The Breeders – ”Mountain battles” (2008, 4AD)
Los restos del fórmula Pixie.
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 4 de abril 2008.
En los ’90 -Nirvana mediante- la música independiente-alternativa comenzó a sonar en las radios, televisión y disquerías generalistas. Durante años completos, las guitarras distorsionadas con pedales baratos, las entretenidas desestructuraciones de la canción popular y el existencialismo suburbano dominaron todas las escenas. Desde el power pop de Lemonheads hasta el thrash de Clawfinger, todo sonaba ferozmente joven, pop y antisistémico.
Un “milagro” que -el tiempo y las biografías demostraron- estuvo fundado en la complicidad de productores, publicistas y sellos multinacionales. Porque la fórmula Pixie de los ’80 (ruido-Calma-ruido, lo que se llamó “loudQuietloud”) popularizada por “Smells like teen spirit” fue un golpe bajo y eléctrico a una escena dominada por el rock chabón de Guns n’ Roses, el thrash para las masas de Metallica, las bases electrónicas house y el Michael Jackson R&B de Dangerous. Cuatro paredes que, por sus mismas estructuras, jamás dejarían pasar el aire. Sin darse demasiado cuenta, el “empresariado discográfico” comenzó a reclutar bandas underground, tal como lo hicieron en los ’60 para aprovechar la efervescencia Beatle. Nunca antes el fracaso fue tan exitoso. Porque de eso hablaban las letras de la “nación alternativa”: de elaborar la miseria de ser hijos de padres que pasaron de las luchas callejeras a las oficinas. O de alienarse por eso.
The Breeders, liderados por las hermanitas Deal (Kim fue de los Pixies, dato para nada menor), se bancaron todo lo que vino después de su éxito con The last splash (1993). La corporativización de lo alterno-indie, el suicidio de Cobain, el retroceso arena rock de Pearl Jam, el britpop, la electrónica y, finalmente, la escena “indie” contemporánea. En los ’00 no se escucha música, sino “ropa”. Basta mirar las esplendorosas fotos de prensa de cualquier “myspace wonder”. Pero, afortundamente, Kim sabe que la única “actitud” que vale es agarrar un instrumento y hacer ruido con él.
Mountain battles comienza con un guiño al hard rock de los ’70. “Overglazed”, con sus remolinos de guitarras, delays vocales, redobles de batería a lo Who y la frase “no puedo sentir”, parece fragmento de ópera rockera. Un gesto que se emparenta con bandas de la misma generación y distinta raíz como Café Tacvba, que también han regresado a los discos de la adolescencia. Pero donde se pone buena la cosa es en “Night of joy”, con su insuperable sucesión de acordes y despojada instrumentalización. Una de esas canciones que remite al momento en que empiezas a quedarte dormido, que parecía que las bandas habían olvidado componer. “We’re gonna rise”, “Walk it off” o “Spark” son estupendas actualizaciones de esa forma de componer alternando la rabia con la dulzura. ¿Por qué, si son tan efectivas estas notas, tantas bandas siguen empecinadas en los tres acordes punk pop tipo Green Day?
Lo más interesante viene en la segunda parte del disco. Primero con la “exótica” “Istambul”. Cómo modulan estas Deal con una percusión que funciona como relojito. Después viene la genial versión del bolero del mexicano Roberto Cantoral, “Regálame esta noche”, cantado en un enternecedor español. Las guitarras hacen punteos eléctricos tal como Los Ángeles Negros. Después viene un valsecito llamado “Here no more” cantado por Kim y Deal en armonía. Para el cierre -porque el disco se escucha de un tirón-, las mejores razones para seguir amando la “nación alternativa” de los ’90 y ojalá traerla de vuelta. “No way” es un riff que, en lugar de ser procesado como blues, sigue el patrón ruidoso Pixies-Breeders. “It’s the love” es power pop puro, con la mezcla exacta de pop sixtie y punk. Y el gran final es prácticamente a capella con “Mountain battles”.
Ante la sorprendente tendencia instaurada por ciertos semanarios de menospreciar todo disco publicado sin mayores justificaciones contextuales ni musicales, debemos decir que, primero, Mountain battles debería ser materia obligada para la generación MySpace. Claro, porque todas las conquistas logradas por Pixies y los alternativo-independientes de los ’90 encarnadas en The Breeders perdieron continuidad. ¿La culpa? La aburrida obsesión por el punk 77 o el electropop de los ’80. Entonces escuchar estas canciones es una buena forma de darse cuenta que se puede componer diferente sin retroceder a los ’80. Segundo, porque es un disco que, en lugar del predecible ejercicio de estilo a lo Smashing Pumpkins, revuelve boleros, rock progresivo, “americana”, escalas pentatónicas y noise, trayéndolos a salvo en una colección de canciones que se escucha entera. Finalmente porque, tal como el buen y ruidoso Accelerate de R.E.M, Mountain battles es un disco de pecho caliente que viene a poner las cosas en su lugar entre tanta banda parodia del new wave que más bien parece catálogo de ropa otoño-invierno.
The Breeders / ”Mountain battles” (2008, 4AD)
1. Overglazed. 2. Bang on. 3. Night of joy. 4. We’re gonna rise. 5. German studies. 6. Spark. 7. Istanbul. 8. Walk it off. 9. Regálame esta noche. 10. Here no more. 11. No way. 12. It’s the love. 13. Mountain battles.
Músicos: Kim Deal (voz y guitarra), Kelley Deal (guitarra y voz), Mando Lopez (bajo) y José Medeles (batería y percusión).