Observatorio El Elke: el universo en el patio de la casa.

Archivo Periodístico,Entrevistas,Perfiles 18 March 2008 | 0 Comments

El Elke es el sueño de cualquier astrónomo y su heredero Paris Bustos lo sabe. Hijo de un célebre investigador, consiguió fondos y auspicios para terminar este delirio de la tecnología que además de acercar las galaxias a la comunidad de la Octava Región, le permite estar cerca del cielo, sin salir de su casa.

Por J. C. Ramírez Figueroa Figueroa para La Nación, 18 de marzo 2008.

En la carretera que une Concepción con Tomé, entre un montón de casas de madera, se divisa una cúpula blanca. Una sorprendente estructura futurista visible también para los camioneros de la autopista interportuaria Talcahuano-Penco o buses interregionales que deben pasar obligatoriamente por la cercana Chillán. Es el observatorio astronómico Elke, ubicado en la parte más alta de Villa Los Radales, en Penco, allí donde las calles tienen nombres de estrellas como Antares, Canopus o Sirio.

“Fue una iniciativa de Arnoldo, mi padre. Logró que la Municipalidad de Penco las bautizara con el nombre de las estrellas que están justo sobre nosotros”, explica Paris Bustos (28 años), su hijo y heredero del proyecto inaugurado en 1962.

En efecto, fue el fallecido Arnoldo Bustos, un astrónomo aficionado que llegó tan lejos como su objetos de estudio: diseñó y construyó el observatorio, se hizo célebre por sus talleres en la Universidad del Biobío o la Técnica Federico Santa María y fue un gestor cultural que,en la época del cometa Halley en los ochenta, tenía hasta una tribuna en la televisión regional. “Todo lo aprendí de él. Cuando niño me empezaba a hablar de las estrellas, el espacio, las constelaciones. Me llevaba a sus charlas para apoyarlo con la información que me enseñaba”, explica Paris con nostalgia.

Éste no sólo heredó este delirio llamado Elke, sino que también la fuerza de la porfía. Más que sorprender por los cientos de proyectos en que participa, lo notable es que los gana. Precisamente el Fondart, la Municipalidad de Penco y el Observatorio Europeo Austral (ESO) permiten que el observatorio esté equipado y en perfecto funcionamiento.

ODISEA EN EL ESPACIO. Paris se ríe, pero literalmente es capaz de llegar al cielo sin salir de su casa. “A veces me quedo toda la noche escudriñando las galaxias con el telescopio”, explica. En lugar de la calma de los observatorios gigantes del norte del país, acá se escuchan micros, ladridos de perros y a veces hasta reggaeton proveniente de las fiestas de barrio. Pero a él no le importa mucho.

Este verano realizó, como cada año, “La Semana del cielo”, un apasionante inicio de temporada que logra juntar a los niños, pobladores de las villas cercanas y a los astrónomos profesionales de la zona. En el primer piso hay un escenario para las charlas donde se explica el origen del cosmos, los eclipses o cómo a partir de una fotografía se puede estudiar la composición de una estrella. En el segundo está el telescopio principal, además de otros secundarios, una máquina para tomar fotos y computador. “Es una de las cosas novedosas que hay en la comuna. No creo que haya otro abierto al público, ya que generalmente pertenecen al ámbito de las universidades. Vivo cerca y hace un año que lo voy a ayudar. Incluso Paris me ha enseñado a manejar los telescopios. Es infatigable, pero siento que necesita más apoyo. “, dice Roberto Villanueva (31 años).

En la municipalidad, en tanto, aplauden a Paris. “No en todos lados tenemos la posibilidad de contar con un observatorio “a la mano” como ocurre con el Elke. Es importantísimo para la comunidad y para la enseñanza. La mayoría de los colegios lo visitan. Además turísticamente es importante. La gente que viene en el verano pregunta por él para visitarlo. Por eso lo apoyamos”, dicen en la municipalidad.

UN LUJO PARA LA COMUNA. Tanta actividad tiene a Paris tranquilo, aunque algo tenso. Quiere dedicarse a la astronomía profesionalmente (ha estudiado otras carreras) y está reuniendo dinero para eso. Mientras tanto, construye telescopios a pedido, dicta clases en colegios y centros turísticos y continúa administrando el sueño de su padre.

“Somos hijos de una estrella que dejó su reflejo sobre nosotros, moviéndonos hacia lo desconocido. Tenemos que ser partícipes de nuestro pasado y viajar hacia el conocimiento de las estrellas”, dice Paris.

Paris Bustos, el responsable.

Este joven penquista tiene un observatorio en el patio de su casa. Y aparte de hacer telescopios e investigar la formación del universo, tiene un proyecto electrónico con Yogui Alvarado (Emociones Clandestinas) ¿Un genio? Mejor que eso: un tipo dando tumbos que duerme mirando las estrellas.

Por Juan Carlos Figueroa para La Nación Domingo, 24 de septiembre 2006,

Cuando explico que tengo un observatorio astronómico en el patio de mi casa, la gente me mira de arriba hacia abajo y no me cree. Es cosa de tomar una micro a Penco y bajarse en la villa Los Rodales. Distinguirás la cúpula blanca entre los techos y antenas. Arnoldo Bustos, mi papá, era un astrónomo autodidacta. De aquellos tipos desesperados por saber qué había sobre su cabeza. Con el primer sueldo en la refinería de azúcar CRAV donde trabajaba, compró un telescopio. No le costó conseguir financiamiento para su proyecto estrella, el Centro Astronómico Elque, inaugurado en 1962. Para mí, era un genio: hacía clases en la Universidad del Biobío, la Técnica Federico Santa María y Diego Portales, organizaba talleres en la comuna y tenía un espacio en la televisión. Sufrí mucho cuando falleció de un infarto el año 2000. En verdad, fue una mierda todo, pero entendí lo que significa ser el heredero de esto. Y me gusta.

Donde vivo, las calles tienen el nombre de la estrella que pasa por encima de ellas: Canopus, Antares, Sirio. Yo vivo en Alfa Centauro. Fue otra idea de mi papá. Tenía seis años cuando pasó el cometa Halley y los vecinos estaban vueltos locos acá y él les enseñaba feliz de la vida. A mí me interesaba el fútbol solamente. Recién a los 11 años, con un eclipse que vi -por la tele, más encima-, algo hizo click. Era como encontrar un pasadizo secreto en tu pieza y perderte allá adentro.

AISLADO. En el colegio no me pescaban mucho. O sea, hablaba de astronomía y mis profesores me hacían callar. Nunca me entendieron. Creían que yo estaba rayado o algo así. Es que no sabía quedarme callado. Lo que me salvaba eran los congresos de astronomía en los que me inscribía. Era genial para un adolescente penquista viajar, recorrer los observatorios grandes, como La Silla o El Tololo, y compartir con gente de mi edad que estaba en la misma. Ahí uno se siente acompañado. Mi viejo realmente me tomó en serio, cuando lo acompañé a una reunión con el director del Observatorio Europeo Austral.

“Paris, estoy orgulloso de ti. De verdad”. Eso me dijo en el bus de vuelta. Ahí sí que se me infló el pecho. Y créeme que no es normal que alguien de 17 años se demore menos de diez segundos en tener el objeto listo en el telescopio, de saberse la ubicación de cinco mil estrellas y que realmente pueda disertar de corrido las teorías sobre el origen de la galaxia o la composición de ella. Sentí una especie de vértigo. Me llegaba a dar miedo.

ADIÓS, PLUTÓN. Ahora yo soy responsable de este observatorio. El 2001 logré sacar adelante un proyecto Fondart y lo remodelamos. Ahora tiene una sala de conferencias, además de nueva implementación. Cinco telescopios, una cámara para fotografiar galaxias, un computador, biblioteca, sala de clases y una oficina. A pesar de dictar charlas, hacer cursos en colegios o centros vacacionales como las Termas de Chillán, estudiar astronomía bajo un convenio con la Universidad de Lancashire de Inglaterra siento que no he logrado tanto. Yo quiero ser astrónomo, pero siempre hay algo que me impide lograrlo. No sé muy bien qué es.

En los veranos organizo la Semana del Cielo. Es bacán porque vienen todas las familias, incluyendo los cabros chicos, a ver las estrellas. Les muestro mi observatorio, les cuento anécdotas, les explico cómo es posible saber de qué está hecho el universo con sólo fotografiar una galaxia. También estoy con el Yogui Alvarado, de Emociones Clandestinas, en un proyecto llamado Cosmofonic. Él se dedica a hacer música electrónica y yo voy lanzándole imágenes de galaxias. En estos momentos estoy investigando las estrellas de tipo binario en contacto, se llaman estrellas variables cataclísmicas. Puedo estudiar su evolución y compartimiento solamente por los cambios en su luminosidad. También construyo telescopios a pedido.

¿Plutón? Ya pasó a la historia. Ahora es un planeta menor, porque son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Es bueno saber eso, porque vamos precisando cómo se comporta nuestro sistema. Esa es la gracia de la ciencia: cambiar el curso de lo que se conoce. Antes, por ejemplo, se creía que el universo estaba fijo, ahora en expansión.

Me gusta mucho esta vida. Tal vez estoy loco, no sé. Lo único que quiero es que mi padre siga estando orgulloso de mí. Y bueno, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que yo duermo acá, en el observatorio. O sea, lo más cerca del cielo que se puede estar en Penco.

En acción

Observatorio Elque. Centauro 13, Villa Los Radales, Penco. VIII Región. Concertar visitas: (41) 245 84 37.

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Nacho Vegas, por el lado salvaje

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,Música,Rock 19 November 2006 | 0 Comments

Oscuro, literario y rockero, Nacho Vegas transita por la misma senda de Nick Cave y Bob Dylan, pero en nuestro idioma. Ahora prepara su desembarco como solista y con un proyecto paralelo junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury. A fin de año viene a Argentina y tal vez inyecte su veneno en Santiago. Esta es su primera entrevista para Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 19 de noviembre 2006.

Detrás de un cristal, cuatro putas invitan al extranjero a entrar mientras bailan un transpirado vals. Un padre no puede evitar mirar la mancha oscura que dejó su hijo Simón en el colchón después de suicidarse. Ante el juez, Ramona dice que mató a un hombre por culpa del calor y la humedad, y además porque esta vida iba a ser otra y algo salió mal. En el Bar La Sed Mortal, un borracho comienza a pedir perdón por todas las cosas y un payaso le cuenta que hasta los perros se ponen tristes después de eyacular.

Nacho Vegas (31 años, Gijón) escribe canciones que no sólo se escuchan, sino que también se leen. Y si una buena canción es aquella que te obliga a dejar cualquier cosa que estabas haciendo, el compositor español da en el blanco. Pedazos de un hombre/espejo roto que duele y muchas veces corta, desde “Actos inexplicables” (2001) y “Cajas de música difíciles de parar” (2003) hasta los simultáneos “Desaparezca aquí” (Limbo Starr) y “El tiempo de las cerezas” (Emi) –álbum doble junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury–, este flaco se ha convertido en el secreto mejor guardado del rock ibérico.

Aunque –tras sus constantes apariciones como artista o disco del año en la revista “Rockdelux”, el lanzamiento continental del disco con Bunbury y la bendición del YouTube de Internet– no es difícil encontrarlo, con sus gafas oscuras y su chaqueta de terno, caminando la senda de Nick Drake, Leonard Cohen o Nick Cave.

LOS CUATRO PASOS. Lo primero fue escuchar a Morrissey. “Era sensibilidad, ambigüedad sexual, provocación, belleza… todo. ¿Qué más se le puede dar a un adolescente desencantado con el mundo y hambriento de mitos a los que aferrarse?”, escribió el propio Vegas en un fanzine español dedicado al cine.

Luego, aprendió guitarra –inspirado en Sonic Youth– y formó bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. Después se encerró a leer y empezó a escribir letras en castellano. “Uno de los defectos de mi generación es abusar del inglés que oculta carencias y pone una frontera entre tú y lo que quieres decir”, manifiesta. Finalmente decide cantar en solitario.

Esos fueron los cuatro pasos de Nacho para convertirse en Nacho Vegas. Un compositor que ha sido saludado por “Página 12”, “Rolling Stone” e “Inrockuptibles”, y que ya inició el desembarco en nuestro continente con su sello Limbo Starr. El primer puerto es Argentina.

“El rock tiene una urgencia particular que lo hace muy excitante, especialmente cuando eres joven. La poesía es más sintética. El peligro es que puedes escuchar música lavándote los dientes, adoptando un papel pasivo, mientras que un libro siempre es activo. Los discos que más disfrutas también son activos”, explica Vegas al teléfono desde Gijón.

Y en su música, que alterna la electricidad despiadada y una perversa calma acústica, se detecta fácil un ADN de bibliotecas y rock. Pero, además, Nacho Vegas se salta el recurso del estribillo tarareable para caer en una zona del alma del oyente a la que pocos saben llegar. Historias de culpa, drogas, insomnio, muerte y amor condensadas en personajes miserables y atrapados por el destino como en los grandes dramas griegos.

“Unamuno decía que la gente prefiere el infierno a la nada. Lo único bueno del sufrimiento es que te hace sentir vivo. Y una de las cosas que más luces arroja sobre la naturaleza humana son los dilemas morales, el enfrentamiento con uno mismo”, dice soltando una bocanada de humo al auricular.

Aunque reconoce que hay un sentido del humor implícito en sus textos, se percibe un exquisito cinismo de cantautor a negarse a explicar lo que las canciones evidencian. “Es necesario llegar a un punto donde se crea una distancia entre la canción y el autor, trascender el puro relato autobiográfico. Las canciones sirven para cuestionarse a uno mismo y lo que te rodea, y uno puede intentar reconocer sus errores sin dramatizar todo. La tentación, cuando utilizas la primera persona, es caer en el ombliguismo”, explica.

Vegas estaría tocando a fin de año en Ciudad de México, iniciando su plan de promoción junto a Bunbury –del cual ya se desprende el single “Días extraños”, con aires a canción de carretera y al “Everybody’s talking” de Harry Nilsson– y además aprovechará de visitar Buenos Aires en plan solista, aunque no se descarta un showcase en Santiago de Chile.

“Yo creo que las canciones salen del desorden, de los sentimientos confusos y encontrados, un caos que escapa de la lógica y que uno necesita ponerle melodía y letra. La gente cree que mis canciones son tristes, pero eso es reducirlas. Transmitir esa sensación de absurdo es difícil”.

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The Beatles, como recién exprimidos.

Archivo Periodístico,Artes y Letras,Música,Reportajes,Rock 12 November 2006 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 12 de noviembre 2006

YA NO ES LA PULPA CONCENTRADA en el “Álbum Blanco”, “Revolver”, “Abbey Road” o “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”; sus obras maestras. Tampoco la apetitosa cáscara de sus sesiones para la BBC o la remasterización de la película “A Hard Days Night” o el DVD de su primera gira por EE.UU. o los inéditos y tomas alternativas del rotundo disco/documental “Anthology”. Ni siquiera las vitaminas de sus hits planetarios reunidas en “One”. La gota de Paul, John, Ringo y George que nos ofrecen para cerrar este 2006 se llama “Love” y verá la luz el 20 de noviembre. Una palabra que será disco y ya es neón en Las Vegas anunciando el musical del Cirque du Soleil que lo utiliza de banda sonora. La manzana Beatle sigue exprimiéndose.

Hace una década, el misterio era “Free As A Bird”. Se decía que Yoko hizo las pases con Paul, entregándole unas inéditas maquetas de John, que al fin los tres músicos volvieron al estudio y que Ringo fue el más entusiasta con la reunión, a pesar de la fantasmal mezcla que hizo Jeff -Electric Light Orchestra- Lyne. Pero nadie pudo escuchar la canción hasta la salida del volumen uno de la antología. Ahora las cosas funcionan distinto: la página web de la compañía teatral está habilitada y nos cuenta que la obra “evoca el exuberante e irreverente espíritu de Los Beatles, interpretado por la juvenil y urbana energía de un reparto de sesenta artistas internacionales”. En el trailer que nos ofrece, aparecen bailarines, trapecistas y equilibristas vestidos de todos los colores y bailando pedazos de canciones hábilmente hiladas. Un intento, supuestamente, de recrear el mundo del Sargent Pepper, The Fool on the Hill o Lucy in the sky with diamonds, personajes clásicos del imaginario Beatle.

LOCURAS DE MARTIN. Más revelador es visitar el website de la banda, registrarse y escuchar las cuatro canciones que nos adelanta: “Octopus Garden”, “Lady Madonna”, “While My Guitar Gently Weeps” y “Strawberry Fields Forever”, su single. En esta última, se escucha a Lennon sólo con su guitarra -la primera toma registrada de la canción-, luego entra una guitarra psicodélica, después los violines y finalmente las percusiones de Ringo, que ya conocemos en la versión original. La sorpresa viene al final, que mezcla las trompetas inspiradas en Bach de “Penny Lane”, el clavecín de “Piggies”, la coda de “Hello, Goodbye”, todo junto y revuelto, mientras el buen Ringo sigue dándole a los tambores. Lo impresionante es que George Martin y su hijo Giles, los responsables de esto, en ningún segundo quedan en ridículo: suena muy pero muy bien.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD. ¿El mundo necesita un nuevo disco de Los Beatles? Los Rolling Stones se sostienen en sus giras monumentales, Bob Dylan en hiperventilar su leyenda, Brian Wilson en narrar mil veces -cuando está lúcido- la grabación del “Pet Sounds”, The Who en sacar un disco de vez en cuando nuevo recordando lo rupturistas y modernos que fueron, Jimi Hendrix en sus infinitas horas de estudio y Led Zeppelin en películas como “Almost Famous”.

Pero los fab four son los únicos, donde cada reedición, remezcla o toma alternativa nos conduce, directo y sin peajes, a esta pulpa contenida en sus canciones, sacándoles brillo, ayudándonos a desentrañar su ADN y a capturar, una y mil veces, la evidente genialidad del grupo que, con 25 años promedio, abandonaban el pop formal para aumentar decibeles, abrirse al ska, folk, canción francesa o gospel, coquetear con las orquestas sinfónicas y valerse de la electrónica. En el caso de Los Beatles, ninguna grabación se reduce a la simple anécdota o la curiosidad de saber cómo se comportaban en los estudios de Abbey Road, sus desafinaciones o si alguna versión era mejor que la que salía en el disco. Los bosquejos valen tanto como la versión definitiva, porque es el “work in progress” de una obra que ya es patrimonio de la humanidad y no nos aburrimos de escucharla porque las canciones sostienen a Los Beatles y el mundo necesita las canciones de Los Beatles.

LOVE IS ALL YOU NEED. “No ha habido jamás nada parecido a The Beatles (…) Pero es como si a uno le preguntaran cómo es su hija. Ningún buen padre dejaría de encontrarla bonita”, declaraba George Martin durante su insólito paso por Chile como jurado del Festival de Viña del Mar en 1987. El productor, a pesar de su formación docta, vio en estos jovenzuelos de chaqueta de cuero y covers de Chuck Berry y Buddy Holly, el renacer del rock and roll y después, el futuro de la música popular. Hasta el término “quinto Beatle” le queda chico: Sin su influencia y asesoría musical, no existiría ni “Yesterday”, ni “Sgt Pepper`s”, ni “Because” ni nada.

Ringo, Paul, Yoko y Olivia Harrison le solicitaron que trabajara con ellos en el montaje de Guy Laliberté, amigo personal de George y fundador del Cirque du Soleil. Martin se sentó en la consola junto a su hijo y revisaron el archivo Beatle, donde se conserva cada instrumento, cada detalle de la voz, cada efecto. Tal vez en algún momento Giles le dijo “Papá, no seamos fomes, si es una remezcla, que sea verdaderamente una remezcla y además, que suene cool y mis amigos no me molesten por el resultado” y así fueron tomando trozos de canciones, superponiéndoles pedazos de batería de otros temas, solos de guitarra o fragmentos vocales, escapando ingeniosamente del concepto “Best Of” y jugando en el mejor sentido con el auditor/fan: es imposible no sonreír al distinguir el teclado de “In My Life” emergiendo en plena “Strawberry Fields Forever”.

Finalmente el proyecto se convirtió en disco. Serán 78 minutos de música con sonido 5.1, además de un DVD con sonido sorround que estira diez minutos más el álbum. La idea es reproducir el ambiente del espectáculo del Cirque du Soleil en el hotel Mirage de Las Vegas, en un teatro hecho para tener una visión y sonido en 360 grados. En la conferencia de prensa celebrada en México, donde se presentó el disco/banda sonora, se hizo firmar a los asistentes un documento donde se comprometían a no revelar nada más sobre el disco que la página web, aunque ya la New Musical Express publicó la lista de canciones que van desde “Help” hasta “Hey Jude”, pasando por las no tan conocida “Glass Onion”, el medley de “Drive My Car”-”The Word”- “What You`re Doing” y , obviamente, “All You Need Is Love”.

“Escuché cosas que había olvidado que habíamos grabado”, dice Ringo. “Este álbum reunió a los Beatles nuevamente, porque de repente John y George estaban junto a Ringo y a mí”, explica el políticamente correcto de Paul. Se publicó que la curva de ventas de la Emi es paralela a Los Beatles. Es decir, ellos además sostienen al sello. Y con la muerte de dos de sus integrantes, las decisiones artísticas con el legado del grupo pueden ir a cualquier lado, especialmente por el descalabro emocional de Mc Cartney, que justo cuando cumplió 64 -como su canción-, su vida afectiva se convirtió en escándalo nacional, con las acusaciones de Heather Mills de que es “drogadicto y violento”, mientras la prensa le descubría a ésta su oscuro pasado de actriz triple equis. Paul, el chico que hacía todo bien, declará que responderá enérgicamente a su ex esposa.

Es inevitable extrañar a Lennon y preguntarse qué habría opinado de tanto jugo Beatle -no olvidemos el reciente Let It Be Naked, un capricho de Paul, quien nunca soportó las mezclas del Phil Spector, el héroe de John-. Mientras Mc Cartney se entendía a la perfección con George Martin, Lennon se limitaba a tomar la guitarra, cantar y decirle al productor -según él mismo relató en México- “Bueno, tú sabes, métele algunas cuerdas, algo de metales. Ese es tu trabajo”.

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Marky Ramone: ¿El último de los mohicanos?

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música,Rock,Zona de Contacto,Zona.cl 1 September 2006 | 0 Comments

Marky Ramone es el único sobreviviente de la banda que creó el punk. Él sabe que acá, la locura por los Ramones es mayor que en EE.UU, donde los Pistols se llevaron casi todo el crédito y Green Day la plata. “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk”, fue una de las frases para el bronce que se mandó en la entrevista. Pero le da lo mismo, él sabe que es leyenda.


Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Guillermo Scott) para Zona de Contacto, 1 de septiembre 2006.

DON RAMÓN. Si no fuera por las arrugas, Marky se vería idéntico a como aparece en las tapas de sus discos con los Ramones. La misma chaqueta de cuero, la misma chasquilla y, obvio, las mismas converses. Mientras come una ensalada, se queda pegado en una vieja foto del trompetista Joe Sullivan que reposa sobre una pared del restaurante Bluebird de Providencia. Entonces mira a los ojos para responder la primera pregunta. “Claro que soy un sobreviviente. Mírenme: estoy vivo y respirando”, dice recordando a Joey, Johnny y Dee Dee, el resto de la familia Ramone que ya no está.

Marky Ramone es un punk amable. Y sigue siéndolo hasta que unos tipos de terno dejan la puerta abierta, a pesar que él les había pedido cortésmente que la cerraran porque hacía frío. Probablemente ni sabían quien era. Entonces, el baterista que a los 26 años abandonó el apellido Bell, grabó “I wanna be sedated” (78) y se fue a girar con la banda que creó el punk, levanta su metro 85 de estatura, les grita “asshole” y se vuelve a sentar aguantándose las ganas de ponerles un combo.

Marky llegó a los Ramones en 1978, como un suplente recomendado por el entonces baterista titular, Tommy Ramone. Marky entró a la cancha y supo jugar bien entre cada “one, two, three, four”, durante cada noche, ciudad y show. “No tuve que adaptar nada. Tommy y yo venimos de la escuela Ringo Starr. Él es grande, fresco, el mejor. Yo sólo tocaba un poco más rápido que Tommy. Y no pienses que nuestro estilo es fácil. Hay que ser muy preciso”

-¿Cuando te diste cuenta que ya eras un Ramone, que estabas integrado?

-Siempre lo fui. Hasta cuando me salí de la banda, aun seguía recibiendo dinero. En esa época (1981) yo estaba tratando dejar el alcohol. Ramones es lo que yo soy: un tipo normal al que le gusta tocar la batería”.

HEY HO, LET´S GO. 1978. En el CBGB´s los Ramones juegan de local y los Sex pistols son la visita que por entonces, se llevaba los créditos como creadores del estilo. Intimidados, los ingleses beben cerveza y miran de reojo al camarín. No saben como abordar a la banda que creó el estilo que ellos escaneron. Siguen bebiendo hasta que deciden acercarse a Los Ramones. Los neoyorkinos no pescan demasiado y en lugar de saludarlos, le pasan una chela a Johnny Rotten. La cerveza estaba meada. Los británicos ni se enteraron.

Los Ramones punkeando a los punks británicos. La historia la cuenta Marky entre risas, asegurando que es verdad.

-¿Es cierto que Syd Vicious les temía?

-El quería que nos presentaran. Estaba con Nancy y estaba seriamente borracho. Sid cuando chupaba se ponía muy odioso, rudo, quería pelear conmigo. Eso te dice como era su carácter y cuando supo que yo era un Ramone nos hicimos amigos, el era un fan de Dee Dee. Nos hicimos amigos porque nos juntábamos a tomar juntos, carreteábamos y eso. Una relación muy wasted.

-¿Qué pensabas realmente del punk inglés?

- “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk. Malcolm Mclaren, los juntó, los peinó, los vistió y les puso el Sex a los pistols. Eran punks fashion y eso es. Pero no eran una mala banda, no hacían mal punk. Eso sí, sin los Ramones no serían nada, ellos solo eran una banda de pop rock, se sentaban con sus pelos largos y tocaban la guitarra, eran unos hippies no hay ninguna diferencia entre ellos y Neil Young. Los ingleses tiene esa fijación con ser los que cambiaron la historia, ellos siempre dicen que inventaron el rock o el punk. Pero los que partieron todo fueron Elvis, Chuck Berry, Little Richard y tipos como ellos”.

-¿Por qué crees que durante mucho tiempo en EE.UU el crédito del punk se lo llevaran los Pistols por sobre ustedes?

-“Nunca fuimos portada de Rolling Stone porque éramos una banda nueva, el punk era nuevo, no era tan grande como ahora. Las bandas que la llevaban eran los Stones, Neil Young, Grateful Dead, Jefferson Airplane. Los hippies seguían dándole a estas bandas y la prensa no le dio a los Ramones una chance. Le dieron una portada a los Pistols y a nosotros, que inventamos el punk, no. Al final dijimos, jodánse, ¿a quien le importa?”

-Cuando ingresaron al Salón de la Fama Eddie Vedder los presentó. ¿Quien te hubiera gustado que los presentara?

-Me hubiera encantado que fuera Little Richard, Jerry lee Lewis o Dion de Dion & the Belmonts.

PUNKSTAR. Marky es una estrella de rock, pero se comporta como si nunca hubiera salido del garage. “Dylan ni en broma haría esto, ¿pero qué más da?”, dice mientras algunos oficinistas parecen reconocerlo pero no se atreven a saludarlo.

Marky se siente el responsable de mantener vivo el legado de los Ramones, mal que mal, es el último de lo mohicanos. Viaja por el mundo cantando los hits de la banda, está escribiendo un libro y tiene un programa de radio en la estación punk más importante de Estados Unidos (Satelite radio). Y acaba de formar una nueva banda, con las leyendas americanas del punk. Así se gana sus monedas. Mejor eso, que andar macheteando como los chilean punks.

-Cuéntanos del proyecto OsakaPopStars.

-“Es una idea que tuve con mi amigo John Cafiero. Él juntó a la gente: Jerry Only, bajista de los Misfits, Dez Cadena guitarrista de Black Flag e Ivan Jullian, guitarrista de Richard Hell & the Voidoids. Yo escuché los demos y me enamoré del proyecto. Hicimos unos shows para ver como funcionaba y me gustó la onda. En verdad, durante mucho tiempo no quería hacer nada aparte de tocar los temas de los Ramones. Con Osaka hicimos un muy buen álbum así que vamos a tratar de hacer una buena gira”.

-¿Qué escuchas por estos días?

-”Escucho a tipos como Mozart, Bach, Beethoven y Wagner. Ellos eran verdaderos punks, no tenían electricidad ni baños, sus condiciones de trabajo eran una mierda, morían muy jóvenes pero hacían excelente música y por eso los respeto”.

-Plop… ¿Cuál es tu relación con Pablo Echaurren, el pintor chileno hijo de Matta?

-Es un amigo. Su padre es un genio, un verdadero artista. En mi última visita a Italia, Pablo me regaló un cuadro muy bonito de los Ramones tocando. Es un gran tipo

-Por último, ¿qué opinas del la escena emo?

-Es mejor que escuchen eso a que se influencien por bandas como Cinderella, Wasp, Whitesnake o Poison. Prefiero el emo mil veces.

Se ríe y agrega “pero no soy gay. Jajaja”

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Gloria Trevi, rompe el silencio

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,television 6 August 2006 | 0 Comments

La Locatrevi

Sedujo a Vodanovic el año ’93 en Viña, y “Voy a traer el pelo suelto” se coló en todas las radios. El ’99 la acusaron de abuso y corrupción de menores y terminó en una cárcel de Brasil. Ahí retuvieron su placenta para hacerle un examen de ADN. Había un embarazo y 76 sospechosos. Ahora habla de su nuevo disco y sin arrugarse se compara con Picasso. Esto no es una teleserie mexicana. Es una “trevolución”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 6 de agosto 2006.

GLORIA TREVI, callebo sueto, celular en mano, incendia las autopistas mexicanas rumbo a Televisa.

Sin avisar, bajó de la suite al estacionamiento del hotel, mientras el encargado del sello se desespera buscándola y solicita –muy diplomáticamente– aguardar en línea, por favor.

Es la promoción de “La trayectoria”, disco en vivo donde asistimos al exorcismo definitivo de esta Linda Blair (o Madonna sudaca) de Monterrey, quien intentó hacer rock and roll y terminó componiendo baladas latinas con bases electropop. Melodías con frases guarras (“y aparte de todo quieres ser mi rey / no mames güey”) que la romperían en una fiesta kitsch o disco gay. Clásicos de fuente de soda que recordamos todos.

Aquí su particular operación retorno, directamente desde las ardientes cárceles brasileñas y la telenovelesca justicia mexicana.

–¿Aló, Gloria? Escuché el disco y tienes buenos estribillos y tu banda toca súper, aunque no necesitas esos solos de saxo sensual, porque con tu guitarrista basta y…

–Espere cinco minutos más. Estamos haciendo el contacto.

CHICA RITALÍN. Sucedió en el Festival de Viña de 1993. La banda toca “Borregos” (“brincan, brincan los borregos / dentro de un corral”) y la Trevi (25 años) salta, grita y corre de un lado a otro del escenario. Ni Mike Patton pudo rockear a la concha acústica como ella.

Era la revolución, las niñas querían andar de pelo suelto. Al año sacaría un disco con el impresentable título de “Más turbada que nunca”, acosaría a Vodanovic y se montaría sobre Peter Dragicevic en directo por Megavisión. Según la prensa de la época, ella fue “la primera latinoamericana que habló de sexo al aire” y pronto sería “la más ardiente latin lover desde Rodolfo Valentino”.

–¡Hola! Soy Gloria. Pos, espero que hablemos solamente de mi nuevo disco.

De fondo se escuchan los autos.

–Ehhh…

Lo dice tan amablemente que no queda otra que escucharla. “Para mí, los años no han pasado. Es como si me hubiese metido en una máquina del tiempo y desperté ahora. La gente me quiere igual que antes. Y lo mejor es que estreno nuevas canciones, como ‘Todos me miran’, que habla de lo que me pasa a mí, de enfrentarme a los demás”. También explica que está en medio de una apretada agenda que la tiene viajando a Miami, grabando videos y ensayando. “Por suerte, tengo tiempo para mi hija, Ana Dalai, que es lo central en mi vida”.

SI PICASSO PUDO. Y uno intenta preguntarle por detalles escabrosos de su vida carcelaria, pero ella, que no es tonta, deriva la conversación a interminables frases promocionales de buena crianza, de esas donde no puedes salir, pero con entrelíneas. “Bueno, también te darás cuenta que tuve mucho tiempo para componer”.

Y ese mucho tiempo, seguro es el encarcelamiento en el país del samba hace seis años, donde huyó junto a su pareja y productor, Sergio Andrade –quien le dio cuerda desde que se emparejó con ella cuando tenía 15–, tras ser buscados por acusaciones de corrupción de menores.

La cantante se parece también a estas tías locas que nos ofrecen un jugo sonrientes y si se lo pedimos lo sirve a regañadientes. Puede ser muy cordial narrando cómo compone (“No uso ni piano, ni guitarra. Todo lo que hago es con la voz. Voy cantando y así van saliendo los temas”), pero no se puede dejar de pensar que hasta su prima Brandy Ruiz declaró ser abusada sexualmente por Andrade ante el silencio de la artista. Se dice que el representante tendría sexo con las adolescentes que reclutaba como coristas para la banda, como Mary “Boquitas”, quien escapó con ellos a Brasil. Episodios más oscuros que cualquier biografía de los Rolling Stones, a quienes, por cierto, versionó alguna vez con “Satisfecha”.

“Yo sólo quiero pedirles que se fijen en mi música. Del resto de las cosas prefiero dejar que la gente hable, que se inventen cosas. Yo estoy acá por mis canciones. Por eso quiero ser conocida. ¿A quién le importa que Picasso haya tenido siete amantes? Eso definitivamente no influye en su obra, pues todo esto tampoco debería hacerlo en la mía”, concluye.

También desmiente que recién haya encontrado a Dios en ese período oscuro, que concluyó el 2004 cuando fue absuelta por la justicia mexicana. “Siempre fui católica. Dios me da fuerzas para avanzar”, dice. Cuatro años antes, en Brasil, la policía había ordenado guardar su placenta para un examen de ADN tras su sorprendente embarazo. Los 76 hombres –delegados, celadores, presos– de la cárcel de Brasilia se volvieron sospechosos. El padre, se descubrió, era Andrade. Cuando le preguntan por él, ella dice: “Haz de cuenta que olvidé la pregunta”.

“NO LE CREAS A LA PRENSA”. Gloria dice que le gusta Chile, que no aguanta las ganas de tocar acá. Que su nueva placa no es solamente su nuevo punto de partida, sino que demuestra que está más viva que nunca. “Me aventuré con una cumbia llamada ‘Sufran con lo que gozo’. Te gusta el título, ¿ah?”, explicando que es una declaración de principios. En definitiva, deja en claro que es una chica plena y feliz. Y uno quiere terminar los rodeos y escuchar su versión de la historia.

–Gloria, lo que más sabemos de ti es por tus escándalos. Y frente a las versiones de prensa que leemos, nos gustaría saber la tuya, de primera fuente. Cuéntanos.

–No le creas a la prensa. Escuchen mi música. Y, ¿sabes? Justo estoy llegando a Televisa. Muchas gracias. Un abrazo para los amigos chilenos. ¡Chao!

Y corta. Como esa tía loca que te cambia de tema. Como ella sola.

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Roberto Pettinato, ex Sumo y gurú de la farándula argentina

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,television 6 August 2006 | 0 Comments

“EL CHISME MUEVE AL UNIVERSO”

Tocó saxofón con Luca Prodán y terminó convirtiéndose en estrella de televisión. Con inteligencia y delirio pincha la silicona de modelos idiotas, edita una revista de cultura rock y es el capo del programa “Duro de domar”, licencia que en Chile emite Chilevisión con la conducción de Marcos Silva.

por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 6 de agosto 2006.

ROBERTO PETTINATO despierta a las 4.30 a.m. todos los días. Enciende su auto, deja a los hijos en el colegio, saluda a gente que no conoce por los pasillos de Radio 100 y a las seis en punto abre “El show de la noticia”, su programa radiofónico. Después regresa a casa, donde duerme hasta las 17. Tirado en su cama redacta su monólogo para “Duro de domar”, programa farandulero de medianoche donde es la estrella. Su versión chilena la conduce Marcos Silva los martes en CHV. Entremedio dirige “La Mano”, revista de cultura rock, escribe textos hilarantes recopilados en libros como “Entre la nada y la eternidad”, toca free jazz en su saxofón –los que dicen saxo siempre tienen cara de pelotudos”– y jamás pierde el don para hacerte reír.

SUMO INFILTRADO. “Se hace el agrandado. Si vos parás a Pettinato en la calle te mira mal, con desprecio. Esa es la diferencia conmigo, ¿entendés?”, decía Luca Prodán en una vieja entrevista. En 1987, la banda presentaba “Llegando los monos” –con hits como “Los viejos vinagres” y “Que me pisen”– en la Quinta Vergara. Era un festival de rock latino organizado por Radio Concierto. “Lo recuerdo como si fuera hoy, pero por razones que no puedo contarte. El tema ‘Camarón Bombay’ lo hicimos en honor a un plato que comimos allí. Después, muchos chilenos me dijeron que esa suerte de papa con un bicho adentro no existía. Tampoco era un bicho propiamente un bicho. Era algo baboso. También recuerdo el dinero que llevaba la gente encima. Nada más”, dice el saxofonista, convertido en estrella de televisión.

–¿Un Sumo infiltrado en la farándula?

–Gracias a Dios siempre seré un Sumo infiltrado o como quieras llamarlo. Mi vocación es ser músico. Mi trabajo, la tele. Punto final.

¿ANIMAL DOMÉSTICO?. Pettinato es un animal de las comunicaciones. Un cerebro delirante que comprime la realidad y utiliza los medios para reinterpretarla. Todo bajo la santísima trinidad inteligencia-humor-irreverencia. Puede burlarse de Tinelli, luego analizar una pelea de modelos junto a sus panelistas, bromear con Mini, un enano que se disfraza del personaje del momento y, finalmente, despedirse a la cámara, mientras piensa cómo llegar luego al garaje de su casa. Allí ordenará sus discos, improvisará encima de John Coltrane y arrendará una película, como escribe en su columna “Diario de cómo abandonar la tierra”, de “La Mano”. “Prefiero ser un infiltrado que viene de otro lado, a ser una persona que no surge de ninguna parte del espectro artístico y se mete en un mundo tan poco interesante como el de la televisión”.

“Duro de domar” es la culminación de una trayectoria periodística que comenzó en los ’70, en la redacción de “El Expreso Imaginario”, para muchos la “verdadera ‘Rolling Stone’ argentina”. Trabajando allí se topó con Lester Bangs –el gurú melómano del film “Casi famosos”– en Nueva York, vivió dos días con Frank Zappa, conversó con Miles Davis y, claro, se hizo amigo de Luca Prodán, quien lo invitó a Sumo. Tras su muerte fundó bandas jazz rock como Pachuco Cadáver y Los Maxilares de Perón (de hecho, sus papás eran activos militantes peronistas en los ’50 condenados al exilio). Hasta que lo invitan a la tele y la rompe con sus chistes y sketches en “Orsai”, programa deportivo del canal T&C Sports, donde además encarnaba al guarrísimo Gato de Verdaguer, la “mascota” del recordado comediante uruguayo, quien pregunta cosas como ¿quién está más enfermo: la vagina o el pene?

“Indomables”, cuya primera temporada fue el 2002, constituyó el triunfo del formato “televisión que se ríe de sí misma”. Esa donde los panelistas comentan lo mejor y peor de la semana. Un formato –mutado a Late Show– que se sostiene en gran medida por su inteligencia casi abismal si se compara con gente como el mismo Tinelli. Al pasar de América a Canal 13 –tras un incidente de censura que sufrió otro programa, “Televisión registrada”– sólo cambió el nombre.

“Nunca planeé mi carrera, pero resultó. Ahora me entienden, después de doce años de oscuridad en que veía pasar delante de mí a personajes que nunca admiré ni admiraría”.

LOSER. Hay una foto de Pettinato sosteniendo un cartel  con la palabra “loser”. ¿Perdedor? Nunca. Nerd, siempre. Porque su manejo de rock, cine y libros delatan tardes enteras de bibliotecas y tocadiscos. Le dices Frank Zappa, Woody Allen o The Beatles y te puede hablar un día entero de ellos. Le nombras bandas subterráneas de rock progresivo y pasa lo mismo. ¿La suerte de nacer en la saludable Buenos Aires?

“Lo que puedes envidiar de acá es la cultura rockera y su desarrollo. Aunque en verdad acá tampoco es demasiado. Lo único que cuenta es encontrar. El que busca encuentra, es cierto. En todo país se puede hablar de underground y vender para pocos. Pero esos pocos, gracias al cielo, seguirán siendo pocos en el futuro, y de eso se trata. Es como cuando descubrís que una serie que es tuya, de pronto todos los estúpidos del mundo la adoptan. Los odias. ¿A que sí?”.

Por eso, Pettinato no cuenta lo que está escuchando y leyendo: “Sería lindo poder enumerarlos, pero dejaría de ser under para que otros lo sepan”.

¡CHAN!. Él inventó la lluvia de chanes. Esos soniditos de sintetizador pobre que aparecen tras una “impactante declaración” y que fueron importados por “SQP”. Aunque no ha visto el “Duro de domar” local, ese que tiene “temporal de chanes”, dice que no le importan los argentinismos que lo salpican. “Lo importante es lo que se dice, no como se dice. Da lo mismo huevón que pelotudo. Pero bueno, Latinoamérica es así: un gran grupo de pequeños países peleándose por quién tiene la mejor camiseta de fútbol”.

Pettinato sabe que el humor es la mejor forma para transmitir inteligencia y poder entrar en razón. Dice que así podría haber logrado derrocar nuestras dictaduras ¿Cómo? Haciendo sentir ridículos y asesinos a los militares. “Pero no que lo sientan ellos, sino que lo experimenten sus hijos y después ellos se avergüencen a la hora de sentarse a la mesa. Hubiese sido terrible para ellos darse cuenta que su locura no pudo dejar herederos”.

–La tele de chimentos lleva un par de años en Chile. La llamamos “farándula”. ¿Qué te atrae de este mundo de modelos, futbolistas y famosillos?.

–Lo mismo sería preguntarnos por qué vemos todos los días una mierda tan enorme como “E! Entertainment” y nos gusta. Queremos ver famosos arrastrándose por el lodo. Es así nomás. Una vez que consumimos lo mejor de ellos, lo único que nos queda por pedirles y demandarles es lo peor de sí mismos. Ése es el atractivo. Siempre digo en mi programa que la fuerza que mueve el universo no es Dios ni la bondad. Es el chisme”.

–¿Alguna otra cosa que decir Petti?

–Sí. Que me divierte cuando ustedes terminan diciendo ¡poh!

¡Chan!

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Rodrigo Fresán: Dylan lo que Dylan

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo 30 July 2006 | 0 Comments

El escritor argentino se encerró en su casa de Barcelona con la discografía de su héroe y la tradujo para la prestigiosa editorial que publicó “Crónicas”, su alabada autobiografía. Y, aunque asegura que es imposible vivir dentro de la mente del músico, al menos por unos segundos sus ojos se volvieron azules y sus manos empuñaron una Fender Telecaster

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 30 de julio 2006.

SI EXISTIERAN LOS MAKING OFF de los libros, la tapa del último de Fresán sería como el afiche de la película “¿Quieres ser John Malkovich?”. Un desfile de Fresanes con las distintas caras de Bob Dylan, desde el look proletario folky del primer disco de 1962 hasta el elegante bigotillo y sombrero cowboy que luce hoy. A pedido de la Editorial Global Rhythm Press –la misma de “Crónicas”, su aplaudida autobiografía– se internó en la traducción íntegra de su cancionero. Titánica labor si consideramos que son más de 50 discos y 700 canciones, muchas de ellas composiciones que revolucionaron los cánones del rock and roll y la música popular.

“Cuando me lo ofrecieron, mi pensamiento automático fue si acepto me arrepentiré un año; si lo rechazo, toda la vida”, explica desde su casa en Barcelona vía telefónica. Y hubo un instante –o varios– en que quiso tirar la toalla. No se trataba sólo de convertir sus versos al español –de por sí algo difícil–, sino de habitar dentro de su mente, de entender su mecánica, de rozar al genio.

“En este momento estoy revisando lo escrito. Son cerca de 1.200 páginas y saldría editado en España a fines de septiembre o principios de octubre. Sólo falta traducir ‘Modern times’, su último disco”, cuenta el escritor argentino, quien desde sus artículos para los suplementos del diario “Página 12” o la revista “Rockdelux” y sus aplaudidas novelas, como “Mantra” –donde lo hace aparecer–, exuda fanatismo por Bob: “Para mí, es un héroe más que ídolo. Más que admiración, me he nutrido mucho de él. Y ahora terminar este libro es como cuando te dan de baja en el servicio militar”.

LOCO POR BOB. Fresán se encargó, también, de agrupar toda la información dispersa, dotando a cada canción de contexto, la historia de su composición y la opinión de otros músicos, valiéndose de su envidiable biblioteca dylaniana. Así nos enteramos, por ejemplo, que la favorita de Paul McCartney es “Mr. Tambourine Man”, o que la formación de Dylan es anterior al blues y tiene que ver con los madrigales o las baladas de los colonos. “Algo que lo diferencia de los Beatles, quienes tenían como antecedente solamente el rock and roll de Elvis Presley”.

–¿Algún descubrimiento, tras vivir en su mente durante tanto tiempo?

–Nadie puede decir que entiende la mente de Bob Dylan. Es como Shakesperare. Empiezas, claro, a vislumbrar algunos de sus trucos, como el manejo del sinsentido o la forma de tirar las palabras sobre los acordes, casi como riendo. Pero es imposible meterse ahí. Él mismo lo decía: “Mientras mi mano derecha avanza, retrocede la izquierda. Y viceversa”.

“MI LIBIDO ESTÁ EN LA LITERATURA”. El abordaje de Fresán en las letras argentinas –y luego hispanoamericanas– fue paralelo al de Alberto Fuguet. Era 1991 y ambos dispararon espíritu adolescente –y rock, cine, televisión; bueno, todo eso que llamamos “cultura pop”– desde sus colecciones de cuentos “Historia argentina” y “Sobredosis”, respectivamente. Pero mientras el chileno cerraba su mundo en torno a los conflictos parentales y la fundación de McOndo, Fresán lo expandía rabiosamente, pasando de los soldados argentinos en las Malvinas que quieren estar cerca de los Rolling Stones a monumentales lecturas de la realidad y el sentido del tiempo, donde se dan la mano Platón y John Lennon, Borges y Ray Davis, Chéjov y Kubrick. Casi una canción del Dylan cosecha 1966.

“Supongo que debería estar agradecido de eso que dices” responde, algo desconcertado.

Porque para el actual Fresán –cuyo look dista bastante del chascón de polera negra y lentes que te sonríe en la contratapa del tremendo “Vida de santos” (1993) –, no hay nada más redundante que hablar de literatura. Lo opuesto a teorizar sobre Bob. Aunque, volviendo al paralelismo, si Fuguet trataba de hacer películas mediante sus novelas, lo de Fresán es literatura a secas. De hecho, cada vez va menos al cine. “Mi libido está en la literatura”, dice.

“Los jardines de Kensington” (2003) era esa novela donde el rockero periodista y escritor Peter Hook se sumerge en la vida de J. M. Barrie, el creador de Peter Pan, mezclando magistralmente toda la cultura popular de Occidente (Walt Disney, Beatles) con la Inglaterra victoriana. Tampoco faltaba el pueblo mítico de Canciones Tristes, una constante en su obra. Su éxito y por ende traducciones han impedido la salida de la nueva novela –sin título aún– que Fresán ya tiene lista, al menos en su primera versión, desde el año pasado. El chico no para de escribir, aunque asegura no creer en las rutinas y en los consejos-para-escritores, renegando además del mote de “escritor pop” con que cada artículo periodístico le adjudica. “No tengo una enorme y total conciencia de lo que hago”, concluye.

“Siento que cada vez hay menos escritores. Se ha perdido bastante el glamour en el oficio y si eres bueno te publican, independiente de los gerentes de marketing de las editoriales”. Después, silencio incómodo vía telefónica. Casi como los del malhumorado Dylan en el documental “Don’t look back” (1967). Volvamos a su héroe.

El COWBOY ELÉCTRICO. ¿Cómo traducir el título “Like a Rolling Stones” para que se entienda a la primera?. “Lo difícil de traducirlo es que él trabaja mucho con el argot de los años ’30. O también formas de lenguaje inglés muy primitivo donde una frase puede significar cinco o seis cosas. Sus letras, además, no tienen la ambición cronista de Ray Davis (The Kinks) o la poesía casi matemática de Leonard Cohen, o la sencillez de los Beatles o la estupidez hormonal de los Rolling Stones”, dice soltando una carcajada.

La clave estaría en la inimitable forma en que Dylan frasea, cómo va lanzando sus palabras cargadas de fuego sobre los acordes. “Y sí, estoy preparado y resignado a que miles de personas se lancen contra mí tras leer el trabajo”, afirma y sigue riéndose con la seguridad que probablemente eso nunca le pasará.

YO CANTÉ CON DYLAN. Hace un par de semanas, Fresán tuvo un nuevo encuentro con el músico en Girona (España). Entre un público “pijo” de polera Lacoste, el compositor se bajó de la van instalada al mismo lado del escenario, tocó y se fue. “Si te fijas, Dylan logró convertirse en lo que siempre quiso ser, en el modelo de músico que él admiraba. Una especie de cowboy-tahúr. Y también es un punk, porque la gente esperaba ver al autor de “Blowin the wind” y apareció este tipo con su voz de vómito monstruoso. Quedaron aterrorizados”.

Fresán escuchó “Modern times” y le encantó. De hecho, cree que estamos asistiendo a la mejor etapa de su carrera. La más plena. Esa donde Dylan se reeduca y se pega la vuelta completa hacia sus orígenes. “Es prácticamente el primer rockero que le c anta a la tercera edad y riéndose a carcajadas. Como un personaje loco de Lucky Luck”, dice.

–Lo último. ¿Algo que contarnos sobre esa vez que subiste al escenario a hacer los coros de una canción con Bob?

– No quiero contarla más. Ya está escrita. Pero debo decir que ahora no podría repetirlo. Me moriría tal vez.

Y claro, Fresán como su héroe, tampoco quiere repetirse. Y nos obliga a reventar el Google hasta enterarnos de esa noche surrealista en Davenport (Estados Unidos) donde aún no sabe cómo consiguió subirse al escenario, mirarlo detenidamente y cantar junto a él. Ahí, Fresán efectivamente se volvió Dylan.

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Brian Jones, el Rolling Stone perdido

Archivo Periodístico,Artes y Letras,Música,Perfiles,Rock 30 July 2006 | 0 Comments

El rubio guitarrista fue el más salvaje y talentoso de la banda. Amó el blues por sobre todas las cosas. Inauguró la tradición de morir a los 27 años cuando terminó sus días flotando en una piscina en extrañas circunstancias. Avasallado por los planes comerciales del mánager de la banda que fundó, terminó luchando contra voces invisibles.

por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 30 de julio 2006.

Todo puede pasar en el Londres de 1969. Jimi Hendrix enchufa su Fender Stratocaster blanca e improvisa un blues. Es seguido por John Lennon en la guitarra rítmica y voz, mientras Brian Jones -el responsable de la insólita junta- sonríe como no lo hacía en mucho tiempo. Ya en las grabaciones del Rock and Roll Circus Lennon y Jones reconocieron estar aburridos de sus respectivas bandas. “Formemos una, entonces. Hablé con Jimi y está en la misma. Dejaremos la cagada”, se entusiasmó Brian. Días después, recibió la llamada de un asesor desconocido. “No te recomiendo hacer lo que estás haciendo. Este grupo supondría el fin de la Jimi Hendrix Experiencie, Beatles y nuestros Stones. O sea, las más grandes atracciones del pop británico y junto a ellas cientos de contratos de giras, mánagers, representantes, publicidad. Millones de libras ¿comprendes? Y hay gente que tal vez tú nunca hayas oído nombrar que no lo va a permitir. Y te lo digo en serio. ¡No lo van a permitir!”. Pasaron seis meses de la amenaza cuando el cuerpo de Jones, de 27 años, flotaba en la piscina de su mansión en Cotchford Farm en Sussex. La autopsia asegura sobredosis de drogas. Nadie estuvo muy convencido.

El capítulo es un eslabón perdido de la historia del rock. No hay grabaciones de los ensayos del grupo Lennon-Hendrix-Jones y ninguno de los involucrados está vivo para contarlo. La conexión ocurre cuando el cineasta británico Stephen Woolley en la reciente “Stoned” -disponible en dvd- replantea la tesis del asesinato. El culpable, según él, tras una década de investigación, sería Frank Thorogood, un obrero fallecido en 1991, que hacía reformas en su mansión.Varios biógrafos, como Geoffrey Giuliano, coinciden en que fue enviado por algún mafioso de la música británica para matarlo. En 1991, Steve Marriott líder de Humble Pie -histórica banda estadounidense- señaló “(…) Que alguien me explique la jodida razón por la que alguien llamó por teléfono a mi casa tres días antes de su muerte a las cinco de la mañana y me dijo ‘Sería mejor que no te mezclases con Brian Jones (…) Esto es sólo una advertencia amistosa: no te relaciones con Jones’ y colgó el teléfono”.

Marriott, quien también tenía en mente un proyecto junto al rubio Stone, falleció una semana después de estas declaraciones en un incendio en su casa. Raro ¿no?

La vida de Brian. Brian Jones fue el alma de los Rolling Stones. Pero ellos la vendieron para ganarles a Los Beatles. Y la encrucijada fue el éxito comercial. El mánager Andrew Loog Oldham -autor de los eslóganes: “¿Dejaría a su hija salir con un Rolling Stone? o “Los Rolling Stones son un estilo de vida”- en una reunión urgente en 1964, les señaló que si querían ser tan grandes como los Fab Four, deberían tener composiciones propias. Brian, que desde chico estaba obsesionado con el jazz de Charlie Parker y blues de Muddy Waters, prefería seguir investigando y haciendo versiones. El resto se alió con Oldham: la fama, el dinero y las chicas estarían a la vuelta de la esquina. Mick Jagger y Keith Richards se encargarían de las canciones.

Sin querer queriendo, fue dando su banda por perdida. Ni siquiera protestó. Inseguro y carente de afecto, prefería refugiarse en su condición de guitarrista principal y multiinstrumentista, además de las drogas para no contradecir al resto del grupo. Y eso que su aporte no fue menor: se le ocurrió el nombre, gestionaba personalmente las tocatas en los clubes londinenses, era el único con estudios de música y para los fans era considerado el líder. Obvio, porque al lado de él, los demás parecían adolescentes de pastoral juvenil. A pesar de su origen noble, de su brillantez en los estudios y lo mal que lo hacían sentir en clases debido al asma que le impedía hacer deporte, visita los clubes de jazz, decide comprarse un saxo alto y convierte a la música en el lugar donde nada le puede hacer daño. A los 15 años embarazó a una chica de 14 y, para evitar el escándalo, lo mandan a Escandinavia.

Sin mucho dinero, recorrió toda Europa, vivió en casas okupadas, se perfeccionó en el clarinete, saxofón, guitarra slide y piano, comenzó a presentarse en cafés y bares. Ya a los 19 años, con dos críos más a su haber y perfeccionado como músico, decidió fundar su propia banda de rock and roll, para lo que reclutó a unos desconocidos Jagger y Richards. Realmente entusiasmado con su proyecto, arrienda un sucio departamento con ellos. Hacía tanto frío que tenían que ensayar arropados en sus camas. A pesar del hambre y penurias, él los anima y enseña a Richards todo lo que sabe de guitarras. Rápidamente los Rolling Stones se convirtieron en la banda más negra y salvaje de toda Inglaterra, y no tardaron en aprovechar el camino trazado por Los Beatles, asumiéndose como su antítesis. Sobre el escenario, Brian se sentía como en casa.

Sí. Brian era el alma, porque esos 23 gramos que dicen que pesa no están en los otros discos de Los Rolling Stones. Es cosa de enfrentar el “Aftermath” (1966) o “Beetween The Buttons” (1967) con cualquier obra de los ’70 en adelante. Y aunque no aparece firmando nada, es el hombre tras los arreglos. Sin él fueron simplemente una banda de rock and roll. Como Kiss, como Aerosmith, como AC/DC. Agrupaciones respetables, por supuesto, pero sin el factor sorpresa, dormidas en los laureles y sólo para estadios. Tras estos álbumes, comienza a sufrir serios ataques de paranoia e inestabilidad, consume más y más drogas y se relacionacon la modelo Anita Pallenberg, con quien comparte colchón, juergas y golpes. Una noche de aquellas, ella corre a los brazos de Keith Richards, quien lo golpea de vuelta. Incapaz de controlarse y totalmente frágil, va recluyéndose en su mansión, grabando música folclórica en Tánger y viendo enemigos en todas partes.

Mariposas en el suelo. Hacía un mes los Stones lo habían expulsado, y a él no le importó demasiado. Aparte del proyecto con Lennon, había recibido una invitación de Dylan para unirse a su banda. Nunca se quejó del abandono en que lo dejaron sus compañeros, que él mismo había reclutado. Estaba de novio con una chica sueca, Anna Wohlin y había contratado unos obreros liderados por Frank Thorogood para arreglar su casa. La pareja y los obreros estuvieron comiendo y bebiendo. Brian luego de tomar unos tranquilizantes prescritos por su médico va a nadar con Anna y Frank. Luego, Anna fue a secarse y Frank a buscar cigarrillos. Los gritos de la esposa de éste anunciaron la tragedia -y esta versión oficial- que rápidamente dio la vuelta al mundo. Y volvemos al principio. Se dice que los demos fueron secuestrados, que van a exhumar el cadáver, que los Rolling Stones sabían de esto y por eso no se sorprendieron mucho, que todo era contradictorio, que era imposible que estuviera drogado, que hubo llamadas desesperadas del músico. La película y las biografías no se topan. Pero se relacionan. En el filme, se dice que Frank-que representaba a la Inglaterra conservadora- intentó darle un susto por unas deudas impagas fingiendo ahogarlo. En los textos, se asegura que este obrero estuvo obligado a matarlo, porque Brian era el chico talentoso, superestrella y querido (no por los Stones, claro está) y que podía desestabilizar la industria del disco.

En un concierto gratuito, Mick Jagger se despidió de él liberando mariposas de unas cajas. El problema es que la mayoría estaban muertas y cayeron al suelo. Y, además, el show fue horrible. Algo debe significar eso, aunque, como su muerte, seguirá en el más rockero de los misterios.

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Alvaro Henríquez y el regreso de Los Tres

Archivo Periodístico,Música,Perfiles,Rock,Zona de Contacto,Zona.cl 8 July 2006 | 0 Comments

Grandes éxitos

Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria. Álvaro Henríquez es el compositor más exitoso de los últimos quince años de rock nacional. Ahora volvió a juntar a Los Tres, sacó nuevo disco y viene por el título de “jefe de jefes”. Acá la historia de todos, cantada por Los Tres, éxito tras éxito, canción a canción.

por  J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Marcelo Ibañez) para Zona de Contacto, 8 de julio 2006.


JEFE DE JEFES. Álvaro Henríquez llegó a Santiago como un pollo que quería convertirse en gallo. Dieciocho años, flaco y desconocido, Henríquez salió de Pedro de Valdivia, localidad cercana a Chiguayante, como el hijo de un juez que quería ser Lennon; dejó un barrio que limitaba con el psiquiátrico, la cárcel y un sitio eriazo donde se instalaba el circo, para llegar a cantar en corral ajeno.

Henríquez abandonó el primer semestre de música en la U. de Conce y despertó en los años 50s, vistiendo la trajeada elegancia del arrabal populachero. Y lo hizo tocando foxtrots y cuecas en la casa de remolienda más famosa de Chile: la de La Negra Ester en su versión teatrera.

Dieciocho años después, Álvaro Henríquez es el gallo que cacarea con más fuerza. Disco tras disco, hit tras hit, grupo tras grupo, Henríquez se convirtió en el compositor más importante en la música popular chilena de los últimos quince años. Sus canciones no se tararean, se cantan de memoria.

Aprendiz del mejor Maestro Yoda que pudo tener (Roberto Parra), Henríquez supo derrotar el lado oscuro de la cueca: esas historias de huasos con espuelas de plata, la costumbrista pintura del terrateniente tirado a roto, que por tantos años estuvimos obligados a oír. Henríquez recuperó una tradición no registrada, olvidada pero viva: el jazz huachaca, la cueca carcelaria y bluesera, el foxtrot alegre de las casas de remolienda. Y lo hizo ahí, en MTV.

Henríquez y Los Tres volvieron pop lo popular. Fueron “kitsch” antes que Rojo Vip, pero por sobre todo, le devolvieron al país una parte de su identidad. Con el tiempo, mezclar a Los Ángeles Negros con Franz Ferdinand o Violeta Parra con Radiohead, se convirtió en el sello de lo más interesante del rock chileno reciente, desde Los Bunkers a Gepe.

El país, la gran mayoría de él, eligió a Los Tres como la banda de rock chileno más importante post Prisioneros. Y que sean Los Tres y no La Ley, es algo que nos define.

EL Liguria VIP. Los Tres son pop, más que populares. Para hacerlo más gráfico: si Mauricio Redolés toca en La Piojera, Henríquez lo hace en El VIP del Liguria. Si Redoles es la izquierda extraparlamentaria, Henríquez es la Concertación. Él tiene el poder.

En su feudo personal, Henríquez parece moverse como un capo comiendo ravioles en El Ligura, el mismo bar donde, se cuenta, tienen prohibida la entrada algunos ex miembros de Pettinellis por problemas personales con el “jefe”.

Los Tres eran cuatro, pero sólo Henríquez y Titae aparecen componiendo las canciones. Ángel Parra siempre quiso participar (lo hace en dos temas del nuevo disco), pero nunca lo dejaron. A pesar de ello, cuando uno piensa en el particular sonido de Los Tres, siempre lo hace recordando sus inigualables guitarras

Así parece ser el líder de Los Tres: un talento con su genio particular, un Soprano, el capo de la pandilla. “Muchos pollos que apenas nacieron/ ya se quieren pelear con el gallo/ si pudieran estar a mi altura/ pues tendrían que pasar muchos años/ y no pienso dejarles el puesto”, se canta a sí mismo en “Jefe de jefes”, el narcocorrido que reversionó en su disco solista de 2004.

La canción de Los Tigres del Norte es el propio “Sigo siendo el rey” de Henríquez. Y el rey ha vuelto con “Hágalo usted mismo” (06). Acá, una revisión de su carrera, éxito tras éxito, disco a disco (y el cómo cambiamos en el camino).

Cuando Los Tres dejaron de ser Los Tres, 1993. “Nos vemos en el infierno, lleva bronceador”. Es cuestión de hacer memoria., o poner “Se Remata el Siglo” (93), su segundo disco, mientras miras las fotos de adentro.

En 1993 Álvaro Henríquez era joven, inexperto y con ganas de ser famoso. Su meta era entrar al Olimpo de la música popular, y en ningún caso se conformaría con ser un secreto a voces entre universitarios avispados. El precio que tuvo que pagar fue grabar un disco que no sonaba como la banda quería, y ser marketeados como “la respuesta chilena al grunge”.

Los Tres vestían bermudas, camisas floreadas y se veían como si llevaran puesto ropa ajena. Había riffs tipo AC/DC, punteos metaleros con olor a laca glam y una canción donde Henríquez cantaba en inglés (dos, si contamos el bonus de la versión en cd). La elegancia jazzy de “Flores secas”, “Amor violento” o la urgencia avasalladora de “La primera vez”, acá no aparecen por ninguna parte.

Para entonces, la banda estaba pasando a las ligas mayores de un sello multinacional y aprendiendo en el camino. En “La última canción”, la biografía que iba a ser oficial, y que posteriormente fue desautorizada (pero jamás desmentida) por Los Tres, Ángel Parra asegura que “es el peor disco de todos”. Cuenta que en el estudio dejaban las guitarras sonando de una manera, y que cuando volvían, estaba todo cambiado. Y responsabiliza del sonido final, al productor musical que les puso el sello: el argentino Mario Breuer (GIT, Enanitos Verdes, entre tantos otros).

“Se Remata el Siglo” (disco que fue remasterizado para un box set) recuerda a los discos del rock pop latino ochentero, con esa estética sonora “brillante” que uniforma todo lo que aspira a ser radial. Un sonido completamente opuesto a la calidez de su impresionante debut, “Los Tres” (91), un disco que te hace sentir a centímetros de los instrumentos.

“Se remata el siglo” es el momento más “faústico” en la carrera de Los Tres, el momento en que debieron transar para seguir avanzando. El disco vendió bastante bien, convirtiéndolos en la banda de moda, con pósters en TV Grama y tocatas en el Seriatutix del Negro Piñera.

Dos años después, Los Tres tendrían su venganza.

La Espada y la pared, 1995. “Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar”. Chao bermudas, hola terno. Para el 95 Los Tres habían logrado ganar admiración y respeto gracias a un disco debut espléndido, pero desconocido, y la popularidad con un segundo disco efectivo pero mediocre. “La espada y la pared” fue un disco que hizo crecer la popularidad de la banda, en sus propios términos musicales.

Regresan las guitarras acústicas y las melodías de quinta de recreo, esas que Henríquez aprendió en su trabajo con La Regia Orquesta de La Negra Ester. Aparecen los guitarrazos trémulos y slides de Ángel Parra, se mantienen sus inolvidables solos, revive el contrabajo. Todo eso mezclado con mucho funk y soul versión Tres.

“Déjate caer”, “La espada y la pared”, “Hojas de té”, “Me rompió el corazón” o “Te desheredo” ya no es rock ni pop. Es otra cosa. Es música Los Tres. “Un concepto cazuela donde echas a la olla todo lo que ves”, según Henríquez.

Con el disco además, adelantan el kitsh nacional (“Tú cariño se me va” de Buddy Richard fue el primer single), y comienzan a ganar fama afuera: se hacen amigos de Café Tacuba, Fito Páez los invita a abrir un show suyo en River, y MTV los llama para grabar un unplugged en Miami.

Henríquez reconoce que cuando canta estas canciones se le paran los pelos siempre. Su pelo rojo en el video de “Déjate caer” -un homenaje a Carcuro, según él- era lo último que quedaba del look “grunge”. Ahora eran, ni más ni menos, que Los Tres de terno y corbata. Ya estaban listos para hacer historia.

La cueca larga, septiembre de 1995. “Qué tal, festival”. Las verdaderas cuecas las conocimos por MTV. Era septiembre de 1995 y en los estudios de Miami, Álvaro Henríquez se vistió de militar raso para dedicar “La primera vez”, a los dictadores, todos esos mal bichos que han llenado el mundo con sus “martes de horror”. Pinochet aún era Comandante en Jefe del Ejército, y todos en el estudio de MTV aplaudieron. Los mismos que no entendieron muy bien el chiste, cuando Henríquez partió el ”Unplugged” (95) saludando con un “qué tal, festival”.

Los Tres se peinaron. Interpretaron todos sus grandes éxitos, y la guitarra jazzera de Ángel Parra se lució. Incluso se despacharon un inédito que ahora es clásico: “Traje desastre”. Aunque para los chilenos no era sorpresa enterarnos los secos que eran, igual daba orgullo verlos ahí, dando clases de cueca en MTV.

Muchos aprendimos así, que nuestro baile nacional podía contar historias urbanas,y no sólo retratar paisajes campestres de postal lejana. Con las cuecas choras, el rock chileno había encontrado su blues.

Los Tres ahora eran una banda que conocían todos: niños, micreros, abuelos. El disco vendió más de 150 mil copias, y se aseguraba un sitio en nuestra memoria colectiva. Como dijo Henríquez sobre “Quien es la que viene ahí”: “la cantaron hasta los pacos”.

Después vendrían La Yein Fonda y el disco “Peineta” (98). “Antes con Roberto Parra tocábamos el jazz huachaca y le gustaba a los puros viejos. Pero había que imponerlo a la juventud y Alvarito hizo eso”, decía Don Lalo Parra en la presentación de ese disco.

Tocando fondo, tocando techo. 1997. “Volar en mil pedazos y ser feliz, todo lo que miras se vuelve gris”. Y de repente, “Bolsa de Mareo” de single. Todos desconcertados: guitarras espesas, coro difícil de memorizar, quiebres furiosos, ruido. Estos eran Los Tres rockeando con rabia y dolor.

Acá no hay cuecas, coros pegajosos, ni canciones fáciles de recordar a la primera oída (a excepción de “La torre de Babel” y quizás, “Olor a gas”). Acá hay rabia, amargura y cinismo, condensado en el vals de “Fealdad”, el rock stoner de “Libreta” o la tristeza solitaria de “Me arrendé”.

Gran parte del público dijo “fome”, el disco no vendió bien en comparación con el mega hit del “Unplugged”, la prensa criticó a la banda por no capitalizar ese éxito, y gente como Jorge González y Café Tacuba calificaron a “Fome” (97), como uno de los mejores discos de la historia del rock en español.

“Fome” es rocker, muy rocker, la amarga foto de una banda que se empieza a odiar. Y la clave para leerlo se conoció después, cuando salió a la luz pública el lío de Javiera Parra. Henríquez tenía su Yoko Ono.

Es difícil imaginar cómo algo tan bueno nació en las sesiones de un tipo tocando con los amigos que lo traicionaron con su novia. La herida aún respiraba y “Fome” fue mucho más que un desahogo: fue el salvavidas en medio de la noche ártica, una colección de canciones capaces de detener el tiempo. Henríquez emergiendo rabioso para grabar la caída del amor y la amistad en tiempo real.

Independiente de este dato extra musical, el disco es una tremenda joya.

Volver a empezar, 1999. “Hago lo mejor, para no ser el que era”. “La Sangre en el cuerpo” (99) retoma musicalmente el camino iniciado definitivamente en “La espada y la pared”, después del urgente paréntesis emocional que fue “Fome”.

“La sangre…” además documenta el fallido intento de Los Tres por conquistar México, país donde “Fome” fue muy bien recibido por el publico universitario.

Después de tanto esfuerzo y éxito, para Henríquez resultaba una lata volver a contestar las mismas preguntas, aperrar en giras sin hoteles cinco estrellas y dejar su status de rockstar. Era demasiado exitoso en Chile, y no lo suficientemente joven, como para volver a empezar de cero.

En el disco hay canciones buenísimas como “La feria verdadera”, “Agua fría”, “Morir de viejo” o “No me falles”. Para algunos, es el disco más delicado de Los Tres, el refinamiento mejor logrado de su estilo. Para otros más sordos, sus mejores canciones no logran sostener una obra que es “más de lo mismo”.

Sea cual sea la opinión del oyente, en este disco ya se oyen esos órganos a lo Ángeles Negros en ácido, que serían el nuevo sello de Henríquez. Ese que por la disolución de Los Tres el 2000, conocimos en el disco de Los Pettinellis.

Seis años después, todo pasó muy rápido: la reunión, grabar “Hágalo usted mismo”, lograr disco de oro en una semana y agotar dos shows en otra. Los Tres estaban de vuelta. Habrá que ver si Henríquez seguirá levantando el título de “jefe de jefes”. Las expectativas son altas.

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De gira con Alejandro Jodorowsky

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Reportajes 30 April 2006 | 0 Comments

Seguimos al mesías en su visita al país.

NO SOMOS DIGNOS

Jodorowsky es pop. Pasó por Chile y todos quisieron estar cerca de él. Barbones, damas cuicas, revolucionarios místicos, “CQC”, Felipe Lamarca y Carlos Cardoen escucharon al hombre de pelo blanco. Él recordó el “talento vaginal” de la hija del ocultista Gurdjieff y pidió mar para Bolivia. Pensar que si el manager de los Rolling Stones no lo hubiera estafado no tendríamos psicomagia. Si usted no tuvo las lucas ni el tiempo para verlo, pase y lea.

por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 30 de abril 2006.

“¡VIEJAS CUICAS, VIEJAS CUICAS FEAS!”, dice Gloria apuntando a la fila que espera impaciente en las puertas del Café Literario de Providencia. Ella estudió teatro y faltó a su trabajo en una empresa de aseo para ver de cerca a Alejandro Jodorowsky. Y, claro, tratar de colarse en el taller de psicomagia que dictó el miércoles pasado antes de recibir (jueves) la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, de manos de Michelle Bachelet, es tan difícil como juzgar a Pinochet.

“Debiste haber ido a la conferencia de Matucana 100. Ahora perdiste no más”, explica un flaco crespo que está en la cola. “Se quebran, sólo porque tienen las 90 lucas para pagarse el curso”, contesta Gloria enrabiada. Todos entran y ella se queda afuera, sentada en el parque. Hasta que de siglo XXI”–, armado solamente de un micrófono, tiene a los participantes en trance. Así aprovecha de bromear con su nombre –“me dicen Jodo, de joder”–, recalca la importancia histórica de tener una mujer Presidente –“un mensaje para todos ustedes que son de derecha, ¿no? Drepente aparece caminando su gurú, amable y sonriente, acompañado de los organizadores.

–Ya pues, don Jodorowsky. Déjeme entrar con usted.

Él mueve las manos y la mira con sincera e infinita compasión.

–No puedo hacer nada.

COMO UNA ESTRELLA DE ROCK. Lunes por la tarde en Matucana 100. “Esto es maravilloso. Ustedes tienen preguntas y yo estoy lleno de respuestas”, asegura Alejandro muerto de la risa frente al casi millar de universitarios que se lo toman bien en serio y le aplauden y gritan y anotan sus frases en los cuadernos. Porque el maestro dice cosas como “la felicidad sicológicamente sería estar menos angustiado que el día de ayer. Pero, en verdad, es hacer lo que te gusta, realizar tu sueño. Mi sueño de toda la vida, por ejemplo, era sentarme en una sillita y hablarle al público”.

Y así cae bien. Porque, mientras gente como Paulo Coelho realmente se creen mesías enviados a cambiar al mundo (y sus automóviles y mansiones y pareja), Alejandro viene simplemente a contar una historia moldeada por su amistad con Nicanor Parra o sus giras con Marcel Marceau o su teatro Pánico o su “Montaña sagrada” o sus experiencias con chamanes, magos o maestros zen. Al final, dijo, inventó la psicomagia porque Allen Klein –el mismísimo manager de los Rolling Stones y los Beatles en su última etapa– lo estafó con sus películas y necesitaba sobrevivir con lo último que le quedaba: las cartas del tarot.

Shlomit Baytelman fue la primera en entrar. Su padre trabajó en teatro con él y se lo presentó en los ’90. “Conocerlo es un privilegio. Es una persona capaz de sanar y de entregarte toda su experiencia de vida gratuitamente”. Un barbón dice que no puede creer estar acá, mientras una señora elegante pide una botellita del vino que se repartirá al final. “Yo soy amiga de Alejandro”, dice cuando vuelve a sentarse.

–Miren. Les hablo del libro; si no, el empresario me va a matar y luego ustedes me hacen preguntas.

Entonces, “El maestro y las magas” narra su amistad en México con el monje budista Enzo Takata, quien le enseñó que una mente y un corazón vacío llevaban a un delirio intelectual; una mente vacía y un corazón lleno conducen a la realidad. La segunda parte nos muestra a tres mujeres que cambiaron su vida: la pintora surrealista Leonora Carrington, la masajista doña Magdalena, y Reyna D’Assia, la hija del ocultista Gurdjieff, quien tenía un impresionante talento vaginal. “Podía hacerla vibrar como una avispa”, relata como si fuera lo más natural del mundo, ante la risa picarona de la concurrencia. “Uno ya está cansado de escuchar sobre maestros. Las mujeres también merecen un lugar”. La gente aplaude a rabiar cuando concluye la presentación con un “el sentido de la vida es vivirla”.

Pero el delirio comienza cuando le pasan el micrófono al público. Se pelean la oportunidad de establecer algún diálogo con él. Cada “Jodorowskyto” daría su vida porque él le viera el tarot. El problema es que todos quieren lo mismo y al mismo tiempo.

Una tipa de suéter rosado sube al escenario y le pide que le saque el tarot. Un chico flaco y de lentes le dedica un poema. Está muy nervioso al leerlo: “El sol da energía a los seres/ para vivir y alimentar/ todo es hacia fuera/ por su combustión de gratuidad”. El sicomago lo mira y le dice que lo lea nuevamente. Luego, pide que lo aplaudan. La gente engancha y aclama al “joven poeta”. “Esto no lo vas a olvidar nunca, ¿eh?”, le dice. Cuando baja del escenario, el amigo chascón que está con él lo mira con cara de “eres mi héroe” y lo abraza. Todos levantan la mano. “¿Qué onda con Marilyn Manson?”. “Hazme psicomagia”. “¿Cómo se lucha contra el ego”. “Acá, acá”. Alejandro sonríe y dice que es imposible atender a todo el mundo. “Lean ‘La danza de la realidad’, entonces”.

EL MAR A BOLIVIA. Martes en la mañana. Hotel Crowne Plaza. Estamos en el seminario “El poder de la creatividad”, y Jodorowsky –presentado como “el Da Vinci del ejen surgir a Bachelet, porque de ella depende el destino de toda Latinoamérica–, y la necesidad de entregarle mar a Bolivia.

Cuando aceptas entrar a su universo y caes en el trance –“yo no sé qué pasará mañana, porque yo también caeré en trance, no preparé nada ni sé en qué me metí”, había dicho ayer–, compruebas que está en permanente evolución. Porque la idea de la salida marítima se fue repitiendo desde la conferencia de prensa del lunes en la mañana en el restaurant Bambú, y evolucionando. Al principio era –para no quitar la frontera con Perú– creando un puente entre Bolivia y el mar. Ahora, era también un túnel. “Así no tenemos un ganador y un perdedor, sino dos ganadores. Le daríamos un ejemplo al mundo”, dijo recibiendo el aplauso de gente como Felipe Lamarca, Carlos Cardoen y Héctor Soto, participantes del evento.

Porque Jodorowsky es pop. Porque donde todos ven una pieza negra, él encuentra un gato con cinco patas. Porque en un evento centrado en el poder de la creatividad al servicio del éxito empresarial, un poquito de espíritu hacía falta. Y él, algo sabe del tema. A Matías del Río, el presentador, no le quedó otra que invitar al público a hacer las preguntas en la última parte del encuentro. Todos corren a que les firme sus libros, a escuchar una palabra, a saludarlo. Cuando subieron al escenario Jaime de Aguirre, Cardoen y Coco Legrand, el gurú seguía firmando.

Todos querían escuchar a Jodorowsky. Por eso, todas las preguntas recayeron en él. Alguien le pregunta a De Aguirre por qué no le dan un espacio de 30 minutos en Chilevisión. Él responde, muy orgulloso de su honestidad: “30 minutos es imposible. Pero me comprometo públicamente a hablar del tema con él a la salida”. Jodorowsky no dice nada, pero sonríe. Una señora habla sobre el amor de Dios: “Soy una loca, pero de locura divina”, dice muy convencida. Pero algo le pasa al autor de “El topo” y les dice a todos: “No soy comunista ni cristiano. Soy simplemente un ser humano que se pregunta qué vamos a hacer con los pobres”. Y eleva la voz, tratando de decir que es muy bonito ser creativo en una empresa, pero ¿y la gente que no pudo entrar en este juego?

Luego, todos –equipo de “CQC” incluido– corren al salón donde va a firmar sus libros. ¿Habrán entendido algo?

SÓLO SOCIOS. Miércoles en la mañana. Café Literario de Providencia. “Es tan bonito él. Estoy contenta. Conseguí mi objetivo”. Gloria pone cara de iluminada y se aleja. El resto de la gente que no pudo pagar espera en la entrada. Desde ahí se ve el movimiento de los organizadores, a Jodorowsky entrando en la sala, el puestito con sus libros y la puerta, que finalmente queda abierta. Adentro, los afortunados “Jodorowskytos” –mucho pelo largo, blusas hippies, mujer adulta mística– le contarán sus problemas: mala suerte en el amor, enfermedad de la piel, un trabajo que no prospera, una suegra de temer. Y él, seguramente, lo hará sentir la persona más importante del universo y le leerá el tarot o lo invitará a algún acto sicomágico, como cuando aconsejó a una persona a sembrar moneditas de oro porque solamente haciendo eso podría cosechar dinero.

Un par de chicas logran entrar y cuando están a punto de ingresar al taller la organización las saca. Debieron conformarse con ver al maestro de lejos e imaginar qué cosas les estará diciendo a los asistentes. Es que ellas no le prestaron mucha atención al cartel que decía sólo socios. Distinción que ningún acto sicomágico puede soslayar.

Coitus interruptus

por Martín Huerta

La editorial Random House Mondadori organizó un ordenado encuentro proletario con Alejandro Jodorowsky en el otrora barrio bravo de Matucana, lugar donde el artista iconoclasta vivió parte de su juventud en los tiempos de la gran bohemia.

En el 908 de esa avenida, sus padres eran propietarios de la tienda El Combate, donde según la poeta Stella Díaz Varín, “La Colorina”, vendían calzones color calzón.

Hasta ahí, todo santo y bueno.

Durante una comida en casa de Fernán Meza, junto a los escritores José Miguel Varas y Poli Délano, recordábamos la vida cultural en las décadas del ’40 al ’60. Nos aparecía el recuerdo cuando Jodorowsky, junto a Julio Escámez, convivían en un galpón en calle Villavicencio; en el sector llamado “el triángulo de las Bermudas”. En el altillo de la estructura pintaba y dormía Julio y ensayaba el grupo de los Mimos de Noisvander. La seriedad de Escámez y la vida estrambótica de Alejandro eran una paradoja que ningún sicólogo de esos tiempos podría explicar.

Cierto día, su padre, de origen judío ucraniano, y Sarah, su madre, llegaron al galpón gritando en su media lengua judía ucraniana española: ¡Alejandro, Alejandro, estamos “robinados*”…! ¡Se quemó “nigocio”, se quemó casa, ¡Estamos “robinados”.

–¿Qué pasó? –saltó Alejandro

–Estamos “robinados” ¡Se quemó casa, se quemó “nigocio”!

–¿Todo, papá?

–Sí, hijo…Todo.

Y Alejandro se lamenta: “¿Oh, mis escritos, mis apuntes!”.

Así de relajado era el muchacho.

Ahora, en el 2006, Alejandro ha venido a visitar “Shile”.

Arrastra su bien ganada fama y las glorias de su acierto. Cientos acudimos a esa cita popular. Allí apareció Jodoroswky, se encaramó en el escenario y comenzó una letanía acerca de la vida, la felicidad, la muerte, la vagina, el tarot, el amor, el pene…

Todo demasiado estructurado para mi gusto, casi mesiánico.

La cosa que hasta ese instante había sido coloquial y casi simpática, se tornó insoportable cuando invitó a Gabriela, según él, su alumna más aventajada, a subir al proscenio. La mujer no pronunció palabra, rió sonsamente y bajó. Luego, Gabriela se hizo cargo de ubicar a las personas que querían dialogar con el gurú. Ahí, la prepotencia de la alumna se hizo infinita y lo echó todo a perder. Lamentablemente, era el inevitable cerco de púas en torno a Jodorowsky. Al cabo de dos horas, caminamos por Matucana abajo rumiando nuestro “coitus interruptus” con el gurú.

* “Robinados”, según entendidos, significa arruinados.

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