Valparasíso, 9. Slowness, 10. Bend of road, 11. El gatillo (trigger revisisted), 12. Fractured air (tornado watch), 13. Failling from sleeves, 14. Red blooms, 15. Contention city.

Músicos: Joey Burns (voz, guitarra), John Convertino (batería, percusión, banjo), Paul Niehaus (pedal steel, guitarra), Jacob Valenzuela (trompeta, vientos), Martin Wenk (acordeón, guitarras, sintetizadores), Volker Zander (bajo).

Invitados: Sam Beams (coros), Pieta Brown y Amparo Sánchez (voces), Michael Fan (violin), Nick Luca (guitarra y organo Hammond), Douglas McCombs (guitarra), Bo Ramsey (guitarra doce cuerdas), Mickey Raphael (harmonica).

www.myspace.com/casadecalexico

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Cuatro razones para amar a R.E.M.

Archivo Periodístico,Música,Perfiles,Rock 25 October 2008 | 0 Comments

El 3 y 4 de noviembre tocará la banda en Chile. Una buena oportunidad para atestiguar el renacimiento de quienes, gracias a sus poderosas canciones e integridad artística, pavimentaron el camino a Nirvana y al resto de las bandas que echaron al pop maqueteado de Michael Jackson de todos los número uno. El grupo estaadounidense cerrará las dos noches del festival SUE en el Arena Movistar:

J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 25 de octubre 2008.

R.E.M. es una institución en la música pop contemporánea. Una banda que pasó del circuito college (universitario) directo a las multiventas, sin transar absolutamente nada. Y en plenos noventa, mientras las nuevas bandas imitaban su música y actitud, decidieron jugar un poco con la distorsión y la electrónica. En el camino perdieron un integrante, pero este año regresaron más fuertes que nunca. Su disco Accelerate es la síntesis de todas estas luchas. Con dramatismo y belleza, R.E.M. confirma por qué es la gran banda estadounidense de los últimos veinticinco años. A continuación, cuatro razones para no perderse los shows que brindarán en Santiago el próximo lunes 3 y martes 4 de noviembre.

R.E.M. PAVIMENTÓ EL CAMINO A LA “NACIÓN ALTERNATIVA”. Antes de caer en una clínica de rehabilitación, escaparse, apuntarse en la cabeza y convertirse en la última leyenda del rock, Kurt Cobain, líder de Nirvana, tenía algo claro. “Nuestro próximo disco sonará hermoso, etéreo y acústico. Como el último de R.E.M. Si pudiera componer al menos un par de temas tan buenos como ellos lo hacen… Dios, son lo máximo”, dijo a la grabadora de la revista Rolling Stone. Cobain se refería al Automatic for the People (1992). Obra que coronó una carrera iniciada con el explosivo single “Radio Free Europe” (1981) y que estalló con Green (1988) y Out of Time (1991), el mismo elepé que contenía “Losing My Religion” y la irónica “Shiny Happy People”. El disco elogiado por Cobain contenía toda la integridad musical posible en una obra de música pop. Himnos redentores (“Everybody Hurts”), actualizaciones de la música de raíz estadounidense (“Drive”, “Find the River”), pop de herencia sesentera (“Sweetness Follows”) y estribillos cautivantes en su simpleza (“Man on the Moon”). Era la marca de fábrica del grupo, que, contradictoriamente, logró escalar en los rankings, radios y canales de música. Su sonido, dramático y de raíz folk, rock y pop, permitió que el cerrado ambiente estadounidense se tornara receptivo a Nirvana, Pearl Jam y el resto de las bandas más “subterráneas”. Un antídoto contra música maqueteada como New Kids on the Block o de típica brutalidad americana tipo Guns N’Roses.

RESCATARON LA MÚSICA QUE NO ESCUCHAN TODOS. “No somos otra banda fiestera. No tocamos new wave. Y no tenemos nada que ver con B-52 ni ninguna otra banda de la ciudad”, decía un enfurecido y pelilargo Michael Stipe en octubre del 82. “No creo que estemos listos para los grandes auditorios. Estamos más concentrados en escribir canciones y ser la mejor banda en vivo”, declaraba en la misma entrevista el guitarrista Peter Buck.

¿Cómo llegarían a ser los más grandes de todos? En el rock, la historia también la hacen los ganadores. Elvis, Beatles, Led Zeppelin, Pink Floyd o Metallica. Sin embargo, también existe un “canon alternativo” que agruparía a bandas y solistas creativos e influyentes, pero que jamás obtuvieron el reconocimiento masivo.

Música que si se escuchara con atención, convertiría al rock en algo más que riffs básicos y de contracultura domesticada. Discos que sonaban todos los días, por ejemplo, en la disquería Wuxtry Records de Athens, Georgia. Allí trabajaba Peter Buck, quien se dedicaba a tocar la guitarra y atender a los clientes. Es fácil detectar a través del sonido R.E.M. la música que escuchaban junto a Michael Stipe, estudiante de fotografía y pintura. La cristalina mezcla de country/folk y rock de los Byrds, la suciedad y belleza de Velvet Underground, el power pop dramático y tierno de Big Star. También la fuerza renovadora del post-punk o su equivalente estadounidense con The Replacements o Husker Du. Un sonido que podía pasar de los estribillos pop a la alta velocidad del hardcore.

Los mismos álbumes que sonaron en una fiesta en 1980, cuando se conocieron con Bill Berry (baterista) y Mike Mills (bajista). Aunque digan que R.E.M. en realidad no significa nada, en neofisiología se conoce como “Rapid-eye-movement”, la fase profunda del dormir, cuando se producen los sueños. Con ese nombre se presentaron por primera vez en una iglesia de Athens, tras unos meses de ensayo. Inmediatamente a R.E.M. se le clasificó dentro del subestilo jangle, llamado así debido al jangling (rasgueo) de las guitarras, una música que sin renunciar a lo pop, no encajaba con los sintetizadores o el heavy metal radial.

MÚSICA PARA PERDEDORES. “R.E.M. tiene el don de captar el pulso de la generación. Una rápida revisión de algunos de los singles de sus últimos álbumes es capaz de deprimir a cualquiera. Pero la depresión no es existencialista a lo Pink Floyd ni necesariamente dark o politizada. Más que depresión, lo que Stipe siente -y transmite- es angustia, ansiedad, neura. No tiene nada claro, pero tampoco quiere seguir así. Está enojado, pero ni tanto. Más bien está asustado”, escribía Alberto Fuguet en 1991.

R.E.M. había pasado de secreto a voces a la masividad, gracias a canciones como “The One I Love” o la extraordinaria “It’s the End of the World As We Know It (And I Feel Fine). Ambas de Document (1987), su último disco para el sello independiente IRS.

A diferencia del egocentrismo de U2, la única banda que le hacía el peso, R.E.M. había optado por la muy personal mirada de Michael Stipe. Un tipo que había jugado a cantar sin que se entendiera muy bien lo que decía en discos como Recknoning (1984). Ahora había aprendido a sacar la voz y convertirse en la voz de los perdedores, los que no lograron ser lo que querían, los que no aprendieron a vivir en la sociedad post-capitalista.

“Nuestras canciones son para aquellos a los que nadie eligió para bailar en la fiesta de graduación. Los que tenían la cara con acné. Los que se quedaron al lado del parlante toda la noche y terminaron solos”, dijo alguna vez Michael Stipe. Luego vendría “Losing My Religion”, la respuesta a todas las bandas que sonaban como ellos en el ruidoso Monster (1994), el activismo político, la renuncia del baterista Bill Berry y los desesperados intentos por seguir adelante en Up (1998) o Reveal (2001).

EL IMPULSO ACCELERATE. “Lo hicimos al estilo antiguo. Reflexionamos entonces dónde nos encontramos culturalmente en 2008, y creo que hicimos un gran trabajo, encontrando las canciones, la actitud y el sentimiento adecuado”, señaló Michael Stipe en una reciente entrevista para “El Mercurio”. En efecto, mientras Around the Sun (2004) sonaba vacilante y, a ratos, como si parodiaran su propio estilo (escuchar “Leaving New York”, “Make It All Ok”), Accelerate (2008) se aleja de los guiños electrónicos y pianos afectados y elige la misma fórmula que usaron a mediados de los noventa: las guitarras y el impacto emocional en seco.

Desde la furia de “Living Well Is the Best Revenge”, pasando por el country/folk de “Houston” hasta las descarnadas modulaciones de Michael Stipe en “I’m Gonna D.J.”, Accelerate es un álbum perfecto para defender en vivo y que, de paso, captura estos años de crisis y confusiones.

El festival SUE

La versión 2008 , será el lunes 3 y martes 4 de noviembre en el Arena Movistar. R.E.M cerrará ambas noches. La primera incluirá además a los británicos Kaiser Chiefs y los estadounidenses Mars Volta. La segunda noche, actuará The Jesus and Mary Chain, banda escocesa celebre por mezclar altos niveles de ruido con un pegajoso pop heredero de los sesenta. Son una de las favoritas de R.E.M. Entradas de 11.000 a 55.000 pesos. Más información: www.sue.cl y www.rockandpop.cl (radio oficial). La discografía de R.E.M., se encuentra en en Chile bajo el sello Warner.

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Achacadoras, un modelo de negocios delictivo.

Archivo Periodístico,Reportajes 5 August 2008 | 0 Comments

Mujeres que engañan a tipos solos y los asaltan en sus propias poblaciones. Tipos engañados por féminas que usan su cuerpo como arma letal. Un modelo de negocios dirigido por tipas duras, que se saben bonitas e inteligentes. Una aproximación nocturna hacia el corazón de la delincuencia femenina de hoy.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Paula.cl, 5 de agosto 2008.

“¿Y por qué no vamos para mi casa, mejor?”, le susurra Romina al treintañero que enganchó en un happy hour del barrio Suecia. En la radio del auto suena reggaetón, estilo musical de moda que los ha acompañado desde las primeras piscolas y su posterior bailoteo. Ahora, ella acerca su cuerpo, lo besa en la boca y le suplica con voz de niña chica, que diga que sí, que vayan a otro lado más tranquilo, más piola, más rico. Y él, algo atontado por el trago y sus voluptuosidades, acelera por Vicuña Mackenna hacia el sur. Piensa que la tiene loca y en la historia que les contará el lunes a sus compañeros de la oficina, mientras avanza por ese panal de casas pareadas, villas y poblaciones, donde él jamás había estado.

Ella le dice que es por acá. El tipo, nervioso, estaciona y se baja del vehículo. La casa es una especie de mediagua, con una reja de madera y un jardín con el pasto quemado. “¿Sabís, hueón?, yo no me llamo Romina. Ni tampoco soy secretaria. Quédate tranquilito y no te va a pasar nada”, le dice cambiando el acento educado y sexy con el que lo conquistó.
Cuando ella abre la puerta y enciende la luz, el engrupidor descubre a tres tipos con cuchillas, sables y fierros. “Por caliente”, repite la muchacha mientras lo golpean en el estómago sus socios. “¡Entrega todo!”, le gritan. Le arrebatan la chaqueta, revisan sus tarjetas de crédito, le pegan en la cabeza, le sacan los últimos billetes que le quedan y la llave del auto. “Ahora nos fuimos para tu casa, ahueonao”, le dicen agarrándolo del brazo.

Así trabajan Las Achacadoras. Jóvenes que se dedican a seducir, drogar y posteriormente robar a profesionales que deambulan en zonas de bares y discotecas como el barrio Suecia o Bellavista. O como diría La Cuarta, matutino que ha celebrado y seguido el caso en profundidad, “washas que se emperifollan como árbol de pascua para engrupirse a pepepatos que andan como huasca en bares”.

DOS AMIGAS Y UNA IDEÓLOGA

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Romina se llama Claudia Nathaly Herrera Alcapán (20 años). Junto a su compinche, Scarlett Melo Melo (18) -alias “La Pelusa”-, se dedicaban a robar a hombres solitarios y con dinero que vagaban por Bellavista y Suecia. Criadas en barrios duros de la periferia sur, descubrieron un modelo de negocios que daba dinero y al que podían integrar a sus amigos. Ambas ahora están detenidas en el penal femenino de San Joaquín junto a la veterana y cerebro de las achacadoras, María Isabel Vargas Oyarce (25), quien fue detenida el 13 de junio pasado en un consultorio de Lo Herminda, mientras se realizaba un control de embarazo.

María Isabel Vargas Oyarce llevaba años trabajando en esto. De hecho, ya en noviembre de 2005 había sido detenida por primera vez junto a otras dos mujeres cómplices. Se presume que Romina y La Pelusa aprendieron de ella las claves y variantes del negocio. Esto es, vestirse, seducir, cuentear, drogar y coordinar vía celular a los colegas que reducirán a las víctimas. Las tres despellejadoras de giles como las bautizó La Cuarta, esperan este mes que comience el juicio oral.

La primera en caer fue La Pelusa el 20 de febrero. Para evitar una sentencia por dos delitos de robo con violencia, escapó hacia Antofagasta. Tenía además, otras veinte causas acumuladas en su contra en distintas fiscalías del sector oriente. Su historia personal desarrollada en La Pintana incluye madre trabajadora, maltratos infantiles que le incitaron un odio hacia los hombres, y una temporada en un hogar de menores de Carabineros a los once años. Se ha dicho en la prensa policial, que precisamente allí cultivó las amistades que la meterían en este mundillo delictual. Cuando la atraparon, estaba con otra chica y el hijo de ésta.

Romina, cómplice de La Pelusa, fue detenida el 6 de junio en El Bosque, a pasos de la mediagua donde junto a sus socios, golpeaban y robaban a las víctimas. En Investigaciones dicen que ambas no se pueden ver y que se acusan mutuamente de haberse introducido en el mundo del hampa.

“LOS HOMBRES PIENSAN CON EL PENE”

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“Una cacha al tiro cuál es el hueón que puede caer. Es cuestión de acercarse, reírse y dejar que te invite un trago. Pero yo no soy como esas achacadoras, porque no le robo a nadie. Me aprovecho de lo calientes que son, que es distinto. Un copetito, algo de platita, de repente unos besos o algo más. Pero siempre yo controlando la situación. Todas sabemos que los hombres piensan con el pene”- dice Rocío (20), mientras se queda mirando a la calle en busca de víctimas en Suecia.

Es mitad de semana y los adultos jóvenes de clase media caminan cancheros y dispuestos a gastar plata (nunca demasiada) por la calle Suecia, convencidos de que este barrio es la capital el carrete. Bueno, así lo era efectivamente cuando estaban en el colegio, a mediados de los noventas, antes de las prostitutas, ordenanzas municipales y la cocaína. Ahora, tipos enfundados en sus trajes de multitienda y gel en el pelo se mezclan con turistas y reggaetoneros que nunca entran a ningún sitio.

“Igual entiendo que estas minas y sus socios les den duro a estos giles. Es como rabia, ¿cachái? Son igual que uno, que nuestros hermanos o primos, pero tienen plata y la gastan en hueás”, dice Rocío. “No quiero irme en la profunda, tal vez es una hueá mía, pero podrían solamente robarles, pero les pegan hasta que queden en el suelo”, reflexiona mientras fuma. Repite que no roba, pero que le gusta “engrupir minos”, que tiene un montón de historias para contar y que no ponga su nombre verdadero, porque sus amigos la pueden cachar por internet.

La Dirección de Protección Civil y Seguridad de Providencia, consultada por Paula.cl, señala vía mail que “no se recibió ninguna denuncia por parte de la comunidad sobre estas jóvenes, tomando conocimiento de su accionar por las informaciones aparecidas en los medios”, pero que cuentan con una línea gratuita que funciona las 24 horas (800 800 767), insistiendo en la necesidad de alertarlos de estos hechos.

EL CUERPO DEL DELITO

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Héctor Romero Palma, subprefecto de la BIROM (Brigada Investigadora de Robos Metropolitana) reconoce que Las Achacadoras se están reproduciendo en otras comunas e incluso regiones. “Se han denunciado al menos 15 nuevos casos en la zona oriente y sur”. Funcionan distintas al caso de Las Promotoras, explica. En lugar de ser controladas desde la cárcel vía celular, Las Achacadoras arman el juego de seducción prácticamente solas. Las Promotoras dependen de un modelo delictual desarrollado por delincuentes encarcelados que se basa en simular un premio televisivo, para que desprevenidas víctimas abran las puertas de sus casas. Las Achacadoras, en cambio, actúan prácticamente solas, usando su propio cuerpo como señuelo sexual, como señala Doris Cooper en Criminología y delincuencia femenina en Chile. (Lom, 2002)

Lo interesante es la conciencia y arriesgado uso que tienen de su cuerpo como arma letal. Si antes para escapar del círculo de la pobreza lo usaban para la prostitución, ahora lo utilizan para engañar a la misma clase de hombre que no dudaría en tener sexo express con ellas. De hecho jamás hay sexo para Las Achacadoras, sólo su promesa, utilizada para inmovilizar a la víctima.

“Hay distintos modus operandi. Algunas drogan al hombre con burundanga y lo asaltan. A veces, los obligan a ir hasta la casa de una de ellas, lo golpean y luego lo obligan a ir a su propio departamento para desmantelarlo. Incluso se llevan el auto y las claves de las tarjetas de crédito”, explica Romero Palma. El detective advierte que hay muchos casos que por vergüenza o por estar casados, no son denunciados. También que actúan al amparo de los happy hours y con cierta complicidad de los locales y cuidadores de autos, lo que aún no se ha podido comprobar completamente.

Las vacaciones y los feriados largos son sus épocas favoritas. “No te creas que estas chicas se ven como en la foto. Ellas se arreglan, se cambian el look, se ponen bonitas. Aunque el tipo se de cuenta por el tono de voz que esté mintiendo, tal vez eso mismo les gusta”, aclara el inspector Víctor Toledo.

Lo único común entre Las Promotoras y Las Achacadoras es el protagonismo de las mujeres. Ellas son las ideólogas y las ejecutoras de la misión, usando la coquetería, la juventud y la belleza como arma letal.

NOCHES SUECAS

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Cuando despierte el engrupidor que condujo a Romina hasta la casa y luego fue asaltado, lo primero que pensará es que cómo fue tan estúpido. Pero solamente se animará a denunciarla si no tiene que darle explicaciones a otra persona. Aunque hay denuncias, aún no se ha podido determinar quiénes son las discípulas de Pelusa y Romina. Las víctimas de Las Achacadoras a veces son padres de familia o profesionales en ascenso, por lo que un proceso judicial los estigmatizaría. Nadie quiere aparecer como engañado por unas cabras chicas. Los detectives han señalado a la prensa que un tipo incluso permaneció tres días secuestrado en la casa a la cual estas muchachas los invitaban.

“La recomendación es no confiarse de la primera mujer que se te acerca. Tampoco perder de vista el trago”, recalca el subprefecto Romero Palma. Aun así, es sorprendente lo fácil que han caído las víctimas. “Ellas inventan que son ejecutivas, que son funcionarias públicas. Los tipos no se dan cuenta de que mienten porque se arreglan y se visten bien”, agrega el inspector Víctor Toledo.



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065. Pequeñas Anécdotas Importantes Para Mi Generación I

Autobiografía 18 June 2008 | 0 Comments

La neblina da paso al frío y de ahí la lluvia. No es una novedad, pero este preámbulo invernal es lo más parecido al clima donde crecí. Y si bien antes yo era hombre de poca fe y veía lo “atmosférico” como clichés del folclore, ahora me encantaría tener tiempo y dinero para una siesta frente al mar.

Leer sobre el postcolonialismo sólo aumenta mi hambre por estudiar otra carrera, una que me permita sacarle el jugo a la inteligencia, en lugar de lidiar con tarados como Jorge González que se niega a darme una entrevista (y después se queja de ser “ignorado” por nuestros perversos reporteros de rock) mientras sigue creyendo que nadie se da cuenta sus intentos de validación citando a esta “generación 2.0″. A mi me pasó con Colectivo Etereo y aun así, era consciente.

El último disco de Weezer me alegra. Especialmente “Heart song”. ¡Rivers Cuomo escuchaba a Slayer y Michael Jackson también!

Leo revistas de la época de Gemita Bueno. Parece que hubiesen pasado décadas y fue hace apenas cuatro años. Me perturba la decisión estética de escribir periodismo de investigación con ganchos del bajo fondo. El Clinic por ejemplo, para un reportaje sobre Diego Portales, titula “El Papurri de la patria”.

Hay una editorial excelente de Marcela Ramos en la edición aniversario de “Plan B” (Número 27, 12-8-2004). Explica lo revelador que es armar un medio en una calle dura como San Antonio y como eso se cuela en la redacción. The Clinic está en Bellas Artes, por ende su denuncia es refinada (cuestionable, sobretodo por el párrafo de arriba) o Copesa que quiere pelearle al Mercurio pero está en La Florida.

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Jorge Edwards y el reventón del siglo

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación 18 June 2008 | 0 Comments

En un relato iniciático, el escritor retrata las noches de poesía, sexo, alcohol e incluso opio, protagonizada por sus amigos. Edwards presentó ayer su libro junto al colombiano Fernando Quiroz, finalista del premio que ganó el chileno.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación, 18 de junio 2008.

Jorge Edwards (1931) se sorprendió cuando una periodista española de veintitrés años le señaló que “La casa de Dostoievsky” (Planeta) era una novela para esta generación. “Puede ser. La escribí como la historia de mis amigos, de las lecturas de poesía en el Parque Forestal, de mi propia experiencia en París y Cuba”, dice el escritor, mirando hacia el horizonte desde su amplio departamento frente al Santa Lucía.

Lo cierto es que el libro, ganador del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2008, tiene mucho de iniciación. Comienza con un delirante grupo de universitarios en el Santiago de fines de los cuarenta, que intentan escribir poemas que ericen los pelos. Entre lecturas de Rimbaud, Sartre o T. S. Eliot, conversaciones regadas hasta las cinco de la mañana en Il Bosco o La Unión Chica, sorprendentes fumaderos de opio (“Efectivamente había uno en el centro, aunque en la novela ficcioné la ubicación”, se ríe) y descubrimientos sexuales, comienza a destacar la figura del enigmático protagonista, bautizado como El Poeta.

“Es y no es Enrique Lihn”, explica Edwards. “Yo era amigo de Jodorowsky y de él, aunque terminaron peleados. Estuvo en París, como el protagonista del libro, pero la parte de Cuba, donde se involucra en el Caso Padilla, es invención mía”.

Esta primera parte se llama “La espalda de Teresita”, debido a una memorable fiesta en la Escuela de Danza, que terminó con los botones del traje de la muchacha destruidos por los intentos eróticos de El Poeta. “Así era nuestro carrete”, dice Edwards. Tanto como las camisas con restos de sal. “Era normal verlas en los bares, porque alguien había asegurado que borraban las manchas de vino”.

Sin embargo lo que comienza como un relato coral -incluyendo al Chico Adriazola y Eduardito Villaseca, también amigos de Edwards y ficcionados, desesperados por volverse escritores- se centra en El Poeta, desde que abandona su destartalada pieza (bautizada con el nombre que da título al libro), se refugia donde Nicanor Parra (acá se llama Antipoeta), se marcha a París y luego a Cuba (“de tránsito”) y finalmente regresa al Santiago infernal de la dictadura (“La ciudad del pingüino”).

“Eso es lo importante de las novelas, que los acontecimientos arrastren a sus personajes y los hagan crecer. No sé si los nuevos escritores hayan leído tanto. De repente aparece un funcionario de gobierno que te dice que además de economista, también tiene una novelita. Desde el primer párrafo es evidente que ni siquiera sabe manejar las palabras”.

Edwards además adelantó que tiene un libro de cuentos “casi terminado” y que se plantea escribir “algún tomo de memorias muy remotas de su infancia, adolescencia y primera juventud”, cuando conoció a importantes personalidades de la vida política nacional.

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Rolling Stones, la película

Archivo Periodístico,Entrevistas,Perfiles 11 June 2008 | 0 Comments

Se estrena en Chile la comentada colaboración entre Scorsese y los Rolling Stones: Shine A Light. El “documental”, que en realidad no es más que un estupendo recital en vivo. El mismo que deja en claro que si el rock de estadios sigue un guión, los Stones fueron los primeros en escribirlo. Porque no sólo son la banda más longeva de la historia: crearon las mega giras y encarnaron a la perfección un mito. Acá, la historia en cuatro actos de cómo lo hicieron.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 11 de junio 2008.

SO GANGSTA. “Jumpin’ Jack Flash” (1968) acompañando a Robert de Niro en la iniciática Mean Streets(1973) o “Gimmie Shelter” (1969) por partida doble: en la intro de The Departed(06) y coronando los excesos tóxicos de Ray Liotta en Goodfellas(1990).

Dos canciones escritas por los Stones en su etapa más mafiosa, la época en que expulsaron a su propio fundador y guitarrista Brian Jones (1969), que apareció muerto en su piscina un mes después. Un momento clásico del rockandroll que varios artículoscalificaron como asesinato premeditado.

Dos años antes Jones, Jagger y Richards habían sido encarcelados por posesión de marihuana y eran el demonio rockandrollero que azotaba al mundo. Y ellos golpeaban de vuelta titulando su disco como “déjalos sangrar”, Let it Bleed (69), en abierta burla a los peleados Beatles del Let it Be (disco “póstumo” de los fab four grabado ese año, pero editado al siguiente).

El mismo año en que los Stones dieron un concierto gratuito en Altamont, San Francisco, para presentar aquel disco, y donde un fan terminó asesinado por los motoqueros Hell’s Angels encargados de la seguridad.

No es de extrañar entonces, que la elegancia gangsteril de los Rolling Stones de aquella época fascinara tanto a Martin Scorsese.

“Cuando era estudiante, yo daba vueltas alrededor de la música de los Stones. Los escuchaba e imaginaba escenas de cine. Y esas canciones me inspiraron para hacerlo… En mi cabeza hice esta película hace cuarenta años. Simplemente sucedió que recién pude filmarla ahora”, declaró “Marty” (como le dicen sus amigos Jagger y Richards), durante el estreno de Shine a Light(08).

Ese es el “documental” -en rigor es el registro de dos shows realizados en el neoyorkino teatro Bacon en septiembre de 2006- que junta a dos leyendas, y que se estrena el jueves 19 de junio en cines chilenos.

No es una película, ni un documental. Aquí no hay arqueología rocker como lo hizo Scorsese con Bob Dylanen su celebrada No Direction Home(05). Shine a Light (08) está más cerca de The Last Waltz(1978), la sentida filmación que hizo del adiós de The Band o a su primer trabajo como asistente de dirección en Woodstock:Un escaneo a rostros, muecas y actitudes, que generalmente se ven desde lejos. O en una pantalla gigante.

Pero Shine a Light también es el registro de una banda que protagonizó la revolución y posterior estandarización del rock and roll. Una banda que no sólo no ha muerto, sino que ha dado con la fórmula para vivir entre el reviente y las giras siempre fastuosas, siempre energéticas, siempre predecibles, sin importar el disco que lancen. Igual que U2 o Kiss.

A continuación, cuatro razones para entender cómo el rock and roll pasó de ser una revolución cultural a un parque de diversiones: un lugar seguro pero aparentemente arriesgado, que no molesta nadie. Y todo eso lo hicieron primero los Stones.

COPIAR Y PEGAR. Los Stones son de una generación pobre, posterior a los bombardeos alemanes de la II Guerra. Por eso las letras y la moral del blues y r&b que escuchaban por onda corta, les resultaron más inspiradoras que los “teen idols” de la época como Paul Anka o Cliff Richards. Así se conocieron Mick Jagger y Keith Richards: con una colección de discos bajo el brazo.

Liderados en un comienzo por Brian Jones, los Stones fueron profundos investigadores de la raíz estadounidense, por algo ahora son los primeros en presentar sus respetos al fallecido Bo Didley.

Sus primeros tres discos —el homónimo de (1964), Rolling Stones 2 y Out of Our Heads, ambos del 65— son antológicas versiones del rock and roll, soul y blues urbano estadounidense.

En la sexualidad de “I’m just want to make love with you” (Willie Dixon) o “Walking the dog”(Rufus Thomas), la velocidad de “Carol” (Chuck Berry) o “Route 66″ (Bobby Trump) y el soul de “Good times” (Sam Cooke), están casi todas las claves del sonido Stone.

Una revolución seguida por The Animals, Small Faces, The Kinks y The Who, que sorprendió y enojó a los autores originales, que acusaban a los Stones de robarles todo.

Eso, hasta que recibieron el golpe de vuelta cuando Otis Redding sacó su cover para Satisfaction, una original de los Stones.

A continuación, Redding tocándola en vivo en 1966. Ojo con la cara de Jagger al final del video: no sabe dónde esconderse. Al final no le quedó otra que declarar “Ottis la toca mejor que nosotros”. Es que en esa época los Stones recién se sacaban el uniforme de chicos buenos.

Los increíbles Aftermath (1966) y Between the Buttons (1967) fueron sus primeros discos compuestos íntegramente con material propio ¡Y cómo tocaban! Pero volvamos atrás: Los Stones presentados por Dean Martin en 1964, haciendo una versión de “Not fade away”, canción popularizada por Buddy Holly.

EL ROCK ES UNA MARCA. Casi siempre detrás de una gran mega banda, hay un muy buen manager. El de los Stones era un veintiañero y ex publicista de los Beatles llamado Andrew Loog Oldham, que les ofreció llevarlos a la cima el 64 con un plan claro: definirse como la antítesis de los Beatles. “Si ellos eran Cristo, nosotros seríamos el Anticristo”, teorizó. Así nació la marca Stones.

“Más que una banda, son un estilo de vida”, fue el primer slogan que escribió para su debut homónimo del 64. Le siguieron otros como: “¿Dejaría a su hija salir con un Rolling Stone?” y “Madres: encierren a sus hijas en casa porque vienen los Rolling Stones”.

Para cerrar la operación Oldham se reunió con Brian Epstein, manager de los fab four, y juntos acordaron planificar los lanzamientos de singles y discos de ambas bandas. Incluso los Beatles les dieron una canción: “I wanna be your man”, un año antes que Oldham encerrara en el baño a los Stones, para obligarlos a componer una canción propia.

Aunque Richards y Jagger señalen que no fue “exactamente así”, lo cierto es que el resultado a la salida del baño fue “As tears go by” (1964)

Durante la primera mitad de los 60s, mientras los de Liverpool sonaban limpios y disciplinados, los Stones eran sucios y salvajes. Todo eso se puede apreciar en este videocomparativo de “I wanna be your man”, tocada por ambas bandas.

Hasta que los Beatles se separaron, los Stones no dejaron de ser una respuesta a Lennon y McCartney. Sólo un par de ejemplos: cuando los Beatles sacaron Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band (67), los Stones editaron Their Satanic Majesties Request. Tras “All you need is love”,ellos lanzaron “We love you”. Y la lista sigue.

“Me gustaría listar todo lo que hicimos, contra todo que hicieron los Stones dos meses después”, diría un furioso Lennon en la famosa Rolling Stone Interview de octubre de 1970, cuya versión grabada la estrenó la BBC el 2005. Para oírla, acá.

Sexuales, malvados, rudos, viciosos y feos, parece que los Stones nunca se separaron sólo para seguir llevándoles la contra. A continuación dos clásicos videos del Rock & Roll Circus (1968). Primero tocando “Jumping Jack Flash”, para una audiencia top que incluía a Lennon y Yoko Ono.

PROTAGONIZAR EL MITO. Los Stones se adueñaron del concepto “rock and roll” completo, al convertirse en su mejor sinónimo.

Asesinatos, arrestos, drogas, supermodelos y muchos, muchos clásicos, cruzan su trayectoria. Una asociación de sexo, drogas y rock and roll que se convirtió en marca registrada, y que ha logrado resistir desde el punk que asoló Londres al “rock alternativo” noventero. Un grupo cuyos integrantes tienen más de sesenta años y que a pesar de su salvajismo, siguen de pie y llenando estadios.

Lo hicieron conjugando la calidad musical con el mito. Tenemos por una parte indiscutibles momentos de perfección rockera, como esa panorámica del pop psicodélico y beat inglés Between the Buttons (1967), el incendiario Beggars Banquet (1968, considerado por muchos, el mejor disco de los Stones) o el fundacional doble Exile On Main Street (1972) que sintetizó riffs, tres tonos y rock desesperado.

Esa forma de tocar estaba unida tanto en letras como sonido, al mito fundacional del rock. Y en los Stones siempre hubo perfectos protagonistas para encarnarlo: Richards el reviente. Jagger el sex symbol. Watts, el intelectual que iguala al sucio rock, con las expresiones artísticas más clásicas de la humanidad.

Las aventuras de los Stones se cuentan por cientos. Del libertinaje salvaje de las noches blancas de Keith Richards (64 años), quien siempre tenía una cajita con cocaína al alcance de la mano mientras grababa Exile… en París -en el mismo estudio que usó Deep Purple para registrar el himno del heavy metal “Smoke on the water”- a declarar que se jaló las cenizas de su padre, sólo hay casi cuatro décadas de distancia.

Mick Jagger (64 años) partió quitándole la novia a Keith (la italiana Anita Pallenberg, quien a su vez fue esposa de Jones) y ahora tiene siete hijos reconocidos de cuatro supermodelos (su novia actual es L’Wren Scout).

Nótese lo bajito de Mick, cosa que sorprende a todo el mundo, en esta foto.

Y Charlie Watts (67), el baterista que quería ser pintor, pero que renunció a ello por no tener talento. El único atormentado del grupo, el mismo que arma y desarma grupos de jazz para tributar a Charlie Parker y apoyó las “acciones de arte” del grupo como incluir una foto de un baño público(Beggars Banquet, 1968) o un cierre diseñado por Warhol(Sticky Fingers, 1971).

Todo eso se ve en Shine a Light: Un mega energético Jagger perreando con una entregada Christina Aguilera. Un muy pero muy carreteado Keith Richards mirando de reojo, haciendo chistes picantes y fumando como carretonero.

La diferencia de estilos de vida se nota: aunque seis meses mayor que Richards, en el escenario Jagger parece su nieto.

Watts haciendo gala de un sentido del humor parco, potenciando las canciones con la misma precisión de Ringo. Y la solidez de Ron Wood (que venía de los Faces de Rod Stewart), el guitarrista que se quedó en los Stones casi por casting a partir del 73-74.

Un “estilo de vida” que comenzó a suavizarse tras las internaciones de Richards y la vida sana publicitada por Jagger. Aunque en el imaginario, los Stones siempre serán salvajes y drogadictos.

Los dejamos con dos clásicos con 16 años de diferencia. Primero “ (I can`t get no) Satisfaction”, en su famosa versión censurada durante una aparición de tele en 1965.

UN PARQUE TEMÁTICO STONE. Los Rolling Stones fueron los primeros en tomar conciencia que el dinero estaba en los shows en vivo. Mientras los Beatles experimentaban en el estudio, ellos organizaban giras cada vez más monumentales. Si bien entre el 67-69 se tomaron un relativo descanso por drogas, de ahí casi no pararon más.

Con el devenir de las décadas, pasaron del salvajismo a convertir los mega shows en una montaña rusa: arriesgados sólo en apariencia. Porque eso que llamamos “rock de estadios” comenzó a fundarse con los Stones, y terminó de definirse con Led Zeppelin, Kiss y Pink Floyd.

Desde experimentos como el show televisivo Rock & Roll Circus (1968), que salió recién treinta años después, porque estaban celosos de lo bien que tocó The Who, al histórico concierto de Altamont donde murió un fan en cámara asesinado por los Hell’s Angels —la pandilla de motociclistas que le hacían la seguridad a los Stones, como se puede ver en el imperdible documental Gimmie Shelter(70)— ellos definieron los megaconciertos.

A continuación, los Stones tocando “Sympathy for the Devil”, con Jagger parando el tema y pidiendo que los “hermanos y hermanas se calmen” antes de proseguir. Pero el diablo ya había metido la cola: la “seguridad” había acuchillado a un fan en las primeras filas, sin que la banda lo notara.

Precisamente esos incidentes marcarían sus posteriores mega giras: seguridad, luces, puesta en escena, amplificación, espectáculo masivo. El lenguaje del rock de estadios. El refugio más digno que encontraron los Stones.

Es que desde el Tatto You (1981), sus discos son poco más que souvenirs de gira, justificativos del despliegue técnico y las notas de prensa que anuncien que “no, no se separan, aunque esta podría ser la última gira” y promocionan cada disco como “el mejor desde los clásicos de los setentas”. Pero basta escuchar los singles, para darse cuenta que sólo son una excusa para justificar las giras mundiales.

De su última gira es Shine a Light. Un show presentado por Bill Clinton, que incluye a un tímido Jack White, una canchera Christina Aguilera y al blusero Buddy Guy, el único que obliga a la banda a salirse de la rutina de saltos, miradas y frases perfectamente estudiadas, que de tanto repetir ya forman parte de ellos.

A no confundirse con su campaña promocional: Shine a Light no es ni una película ni un documental, menos una biografía. Es un encuentro de amigos de alta calidad. Un imperdible para cualquier rollinga y/o amante de Scorsese.

Un “Marty” en su expresión más payasa, transmitiendo a la perfección el show ultra controlado, de la banda más longeva de la historia del rockandroll. Todo salpicado con breves, divertidas y reveladoras entrevistas de archivo.

Una filmación que deja en claro por una parte que el sexo es mejor que las drogas (cosa de comparar a Jagger con Richards), pero sobre todo, que si el rock de estadios sigue un guión, los Stones fueron los primeros en escribirlo.

Shine a Light se estrena en cines el 19 de junio.

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Javier Barría: self made man

Archivo Periodístico,Entrevistas 8 May 2008 | 0 Comments

Ya es hora que este compositor pase de ser el secreto mejor guardado de la canción de autor nacional al conocimiento público. Sus canciones son una inédita exploración por el oficio rocker y la exploración melódica que jamás logra que pierdas la atención. Tras exitosos shows en Buenos Aires regresa a jugársela con un enésimo disco La edad de las moscas.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 8 de mayo 2008,

Javier Barría tiene 28 años y es el mejor ejemplo del self made man (el tipo hecho con sus propias manos) aplicado a la canción de autor chilena. O mejor dicho, self made band: graba en un computador con muy poca memoria ram, yendo, literalmente, de la cama hacia el living. Edita y distribuye sus discos, a razón de dos por año. Gestiona vía MySpace conciertos como los que ofreció durante marzo en Buenos Aires. Viaja apenas acompañado de su guitarra. En vivo también toca solo, entre amplificadores, efectos y secuencias.

—Así tocan también Jorge Drexler y Juana Molina. Es interesante, porque cada uno lo usa a su manera. Por eso nunca suena igual. Es un sistema interesante porque es fácil de armar y desarmar. Incluso se gana más plata—, explica Barría, riéndose.

Sin embargo, al escuchar Ciudadano B (2007, autoedición), su último álbum, todo lo anterior se va volviendo apenas una anécdota, un dato al pasar, una metodología de trabajo. Tal es la intensidad emocional de su voz y guitarra, la pulsión rockera-songwriter en los estribillos y la calidad de sus canciones, que hay que rendirse ante la evidencia. Y ésa es que estamos posiblemente ante el compositor más aventajado del rock nacional. ¿Logrará escapar del incómodo estatus del “secreto mejor guardado”?

Confiemos en que sí, porque Barría tiene la muy notable capacidad de torcer los acordes tradicionales y aun así construir canciones que se pueden escuchar una y otra vez. De ésas que cuando se interpretan en vivo te pegan fuerte.

Compositor wi-fi. Criado por los Beatles, las grabaciones radiales nocturnas y el aprendizaje guitarrero de Led Zeppelin, un Barría adolescente cayó rendido ante la intensidad de Los Tres a mediados de los ’90. Como muchos, se instalaba cerca de Ángel Parra para comprobar su técnica y los pedales que usaba. Después estudió música en la Universidad de Chile y aunque descubrió las canciones brasileñas (tiene una banda paralela llamada Os Desafinados) también le aburrió el academicismo. “Se miraba la música popular en menos, simplemente porque es un género joven”.

Finalmente decidió que todos sus ingresos vendrían de la música. Se transformó en un compositor wi-fi. Pero se conecta a Internet sólo para hacer mejores canciones. Sorprende su productividad (el 2006 editó los discos Piola y El ciclista, el 2005, Limpio y Desayuno eléctrico). Y acá está, entre colaboraciones (ha tocado con Mariel y Alüzinati), decenas de canciones y contactos con Argentina. Barría quiere llegar lejos. O mejor aun, que sus canciones lleguen lejos.

-Tus canciones tienen mucho de ese rock de autor que gusta tanto en Argentina y que curiosamente acá no pega tanto. ¿Qué tal estuvo?
-Sí. Regresé a Chile muy potenciado, aunque igual me deprimí un poco. Acá no hay tanta vida en las calles y a uno le dan ganas de regresar allá. Toqué en El Noavestruz y El Nacional de San Telmo. Son locales donde se presentan muchos compositores como Antonio Birabent y Daniel Melero. Me contacté vía MySpace, tomé un bus y toqué. ¡Es mi primer viaje de trabajo a Buenos Aires! Ahora planeo regresar a fin de año.

-Tu haces dos discos por año, ¿todo en solitario?
-Siempre. Lo hago en un PC de 256 ram. Esa falta de memoria para algunos es un crimen. Pero es un buen entrenamiento. Antes grababa apenas hacía la canción. Ahora voy desarrollándola en vivo. Cuando dejé de usar el formato de banda adopté este estilo de trabajo. Así, a medida que se toca se perfecciona y se termina armando. A mí no me gusta repetir lo mismo en vivo, la idea es que se reversione.

-Como Dylan, aunque no todos lo entendieron así.
-Es verdad. Pero transformar las canciones en vivo le permite disfrutar y seguir vivo. Es una lata cuando las bandas tocan igual que en el disco.

-¿Qué pasa que hay tan poca canción de autor rockera a diferencia de Argentina?
-Yo tengo una teoría que no está comprobada. La mayoría de las bandas de acá, hacen canciones con la idea de “pegar”. Entonces, hacen una música para que el público rockee y tararean encima, convirtiendo a la letra en una especie de guitarra secundaria que faltó por grabar. Evidentemente hay que huir de eso.

Confiar en el oficio. Próximamente Barría editará su primer disco bajo un sello. Se trata de La edad de las moscas, que recuperará diez nuevas versiones de su extenso repertorio. “Están grabadas como las interpreto actualmente en vivo”, dice, reconociendo que ha pasado bastante tiempo y ya se puede hablar de “obra”. Será bajo el naciente sello Infanta Terrible. Mientras tanto se pueden escuchar sus canciones en el MySpace. La pulsión rocker contenida en “Morir ahí” o “Abandono” o la melancolía bossa de “Guía triste” (“voy buscando una ruta invisible / que me lleve a casa / y rompa el maleficio (…) la búsqueda será infinita”), se explicitan en “Wild horses” la célebre balada country de los Rolling Stones. Ahí confluyen todas las influencias actuales de Barría. “Es una buena canción. Sí, algo sabía que mucho del mérito es de Gram Parsons amigo de los Stones”.

-Hay bandas que suenan increíbles pero sus integrantes tienen 30 años y nadie los celebra porque “es lo que deben hacer”. Si tuvieran 20 los alabarían. ¿Qué ocurre si todo sale mal, finalmente? ¿Has pensado en eso?
-Entiendo a lo que vas. Lo que pasa es que yo confío en mi talento y mi oficio. Los años tocando y aprendiendo van dándote confianza. Y lo que hago no se va a detener. ¿Sabes? Si me va mal seguiré haciendo música. Siempre. No sé, terminaré haciendo clases en los colegios por último.

Biografía en musicapopular.cl
www.myspace.com/javierbarria

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No country for old Bob

Archivo Periodístico,Perfiles 3 April 2008 | 0 Comments

Desde su juventud, Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Una piedra rodante que desde mediados de los 80s se mantiene en gira constante con su Neverending Tour, el que lo trae por segunda vez a Chile. Más que la leyenda que nunca quiso ser, a Dylan le gusta verse como un recopilador de las raíces estadounidenses. Porque para él, el pasado es el lugar donde habitan todas las respuestas. Aunque éstas claro, estén siempre flotando en el viento.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 3 de abril 2008.

UN LUGAR PARA LOS VIEJOS

Botas negras, fino bigotillo y sombrero. El Bob Dylan que se encerró a grabar Modern Times (06) parecía un viajero de otro tiempo, decidido a enfrentar el presente con las siempre vitales raíces del pasado. Un viejo bluesman/cowboy de regreso a un lugar donde no hay espacio para la épica ni la moral de antaño, algo así como el sheriff de No Country for Old Men,la última gran cinta de los hermanos Coen.

Pero en lugar de verse indefenso y derrotado por los “cambios de los tiempos” como el personaje de la película, Dylan volvía bien armado, con una Fender Stratocaster colgando del cinto y frases como “dices que mi mejor momento pasó/ a ver qué me puedes enseñar tú/ seguro que lo pasaremos bien en eso” (“Spirit on the water”). Un discazo lleno de impresionantes blues eléctricos, rockabillys y baladas country-folk

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El lanzamiento de Modern Times volvió otra vez hype al viejo Bob. Y su revalorización en la cultura pop resultó inminente. Pero más que sentirse cómodo, Dylan decidió restarle importancia al asunto. Más sabe el viejo por viejo. Para Dylan la gente ya era una batalla perdida desde 1966, cuando un espectador lo trató de “Judas” por haber abandonado la “canción de protesta” y enchufado sus guitarras. “¡No te creo! Eres un mentiroso”, fue su hastiada respuesta.

Dylan ya había pasado por otras oleadas de admiración y “olvido”. Durante el punk Patti Smith quedó en éxtasis cuando logró conocerlo, en la era ochentera Michael Jackson lo invitó a cantar “We Are The World“, y en los 90s vivió todo un “revival” cuando estuvo a punto de morir.

Tras ser dado de alta de una gravísima enfermedad cardiorespiratoria, en 1997 sacó el extraordinario Time Out Mind, desempolvó la grabación del mítico show en Manchester donde responde los insultos de un desencantado fan (Live 1966), se ganó un Oscar y tocó frente al Papa.Porque Dylan es un tipo religioso que ya había sacado a fines de los 70s una trilogía cristiana, y que ante las críticas declaró: “Cuando creo en algo no me importa lo que los demás piensen. Se ríen porque adoro al Señor pero ¿y ustedes qué hacen con Kiss?”.

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Luego del Modern Times los homenajes llegaron como una avalancha. Scorsese anunció su documental No Direction Home (05), una editorial le ofrece escribir su autobiografía -“Crónicas. Volumen Uno” (05)-, “Like a Rolling Stone” es elegida la mejor canción de la historia por la, ejem, Rolling Stone, terminan de reeditarse sus discos clásicos y hasta aparece en un spot de Victoria Secrety acepta salir en un capítulo de Dharma & Greg,algo muy extraño para un tipo tan arisco como él.

Con el estreno de la película I`m Not There y su gran banda sonora -cargada al indie-, la “Dylanmanía” parece tan infinita como la afamada Neverending Tour, una gira que desde mediados de los ochentas jamás se ha detenido y que ya lo trajo por primera vez a Chile el 98, y lo vuelve a hacer este 11 de marzo. Acá las razones para no perdértelo.

VAQUERO ELÉCTRICO

Desde su juventud Bob Dylan ha sido un cantautor con alma de viejo. Antes de la electricidad, los hoteles cinco estrellas y ser ungido como una voz de su generación, sólo fue un tipo desconocido que llegó a Nueva York a los 19 años, sin conocer a nadie y con 20 grados bajo cero.

Lo primero que hizo fue visitar en el hospital al héroe folk Woody Guthriepara mostrarle sus canciones. Lo segundo fue encerrarse en las bibliotecas buscando partituras viejas, textos del siglo 18 y letras de canciones tradicionales. Sólo así estuvo seguro que su camino era el correcto.

“Era mejor que el resto de los cantantes de cafés. (Mi repertorio) consistía en auténticas canciones folk, sin concesiones, con la base de un rasgueo incesante y estridente. O acababa ahuyentándolos o despertaba en ellos una curiosidad que los impulsaba a acercarse más aun para ver de qué iba ese rollo. No había punto medio”, escribió en sus celebradas Crónicas(05)

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Sus canciones tenían la pólvora de un predicador callejero y la mirada casi sobrenatural de un tipo que entendía la condición humana a pesar de tener apenas 23 años, como si viniera de vuelta, enojado con un mundo más salvaje que el de las propias bestias. Nadie había tenido el descaro de cantar, tocar la armónica y rasguear tan rabiosamente como él. Y nadie tenía tanta dinamita en sus letras.

“Vengan padres y madres de todo el país/ y no critiquen lo que no entienden/ Sus hijos ya no están bajo su control/ Porque los tiempos están cambiando (…) La línea está trazada/ y la maldición lanzada”, canta en “The times there are a-changing”.) “Ustedes arrojaron el peor miedo/ que alguien pudo haber lanzado/ el miedo a traer niños al mundo”, dice en “Masters of war”.

Como bien resumió Bruce Springsteen “así como Elvis le dio cuerpo a la música popular, Dylan le puso neuronas”.

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El siguiente paso fue convertir esa música de raíz en pop. Entonces llegaron los Beatles. Y a ellos les llegó Dylan, en una de los encuentros más vitales de la historia del rock, celebrada en un hotel neoyorkino el año 64.

Más allá de las risas, la marihuana y la extraña imagen de Dylan contestando el teléfono de los Beatles, cortando y diciéndoles: “Esto es Beatlemanía”, como aparece en la Antología de los de Liverpool (acáuna recreación del histórico momento en dibujos animados).

La reunión hizo que Lennon, McCartney y compañía, no sólo comenzaran a fumar pitos, sino que le pusieran atención a las letras. Y que Dylan, por su parte, hiciera más pesado y eléctrico su ya áspero folk-blues, formando su primera banda. Para ello contrató a los canadienses The Hawks, más tarde conocidos como The Band.

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Luego del encuentro Dylan grabó Bringing It All Back Home (1965), un álbum fundamental cuyo concepto era traer de vuelta todo el blues, r&b, rockabilly, country y folk que los ingleses habían utilizado para invadir USA con los Beatles, Rolling Stones y The Who.

Junto a ello, sus letras dejan de ser directas -”Johnny está en el subterráneo/mezclando la medicina/ yo estoy en el pavimento/ pensando en el gobierno.. No sigas a los líderes/ Mejor mira los parquímetros” canta en “Subterranean homesick blues”- y su sonido se carga de “violencia”, en paralelo a los disturbios políticos y raciales de la época, conflictos que en el fondo no han cambiado demasiado.

Quizás por eso el mundo sigue hablando de sus canciones. Quizás por ello siempre habrá un lugar para el viejo Bob. A continuación el video de un clásico. Ojo con Allen Ginsberg a la izquierda.

Dylan odia que le digan “leyenda”. ¿Cuanto duró su época pop de lentes oscuros y conferencias de prensa? Dos años: 1965-1966, la época de la famosa escena de Dylan y Lennon borrachos en una limusina paseando por Londres y hablando de Johnny Cash, que puedes ver acá.

Luego de sufrir un accidente en moto el 66, se cambió de look, abandonó varios shows y empezó a grabar discos country como John Wesley Harding (1967) o con aires hispanos como Desire (1976), que desconcertaron aún más a su público. Así comenzaba a dejar el rock&roll para volcarse a las raíces que lo alimentan. Por eso Dylan prefiere verse a sí mismo como un recopilador de las raíces musicales estadounidenses, un arqueólogo de sonidos que marcó a fuego la década de los 60s, más que como un rockero.

Él prefirió contar historias rurales, retorcidos relatos de pueblerinos que llegan a la Gran Ciudad y armar el Rolling Thunder Review, un festival donde músicos y poetas vestidos como en el siglo 19 viajaban en tren por la “América profunda” tocando sin previo aviso, en lugar de quedarse rompiendo hoteles.

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Posiblemente muchos de los que vieron el documental de Scorsese y se fascinaron con su interpretación de Like a Rolling Stonequedarán desconcertados al ver al Dylan modelo 2008, vestido como si se hubiese fugado de un western y con un sonido cargado al órgano Hammond y las guitarras espesas. Dicen que adivinar que clásico está tocando no es fácil. Y eso que para Sudamérica Dylan prepara sets repletos de temas históricos.

Aunque buceando en lo mejor del pasado, Dylan no vive anclado a él: sabe que la única forma de no matar sus éxitos es reviviéndolos cada noche, volviéndolos a armar con el personalísimo sonido folk-blues que logró en esta última década. El cowboy eléctrico no se detiene

Bob Dylan toca este martes 11 de marzo en el Arena Santiago (interior del Parque O’Higgins). Entradas entre $16.500 y $126.000 a la venta acá.

A continuación, discos fundamentales y homenajes para adentrarse en la Dylanmanía.

DISCOS ESENCIALES:

The Freewheelin’ Bob Dylan (1963):

Una portada tan clásica como su sonido de guitarra y armónica. Una colección de himnos como “Blowin`in the wind”, “Masters of war”, “A hard rain are a-gonna fall”, todos tan certeros como impresionantes. Acá Dylan se volvió icono generacional.

Acáun video de la época para “Blowin’ in the wind”.

Highway 61 Revisited (1965):

La música de raiz (folk, country, blues) Dylan la hace pop, eléctrica e indomable. Abre con el clásico “Like a Rolling Stone” y después de un huracán de riffs y letras de amor/odio cierra con la surrealista “Desolation Row” donde T.S Elliot, el Fantasma de la Ópera y la Cenicienta comparten una fiesta alucinada que termina mal.

Acáun video de la época para “Like a Rolling Stone

Blonde on Blonde (1966):

Su obra maestra. Disco doble grabado con músicos de Memphis, que expande las búsquedas musicales de Dylan (hay desde himnos del ejército de salvación hasta pop chicle) y sus líricas extraordinarias. Ejemplo de ello es “Visions of Johanna“, donde su protagonista en pleno insomnio se debate entre dos misteriosas mujeres. El rock como forma de arte.

Acáun video de la época para “Visions of Johanna“.

Blood on the tracks (1975):

Dylan jamás había escrito sobre su vida personal tan directamente. Para muchos es su mejor disco, uno que inaugura una especie de súb genero, el “álbum divorcio” (el Sea Change, 2002, de Beck sería un ejemplo moderno) donde narra el fin de una relación de pareja con toda la melancolía, el arrepentimiento y el odio que conlleva el proceso. En “Idiot Wind” dice “eres una idiota nena/ me sorprende que aun sepas cómo se respira”.

Acáun video de la época para “”Idiot Wind“.

Live 1966 (1998):

La oficialización de la grabación de un show en Manchester donde tras su soberbio set acústico enchufó la guitarra, por lo que un fan lo trató de “Judas”. Dylan arremete con, tal vez, la más rabiosa version de Like a Rolling Stone de todos los tiempos. El momento en que por primera vez en la historia, un artista pop se atrevía a tratar de idiota a su público. El mejor punto de partida para conocer musicalmente al cowboy eléctrico.

DYLANMANÍA:

No Direction Home (2005) de Scorsese es quizás la mejor forma para introducirse en el planeta Bob Dylan. Su educación sentimental formada por los viejos discos de country, blues y folk hasta su estrellato pop de mediados de los 60s están narrados acá por testigos, excelente material de archivo y él mismo. Lo encuentras en cualquier videoclub.

Crónicas. Volumen uno” (2005), es su autobiografía centrada en la misma etapa y narrada con el mismo estilo que hablan los cowboys en las películas: áspero, preciso y rico en historias. Lo encuentras en librerías a $8.500.

El recién editado dvd “The Other side of the mirror” compila sus presentaciones en Newport, el festival de “folk abc1″ preferido por los snobs, beatniks y chicos universitarios gringos de la época, donde Dylan tocó por tres años seguidos (63-65), el primer lugar donde lo pifiaron por usar guitarra eléctrica. Precio de referencia $14.000.

Otra buena opción es “Dylan” disco que recopila todos sus singles desde “Blowin’in the wind” hasta la ganadora de Oscar “Things have changed” ($9.900).

También se reeditó en formato dvd el documental “Don`t Look Back” de D.A. Pennebacker donde cámara en mano se registra su gira acústica de 1965.

Im not there” de Todd Haynes por otra parte, es una película que ficciona la biografía de Dylan, donde destaca la actuación de Cate Blanchett haciendo de un anfetaminado Bob modelo 1966. Su doble banda sonora incluye covers de Eddie Vedder, Sonic Youth, Yo La Tengo, Calexico y Cat Power. Estos últimos hay que encargarlos ya que no están editados en Chile.

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Observatorio El Elke: el universo en el patio de la casa.

Archivo Periodístico,Entrevistas,Perfiles 18 March 2008 | 0 Comments

El Elke es el sueño de cualquier astrónomo y su heredero Paris Bustos lo sabe. Hijo de un célebre investigador, consiguió fondos y auspicios para terminar este delirio de la tecnología que además de acercar las galaxias a la comunidad de la Octava Región, le permite estar cerca del cielo, sin salir de su casa.

Por J. C. Ramírez Figueroa Figueroa para La Nación, 18 de marzo 2008.

En la carretera que une Concepción con Tomé, entre un montón de casas de madera, se divisa una cúpula blanca. Una sorprendente estructura futurista visible también para los camioneros de la autopista interportuaria Talcahuano-Penco o buses interregionales que deben pasar obligatoriamente por la cercana Chillán. Es el observatorio astronómico Elke, ubicado en la parte más alta de Villa Los Radales, en Penco, allí donde las calles tienen nombres de estrellas como Antares, Canopus o Sirio.

“Fue una iniciativa de Arnoldo, mi padre. Logró que la Municipalidad de Penco las bautizara con el nombre de las estrellas que están justo sobre nosotros”, explica Paris Bustos (28 años), su hijo y heredero del proyecto inaugurado en 1962.

En efecto, fue el fallecido Arnoldo Bustos, un astrónomo aficionado que llegó tan lejos como su objetos de estudio: diseñó y construyó el observatorio, se hizo célebre por sus talleres en la Universidad del Biobío o la Técnica Federico Santa María y fue un gestor cultural que,en la época del cometa Halley en los ochenta, tenía hasta una tribuna en la televisión regional. “Todo lo aprendí de él. Cuando niño me empezaba a hablar de las estrellas, el espacio, las constelaciones. Me llevaba a sus charlas para apoyarlo con la información que me enseñaba”, explica Paris con nostalgia.

Éste no sólo heredó este delirio llamado Elke, sino que también la fuerza de la porfía. Más que sorprender por los cientos de proyectos en que participa, lo notable es que los gana. Precisamente el Fondart, la Municipalidad de Penco y el Observatorio Europeo Austral (ESO) permiten que el observatorio esté equipado y en perfecto funcionamiento.

ODISEA EN EL ESPACIO. Paris se ríe, pero literalmente es capaz de llegar al cielo sin salir de su casa. “A veces me quedo toda la noche escudriñando las galaxias con el telescopio”, explica. En lugar de la calma de los observatorios gigantes del norte del país, acá se escuchan micros, ladridos de perros y a veces hasta reggaeton proveniente de las fiestas de barrio. Pero a él no le importa mucho.

Este verano realizó, como cada año, “La Semana del cielo”, un apasionante inicio de temporada que logra juntar a los niños, pobladores de las villas cercanas y a los astrónomos profesionales de la zona. En el primer piso hay un escenario para las charlas donde se explica el origen del cosmos, los eclipses o cómo a partir de una fotografía se puede estudiar la composición de una estrella. En el segundo está el telescopio principal, además de otros secundarios, una máquina para tomar fotos y computador. “Es una de las cosas novedosas que hay en la comuna. No creo que haya otro abierto al público, ya que generalmente pertenecen al ámbito de las universidades. Vivo cerca y hace un año que lo voy a ayudar. Incluso Paris me ha enseñado a manejar los telescopios. Es infatigable, pero siento que necesita más apoyo. “, dice Roberto Villanueva (31 años).

En la municipalidad, en tanto, aplauden a Paris. “No en todos lados tenemos la posibilidad de contar con un observatorio “a la mano” como ocurre con el Elke. Es importantísimo para la comunidad y para la enseñanza. La mayoría de los colegios lo visitan. Además turísticamente es importante. La gente que viene en el verano pregunta por él para visitarlo. Por eso lo apoyamos”, dicen en la municipalidad.

UN LUJO PARA LA COMUNA. Tanta actividad tiene a Paris tranquilo, aunque algo tenso. Quiere dedicarse a la astronomía profesionalmente (ha estudiado otras carreras) y está reuniendo dinero para eso. Mientras tanto, construye telescopios a pedido, dicta clases en colegios y centros turísticos y continúa administrando el sueño de su padre.

“Somos hijos de una estrella que dejó su reflejo sobre nosotros, moviéndonos hacia lo desconocido. Tenemos que ser partícipes de nuestro pasado y viajar hacia el conocimiento de las estrellas”, dice Paris.

Paris Bustos, el responsable.

Este joven penquista tiene un observatorio en el patio de su casa. Y aparte de hacer telescopios e investigar la formación del universo, tiene un proyecto electrónico con Yogui Alvarado (Emociones Clandestinas) ¿Un genio? Mejor que eso: un tipo dando tumbos que duerme mirando las estrellas.

Por Juan Carlos Figueroa para La Nación Domingo, 24 de septiembre 2006,

Cuando explico que tengo un observatorio astronómico en el patio de mi casa, la gente me mira de arriba hacia abajo y no me cree. Es cosa de tomar una micro a Penco y bajarse en la villa Los Rodales. Distinguirás la cúpula blanca entre los techos y antenas. Arnoldo Bustos, mi papá, era un astrónomo autodidacta. De aquellos tipos desesperados por saber qué había sobre su cabeza. Con el primer sueldo en la refinería de azúcar CRAV donde trabajaba, compró un telescopio. No le costó conseguir financiamiento para su proyecto estrella, el Centro Astronómico Elque, inaugurado en 1962. Para mí, era un genio: hacía clases en la Universidad del Biobío, la Técnica Federico Santa María y Diego Portales, organizaba talleres en la comuna y tenía un espacio en la televisión. Sufrí mucho cuando falleció de un infarto el año 2000. En verdad, fue una mierda todo, pero entendí lo que significa ser el heredero de esto. Y me gusta.

Donde vivo, las calles tienen el nombre de la estrella que pasa por encima de ellas: Canopus, Antares, Sirio. Yo vivo en Alfa Centauro. Fue otra idea de mi papá. Tenía seis años cuando pasó el cometa Halley y los vecinos estaban vueltos locos acá y él les enseñaba feliz de la vida. A mí me interesaba el fútbol solamente. Recién a los 11 años, con un eclipse que vi -por la tele, más encima-, algo hizo click. Era como encontrar un pasadizo secreto en tu pieza y perderte allá adentro.

AISLADO. En el colegio no me pescaban mucho. O sea, hablaba de astronomía y mis profesores me hacían callar. Nunca me entendieron. Creían que yo estaba rayado o algo así. Es que no sabía quedarme callado. Lo que me salvaba eran los congresos de astronomía en los que me inscribía. Era genial para un adolescente penquista viajar, recorrer los observatorios grandes, como La Silla o El Tololo, y compartir con gente de mi edad que estaba en la misma. Ahí uno se siente acompañado. Mi viejo realmente me tomó en serio, cuando lo acompañé a una reunión con el director del Observatorio Europeo Austral.

“Paris, estoy orgulloso de ti. De verdad”. Eso me dijo en el bus de vuelta. Ahí sí que se me infló el pecho. Y créeme que no es normal que alguien de 17 años se demore menos de diez segundos en tener el objeto listo en el telescopio, de saberse la ubicación de cinco mil estrellas y que realmente pueda disertar de corrido las teorías sobre el origen de la galaxia o la composición de ella. Sentí una especie de vértigo. Me llegaba a dar miedo.

ADIÓS, PLUTÓN. Ahora yo soy responsable de este observatorio. El 2001 logré sacar adelante un proyecto Fondart y lo remodelamos. Ahora tiene una sala de conferencias, además de nueva implementación. Cinco telescopios, una cámara para fotografiar galaxias, un computador, biblioteca, sala de clases y una oficina. A pesar de dictar charlas, hacer cursos en colegios o centros vacacionales como las Termas de Chillán, estudiar astronomía bajo un convenio con la Universidad de Lancashire de Inglaterra siento que no he logrado tanto. Yo quiero ser astrónomo, pero siempre hay algo que me impide lograrlo. No sé muy bien qué es.

En los veranos organizo la Semana del Cielo. Es bacán porque vienen todas las familias, incluyendo los cabros chicos, a ver las estrellas. Les muestro mi observatorio, les cuento anécdotas, les explico cómo es posible saber de qué está hecho el universo con sólo fotografiar una galaxia. También estoy con el Yogui Alvarado, de Emociones Clandestinas, en un proyecto llamado Cosmofonic. Él se dedica a hacer música electrónica y yo voy lanzándole imágenes de galaxias. En estos momentos estoy investigando las estrellas de tipo binario en contacto, se llaman estrellas variables cataclísmicas. Puedo estudiar su evolución y compartimiento solamente por los cambios en su luminosidad. También construyo telescopios a pedido.

¿Plutón? Ya pasó a la historia. Ahora es un planeta menor, porque son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Es bueno saber eso, porque vamos precisando cómo se comporta nuestro sistema. Esa es la gracia de la ciencia: cambiar el curso de lo que se conoce. Antes, por ejemplo, se creía que el universo estaba fijo, ahora en expansión.

Me gusta mucho esta vida. Tal vez estoy loco, no sé. Lo único que quiero es que mi padre siga estando orgulloso de mí. Y bueno, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que yo duermo acá, en el observatorio. O sea, lo más cerca del cielo que se puede estar en Penco.

En acción

Observatorio Elque. Centauro 13, Villa Los Radales, Penco. VIII Región. Concertar visitas: (41) 245 84 37.

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Jane Birkin: la mujer de los gemidos

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música 13 March 2008 | 0 Comments

Jane Birkin actuará este sábado en el Teatro Oriente, pero ojo, que no se ha quedado en el pasado, y tras colaborar con gente como Beth Orton, Franz Ferdinand y Manu Chau está tan potenciada como con sus amigos mods que protagonizaron Blow Up, cinta que con su polémico desnudo, la llevó a la fama.


Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 13 de marzo 2008.

Paul Weller, lider de The Jam y héroe del pop inglés, decía que bastaba ver una foto de los Beatles para entender los ’60. Que la ropa, peinado y sobretodo actitud podían sintetizar perfectamente el espíritu de una época. Lo mismo podría aplicarse a Jane Birkin, cantante inglesa pero residente en Francia que se presenta el 15 de marzo a las 21:00 en el Teatro Oriente de Providencia.

Minifalda, flequillo “modette” y una mirada de estar sumergida para siempre en 1968. El “año eje” para la contracultura del siglo pasado, donde en París “mayo duró doce meses”, en Inglaterra se disfrutaba de la colorida explosión del “Swinging London” y en California se vivía el “Verano del amor”.

“Una revolución sociocultural” -define Birkin dede París y luego, como el juego de asociaciones que hacen los que vivieron fuerte una época, comienza a enumerar: “Minifaldas baratas, Michael Caine, Twiggy, los Rolling Stones, los Beatles… claro que sería genial tener una máquina del tiempo y volver allá”, responde entusiasmada.

La influencia Birkin. Desde Bryan Ferry a Dominique A, desde Manu Chau a Jarvis Cocker (quien tocará la misma noche), todos los músicos que han colaborado con ella en Rendez vous (2004) y Fictions (2006), saben que ella es un ícono, aunque ella no responde cuando se le pregunta por qué. Al parecer Birkin jamás ha dejado de estar “demodé”, tal como sus amigos londinenses de los ’60. Intensa, elegante y pop, sus últimos discos son una extensión de su mito.

Y que además, como si fuera un inmenso plus, los músicos más jóvenes como los mismos Franz Ferdinand la miran desde abajo, porque saben que estuvo más que cercana a Serge Gainsbourg, el renovador de la chanson. Basta verla, con su legendaria blusa transparente, caminando de la mano con Gainsbourg. O gimiendo en el hit del año siguiente: “Je t’aime, moi non plus”. Un bombazo de pop beat que por primera vez explicitaba el acto sexual en una canción. La primera versión fue grabada y censurada por la misma Brigitte Bardot, y ahí apareció Jane Birkin, quien ya se había hecho famosa por su topless en la película “Blow Up” (1966) de Antonioni, donde también aparecían The Yardbirds con el gran Jeff Beck rompiendo su guitarra a lo Townsend o a lo Hendrix.

-¿Sabía que el tema fue un suceso en Sudamérica? ¿Escuchó la versión que grabó el popular puertoriqueño Chayanne (Extasis, 1992)?
-¡No lo sabía! Me gustaría escuchar esa versión. Hay más de cien versiones registradas, incluyendo dúos de chicas japonesas, hip-hop y especialmente la de André Bourvil y Jacqueline Maillán grabada 1970 (parodia de la canción) donde participamos Serge y yo también.

-¿Y valdría la pena construir una máquina del tiempo y retornar a los ’60 a la época del “Swinging London”?
-¡Yo me apuntaría! Siento orgullo, tal como Serge, por los ’60. Creo que jamás me he ido de allí. Pienso en la revolución sociocultural que dejó, las minifaldas baratas, los muchachos “cockneys” (de los barrios bajos británicos) o las fotos de David Bailey (quien introdujo el término “Swinging London” y fue la inspiración del protagonista de “Blow Up”). También en que las guapas eran Jean Schrimpton y Twiggy, cuando la moda dejó de ser para las damas elegantes. Pienso en John Barry (compositor de bandas sonoras), Michael Caine, Terence Stamp, los Stones. Pero antes que todo, la alegría Beatle. Los ingleses de los ’60 eramos los “top of the world”. Por eso Antonioni eligió retratar esta ciudad en “Blow Up”, porque eramos “demodé”. Incluyendo el tocino que comíamos, ja ja.

-La canción popular actual ha perdido todas las grandes orquestaciones de los ’60. ¿Cree que hay que regresar a ello o es simplemente la evolución?
-No debe regresar. Todo evoluciona simplemente. Integrar las tendencias celtas, romanescas, multiculturales y moverse a través de ellas. Por eso Internet y los nuevos sistemas de grabación son geniales. Todo el mundo graba sus propios discos. Eso es más interesante.

-¿Qué le parece el trabajo de su hija Charlotte? Últimamente la vimos encarnado a Sarah, la esposa de Bob Dylan en la película “I’m not there” (2007).
-
Pienso que es lo más “verdadero” de la película. Ejemplar, justa, como siempre. Para mí es la actriz más “rara” de su tiempo. Desde los doce años se me hizo evidente. Su Jane Eyre (1996) de Zeffirelli, era un milagro de calma, y de emoción contenida que en 21 gramos (2003) se fue perfeccionado. La ciencia del sueño (2006) me parece genial. Yo no soy tan actriz como ella.

-En una entrevista reciente usted dice: “Gainsbourg, siempre estará conmigo”. ¿Cree que ustedes fueron la pareja que renovó la canción francesa?
-Él sí y para siempre. Es una referencia constante y yo trato de manatenerla, aunque no es fácil. Si me llaman para un concierto en Sao Paulo, por ejemplo, es porque canté “Je t’aime” con él. Tengo mucho que agradecerle. Entonces, si estoy aquí es porque Serge está conmigo. ¡Y él lo sabía!

-¿Qué vamos a ver de usted esta en Chile?
-¡Encuentro increíble que yo les pueda interesar! Haré todo, para que ustedes no salgan desilusionados. ¡Gracias por venir a verme!

Sexo Pop

Desde Elvis, las canciones que sonaban en la radio jamás aludieron al sexo. Pero con los gemidos de Jane Birkin, en este clásico compuesto por el gran Gainsbourg, pasamos de los dichos a los hechos. Ojo, que esta chica, ícono de los sesenta, nos visita el 15 de marzo.

“Si hubiera sexo de verdad, habríamos grabado un disco doble”. Así justificaba Serge Gainsbourg, el feo más deseado en la historia del pop, el revuelo provocado por los gemidos, textos explícitos y más gemidos de “Je t’aime… mai non plus” (1969).

Aunque fue popularizada junto a Jane Birkin (ver recuadro), la primera versión fue grabada un año antes, cuando el verano del amor, literalmente, acababa.

En un sudoroso estudio de sonido, Gainsbourg y Brigitte Bardot grababan el disco de pop sicodélico “Bonnie and Clyde”.

El compositor francés estaba obsesionado con grabar la “canción de amor definitiva” y convenció al símbolo sexual que gimiera simulando un orgasmo sostenido. El ritmo funk que marcaba la batería y órgano Hammond sólo hacía más accesible el intenso diálogo.

Ella dice que lo ama, él responde jugando con las palabras “yo tampoco”/”a más no poder”. Luego, se entregan a un jadeo que deja bien claro que la controvertida relación entre el amor sentimental de una mujer y el corporal de un hombre, reflejado en la letra, terminan en el mismo lugar.

La grabación incomodó a la Bardot, que al parecer sólo se dejó llevar, y solicitó no divulgarla. Es probable que fuese ante los comprensibles celos que provocaría en su marido, Gunter Sachs, millonario fotógrafo y amigo de Dali y Andy Warhol. También porque podría afectar su imagen, según ella.

La grabación recién se reeditó en los ochenta, hasta hacerse masiva en “Best of BB” (1996). Gainsbourg, enojado, encontró en Birkin, quien ya se había desnudado en “Blow Up”, de Antonioni, a la muchacha perfecta. En lugar de sonar experimentada como Bardot, Birkin delgada y de flequillo sonaba como una Lolita de Nabokov jugando a lo que aún no sabe.

“Je t’aime… mai non plus” se convirtió en un hito y motivo de debate tanto en El Vaticano como en la España franquista. Jamás una relación sexual había sido hecha single.

Después vinieron versiones lamentables como la de Chayanne con Natalie (Éxtasis, 1992), perversas (Brian Molko-Asia Argento, 2003) y curiosas (Cat Power-Karen Elson, para el tributo a Gainsbourg preparado por la revista “Inrockuptibles” el 2006). Lo importante es que desde acá el sexo y no sus insinuaciones se vuelve pop y aparece en las canciones que escuchamos en la radio.

MÓJATE LAS OREJAS. El sexo en las canciones pop puede entenderse como la biografía erótica del “público joven y adolescente”. Hoy cuesta imaginar que este lucrativo target surgió debido a la explosiva tasa de natalidad (baby boom) durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior Estado de bienestar propicio para el consumo.

Antes pasabas de niño a adulto y ahora surgía esta etapa intermedia, donde sorpresivamente había tiempo para explorarse mutuamente en lugar de casarse y envejecer juntos. Tampoco existía la música pop como género. Elvis Presley y Cía. eran animales en celo civilizados por el baile; Los Beatles y Los Stones cristalizaban las contradicciones de cualquier aproximación, debatiéndose entre “tomar la mano” o “pasar la noche juntos”: “I wan’t to hold yout hand” y “Let’s spend the night together”, respectivamente.

“Je t’aime ” sería el puente hacia la locura de la música disco, donde el acto se explicita en los gemidos de Donna Summer, Barry White e incluso nuestras Frecuencia Mod con “Duele, duele”. Los brutales gemidos del controvertido clásico house “French Kiss” (1989), de Li’L Louis, eran sexo maquinal y con la protección que permiten las máquinas y las baterías programadas.

BIRKIN VIENE DE VUELTA. El show de Birkin (62 años) está programado para el 15 de marzo en el Teatro Oriente (Pedro de Valdivia Norte 099) a las  21:00 horas. Entradas entre $ 20.000 y $ 25.000. La chica, aparte de ser un ícono de los sesenta casi como Bob Dylan, ha generado el interés de gente como Manu Chau, Beth Gibbons (Portishead) o Bryan Ferry, que participaron en el álbum de duetos “Rendez-Vous” (2004).

En “Fictions” (2006), disco que vienen a presentar, aparte de las versiones de Tom Waits o Neil Young, siguen colaborando músicos como Johnny Marr (el extraordinario guitarrista de Los Smiths), Neil Hannon, de Divine Comedy, el compositor neoyorquino Rufus Wainwright y Dominique A, que también estuvo en Chile a principios de año.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 9 de marzo 2008.

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Ringo Starr: el señor de los anillos

Archivo Periodístico,Perfiles 20 January 2008 | 0 Comments

Ringo Starr a pesar de ser el Beatle más querido en Estados Unidos, siempre se sintió inseguro por no hacer solos de batería. Los odiaba, porque sabía que su instrumento debía estar al servicio de las canciones. Después de mucho tiempo haciendo covers con su All Starr Band, regresa con un nuevo disco y con el convencimiento de que el mundo no es capaz de imaginar a Los Beatles sin él.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 20 de enero 2008.

Ringo fue el primero en renunciar a ser un Beatle. Eran las sesiones del “Album Blanco” (1968) y acababa de grabar las baterías de “Helter Skelter”, la canción más bestial jamás compuesta por los Beatles. Una caótica reacción de Paul McCartney ante declaraciones de Pete Townshend sobre lo supuestamente “heavy” y “desmadrado” que sería el nuevo single de los Who. La tercera y penúltima toma de la canción -cuyo título alude a un tobogán en espiral, popular en Inglaterra- duraba 27 minutos. Fue la más larga de toda la historia del cuarteto. Tan estresado estaba el baterista que en la versión que salió en el disco, entre cambios de volumen y guitarras recargadas, quedó registrada su frase: “I’ve got blisters on my fingers!” (“¡tengo ampollas en los dedos!”).

“Me marché por dos razones: pensé que no tocaba bien, y que los otros tres se sentían felices y unidos y yo no encajaba en el grupo” confesó Ringo en “Anthology” (2000). Después fue a visitar personalmente a cada uno de sus compañeros para decirles que no se sentía querido. Tal como en esa profética escena de “A Hard Day`s Night” (1964) donde se siente tan podrido que va a perderse en una playa, mientras de fondo suena “This Boy” (en los créditos aparecía como “Ringo’s theme”)

El renunciado baterista -que firma sus cheques como Richard Starkey- viajó a la isla de Cerdeña y se dedicó a tomar sol y andar en barco. El capitán le explicaba que los pulpos recolectan piedras preciosas, latas y botellas para ponerlas frente a su cueva como un jardín. Al músico le fascinó la idea y compuso “Octopus Garden”. “En aquella época yo también deseaba vivir en el fondo del mar”, declaró.

Hasta que llegó un telegrama firmado por George, John y Paul: “Eres el mejor baterista de rock del mundo. Vuelve a casa, te queremos”. Cuarenta años después del episodio que, aunque produjo el rotundo “Abbey Road” (1969), no logró salvar a la banda, Ringo está aquí, allá y en todas partes gracias a “Liverpool 8″. Si bien no ha parado de colaborar y sacar otros discos, este es el primero en demasiado tiempo que logra hacer tanto ruido como su clásico álbum de covers “Sentimental Journey” (1970) o el “Time takes time” (1992). La pregunta es, ¿podrá el mundo alguna vez tomarlo tan en serio como cuando renunció a su banda?

Con sus dedos llenos de anillos (“rings”), su carisma y conocimiento del mundo del espectáculo, Ringo fue el primer baterista “mediático” del rock. Un inspirador de miles de vocaciones por los bombos y platillos que paradójicamente fue arrasado por la pirotecnia y los solos interminables que dominaron la escena desde Keith Moon (The Who) y Mitch Mitchell (Jimi Hendrix Experience) en adelante. De hecho no es un invitado regular a las listas de grandes bateristas del rock.

Un buen Beatle. Pero con una mano en el corazón: ¿es posible concebir un universo paralelo donde el baterista de Los Beatles no sea Ringo? Beatlemanía, shows de televisión, la polémica gira del 66, viajes a la India, tensión en el estudio, Ringo, firme con las baquetas lo soportó todo. Incluso que sea históricamente reducido al “Beatle divertido”.

Un tipo capaz de decir con una inocencia desconcertante que su único sueño con el dinero que estaba ganando sería montar una “cadena de peluquerías, esas donde van las señoras elegantes”. O también, de bajarse, mover la batería y tocar en esos rudimentarios recitales de estadio estadounidenses, donde debían ir girando para dar la cara a todo el público que los rodeaba.

Sin Ringo, las películas de los Beatles no tendrían gracia. No por casualidad era el más querido de los cuatro en Estados Unidos. Tampoco estarían esas ingeniosas frases-eslogan salidas de su boca como “A Hard Day’s Night” (traducida en España como “Que noche la de aquel día”) o “Tomorrow Never knows”. Lennon las llamó “ringoísmos”. Tampoco habría ni “Yellow Sumarine”, ni los temas uno de las caras b, ni covers de rock and roll como “Honey Don’t” (de Carl Perkins), delirios tipo “You Know my name” (última cara b de la banda) o “With a Little help from my friends”. Temas compuestos por Lennon-McCartney pensando en su voz. Especialmente este último donde eleva su voz al máximo gracias al paciente ensayo en los estudios de Abbey Road. Y claro, tampoco tendríamos la ultramarina “Octopus Garden” compuesta por él.

“Eres el mejor”. Antes de los Beatles, la batería en el rock era cuadrada y algo aburrida. Con Ringo el instrumento recuperó el mismo protagonismo que en el jazz. Primero con el característico sonido de los platillos siempre arriba en clásicos como “Can’t buy me love”, una necesidad sonora debido al alto volumen de gritos de chicas en los conciertos. Luego, con las precisas figuras que creaba con sus instrumentos desde “Ticket to ride” en adelante. En este creaba un “pattern” de batería tan clásico y original como un riff de guitarra. Esto se repetiría en “Come Together” y “Tomorrows Never Knows” que para muchos, marca la cima de la música pop, siendo rescatada durante el auge de la música electrónica de fines de los noventas.

Después de la separación, Ringo se dedicó a colaborar con los otros tres Beatles por separado (es que no podían vivir sin él), participar en algunas películas, sacar discos más por placer que por obligación y salir de gira con la All Starr Band y The Rounheads (con músicos como David Gilmour, Billy Preston o Quincy Jones). Y ojo, que sus discos no están nada mal: “Ringo” (1973), “Goodnight Viena” (1974), Vertical Man (1998) y Ringorama (2003) . Incluso sacó un disco navideño llamado “I Wanna Be Santa Claus” (1999). Y su sentido del humor y citas a su legendaria banda se agradecen, porque debe ser realmente complicado vivir con el peso de haber cambiado la historia de la música Pop.

Ringo odiaba los solos de batería, porque intuía que si el instrumento no está al servicio de la canción, nada puede resultar bien. Pero también sabía que esa actitud generaba ciertos comentarios en otros bateristas que creían que una buena técnica eran 30 minutos de redobles. “Sus mejores cualidades eran la intuición, su sensibilidad y la firmeza de su ritmo. Siempre digo que si puedes dejar a un baterista solo y darle la espalda eres un tipo con suerte. Bastaba con indicar a Ringo la canción que íbamos a tocar, que sonaba fantástico y un ritmo firme y sostenido a tus espaldas”, señala McCartney.

A juzgar por el revuelo provocado durante la presentación del nuevo disco, parece que al fin el gran público está poniéndose de acuerdo en lo último en que The Beatles estaban de acuerdo: qué buen batero es Ringo. ¿Y que dice él?: “No soy un batería técnico de esos que se pasan 9 horas practicando al día. Pero cree un estilo, que con el Ginger Baker es el válido para el rock moderno.”

Ocho razones para amar al cuarto Beatle

Liverpool 8 se llama el nuevo disco del batería. Más que un buen disco (que ciertamente lo es) es un recordatorio de sus virtudes, aunque las listas de grandes bateristas de rock sigan privilegiando los extensos solos a los redobles al servicio de la canción como los hacía él. Con una mano en el corazón: ¿es posible imaginar un mundo paralelo donde Ringo no sea el baterista de los Beatles? Ante las dudas, ocho certezas a favor del “Beatle divertido”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 22 de enero 2008.

Ringo odiaba los solos de batería, porque intuía que si el instrumento no estaba al servicio de la canción, nada podría resultar bien. Pero también sabía que esa actitud generaba ciertos comentarios en otros bateristas que creían que una buena técnica eran treinta minutos de redobles.

“Sus mejores cualidades eran la intuición, su sensibilidad y la firmeza de su ritmo. Siempre digo que si puedes dejar a un baterista solo y darle la espalda eres un tipo con suerte. Bastaba con indicar a Ringo la canción que íbamos a tocar, que siempre sonaba fantástico y un ritmo firme y sostenido a tus espaldas”, señala McCartney. Aquí otras apreciaciones, además de las de Paul, para recuperar la figura de Ringo.

1. En los duros días de Hamburgo, Ringo era respetado y temido por Lennon y compañía. “Yo seguía siendo un teddy boy (la version inglesa y dura de los rockers americanos) y hasta más tarde no descubrí que los otros me tenían un poco de miedo. Me lo dijo John: Nos infundías un poco de miedo, vestido como ibas a lo teddy boy, aficionado a la bebida y las canciones lentas”, recordaba Ringo en la autobiografía Beatle “Anthology” (2000).

2. Los Beatles lo eligieron. “La verdad es que empezamos a pensar que necesitábamos al mejor batería de Liverpool y, para nosotros, el mejor batería era un tipo, Ringo Starr, que se había cambiado el nombre antes que nosotros, que llevaba barba y que era adulto y del que se decía que tenía un zodíaco de Zafiros”, dijo McCartney. Así que antes de grabar su primer single “Love me do” a fines de 1962, expulsaron al desganado Pete Best y lo contrataron. A pesar de eso, debió conformarse con tocar el pandero durante la grabación.

3. El primer baterista estrella del rock. Aparte de sus anillos (“rings”, de ahí su pseudónimo), Ringo fue el primer baterista mediático de la historia del rock and roll. El responsable de cientos de vocaciones percutivas, a pesar de haber sido arrasado por la pirotecnia de los que vinieron inmediatamente después como Keith Moon (The Who), Mitch Mitchell (Jimi Hendrix Experience) y John Bonham (Led Zeppelín). Gracias al punk y postpunk su figura comenzó a ser recuperada. Ya era hora.

4. Puro estilo. Antes de los Beatles, la batería en el rock era cuadrada y algo aburrida. Con Ringo el instrumento recuperó el mismo protagonismo que tenía en el jazz. Aunque en lugar de solos, se trataba de patterns (patrones rítmicos), auténticos riffs (motivos musicales) creados con esa batería Ludwig que nunca abandonó. El estilo Ringo se puede rastrear en los platillos siempre arriba en clásicos como “Can’t buy me love”, una necesidad sonora debido al alto volumen de gritos de chicas en los conciertos. También, en las precisas figuras que creaba con sus instrumentos desde “Ticket to ride” hasta el funky de “Come together” pasando por “Tomorrows never knows”, una de las grandes cimas de la música pop, homenajeada por Noel Gallagher, Chemical Brothers e incluso Los Tres (en “Bolsa de mareo”). Pero sobretodo en los impresionantes redobles de “A day in the life”. Es que Ringo hace parecer fácil algo que definitivamente requiere maestría.

5. El Beatle más querido. Durante la Beatlemanía estadounidense (febrero 1964), el fab four más popular era Ringo. Los mismos Beatles le entregaban la canción uno del lado B en los discos o después lo honraron al componerle la significativa “With a little help from my friends” (donde le enseñaron a llegar a la nota final de la canción). Él, muy sereno, declaró luego que con el dinero ganado pensaba “abrir una peluquería de estas donde van las señoras elegantes”.

6. El primero en renunciar al grupo. No quiso ser más un Beatle. Eran las sesiones del The Beatles (el Álbum blanco, 1968) y acababa de grabar las baterías de “Helter skelter”, la canción más bestial jamás compuesta por los Beatles. Una caótica reacción de Paul McCartney ante declaraciones de Pete Townshend sobre lo supuestamente “heavy” y “desmadrado” que sería el nuevo single de los Who. Tan estresado estaba el baterista que en la versión que salió en el disco, entre cambios de volumen y guitarras recargadas, quedó registrada su frase: “I’ve got blisters on my fingers!” (“¡tengo ampollas en los dedos!”). “Me marché por dos razones: pensé que no tocaba bien y que los otros tres se sentían felices y unidos y yo no encajaba en el grupo”, confesó Ringo en “Anthology” (2000). Después fue a visitar personalmente a cada uno de sus compañeros para decirles que no se sentía querido. Tal como en esa profética escena del filme “A hard day’s night” (1964), donde se siente tan podrido que se arroja a la soledad de una playa, mientras de fondo suena “This boy” (que en los créditos aparecía como “Ringo’s theme”).

7. El jardín del pulpo. El renunciado baterista -que firma sus cheques como Richard Starkey- viajó a la isla de Cerdeña y se dedicó a tomar sol y andar en barco. El capitán le explicaba que los pulpos recolectan piedras preciosas, latas y botellas para ponerlas frente a su cueva como un jardín. Al músico le fascinó la idea y compuso “Octopus’s garden”. “En aquella época yo también deseaba vivir en el fondo del mar”, declaró. La canción es una de las mejores de Abbey Road (1969). Hasta que llegó un telegrama firmado por George, John y Paul: “Eres el mejor baterista de rock del mundo. Vuelve a casa, te queremos”. Cuarenta años después del episodio que, sin embargo, no logró salvar a la banda, Ringo está aquí, allá y en todas partes gracias a Liverpool 8. Si bien no ha parado de colaborar y sacar otros discos, este es el primero en demasiado tiempo que logra hacer tanto ruido como su clásico álbum de covers Sentimental journey (1970) o el Time takes time (1992). La pregunta es, ¿podrá el mundo alguna vez tomarlo tan en serio como cuando renunció a su banda?

8. Un showman. Después de la separación, Ringo se dedicó a colaborar con los otros tres Beatles por separado (es que no podían vivir sin él), participar en algunas películas, sacar discos más por placer que por obligación y salir de gira con la All Starr Band y The Rounheads (con músicos como David Gilmour, Billy Preston o Quincy Jones). Y ojo, que sus discos no están nada mal: Ringo (1973), Goodnight Vienna (1974), Vertical man (1998) y Ringorama (2003). Incluso sacó un disco navideño llamado I wanna be Santa Claus (1999). Y su sentido del humor y citas a su legendaria banda se agradecen, porque debe ser realmente complicado vivir con el peso de haber cambiado la historia de la música pop.

Ocho momentos de Ringo

1 Ticket To Ride (1965). La batería de Ringo crea un increíble clima que retrata perfecto la idea de Lennon: lo pesado y titubeante de una despedida que desemboca en una acelerada decisión.

2. What Goes On (1965). Ringo, como de costumbre, encabezando el lado b de los discos, sólo que esta vez con una canción compuesta por él. Un guiño country para el público estadounidense que lo había hecho su Beatle favorito.

3. Rain (1966). La cara “B” de “Paperback Writer”. La batería está grabada después que McCartney hizo el bajo. Todos saben la capacidad de Paul de construir catedrales de sonido; lo notable es cómo Ringo es capaz de unirse a estas líneas melódicas, especialmente en la pausa.

4. Yellow Submarine (1966). ¿Alguien imagina que esta canción pudiese ser cantada por otra persona?

5. With a Little Help From My Friends (1967). Literalmente: Los Beatles dedicándole una canción, donde superaría todos sus temores interpretativos.

6. Come Togheter (1969). Una batería imposible de replicar. Simplemente perfecta.

7. You Know My Name (Look up the number) (1970). Cierra el último single Beatle, cantando como el gran cantante de clubes nocturnos que fue.

8. Sentimental Journey (1970). Su primer disco solista, una colección de covers, que lo retrata como el perfecto showman que es.

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