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Luz, cámara y rock and roll : ¿en espera de la obra maestra?

Archivo Periodistico,Cine,Ensayos,Musica 28 December 2011 | 0 Comments

Esta semana se inauguró una nueva versión del INEDIT, festival de cine y rock ya consolidado en el país. Al mismo tiempo que aterriza una colección de ensayos sobre la relación entre ambos géneros, con un prólogo de Julien Temple, director de “La gran estafa del rock and roll”. Una buena ocasión para preguntarse si el séptimo arte y las guitarras eléctricas aún nos deben una obra maestra.

J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 11 de diciembre 2011

En una escena de “Semilla de maldad” (1955, Richard Brooks), un grupo de adolescentes destruye con inusitada violencia los discos de jazz de 78 rpm de sus mayores. Y aunque al final de la cinta triunfan estos últimos, cuando empezaba a sonar “Rock around the clock” en los créditos, los espectadores -totalmente identificados con los pandilleros de la pantalla- destrozaban las butacas para bailar al ritmo de Bill Halley y sus Cometas. Como si la rabia y el aburrimiento tras la carnicería de la II Guerra Mundial y posterior polarización de occidente al fin encontrara su válvula de escape. Aunque el proceso ya había comenzado con la irrupción de dos héroes con que identificarse: el Marlon Brando de “¡Salvaje!” y el James Dean de “Rebelde sin causa”. Personajes icónicos que se sumarían a un par de documentales dirigidos por Joseph Kohn: “Rock and roll revue” y “Rhythm and blues revue”. Ambos presentaban una música salvaje e irresistible, tradicionalmente vedada en los medios oficiales blancos. Pero no hay dudas, la película que inauguró la fructífera relación de cine y música rock fue “Semilla de maldad”. Frank Zappa confesó que cuando la vio por primera vez pensó: “Han hecho una película sobre nosotros, por lo tanto existimos”. No estaba equivocado: la obra se convirtió en un fenómeno sociológico al presentar el concepto “teenager” , cuestionar el Estado de bienestar estadounidense y popularizar una banda de rock . El mismo Halley -que podría ser uno de los padres castigadores del filme- reflotó su carrera, salió de gira y en cada lugar, para su sorpresa, era vitoreado por los jóvenes. Zappa, por otro lado participaría como músico en “El pecador más grande del mundo” (1962) cinta de culto de Timothy Carey donde él mismo interpretaba a un rockero que funda una secta y en la escena final se enfrenta con el mismísimo Dios. Había nacido el cine rock .

Los años cincuenta

Pero antes de convertirse en un género con ramificaciones que van desde el documental paródico hasta la biografía experimental, el rock en el cine fue la música de fondo en las películas adolescentes. Cintas que para el escritor Paul Yonnet tienen dos orientaciones: una masiva (abogar por la liberación sexual) y otra más profunda: denunciar la segregación racial. El punto en común era la celebración del tiempo libre y la liberación de los “períodos de obligación y compromiso” (colegio, trabajo, familia). En esa línea -caracterizada por los amoríos adolescentes, una rebeldía algo domesticada y muchas estrellas de rock – destaca la comedia “The girl can’t help it” (1956) dirigida por Frank Tashlin el mismo de la mayoría de los hits de Jerry Lewis. Allí participa Gene Vincent, Little Richard, el héroe de la guitarra Eddie Cochran y hasta Los Platters. O “Shake, rattle and rock” (1956) una cinta de bajo presupuesto sobre unos jóvenes que quieren abrir un club de rock y aparecen Fats Domino y Joe Turner para apoyarlos. Y aunque Elvis Presley fuera sin duda la primera estrella global de rock and roll , hay un consenso en torno a la mala calidad de sus cintas. Esto no impediría el revuelo provocado por “Love me tender”, su debut de 1956, o “El rock de la cárcel” un año después. Fueron Los Beatles con “A hard day’s night” (1964, Richard Lester) quienes convertirían una cinta de rock en una pieza visual realmente interesante. De hecho algunos la llaman “El ciudadano Kane del cine rock” y que rompería la moda de las películas de surfistas protagonizadas por Frankie Avalon. En blanco y negro e inspirado tanto en la nueva ola francesa como en el novísimo cine realista inglés, la película se adelantaba a MTV, los rockumentales y hasta las parodias al presentarnos a Los Beatles en diálogos delirantes, escapando de las fans y, por supuesto, tocando sus hits.

 

Beatles y Bob Dylan, las “excusas” para que la aventura creativa comience

“La idea de montar un grupo tiene algo que ver con la de hacer una película. Me gusta pensar que tiene algo de rebeldía, y todo el buen rock and roll es rebelde”, escribe Julian Temple en la presentación de “¡Rock acción!”, una colección de ensayos que analizan la relación entre séptimo arte y guitarras eléctricas (ver recuadro). Temple dirigió “La gran estafa del rock and roll” (1980) protagonizada por los Sex Pistols. Al no poder romper la resistencia del mánager Malcolm McLaren, instaló la cámara -que tomaba “prestada” de la universidad- en el baño y de vez en cuando iba a buscarla y grabar fragmentos del recital. Al final terminó grabando firmas de contratos y fiestas de la banda. Aunque algunos llaman a esa mezcla de rock y documental, rockumental, Temple se desmarca. “Odio que me llamen rockumentalista. Cuando lo oigo me dan ganas de ahorcarme. Soy cineasta”. Es que desde mediados de los sesenta, el cine rock se perfila como género con sus propias características, mitos y estándares creativos. D.A. Pennebaker eleva la apuesta, al grabar la gira inglesa de 1965 de Bob Dylan y, con una efectiva ilusión de no haber editado nada, estrenó dos años después “Don’t look back”: un documental donde el cantante ignora a su amante Joan Baez, discute con los periodistas y su mánager negocia (y miente). Además de grabar el versionado clip de “Subterranean homesick blues” donde el cantante va dejando caer papeles con la letra de la canción. Godard se entusiasma y acepta el llamado de los Rolling Stones a filmarlos. Aunque al final en “One plus one”, la banda es más bien un personaje secundario. Antonioni captura a Jeff Beck rompiendo la guitarra en el “swinging London” de “Blow Up”. A su vez, Los Beatles experimentan con el non-sense en “Magical Mystery Tour”. Y “Busco mi destino” actualiza la idea de viaje iniciático en motocicleta y acompañado de The Byrds y el clásico rock de carreteras “Born to be wild” de Steppenwolf.

El cine rock se convierte en género

En los setentas se establecen las bases de todo el cine rock que vendrá hasta hoy. ¿Recitales? “Woodstock” de Michael Wadleigh, estrenada un año después del megafestival de 1969. Con recursos como subdividir la pantalla o centrarse en detalles, como las manos temblorosas de Joe Cocker o Jimi Hendrix tocando mientras el público empaca sus cosas. ¿Nostalgia? “American Graffiti” , “The last picture show”, “Grease” y “Rock and roll high school” protagonizada por The Ramones. ¿Humor? “Sgt Pepper’s lonely hearts club band” (Michael Schultz, 1978), un musical inspirado en el disco de Los Beatles con Bee Gees y Peter Frampton. ¿Documental independiente y punkie? “Blank Generation” de Amos Poe e Ivan Kral. ¿Parodia? “All you need is cash” (Eric Idle, 1977). En esta salvaje parodia de Los Beatles que curiosamente se parece demasiado a los documentales sobre la banda que se harían después, aparece incluso George Harrison haciéndose pasar por periodista.

La revolución inconclusa

Sin embargo, para Xavier Cervantes en el ensayo “De Richard Lester a Jean-Luc Godard”, incluido en el libro, la relación entre séptimo arte y el rock es desproporcionada. Música y cine forman una pareja disfuncional donde la “y” apenas es copulativa. “Sucede así desde que el cine es sonoro, pero sobre todo, desde los años cincuenta, cuando el rock puso los pies sobre la mesa para reclamar su estatus de cultura de masas. El cine, como gran devorador cultural, no dejó escapar una presa tan apetecible…”. Y agrega, con amargura: “En ese proceso devorador, el cine llegó a plantearse viajar al corazón de la música, pero en general falló en los metros finales. Y es una pena, porque en las contradicciones y los conflictos que experimentaban los músicos anidaban algunas de las claves para explicar las transformaciones de la sociedad occidental, muchas de ellas vinculadas a la cultura del éxito y su correspondiente lado oscuro”. Al parecer la gran obra maestra del cine rock aún estaría por escribirse.

¡Rock acción!

¡Rock acción! es una colección de ensayos que analizan la relación del cine y la música rock. Además del prólogo de Julien Temple, destaca el análisis de las obras de los años cincuenta (“Los adolescentes, los explotadores y el rey”); los lineamientos básicos del documental musical (“Teoría y práctica del rockumental”); el soul en el cine (“What`s going on”) o un texto que intenta explicar lo que sucede cuando los rockeros se creen actores (“Zapatero a tus zapatos”). También hay reflexiones sobre las películas biográficas, la electrónica en la ciencia ficción o el rock independiente. ¡Rock, acción! Ensayos sobre cine y música popular . Varios Autores. Avant Press, España, 211 páginas.

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D.A. Pennebaker En Buenos Aires: Su Rollo Es El Rock

Archivo Periodistico,Cine,Musica,Reportajes 27 July 2007 | 0 Comments

Conozca al hombre que giró con Bob Dylan en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa


Un teléfono suena en Nueva York


-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Pennebaker and DylanUn sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

Publicado en La Nación, 3 de junio 2007.


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D.A. Pennebaker, el hombre que registró al mejor Dylan

Archivo Periodistico,Cine,Musica,Reportajes 3 June 2007 | 1 Comment

A una semana del primer tributo criollo a Bob, conozca al hombre que giró con el músico en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 3 de junio 2007.

Un teléfono suena en Nueva York

-¿Hola, con Alan Pennebaker?

-Ese soy yo.

-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?

Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.

El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.

PLAN SIMPLE

“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.

Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.

Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.

Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).

Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).

Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.

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Bitácora del Bacifi

Archivo Periodistico,Cine,Reportajes 1 May 2007 | 0 Comments

Este largo reportaje non fiction fue publicado origanalmente en Pániko. Fue mi aventura solitaria por el festival de cine independiente más grande del mundo. Y con una liquidación de sueldo por mis colaboraciones de viático.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Paniko, abril 2007.

7 DE ABRIL. JC es nuestro corresponsal exclusivo en la 9º versión del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Este es su primer reporte desde el otro lado de la cordillera, una crónica introductoria hormonal y plagada de lugares comunes sudacas. Aunque perdió la master class de Tom Waits, BAFICI exhibirá más de 400 películas, entre largos, cortos y mediometrajes, y recibirá a la prensa y curiosos con shows de bandas como Babasónicos y Yann Tiersen. Envidia.

GRACIAS A LAS GESTIONES editoriales de Aleandro Jofré y mis ahorros, compré un pasaje en bus directo al Bafici, el festival internacional de cine independiente de Buenos Aires. Sin pentdrive y con dolor de cabeza, me desparramé en el salón cama entre una delegación de alemanes gritones que bucaban conocer la Sudamérica Profunda y una pantalla LCD Sony que repetía la película de Superman. Me cae bien Clark Kent.

Treinta horas después, tras conseguir pieza de hostal (compartida con un alemán gordo malas pulgas y un brasileño que parece estar muerto), tomar desayuno con Romina (una amiga cuyo novio catalán le trajo el box set de La Buena Vida) y acreditarme en el Abasto, camino hasta Corrientes mientras Tom Waits con esa voz que tiene, habla sobre películas y su trabajo como “songwriter” ante la mirada orgásmica de la gente que se quedò fuera de la master class, pero que tiene una pantalla gigante y parlantes para no perderle la pista.


Ahí me da rabia por no haber llegado antes y retirar la entrada para Waits y entrevistar a D.A. Pennebaker (que aparte del viril apellido, siguió a Dylan en sus giras del 65/66, a Hendrix en Monterrey el 67 y a Bowie en su último show como Ziggy Starust) y asistir al debut porteño de Nacho Vegas -”parecía un robot con el pelo largo tapándole la cara mientras movía las manos encima de su guitarra”, dijo severo, el hermano cineasta de Romina. Pero la semana que viene se presentará en el Centro Español cantando canciones asturianas (!). Veremos que pasa.

Buenos Aires está sucia, desesperantemente húmeda y no entiendo el encantamiento que produce en el chileno media. Que te sorprenda que una persona te pida perdón por empujarte, sólo habla de lo maleducados que nos hemos pueto tras hipotecar nuestra libertad al capitalismo disfrazado de alegría concertacionista (wow, soy todo un analista político). A los 10 minutos, hojeando la cartelera de Página 12, la Rolling Stone de allá (mainstream, lo sé, pero sin Algo Records), entrando a las librerías, tomando café y revisando la grilla para ordenar las pelis que comentaré acá, me vuelvo a enamorar degeneradamente de esta ciudad.

8 DE ABRIL. A los seguidores de nuestra cobertura del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires les tenemos buenas noticias. En su segundo reporte, JC se fue de lleno a las cintas. En este review: Radiant City, A girl is a girl y Tonite let’s all make love in London.

El Harrolds Meeting Point -asi se llama, yo no tengo la culpa- está repleto de chicos cinéfilos apretujados y transpirados. Yann Tiersen es “el” evento del día y a las 22 en punto se sube al escenario y en vez de tocar con su acordeón parisino los éxitos de Amelie o Goodbye Lenin (que en el fondo es la misma partitura), se carga a la guitarra eléctrica y el rock hace temblar el elegante lugar. Y suena bastante bien.

Pero tengo una entrada en el pantalón. Es para “Radiant City” en el Atlas de Santa Fe. Entonces agarro el primer taxi hacia allá. Ahora tengo 30 minutos para escribir, y como no quiero ser Sergio Paz (aunque sus contactos si) me remitiré a las películas y el ambiente del festival.

1. Lo mejor del Abasto, aparte del McDonalds Kosher, es su salita de dvds y vhs. Llegas, pides una pelicula y la ves en unas pantallas de LCD, sin que nadie te moleste. De lujo.

2. Así, a las 10.30 de la mañana pedí “A Girl Is a girl” (Reginald Harkema, 1999). Según la reseña el director tiene “las mismas preocupaciones de Godard en los sesentas”. Es decir las mujeres. Ambientada en una Vancouver suburbana, bohemia y con disquerías de elepés, la cinta, básicamente propone que la mujer ideal se arma conlas mujeres que hemos conocido (sería un horror). Y a medida que crecemos nos aproximamos más a esa mujer total que construyó nuestra cabeza, sin que podamos  poseerla ni penetrarla en ningún sentido. Centrada en el romance de Trevor, el apavado protagonista, con una riot grrrl, guitarrista y de pelo rojo (que lo quiere mucho) y una enrollada chica de lentes de marco grueso (que lo jode mucho), el director presiona la tecla generacional/indie y sus códigos: conversaciones largas, personajes secundarios entrañables, referencias pop, bandas de garage, bares. Pero en vez de apestarte, te da risa: es Cinemax un sábado por la noche. Hay una escena donde la chica del pelo raro y Trevor van dialogando mostrandose los titulos de discos impresos en las carátulas. Eso me gustó. Hay otra escena donde la anteojuda se hace la difícil, le rechaza los besos, pero termina masturbando al chico. Hay mucho primer plano a cuellos, piernas y otras zonas púdicas. Ya sabemos de donde viene “Broken Flowers“, pero lo siento Jarmush: ésta si que tiene final.

3. “Tonite Let`s All Make Love In London” (Peter Whitehead). Mientras preparaba una nota sobre 1967, traté de conseguirme este documental y no pude. Al fin pude ver de primera mano a Pink Floyd tocando en la sala UFO, a Mick Jagger con una lucidez insólita, reflexionando sobre los jóvenes que protestan contra la guerra utilizando la violencia, mucho Northern Soul para acompañar las imagenes a las inglesas con minifalda, una activista política universitaria cantando Guantanamera y apoyando a Fidel en español (!). El verano del amor londinense, que según un tipo, fue un invento imposible de tomar en serio para una ciudad que cierra sus locales a las diez de la noche. Excelente. El italiano sentado a mi lado se emocionó con “When I Was Young” de los Animals y empezó a tararearla. Yo con mis pies hice la batería.

4. “Monkey Warfare” me tincó por la reseña: “(…) obsesionados por los 70, Dan y Linda y Susan intentan reverdecer ya no la cultura de coleccionar vinilos, sino también los ideales y las prácticas políticas de aquella época”. Otra de Harkemam pero de 2006, la historia gira en torno a este trío que se pasea en bicicleta y recolecta juguetes viejos o discos o libros, que los linkean a mayo del 68 o al movimiento de Panteras Negras. Lo mejor: la escena fantasma donde te enseñan a ser revolucionario y usar molotovs.

5. En la cartelera de Página 12 se anunciaba “The Rutles“, esa parodia Beatle de 1978 hecha por un Monthy Python. Así que corrí al Centro Cultural Borges, en el microcentro y después de un café, entré y me dio demasiada risa: sale Mick Jagger diciendo que los Rutles siempre le ofrecían canciones porque los Rolling Stones no eran capaces de componer, o Belushi o Bill Murray (y sus fans post Sofía Coppola jamás citaron esta participación). Lo mejor, cuando descubrieron el “té” en 1967 por culpa de Dylan. Éramos cinco personas en la salita.

Saludos desde la Ciudad de la Furia.

PD: Dejé este texto en borrador y vengo llegando de “Radiant City“: la película, Canadiense, para variar, muestra la vida en los suburbios: el mall como plaza, el garage como puerta, los terrenos baldíos y feos, los vecinos que no se conocen, las mamás odiosas y los papás que se “se conectan con su yo interior” manejando su camioneta 2 horas por día. Entonces uno se entusiasma y enrabia porque hacia allá va Chile. Con estadísticas y la opinión de expertos se demuestra que es una vida de mierda, que a diferencia de vivir en el centro, no te integra, te aisla y te obliga a reproducir el mundo en tu pieza con internet o la televisión satelital. Hasta que, y perdonen que cuente el final pero es un escándalo, el director nos confidencia que todos los habitantes de “suburbia” eran actores, para parodiar los avisos publicitarios de los conjuntos habitacionales. Ahi se fue a la basura todo. Jim Brown y Gary Burns: así no hay verdad que se sustente.

9 DE ABRIL. En la tercera entrega desde BAFICI, JC termina algo decepcionado de los estudiantes de cine trasandinos. Quizá por su demora en el subte, sólo comparable con las de su homólogo del Gran Santiago. En esta crónica: Sueños de Polvorón y Música nocturna.

Estoy ordenando el programa para ver 5 películas por día. Hoy sólo vi dos y siento culpa. El resto de la jornada me la pasé acompañando la marcha de los profesores en el Obelisco, por el homicidio de un colega a manos de la policía en Neuquén (avalado escandalosamente por su gobernador). Habían unos tipos con unos tambores y ya veía que en cualquier momento empezaban a cantar el tuta tutá. El subte estaba cerrado y cuando lo abrieron a las 14.00 estaba tan lleno como en Santiago, pero la gente pedía permisos y perdones y disculpas. Llegué, al Abasto, revisé el mail: Alfredo Lewin felicitándome por un texto,  cadenas  y partí directo a “Sueños de Polvorón“.

El documental relata el ascenso de Willy Polvorón estrella de la canción (y eterno estudiante de Derecho) de Los Polvorines, barrio industrial castigado del Gran Buenos Aires. Con más actitud rockera que Delfin, pero con la misma falta de talento (”Si tuviese éxito en un caso hipotético, cambiarían mis punto de vista sobre la existencia, comenzaría a creer en Dios”, dice un entrevistado que repartía panfletos para sus escasos shows), sólo la pasión y la autoconfesada locura de su amigo/manager, el insólito éxito en la Rock and Pop y sus canciones sobre bicicletas perdidas, asados y covers mal pronuciado de los Beatles lo salvan del destino del autor de “Torres Gemelas”.

La cinta da gusto, la gente celebra y yo me acerco al director Gabriel Alijo. Le pregunto por Delfin, me dice que se lo tengo que presentar y quedamos en una nota.

Llego a Santa Fe y veo la publicitada “Música Nocturna” de Rafael Filipelli. No sé si será que Hollywood y sus estructuras hacen mal, o es mi falta de interés en los estudios sobre cine, pero una cinta donde una pareja se odia, con planos de cinco minutos a una calle y orquestas sinfónicas me aburre fatalmente. Y lo peor es que es en los propios dialogos (sobreactuados) se explica el conflicto central: un intelectual de la música docta no puede terminar un libro porque está neurótico. ¿No debería dejarmelo claro las escenas? La gente se volvió loca aplaudiendo y era que no: si la película tiene la cooperación de los estudiantes de cine del instituto de Buenos Aires. Fome.

Y me duele la cabeza.

Nos vemos mañana.

10 DE ABRIL. El cine como técnica y lenguaje no basta. Según varios. Según JC. En su nuevo reporte desde BAFICI, chequeó los estrenos de las cintas Amber city, Marriage stories, 20 years later, In between days y Reprise, la película generacional de la foto

Creo que el cine como técnica y lenguaje no basta. Aunque demasiada gente ponge los ojos en blanco, escriben fanfictions del libro de Fuguet (o, ejem, Godard) y dicen que su vida es como una película independiente de Cinemax, no muchos han relexionado la tremenda obviedad que acabo de decir en la primera frase.

Llego a primera hora y el pelado de la salita de cine, me dice que tengo que ver a Jem Cohen. Todos hablan de Cohen. De hecho anda por acá haciendo lobby. Cohen, documentalista de la contracultura pop, que persigue a Fugazi o graba videos a R.E.M, me parece muy respetable en el papel. Así que me senté con el VHS de “Amber City”, esperando un bombazo emocional y en realidad, era algo de no creer: una voz femenina presentando descoloridos planos a las callecitas de Amber, Italia; esquinas de su bibloteca o las frutas de su mercado. ¡Cohen al menos como cineasta es un buen fotógrafo!.

Pero tras escuchar como Romina -mi amiga con novio catalán a la cual jotean suecos indies enviandole copias del fanzine Anorak City- encontrar todo malo (desde los listados de Pitchforkmedia hasta “el hype insensato y mainstream de Arcade Fire”), concluí que debía darle otra oportunidad, ver otro VHS y luego tal vez entrevistarlo en el Mc Donalds Kosher. Pero ¡se cortó la luz! Y no pude ni siquiera elegir otro documental de él. Los cinéfilos, cinépatas y estudiantes de cine, estaban enfurecidos porque todas sus cintas quedaron en la mitad.

Se me olvidó contar que en la mitad de “Música Nocturna” la cinta se quemó también. Y aunque pudieron continuar con la proyección, me quedó muy claro que obras tan magnas como aquellas no tienen más remedio que autodestruirse. Ahora está lloviendo y saqué entradas para todas las que me interesan mañana. Vamos a las películas.

MADERA NORUEGA. Phillip y Erik son dos veinteañeros que quieren ser escritores. Ingenuos, talentosos, rockers. El primero sale “con la única chica del país con el Road To Ruin de los Ramones en vinilo, además de reconocer que The Clash la aburre”.  El otro tiene novia, pero jode mucho y piensa en terminar con ella. En un bar, uno de los amigotes concluye muy serio: “Mándala a la mierda. Las chicas como novias, no te ayudan a ser lo que quieres ser. Te encierran en un círculo donde los amigos, los libros y la música dejan de interesarte y terminas convirtiéndote en un asqueroso burgués que pasa todos los putos fines de semana viendo tele y cocinando con ella. Amigo, ¿existe alguna mujer que te haya recomendado una banda o un libro que no hayas leído en la enseñanza media? Si existe, es porque su padre, hermano o ex novio se lo mostró”.

Risas nerviosas. Aplausos.

“Reprise” de Joachim Trier, no solo sorprende y gana premios en festivales independientes como el de Karlovy Vary, sino que mientras otros rozan, la cinta penetra. Y ojo, que según Pagina 12, son las otras penetraciones la novedad del año en el Bafici, como “Short Bus” (que tiene sexo real, según todos es muy buena y, me informan, se distribuirá en Argentina). Y, aunque sea un poquito tonto, me gustan estos guiños y referencias melómanas en el cine, como la polera del Queen Is Dead de Phillip o la música de Joy Division  que enmarca la cinta.

Un accidente de Phillip y el inesperado éxito de Erik encausa la historia hacia una una historia de crecimiento coral, una reflexión sobre la voluntad (la figura de un viejo escritor de los sesentas santifica la búsqueda de ambos protagonistas) y un retrato generacional tipo “Dazed and Confused” pero más nouvelle vague y existencialista que cualquier cosa de Linklater. Acá hay buenos personajes, amistad, libros viejos, computadores, agentes literarios, post punk, caminatas, borracheras, escapadas a Paris, celos, cagazos y una infinidad de asuntos que aunque no conectarán a todo el mundo, al menos te conectan a ti. Es obvio. Y sin nada de A-Ha.

Con la ridícula fijación por los superhérores en la cultura televisiva/hollywoodense (puedes confiar, repito, en un tipo con capa el 2007?) agradezco, saludo y felicito el arribo de los nuevos cineastas que son nerds de bibliotecas/disquerías y no nerds de comics. Al fin.

DOCUDRAMAS. Me voy al Abasto a ver un documental que subrayé: “Marriage Stories, 20 Years Later“. Al final si ves todas las películas que te recomiendan terminarías alienado. La premisa de este documental es seguir a una pareja que inauguró los “Estudios sobre el matrimionio” en la TV comunista checa en 1980. Ver en qué andan ahora. Y es un espanto: con un negocio de muebles que no logra repuntar, cinco hijos -”nosotros quisimos tenerlos, pero nos miran raro” declara ella- uno con problemas de drogas y el otro de aprendizaje y una vida reducida al trabajo, es una prueba contundente que no te debes casar enamorado. Ellos lo hicieron y el marido está devastado (incluso llora y a mi me da una tristeza enorme) y ella es una neurótica. Uno de sus hijos se mete al ejército porque “quiere ser libre”. Si esos papás hubiesen pensando las cosas mejor y se hubiesen dedicado a sus hijos, otro gallo cantaría. Y estremece ver a la mujer declarando en blanco y negro: “Me caso porque lo amo. No lo he reflexionado. Pero tampoco creo que sea un pecado o algo tan terrible hacerlo tan apurados”.

ESTOS COREANOS. Se supone que el cine independiente de Corea es el que mejor retrata la vida urbana contemporánea. Para comprobarlo, pedí el dvd de “In Between Days” de So Yong Kim (2006). La cinta es básicamente: una chica Coreana en Toronto con tristeza, que camina con anorak en invierno y que no hace nada. Como la de “Babel” pero sin las partes pornográficas. Fome.

“OPERATION FILMAKER“. Otro documental que subrayé. Un estudiante de cine Iraquí termina trabajando de asistente en una película con capitales judíos en República Checa. Todo gracias a las gestiones de un productor de MTV. Una chica decide grabarlo. El problema es que el tipo es un irresponsable y engreído. Aparte de defender a Bush por darle esta oportunidad (!!!), deja trabajo pendiente para irse de carrete, miente sobre sus orígenes -le dice a “La Roca”, si el mismísimo, que su casa fue bombardeada- y le pide plata a la gente y no la devuelve. Inteligentemente la directora Nina Davenport, muestra el choque con la cultura emprendedora estadounidense: “Debes servirle café a tu director, aunque sientas que esa no es tu labor. Debes hacer todo lo que te pida. Así te vuelves imprescindible para él. Y te dará una oportunidad”. Mucha sonrisa y poca ayuda, para este chico iraqui, que no hace nada para ganarse a la gente, claro. En la ronda de preguntas un tipo preguntó si no era ese acaso el problema, que los yanquis esperaban un iraquí trabajador y respetuoso del sueño americano y les sale este pastel que incluso apoya a Bush, ante el espanto del liberales y progresista equipo de filmación. Al final el tipo se fue a Inglaterra -beca “La Roca”- pero sin plata, pidiendole a la propia directora, enfadandose, quitándole las cintas y luego, invitandola nuevamente. “Si. Me arrepiento de haberme involucrado, pero te aseguro, chileno, que haré que ese tarado me la devuelva cada dolar que le presté”, me dijo.

Saludos cinépatas, cinéfilos y porteños.

11 DE ABRIL. Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. BAFICI. Reporte número cinco. Cintas: Upa, How is your fish today y Zorro’s mar mitzvah.

Quiero ver “Short Bus“. Todo el mundo insiste en que la película es la bomba, porque está ambientada en Nueva York y los protagonistas tienen sexo de verdad. Como ya les conté, será distribuida en Argentina y no faltará quien la lleve al Cine Arte Alameda y hasta un periodista de LUN podría hacer una nota al respecto. Pero no la encuentro en la salita de vhs/dvds. Así que pido, sin dudarlo UPA (Una Película Argentina), el demencial debut del trío de directores/actores Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker.Terminé cagado de la risa, ante el espanto de los serios críticos de cine que estaban con los ojos en blanco ante las propuestas de Corea o del señor Cohen.

1. UPA CHALUPA. Veamos: un aspirante a director, gordo, gay y engrupido recibe la mejor noticia de su vida. Un premio desde el extranjero. Se trata de un incentivo monetario para desarrollar un corto. Ese corto servirá para vender un proyecto de película. A su vez ese dinero servirá para continuar buscando recursos. Y esos recursos permitarán filmar (o grabar) la película de una buena vez. Já.

Como si fuera un documental, con esas cámaras mudas pero nerviosas e intrusas, UPA nos muestra el proceso de buscar actrices (”¿no será una de esas películas de ahora donde no pasa nada durante dos horas?”, pregunta una), los ataques de divismo entre el equipo (”quiero maquillarme diez minutos como la otra”), la histeria ante las caídas de las locaciones (”hagámosla en mi departamento”, dice el gordo) y en definitiva todo el hueveo para sacar un maldito corto para promocionar una película.

Aparte que el corto en sí, es una cosa godardiana en blanco y negro y artístico que francamente da más risa.

UPA es el “This Is Spinal Tap” de las escuelas de cine. Me dan ganas de robarme el dvd y exhibirlo clandestinamente.

2. PELÍCULAS DONDE NO PASA NADA. Termino la película, voy corriendo a la sala a ver otra y la sala está llena. Ni siquiera alcanzo a ver el spot -odiado por muchos a estas alturas- donde unos tipos le insisten a otro a que muestre el cuadro que sostiene en sus manos y que según él, “no se puede, porque es el cuadro más triste del mundo” (la respuesta al enigma en youtube). En fin. La sala estaba llena. “How Is Your Fish Today” era la película. Y bueno, es una cruza documental/film (financiada por la siempre generosa BBC) donde un aspirante a escritor devenido en guionista de telenovelas en Beijng inventa un personaje que asesinó a su esposa y escapa hacia el norte, a Mohe, una tierra casi mítica para el escritor, donde dicen que el sol casi nunca se pone. El escritor está desencantado, con abulia. Se hizo budista, pero no encontró ninguna respuesta. Le aconsejaron tener un pez, pero se le mueren todos, excepto “Bella de Día”. Finalmente toma el tren para seguir a su personaje.

La película/documental es lentísima. De hecho en un momento, no estoy seguro si me quedé dormido, pero cuando me reincorporé, el tipo seguía en el tren. Guo Xiaolu, explicó después que “en este momento la película se vuelve documental”. Las texturas y las escenas de la vida cotidiana en Mohe y la China del norte, fronteriza con Rusia, repleta de hielo y, especialmente los pescados saltando sobre el fondo blanco, es increíble.

Lo raro, es que mientras el cine comercial está empeñado en acelerar en sincronía con la televisión por cable, imagino. Esta cinta -cuyo plot originalmente trataba sobre un tipo que asesinó a un comunista, pero para evitar la censura transformaron en su señora- es en cámara lenta.

“Para vender la película usamos una larguísima secuencia donde una pareja cocinaba pescado en Mohe. Duraba más de 5 minutos. Lo redujimos a 1.30 y la mostramos. Aun no obtenemos distribución”.

Una pena, porque esto si es que es travelling without moving.

3. SHALOM. Me comí unas hamburguesas en el Mc Donalds Kosher. No sé que les pasa, pero me atendieron bien. Creo que estos textos, por ser escritos a alta velocidad, pierden el peso. A veces, pudes reflexionar algo en serio, pero el soporte, digamos, “filológico” no te da. También pienso que debería estar ya, en el dj set de Babasónicos que es a las 00.00. Pero antes, la última película de la jornada. “Zorro`s Bar Mitzvah” de Ruth Beckermann. Esta noche soy más judío que el Muro de Los Lamentos. Se trata de un seguimiento a las familias judías de Austria en sus respectivos Bar Mitzvah, que, para los ignorantes, es una especie de fiesta de 15, donde los chicos “toman sus pecados, que hasta ese momento cargaban sus padres, y se hacen resposables de ellos, es decir se hacen adultos”, como bien explicaba un rabino.

La ceremonia gira en torno a un chico obsesionado con el Zorro, y que exige al videista que repita una escena calentona que viver el bueno de Antonio Banderas. El documental es chistoso y la gente se ríe. Yo debi haber tenido una de esas fiestas, pero ni siquiera estoy seguro aun si mi abuelo es paisano de Woody Allen.

12 DE ABRIL. Frente a frente con Keane, en esos cachondos set íntimos de la cadena Much Music, mientras BAFICI encandila la otra mitad de Baires, la banda de Tom Chaplin mostró su repertorio a la prensa argentina en la antesala de Vive Latino Chile. JC terminó afónico de tanto chillar por los ingleses, revisa su apología.

Tom Chaplin y su banda Keane están frente a mí. Yo sigo el ritmo con el pie, canturreando “Cause everybody`s changing and I don`t feel the same“. Pero mi mente está en las empanadas, pizzas y tragos que se reparten acá, en La Trastienda, el local más famoso del “rock nacional” donde toca Spinetta o Pyschodelic Furs. ¿Cómo llegué acá? Contactos, eso mismo que no tengo en Santiago porque pensaba que Algo Records ya tenía contratado un relacionador público.En fin. Estoy en un especial de Much Music. Un recital íntimo como le dicen. Y el gordito de Keane está flaco y se cree mino porque usa ropa negra apretada y baila mientras canta. Si. Es igual a Jofré.

Se supone que Keane es una banda detestable. Un grupo de casting, mamón y lastimero. Lo peor de Coldplay pero con menos electricidad aun. Pero a mí me gustan. Algo hay en los cambios de acordes, en ese piano con efectos y la forma de alargar las frases de Chaplin que nunca antes se había escuchado. Tal vez si, en bandas que a nadie le importan como The Hit Parade de Sarah Records.

De hecho el recinto aparte del estresado equipo de grabación (”si me tocás algo, te vas al infierno, che”, le grita un cameraman a un pendejo) está repleto de gordas e histéricas, tipos elegantes que se nota no entienden nada y parejas de buen pasar.

David Bowie modelo Ziggy Stardust deja de sonar y aparece la banda, con más cara de turista perdido que de rockers curtidos en la carretera, y comienzan a repasar sus hits, en un formato piano/batería sin platillos/voz. Si bien el sonido pierde bastante, “Somewhere Only We Know” o “Bedshaped” emocionan, porque se nota que la banda aun no se apesta de tocarlas y por ende, se la creen.

Luego viene una pausa para la entrevista.

Saludan en castellano y ellas gritan “ahhhhhhhhh”, encantadas.

Ahi te das cuenta del “piloto automático” de las bandas presionadas por su sello para cultivar las buenas maneras en estos nichos de mercado, y además de la paja que debe dar desarrollar una respuesta nueva a una pregunta que te hacen mil veces. Y eso es tristísimo.

“Es increíble tener fans de todo el mundo y que vayan transmitiendo sobre la banda acá en Argentina … o Chile! (según un artículo de Wikén, titulado acertadísimanente “De Parte de Keane”, se habla que ellos están convencidos que fue un dj chileno el primero en creer en ellos, pero al parecer era centroamericano). “El piano es más emocional, pero nos gusta que suene como guitarra”. “Es extraño tocar en Glastonbury ante tanta gente, o componer en la ruta o no tener tiempo para nada”.

Chaplin relata su choque en la calle con Paul McCartney  y que terminó en colaboración. “¿Quien no es fan de los Beatles? Lo notable fue como Paul corrió a una disquería, compró nuestro disco y le gustó”.

Luego sigue la tocata y la locura.

A mi me deprime un poco, aunque seguiré defendiendo sus discos.

Mañana más cinema y diversión,

23 DE ABRIL. En algún pegoteado ciber del sur, JC despacha su último review del Buenos Aires Festival Independiente de Cine Internacional. Hoy: Scoop, Filmatron, Paprika, The third pint, Slumming, trailers y más pelis.

Estoy en Tomé, octava región. Misión periodística. El Bafici terminó y Upa! -mi favorita, en serio- ganó premio categoría local y el “drama intimista coreano” In Between Days categoría internacional. El último piso del Abasto quedó vacío, me quedé comiendo pizzas y con bastantes ideas en el tintero y con este informe escrito en un cuaderno, con el último fin de semana cinematográfico del festival.

En la revista “Ñ” editada por Clarin y que se vende en Chile con meses de retraso (como la RDL), aparecía un reportaje sobre el Bafici. El redactor jugaba con los conceptos “snob”, “anteojos de marco grueso” y “sentirse parte de una comunidad” para describir a la gente acreditada que se ríe fuerte, especialmente cuando no hay subtítulos al español. Me dio risa eso, aunque el artículo era, en el fondo, una compilación de observaciones obvias. Pensaba esto mientras tomaba vino en “El Palacio del Queso” a cinco cuadras del Abasto, desde donde tuve que pagar la cuenta, correr y chocar con argentinas con poleras de Joy Division y sus novios dientones, todo sea para ver las últimas películas.

1. SCOOP. En rigor no estaba en la cartelera del Bafici, pero sí en el mismo cine donde se exhibían las películas en competencia. ¿Como no ver a Woody Allen en Buenos Aires, donde es un ídolo y éstán editadas hasta sus obras de teatro? Acá, Allen es un mago/ ilusionista de gira por Londres que invita a meterse en una caja “desmaterializadora” a Sandra Pransky (Scarlett Johansson haciendo de estudiante de periodismo). El problema es que adentro ella se encuentra con el fantasma de un periodista que no podía irse al sueño eterno sin contarle una primicia: el famoso “asesino del tarot” es, en verdad, un conocido aristócrata británico y esa si que es una buena historia perioística. Pransky convence a Allen, quien termina haciendose pasar por su papá y le dice a la gente: “bueno, al menos ahora es menos tonta que cuando nació”. Lo mejor de todo es ver a Woody Allen en la pantalla grande, reirse mucho y comprobar que la película no es mala como dijeron los críticos de rostro severo.

2. FILMATRON. “Estuvimos ocho años haciéndola” explicaban los de Farsa Producciones, los mismos de ese clásico llamado “Plaga Zombie” (cuando la palabra freak sólo la usaban los freaks). Y todo ese pulso artesanal enmarca una historia demente: estamos en un mundo orwelliano/sudaca donde la televisión está controlada con programas malísimos y no existen cámaras ni posibilidad de filmar películas. Entonces un grupo de rebeldes aprovecha el concurso “La Película de la Gente” para contar la historia de lo que está pasando. Con mucho personaje secundario demenbte y querible, guiños al mejor cine “b” y esa cosa esperpéntica/futurista recuerdan que estas historias “frikis” son las mejores.

3. PAPRIKA. Sábado por la mañana. Nuevamente el cine lleno. Animación japonesa y juego de espejos a lo Matrix sobre una máquina capaz no sólo de proyectar los sueños sono de compartirlos y meterse dentro. El invento, como era de esperar se le va de las manos a los cientíticos y todo queda en manos de la buenamoza Paprika. Una historia enredadísima -todas las películas que tienen que ver con sueños/pesadillas exageran el recurso de la confusiòn realidad/fantasía, con una escena notable de una parade perversa con personajes de sueños que quieren dominar el mundo y esa sensualidad naive de la agente Paprika. Interesante, apesar de todo.

4. THE THIRD PINT. Con guión y dirección del argentino Luciano Podcaminsky, se trata de un inglés que al beberse la tercera cerveza y sintiendose tan feliz al conocer a una mujer termina desapareciendo ydescubrendo lo bueno y lo malo de la invisibilidad. Su ingenuidad y mensaje cristiano chocó bastante con el cinismo cinematográfico, pero a mi me gustó. Es tan obvio que hay que cuidar y querer a los amigos que siempre se olvida.

5. SLUMMING. Esta la tenía subrayada desde siempre. La cinta austriaca -seleccionada en el “cada vez más mainstream” segun muchos Sundance y todo- gira en torno a una especie de Enrique Symns -es decir, un poeta de las cosas simples pero que leyó a Lacán- que vende sus textos e insulta a la gente, y unos niños ricos con tristeza que se meten en los barrios bajos y se dedican a seducir chicas por internet. Uno de ellos decide jugarle una broma metiendolo en la maletera del auto y haciendolo despertar en una heladísima República Checa. Buena y extrañísima.

6. L` ANNÉE SUIVANTE. Esta es una de esas cintas que uno llega porque no hay nada más en cartelera. Y al final te pasan cosas. Acá la idea de la soledad está tratada con largos planos de Manu, la chica protagonista sobreviviendo a los malls y Carrefours de los extramuros de Paris. Su querido e izquerdista padre recién falleció y su madre está empeñada en vender la casa y borrar el pasado. Lo que podría ser una lata o una especie de Lost In Translation con inmigrantes africanos, su directora Isabelle Czajka esquiva todos los cliches yprimero concentra la angustia adolescente de Manu, el duelo -que en verdad es el duelo de la izquerda de mayo del 68 simbolizada-, la tarada de la madre, el contrapunto entre bosques y megamercados y la más puta soledad. El punto de inflexión lo marca un instructor de tenis del resort que eligieron para olvidar, y que termina besando a Manu, pero ella en vez de responderle, pone caras de asco y comienza a buscar la forma de escaparse de la casa y tener trabajo, mientras se atan los nudos sueldos y el fin empieza a apretar al espectador con un final-no-feliz. Emociona de verdad. Ojalá que la distribuyan en Chile.

7. WOMAN ON THE BEACH. Aparte de revisar el debut de Jackie Chan (”Twin Dragons”) y la imprescindible “Don`t Look Back” con Dylan, el plato fuerte de la última jornada fue esta cinta coreana. Un guionista tiene que terminar un trabajo que le encargaron y viaja a la playa con un ayudante. Pero éste  invita a la novia y el guionista termina echándole el ojo, mientras el ayudante simplemente desaparece. Lo que podría ser un romance de aquellos, se diluye cuando la chica se le ocurre contar -ante la insistencia de ambos- que tuvo muchas relaciones durante el tiempo que vivió en Alemania. Eso el guionista no se lo puede perdonar: “Todo el tiempo me vienen imágenes y no puedo luchar contra ellas”, entonces se busca otra parecida. El problema es que la chica vuelve y se encuentra con la escenita. Si bien la película puede ruborizar a los que hayan pasado por una situación parecida, no es muy original. Es más que nada un capítulo de Pasiones bien filmado. Pero vaya que la pasamos bien y nos sentimos mal, con el rollento guionista.

Este es el informe desde el Bafici.

Chao.

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Alberto Fuguet se arrienda

Archivo Periodistico,Cine,Entrevistas 9 October 2005 | 0 Comments

Seguimos al director en los estrenos de su película en Valdivia y Santiago. En el camino, Andrés Valdivia –el compositor de la canción principal- se cayó al río Calle Calle y una paleta publicitaria declaraba: “Me vendí… ¿Y qué?”. Fuguet repondió: “No te arriendes ni te vendas. Crea tu sistema”. No es que ahora el escritor de gafas se sienta más querido: él quiere más, seguro de dirigir su propia vida.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 9 de octubre 2005. Versión sin editar.

CERO PESOS: el saldo es insuficiente para realizar la llamada, le susurra la grabación a Gastón Fernández. Pero en vez de romper el celular, el pobre tipo se queda estático: no sabe bien cómo tocó fondo, pero lo comprende perfectamente. Fernández -por si alguien aun no conoce la sobrepublicitada trama de “Se Arrienda”- es un compositor bloqueado de regreso en Santiago de Chile. Sin trabajo ni ánimo para leer una partitura, las bolsas de basura se acumulan en su pieza y la única alternativa es visitar a su padre, dueño de una corredora de propiedades.  Hace un par de décadas, en 1988 Gastón juró hacer música, editar discos y no venderse al sistema. Ahora intentará arrendararle departamentos a tipos que pensaban como él.

VENDERSE. Gastón ya no está en pantalla: carretea, impecablemente vestido, en la fiesta post-estreno valdiviana. Se llama Luciano Cruz-Coke y a su lado, los actores Gonzalo Valenzuela, Nicolás Saavedra y Diego Muñoz pelusean. Muñoz le agarra el poto a Cruz-Coke y se ríe. The Verve suena a todo volumen, los mozos se desviven por atenderlos y los invitados que no son vip, miran de reojo y sacan canapés. En la esquina, con un vaso en la mano, Alberto Fuguet, el jefe de todo esto.

“Es verdad” -dice- “Hay desolación en la película. Por eso me sorprende verla entre tanta gente, porque está realizada para ser vista en el cine solo”.

Y el hombre del momento se levanta, sin despedirse.

Así ha sido todo el reportaje: one liners y escabullidas. Días después, en el preestreno capitalino en la sala Las Lilas -que pronto será demolida- se coló entre el público y quedó tranquilo: el público celebra al universitario Gastón cuando rechaza de plano “trabajar con el enemigo, aunque se llame Julio Iglesias”.

“Si yo te ofreciera 10 millones de pesos y cuestiones que te importan como devedés o viajes por dirigir el programa Mekano. ¿Qué me responderías?. Estar inseguro de tu talento hace que tomes ese tipo de decisiones rápidas. Porque no sabes si podrías conseguir lo que realmente quieres sin ceder”- me dice Fuguet después de la función.

Es la última vez antes del estreno en salas comerciales.

ARRENDARSE. Antes de eso, en Valdivia, el muro de un pub dice: “Me Vendí… ¿Y Qué?”. En los paraderos hay publicidad de la película. No pude conseguir una entrada, pero me dicen que no me preocupe. Estoy con el staff, rumbo a una supuesta conferencia de prensa en una isla.  La “novelista” María José Viera Gallo despierta a todo el bus con sus risas.  Su hermana Titi es la editora, o “brazo derecho” como Fuguet la llamaría después. Andrés Valdivia me dejó alojar en su pieza de hotel y me enseña los acordes de “Encontrar”, esa canción tan Elliott Smith de “Se Arrienda”.

Un gracioso la pone en el equipo y Valdivia tiene pudor de escucharse a sí mismo. La lancha no llega y todos quieren almorzar. Y eso hacen. Obligado a seguirlos y pagar por un salmón que no quería, mientras los valdivianos saludan a Katina Huberman  que está sentada al lado.  Fuguet no aparece.

Ya es de noche. Estamos en el multicine Movieland del Mall Plaza de los Ríos, Fuguet aparece flaco, con jockey y traspasando flashes, adolescentes caza autógrafos, prensa y estudiantes de cine.  Estaba viendo la película “En La Cama” de Matías Bize, dice.  Le gustó.

Me pasan la entrada y no sé como, estoy sentado en primera fila. La sala está a tope. Es la primera vez que se exhibe la cinta. Tras el desfile de los infinitos nombres de empresas que apoyaron el proyecto aparece Gastón a la deriva por el centro de Santiago. Gastón discutiendo con su padre que duda de su talento. Gastón sintiéndose ajeno en las fiestas. Todos somos Gastón, cuando mira -dentro de la misma película- el corto “Hormigas Asesinas”, donde un solitario Benjamín Vicuña busca el amor verdadero en un Santiago muerto.  Si Fuguet dice que nació vendido, lo que realmente quiso hacer es una frase ingeniosa, porque nadie que vende el alma puede lograr conmover la de  los otros.  O al menos dejarlos callados un rato. ¿O será que no saben qué decir de la película de su amigo?

SALVARSE. Regla uno del Sistema Fuguet: dirigir tu propia vida. “Mucha gente acepta el libreto asignado y es infeliz. La única manera de escapar es editando. Esa es la fuerza del director. Claro, es un gasto de energía enorme y un trabajo largo, pero realista”.

Regla dos del Sistema Fuguet: Fijarse metas a largo plazo. “Porque así tienes un horizonte, un lugar. Si te caes, te levantas porque lo sigues persiguiendo. Y ojo, esto es sin llorar”.

Alberto dice que la gente que admira ha tenido grandes fracasos que luego se convierten en triunfos; que la matriz cristiana está presente en toda su obra bajo la idea de cargar la cruz y la redención; que si quieres conocerlo debes leerlo porque, él finalmente “es” el protagonista de todas sus obras; que la pasó más mal en la escuela de periodismo que en el colegio, donde fue presidente de curso los últimos años; que perdona pero no olvida a los que lo atacaron cuando sacó “Sobredosis” o “Mala Onda”; que aprendió a saltar la reja porque le negaron las llaves del Reino; que se aisló cuando empezó a hacerse conocido; que todo tiempo pasado fue peor; que está reconciliado con su padre, que de hecho es productor del film y lo acompañó en Valdivia; y –lo más importante- no es que se sienta más querido ahora, es que él está empezando a querer más.

Titi Viera-Gallo: “Fuguet sabe hacerte parte de su vida. Te involucra tanto que no temes llamarlo a las dos de la mañana para discutir una idea”, agrega. Francisco Ortega, coguionista y amigo, no se queda atrás en los elogios: “Alberto tiene talento y ganas. Y sobretodo buenas historias. Sabe como dirigir a los actores y arma equipos. Cruz-Coke hace el papel de su vida. Y claro, la película viene con mala leche desde el principio, pero ¿Qué se le va a hacer?”.

El actor Nicolás Saavedra, le tiene aun más fe. “Es generoso con lo que sabe. Para inspirar mi personaje me prestaba devedés y conversábamos mucho. Por su sensibilidad podría convertirse en el próximo Woody Allen”. Luciano Cruz-Coke, el jovencito de la película, es aún más seguro: “Fuguet escribió el personaje pensando en mí. Lo mejor de él es la complicidad que crea con los actores. Cada uno guarda pequeños secretos con él”.

En el cine de Valdivia hubo un extraño silencio cuando “Se Arrienda” terminó. Sin adelantarlo, se puede decir que es de esos finales que te pillan por sorpresa. Después, obviamente, todos aplaudieron, aunque algo desconcertados. Ahora me entero que hizo Fuguet escabullido: fue a caminar al Calle Calle. Más rato se uniría el resto del equipo. Yo me fui a dormir. Me despierta Valdivia, empapado: se había caído al río.

Ya en Santiago en Radio Horizonte, Fuguet recuerda el accidente y se ríe con Cristian Heyne, el compositor de la banda sonora. Después explica “el equipo no trabaja para el director sino para Gastón”. Francisca Lewín y Nicola (que actía de sí misma)  confirman que el director les repartió a todos una estampita con la cara de Clint Eastwood.

“Los libros y el cine son una inmejorable tabla de salvación”, me dice Fuguet y me muestra su bolso repleto de libros, revistas y un ipod. Estamos en confianza, al fin y me explica cosas que escribí en la primera version de este reportaje. Me cae bien que haya sido pop, que lo hayan pelado y haya salido adelante. Por algo lo entrevisto.

LA CUARTA VÍA. Pienso en la silueta del director entre el público de la sala, mientras Gastón trata de llamar por celular. “Quería comprobar que la película funcionara con el público. Comprobar que la gente se ríe, lo pasa bien. Su emoción me demuestra que no estoy equivocado”, sentencia. Mientras los actores están en algún bar de Providencia celebrando, Fuguet camina por Plaza Las Lilas. Pronto volverá a su vida normal, de libros, discos y películas. Ahora el círculo se agranda, la gente engancha con el Sistema Fuguet y el mundo se vuelve más cómodo porque al fin, encontró su lugar. “Ya no soy una piedra rodante”, dice mientras un auto pasa veloz por la calle. Me dice que le gusta Dylan. Y Calamaro. Fresán se lo presentó.

-¿Y qué te pareció la película a ti?

Le digo que estoy de acuerdo con su teoría de los departamentos vacíos. Esa donde te olvidas de los demás fabricando tu espacio y Fuguet dice su Regla de Oro: “Arrendarse es la opción menos mala entre venderse o renunciar. Todos tenemos acceso a la cuarta vía: crear tu propio sistema. Si no te gusta el mundo, es mucho mejor transformar el tuyo. Ahora puedo decirlo, pero uno no hace películas o escribe libros para que tengan éxito. Son los medios que utilizas para modificar tu vida. El arte definitivamente te salva. Es como “Héroes” de Ray Loriga, donde los discos de Bob Dylan finalmente rescataban al protagonista. Hacer una película es una forma de ser rockero también”.

Luego de horas de espera, lluvias y plantones pienso que Fuguet nunca se arrendó ni se vendió. En Tobalaba el afiche de la película dice “Bienvenido al sistema”. No alcanzo a decírselo, porque él hace rato que entró a su departamento y yo voy rumbo al centro pensando en Loriga y su visión del escritor chileno: “Uno puede hacerse el mundo que quiera. Fuguet convirtió su proyección personal en un hecho. Alberto es lo que siempre quiso ser”

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24 hour party people: La fiesta interminable

Archivo Periodistico,Cine,Críticas 1 May 2005 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Sobras, mayo 2005.

“24 Hour Party People” es una película de culto. Under. Alternativa. De ésas que nunca llegaron al circuito comercial local cuando se estrenaron (sólo fue exhibida una sola vez, en un Sobras Film Festival hace dos años a tablero vuelto)

De ésas que se bajan por e-mule. De ésas que citan las revistas. De ésas sobre las que todos hablan pero que casi nadie ha visto.Por lo mismo, todos ya sabemos las claves de la historia: Sex Pistols, Madchester, La Hacienda, Tony Wilson, post-punk, Joy Division, Factory Records, acid house, Blue Monday, éxtasis, Happy Mondays, rave.

Como hace dos años no vivía en Santiago y el único tipo que sabía que tenía el DVD se enojó conmigo, ésta fue la primera vez que veía la famosa película. Y vaya que me impresionó. Lo importante es la mezcla dicen. “24 Hour…” podría haber sido un bodrio con pretencionedocumentalistas-artísticas u otro cándido retrato de la vida rockera, pero Michael Winterbottom (“9 Songs”, “Code 46″) dirige una obra sólida, llena de energía y que, a fin de cuentas, es una declaración de principios para los que vivimos con audífonos.

Ian Curtis sufre un ataque de epilepsia en pleno show. Los fans de Joy Division esparcen el mito y siguen bailando solos y tristes. Un par de años después Curtis se suicida y la banda decide hacer música para bailar felices. New Order. La metáfora en bruto de Manchester.

EL FACTOR WILSON. De partida, la película “ES” Tony Wilson (Steve Coogan), periodista y conductor de “So It Goes” (gran nombre), tocado por el fuego sagrado tras ver a Johnny Rotten y compañía, una noche en que toda la farándula manchesteriana estaba allí: Howard Devoto y Pete Shelley (Buzzcocks, el orgullo local que no pudo tocar porque los otros miembros, sencillamente, se fugaron), Ian Curtis, Peter Hook, Bernard Summer (futuros Joy Division) y bueno, Mick Huckanll, futuro Simply Red).

42 personas en el Free Trade Hall, un 4 de julio de 1976. Un dato no menor, considerando todo lo que vino después, que Wilson, tras un accidentado vuelo en alas deltas para su show, compara con la historia de “Icaro”, sin volver jamás a la metáfora. Wilson, con un sentido de humor e inteligencia casi sobrehumana – capaz de citar a Plutarco de corrido y en los peores momentos -, te cae bien de inmediato. De hecho, apenas sales del cine, lo único que quieres es ser como él, hablar como él, tener un sello como él y un show de televisión como él, quien, más que un personaje, es la encarnación misma del espíritu de Manchester. Con todo lo que esto implica.

EL FACTOR MADCHESTER. En un principio todo era furia punk a la inglesa: Buzzcocks, Siouxie and the Banshees, The Damned, The Jam… hasta que, lentamente, fue covirtiéndose en nihilismo puro: Joy Division. Lo duro de aceptar es que, tras la muerte de Ian Curtis, los mismos chicos siguieron bailando, pero en una oscuridad llena de luces estroboscópicas. Tiempos de discoteque y de New Order. Yo, al menos, prefiero las tocatas a las discoteques, pero el camino estaba pavimentado: llega Happy Mondays, y, por supuesto, nadie cuelga al DJ (¿Sabían que Morrissey también estuvo entre las 42 personas que vieron a los Pistols, pero no autorizó verse retratado en la peli?). De hecho, nunca antes la Factory había tenido tanto éxito. A veces cuesta creer como tan buena música se pudo concentrar en esa ciudad, y con un sello furiosamente independiente. Y sin transar lo que Wilson firmó con su sangre: no existen los contratos, toda la música pertenece a sus intépretes. Notable.

EL FACTOR PELÍCULA. “24 Hour Party People” tiene un airecillo a “Trainspotting”: bien filmada, orginal, entretenida, ágil y con personajes que desearías que fueran tus amigos. Además, la reconstrucción de la época y las bandas es prácticamente perfecta. Mucho chistecillo para iniciados, reflexiones filosóficas y momentos cumbre. En varias oportunidades se nos recuerda que estamos viendo una película, con Wilson hablando directamente hacia el espectador. Es extraño que las películas sobre rock nunca hablen de sexo o drogas, sino de amigos, locura y sueños, usando lo anterior como una excusa. Pero filo. Lo único que puedo decir es que estamos ante uno de los mejores estrenos del año, simplemente, como decía alguien, porque cuando uno la ve, siente que ya la vio.

5 Basureros de 5.

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Queremos tanto a Wes Anderson

Archivo Periodistico,Cine,Reportajes 20 March 2005 | 0 Comments

¿Por qué Wes Anderson es nuestro cineasta preferido de la última década? ¿Cómo Bill Murray se convirtió en un comediante de culto? ¿Quién es el brasileño que canta los mejores temas de Bowie versión bossa en “La vida acuática de Steve Zissou”, la última cinta de Anderson aún en cines?. Acá, cuatro columnistas de la Zona te lo cuentan.

Wikén/Zona de Contacto, 20 de marzo 2005

PADRE DE FAMILIA. Un hijo (Owen Wilson) enfrenta a su desconocido padre (Bill Murray) sobre un barco que flota en la noche. A sus espaldas, la mujer de la que ambos se están enamorando, escucha la conversación. “Odiaba a los padres, así que nunca quise ser uno de ellos”, explica el progenitor ausente. El “yo soy tu padre” de Darth Vader en clave indie.

Los lacanianos dicen que a través del padre uno ingresa al orden simbólico. Hasta que llega el momento de la sublevación. De eso se trataría crecer: de odiarlos por arruinarte la vida, y dejar de hacerlo para ser uno mismo. Si tienes suerte, tu papá es Bill Murray, tú eres Owen Wilson, te filma Wes Anderson y un mar azul te acompaña de fondo.

Enfrentar al padre está en el centro del cine de Anderson. En “Rushmore” (1998, un neo clásico), el colegio apesta pero Max Fischer, perno iluminado y presidente de cuanta actividad extraprogramática hay, tiene las cosas claras. Hasta que se enfrenta al revivido Bill Murray por el amor de una profe. Así Murray se vuelve el papá que Fischer niega y que a la vez quiere ser y tener.

En “Los Excéntricos Tenenbaums” (2001, otro neo clásico) el conflicto se vuelve frontal. Los genios de la familia acusan al papá del clan, Royal, de convertirlos en unas rarezas. Es enfrentando al padre que los Tenenbaums pueden dejar que el dolor de ser un freak, emerja sin vergüenza.

En “La Vida Acuática de Steve Zissou” (2004) unirse a una expedición de locos sirve para aceptarse, descubrir que nadie es tan egoísta y que por más disfuncionales que seamos, los problemas se solucionan en familia. Divertido y doloroso, el mundo de Anderson plantea que puedes ser quien quieras ser. Que al principio serás visto como un inadaptado, pero que el compromiso contigo mismo finalmente te convertirá en lo que todos desean: alguien menos solo y más feliz. (Carmen Duarte)

DAVID BOSSA. ¿Quien rayos es ese tipo que interpreta canciones de David Bowie en plan bossa, aunque se aproxime un grupo de piratas? El mismo que en “Ciudad de Dios” encarnaba a Mané Gallina, aquel ex cadete de puntería perfecta que para vengar a su familia, ingresa al mundo de las pandillas en Rio de Janeiro. Precisamente ahí se crió Seu Jorge hasta que, tras el asesinato de su hermano menor, decidió ganarse la vida con su destartalada guitarra acústica, para terminar convertido en una celebridad pop en Brasil.
En “La vida acuática…”, Seu Jorge interpreta a Pelé dos Santos, guitarrista que abre y cierra la última cinta de Anderson. Un personaje que en lugar de hablar, canta. Un gran candidato para Soulseek.

“Aunque sólo dice una línea, es vital en la continuidad y emocionalidad de la película”, señaló Wes Anderson sobre las versiones de Seu Jorge para canciones como Starman, Life On Mars?, Rebel Rebel, Rock And Roll Suicide y Five Years, obras cumbres de la época dorada de David Bowie.

Como el guión requería un personaje brasileño -cuyo nombre es un obvio homenaje al futbolista-, Anderson pensó en Jorge sólo por su rol en “Ciudad de Dios”, sin conocer su trabajo musical. Seu Jorge dudó al principio -”me sentía como el ketchup de un plato de comida”-, tras estudiar las canciones de Bowie -solo conocía Let’s Dance-, las tradujo libremente, despojándolas de su electricidad glam. Bowie sólo dijo que las versiones estaban “ok”. (J.C. Ramírez Figueroa)

LISTO Y RE LISTO. Wes Anderson tiene un amigo que aparece en todas su películas: Owen Wilson. Juntos son a la comedia gringa, lo que Tarantino es al cine de acción de los 90s.

Owen Wilson y Wes Anderson se conocieron en la Universidad de Texas mientras Wilson estudiaba Lengua Inglesa y Anderson “parece que filosofía o algo así, no estoy realmente seguro”. Ambos asistieron por un semestre a un taller de guiones juntos, pero jamás cruzaron palabra: los dos solían llegar tarde y siempre terminaban sentados en los extremos opuestos de la sala. Aún así terminaron escribiendo juntos el guión de la primera cinta de Wes, “Bottlerocket”, una historia sobre cómo fracasan tres tipos realmente estúpidos al intentar convertirse en serios y respetables criminales. Tan estúpidos que terminan robando la propia casa de uno de ellos.

Wilson ha co-escrito tres de las cuatro películas de Anderson, además de aparecer en todas ellas: es un inseguro escritor yonki amante de los trajes de cowboy en “Los Excéntricos Tenenbaums”, asaltante limítrofe y sicótico en “Bottlerocket”, el improvisado hijo de Bill Murray en “La Vida Acuática de Steve Zissou” y en “Rushmore” aparece en una foto: es el difunto esposo de la profesora Rosemary Cross, el amor platónico del hiperactivo post-púber interpretado por Herman Blume (alterego de Copano en el universo Wesandersoniano).

“Richard Gere es realmente un héroe para mí. Sting, Sting también es otro héroe. La música que ha creado durante todos estos años. Yo no la escucho, pero el hecho de que esté haciéndola: yo respeto eso. Me preocupa desesperadamente lo que hago. ¿Qué si acaso estoy al tanto de qué producto estoy vendiendo? No. ¿Qué si sé lo que voy a hacer hoy? No. Pero aquí estoy, y voy hacer lo mejor posible por que todo resulte bien.” La cita es de Hansel, el modelo/divo masculino que interpreta Owen Wilson en “Zoolander”, pero refleja bastante bien la carrera de Wilson, un tipo que tiene la nariz fracturada en dos parte y que nunca tomó clases de actuación. Pero que quería hacer algo más aparte de escribir guiones. Y como Anderson ya se había adueñado de la silla del director, bueno, se quedó con lo que había. El tipo de cosa que harían dos verdaderos amigos en el universo Anderson. (Matías Correa)

Bill Murray Recargado. Si hay una cosa bella y justa en el cine es que no hay que ser un gran actor para hacer un gran papel. Grandes actores hay pocos, y son esa raza de artistas totales que le dan peso moral a cada fotograma en que están presentes. Los otros, los actores que hacen grandes papeles, a veces ni siquiera son muy buenos actores. Son tipos fiables que nos podemos quedar mirando solo porque nos causan gracia, o curiosidad, o nos recuerdan a un tío que tenemos. Bajo este prisma, Jeremy Irons es un gran actor, pero Bill Murray hace grandes papeles. Jeremy Irons podría agarrar una zanahoria y convencernos que es un conejo, y Bill Murray no (aunque sería total que lo intentara) porque es de esos actores que tienen ocho expresiones faciales y cuatro tonalidades de voz que repiten en todas sus películas. Y pagamos una entrada al cine para ir a verlos. Porque los tipos que hacen grandes papeles son como los amigos: los queremos ver, a veces, solo para escucharlos hablar. Mucho de eso tiene que ver con la resurrección indie de Bill Murray de los últimos años. Los directores que lo han rescatado (John McNaughton fue el primero con “Perro Bravo y Gloria”, luego vendrían los hermanos Farrelly, Tim Burton, Wes Anderson, Sophia Coppola y hasta Jim Jarmusch) quieren volver a verlo, pero esta vez sin fantasmas navideños molestando en el camino. Lo quieren como lo quiso su amigo cazafantasma Harold Ramis cuando lo eligió para “Hechizo del tiempo” aka “El día de la marmota” aka “Groundhog day”: para verlo una y otra y otra vez, ad infinitum, solo por ser él mismo. Ese cariño por Bill Murray se traspasa, y en esta “Vida acuática” la hipótesis queda probada. A mi parecer, la película guatea porque tenemos a un director que se copia a sí mismo, pero eso da lo mismo con Bill Murray. Que Bill Murray se repita es una verdadera fiesta (Gonzalo Maza)

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