Chary García por Sergio Marchi: “Está reconstruyendo su mito”

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación 17 December 2007 | 0 Comments

“No digas nada”, su actualizada biografía recién fue lanzada en Chile. Su autor, un periodista de rock que llegó a tocar con su banda, explica las tesis y estupideces del cantante, como tirarle un vaso a Björk.

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa para La Nación, 17 de diciembre 2007.

Sergio Marchi (44) es un periodista que parece fugado del film “Casi famosos”. A Charly García lo conoció en 1985, por casualidad, en la casa de Andrés Calamaro. Cruzaron palabras y chistes, para luego ir todos a un show de Fito Páez y Juan Carlos Baglietto. Más tarde resolvería esta insana relación prensa/rock cuando el mismo García lo invitara a las sesiones de “Parte de la religión”. El plan era hacer una entrevista para la radio Rock And Pop porteña.

“Interrumpió el ensayo por la mitad para la entrevista y él hizo la nota; tomó el grabador, indagó a sus músicos, les pidió que hicieran sonar algunos efectos para revelar trucos del show y además me ofreció que grabara directamente de la consola algunas cositas para que tuviera más material”, relata en “No digas nada” la biografía de Charly García (Sudamericana, 1997) cuya edición actualizada acaba de lanzarse en Chile.

De pronto, el baterista le dijo que iba a llamar a su novia y si quería podía reemplazarlo. Tras la aprobación de Charly agarró las baquetas y se embaló. “Charly parecía más sorprendido que yo”, dice, Tanto así que lo invitó a su gira, jornadas de ensayos y, claro, a acompañarlo en varios recitales. En algún momento hasta le diría: “Loco, ¡estuviste bárbaro! Desde ahora en adelante sólo voy a leer tus notas”.

NO SOY UN EXTRAÑO. “No es para tanto” -reconoce Marchi, quien actualmente hace clases de periodismo rock, tiene myspace y escribe para “La Mano”, al teléfono desde Buenos Aires-. “Toqué con él en algunos shows, pero creo que eso no me transforma en músico de Charly. A veces faltaba un baterista y entraba yo”.

Sin embargo, al leer su libro -bien documentado, rápido, repleto de anécdotas sabrosas- queda claro que Marchi fue más que un observador participante en la vida de García. “Esta semana lo vi en el lanzamiento del disco de Hilda Lizarazu, en el Opera. Y se portó extraordinariamente dulce. Leí lo que pasó en el cumpleaños del Negro Piñera, que no sé muy bien quien es, y me pareció un desastre, pero ¿a quien puede parecerle una buena idea invitarlo a tocar a una fiesta privada? El vaso que le lanzó a Bj rk también fue una estupidez. Arruinó el encuentro de dos mentes brillantes. Pero, ahora, estaba muy bien”

La primera parte de “No digas nada” narra la conocida historia del niño genio del piano que se encontró con “There s a Place” de Lennon-Mc Cartney (“me volví loco: pensaba que era música marciana. Música clásica de Marte”). Después comenzaría a caminar a dos pasos del suelo con Sui Generis al tiempo que escapaba del servicio militar fingiendo demencia al pasear a un soldado muerto en una silla de ruedas (“es que se veía muy pálido”). Tras aprender a sobrevolar con La Máquina de Hacer Pájaros y Seru Girán, en los años ochentas, logró instalar antenas en cada oyente de sus discos solistas, en cada oyente de sus discos solistas, cantándoles con su extraordinario piano rock lo que encontró ahí arriba.

MISTER HYDE. Después eligió la locura para defenderse de la inevitable caída. Como un drama griego con elementos judeocristianos, Charly se extravió en su personaje y, entonces, ensayó una nueva estrategia: el vampirismo.

“El problema es que a Charly lo forman él mismo junto al personaje que creó. Ambos viven en él. Como si tuviera un botón que enciende y apaga todo el tiempo. Pero no es un mal tipo. Es noble e incluso te podría decir que tiene valores sólidos. Pero es un Mister Hyde de sí mismo” piensa Marchi.

En esta segunda parte que comienza en 1997, vemos a un Charly que incorpora el mito de Drácula para defenderse. Incluso aparece relatado el supuesto pacto de sangre que hizo con Annie Lennox o el susto que le dio a Marilyn Manson cuando lo saludó muy relajado, con la misma cara del tenebroso video de “Influencia”.

“Charly ha generado un proceso de reconstrucción de su propio mito y a veces comete torpezas, pero otras te deja pensando. Como cuando se lanzó desde un noveno piso a la piscina del hotel. Eso fue porque la policía lo fue a buscar por un incidente con una chica, del que era inocente. Su salto terminó convirtiéndose, como él mismo explica, en una epopeya por la libertad”.

Y esta teoría se sustenta, cuando Charly deja de fingir el malditismo como cuando murió Pappo y María Gabriela Epumer -su muy querida y talentosísima guitarrista- y él no podía contener las lágrimas en el funeral. O cuando vio a Pete Townshend -de los Who- en Texas junto Andrew Oldham el histórico ex manager de los Stones con quien grababa su nuevo disco, el demorado “Kill Gil”. Mientras el ruidoso Who cantaba “deja que el amor abra la puerta de tu corazón” Charly se desmayó. Era la música que escuchaba de adolescente. Le hicieron una transfusión de sangre. Cuando los doctores le preguntaron por qué tantos cortes en el brazo él cabro chico de Charly dijo: “es que estoy estudiando tatuaje por correspondencia”.

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Calamaro, una máquina de hacer canciones. Espacio Riesco.

Archivo Periodístico,En Vivo 10 December 2007 | 0 Comments

El argentino vino, rockeó y venció junto a Fitipaldis, ante la desesperación de los fans que apenas podían ver a los lejos su melena tapada por el público VIP que se levantó de sus sillas anoche en Espacio Riesco.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 10 de diciembre 2007.

Exactamente en la mitad del show, Andrés Calamaro improvisó algunas notas en el piano y cantó: “acabo de despertarme / y me pasa algo extraño / pasa que me olvidé de todo / como si por empezar el año / no existiera nada que yo conocí”. La canción, titulada “Lo que no existe más”, está en el “dedo 2″ de ese “suicidio comercial” llamado El salmón. Un disco quíntuple que muy pocos escucharon completo, a juzgar por el silencio desconcertante del Espacio Riesco que estaba repleto (a las 19.00 ya estaban agotadas las entradas). “Y me digo / tengo suerte compañero / se lo va a agradecer el corazón”. Y entonces empezaron a crecer los aplausos, porque esa letra, de un hombre desesperado que encuentra en el “vino del olvido” la única forma de salir del infierno, se entiende perfectamente. Calamaro es la prueba viviente de que sí se puede.

Y por eso mismo, el Calamaro pianista e intimista profesional estuvo prácticamente ausente de su concierto en Santiago, a excepción de este guiño para fans. La noche del domingo 9 de octubre reinó el Calamaro más Rolling Stone, el de guitarras eléctricas. Porque La lengua popular, el disco que venía a presentar, es una obra que desmitifica al artista sufriente y autodestructivo que el mismo creó en Honestidad Brutal (1999) y El salmón (2000). Había que celebrar estar vivo y por eso el mejor apoyo fueron los españoles Fito & Fitipaldis –tal como la Bersuit Vergarabat el 2005, el año de su regreso– que telonearon el show.

Fitipaldis, que ya tenía incluso varios fans gritando sus letras, cataliza perfecto esa devoción tan española por el rock de carreteras: Bruce Springsteen, Dire Straits y los Stones del disco Sticky fingers. Sólo la pasión rockista expresada en riffs, solos bluseros y redobles de batería, unido a buenísimas letras hearbreaker (“elegiste a la más guapa / y a la menos buena”, dice la estupenda “Soldadito marinero”) llevaron a buen puerto una fórmula peligrosa por lo repetida. “Estamos contentos de tocar acá. En serio que sí” decía el buen Fito con su boina en la cabeza. Y le creemos.

Después, silencio. Selectos clásicos funk en los parlantes (“Superstition”, de Stevie Wonder, el hit que le compuso a Jeff Beck, pero que salió tan bueno que no se lo pasó). Espera. Una pantalla que muestra un monito chascón y con guitarra y abajo se lee “Calamaro Planet”. El argentino está hecho un divo. Y sorpresivamente canta algo en inglés, a capella en plan blusero. Después, Fitipaldis reventando el recinto con “El salmón”, ante la desesperación del público de atrás del sector VIP, porque éstos se subían a la silla y con suerte dejaban ver algo de la melena del argentino.

El resto, una colección imbatible de éxitos, la marca de fábrica de Calamaro: “Te quiero igual”, “Loco”, “Me arde”, “Crímenes perfectos”, “Flaca”. El cantante decía hace tiempo que él no se emociona en el escenario. Y es verdad, porque apenas habló aparte de un protocolar saludo a Santiago. El público cantaba, entre la desesperación por no poder mirarlo (por culpa de los inconscientes VIPs) y la identificación inmediata con sus canciones. Ojo, que él ha dicho que muchas veces la chica a la que habla el protagonista de la canción es “La República”, el país. Esto potencia mucho textos como “No me lastimes / con tus crímenes perfectos / mientras la gente indiferente se da cuenta”.

También aparecieron clásicos instantáneos de La lengua popular: la muy Rodríguez “Gin tonic” (influenciada según él mismo dijo por su inoxidable compañero Ariel Rot), “5 minutos más (en el minibar)”, la tremenda “Carnaval de Brasil” y la insospechadamente erótica “Soy tuyo” (“me gusta desarmarme arriba tuyo / me gusta demasiado ensuciarte”).

¿Qué más se puede pedir a una máquina de hacer canciones que no sea cantarlas? Emocionar, por supuesto. Y esto lo logra en “Lo que no existe más”, “Estadio Azteca” y por supuesto en “Paloma” esa catarata de notas que habla sobre “vivir dos veces”, ser un “envase vacío” y de lanzarse sin paracaídas.

Un show rockero en el más Rolling Stone de los términos (antes del bis cerraron con “Alta suciedad” y “Canal 69″); un Calamaro tal vez demasiado profesional (que recuerda sus shows del ’99 antes que se encerrara a sufrir y componer) y una oportunidad para los miles de seguidores de verlo aunque sea de lejos, diez años después de su último aterrizaje en el país.

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Sabina y Serrat, tan jóvenes y tan viejos. Velódromo Estadio Nacional

En Vivo 26 November 2007 | 0 Comments

Una noche de trova, chistes de grueso calibre y algo de rock and roll. Y allí ante un lleno total Sabina demostró que su cancionero está tan consolidado como el inoxidable Serrat, cuyos hits de alegre melancolía impactan incluso a quienes no crecieron escuchándolo demasiado.

Por JC. Ramírez Figueroa para Emol, 26 de noviembre 2007.

Hacia el final del concierto, cuando la platea vip se levantó por fin de las sillas instaladas frente al escenario, Joan Manuel Serrat cantó: “tenemos el sexo, el rock y la droga / los pies en el barrio y el grito en el cielo”. Su colega -y autor de estos versos- Joaquín Sabina lo miraba orgulloso. Es el momento exacto en que el profesor reconoce al alumno, calzándose no sólo un trozo de su canción (“Más de cien mentiras”) sino también la actitud rocker. Antes, improvisando en medio de otra canción, Sabina había dicho “yo siempre quise ser Serrat” y el catalán le decía cuando abandonaba el escenario “en verdad, él siempre quiso ser Florcita Motuda”.

El público estuvo entregado desde el principio. Sobre todo las mujeres, maduras, progresistas y que conocían todas las letras de memoria. Ellas aprovecharon cada silencio entre canciones para gritar lo “bueno” que estaban ambos. Sabina asegura que siempre envidió a las musas de su colega, sobre todo porque no cobran. Una chica gritó: “¡yo te cobro!”. Y Serrat contestó de inmediato: “no me delates, rubia”. Arriba, la luna llena y abajo, estos lobos de la canción ibérica.

La escala santiaguina de la gira “Dos pájaros de un tiro” sirve para comprobar varias cosas sobre Serrat y Sabina. Primero, el poderío inoxidable de la obra del catalán: “Cantares”, “Mediterráneo” y “Arriba en mi calle” siguen generando esa elegante y alegre melancolía, que es marca registrada de Serrat. Segundo, la justa consolidación del cancionero de Sabina, tomando en cuenta que éste jamás gozó del consenso histórico de Serrat. “19 días y 500 noches” fue tan celebrada como “Penélope”. Tercero, la coqueta complicidad alcanzada por ambos songwriters que permite a Sabina decir cosas como “el amor lo inventaron los catalanes como Serrat: así no tienen que pagar por follar”.

¿Es esto trova’n roll?

Y en esta dimensión desconocida donde la trova se fusiona con el rock (Sabina pasó un largo exilio en Londres donde escuchó a los Stones, Dylan e incluso tocó para el cumpleaños de George Harrison), algunas cosas no cuadran. Por ejemplo la discreta banda de apoyo (piano, batería, coristas, algunas guitarras) que apenas se limitó a dejar que ambos cantantes se lucieran. Por eso “La del pirata cojo”, que es un hit perdido de Sabina, sonó tan “blandito” a pesar de esa letra “guarrilla” donde se proponen todos los modelos de vida peligrosa existentes: “viejo verde en Sodoma / comunista en Las Vegas / mejor tiempo en Le Mans”.

Atrás, las galería del velódromo estaban repletas. En las plateas, la gente sentada, poniéndole “oreja” a ambos. Es entendible: hubo más guitarras acústicas que electricidad. Convengamos además que el fuerte son las letras. De esas que se saborean y mueven los mecanismos de la melancolía en los mayores de 40, el público mayoritario. Un milagro en un contexto donde Sabina dixit: los músicos escriben como “futbolistas haciendo declaraciones antes de salir a un partido”.

El momento cumbre de la noche fue el homenaje a Violeta Parra, cuando Serrat se despachó una excelente “Mazúrquica modérnica” y luego Sabina se sumó con una blusera y “mississippiana” “Arriba quemando el sol”. Ahí la gente se fue sumando al estribillo agregado: “pregúntale a los milicos / qué hicieron con La Moneda”.

Sabina y Serrat jugaron, se miraron con las guitarras, intercambiaron canciones, aparecieron y desapareciero del escenario, tomaron fotos al público y coquetearon con las chicas. Tan a gusto estaban los cantantes en el escenario que se dieron el lujo de deconstruir la canción “No hago otra cosa que pensar en ti”. En el original de Serrat “el pelado se rascaba la cabeza”. Acá fue “la bragueta”. Eso ya se había escuchado en el cover de Sabina. Lo sorprendente fue atestiguarlo en vivo y con el homenajeado presente, que incluso también le cambió la letra. Es que las canciones cuando se vuelven estatuas, hay que romperlas para volver a gozarlas.

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Calamaro y Liniers: sorprendidos por la alegría

Archivo Periodístico,Entrevistas 25 November 2007 | 0 Comments

El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 25 de noviembre 2007.

El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.

La niña contempla indecisa una biblioteca junto a su gato y dice: “Seguramente voy a leer muchos libros en mi vida, pero los que lea en mi infancia me los voy a acordar siempre ¡Es mucha presión!”.

Este tipo de diálogos y dibujos increíbles salen de la pluma de Liniers todas las semanas en el diario “La Nación” de Argentina. Andrés Calamaro, lector de “Clarín”, su competencia, lo descubrió tarde y de golpe no tuvo más remedio que enviarle un mail.

“Pensaba que era una joda de mis amigos”, cuenta Liniers, risueño, al teléfono desde Buenos Aires. “Yo era fan absoluto de Andrés y que de repente apareciera escribiéndome y felicitándome era sorprendente. Por las dudas le respondí”.

Pero en vez de un e-mail cortésmente desconfiado, lo hizo con una historieta donde aparece personificado en un conejo como habitualmente lo hace en sus tiras explicándole que Kevin Johansen se le adelantó y que tiene la portada de “Logo” a medio hacer (finalmente la terminó e incluso aparece dibujando en sus shows). Pero también le dice a Calamaro que “como todo el mundo, colecciono tus discos hace años… así que la idea de ver un dibujo mío en uno… ¿En serio sos Calamaro?”.

Así que esta es la historia de un rockero, un caricaturista, un disco llamado “La lengua popular”, un concierto en Santiago y todo lo que hay en el medio.

VIETNAM PERSONAL. “No tengo la costumbre de colgarme de los recuerdos”, dice Calamaro desde Buenos Aires. “Prefiero mi vida como está ahora. Pero tengo recuerdos muy interesantes y atrevidos de mi última década. Y recuerdos entrañables, alegrías y secretos de todas mis vidas anteriores”, dice.

En pleno cambio de milenio estaba claro que el lujoso “Alta suciedad” de 1997 (El de “Flaca” y “Loco”, grabado con músicos de John Lennon y Tom Waits) era apenas el principio. Dos años después vendría el doble “Honestidad brutal”, y el 2000 el quíntuple “El salmón”, con 103 canciones.

Allí, en su departamento madrileño bautizado como Deep Camboya en referencia a “Apocalypse Now” entre teclados, computadores, guitarras, crisis personales semipúblicas, y un portaestudios en “Rec”, decidió grabar una canción por día, abandonando los discos y shows en vivo (ojo, que incluso Bob Dylan lo felicitó por su “Elvis está vivo”).

El músico estaba tan iluminado que en cualquier momento parecía que se autodestruiría. Grababa 10 temas seguidos, literalmente hasta desmayarse, y mientras la “Rolling Stone” española se preguntaba “¿dónde se esconde Andrés Calamaro?”, el “Salmón” continuaba sus aventuras en Buenos Aires. Cada amigo, periodista o fan que entró a su Vietnam particular regresó del edificio con un CDR copiado por él.

“Ir al rescate de esas grabaciones propiamente dichas es un proyecto permanente y que siempre progresa de una forma u otra”, dice. En esa época, recién los músicos de Los Auténticos Decadentes lo obligaron a darse cuenta que a muchos les extrañaban sus canciones, hasta que la Bersuit lo arrastró a cantar de nuevo a fines de 2004.

NERD DE BIBLIOTECA. Hace 20 años, mientras Calamaro esperaba a su chica bajo la lluvia como un perro en Los Abuelos de la Nada, Liniers quien paga sus cuentas como Ricardo Liniers Siri era un niño que lo escuchaba por la radio mientras dibujaba historietas inspirado en Mafalda, Tintin o Condorito (“hace poco me enteré que era chileno, cada tanto incluyo un plop! en mis dibujos”, dice).

Por eso lo puso tan contento la petición de Calamaro. “En una de esas era el verdadero músico. Por eso respondí con un dibujo, ¡para entusiasmarlo! ¡No vaya a ser que se arrepintiera!”. Cuando se juntaron, el autor de “Sin documentos” le mostró el disco, intercambiaron ideas y al final le dijo: “Tienes la libertad de hacer lo que quieras con el arte del disco”.

Tras colaborar con revistas universitarias y publicaciones under, Liniers comenzó el 99 con “Bonjour” en el suplemento No de “Página/12″. Tenía 26 años y le ofrecieron ese espacio a raíz de otras colaboraciones que hacía para ese periódico. “Daba vueltas por la redacción una vez a la semana, cuando entregaba mis trabajos, y me paró un editor y me preguntó si quería colaborar. Creo que hay que tener ese golpe de suerte, pero también debes hacer las tareas”.

“Bonjour” eran unas tiras en blanco y negro, con situaciones como un señor con sombrero que le dice a una señorita: “Yo aún soy virgen y me gustaría que mi primera experiencia sea con usted”. Ella lo mira y le dice: “Ay, las cosas que dice. ¡Es usted un gracioso…! Virgen, jaja”. “Sí, de lo más cómico”, dice él riendo también, hasta que ella se va y él se queda solo y triste.

La saga que incluía sus tradicionales pingüinos, ovejitas y “cameos” de artistas tenía ya todo lo que nos gusta de Liniers y que continuó en “Macanudo”. Primero, la ternura que desprenden los personajes (la vaca cinéfila, Z-25 el robot sensible, Enriqueta y el gato Fellini). Dos, las situaciones (como la del párrafo anterior). Tres, la construcción de un mundo a la manera de las películas de Wes Anderson o los discos de Belle and Sebastian: libros, cafés, plazas, animalitos, el centro de la ciudad. Cuatro, las reflexiones simples pero de alto vuelo en la tradición de Quino. Quinto, un principio de bondad.

Sí, porque cada tira de Liniers es una buena razón para no volvernos tan locos y pegarnos un tiro. O dicho de otro modo, leerlo provoca esa inédita emoción que nos impulsa a querer más a la gente y la vida. Como cuando Enriqueta se dedica a leer, correr y jugar todo el día con su gato Fellini y dice: “Otro sábado bien aprovechado”. O cuando Angie se golpea la cabeza y el conejo Liniers le dice: “Odio verte lastimada”.

“Hay que tener tiempo para dialogar con la infancia. Es una época increíble de la que sin embargo se tienen pocos recuerdos. Un estado muy puro y lúcido que me intriga, tal vez porque en esa época no tienes nada que defender y eres más tú mismo y eres directo, en lugar de andar disimulando”.

LA LENGUA FELIZ. Un hombrecito de sombrero camina digno y orgulloso. Su panza brilla como un sol. “Fue el primer dibujo que hice y a Andrés le encantó, se rió mucho”, explica Liniers. La canción se llama “Sexy & Barrigón”, y en una parte dice: “Soy una buena combinación de Homero Simpson y Rolling Stone”, mientras una voz de mujer gime el título.

- ¿Volvieron las guitarras eléctricas, Andrés?

-Yo toco unas cuantas, la única canción donde no hay otro guitarrista es ésta. La chica sexy es la computadora Apple de Cachorro López. Un poco de buen humor es necesario en el rock y la ironía es importante para las personas. Ese ritmo Motown es de los preferidos de Cachorro, que estaba determinado a incluir una canción así en el álbum. Suerte que se filtró un poco de espiritu Iggy Pop en el disco, de su groove personality. “La mitad de las olas” y “Sexy” tienen aires de este gran ninja de Detroit”.

La clave del disco es ésta. Porque aparte de la lectura “popular” en los ritmos o temáticas como la de “Comedor piquetero”, hay un sorprendente “rediseño de la felicidad”. Porque entre el disco de versiones “El cantante” (donde hacía suyos los versos de Héctor Lavoe: “Si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren”); su regreso a los escenarios (con bandas de lujo como Bersuit, Ariel Rot o Fito & Los Fitipaldis) y “El Palacio de las Flores” (a cuatro manos con Litto Nebbia), el planeta Calamaro jamás se había visto tan recién pintado como ahora. Y sin proponérselo, simplemente sucedió como todo lo bueno en la vida: los músicos de la Bersuit lo animaron a regresar a los escenarios, conoció a una buena chica en el lugar menos pensando y, claro, se le aparecieron las historietas de Liniers y sintió que las comprendía perfectamente.

Tan importante como el dibujante, el apoyo de Cachorro López fue clave para Calamaro. Su ex compañero en Los Abuelos de la Nada lo ayudó a rockear las armonías populares aprendidas con Litto Nebbia. “Sí que quise que el disco tenga meneo subtropical y guitarras de rock, me gusta la cumbia y la movida tropicuartetera y era mi deseo incluir esta variedad en un álbum”.

LA LENGUA POP. El disco que Calamaro envió a Liniers quien incluso “dibujó” las letras esconde una gran verdad desde su rockera apertura “Los chicos” hasta el cierre de “Mi Cobain”. Ambos recuperados de su época salvaje de principios de milenio coinciden en que lo esencial no es invisible, como decía el Principito, sino que llega gratis e incluso podemos tocarlo.

“Es verdad. Lo esencial es visible. Al menos todo lo que dibujo es lo que veo. Sería interesante una historieta donde se dijera eso. A mí me gustaba El Principito , pero como lo leí cuando niño. Después, más grande, descubrí un airecillo a metáfora new wave que no me gusta”, opina el dibujante.

Calamaro reconoce no ser ya el “viejo Andrés que no dormía más” en la aceleradísima “La mitad del amor”. En “De orgullo y de miedo” el dibujo es un paisaje otoñal abierto incluso reconoce: “Cualquiera se cansa de milongas/ y quiere querer y también ser querido/ Confieso haber vivido afuera del margen de la moral y lo permitido”. “Es la letra de un corazón cansado que se sorprende latiendo de nuevo por alguien. No siento a diario el peso de la culpa ni creo haber cometido demasiados errores imperdonables, aunque tampoco podría recordarlos todos”, dice el músico.

Porque Calamaro, más que rock, hace canciones, patenta estilos y aunque dice a LCD que le gustaría mucho poder dominar el lenguaje del jazz y de la gran música, “confieso haber surfeado sobre acordes sencillos para hacer y cantar mis canciones Asimismo, mi paleta de acordes no es tan escasa, pero ya formo parte de los autores que hacen muchas canciones con pocos tonos”.

Y si andas tropical e incluyes dibujos en tu disco, es señal que andas más contento que nunca.

Incluso pulió su discurso antiindustria de los años de “El salmón”: “”Yo lamento que la música popular no forme parte de las páginas culturales de los períodicos. Vivimos en un mundo corporativo, pero prefiero no internarme en un laberinto de paranoia y mantener la frialdad para seguir siendo un buen francotirador. Contra el MP3 no tengo nada, pero creo que la música local debería pagarse siempre que exista esa opción. La música importada propongo bajarla Hay tanto para conocer que no se puede comprar todo, pero nuestros discos sí, porque necesitamos ser dignos, seguir encontrándole sentido a grabar discos y vivir en castillos de arena”.

Para Calamaro, lo mejor que le ha pasado fue “volver a Buenos Aires y empezar a vivir de nuevo”, también dar recitales satánicos (como el que promete para el 9 de diciembre en el Espacio Riesco) y el respeto de sus colegas y el pueblo.

“Sí, mi vida es buena. Lo digo yo”, aunque advierte: “La felicidad, finalmente, es más frágil que la tristeza, por lo menos la de los humildes. Eso dicen las canciones”.

Liniers sigue trabajando en sus caricaturas. A veces, cuando sale con su chica (al igual que Calamaro está feliz de al fin estar con una buena nena a quien dibuja siempre), pinta sus caricaturas con café. “Es un lindo color”, dice.

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El sino de Café Tacvba

Uncategorized 12 September 2007 | 0 Comments

Se fueron de vacaciones. Regalonearon a sus hijos, desempolvaron discos de Rush y XTC y volvieron a jugar juntos. Revisamos con Emmanuel “Meme” del Real la historia de los Tacvbos, cómo Chile fue fundamental para su éxito y escuchamos Sino, su nuevo disco que sale a fines de mes, el retorno guitarrero y bailable de una de las bandas más importante del rock latinoamericano, los principales responsables en recuperar y volver pop los ritmos del sub continente.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 12 de septiembre 2007.

El éxito casi arruina a Café Tacvba. No terminaban aún de girar mostrando su discazo Cuatro Caminos (2003) cuando el 6 y 7 de octubre de 2004 celebraban sus quince años con dos conciertos en el Palacio de los Deportes de México. Al año siguiente lanzaron Un Viaje (05) disco triple + DVD con el show. Sin darse cuenta ya estaban otra vez con maratónicas jornadas de promoción.

La apatía se instaló en la sala de ensayos. Se habían aburrido de Café Tacvbaa tiempo completo. Demasiados días perdidos en sesiones de fotos o videos cuando podrían estar jugando con sus hijos o haciendo canciones sin estar atados al concepto banda. Decidieron parar.

Joselo Rangel (guitarras) aterrizó en el Liguria y grabó con Álvaro Henríquez “Lejos” (05), Ruben Albarrán (conocido también como Cosme, Anónimo, Élfebgo Buendía y ahora Xxi Xoo) grabó el disco “Bienvenido al sueño” (06) y Emmanuel “Meme” del Real (teclado, guitarras) se integró al colectivo electrónico Noiselab. El mismo que habló desde el DF con la Zona, sobre el regreso de los Tacvbos.

“(La pausa) No fue algo tan planeado. Al principio la idea era tomarnos unas vacaciones. Pero después nos dimos cuenta que era indispensable darnos un tiempo, porque sólo así podíamos estar bien individualmente y recuperar la ilusión de tocar en el grupo. Fue medicinal”.

El resultado de la terapia es Sino (07) un disco bailable y cargado a las guitarras, sin la mega producción de Cuatro Caminos (03) , su excelente disco que contó con Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips, Mogwai) en los créditos de producción, pero con un sonido de lujo a cargo de su casi eterno productor Gustavo Santaolalla.

En Sino (07) hay canciones para aprender de memoria como “Vámonos” y “Quiero ver” , un bolero especie de continuación de su hit “Eres” , o un ritmo reggetonero como “53100” . El hilo conductor del disco queda claro en el título de su primer single subido a Myspace: “Volver a empezar”. El reencuentro de los cuatro Tacvbos.

HITS DEL MTV BOLIVARIANO. Desde su debut homónimo del 92, Café Tacvba sonaron a ellos mismos. Mezclando folclore y pop de sintetizadores, supieron traspasar en las letras el caos del DF. Desde la neurosis de “Cometer suicidio” a el amor punk de “Chica Banda”, sus textos y música eran inconfundibles. “Por eso no quisimos grabar en inglés: porque no tenemos nada que decir en ese idioma”, recuerda Meme, haciendo alusión a una práctica común en los grupos mexicanos de por entonces

Su segundo disco, Re (1994) es considerado por la prensa como su “álbum blanco”: una panorámica de todos los estilos de la época, mezclado con raíces. Desde el industrial “El Borrego”, hasta el swing de “El Balcón”, pasando por dance, pachangas y rancheras.

La revalorización de ritmos populares latinoamericanos, que por entonces no eran muy bien visto en las radios, y su mezcla con el rock fue en gran medida responsabilidad de Café Tacvba.

“Ocurrió algo que emocionalmente a nosotros nos rescató. No te podría decir que Re fue muy bien recibido en México. En verdad fue poco entendido y sucedió que en Chile “El Ciclón” era un éxito. Fue un brinco que esperábamos, la chispa que detonó lo que después regresó a México pasando por los países sudamericanos y hasta Estados Unidos”. De ahí “La Ingrata” y todo lo demás.

Era la época del MTV boliviariano…

“Sí!!!. Era lo máximo porque podías saber lo que estaba pasando en el continente. Añoro todo eso. Creo que no ha vuelto a pasar desde entonces, salvo hasta ahora con Myspace. Pero aun así no tiene la misma contundencia, no todo el mundo tiene acceso a las computadoras. Después, bueno, se abrió más al pop. Ahora MTV es un canal de programas y realitys. La gente honesta es la que aún sigue investigando, conociendo bandas, intercambiando (se ríe)”.

AVANZAR SIN TRANSAR. Después del éxito boomerang del Re, los mexicanos quisieron ganar tiempo con un disco de covers tocados “a su manera”. Desarmaron y le metieron violín y guitarrón al merengue “Ojalá Que Llueva Café”, volvieron ska lánguido el “Como Te Extraño Mi Amor” de Leo Dan y lanzaron como single “Chilanga Banda” un clásico under mexicano donde todas las palabras eran puro slang.

“Estábamos haciendo canciones tan intensas que decidimos sacar un disco con el que pensábamos que no pasaría mucho”, dice Meme. Pero el disco fue un éxito y los obligo a un intenso ciclo de recitales por todo el continente (incluyendo EE.UU).

¿Y luego de eso? “Nos dimos cuenta que las nuevas canciones eran instrumentales. Rubén dijo que se sentía cómodo tocando guitarra. Y dijimos ¿por qué mejor no hacemos un disco instrumental?”, cuenta Meme.

Al sello le espantó la idea, cuenta. Ellos querían que siguieran siendo una máquina de hits y un disco tan extraño sonaba a mala jugada comercial. Negociaron y lograron salirse con la suya, como siempre. “Siempre intentamos que la compañía sea cómplice de nuestros proyectos. Y ellos han entendido que vamos a entregar algo bueno, aunque los sorprenda”.

El disco doble Reves/Yo soy (99) sorprendió a todos: cero folclore, un disco experimental, otro más en formato canción, y guitarras emparenteadas con lo que hacía Radiohead y Spiritualized. Éxito de críticas. Se ganan un Grammy. Los gringos ponen sus oídos sobre la banda. Comienza el desgaste, el mismo que terminó con un paréntesis de cuatro años post Cuatro Caminos, otro disco aclamado por la prensa anglo.

“Esto es como vivir en pareja” dice Meme. “Después de tanto tiempo la idea de separarse definitivamente no es la primera opción”.

-El nuevo disco suena menos producido, más guitarreado y mucho más bailable.

-“Así es. El concepto primario fue grabarlo en vivo. Todos en el mismo cuarto. En el estilo de Los Tres. Sucede lo mismo que cuando tocas en vivo: se genera una energía que se vuelve otro integrante”.

-En Cuatro Caminos la banda sonaba reflexiva. En este disco pasaron a la acción…

-Exacto, ahora es más activo.

-”Gracias” la canción que cierra el disco es una plegaria. Agradecen por la democracia y el estado de derecho y luego aclaran que es lo que no existe aun…

“Tiene la influencia de la trova latinoamericana de los 70s. De protesta pero con cierta ironía. Hablamos de la desilusión que nosotros por lo menos en nuestro país, tenemos por el gobierno, la política, los partidos, los corruptos. Más que una crítica es el sentimiento de desilusión, del qué va a pasar. Y luego viene el solo de batería que nos divierte mucho”.

-Ahí hablan de ser “ciudadanos de segunda”.

“Es como cuando dicen que somos “region cuatro”. “Este grupo es como Los Beatles, región 4″. Esto de vernos como tercer mundo y menospreciarnos. Pero al mismo tiempo lo que a nosotros nos salva es la música”.

-La temática del disco tiene que ver, con reinventarse, de dejar de mirar el pasado porque las deudas ya están pagadas … pero tocado de manera adolescente y bailable.

“Sí, tiene que ver con los discos que escuchábamos de adolescentes, bandas progresivas comerciales como Rush o Yes. Pero también cosas de new wave como XTC, las influencias que siempre hemos tenido pero que ahora destacan más”.

- ¿Cuándo vienen a Chile a lanzar el disco?

“Arrancamos Buenos Aires. Tocaremos en el Pepsi Rock, en la Trastienda y en Rosario (entre el 22 y 29 de septiembre), luego regresamos a México. Vamos a Chile en febrero me parece”.

-¿Al festival de Viña?

-Sí.

Preguntamos: ni el sello ni los organizadores tienen confirmado a los mexicanos. Andrés Celis, concejal de Viña del Mar y miembro de la comisión niega que vayan a tocar. “Aunque conociendo a Canal 13 podría esperar cualquier cosa”, nos dijo.

Cuestión de fe. Habrá que creerle a Emmanuel, si queremos mantener nuestra única esperanza de ver en vivo, el nuevo disco de una de las bandas que ayudó a convertir al rock latinoamericano en un género de peso.

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Las siete vidas de Litto Nebbia

Archivo Periodístico,Entrevistas 27 July 2007 | 0 Comments

La mítica banda argentina Los Gatos vuelven. A cuatro décadas de su canción “La Balsa”, aquella que fundó el rock argentino y lo convirtió en algo tan porteño como el tango. Y vienen a Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 27 de julio 2007.

Cuando el single La Balsa/Ayer Nomás atracó en las disquerías argentinas -exactamente hace 40 años- el rock aun no estaba completamente inventado. Los Beatles podían meter una orquesta sinfónica o Jimi Hendrix quemar una stratocaster (aun sonando) en el escenario. El factor sorpresa, tan natural en los sesentas, hacía que los ejecutivos de los sellos y promotores de shows hicieran negocios todavía mirando desde lejos. Por eso esta música era peligrosa. Y acá, en Sudamérica, se cantaba en inglés.

“Estábamos más complicados aun” -dice desde el teléfono Litto Nebbia compositor del histórico single- “Era una época de dictadura, censura y toda esa mierda. Algo difícil de imaginar para un muchacho de ahora. Entonces, si vos tocabas rock la policía te jodía. De verdad que era así”.

Nebbia tenía 19 años cuando con Los Gatos llegaron al número uno. “La Balsa”, la canción más importante de la del rock argentino tanto para músicos como Andrés Calamaro o Fito Paez como para la Rolling Stone y MTV. El tema fundacional, ese que fue ideado por Tanguito (el de la película Tango Feroz), aquel que dice “estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado/ tengo una idea, es la irme al lugar que yo más quiera/ me falta algo para ir/ pues caminando yo no puedo/ construiré una balsa/ y me iré a naufragar”

Y ahora, Los Gatos están de vuelta, celebrando sus cuatro décadas. “El 23 de agosto comenzaremos una gira tocando en el Gran Rex. Luego iremos al interior, para en el verano tocar en Uruguay, Bolivia y Chile. La fecha y el lugar aun no están confirmados, pero es seguro que iremos”, dice Nebbia. Yeah.

GATOS UNDERGROUND. Los Gatos protagonizaron la primera oleada de rock en Argentina. Esa que comenzó en Rosario con los Gatos Salvajes, donde tocaba el mismo Lito, y en Buenos Aires con los Beatnicks y su single “Rebelde” del 66. Ese mismo año, tras separarse de su banda Lito y el tecladista Ciro Fogliatta llegan a la capital y se sumerjen en la bohemia rocker (condeándose con Moris, Miguel Abuelo o el mismo Tanguito) los discos importados, las librerías abiertas hasta las dos de la mañana.

En esta efervencencia sesentera, era obvio que la actitud del rock and roll se encontrara con el viejo tango y se fueran de fiesta juntos.”Ambos, junto al folclore forman nuestra música popular. Si escuchas nuestros primeros discos verás que no sonabamos ingleses ni estadounidenses, había una cadencia local. El rock argentino ya tiene una discografía muy amplia y para las nuevas generaciones ocupa un calendario de recuerdos, tal como antes Gardel”.

Y es verdad: “Los Gatos” (1967), “Seremos Amigos” (1968) y su colección de singles (editados en Chile) son claves para entender el origen del rock trasandino. Primero, la nacionalización de la invasión británica y el pop estadounidense, agregándole, como si fuera lo más natural del mundo, una armonía tanguera o una progresión típica del bolero. Segundo, una melancolía que te aprieta la garganta pero camuflada en un sonido eléctrico, con el piano en primerísimo plano. Tercero, esas letras, repletas de fábulas y pequeñas historias protagonizadas por pajaritos, reyes o vagabundos.

“Es verdad, canciones como “El Niño y el Mar” o “El Rey Lloró”, nacieron para pasarnos la censura. Había que tener ingenio y picardía para crear esos pequeños cuentos”.

El mérito de Nebbia en Los Gatos no sólo fue escapar de la Oficina de Censura, sino también de eludir el metaforón inentendible, para escoger imágenes universales, casi bíblicas. Como “Viento Dile a la Lluvia” o “La Balsa”, que ahora puede interpretarse básicamente como la historia de un chico resistiendo a la Dictadura desde su pieza, en lugar de ampararse en la masa.

“El movimiento era muy underground aun. Yo no le doy mucha importancia al fenómeno de La Balsa, pero reconozco que fue el primer suceso en América Latina de un grupo argentino, donde se vendieron dos millones de discos y fue el puntapié inicial para otras bandas, armando un bloque”, piensa el músico.

ACTIVISTA DE LA CANCIÓN. En estos mismos momentos, Nebbia está ensayando con Los Gatos: Gaetano “Kay” Galifi (guitarras, regresa a Argentina, después de 30 años), Alfredo Coth (bajo), Rodolfo García y Daniel Columbres (que se turnarán para reemplazar a Oscar Moro, el fallecido batero) y Fogliatta (teclados). La banda ya tuvo un emotivo debut en Rosario ante 15 mil personas. Todo un éxito.

Pero Nebbia no sólo es una leyenda, sino también es un activista de la música popular argentina. Desde su sello/estudio de grabación Melopea edita rockeros, tangueros y músicos de folclore. También participó junto a su banda La Luz en “El Palacio de las Flores” de Andrés Calamaro. Algo que debería aprender acá, nuestra SCD que se dedica a cerrar blogs de mp3 y anunciar la condena eterna a quien se atreva incluso a bajar un disco descatalogado de la red.

“La gente piratea porque los discos son muy caros y la industria ha convertido las canciones en algo mecánico. La música más arriesgada, que se atreve a no está en la televisión. Pero salir a buscar, es trabajo tuyo, pero si te quedas terminarás solamente leyendo el bestseller o escuchando el ranking, sabiendo que se hacen toneladas de canciones interesantes en el mundo. Y lo terrible es que nadie las escuchará!”

Si le haces caso a Litto, el rock tal vez volvería a ser peligroso.

más info:

http://www.melopeadiscos.com.ar/

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¿Que pasó con las primeras mediaguas de Curanilahue?

Archivo Periodístico,Política,Reportajes 25 July 2007 | 0 Comments

En 1997 se inició un proyecto social destinado a terminar con los campamentos del país. El primer paso se dio en la Octava Región. La mediagua era sólo un peldaño para que las familias recuperaran la dignidad y salieran a luchar por la vivienda definitiva. ¿Qué pasó con los primeros beneficiados?

J.C. Ramírez Figueroa para La Nación, 25 de julio 2007.

Acceso norte a Curanilahue. Una gran mano tallada en madera saluda. Abajo se lee: “Tengo las manos partidas, pero hay pan en mi mesa”. La frase puede pasar inadvertida. Perdida. Como esta húmeda ciudad de 30 mil habitantes, entre la Ruta de la Madera, los bosques de pino y las empresas forestales. Sin embargo, ayuda a entender el sur de Chile post-reconversión minera. Ése que apareció en los noticiarios, cuando el trabajador Rodrigo Cisternas, durante la huelga de la Forestal Arauco en mayo pasado, embistió tres vehículos policiales con una máquina cargadora y fue muerto por Carabineros. Una zona protagonista frecuente de reportajes televisivos por sus récords nacionales de alcoholismo, sida y desempleo. El lugar donde exactamente hace diez años se construyeron las primeras 350 mediaguas de Un Techo Para Chile.

“Espere, que le mostraré el certificado que me dieron ellos”, dice Margarita del Carmen Aravena. En 1997, ella juntó los 20 mil pesos “simbólicos” (una cifra asequible que, sin embargo, evitaba convertir a la mediagua en una “limosna”) y postuló a este proyecto nuevo ideado por el Hogar de Cristo, un grupo de universitarios y el sacerdote jesuita Felipe Berríos. “Eran esforzados los chiquillos. Los recuerdo recorriendo toda la ciudad, embarrados y nosotros ayudándolos en la construcción y preparándoles un buen almuerzo”. Y lo cuenta, mientras sirve café y sopaipillas junto a sus nietos, con la estufa encendida.

Su mediagua, ubicada en la empinada avenida Libertad, les duró una década. En ese tiempo la forraron con zinc, la ampliaron y la “enchularon” para que vivieran más o menos bien diez personas, entre hijos, nietos, parejas. Este año, sin embargo, la construcción original se cayó debido a los fuertes temporales. Afortunadamente, Chile Barrio se encargó de reconstruirla. “Resistió bien, fíjese. Nosotros sabíamos que esto era una solución de emergencia y realmente nos ayudó a tirar para adelante”.

Mediagua con ampliación. Benito Baranda, director social del Hogar de Cristo, explicaba en esa época que las mediaguas eran una “medida de parche”, entendida como incentivo para familias que vivían en condiciones de pobreza y hacinamiento. La idea era entregarles dignidad para que pudieran “salir a pelearla” por su vivienda definitiva. Y basta recorrer Curanilahue y comprobar como el proyecto ha cambiado el perfil de la ciudad.

Aunque algunos abandonaron sus mediaguas, las usaron de gallineros o las terminaron arrendando, la mayoría -690 de 700- las transformó y las mejoró. Y eso se nota mirando los cerros: colores luminosos, techos firmes, ampliaciones.

“Es impresionante ver como la gente las transforma” -dice Javier Ponce, coordinador social Arauco del Hogar de Cristo-. “Un caballero le construyó un segundo piso a su mediagua. Porque el gran problema de Curanilahue es que no hay terrenos. Estamos rodeados por cerros”

Ponce tiene grabada la imagen de 200 universitarios con impermeables amarillos acarreando paneles, tablas y vigas, “desparramados por la ciudad”, empapados. De hecho, el libro de Felipe Berríos que explica la historia de Un Techo Para Chile se llama “Todo comenzó en Curanilahue”.

Emilia Morales vive con sus 7 nietos, la mayoría trabajadores forestales. A ellos les pesa lo sucedido con Cisternas. Se dice que los carabineros lo remataron, aunque tienen claro que no fueron efectivos de Curanilahue. “Su esposa vio el cuerpo y dijo que tiene más balazos de los que se dijo”, explicó uno de ellos. Emilia nos muestra la mediagua, que ha resistido precariamente esta década. “La casa donde estábamos antes era muy vieja y éramos muchos. Y con la mediagua que nos construyeron el 97 la situación se alivió”.

Inteligentemente, convirtieron la mediagua en dormitorios, anexándola a la casa antigua. Chile Barrio se encargó -como un proceso ya prácticamente establecido- a construirles una casa nueva, más amplia, integrando la antigua mediagua.

“En verdad, la mediagua misma fue una solución, porque permitió el emprendimiento, desde esa misma mediagua” -piensa Ponce, mientras mira el humo proveniente de las estufas a leña, tan común en Curanilahue.

El Chile que queremos. Marisol y Juan Carlos tienen esa sonrisa que en Santiago simplemente no existe. Están haciendo el aseo de su amplia y luminosa casa. La mediagua se la dieron a su hijo mayor (“la privacidad es importante”). También se ganaron un proyecto para convertir el barro que corre frente a su hogar en pavimento. “Lo pasamos bien con esos cabros”, cuenta Marisol. “Nosotros, como mucha gente, necesitábamos tener un lugar digno para criar a nuestra familia. Curanilahue está más bonito ahora. Y la gente todavía se ayuda, especialmente en situaciones complicadas como los temporales”.

Los niños juegan sobre el suelo de madera. En Curanilahue está empezando a llover otra vez.

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Llegan las Pelo Lais, un fenómeno de Apumanque para arriba.

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 24 July 2007 | 0 Comments

Adolescentes ABC1 que sonríen. Es el nuevo hit del mundo fotolog. Rubias, delgadas, altas, sonrisas perfectas, genéticamente “pijas”. Un concepto que entró al “slang” nacional gracias a Nachito Larraín, de “Casado con hijos”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 24 de junio 2007.

“No huevón, no sé si esta mina me convenga”, le grita el flaco de polera “100% Vago” a su amigo. “Se cree Pelolais”. La ruidosa micro, una de esas que sólo se pintaron de verde para el Transantiago, se detiene en el Metro República. Suben tres niñas: pelo tijereteado, zapatillas de skate y parkas que si levantan el brazo se les ve la guata. Son las Pokemonas, como se autodenominan, que, a pesar del look punk californiano, bailan reguetón. Los miran de reojo. Hace mucho frío. La radio escupe rock latino decadente. “¿Y qué chucha es una pelolais?”. El chico las indica con el dedo y ellas se ponen coloradas: “Como esas Pokemonas, pero ABC 1”.

Es fin de semana, pero en el bus nadie sonríe. Tampoco hablan. Todos ellos se bajarán, correrán a sus respectivas casas, encenderán el computador y los hombrecitos del interfaz de Messenger danzarán mientras se inicia la sesión. ¿Dónde están los apocalípticos que declaraban que los malls eran las nuevas plazas del pueblo? Seguramente escribiendo que mutaron en fotologs, posteos y emoticones. En adolescentes expertos en Photoshop borrándose las espinillas o agregándose tetas. En gente que revisa lo que le escriben y se urge por los anónimos. Ese tipo de obviedades.

Las Pelolais son tribu urbana, como los Pokemones. Pero tribus atípicas. Tienen ámbito geográfico y tienen ideología, aunque ellas no lo sepan. Son también un cóctel molotov agitado por la moda, los realitys de MTV y fotolog punto com, que estalla en adjetivos de micro. O cuando Nacho, el pokemonesco protagonista de “Casado con hijos”, la utiliza. Y cuando eso pasa hay que analizarlo.

DE PELO BIEN LISO. Pelolais es básicamente un sitio de adolescentes buenas mozas. “Regias”, como les gusta decir. Su primera versión es de 2006 y aparece un angelical curso del Villa María. La idea es simple: una foto, los datos de la chica de pelo liso (de ahí viene el “lais”) y que la gente postee. “Se le ocurrió a un grupo de amigas un verano, la idea era crear un fotolog de amigas, algo típico. Y así, a la rápida, se les ocurrió el nombre Pelolais. De a poco, la gente comenzó a mandar fotos y tincó harto la idea”, explica Catalina (18 años, estudiante), una de las administradoras. Fue el 2006.

En el post del 16 de febrero, textual: “Según nosotras pelo lais: mina producida, PELO LISO (pero no sólo eso), que no tenga pinta de chana, la típica que se arregla ene el pelo/peinao, NO ES LA MINA TÍPICA DE PELO LISO pk hasta mi nana sería… y no lo digo con ofender… pa’ eso toas las d pelo liso son pelo laiss?? NOOOOOOOOOOOOOO!”. ¿Chanas? “La idea es subir el prototipo de mina Pelolais. A mi parecer, es una mina con pelo largo liso bien cuidado, como natural. Clase media alta”, dice Catalina.

La idea prendió, como decía ella. Mucho collage de alumnas del Maissonete o Mayflower. Sonrisa perfecta. Playa. Apellidos vinosos. Buen calefón. De vez en cuando, alguna de comunas más aspiracionales que “lo logra”.

En países como Argentina, donde el concepto fashion no produce culpas, existen espontáneos fotologs de nenas modelando creaciones de marcas top de allá, tipo Ay Not Dead o Rapsodia. Chasquillas, suéter, traseros. Ellas exudan seguridad. Acá las niñas son más recatadas. Como portada revista “Tú”, que no por casualidad tiene fotolog y está en los ff de las Pelolais.

“O sea, de partida como que causa más furor en los hombres, que ven a estas niñas lindas como ‘cuiquitas’. Lo segundo es que las niñas que subimos pasan a ser más conocidas y se empiezan a pasar el dato del fotolog entre ellas. Ya llegamos a tener más de 15 mil reverse, o sea gente que nos tiene en sus favoritos”.

LAS CUICAS DE LA CIUDAD. Hay un videoclip de un chico fantasma que camina por Madrid cantándole a las “pijas” –cuicas de allá– que, evidentemente, no se dan cuenta que existe: “Van rompiendo corazones/ en sus coches de tres millones/ No entiendo quien se resista/ a su sonrisa de dentista/ Te lo cambio por amor/ te lo cambio/ el dinero que tu padre te dejó”. La canción se llama “Yo adoro a las pijas de mi ciudad”, es de los indies La Costa Brava y está en Youtube. Sería el videoclip ideal Pelolais.

“Las Pelolais tienen tanto poder y seguridad aparente que no necesitan compararse ni pelear con nadie”, explica Martín (23 años, estudiante de Periodismo y reputado blogger indiepop). Él es alto, castaño y de “barrio alto”. El perfil novio-Pelolais. De hecho, ha salido con algunas y sabe del tema. “El 99% no tiene idea de lo que es un Pokemon. No les interesa ese mundo. Su enemigo número uno es el chulismo. Y yo creo que no van al Parque Arauco ni a Provi, como sale en algunas partes. Van a la fiesta de un huevón mino y bailan indiepop”.

Pero si algo ofende a Pelolais es cuando llegan algunos anónimos escandalizados acusándolas de clasistas. O racistas. Los mismos que, paradójicamente, se reían con la campaña “pitéate un flaite” o se van a reír con el nuevo y explícito fotolog Solo_Flaites (los anteriores han sido cerrados por la empresa). Luca Prodán, el desafortunado líder de Sumo, explicó en una entrevista que “La rubia tarada” es la historia de las rubias y los “negros” que se la quieren coger y no pueden. “La venganza es ésa: decirles taradas, porque hay más fantasías sexuales que sexualidad, porque se hacen la película, se masturban con esa rubia, se la violan en la cabeza, pero saben que nunca, nunca, la van a coger. Esa agresión está reflejada en el tema”. Interesante. En sitios como el célebre Porlaputa.com el Doctor Phaser escribe: “Según un conocido foro son ‘las típicas pendejas cuicas, súper rikas, que tienen esa onda de ser súper tontas pero son las bakanes de su colegio”. ¿Entendido? Catalina responde: “O sea, es gente resentida. Yo creo o q le da lata ver q se suba fotos de gente como linda. A estas alturas, nadie se hace atado por los comentarios. Si ya llegamos hasta a aparecer en ‘Casado con hijos’. Siempre nombran Pelolais”.

“Las odian no sólo porque tienen plata, sino por un componente genético que las hace ser distintas. Poca pechuga, caderas anchas, pelo castaño claro a rubio. Todo lo que es vasco, ¿me entiendes?”, explica Martín. Los vascos, con sus apellidos vinosos y muchas erres entremedio, el ADN de la clase alta nacional y mucho más sofisticados que en España, donde tienen fama de “brutos”, ¿los culpables de todo?

RESENTIDOS SON. Pero las Pelolais no tienen la culpa de nada. Su renovado sitio (www.fotolog.com/pelo_lais2) y la red de fotologs que lo componen (Chillan Top, Legalmente Rubias. Tu Corbatín. Interescolar, Versus Top) están activos y rebosantes de posteos. La radio virtual FM Box ha sido la gran responsable de agruparlos. Las hicieron gold member de fotolog (cinco fotos al día y 200 posteos permitidos, a diferencia de la única foto y 20 posteos del fotolog normal) y ellas, a su vez, promocionaron la página. Todo un modelo de negocios.

“Hay que reconocer que las imágenes son muy ABC1, pero ahí está su gracia”, piensa Max Valdés, uno de los capos de FM Box. “Además, también la gente odia a los Pokemones y los descuartizan”.

Y es curioso que un país tercero en el mundo en fotologs por persona sea tan odioso en lugar de receptivo. Aunque claro, las chicas Pelolais no quisieron hablar (“Yo soy la más Pelolais de todas”, dijo una, y luego: “¿Y por qué querís saber de la página? Yo no pienso hablar”). Otra dijo que le cargaba que el periodista la etiquetara como lais, aunque haya subido una foto a la página.

“Yo voy en una universidad cuica. Y te lo digo claramente: hay muchas lais. Y sólo hablan entre ellas. No les importan los demás. Y si van a hacer mediaguas es porque las lleva el pololo”, dice Cristóbal (22 años, blogger y polemista).

Catalina dice que ni ella ni sus amigas se consideran cuicas. De hecho, les molesta que les digan lais. “Catalogarlas como lais lleva consigo una carga de cuicas, de niñitas mimadas encerradas en un círculo, llenas de plata… pero no siempre es así. Es el logo que nos ha puesto la gente que entra al fotolog e insulta sin conocer”.

CACHA, UNA PELOLAIS. ¿Por qué usan la palabra resentido para defenderse? Según los documentales tipo “La batalla de Chile”, era el comodín usado por sus abuelos en 1969 cuando peleaban con los “upelientos”. Palabrita defensiva que sus papás aprendieron, remanente de los tiempos que se jugaba a la lucha de clases. Cuando nadie imaginaba el horror que vendría después.

Y después de todo, Pelolais no es más que eso: un fotolog. Claro, agrupar es reducir. Y las chicas, siempre sonrientes, en la playa o en sus casas de rejas altas, pueden parecerles iguales a algún visitante que puede ser el verdadero clasista. Ellas no son culpables de nada, hasta que se demuestre lo contrario. Aunque… ¿es necesario usar la palabra “chano”?. “Cacha, loco, una Pelolais”, le dice el amigo al 100% vago. En el Apumanque, un grupo de chicas de pelo liso, altas y delgadísimas, espera taxi. Es temprano aún y en vez de estar conectadas a Internet están conociendo el lado “cuico de la ciudad”. Las mismas pijas de la ciudad, inalcanzables y modelos aspiracionales de la chica que lo persigue (según él), sonríen y mueven las manos. No eran un invento de Internet, entonces.

¿Y qué pasa si son simpáticas? ¿De qué se les podría conversar? ¿Mirarán feo la polera 100% vago? ¿Como serán los almuerzos con los papás? ¿Por qué están siempre felices?, piensa, mientras la micro sigue de largo hacia el Pelolaisland. “Es que Santiago es una ciudad ridículamente segregada”, le dice a su amigo. Y se quedan callados esperando que la carga de la bip! alcance para el viaje de vuelta.

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Victor Jara bajo cero: una noche con los indigentes albergados

Archivo Periodístico,La Nación,Reportajes 6 July 2007 | 0 Comments

Los indigentes que pasan la noche en el albergue habilitado en el Víctor Jara son un espejo. Aquí se refleja Chile. Cansados de las miradas lastimeras y el desprecio de la gente, prefieren taparse con las sábanas. Dicen que necesitan trabajo, no limosnas.

Juan Carlos Ramírez Figueroa para La Nación, 6 de julio 2007.

Nico juega con una botella plástica frente al Estadio Víctor Jara. Hace frío y todas las personas en “situación de calle” ya están instaladas en la cancha. Viejos, punks, embarazadas, adolescentes, vendedores ambulantes. Primero se ducharon y sometieron a revisión médica. Después comieron. Ahora, bajo los inmensos calefactores a gas, se instalan en las colchonetas. Algunos putean, otros tiran la talla. Varios miran el techo escuchando reggaeton en su pendrive. La mayoría intenta dormir, escondiendo la cara. No quieren hablar con nadie.

Una mujer se ríe. “Cállate, vieja culeada”, grita otro tipo. Acá no hay pianos lacrimógenos tipo programa de ayuda. Tampoco sonrisas. “Esta es la realidad, pues”, dice Mónica Pérez, responsable del albergue provisorio que se cerrará recién a fines de agosto.

Afuera, Nico sigue jugando. Abraza a los muchachos de Defensa Civil que custodian el recinto, pide cigarrillos sin éxito y se sube al camión de la Cruz Roja. Dice que su polerón Adidas se lo robó a un borrachito. Lo dice muerto de la risa y con la mirada perdida. Parece un niño, pero ya tiene 12 años.

El líquido de la botella es tolueno.

ESTRELLAS DE LA CALLE. “Entre una mina y una bolsa de pasta base, me quedo con la segunda”, dice Hugo. Después, muestra su mochila: ropa, vasito para café, botella con jugo. Tiene 45 años, pero ha perdido más de la mitad en moteles, alcohol y polvillo blanco. Arrastra -como todos los que se refugian acá- una familia desintegrada. En los setenta, cuando vivía en Arica, se escapaba a Perú o Bolivia y en el camino abandonó su carrera de odontólogo. Sobrevive trabajando en supermercados y durmiendo en hospederías. Dice no estar arrepentido y mira a los ojos para que le creas.

“Está puro cuenteando. La gente está tan sola que descargan la tremenda historia, sólo para validarse” , lanza Cristian Bravo. Tiene 22 años, es flaco como un palo y le brilla una chapita de Robert Smith, el vocalista de The Cure. Saluda a Jonathan -alias “Cachaña”-, un payaso de micro que llegó sin quitarse el traje.

El tony está triste porque perdió a su mujer. Y ella duerme acá esta noche. “Intento alegrar a la gente que vive esa situación durísima y además, intentar recuperarla. Tú comprenderás lo terrible que es encontrarla acá. Quiero salvar lo que tenemos y que me perdone mis celos”. Se conocieron en Peñaflor el 95. Ella trabajaba en un club nocturno. Él la sacó de ahí y comenzaron a trabajar juntos en las micros de Santiago. Se llamaban “Los Magníficos del Humor”.

Los pasajeros de Providencia eran los peores, cuenta. Siempre mirando por la ventana, sin encontrarle gracia a su rutina. En las comunas más periféricas cambia la recepción. En un buen mes se hacía 50 ó 70 lucas. Lo justo para “parar la olla”. Ahora trabaja solo y quiere recuperar a su mujer.

Manuel, Juan y Víctor, ajenos a estos dramas afectivos, no se pueden quedar dormidos. Es su primera noche acá. A diferencia de los viejos que culpan al Gobierno y la sociedad del abandono, ellos, que rozan los veinte años, se hacen responsables. “Todos tenemos hijos que no vemos. Ojalá que no vivan como nosotros. Hemos estado en la cárcel donde es realmente brígido. La pasta base es una mierda porque es imposible dejarla. Por eso uno asalta, para seguir comprando esa mierda. La culpa, amigo, es de nosotros y del ambiente en que nacimos. Puta que es difícil empezar de nuevo”, dice Juan.

ABANDONADOS. Cristian se maneja en la cancha porque se crió en el Hogar Esperanza y sabe lo que es vivir al día. “Obvio que varios han tenido un pasado delincuencial. ¿De qué otra forma podís comer? Y es verdad que esa campaña ‘Piteate Un Flaite’ fue la venganza de la clase media que le ha tocado sufrir asaltos y lanzasos. Pero a nadie le enorgullece llamarse ‘flaite’”.

Existe un video de You Tube llamado “El chuña”. Se trata de un indigente alcohólico que le habla incoherencias a la cámara. Lo graba un chico alto y de polera musculosa. Muchas veces trata de abrazarlo, lo que delata su abandono. Tiene 35.000 visitas y todos postean burlándose del pobre viejo. A nadie le importa borrar esa infame grabación.

Y esta noche, sobre las colchonetas del Víctor Jara, muchos “Chuñas” están soñando con otra vida y sin idiotas que se burlen de ellos. Pero acá no hay inocencia. Los medios de comunicación no son bienvenidos. Ya se han visto muchas veces en reportajes lastimeros o beneficencia. “Yo hice muchas leseras en mi vida. Ahora soy ambulante. Pero nadie confía en uno. No necesito limosna, sino que exista trabajo. Hasta para vender sopaipillas en la calle te arman atados”.

Los voluntarios vigilan el local. Cristian les pregunta a algunos si quieren salir en el diario. Un indigente alega contra los medios. “Al final nunca aparecemos o escriben puras huevadas mamonas sobre nosotros”. Sobre las colchonetas del Víctor Jara lo que menos hay es inocencia. Acá duermen las cifras de los estudios sobre la pobreza. Acá sus números son carne y hueso. “Hoy fui a una iglesia, por primera vez. Estoy de cumpleaños y la pasé solo. Me gusta la calle, pero prefiero tener una casa donde morir al menos”, dice Gitano.

NO FUTURE. Patricia tiene 26 años y muestra orgullosa su guata. Espera un bebé y lo único que quiere es que estudie en la universidad y sea profesional. Ella abandonó su casa y ha vagado por las calles. Ahora aspira a ser una asesora de hogar y ahorrar plata.

“Es cierto que muchas veces se trata el tema de la pobreza desde una oficina, desde arriba. O con lástima. Yo creo que sí, que hay que tener lástima, pero de uno mismo. El estadio Víctor Jara es un espejo y Chile se está mirando en él”, dice Soledad Pérez. No ha dormido nada desde el lunes, pero tiene la fuerza para coordinarse con los carabineros que patrullan el sector o conversar con Nico que ahora la molesta con una pistola de juguete que sacó del basurero.

Unos tipos de parkas húmedas que dormían en la calle entran al estadio. Apenas cargan con una bolsa con sandwiches y bebidas. El payaso ahora está vestido de enfermero colaborando con la Cruz Roja.

Alguien logra quitarle a Nico la botella maldita y lo hacen entrar. Ya es tarde y Cristian confiesa que en realidad no es voluntario, sino un chico de la calle que se escapó del Hogar de Cristo para recorrer la ciudad. Se ducha en hospederías, se alimenta en el comedor de Fray Andrecito, duerme en la Posta Central, baila en la Blondie y espera, cuando salga de esta etapa, estudiar historia. Y lo dice muy seguro de sí mismo. Con actitud. “Ni cagando viviré siempre en la calle y terminar como estos viejos del saco”.

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D.A. Pennebaker, el hombre que registró al mejor Dylan

Archivo Periodístico,Cine,La Nación Domingo,Perfiles 3 June 2007 | 0 Comments

A una semana del primer tributo criollo a Bob, conozca al hombre que giró con el músico en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 3 de junio 2007.

Un teléfono suena en Nueva York

-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

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Bitácora del Bacifi

Archivo Periodístico,Cine,Reportajes,no ficción,non fiction 1 May 2007 | 0 Comments

Este largo reportaje non fiction fue publicado origanalmente en Pániko. Fue mi aventura solitaria por el festival de cine independiente más grande del mundo. Y con una liquidación de sueldo por mis colaboraciones de viático.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Paniko, abril 2007.

7 DE ABRIL. JC es nuestro corresponsal exclusivo en la 9º versión del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Este es su primer reporte desde el otro lado de la cordillera, una crónica introductoria hormonal y plagada de lugares comunes sudacas. Aunque perdió la master class de Tom Waits, BAFICI exhibirá más de 400 películas, entre largos, cortos y mediometrajes, y recibirá a la prensa y curiosos con shows de bandas como Babasónicos y Yann Tiersen. Envidia.

GRACIAS A LAS GESTIONES editoriales de Aleandro Jofré y mis ahorros, compré un pasaje en bus directo al Bafici, el festival internacional de cine independiente de Buenos Aires. Sin pentdrive y con dolor de cabeza, me desparramé en el salón cama entre una delegación de alemanes gritones que bucaban conocer la Sudamérica Profunda y una pantalla LCD Sony que repetía la película de Superman. Me cae bien Clark Kent.

Treinta horas después, tras conseguir pieza de hostal (compartida con un alemán gordo malas pulgas y un brasileño que parece estar muerto), tomar desayuno con Romina (una amiga cuyo novio catalán le trajo el box set de La Buena Vida) y acreditarme en el Abasto, camino hasta Corrientes mientras Tom Waits con esa voz que tiene, habla sobre películas y su trabajo como “songwriter” ante la mirada orgásmica de la gente que se quedò fuera de la master class, pero que tiene una pantalla gigante y parlantes para no perderle la pista.


Ahí me da rabia por no haber llegado antes y retirar la entrada para Waits y entrevistar a D.A. Pennebaker (que aparte del viril apellido, siguió a Dylan en sus giras del 65/66, a Hendrix en Monterrey el 67 y a Bowie en su último show como Ziggy Starust) y asistir al debut porteño de Nacho Vegas -”parecía un robot con el pelo largo tapándole la cara mientras movía las manos encima de su guitarra”, dijo severo, el hermano cineasta de Romina. Pero la semana que viene se presentará en el Centro Español cantando canciones asturianas (!). Veremos que pasa.

Buenos Aires está sucia, desesperantemente húmeda y no entiendo el encantamiento que produce en el chileno media. Que te sorprenda que una persona te pida perdón por empujarte, sólo habla de lo maleducados que nos hemos pueto tras hipotecar nuestra libertad al capitalismo disfrazado de alegría concertacionista (wow, soy todo un analista político). A los 10 minutos, hojeando la cartelera de Página 12, la Rolling Stone de allá (mainstream, lo sé, pero sin Algo Records), entrando a las librerías, tomando café y revisando la grilla para ordenar las pelis que comentaré acá, me vuelvo a enamorar degeneradamente de esta ciudad.

8 DE ABRIL. A los seguidores de nuestra cobertura del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires les tenemos buenas noticias. En su segundo reporte, JC se fue de lleno a las cintas. En este review: Radiant City, A girl is a girl y Tonite let’s all make love in London.

El Harrolds Meeting Point -asi se llama, yo no tengo la culpa- está repleto de chicos cinéfilos apretujados y transpirados. Yann Tiersen es “el” evento del día y a las 22 en punto se sube al escenario y en vez de tocar con su acordeón parisino los éxitos de Amelie o Goodbye Lenin (que en el fondo es la misma partitura), se carga a la guitarra eléctrica y el rock hace temblar el elegante lugar. Y suena bastante bien.

Pero tengo una entrada en el pantalón. Es para “Radiant City” en el Atlas de Santa Fe. Entonces agarro el primer taxi hacia allá. Ahora tengo 30 minutos para escribir, y como no quiero ser Sergio Paz (aunque sus contactos si) me remitiré a las películas y el ambiente del festival.

1. Lo mejor del Abasto, aparte del McDonalds Kosher, es su salita de dvds y vhs. Llegas, pides una pelicula y la ves en unas pantallas de LCD, sin que nadie te moleste. De lujo.

2. Así, a las 10.30 de la mañana pedí “A Girl Is a girl” (Reginald Harkema, 1999). Según la reseña el director tiene “las mismas preocupaciones de Godard en los sesentas”. Es decir las mujeres. Ambientada en una Vancouver suburbana, bohemia y con disquerías de elepés, la cinta, básicamente propone que la mujer ideal se arma conlas mujeres que hemos conocido (sería un horror). Y a medida que crecemos nos aproximamos más a esa mujer total que construyó nuestra cabeza, sin que podamos  poseerla ni penetrarla en ningún sentido. Centrada en el romance de Trevor, el apavado protagonista, con una riot grrrl, guitarrista y de pelo rojo (que lo quiere mucho) y una enrollada chica de lentes de marco grueso (que lo jode mucho), el director presiona la tecla generacional/indie y sus códigos: conversaciones largas, personajes secundarios entrañables, referencias pop, bandas de garage, bares. Pero en vez de apestarte, te da risa: es Cinemax un sábado por la noche. Hay una escena donde la chica del pelo raro y Trevor van dialogando mostrandose los titulos de discos impresos en las carátulas. Eso me gustó. Hay otra escena donde la anteojuda se hace la difícil, le rechaza los besos, pero termina masturbando al chico. Hay mucho primer plano a cuellos, piernas y otras zonas púdicas. Ya sabemos de donde viene “Broken Flowers“, pero lo siento Jarmush: ésta si que tiene final.

3. “Tonite Let`s All Make Love In London” (Peter Whitehead). Mientras preparaba una nota sobre 1967, traté de conseguirme este documental y no pude. Al fin pude ver de primera mano a Pink Floyd tocando en la sala UFO, a Mick Jagger con una lucidez insólita, reflexionando sobre los jóvenes que protestan contra la guerra utilizando la violencia, mucho Northern Soul para acompañar las imagenes a las inglesas con minifalda, una activista política universitaria cantando Guantanamera y apoyando a Fidel en español (!). El verano del amor londinense, que según un tipo, fue un invento imposible de tomar en serio para una ciudad que cierra sus locales a las diez de la noche. Excelente. El italiano sentado a mi lado se emocionó con “When I Was Young” de los Animals y empezó a tararearla. Yo con mis pies hice la batería.

4. “Monkey Warfare” me tincó por la reseña: “(…) obsesionados por los 70, Dan y Linda y Susan intentan reverdecer ya no la cultura de coleccionar vinilos, sino también los ideales y las prácticas políticas de aquella época”. Otra de Harkemam pero de 2006, la historia gira en torno a este trío que se pasea en bicicleta y recolecta juguetes viejos o discos o libros, que los linkean a mayo del 68 o al movimiento de Panteras Negras. Lo mejor: la escena fantasma donde te enseñan a ser revolucionario y usar molotovs.

5. En la cartelera de Página 12 se anunciaba “The Rutles“, esa parodia Beatle de 1978 hecha por un Monthy Python. Así que corrí al Centro Cultural Borges, en el microcentro y después de un café, entré y me dio demasiada risa: sale Mick Jagger diciendo que los Rutles siempre le ofrecían canciones porque los Rolling Stones no eran capaces de componer, o Belushi o Bill Murray (y sus fans post Sofía Coppola jamás citaron esta participación). Lo mejor, cuando descubrieron el “té” en 1967 por culpa de Dylan. Éramos cinco personas en la salita.

Saludos desde la Ciudad de la Furia.

PD: Dejé este texto en borrador y vengo llegando de “Radiant City“: la película, Canadiense, para variar, muestra la vida en los suburbios: el mall como plaza, el garage como puerta, los terrenos baldíos y feos, los vecinos que no se conocen, las mamás odiosas y los papás que se “se conectan con su yo interior” manejando su camioneta 2 horas por día. Entonces uno se entusiasma y enrabia porque hacia allá va Chile. Con estadísticas y la opinión de expertos se demuestra que es una vida de mierda, que a diferencia de vivir en el centro, no te integra, te aisla y te obliga a reproducir el mundo en tu pieza con internet o la televisión satelital. Hasta que, y perdonen que cuente el final pero es un escándalo, el director nos confidencia que todos los habitantes de “suburbia” eran actores, para parodiar los avisos publicitarios de los conjuntos habitacionales. Ahi se fue a la basura todo. Jim Brown y Gary Burns: así no hay verdad que se sustente.

9 DE ABRIL. En la tercera entrega desde BAFICI, JC termina algo decepcionado de los estudiantes de cine trasandinos. Quizá por su demora en el subte, sólo comparable con las de su homólogo del Gran Santiago. En esta crónica: Sueños de Polvorón y Música nocturna.

Estoy ordenando el programa para ver 5 películas por día. Hoy sólo vi dos y siento culpa. El resto de la jornada me la pasé acompañando la marcha de los profesores en el Obelisco, por el homicidio de un colega a manos de la policía en Neuquén (avalado escandalosamente por su gobernador). Habían unos tipos con unos tambores y ya veía que en cualquier momento empezaban a cantar el tuta tutá. El subte estaba cerrado y cuando lo abrieron a las 14.00 estaba tan lleno como en Santiago, pero la gente pedía permisos y perdones y disculpas. Llegué, al Abasto, revisé el mail: Alfredo Lewin felicitándome por un texto,  cadenas  y partí directo a “Sueños de Polvorón“.

El documental relata el ascenso de Willy Polvorón estrella de la canción (y eterno estudiante de Derecho) de Los Polvorines, barrio industrial castigado del Gran Buenos Aires. Con más actitud rockera que Delfin, pero con la misma falta de talento (”Si tuviese éxito en un caso hipotético, cambiarían mis punto de vista sobre la existencia, comenzaría a creer en Dios”, dice un entrevistado que repartía panfletos para sus escasos shows), sólo la pasión y la autoconfesada locura de su amigo/manager, el insólito éxito en la Rock and Pop y sus canciones sobre bicicletas perdidas, asados y covers mal pronuciado de los Beatles lo salvan del destino del autor de “Torres Gemelas”.

La cinta da gusto, la gente celebra y yo me acerco al director Gabriel Alijo. Le pregunto por Delfin, me dice que se lo tengo que presentar y quedamos en una nota.

Llego a Santa Fe y veo la publicitada “Música Nocturna” de Rafael Filipelli. No sé si será que Hollywood y sus estructuras hacen mal, o es mi falta de interés en los estudios sobre cine, pero una cinta donde una pareja se odia, con planos de cinco minutos a una calle y orquestas sinfónicas me aburre fatalmente. Y lo peor es que es en los propios dialogos (sobreactuados) se explica el conflicto central: un intelectual de la música docta no puede terminar un libro porque está neurótico. ¿No debería dejarmelo claro las escenas? La gente se volvió loca aplaudiendo y era que no: si la película tiene la cooperación de los estudiantes de cine del instituto de Buenos Aires. Fome.

Y me duele la cabeza.

Nos vemos mañana.

10 DE ABRIL. El cine como técnica y lenguaje no basta. Según varios. Según JC. En su nuevo reporte desde BAFICI, chequeó los estrenos de las cintas Amber city, Marriage stories, 20 years later, In between days y Reprise, la película generacional de la foto

Creo que el cine como técnica y lenguaje no basta. Aunque demasiada gente ponge los ojos en blanco, escriben fanfictions del libro de Fuguet (o, ejem, Godard) y dicen que su vida es como una película independiente de Cinemax, no muchos han relexionado la tremenda obviedad que acabo de decir en la primera frase.

Llego a primera hora y el pelado de la salita de cine, me dice que tengo que ver a Jem Cohen. Todos hablan de Cohen. De hecho anda por acá haciendo lobby. Cohen, documentalista de la contracultura pop, que persigue a Fugazi o graba videos a R.E.M, me parece muy respetable en el papel. Así que me senté con el VHS de “Amber City”, esperando un bombazo emocional y en realidad, era algo de no creer: una voz femenina presentando descoloridos planos a las callecitas de Amber, Italia; esquinas de su bibloteca o las frutas de su mercado. ¡Cohen al menos como cineasta es un buen fotógrafo!.

Pero tras escuchar como Romina -mi amiga con novio catalán a la cual jotean suecos indies enviandole copias del fanzine Anorak City- encontrar todo malo (desde los listados de Pitchforkmedia hasta “el hype insensato y mainstream de Arcade Fire”), concluí que debía darle otra oportunidad, ver otro VHS y luego tal vez entrevistarlo en el Mc Donalds Kosher. Pero ¡se cortó la luz! Y no pude ni siquiera elegir otro documental de él. Los cinéfilos, cinépatas y estudiantes de cine, estaban enfurecidos porque todas sus cintas quedaron en la mitad.

Se me olvidó contar que en la mitad de “Música Nocturna” la cinta se quemó también. Y aunque pudieron continuar con la proyección, me quedó muy claro que obras tan magnas como aquellas no tienen más remedio que autodestruirse. Ahora está lloviendo y saqué entradas para todas las que me interesan mañana. Vamos a las películas.

MADERA NORUEGA. Phillip y Erik son dos veinteañeros que quieren ser escritores. Ingenuos, talentosos, rockers. El primero sale “con la única chica del país con el Road To Ruin de los Ramones en vinilo, además de reconocer que The Clash la aburre”.  El otro tiene novia, pero jode mucho y piensa en terminar con ella. En un bar, uno de los amigotes concluye muy serio: “Mándala a la mierda. Las chicas como novias, no te ayudan a ser lo que quieres ser. Te encierran en un círculo donde los amigos, los libros y la música dejan de interesarte y terminas convirtiéndote en un asqueroso burgués que pasa todos los putos fines de semana viendo tele y cocinando con ella. Amigo, ¿existe alguna mujer que te haya recomendado una banda o un libro que no hayas leído en la enseñanza media? Si existe, es porque su padre, hermano o ex novio se lo mostró”.

Risas nerviosas. Aplausos.

“Reprise” de Joachim Trier, no solo sorprende y gana premios en festivales independientes como el de Karlovy Vary, sino que mientras otros rozan, la cinta penetra. Y ojo, que según Pagina 12, son las otras penetraciones la novedad del año en el Bafici, como “Short Bus” (que tiene sexo real, según todos es muy buena y, me informan, se distribuirá en Argentina). Y, aunque sea un poquito tonto, me gustan estos guiños y referencias melómanas en el cine, como la polera del Queen Is Dead de Phillip o la música de Joy Division  que enmarca la cinta.

Un accidente de Phillip y el inesperado éxito de Erik encausa la historia hacia una una historia de crecimiento coral, una reflexión sobre la voluntad (la figura de un viejo escritor de los sesentas santifica la búsqueda de ambos protagonistas) y un retrato generacional tipo “Dazed and Confused” pero más nouvelle vague y existencialista que cualquier cosa de Linklater. Acá hay buenos personajes, amistad, libros viejos, computadores, agentes literarios, post punk, caminatas, borracheras, escapadas a Paris, celos, cagazos y una infinidad de asuntos que aunque no conectarán a todo el mundo, al menos te conectan a ti. Es obvio. Y sin nada de A-Ha.

Con la ridícula fijación por los superhérores en la cultura televisiva/hollywoodense (puedes confiar, repito, en un tipo con capa el 2007?) agradezco, saludo y felicito el arribo de los nuevos cineastas que son nerds de bibliotecas/disquerías y no nerds de comics. Al fin.

DOCUDRAMAS. Me voy al Abasto a ver un documental que subrayé: “Marriage Stories, 20 Years Later“. Al final si ves todas las películas que te recomiendan terminarías alienado. La premisa de este documental es seguir a una pareja que inauguró los “Estudios sobre el matrimionio” en la TV comunista checa en 1980. Ver en qué andan ahora. Y es un espanto: con un negocio de muebles que no logra repuntar, cinco hijos -”nosotros quisimos tenerlos, pero nos miran raro” declara ella- uno con problemas de drogas y el otro de aprendizaje y una vida reducida al trabajo, es una prueba contundente que no te debes casar enamorado. Ellos lo hicieron y el marido está devastado (incluso llora y a mi me da una tristeza enorme) y ella es una neurótica. Uno de sus hijos se mete al ejército porque “quiere ser libre”. Si esos papás hubiesen pensando las cosas mejor y se hubiesen dedicado a sus hijos, otro gallo cantaría. Y estremece ver a la mujer declarando en blanco y negro: “Me caso porque lo amo. No lo he reflexionado. Pero tampoco creo que sea un pecado o algo tan terrible hacerlo tan apurados”.

ESTOS COREANOS. Se supone que el cine independiente de Corea es el que mejor retrata la vida urbana contemporánea. Para comprobarlo, pedí el dvd de “In Between Days” de So Yong Kim (2006). La cinta es básicamente: una chica Coreana en Toronto con tristeza, que camina con anorak en invierno y que no hace nada. Como la de “Babel” pero sin las partes pornográficas. Fome.

“OPERATION FILMAKER“. Otro documental que subrayé. Un estudiante de cine Iraquí termina trabajando de asistente en una película con capitales judíos en República Checa. Todo gracias a las gestiones de un productor de MTV. Una chica decide grabarlo. El problema es que el tipo es un irresponsable y engreído. Aparte de defender a Bush por darle esta oportunidad (!!!), deja trabajo pendiente para irse de carrete, miente sobre sus orígenes -le dice a “La Roca”, si el mismísimo, que su casa fue bombardeada- y le pide plata a la gente y no la devuelve. Inteligentemente la directora Nina Davenport, muestra el choque con la cultura emprendedora estadounidense: “Debes servirle café a tu director, aunque sientas que esa no es tu labor. Debes hacer todo lo que te pida. Así te vuelves imprescindible para él. Y te dará una oportunidad”. Mucha sonrisa y poca ayuda, para este chico iraqui, que no hace nada para ganarse a la gente, claro. En la ronda de preguntas un tipo preguntó si no era ese acaso el problema, que los yanquis esperaban un iraquí trabajador y respetuoso del sueño americano y les sale este pastel que incluso apoya a Bush, ante el espanto del liberales y progresista equipo de filmación. Al final el tipo se fue a Inglaterra -beca “La Roca”- pero sin plata, pidiendole a la propia directora, enfadandose, quitándole las cintas y luego, invitandola nuevamente. “Si. Me arrepiento de haberme involucrado, pero te aseguro, chileno, que haré que ese tarado me la devuelva cada dolar que le presté”, me dijo.

Saludos cinépatas, cinéfilos y porteños.

11 DE ABRIL. Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. BAFICI. Reporte número cinco. Cintas: Upa, How is your fish today y Zorro’s mar mitzvah.

Quiero ver “Short Bus“. Todo el mundo insiste en que la película es la bomba, porque está ambientada en Nueva York y los protagonistas tienen sexo de verdad. Como ya les conté, será distribuida en Argentina y no faltará quien la lleve al Cine Arte Alameda y hasta un periodista de LUN podría hacer una nota al respecto. Pero no la encuentro en la salita de vhs/dvds. Así que pido, sin dudarlo UPA (Una Película Argentina), el demencial debut del trío de directores/actores Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker.Terminé cagado de la risa, ante el espanto de los serios críticos de cine que estaban con los ojos en blanco ante las propuestas de Corea o del señor Cohen.

1. UPA CHALUPA. Veamos: un aspirante a director, gordo, gay y engrupido recibe la mejor noticia de su vida. Un premio desde el extranjero. Se trata de un incentivo monetario para desarrollar un corto. Ese corto servirá para vender un proyecto de película. A su vez ese dinero servirá para continuar buscando recursos. Y esos recursos permitarán filmar (o grabar) la película de una buena vez. Já.

Como si fuera un documental, con esas cámaras mudas pero nerviosas e intrusas, UPA nos muestra el proceso de buscar actrices (”¿no será una de esas películas de ahora donde no pasa nada durante dos horas?”, pregunta una), los ataques de divismo entre el equipo (”quiero maquillarme diez minutos como la otra”), la histeria ante las caídas de las locaciones (”hagámosla en mi departamento”, dice el gordo) y en definitiva todo el hueveo para sacar un maldito corto para promocionar una película.

Aparte que el corto en sí, es una cosa godardiana en blanco y negro y artístico que francamente da más risa.

UPA es el “This Is Spinal Tap” de las escuelas de cine. Me dan ganas de robarme el dvd y exhibirlo clandestinamente.

2. PELÍCULAS DONDE NO PASA NADA. Termino la película, voy corriendo a la sala a ver otra y la sala está llena. Ni siquiera alcanzo a ver el spot -odiado por muchos a estas alturas- donde unos tipos le insisten a otro a que muestre el cuadro que sostiene en sus manos y que según él, “no se puede, porque es el cuadro más triste del mundo” (la respuesta al enigma en youtube). En fin. La sala estaba llena. “How Is Your Fish Today” era la película. Y bueno, es una cruza documental/film (financiada por la siempre generosa BBC) donde un aspirante a escritor devenido en guionista de telenovelas en Beijng inventa un personaje que asesinó a su esposa y escapa hacia el norte, a Mohe, una tierra casi mítica para el escritor, donde dicen que el sol casi nunca se pone. El escritor está desencantado, con abulia. Se hizo budista, pero no encontró ninguna respuesta. Le aconsejaron tener un pez, pero se le mueren todos, excepto “Bella de Día”. Finalmente toma el tren para seguir a su personaje.

La película/documental es lentísima. De hecho en un momento, no estoy seguro si me quedé dormido, pero cuando me reincorporé, el tipo seguía en el tren. Guo Xiaolu, explicó después que “en este momento la película se vuelve documental”. Las texturas y las escenas de la vida cotidiana en Mohe y la China del norte, fronteriza con Rusia, repleta de hielo y, especialmente los pescados saltando sobre el fondo blanco, es increíble.

Lo raro, es que mientras el cine comercial está empeñado en acelerar en sincronía con la televisión por cable, imagino. Esta cinta -cuyo plot originalmente trataba sobre un tipo que asesinó a un comunista, pero para evitar la censura transformaron en su señora- es en cámara lenta.

“Para vender la película usamos una larguísima secuencia donde una pareja cocinaba pescado en Mohe. Duraba más de 5 minutos. Lo redujimos a 1.30 y la mostramos. Aun no obtenemos distribución”.

Una pena, porque esto si es que es travelling without moving.

3. SHALOM. Me comí unas hamburguesas en el Mc Donalds Kosher. No sé que les pasa, pero me atendieron bien. Creo que estos textos, por ser escritos a alta velocidad, pierden el peso. A veces, pudes reflexionar algo en serio, pero el soporte, digamos, “filológico” no te da. También pienso que debería estar ya, en el dj set de Babasónicos que es a las 00.00. Pero antes, la última película de la jornada. “Zorro`s Bar Mitzvah” de Ruth Beckermann. Esta noche soy más judío que el Muro de Los Lamentos. Se trata de un seguimiento a las familias judías de Austria en sus respectivos Bar Mitzvah, que, para los ignorantes, es una especie de fiesta de 15, donde los chicos “toman sus pecados, que hasta ese momento cargaban sus padres, y se hacen resposables de ellos, es decir se hacen adultos”, como bien explicaba un rabino.

La ceremonia gira en torno a un chico obsesionado con el Zorro, y que exige al videista que repita una escena calentona que viver el bueno de Antonio Banderas. El documental es chistoso y la gente se ríe. Yo debi haber tenido una de esas fiestas, pero ni siquiera estoy seguro aun si mi abuelo es paisano de Woody Allen.

12 DE ABRIL. Frente a frente con Keane, en esos cachondos set íntimos de la cadena Much Music, mientras BAFICI encandila la otra mitad de Baires, la banda de Tom Chaplin mostró su repertorio a la prensa argentina en la antesala de Vive Latino Chile. JC terminó afónico de tanto chillar por los ingleses, revisa su apología.

Tom Chaplin y su banda Keane están frente a mí. Yo sigo el ritmo con el pie, canturreando “Cause everybody`s changing and I don`t feel the same“. Pero mi mente está en las empanadas, pizzas y tragos que se reparten acá, en La Trastienda, el local más famoso del “rock nacional” donde toca Spinetta o Pyschodelic Furs. ¿Cómo llegué acá? Contactos, eso mismo que no tengo en Santiago porque pensaba que Algo Records ya tenía contratado un relacionador público.En fin. Estoy en un especial de Much Music. Un recital íntimo como le dicen. Y el gordito de Keane está flaco y se cree mino porque usa ropa negra apretada y baila mientras canta. Si. Es igual a Jofré.

Se supone que Keane es una banda detestable. Un grupo de casting, mamón y lastimero. Lo peor de Coldplay pero con menos electricidad aun. Pero a mí me gustan. Algo hay en los cambios de acordes, en ese piano con efectos y la forma de alargar las frases de Chaplin que nunca antes se había escuchado. Tal vez si, en bandas que a nadie le importan como The Hit Parade de Sarah Records.

De hecho el recinto aparte del estresado equipo de grabación (”si me tocás algo, te vas al infierno, che”, le grita un cameraman a un pendejo) está repleto de gordas e histéricas, tipos elegantes que se nota no entienden nada y parejas de buen pasar.

David Bowie modelo Ziggy Stardust deja de sonar y aparece la banda, con más cara de turista perdido que de rockers curtidos en la carretera, y comienzan a repasar sus hits, en un formato piano/batería sin platillos/voz. Si bien el sonido pierde bastante, “Somewhere Only We Know” o “Bedshaped” emocionan, porque se nota que la banda aun no se apesta de tocarlas y por ende, se la creen.

Luego viene una pausa para la entrevista.

Saludan en castellano y ellas gritan “ahhhhhhhhh”, encantadas.

Ahi te das cuenta del “piloto automático” de las bandas presionadas por su sello para cultivar las buenas maneras en estos nichos de mercado, y además de la paja que debe dar desarrollar una respuesta nueva a una pregunta que te hacen mil veces. Y eso es tristísimo.

“Es increíble tener fans de todo el mundo y que vayan transmitiendo sobre la banda acá en Argentina … o Chile! (según un artículo de Wikén, titulado acertadísimanente “De Parte de Keane”, se habla que ellos están convencidos que fue un dj chileno el primero en creer en ellos, pero al parecer era centroamericano). “El piano es más emocional, pero nos gusta que suene como guitarra”. “Es extraño tocar en Glastonbury ante tanta gente, o componer en la ruta o no tener tiempo para nada”.

Chaplin relata su choque en la calle con Paul McCartney  y que terminó en colaboración. “¿Quien no es fan de los Beatles? Lo notable fue como Paul corrió a una disquería, compró nuestro disco y le gustó”.

Luego sigue la tocata y la locura.

A mi me deprime un poco, aunque seguiré defendiendo sus discos.

Mañana más cinema y diversión,

23 DE ABRIL. En algún pegoteado ciber del sur, JC despacha su último review del Buenos Aires Festival Independiente de Cine Internacional. Hoy: Scoop, Filmatron, Paprika, The third pint, Slumming, trailers y más pelis.

Estoy en Tomé, octava región. Misión periodística. El Bafici terminó y Upa! -mi favorita, en serio- ganó premio categoría local y el “drama intimista coreano” In Between Days categoría internacional. El último piso del Abasto quedó vacío, me quedé comiendo pizzas y con bastantes ideas en el tintero y con este informe escrito en un cuaderno, con el último fin de semana cinematográfico del festival.

En la revista “Ñ” editada por Clarin y que se vende en Chile con meses de retraso (como la RDL), aparecía un reportaje sobre el Bafici. El redactor jugaba con los conceptos “snob”, “anteojos de marco grueso” y “sentirse parte de una comunidad” para describir a la gente acreditada que se ríe fuerte, especialmente cuando no hay subtítulos al español. Me dio risa eso, aunque el artículo era, en el fondo, una compilación de observaciones obvias. Pensaba esto mientras tomaba vino en “El Palacio del Queso” a cinco cuadras del Abasto, desde donde tuve que pagar la cuenta, correr y chocar con argentinas con poleras de Joy Division y sus novios dientones, todo sea para ver las últimas películas.

1. SCOOP. En rigor no estaba en la cartelera del Bafici, pero sí en el mismo cine donde se exhibían las películas en competencia. ¿Como no ver a Woody Allen en Buenos Aires, donde es un ídolo y éstán editadas hasta sus obras de teatro? Acá, Allen es un mago/ ilusionista de gira por Londres que invita a meterse en una caja “desmaterializadora” a Sandra Pransky (Scarlett Johansson haciendo de estudiante de periodismo). El problema es que adentro ella se encuentra con el fantasma de un periodista que no podía irse al sueño eterno sin contarle una primicia: el famoso “asesino del tarot” es, en verdad, un conocido aristócrata británico y esa si que es una buena historia perioística. Pransky convence a Allen, quien termina haciendose pasar por su papá y le dice a la gente: “bueno, al menos ahora es menos tonta que cuando nació”. Lo mejor de todo es ver a Woody Allen en la pantalla grande, reirse mucho y comprobar que la película no es mala como dijeron los críticos de rostro severo.

2. FILMATRON. “Estuvimos ocho años haciéndola” explicaban los de Farsa Producciones, los mismos de ese clásico llamado “Plaga Zombie” (cuando la palabra freak sólo la usaban los freaks). Y todo ese pulso artesanal enmarca una historia demente: estamos en un mundo orwelliano/sudaca donde la televisión está controlada con programas malísimos y no existen cámaras ni posibilidad de filmar películas. Entonces un grupo de rebeldes aprovecha el concurso “La Película de la Gente” para contar la historia de lo que está pasando. Con mucho personaje secundario demenbte y querible, guiños al mejor cine “b” y esa cosa esperpéntica/futurista recuerdan que estas historias “frikis” son las mejores.

3. PAPRIKA. Sábado por la mañana. Nuevamente el cine lleno. Animación japonesa y juego de espejos a lo Matrix sobre una máquina capaz no sólo de proyectar los sueños sono de compartirlos y meterse dentro. El invento, como era de esperar se le va de las manos a los cientíticos y todo queda en manos de la buenamoza Paprika. Una historia enredadísima -todas las películas que tienen que ver con sueños/pesadillas exageran el recurso de la confusiòn realidad/fantasía, con una escena notable de una parade perversa con personajes de sueños que quieren dominar el mundo y esa sensualidad naive de la agente Paprika. Interesante, apesar de todo.

4. THE THIRD PINT. Con guión y dirección del argentino Luciano Podcaminsky, se trata de un inglés que al beberse la tercera cerveza y sintiendose tan feliz al conocer a una mujer termina desapareciendo ydescubrendo lo bueno y lo malo de la invisibilidad. Su ingenuidad y mensaje cristiano chocó bastante con el cinismo cinematográfico, pero a mi me gustó. Es tan obvio que hay que cuidar y querer a los amigos que siempre se olvida.

5. SLUMMING. Esta la tenía subrayada desde siempre. La cinta austriaca -seleccionada en el “cada vez más mainstream” segun muchos Sundance y todo- gira en torno a una especie de Enrique Symns -es decir, un poeta de las cosas simples pero que leyó a Lacán- que vende sus textos e insulta a la gente, y unos niños ricos con tristeza que se meten en los barrios bajos y se dedican a seducir chicas por internet. Uno de ellos decide jugarle una broma metiendolo en la maletera del auto y haciendolo despertar en una heladísima República Checa. Buena y extrañísima.

6. L` ANNÉE SUIVANTE. Esta es una de esas cintas que uno llega porque no hay nada más en cartelera. Y al final te pasan cosas. Acá la idea de la soledad está tratada con largos planos de Manu, la chica protagonista sobreviviendo a los malls y Carrefours de los extramuros de Paris. Su querido e izquerdista padre recién falleció y su madre está empeñada en vender la casa y borrar el pasado. Lo que podría ser una lata o una especie de Lost In Translation con inmigrantes africanos, su directora Isabelle Czajka esquiva todos los cliches yprimero concentra la angustia adolescente de Manu, el duelo -que en verdad es el duelo de la izquerda de mayo del 68 simbolizada-, la tarada de la madre, el contrapunto entre bosques y megamercados y la más puta soledad. El punto de inflexión lo marca un instructor de tenis del resort que eligieron para olvidar, y que termina besando a Manu, pero ella en vez de responderle, pone caras de asco y comienza a buscar la forma de escaparse de la casa y tener trabajo, mientras se atan los nudos sueldos y el fin empieza a apretar al espectador con un final-no-feliz. Emociona de verdad. Ojalá que la distribuyan en Chile.

7. WOMAN ON THE BEACH. Aparte de revisar el debut de Jackie Chan (”Twin Dragons”) y la imprescindible “Don`t Look Back” con Dylan, el plato fuerte de la última jornada fue esta cinta coreana. Un guionista tiene que terminar un trabajo que le encargaron y viaja a la playa con un ayudante. Pero éste  invita a la novia y el guionista termina echándole el ojo, mientras el ayudante simplemente desaparece. Lo que podría ser un romance de aquellos, se diluye cuando la chica se le ocurre contar -ante la insistencia de ambos- que tuvo muchas relaciones durante el tiempo que vivió en Alemania. Eso el guionista no se lo puede perdonar: “Todo el tiempo me vienen imágenes y no puedo luchar contra ellas”, entonces se busca otra parecida. El problema es que la chica vuelve y se encuentra con la escenita. Si bien la película puede ruborizar a los que hayan pasado por una situación parecida, no es muy original. Es más que nada un capítulo de Pasiones bien filmado. Pero vaya que la pasamos bien y nos sentimos mal, con el rollento guionista.

Este es el informe desde el Bafici.

Chao.

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Seguimos a Tom Waits en Buenos Aires

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Música,Perfiles,Reportajes,Rock 29 April 2007 | 0 Comments

Tom Waits está vivo y pasó por Buenos Aires, en el marco del reciente festival de cine independiente. Habló de películas y canciones, respondió preguntas y claro, aporreó el piano ante un auditorio en pleno orgasmo. Después fue a ver a jóvenes tangueros, un partido de futbol y una secreta inspección de locales porteños donde tocar.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 29 de abril 2007.

BARRERAS PAPALES en plena Avenida Corrientes. Es sábado por la noche, hace demasiado calor y los transeuntes abandonan su rutina de cafés-librerías-teatro para contemplar a la multitud apretujada frente al Teatro Presidente Alvear. Hay guardias y una pantalla gigante también. “Venite pronto, che. Tom Waits dará una conferencia y dicen que también va a tocar!. Pero no nos dejan entrar sin invitación, la puta que los parió” grita un flaco de barba por su celular.

Suspenso. Una van se estaciona. Se abren las barreras y ante la incredulidad de los fans -que hasta levantan carteles ofreciendo dinero para conseguir la puta invitación- el mismísmo Waits se baja, levanta la mano derecha y saluda amablemente, sin quitarse su mítico sombrero. Saltan los celulares y cámaras digitales.

Es que su llegada a esta clase magistral organizada por el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires debía ser inmortalizada. Sobretodo, sabiendo que el músico es famoso por no dar entrevistas ni salir de giras “prefiero pasármela en la casa con mi esposa”. Después de todo tiene 59 y hace rato que abandonó la mala vida.

Adentro se encienden las luces (sorpresa! hay un piano!). Afuera, todos los ojos son para las pantalla gigante. Los periodistas encargados de conducir la entrevista lo saludan. Y él les dice a un auditorio ya entregado: “Hola!”. Gritos. Aplausos. Silencio.

PAPÁ DE LEJOS. Antes -aunque cueste creerlo- nadie queria a Tom Waits. Ni siquiera él mismo. Ya a los 18 era un viejo que daba tumbos por Los Angeles, con una petaca de whisky y su voz de monstruo, buscando cualquier antro abierto y equipado con piano. Eran los sesentas y como fugado de una novela de Bukowsky, trazaba un plan para completar el puzzle dejado por el padre ausente -abandonó su hogar hacía siete años- precisamente siendo como él.

“Mi padre era pura Rebeldía por partida doble”, confesaría el músico a la revista Mojo el 2004, recordando a este cantante y viejo bohemio llamado Jessie Frank, en honor a los bandidos Jessie y Frank James. ÉL le enseñó en guitarra las canciones de Woodie Guthrie, Harry Belafonte y corridos mexicanos. En los restaurants, cada vez que cruzaban la frontera, papá Waits pedía a los mariachis que por favor fueran a cantar a la mesa. Al final, la familia regresaba al hotel, mientras Jessie seguía cantando con ellos, regresando con los pajaritos, después de dormir en las colinas, mirando las luces de la ciudad y tomando tequila.

Entonces, el adolescente Tom convirtió a Louis Armstrong, Nat King Cole o Howlin`Wolf en sus figuras paternas. Los Beatles, que estaban en plena efervecencia, pasaron de largo. Su único contacto con la “contracultura” fue al dispararle casualmente a un amigo mientras practicaban puntería. En el hospital fue a visitarlo un primo hippie e intrigado, decidió partir a la cercana San Francisco, cuna del “verano del amor”. Terminó más interesado en la célebre librería City Lights y los cafés que en los recitales de Jefferson Airplane. Tom Waits ya era el vivo retrato de su padre.

Pero algun error habrá cometido en su destilada búsqueda paterna que, tras canciones, borracheras, vagundeo y la edición de “Closing Time” (1973) su sorprendente debut, fue adoptado por Frank Zappa para telonear sus shows. Y ahora lo cuenta entusiasmado entusiasmado dejando las bromillas al enciclopedismo de los entrevistadores -mientras le tiran datos duros él respondía “eh, si” o “eh, no”- y entregándose él a su público que le seguía la corriente.

ÉCHALE LA CULPA A FRANK ZAPPA.“Era una experiencia religiosa. Como si me tiraran a los leones. La primera noche inventaron un cantito para pifearme diciéndome que era malísimo. Creo que Zappa me estaba usando como termómetro rectal, claro que no en el sentido literal, jaja, sino para medir la temperatura del público, gente muy melómana. Cuando terminaba él me preguntaba “hey, Tom, como está la gente hoy”. Era una situación tristísima, pero pensaba: el show bussines es así y estoy pagando el piso. Así desarrollé un gran sentido del humor”- dice moviendo las manos.

Envalentonado por la experiencia, siguió dándole al trago y a la redacción cancionera. Sus ambientes aguardentosos, donde se desenvuelven texturas swingeras y blues, vientos, pianos maltratados, espesos riffs e historias degeneradas fueron un impacto al corazón de la industria de la cultura. Porque para entender a Waits no puedes poner sus discos mientras haces el aseo o comes con amigos: debes ensimismarte. Y como esto es casi un antónimo de la música pop, hasta el día de hoy Waits es acusado de sobrevalorado. O de todo lo contrario. Pero esto no es el planeta Arctic Monkey, esta banda británica que te ofrecen con la excusa de “haber tenido el disco de debut más vendido de la historia. Afortunadamente.

“A todos nos gustan las canciones” -dice, con esa voz que tiene- “Lo importante es que a ellas les gustes tú. Por eso debes coquetearles, hacerte el interesante, para que se queden contigo. Pero es un lío mantenerte atractivo todo el tiempo para que no nos abandonen. Hay que seducirlas, pero no sé si lo he aprendido, a pesar de los años. Uno no debería tenerse tanta confianza”.

MÚSICA PARA LOS OJOS. Waits dice que aunque le guste mucho trabajar en cine no se considera actor y reconoce que “las películas son caras y difíciles de hacer”. Fue camarero en “La Ley de la Calle” de Coppola, colaboró con Godard, estuvo en “Vidas Cruzadas” del finado Altman, se hizo amigo de Roberto “La Vida es Bella” Benigni y Jim Jarmush. ¿Cómo olvidarlo filosofando con Iggy Pop en “Coffe & Cigarrettes”?

“Si no te gusta tanto tu papel, pero aceptas trabajar igual, te aseguro que a la mitad de la grabación ya te quieres matar. Es como una relación de pareja: algo infernal puede salir en el camino. Hubo películas en que me dije: No puedo decir esta frase. No es graciosa. Y no va a ser graciosa porque yo lo diga”.

Su fuerte, claro, son las canciones para bandas sonoras: “One From The Heart” (del mismo Francis Ford), “Una noche en la tierra”, “Fight Club”, “12 Monos”, “La Tormenta Perfecta”, “Shrek 2″. Siempre con el inconfundible swing de sus manos sobre el piano. Mientras, paralelamente sacaba discazos como “Rain Dogs” (1985), “Bone Machine” (1992) o “Real Gone” (2004). “A veces quieren que mejores y salves una película con una canción. Y eso no se puede. Aunque a veces una canción puede iluminar un filme, pero no sé las leyes para lograr ese efecto”.

WAITS PORTEÑO. Fueron las profundidades de los ochentas -entre la cirrosis, los amigos y los proyectos cinematográficos- el peaje donde finalmente Waits se convirtió en hombre. En esos años abandonó el alcohol -que jamás interrumpió su actividad compositiva-, reconoció que también le gustaban los Rolling Stones y formó una familia.”Mi hijo es el baterista de mi banda y se queja que le pago poco”, confesó.

De su padre quedó el amor por la tradición músical estadounidense y la voz -”Desde niño que usaba bastón y trataba de hablar ronco como los adultos”. Pero el camino que trazó en su adolescencia al piano de clubs de mala muerte californianos ya es otro.

Por eso ahora ahora lo vemos con cara de enojado -Bob Dylan es un viejito gagá al lado de él- , impecablemente vestido -los Strokes y Franz Ferdinand quedan en ridículo-, arriesgandose a grabar discos triples para el pequeño sello independiente Anti, como si volviera a tener 17 y cerrando la Master Class -que al final se convirtió en un emocionante monólogo con preguntas- aporreando el piano para tocar “You Can Never Hold Back Springs” y “Tom Trambeurt`s Blues”

Después del show, antes que el público -con gusto a poco, obviamente- recuperara la respiración tomó la van y se fue a cenar con el medíatico gobernador de la ciudad Jorge Telerman, alguien dateó a Waits para ver a la Orquesta Típica Fernandez Fierro unos jovenes tangueros con look rocker que estuvieron recientemente en Chile. El domingo partió a Liniers a ver el partido Vélez/Boca

Lo que nadie supo fue sobre su tour un tour secreto por los teatros porteños como El Gran Rex buscando un local donde hacer algun show, emocionado por la devoción argentina. El Luna Park le pareció horrible.

“Uno hace las canciones cuando ellas desean que lo hagas. ¿Desaprovecharás el momento? Si lo haces, al final te enojas mucho, porque después termina escribiendolas Bruce Springsteen. No me pasó, pero nadie está libre”

PARA ESCUCHAR A TOM WAITS.

Closing Time. 1973.

Su debut. El equivalente a una larga noche en una taberna, atendida por un Waits pianista, rudo y confidente. Sorprende su voz ronquísima que con el tiempo iría volviéndose prácticamente death metal (pero con neuronas). Jazz, Rithlim and blues y una canción que fue versionada por Tim Buckley ese mismo año: “Martha”.

Small Change. 1976.

Disco que potenciado por su evolución poética que fue muy popular en pleno advenimiento punk. “Step Right Out” o el mismo “Tom Traubert Blues”. Piano, bohemia y sobria ebriedad. Mucho piano y saxofón para ambientes sórdidos.

Rain Dogs. 1985.

Una tapa que cruza perfecto el London Calling con cualquiera de los Smiths. Y como el mensaje se vuelve más poderoso con los contrastes, acá no hay nada de punk ni de jangle londinense. Acá hay rock primal, con instrumentos como el trombón, la marimba y el banjo, pero con unas guitarras espesas tapándolo todo en función de canciones como el hit “Downtown Rain” o “Big Black Mariah” con su adorado Keith Richards en guitarras.

Bone Machine. 1992.

Un disco bruto que jamás será un hit, pero como bien señalaba la revista Mojo: “marca un punto aparte en su carrera”. Rock and roll de ultratumba, voces que asustan y pulsiones africanas. El ADN del sonido negro, reactualizado en un disco/juego que al parecer dejó muy contento a su autor y a nosotros nos sirve para disfrutarlo y sobretodo conocer los límites creativos del viejo Waits.


Orphans. 2007.

Su último e impresionante disco triple. “Orphans: Brawlers, Bawlers And Bastards” (“Huérfanos: Alborotadores, Gritones y Bastardos” ¿un guiño a las novelas de Soriano?) Una eléctrica y poderosa colección de versiones de rockabilly, country, blues y folk (eso que llaman “Americana”), tan buena como manejar un cadillac por las míticas carreteras yanquis con un grupo de forajidos. Es cosa de escuchar “The Return of Jackie and Lucy” o “Low Down” (con ese sonido de guitarras al máximo y baterías machacantes pero en un estudio de los años cincuentas) para caer rendidos ante este viaje a la semilla.

CONOCERLO ES AMARLO
SIETE COSAS QUE HAY QUE SABER DE TOM WAITS.

7. A pesar de ser amigos con el cineasta Jim Jarmush estuvieron a punto de irse a los golpes. Según Waits, Jarmush estaba poniendo demasiado de su cosecha y la obra en rigor era un clip promocional “Me dijo: ‘Mira, no es tu película. Es una promo para mi canción’ (…) Recuerdo que lo encerré fuera, en el párking, y él aporreaba la puerta y gritaba ‘Jim! Voy a encolarte la cabeza a la pared!’ No pegó mi cabeza en la pared. Pero es verdad que en realidad los videoclips no son películas mías, son películas para una canción. Hace mucho que aprendí esto”.

6. Colaboró Junto al escritor William Burroughs colaboraron en una obra musical (“operística humorística”)The Black Rider. “Hablaba todo el tiempo de reptiles, armas e insectos. Si le conversabas de eso, le caías bien”, dijo Waits.

5. Keith Richards participó en la sesiones de Rain Dogs, aunque Waits se confesó incapaz de seguirle su ritmo tóxico. A propósito de las declaraciones del Stone, diciendo que jaló las cenizas de su padre, Waits dice “Bueno, no puedo opinar de eso. Total, eran las cenizas de “su” padre, no del mío”.

4. Los Ramones versionaron “I don’t wanna grow up” como último single en 1995. Waits les devuelve la mano y grabó en su último álbum “The return of Jackie and Judy”.

3.”¿Que pasará arriba”? le preguntó Waits a Martin Perez (editor de Radar de Pagina 12 y uno de los engargados de conducir la entrevista). “Este teatro está lleno de gente que no sabe inglés. pero sabe las letras de todas tus canciones, lo que sea que hagas va a estar bien”, le respondió, pero el músico no se convencía. “Me sorprendió lo nervioso que estaba, al punto que necesitó usarnos a nosotros, los que lo entrevistamos para tranquilizarse” -confidencia Martin- “Como artista, es un sobreviviente de las guerras de los setentas, el que más se dedicó al alcohol. Y realmente es uno de los mejores letristas desde Johnny Mercer, algo que nadie podría negar después de escuchar Orphans, el disco triple de baladas que recién editó”.

2. Joaquin Sabina: “Yo quería ser como Tom Waits, sabiendo que si hubiese nacido en España jamás hubiese encontrado disquera. Waits también es rock and roll”

1. Medio en broma, medio en serio Waits señaló: “Buenos Aires me facina. Estuve en el cementerio, una tienda de mascotas y un conscesionario de autos”.

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Generación Pokemon o el reportaje que inició todo.

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 11 February 2007 | 0 Comments

Los carretes de dos de la tarde son un fenómeno más complejo que el mostrado en el paparazeo de “La Cuarta” que escandalizó a las madres. Ésa es la punta del iceberg. Se trata del recreo de una generación que mezcla el look hardcore punk con el reggaeton. Que se photoshopea para conseguir citas vía fotologs y que se cita en MSN, mientras sus padres ven tele. Acá habla Makakatoons, los cronistas musicales de la movida, algunos productores de las fiestas y los adolescentes.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 11 de febrero 2007.

Santiago arde y dan ganas de golpear a Pedro de Valdivia por no fundar la ciudad frente al Pacífico. Saliendo de la flamante estación de Metro Quiyalles de Puente Alto, el sol de las 16 horas es una lupa que achicharra obreros, alumnos en práctica, carabineros, mamás con bolsas del Líder y vendedores de mote con huesillo. Todos calcinados, menos el pelotón de adolescentes que está siendo empapado por un camión a la entrada de Lola Lola Discotheque. Chicos, muy chicos, de 12, 13, hasta 17 años. Son los hardcoritos. O “pokémones”, aunque ni ellos mismos pueden precisar el origen del nombre. Tal vez por la insólita mezcla del look hardcore/punk procesado por MTV (piercings, zapatillas de skate, Simple Plan, la primera Avril Lavigne), con raros peinados japanimation y actitud reggaeton-boy, herencia de demasiadas horas frente a “Mekano” y “Rojo”.

Son los mismos que pasaban las noches de “revolución pingüino” bailando reggaeton.

“Es que después del colegio evolucionan. Se vuelven distintos. Súper locos. Eso pasa”, dice Tania Roque (16). Ella algo sabe del tema, porque dispara cientos de fotologs interconectados para ilustrar el asunto. Quinceañeras en peto fotografiadas desde arriba, niños con “chocopanda” a torso desnudo, grupos de amigos anunciando lo bien que la pasarán a la noche, niñas pidiendo perdón a la amiga por lo que hicieron, “desnudos artísticos” y anuncios de fiestas que prometen ser “tu vía de escape” o el lugar mítico donde “estallarán tus neuronas”.

MAKAKA QUÉ. Y acá estamos, con música electrónica de fondo y Karol Dance –una especie de Javier Olivares, con una polera negra estampada con la leyenda “100% wuashón”– animando a la gente, mientras el camión lanzaagua sigue disparando. Dos chicos están sobre el escenario al aire libre y él explica: “Ella se escapó de su propio cumpleaños en Algarrobo para ver a su pololo en Santiago. Y él la dejó plantada”. Al tipo le gritan “huevón, huevón”, pero él sólo sonríe, nervioso. La idea del concurso es que ella le pegue una cachetada y se lleve un alisador de pelo. Y lo hace. Después se subiría otro y tendría que soportar un golpe en el trasero con una tabla de skate para ganársela.

Michael Cerón (15) se ríe y dice: “Chucha, eso debe doler”. También tiene una polera negra. Atrás tiene estampado su MSN. Adelante, el nombre de su grupo: Makakatoons.

Su hit es “Hardcorita”, un reggaeton grabado en cool edit y que circula de MSN en MSN: “Hay algo en tu cara/ que me raspa la pichula./ Parece que sólo fue ayer/ que eras tonta, perna y bigotuda/ y ahora erís hardcore,/ choco panda y expansiones/ y con tus tillas (sic) de skate/ vacilái nuestras canciones”. Y es sólo el principio, porque las otras canciones sonrojarían a la mismísima Anita Alvarado con hija y todo: quinceañeras que comieron demasiado pollo y se dejan “puntear” mientras le dicen al chico “ven, papá, te voy a dar la pasá” (“Cheque a fecha”); un tipo ardiendo conectado al MSN y desesperado “porque no se conecta nunca esta culeada” (“Conéctate pa verte”), un tipo buscando un par de condones (“Bacilongo”) o la sospecha que la guagua de la tipa es de otro (“La wuawua”). Hay referencias a sexo oral, anal, lubricaciones, eyaculaciones y pezones. En exceso.

–Oye, pero la chica en las canciones siempre está calladita, no se defiende, es una mosquita muerta. ¿No los odian por machistas?

–Na. Las “peladas” (así llama a las hardcoritas) se ríen nomás –responde Cerón–. Además, todo lo que sale en las letras es la verdad. Y creo que ahora se tira más que antes. Los embarazos ocurren de puro huevones que son. Y por los papás, que no cachan nada –agrega.

Pero no hay rastros del Sodoma y Gomorra sugerido en las canciones esta tarde. Ni en los baños mixtos ni en la diminuta piscina donde un pololo lanza a su polola, tampoco en la disco, o la fiesta electrónica de afuera. Sólo reggaeton, olor a transpiración, bebidas de fantasía y un chico demasiado lampiño, con un tatuaje de Sistem of a Down que quiere ganarse una tabla de skate. Cerón dice que más tarde, besar a una chica es tan fácil que basta con mirarla a los ojos. Si aceptaron bailar Daddy Yankee contigo, la tarea está casi hecha. “Pero es una lata enamorarse. Se pasa mal. Se sufre”. Mientras tanto, algunas chicas se sacan la polera exhibiendo la parte de arriba del bikini y los tipos ponen cara de no importarles demasiado.

A TODO CARRETE. Adolescentes aburridos + fotolog + reggaeton. No hay que ser un genio para relacionarlos, inventar una idea y convertirla en oro. “Al principio eran las fiestas de colegio; pero ahora en las vacaciones, de dos a ocho de la tarde son un éxito. Es fácil promocionarlas por Internet. Además, se arma un staff que trabaja con nosotros y nos va muy bien”, explica Esteban Fernández, de Impackto Producciones. Estos chicos son todo un nicho de mercado y el Bar Urbano (Gran Avenida 4920), Punta Juárez (Vicente Reyes 90), Bar 89 (Américo Vespucio 7550), Costa Varúa (Trinidad 1533, La Florida) y el Lola Lola son sus epicentros.

Así, Alfredazo, Jeffersinho y Papi Nigga –el resto de la banda, con un promedio de edad de 20 años, orgullosos vecinos de La Palmilla, Conchalí y que prefirieron ir a la playa antes que dar la entrevista– constituirían los cronistas de esta generación que creció en casas pareadas de “comunas emergentes” y vio cómo sus papás contrataban Internet y TV cable en el mall un domingo por la mañana, y en la tarde celebraban un asado ante cualquier partido de la selección chilena de fútbol. Y lo cuentan chistoso y pasándola bien. De hecho, lo asumen como un pasatiempo por Internet, no como un proyecto artístico.

PINGÜINOS. “Uno lo pasa bien acá. Conoce gente. Fíjate”, dice Cerón. Después saluda a unos amigos. Mucha zapatilla gigante, ojos pintados, pelo largo y aplastado. Definitivamente, Kudai aprendió la lección y los guionistas de CHV estaban pensando en otra cosa porque el personaje de Ignacia Allamand en “Vivir con 10” parece cualquier cosa menos una chica normal de 16. “Sí, es extraño eso. Si la mayoría de las pendejas se viste como hardcorita”, dice Andrea.

“Yo no sé. No me preocupo del tema. Vengo con mis amigos, carreteo, voy a las casas, tomo a veces, algunas veces me beso con alguien”, dice Paulina, de 14. “No sé si somos todas iguales. No lo creo. Y las letras de Makakatoons me dan risa nomás. Eso”.

Indagar más es un terreno árido, porque los chicos sólo quieren divertirse, como dice esa canción. Cerón ahora va al Urbano y me pregunta si escuché “Pingüinos”, una canción que recrea perfecto la revolución de mediados de año (“Somos pingüinos y estamos luchando/ contra el sistema (…) Las leyes culeadas la pasan perdiendo (…) La LOCE cuentea,/ hay que puro cambiarla./ Si esto no pasa/ quemamos Alameda”. “Pésima está la educación, pues”, dice.

Makakatoons, sin darse cuenta, son un viaje húmedo y caluroso por el sueño chileno, adolescentes que prefieren bailar y pasarla bien, como si todo fuese un placebo para una “revolución pingüino” que podría repetirse este año, de la que participaron sin entenderla tanto como sus dirigentes.

Al intentar entrar al Urbano, una chica que se autodenomina periodista pregunta de qué se trata la nota, de que con tal de polemizar se puede escribir cualquier cosa. Adentro, una pantalla gigante muestra a unos chicos demasiado tropicales gozando entre autos en llamas y reggaeton salvaje, los adolescentes siguen bailando…

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