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Justin Bieber – ”My world 2.0” (2010, Island)

Discos,Música 24 May 2010 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 20 de mayo de 2009.

Justin Bieber es un canadiense de 16 años, presentado en todas partes como el futuro del pop. O al menos el que romperá corazones en la generación post-Jonas Brothers. Un chico que hace caso a sus asesores: dio la declaración simpaticona de rigor (“soy un muy buen besador”), cantó y tocó batería en el “American Idol” y lanzó una secuela de My world (2009), su exitosísimo debut. Obviamente el producto está bien hecho. Primero un equilibro entre R&B con producción electro-ochentera-láser y baladas. Segundo, una voz de “niño” en la tradición del Michael Jackson de “Ben” o el Joey McIntyre de New Kids On The Block. Tercero, una estética urbana-ganadora que puede provocar identificación y amor en sus fans adolescentes. A pesar de su extraño parecido con la Ellen Page de la película “Hard candy”. Después de todo ambos son compatriotas.

Las aspiraciones comerciales tras la “creación” del galán tween han dado éxito. Tal como Lady Gaga, Bieber ha colonizado los gustos de su público objetivo. “Stuck in the moment” es una canción entretenida y bien construida, con esa batería bien arriba en la mezcla. “Up” suena madura y soul, descolgándose desde los riffs y el punk-pop de Hannah Montana. “Somebody to love” suena canchera, incluso indietrónica en la línea de las producciones de MGMT o Julian Casablancas. Habrá que esperar a ver qué musica elige hacer, porque claramente aún está en manos de sus productores.

Fenómenos como el de Justin Bieber deberían hacernos replantear el estado del pop. O más bien poner las cosas en su lugar. Porque al final es el rock el que ha perdido terreno. El pop -desde Lady Gaga a Demi Lovato- sigue llenando estadios y apareciendo en TV. Tal como en la economía global, en la música mainstream cuando los gerentes dicen que hay crisis es cuando cosas mejor están.

Justin Bieber / ”My world 2.0” (2010, Island)

1. Baby (feat Ludacris), 2. Somebody to love, 3. Stuck in the moment, 4. U smile, 5. Runaway love, 6. Never let you go, 7. Overboard (feat Jessica Jarrell), 8. Eenie meenie (feat Sean Kingston), 9. Up, 10.That Should Be Me.

www.myspace.com/justinbieber

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Carlos Cabezas: Entre El Frío Misterio Y Los Boleros

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música,Rock 27 April 2010 | 0 Comments

Este miércoles 28 de abril en el Centro Cultural Amanda, el músico estrenará canciones del disco que lanzará en julio, junto a sus clásicos con Electrodomésticos y su disco El replandor. Pero eso no es todo, también está por entrar a grabar un disco de boleros.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 27 de abril 2010. Fotos: Matías Espinoza (excepto afiche recital)

Carlos Cabezas pasa más tiempo haciendo música que tocándola en vivo. Por eso cada una de sus presentaciones es un “evento”, como la que hizo en el Liguria junto a Electrodomésticos -su histórica banda- en diciembre pasado. Este miércoles 28 de abril (ver recuadro) se presentará en el Centro Cultural Amanda en plan solista. O, “rockero adulto”, término que le provoca risas pero que termina redefiniendo: “Yo creo que hacer rock adulto se refiere a madurez… Después de todo uno ha vivido muchas cosas en todo este tiempo y algo debe haber aprendido, ¿no?”.

También se entusiasma hablando de dos discos que está preparando casi en forma paralela. Ambos, por cierto, aun sin título. El primero, lo publicará el sello Oveja Negra, en julio. Una colección de doce canciones que mezclan desde folclor al particular pop-rock que le conocemos. El segundo, lo empezará a grabar en mayo junto al bajista Fernando Julio y será de boleros. Género en que ya ha incursionado haciendo bandas sonoras (“El chacotero sentimental”, 1999).

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Bunbury – Las Consecuencias (EMI, 2010)

Discos,Música 23 April 2010 | 0 Comments

Un álbum de cámara

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 23 de abril 2010.

Si en Chile hay tantos que viven dentro de las canciones de Andrés Calamaro, Fito Paez o el Joaquín Sabina en modo rockero, resulta insólita la indiferencia hacia Enrique Bunbury. ¿Será por su impostadísima voz en Héroes del Silencio? ¿O los botellazos recibió esa banda por “osar” telonear a Iron Maiden en 1996? ¿O, quizás, el siniestro y bailable cover de Rafael de su hit “Maldito duende” [ver video acá]?. Lo curioso es que en países como México o Centroamérica es un ídolo. Y para qué hablar de España, donde siempre se aparece en las listas entre Los Planetas y Amaral. Es decir, mientras en otros contextos se toma en serio, acá sólo provoca extrañeza.

Las consecuencias según el mismo Bunbury es su disco más oscuro e intimista. Como si los politóxicas encuentros con Calamaro (de la que salió la gran canción “All you need is pop”, 2000) o los abismos líricos compartidos con Nacho Vegas (remitirse al doble El tiempo de las cerezas, 2006) hubiese enderezado su camino como cancionista. Es díficil explicarlo, pero frases como “fui un turista de la belleza” o “el regateo de mi ficción” musicalizadas y fraseadas por él, tienen una carga simbólica a años de luz de, digamos, Ricardo Arjona. Marca la diferencia también el cuidado en la producción. Nada de mezclar rancheras con country blues, como lo ha hecho antes. “Un disco de cámara” definición que reconoce haberse inventado mientras presentaba su disco anterior Hellville de luxe (2008) “Musica suceptible de ser tocada en una habitación, donde todo instrumento tiene un papel concreto”, dijo al diario El País.

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Mi Rollo Es El Rock: Apuntes Sobre Metallica

Autobiografía,Crash Boom Bang,Música 21 January 2010 | 1 Comment

A los catorce usaba una polera blanca con este estampado. Y asustaba a la gente.

MI HERMANO ME PREGUNTA por teléfono si quedan entradas para Metallica. Le digo que aunque hubiesen, no tiene sentido seguir enriqueciendo a esos muertos. Que el Death Magnetic es el disco que debieron sacar en vez del Load. Que por porfiados, jamás podrán volver al sonido pre-Bob Rock. Que a sus nuevas canciones veloces y “chacales” se notan las costuras, como los cambios de ritmo que en el Kill`em all les salían impecables (“¿Te has fijado que ese disco tenía más de hardcore a lo Bad Brains que heavy metal?”, le dije una vez y se lo demostré poniendole videos en youtube, que buen hermano que soy).

Él, que tiene una impresionante colección de discos, elepés y revistas de heavy metal, incluyendo el Hysteria de Def Leppard (edición americana) que le regalé para su cumpleaños se ríe y me dice que seguramente volverán.

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2001-2010: ¿La Peor Década De La Música Pop? (Primera Parte)

Ensayo,Música 12 January 2010 | 0 Comments

Un interesante artículo de Simon Reynolds para The Guardian, traducido por  Franco Ingrassia

Arcade Fire justo después de saquear a The Wild Swans.

Estaba mirando la lista de los 200 mejores discos de la década de Pitchork. Y noté algo extraño sobre el top 10. Es obvio que hay un límite en lo que se puede leer en una encuesta de críticos. Pero Pitchfork es una de las pocas instituciones que puede decirse que resulta influyente, en términos del material que cubre y de los juicios que formula. Pitchfork a la vez lidera y refleja a un público que es sustancial y sin embargo relativamente definido. Podríamos llamarlo “post-indie”, lo que significa que Pitchfork es lo más cercano, en la era moderna, al NME de los años posteriores al punk (cuando su perspectiva era distintivamente rockera pero con una apertura a música situada por fuera de este esquema, desde el reggae al disco, pasando por el funk, África y el jazz). Los participantes en la encuesta –el staff de Pitchfork- son personas que pasan muchísimo tiempo escuchando de forma intensa un rango realmente amplio de música. Así que parece improbable que su evaluación colectiva de lo que resultó importante en la última década esté privada de significancia. Y, en todo caso, en función de abrir el debate, voy a avanzar tomando como presupuesto que los resultados de esta encuesta significan algo

Deterioro de la músiva vs. calidad y cantidad, más sobre Funeral de Arcade Fire y una tesis sobre la fragmentación del rock acá [...]

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The Kinks vs.The Beatles: Cinco Razones Para Amarlos

Archivo Periodístico,Ensayo,LuchaLibro,Música 24 October 2009 | 4 Comments

The Kinks

The Beatles es al rock lo que el Papa al catolicismo, si se me permite la comparación. Lo terrible es que mientras los católicos admiten cierto grado de crítica o pensamiento disidente, cada disco de los “fab four” pertenece a la categoría ex catedra.

Con los Beatles todo es divino, historico, insuperable. Esto incluye no sólo su carrera oficial, sino las maquetas rechazadas por el sello Decca, inmmuerables reediciones antológicas y ese mashup que fue Love (2007). La opinión dominante es que ellos son LA VERDAD ABSOLUTA revelada e incuestionable. Así, cada melómano del rock/pop tiene internalizada ideas fuerza como

  • The Beatles evolucionaron en cada disco, adelantándose a todas las bandas de su tiempo e inventándolo todo incluso separarse (1)
  • Su historia está ordenada por episodios como una novela (2)
  • Fueron la voz de los años sesenta
  • Canciones como “Yesterday” o “Let it be” son patrimonio de la humanidad
  • Nadie los superará jamás.

Engañosas en su simpleza de “cliché”, estas ideas –esparcidas por fans, managers y prensa especializada– esconden un fondo perturbador y reaccionario: con The Beatles, la música popular llegó a su cima y cualquier obra ajena a la discografía Beatle,  ya nace devaluada.

Pero hay una cuenta pendiente entre los de Liverpool y The Kinks. Conócela tras el salto [...]

Cuatro razones para amar a R.E.M.

Archivo Periodístico,Música,Perfiles,Rock 25 October 2008 | 0 Comments

El 3 y 4 de noviembre tocará la banda en Chile. Una buena oportunidad para atestiguar el renacimiento de quienes, gracias a sus poderosas canciones e integridad artística, pavimentaron el camino a Nirvana y al resto de las bandas que echaron al pop maqueteado de Michael Jackson de todos los número uno. El grupo estaadounidense cerrará las dos noches del festival SUE en el Arena Movistar:

J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 25 de octubre 2008.

R.E.M. es una institución en la música pop contemporánea. Una banda que pasó del circuito college (universitario) directo a las multiventas, sin transar absolutamente nada. Y en plenos noventa, mientras las nuevas bandas imitaban su música y actitud, decidieron jugar un poco con la distorsión y la electrónica. En el camino perdieron un integrante, pero este año regresaron más fuertes que nunca. Su disco Accelerate es la síntesis de todas estas luchas. Con dramatismo y belleza, R.E.M. confirma por qué es la gran banda estadounidense de los últimos veinticinco años. A continuación, cuatro razones para no perderse los shows que brindarán en Santiago el próximo lunes 3 y martes 4 de noviembre.

R.E.M. PAVIMENTÓ EL CAMINO A LA “NACIÓN ALTERNATIVA”. Antes de caer en una clínica de rehabilitación, escaparse, apuntarse en la cabeza y convertirse en la última leyenda del rock, Kurt Cobain, líder de Nirvana, tenía algo claro. “Nuestro próximo disco sonará hermoso, etéreo y acústico. Como el último de R.E.M. Si pudiera componer al menos un par de temas tan buenos como ellos lo hacen… Dios, son lo máximo”, dijo a la grabadora de la revista Rolling Stone. Cobain se refería al Automatic for the People (1992). Obra que coronó una carrera iniciada con el explosivo single “Radio Free Europe” (1981) y que estalló con Green (1988) y Out of Time (1991), el mismo elepé que contenía “Losing My Religion” y la irónica “Shiny Happy People”. El disco elogiado por Cobain contenía toda la integridad musical posible en una obra de música pop. Himnos redentores (“Everybody Hurts”), actualizaciones de la música de raíz estadounidense (“Drive”, “Find the River”), pop de herencia sesentera (“Sweetness Follows”) y estribillos cautivantes en su simpleza (“Man on the Moon”). Era la marca de fábrica del grupo, que, contradictoriamente, logró escalar en los rankings, radios y canales de música. Su sonido, dramático y de raíz folk, rock y pop, permitió que el cerrado ambiente estadounidense se tornara receptivo a Nirvana, Pearl Jam y el resto de las bandas más “subterráneas”. Un antídoto contra música maqueteada como New Kids on the Block o de típica brutalidad americana tipo Guns N’Roses.

RESCATARON LA MÚSICA QUE NO ESCUCHAN TODOS. “No somos otra banda fiestera. No tocamos new wave. Y no tenemos nada que ver con B-52 ni ninguna otra banda de la ciudad”, decía un enfurecido y pelilargo Michael Stipe en octubre del 82. “No creo que estemos listos para los grandes auditorios. Estamos más concentrados en escribir canciones y ser la mejor banda en vivo”, declaraba en la misma entrevista el guitarrista Peter Buck.

¿Cómo llegarían a ser los más grandes de todos? En el rock, la historia también la hacen los ganadores. Elvis, Beatles, Led Zeppelin, Pink Floyd o Metallica. Sin embargo, también existe un “canon alternativo” que agruparía a bandas y solistas creativos e influyentes, pero que jamás obtuvieron el reconocimiento masivo.

Música que si se escuchara con atención, convertiría al rock en algo más que riffs básicos y de contracultura domesticada. Discos que sonaban todos los días, por ejemplo, en la disquería Wuxtry Records de Athens, Georgia. Allí trabajaba Peter Buck, quien se dedicaba a tocar la guitarra y atender a los clientes. Es fácil detectar a través del sonido R.E.M. la música que escuchaban junto a Michael Stipe, estudiante de fotografía y pintura. La cristalina mezcla de country/folk y rock de los Byrds, la suciedad y belleza de Velvet Underground, el power pop dramático y tierno de Big Star. También la fuerza renovadora del post-punk o su equivalente estadounidense con The Replacements o Husker Du. Un sonido que podía pasar de los estribillos pop a la alta velocidad del hardcore.

Los mismos álbumes que sonaron en una fiesta en 1980, cuando se conocieron con Bill Berry (baterista) y Mike Mills (bajista). Aunque digan que R.E.M. en realidad no significa nada, en neofisiología se conoce como “Rapid-eye-movement”, la fase profunda del dormir, cuando se producen los sueños. Con ese nombre se presentaron por primera vez en una iglesia de Athens, tras unos meses de ensayo. Inmediatamente a R.E.M. se le clasificó dentro del subestilo jangle, llamado así debido al jangling (rasgueo) de las guitarras, una música que sin renunciar a lo pop, no encajaba con los sintetizadores o el heavy metal radial.

MÚSICA PARA PERDEDORES. “R.E.M. tiene el don de captar el pulso de la generación. Una rápida revisión de algunos de los singles de sus últimos álbumes es capaz de deprimir a cualquiera. Pero la depresión no es existencialista a lo Pink Floyd ni necesariamente dark o politizada. Más que depresión, lo que Stipe siente -y transmite- es angustia, ansiedad, neura. No tiene nada claro, pero tampoco quiere seguir así. Está enojado, pero ni tanto. Más bien está asustado”, escribía Alberto Fuguet en 1991.

R.E.M. había pasado de secreto a voces a la masividad, gracias a canciones como “The One I Love” o la extraordinaria “It’s the End of the World As We Know It (And I Feel Fine). Ambas de Document (1987), su último disco para el sello independiente IRS.

A diferencia del egocentrismo de U2, la única banda que le hacía el peso, R.E.M. había optado por la muy personal mirada de Michael Stipe. Un tipo que había jugado a cantar sin que se entendiera muy bien lo que decía en discos como Recknoning (1984). Ahora había aprendido a sacar la voz y convertirse en la voz de los perdedores, los que no lograron ser lo que querían, los que no aprendieron a vivir en la sociedad post-capitalista.

“Nuestras canciones son para aquellos a los que nadie eligió para bailar en la fiesta de graduación. Los que tenían la cara con acné. Los que se quedaron al lado del parlante toda la noche y terminaron solos”, dijo alguna vez Michael Stipe. Luego vendría “Losing My Religion”, la respuesta a todas las bandas que sonaban como ellos en el ruidoso Monster (1994), el activismo político, la renuncia del baterista Bill Berry y los desesperados intentos por seguir adelante en Up (1998) o Reveal (2001).

EL IMPULSO ACCELERATE. “Lo hicimos al estilo antiguo. Reflexionamos entonces dónde nos encontramos culturalmente en 2008, y creo que hicimos un gran trabajo, encontrando las canciones, la actitud y el sentimiento adecuado”, señaló Michael Stipe en una reciente entrevista para “El Mercurio”. En efecto, mientras Around the Sun (2004) sonaba vacilante y, a ratos, como si parodiaran su propio estilo (escuchar “Leaving New York”, “Make It All Ok”), Accelerate (2008) se aleja de los guiños electrónicos y pianos afectados y elige la misma fórmula que usaron a mediados de los noventa: las guitarras y el impacto emocional en seco.

Desde la furia de “Living Well Is the Best Revenge”, pasando por el country/folk de “Houston” hasta las descarnadas modulaciones de Michael Stipe en “I’m Gonna D.J.”, Accelerate es un álbum perfecto para defender en vivo y que, de paso, captura estos años de crisis y confusiones.

El festival SUE

La versión 2008 , será el lunes 3 y martes 4 de noviembre en el Arena Movistar. R.E.M cerrará ambas noches. La primera incluirá además a los británicos Kaiser Chiefs y los estadounidenses Mars Volta. La segunda noche, actuará The Jesus and Mary Chain, banda escocesa celebre por mezclar altos niveles de ruido con un pegajoso pop heredero de los sesenta. Son una de las favoritas de R.E.M. Entradas de 11.000 a 55.000 pesos. Más información: www.sue.cl y www.rockandpop.cl (radio oficial). La discografía de R.E.M., se encuentra en en Chile bajo el sello Warner.

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Jane Birkin: la mujer de los gemidos

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música 13 March 2008 | 0 Comments

Jane Birkin actuará este sábado en el Teatro Oriente, pero ojo, que no se ha quedado en el pasado, y tras colaborar con gente como Beth Orton, Franz Ferdinand y Manu Chau está tan potenciada como con sus amigos mods que protagonizaron Blow Up, cinta que con su polémico desnudo, la llevó a la fama.


Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 13 de marzo 2008.

Paul Weller, lider de The Jam y héroe del pop inglés, decía que bastaba ver una foto de los Beatles para entender los ’60. Que la ropa, peinado y sobretodo actitud podían sintetizar perfectamente el espíritu de una época. Lo mismo podría aplicarse a Jane Birkin, cantante inglesa pero residente en Francia que se presenta el 15 de marzo a las 21:00 en el Teatro Oriente de Providencia.

Minifalda, flequillo “modette” y una mirada de estar sumergida para siempre en 1968. El “año eje” para la contracultura del siglo pasado, donde en París “mayo duró doce meses”, en Inglaterra se disfrutaba de la colorida explosión del “Swinging London” y en California se vivía el “Verano del amor”.

“Una revolución sociocultural” -define Birkin dede París y luego, como el juego de asociaciones que hacen los que vivieron fuerte una época, comienza a enumerar: “Minifaldas baratas, Michael Caine, Twiggy, los Rolling Stones, los Beatles… claro que sería genial tener una máquina del tiempo y volver allá”, responde entusiasmada.

La influencia Birkin. Desde Bryan Ferry a Dominique A, desde Manu Chau a Jarvis Cocker (quien tocará la misma noche), todos los músicos que han colaborado con ella en Rendez vous (2004) y Fictions (2006), saben que ella es un ícono, aunque ella no responde cuando se le pregunta por qué. Al parecer Birkin jamás ha dejado de estar “demodé”, tal como sus amigos londinenses de los ’60. Intensa, elegante y pop, sus últimos discos son una extensión de su mito.

Y que además, como si fuera un inmenso plus, los músicos más jóvenes como los mismos Franz Ferdinand la miran desde abajo, porque saben que estuvo más que cercana a Serge Gainsbourg, el renovador de la chanson. Basta verla, con su legendaria blusa transparente, caminando de la mano con Gainsbourg. O gimiendo en el hit del año siguiente: “Je t’aime, moi non plus”. Un bombazo de pop beat que por primera vez explicitaba el acto sexual en una canción. La primera versión fue grabada y censurada por la misma Brigitte Bardot, y ahí apareció Jane Birkin, quien ya se había hecho famosa por su topless en la película “Blow Up” (1966) de Antonioni, donde también aparecían The Yardbirds con el gran Jeff Beck rompiendo su guitarra a lo Townsend o a lo Hendrix.

-¿Sabía que el tema fue un suceso en Sudamérica? ¿Escuchó la versión que grabó el popular puertoriqueño Chayanne (Extasis, 1992)?
-¡No lo sabía! Me gustaría escuchar esa versión. Hay más de cien versiones registradas, incluyendo dúos de chicas japonesas, hip-hop y especialmente la de André Bourvil y Jacqueline Maillán grabada 1970 (parodia de la canción) donde participamos Serge y yo también.

-¿Y valdría la pena construir una máquina del tiempo y retornar a los ’60 a la época del “Swinging London”?
-¡Yo me apuntaría! Siento orgullo, tal como Serge, por los ’60. Creo que jamás me he ido de allí. Pienso en la revolución sociocultural que dejó, las minifaldas baratas, los muchachos “cockneys” (de los barrios bajos británicos) o las fotos de David Bailey (quien introdujo el término “Swinging London” y fue la inspiración del protagonista de “Blow Up”). También en que las guapas eran Jean Schrimpton y Twiggy, cuando la moda dejó de ser para las damas elegantes. Pienso en John Barry (compositor de bandas sonoras), Michael Caine, Terence Stamp, los Stones. Pero antes que todo, la alegría Beatle. Los ingleses de los ’60 eramos los “top of the world”. Por eso Antonioni eligió retratar esta ciudad en “Blow Up”, porque eramos “demodé”. Incluyendo el tocino que comíamos, ja ja.

-La canción popular actual ha perdido todas las grandes orquestaciones de los ’60. ¿Cree que hay que regresar a ello o es simplemente la evolución?
-No debe regresar. Todo evoluciona simplemente. Integrar las tendencias celtas, romanescas, multiculturales y moverse a través de ellas. Por eso Internet y los nuevos sistemas de grabación son geniales. Todo el mundo graba sus propios discos. Eso es más interesante.

-¿Qué le parece el trabajo de su hija Charlotte? Últimamente la vimos encarnado a Sarah, la esposa de Bob Dylan en la película “I’m not there” (2007).
-
Pienso que es lo más “verdadero” de la película. Ejemplar, justa, como siempre. Para mí es la actriz más “rara” de su tiempo. Desde los doce años se me hizo evidente. Su Jane Eyre (1996) de Zeffirelli, era un milagro de calma, y de emoción contenida que en 21 gramos (2003) se fue perfeccionado. La ciencia del sueño (2006) me parece genial. Yo no soy tan actriz como ella.

-En una entrevista reciente usted dice: “Gainsbourg, siempre estará conmigo”. ¿Cree que ustedes fueron la pareja que renovó la canción francesa?
-Él sí y para siempre. Es una referencia constante y yo trato de manatenerla, aunque no es fácil. Si me llaman para un concierto en Sao Paulo, por ejemplo, es porque canté “Je t’aime” con él. Tengo mucho que agradecerle. Entonces, si estoy aquí es porque Serge está conmigo. ¡Y él lo sabía!

-¿Qué vamos a ver de usted esta en Chile?
-¡Encuentro increíble que yo les pueda interesar! Haré todo, para que ustedes no salgan desilusionados. ¡Gracias por venir a verme!

Sexo Pop

Desde Elvis, las canciones que sonaban en la radio jamás aludieron al sexo. Pero con los gemidos de Jane Birkin, en este clásico compuesto por el gran Gainsbourg, pasamos de los dichos a los hechos. Ojo, que esta chica, ícono de los sesenta, nos visita el 15 de marzo.

“Si hubiera sexo de verdad, habríamos grabado un disco doble”. Así justificaba Serge Gainsbourg, el feo más deseado en la historia del pop, el revuelo provocado por los gemidos, textos explícitos y más gemidos de “Je t’aime… mai non plus” (1969).

Aunque fue popularizada junto a Jane Birkin (ver recuadro), la primera versión fue grabada un año antes, cuando el verano del amor, literalmente, acababa.

En un sudoroso estudio de sonido, Gainsbourg y Brigitte Bardot grababan el disco de pop sicodélico “Bonnie and Clyde”.

El compositor francés estaba obsesionado con grabar la “canción de amor definitiva” y convenció al símbolo sexual que gimiera simulando un orgasmo sostenido. El ritmo funk que marcaba la batería y órgano Hammond sólo hacía más accesible el intenso diálogo.

Ella dice que lo ama, él responde jugando con las palabras “yo tampoco”/”a más no poder”. Luego, se entregan a un jadeo que deja bien claro que la controvertida relación entre el amor sentimental de una mujer y el corporal de un hombre, reflejado en la letra, terminan en el mismo lugar.

La grabación incomodó a la Bardot, que al parecer sólo se dejó llevar, y solicitó no divulgarla. Es probable que fuese ante los comprensibles celos que provocaría en su marido, Gunter Sachs, millonario fotógrafo y amigo de Dali y Andy Warhol. También porque podría afectar su imagen, según ella.

La grabación recién se reeditó en los ochenta, hasta hacerse masiva en “Best of BB” (1996). Gainsbourg, enojado, encontró en Birkin, quien ya se había desnudado en “Blow Up”, de Antonioni, a la muchacha perfecta. En lugar de sonar experimentada como Bardot, Birkin delgada y de flequillo sonaba como una Lolita de Nabokov jugando a lo que aún no sabe.

“Je t’aime… mai non plus” se convirtió en un hito y motivo de debate tanto en El Vaticano como en la España franquista. Jamás una relación sexual había sido hecha single.

Después vinieron versiones lamentables como la de Chayanne con Natalie (Éxtasis, 1992), perversas (Brian Molko-Asia Argento, 2003) y curiosas (Cat Power-Karen Elson, para el tributo a Gainsbourg preparado por la revista “Inrockuptibles” el 2006). Lo importante es que desde acá el sexo y no sus insinuaciones se vuelve pop y aparece en las canciones que escuchamos en la radio.

MÓJATE LAS OREJAS. El sexo en las canciones pop puede entenderse como la biografía erótica del “público joven y adolescente”. Hoy cuesta imaginar que este lucrativo target surgió debido a la explosiva tasa de natalidad (baby boom) durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior Estado de bienestar propicio para el consumo.

Antes pasabas de niño a adulto y ahora surgía esta etapa intermedia, donde sorpresivamente había tiempo para explorarse mutuamente en lugar de casarse y envejecer juntos. Tampoco existía la música pop como género. Elvis Presley y Cía. eran animales en celo civilizados por el baile; Los Beatles y Los Stones cristalizaban las contradicciones de cualquier aproximación, debatiéndose entre “tomar la mano” o “pasar la noche juntos”: “I wan’t to hold yout hand” y “Let’s spend the night together”, respectivamente.

“Je t’aime ” sería el puente hacia la locura de la música disco, donde el acto se explicita en los gemidos de Donna Summer, Barry White e incluso nuestras Frecuencia Mod con “Duele, duele”. Los brutales gemidos del controvertido clásico house “French Kiss” (1989), de Li’L Louis, eran sexo maquinal y con la protección que permiten las máquinas y las baterías programadas.

BIRKIN VIENE DE VUELTA. El show de Birkin (62 años) está programado para el 15 de marzo en el Teatro Oriente (Pedro de Valdivia Norte 099) a las  21:00 horas. Entradas entre $ 20.000 y $ 25.000. La chica, aparte de ser un ícono de los sesenta casi como Bob Dylan, ha generado el interés de gente como Manu Chau, Beth Gibbons (Portishead) o Bryan Ferry, que participaron en el álbum de duetos “Rendez-Vous” (2004).

En “Fictions” (2006), disco que vienen a presentar, aparte de las versiones de Tom Waits o Neil Young, siguen colaborando músicos como Johnny Marr (el extraordinario guitarrista de Los Smiths), Neil Hannon, de Divine Comedy, el compositor neoyorquino Rufus Wainwright y Dominique A, que también estuvo en Chile a principios de año.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 9 de marzo 2008.

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Seguimos a Tom Waits en Buenos Aires

Archivo Periodístico,La Nación Domingo,Música,Perfiles,Reportajes,Rock 29 April 2007 | 0 Comments

Tom Waits está vivo y pasó por Buenos Aires, en el marco del reciente festival de cine independiente. Habló de películas y canciones, respondió preguntas y claro, aporreó el piano ante un auditorio en pleno orgasmo. Después fue a ver a jóvenes tangueros, un partido de futbol y una secreta inspección de locales porteños donde tocar.

Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 29 de abril 2007.

BARRERAS PAPALES en plena Avenida Corrientes. Es sábado por la noche, hace demasiado calor y los transeuntes abandonan su rutina de cafés-librerías-teatro para contemplar a la multitud apretujada frente al Teatro Presidente Alvear. Hay guardias y una pantalla gigante también. “Venite pronto, che. Tom Waits dará una conferencia y dicen que también va a tocar!. Pero no nos dejan entrar sin invitación, la puta que los parió” grita un flaco de barba por su celular.

Suspenso. Una van se estaciona. Se abren las barreras y ante la incredulidad de los fans -que hasta levantan carteles ofreciendo dinero para conseguir la puta invitación- el mismísmo Waits se baja, levanta la mano derecha y saluda amablemente, sin quitarse su mítico sombrero. Saltan los celulares y cámaras digitales.

Es que su llegada a esta clase magistral organizada por el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires debía ser inmortalizada. Sobretodo, sabiendo que el músico es famoso por no dar entrevistas ni salir de giras “prefiero pasármela en la casa con mi esposa”. Después de todo tiene 59 y hace rato que abandonó la mala vida.

Adentro se encienden las luces (sorpresa! hay un piano!). Afuera, todos los ojos son para las pantalla gigante. Los periodistas encargados de conducir la entrevista lo saludan. Y él les dice a un auditorio ya entregado: “Hola!”. Gritos. Aplausos. Silencio.

PAPÁ DE LEJOS. Antes -aunque cueste creerlo- nadie queria a Tom Waits. Ni siquiera él mismo. Ya a los 18 era un viejo que daba tumbos por Los Angeles, con una petaca de whisky y su voz de monstruo, buscando cualquier antro abierto y equipado con piano. Eran los sesentas y como fugado de una novela de Bukowsky, trazaba un plan para completar el puzzle dejado por el padre ausente -abandonó su hogar hacía siete años- precisamente siendo como él.

“Mi padre era pura Rebeldía por partida doble”, confesaría el músico a la revista Mojo el 2004, recordando a este cantante y viejo bohemio llamado Jessie Frank, en honor a los bandidos Jessie y Frank James. ÉL le enseñó en guitarra las canciones de Woodie Guthrie, Harry Belafonte y corridos mexicanos. En los restaurants, cada vez que cruzaban la frontera, papá Waits pedía a los mariachis que por favor fueran a cantar a la mesa. Al final, la familia regresaba al hotel, mientras Jessie seguía cantando con ellos, regresando con los pajaritos, después de dormir en las colinas, mirando las luces de la ciudad y tomando tequila.

Entonces, el adolescente Tom convirtió a Louis Armstrong, Nat King Cole o Howlin`Wolf en sus figuras paternas. Los Beatles, que estaban en plena efervecencia, pasaron de largo. Su único contacto con la “contracultura” fue al dispararle casualmente a un amigo mientras practicaban puntería. En el hospital fue a visitarlo un primo hippie e intrigado, decidió partir a la cercana San Francisco, cuna del “verano del amor”. Terminó más interesado en la célebre librería City Lights y los cafés que en los recitales de Jefferson Airplane. Tom Waits ya era el vivo retrato de su padre.

Pero algun error habrá cometido en su destilada búsqueda paterna que, tras canciones, borracheras, vagundeo y la edición de “Closing Time” (1973) su sorprendente debut, fue adoptado por Frank Zappa para telonear sus shows. Y ahora lo cuenta entusiasmado entusiasmado dejando las bromillas al enciclopedismo de los entrevistadores -mientras le tiran datos duros él respondía “eh, si” o “eh, no”- y entregándose él a su público que le seguía la corriente.

ÉCHALE LA CULPA A FRANK ZAPPA.“Era una experiencia religiosa. Como si me tiraran a los leones. La primera noche inventaron un cantito para pifearme diciéndome que era malísimo. Creo que Zappa me estaba usando como termómetro rectal, claro que no en el sentido literal, jaja, sino para medir la temperatura del público, gente muy melómana. Cuando terminaba él me preguntaba “hey, Tom, como está la gente hoy”. Era una situación tristísima, pero pensaba: el show bussines es así y estoy pagando el piso. Así desarrollé un gran sentido del humor”- dice moviendo las manos.

Envalentonado por la experiencia, siguió dándole al trago y a la redacción cancionera. Sus ambientes aguardentosos, donde se desenvuelven texturas swingeras y blues, vientos, pianos maltratados, espesos riffs e historias degeneradas fueron un impacto al corazón de la industria de la cultura. Porque para entender a Waits no puedes poner sus discos mientras haces el aseo o comes con amigos: debes ensimismarte. Y como esto es casi un antónimo de la música pop, hasta el día de hoy Waits es acusado de sobrevalorado. O de todo lo contrario. Pero esto no es el planeta Arctic Monkey, esta banda británica que te ofrecen con la excusa de “haber tenido el disco de debut más vendido de la historia. Afortunadamente.

“A todos nos gustan las canciones” -dice, con esa voz que tiene- “Lo importante es que a ellas les gustes tú. Por eso debes coquetearles, hacerte el interesante, para que se queden contigo. Pero es un lío mantenerte atractivo todo el tiempo para que no nos abandonen. Hay que seducirlas, pero no sé si lo he aprendido, a pesar de los años. Uno no debería tenerse tanta confianza”.

MÚSICA PARA LOS OJOS. Waits dice que aunque le guste mucho trabajar en cine no se considera actor y reconoce que “las películas son caras y difíciles de hacer”. Fue camarero en “La Ley de la Calle” de Coppola, colaboró con Godard, estuvo en “Vidas Cruzadas” del finado Altman, se hizo amigo de Roberto “La Vida es Bella” Benigni y Jim Jarmush. ¿Cómo olvidarlo filosofando con Iggy Pop en “Coffe & Cigarrettes”?

“Si no te gusta tanto tu papel, pero aceptas trabajar igual, te aseguro que a la mitad de la grabación ya te quieres matar. Es como una relación de pareja: algo infernal puede salir en el camino. Hubo películas en que me dije: No puedo decir esta frase. No es graciosa. Y no va a ser graciosa porque yo lo diga”.

Su fuerte, claro, son las canciones para bandas sonoras: “One From The Heart” (del mismo Francis Ford), “Una noche en la tierra”, “Fight Club”, “12 Monos”, “La Tormenta Perfecta”, “Shrek 2″. Siempre con el inconfundible swing de sus manos sobre el piano. Mientras, paralelamente sacaba discazos como “Rain Dogs” (1985), “Bone Machine” (1992) o “Real Gone” (2004). “A veces quieren que mejores y salves una película con una canción. Y eso no se puede. Aunque a veces una canción puede iluminar un filme, pero no sé las leyes para lograr ese efecto”.

WAITS PORTEÑO. Fueron las profundidades de los ochentas -entre la cirrosis, los amigos y los proyectos cinematográficos- el peaje donde finalmente Waits se convirtió en hombre. En esos años abandonó el alcohol -que jamás interrumpió su actividad compositiva-, reconoció que también le gustaban los Rolling Stones y formó una familia.”Mi hijo es el baterista de mi banda y se queja que le pago poco”, confesó.

De su padre quedó el amor por la tradición músical estadounidense y la voz -”Desde niño que usaba bastón y trataba de hablar ronco como los adultos”. Pero el camino que trazó en su adolescencia al piano de clubs de mala muerte californianos ya es otro.

Por eso ahora ahora lo vemos con cara de enojado -Bob Dylan es un viejito gagá al lado de él- , impecablemente vestido -los Strokes y Franz Ferdinand quedan en ridículo-, arriesgandose a grabar discos triples para el pequeño sello independiente Anti, como si volviera a tener 17 y cerrando la Master Class -que al final se convirtió en un emocionante monólogo con preguntas- aporreando el piano para tocar “You Can Never Hold Back Springs” y “Tom Trambeurt`s Blues”

Después del show, antes que el público -con gusto a poco, obviamente- recuperara la respiración tomó la van y se fue a cenar con el medíatico gobernador de la ciudad Jorge Telerman, alguien dateó a Waits para ver a la Orquesta Típica Fernandez Fierro unos jovenes tangueros con look rocker que estuvieron recientemente en Chile. El domingo partió a Liniers a ver el partido Vélez/Boca

Lo que nadie supo fue sobre su tour un tour secreto por los teatros porteños como El Gran Rex buscando un local donde hacer algun show, emocionado por la devoción argentina. El Luna Park le pareció horrible.

“Uno hace las canciones cuando ellas desean que lo hagas. ¿Desaprovecharás el momento? Si lo haces, al final te enojas mucho, porque después termina escribiendolas Bruce Springsteen. No me pasó, pero nadie está libre”

PARA ESCUCHAR A TOM WAITS.

Closing Time. 1973.

Su debut. El equivalente a una larga noche en una taberna, atendida por un Waits pianista, rudo y confidente. Sorprende su voz ronquísima que con el tiempo iría volviéndose prácticamente death metal (pero con neuronas). Jazz, Rithlim and blues y una canción que fue versionada por Tim Buckley ese mismo año: “Martha”.

Small Change. 1976.

Disco que potenciado por su evolución poética que fue muy popular en pleno advenimiento punk. “Step Right Out” o el mismo “Tom Traubert Blues”. Piano, bohemia y sobria ebriedad. Mucho piano y saxofón para ambientes sórdidos.

Rain Dogs. 1985.

Una tapa que cruza perfecto el London Calling con cualquiera de los Smiths. Y como el mensaje se vuelve más poderoso con los contrastes, acá no hay nada de punk ni de jangle londinense. Acá hay rock primal, con instrumentos como el trombón, la marimba y el banjo, pero con unas guitarras espesas tapándolo todo en función de canciones como el hit “Downtown Rain” o “Big Black Mariah” con su adorado Keith Richards en guitarras.

Bone Machine. 1992.

Un disco bruto que jamás será un hit, pero como bien señalaba la revista Mojo: “marca un punto aparte en su carrera”. Rock and roll de ultratumba, voces que asustan y pulsiones africanas. El ADN del sonido negro, reactualizado en un disco/juego que al parecer dejó muy contento a su autor y a nosotros nos sirve para disfrutarlo y sobretodo conocer los límites creativos del viejo Waits.


Orphans. 2007.

Su último e impresionante disco triple. “Orphans: Brawlers, Bawlers And Bastards” (“Huérfanos: Alborotadores, Gritones y Bastardos” ¿un guiño a las novelas de Soriano?) Una eléctrica y poderosa colección de versiones de rockabilly, country, blues y folk (eso que llaman “Americana”), tan buena como manejar un cadillac por las míticas carreteras yanquis con un grupo de forajidos. Es cosa de escuchar “The Return of Jackie and Lucy” o “Low Down” (con ese sonido de guitarras al máximo y baterías machacantes pero en un estudio de los años cincuentas) para caer rendidos ante este viaje a la semilla.

CONOCERLO ES AMARLO
SIETE COSAS QUE HAY QUE SABER DE TOM WAITS.

7. A pesar de ser amigos con el cineasta Jim Jarmush estuvieron a punto de irse a los golpes. Según Waits, Jarmush estaba poniendo demasiado de su cosecha y la obra en rigor era un clip promocional “Me dijo: ‘Mira, no es tu película. Es una promo para mi canción’ (…) Recuerdo que lo encerré fuera, en el párking, y él aporreaba la puerta y gritaba ‘Jim! Voy a encolarte la cabeza a la pared!’ No pegó mi cabeza en la pared. Pero es verdad que en realidad los videoclips no son películas mías, son películas para una canción. Hace mucho que aprendí esto”.

6. Colaboró Junto al escritor William Burroughs colaboraron en una obra musical (“operística humorística”)The Black Rider. “Hablaba todo el tiempo de reptiles, armas e insectos. Si le conversabas de eso, le caías bien”, dijo Waits.

5. Keith Richards participó en la sesiones de Rain Dogs, aunque Waits se confesó incapaz de seguirle su ritmo tóxico. A propósito de las declaraciones del Stone, diciendo que jaló las cenizas de su padre, Waits dice “Bueno, no puedo opinar de eso. Total, eran las cenizas de “su” padre, no del mío”.

4. Los Ramones versionaron “I don’t wanna grow up” como último single en 1995. Waits les devuelve la mano y grabó en su último álbum “The return of Jackie and Judy”.

3.”¿Que pasará arriba”? le preguntó Waits a Martin Perez (editor de Radar de Pagina 12 y uno de los engargados de conducir la entrevista). “Este teatro está lleno de gente que no sabe inglés. pero sabe las letras de todas tus canciones, lo que sea que hagas va a estar bien”, le respondió, pero el músico no se convencía. “Me sorprendió lo nervioso que estaba, al punto que necesitó usarnos a nosotros, los que lo entrevistamos para tranquilizarse” -confidencia Martin- “Como artista, es un sobreviviente de las guerras de los setentas, el que más se dedicó al alcohol. Y realmente es uno de los mejores letristas desde Johnny Mercer, algo que nadie podría negar después de escuchar Orphans, el disco triple de baladas que recién editó”.

2. Joaquin Sabina: “Yo quería ser como Tom Waits, sabiendo que si hubiese nacido en España jamás hubiese encontrado disquera. Waits también es rock and roll”

1. Medio en broma, medio en serio Waits señaló: “Buenos Aires me facina. Estuve en el cementerio, una tienda de mascotas y un conscesionario de autos”.

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1967, el año milagroso del rock

Archivo Periodístico,Artes y Letras,Música,Reportajes,Rock 11 March 2007 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 11 de marzo 2007.

FUE EN MAYO DE 2003 que el gruñón de Roger Waters incomodó a un adolescente periodista alemán, que estaba más interesado en preguntarle sobre política y bares underground, que de conmemorar los treinta años del Dark Side of the Moon y su remasterizada edición surround 5.1. El disco de los cuarenta millones de copias vendidas y los catorce años en la -¿influyente?- revista Billboard , que el músico inglés presentará el próximo miércoles en el Estadio Nacional. “Jamás nos tomamos la calle. La sociedad era tan cuadrada como ahora. Después de cumplir sus horarios de trabajo venían a desmadrarse a los recitales. Si encuentras ese ‘Londres vibrante’, avísame, porque para mí jamás existió”, le respondió al desprevenido joven.

Waters parecía haber olvidado la imagen de Syd Barret frente al micrófono, empuñando la guitarra y mirando el techo, en la Navidad de 1966. Pink Floyd inauguraba el UFO Club, situado en el subterráneo de un cine londinense, frente al célebre teatro Dominion: Barret murmuró la palabra “ignición” e inmediatamente se lanzó con el riff de Interestelar overdrive, mientras, entre luces y diapositivas de colores, la banda subía el volumen, despegando con público y todo, lo más lejos que sus perversas melodías bluseras, ambientes interplanetarios e impecables trajes mods los podían llevar. Al final de ese concierto, la EMI les extendió un contrato para grabar su debut en los estudios Abbey Road, lugar donde se encontrarían con unos bigotudos Beatles, que trabajaban en las históricas sesiones del Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band; disco inigualable, con sus orquestas sinfónicas, cintas unidas al azar pasadas al revés y silbatos para perros en 15KHz de frecuencia, puestos por Lennon a última hora, sólo para ocupar un surco vacío de un disco que debía escucharse completo. Ellos, ya dos años antes, con Rubber Soul, habían renunciado a fabricar colecciones de singles, asumiento el formato larga duración como una aventura “autoral” total, donde todo es importante, desde el filtro de la fotografía en la portada hasta el sonido que eran capaces de lograr en el estudio.

Barret tomó nota y compuso The Piper at the Gates of Dawn (editado exactamente hace cuarenta años). Un disco áspero y sofisticado, repleto de referencias al espacio e improvisaciones sobre densos riffs. Con un éxito moderado, el disco creció con los años hasta transformarse en un significativo testimonio del año 1967; de cuando los discos de rock and roll se convirtieron en obras de arte. A meses del lanzamiento, Waters se disculpaba ante la Melody Maker por “no sonar tan bien como quisiéramos”, aunque remarcaba su confianza en “el gran talento como músico y letrista de Syd Barret”. Pero años después, más en confianza, confesaba ante unos espantados periodistas que esa música le parecía un caos y que jamás le gustó la banda hasta que él tomó el control, comprometiéndola con sus traumas en lugar de la original locura espacial.

CUANDO TODOS LOS DISCOS ERAN BUENOS. Mick Jagger, autocensurándose en el show de Ed Sullivan para poder presentar Let`s Spend the Night Together (cantaba Let`s Spend Some Time Together), que abría la edición estadounidense del melancólico y rotundo “Between the Buttons”. Los Beatles sonriendo con sus trajes señoriales a los asistentes del lanzamiento del Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (para muchos el mejor álbum de todos los tiempos). Jimi Hendrix aprendiendo este último de memoria y tocando el tema homónimo en un festival de Londres, y luego en el Monterrey Pop Festival, donde deja a Eric Clapton en ridículo y eleva la apuesta destructora de Pete Townshend (The Who) -quien ya tenía en mente su ópera rock/show de radio, The Who Sell Out-, en el mismo festival donde se presentó la sorprendente Janis Joplin. Jim Morrison escandalizando con su psicodrama en el Whisky A Go Go, mostrando los temas de su extraordinario primer disco con The Doors. Los neoyorquinos de Velvet Underground polarizando belleza y sordidez en The Velvet Underground and Nico. Brian Wilson tratando de superar el Pet Sounds con el misterioso , fallido y finalmente rescatado Smiley Smile. Love descubriendo el pop de cámara y sus arreglos de cuerda o corno francés en Forever Changes. Rolling Stones nuevamente, respondiéndoles a los Beatles en el incomprendido y psicodélico Their Satanic Majesties Request. The Kinks asumiéndose como cronistas sociales en Something Else.

¿Hubo otro año en que se corriera tanto a las disquerías sin jamás sentirse estafado?

No fue la contracultura hippie ni el LSD -un factor contextual, más que el inductor definitivo de la creatividad-. Tampoco Vietnam, la Guerra Fría o el movimiento estudiantil. Menos, esa idealización boba del rock como “vehículo de la rebeldía y transgresión”. La extraordinaria producción discográfica de 1967 se explica primero, por la lógica (aunque aceleradísima) evolución del rock and roll. Segundo, por una competencia entre los artistas ya no por encabezar el hit parade, sino por grabar el disco más genial. Tercero, porque la industria permitía y estaba abierta al riesgo y la creatividad. Las bandas empezaron a desentrañar partituras de Bach, acordes de bossanova, canciones medievales, efectos de sonido o ritmos latinos. Las letras -desde Strawberry Fields Forever a White Rabbit- retornaban a la niñez como una burbuja más o menos cínica de la realidad. Eso hasta que la música explotó con la violencia social del año siguiente y se inventó la rentable mitología del rock de estadios, con sus promotores, giras y prensa asociada, mandando todo al carajo.

VOLVER AL FUTURO. Ahora nadie corre a las disquerías. Ni siquiera se bajan completos los álbumes. Volvimos a la era pre-Rubber Soul, salvo que los singles se llaman mp3 y se almacenan en un pendrive o un iPod. La industria se cerró, descafeinando la embestida punk los setentas, cuando John Lydon de los Sex Pistols se paseaba con una polera que decía “Yo odio a Pink Floyd”. Asimismo sucedió con la new wave ochentera y la moral alternativa/college de los noventas. La industria pauteó cada disco-megabanda-que-prometió-salvar-el-rock-and roll como U2, Oasis, The Strokes, Franz Ferdinand o incluso Coldplay, volviéndolo un “producto” predecible donde se adivina en cada “corte” el insano esfuerzo por agradar a todos sin arriesgar absolutamente nada.

Tal vez el Ok Computer de Radiohead y específicamente su single Paranoid Android fue un canto de cisne al espíritu del ’67. Muchos compararon la banda de Thom Yorke con Pink Floyd, obviando que los primeros lograron posicionar en los medios una canción larga, irresistible y que no se parecía a nada, mientras los dos mayores éxitos de Pink Floyd bajo la administración Waters fueron una balada acústica (Wish You Where Here) y una canción-disco (The Wall).

Roger Waters aseguró recientemente tener nuevas canciones, pero que aún no es el momento de mostrárselas a la humanidad. Por eso prefiere eternizar Dark Side of the Moon y los grandes éxitos de “su” banda. Cuando Syd Barret comenzó con los indicios de locura, Waters tomó las riendas del asunto y aterrizó a Pink Floyd, transformándolo en un espectáculo que dejó a todo el mundo con la boca abierta. Pero ya estaba lejos de aquel año 67, en que escoltaba a Barret, como en la imagen que encabeza este artículo. Ahora era él el protagonista, aunque insistiera en negarlo. Protagonista del “Londres vibrante”, que nos había regalado tantas satisfacciones estéticas y discográficas.
Años más tarde Waters diría que la banda fue un caos, hasta que el tomó las riendas, tras la partida de Syd Barret (elc ompositor de la obra) y la condujo al lado oscuro de la luna.

1967. 3 DISCOS

The Velvet Underground – The Velvet Underground and Nico.
Ruido, literatura, esmog, resaca y belleza. Y la portada de Warhol.

The Kinks – Something Else byThe Kinks.
El rock como forma de reportaje.

The Jimi Hendrix Experience – Are You Experienced?
“Jamás en la historia de la humanidad se había escuchado algo así”, sentenció Sting.

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Nacho Vegas, por el lado salvaje

Archivo Periodístico,Entrevistas,La Nación Domingo,Música,Rock 19 November 2006 | 0 Comments

Oscuro, literario y rockero, Nacho Vegas transita por la misma senda de Nick Cave y Bob Dylan, pero en nuestro idioma. Ahora prepara su desembarco como solista y con un proyecto paralelo junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury. A fin de año viene a Argentina y tal vez inyecte su veneno en Santiago. Esta es su primera entrevista para Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 19 de noviembre 2006.

Detrás de un cristal, cuatro putas invitan al extranjero a entrar mientras bailan un transpirado vals. Un padre no puede evitar mirar la mancha oscura que dejó su hijo Simón en el colchón después de suicidarse. Ante el juez, Ramona dice que mató a un hombre por culpa del calor y la humedad, y además porque esta vida iba a ser otra y algo salió mal. En el Bar La Sed Mortal, un borracho comienza a pedir perdón por todas las cosas y un payaso le cuenta que hasta los perros se ponen tristes después de eyacular.

Nacho Vegas (31 años, Gijón) escribe canciones que no sólo se escuchan, sino que también se leen. Y si una buena canción es aquella que te obliga a dejar cualquier cosa que estabas haciendo, el compositor español da en el blanco. Pedazos de un hombre/espejo roto que duele y muchas veces corta, desde “Actos inexplicables” (2001) y “Cajas de música difíciles de parar” (2003) hasta los simultáneos “Desaparezca aquí” (Limbo Starr) y “El tiempo de las cerezas” (Emi) –álbum doble junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury–, este flaco se ha convertido en el secreto mejor guardado del rock ibérico.

Aunque –tras sus constantes apariciones como artista o disco del año en la revista “Rockdelux”, el lanzamiento continental del disco con Bunbury y la bendición del YouTube de Internet– no es difícil encontrarlo, con sus gafas oscuras y su chaqueta de terno, caminando la senda de Nick Drake, Leonard Cohen o Nick Cave.

LOS CUATRO PASOS. Lo primero fue escuchar a Morrissey. “Era sensibilidad, ambigüedad sexual, provocación, belleza… todo. ¿Qué más se le puede dar a un adolescente desencantado con el mundo y hambriento de mitos a los que aferrarse?”, escribió el propio Vegas en un fanzine español dedicado al cine.

Luego, aprendió guitarra –inspirado en Sonic Youth– y formó bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. Después se encerró a leer y empezó a escribir letras en castellano. “Uno de los defectos de mi generación es abusar del inglés que oculta carencias y pone una frontera entre tú y lo que quieres decir”, manifiesta. Finalmente decide cantar en solitario.

Esos fueron los cuatro pasos de Nacho para convertirse en Nacho Vegas. Un compositor que ha sido saludado por “Página 12”, “Rolling Stone” e “Inrockuptibles”, y que ya inició el desembarco en nuestro continente con su sello Limbo Starr. El primer puerto es Argentina.

“El rock tiene una urgencia particular que lo hace muy excitante, especialmente cuando eres joven. La poesía es más sintética. El peligro es que puedes escuchar música lavándote los dientes, adoptando un papel pasivo, mientras que un libro siempre es activo. Los discos que más disfrutas también son activos”, explica Vegas al teléfono desde Gijón.

Y en su música, que alterna la electricidad despiadada y una perversa calma acústica, se detecta fácil un ADN de bibliotecas y rock. Pero, además, Nacho Vegas se salta el recurso del estribillo tarareable para caer en una zona del alma del oyente a la que pocos saben llegar. Historias de culpa, drogas, insomnio, muerte y amor condensadas en personajes miserables y atrapados por el destino como en los grandes dramas griegos.

“Unamuno decía que la gente prefiere el infierno a la nada. Lo único bueno del sufrimiento es que te hace sentir vivo. Y una de las cosas que más luces arroja sobre la naturaleza humana son los dilemas morales, el enfrentamiento con uno mismo”, dice soltando una bocanada de humo al auricular.

Aunque reconoce que hay un sentido del humor implícito en sus textos, se percibe un exquisito cinismo de cantautor a negarse a explicar lo que las canciones evidencian. “Es necesario llegar a un punto donde se crea una distancia entre la canción y el autor, trascender el puro relato autobiográfico. Las canciones sirven para cuestionarse a uno mismo y lo que te rodea, y uno puede intentar reconocer sus errores sin dramatizar todo. La tentación, cuando utilizas la primera persona, es caer en el ombliguismo”, explica.

Vegas estaría tocando a fin de año en Ciudad de México, iniciando su plan de promoción junto a Bunbury –del cual ya se desprende el single “Días extraños”, con aires a canción de carretera y al “Everybody’s talking” de Harry Nilsson– y además aprovechará de visitar Buenos Aires en plan solista, aunque no se descarta un showcase en Santiago de Chile.

“Yo creo que las canciones salen del desorden, de los sentimientos confusos y encontrados, un caos que escapa de la lógica y que uno necesita ponerle melodía y letra. La gente cree que mis canciones son tristes, pero eso es reducirlas. Transmitir esa sensación de absurdo es difícil”.

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The Beatles, como recién exprimidos.

Archivo Periodístico,Artes y Letras,Música,Reportajes,Rock 12 November 2006 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 12 de noviembre 2006

YA NO ES LA PULPA CONCENTRADA en el “Álbum Blanco”, “Revolver”, “Abbey Road” o “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”; sus obras maestras. Tampoco la apetitosa cáscara de sus sesiones para la BBC o la remasterización de la película “A Hard Days Night” o el DVD de su primera gira por EE.UU. o los inéditos y tomas alternativas del rotundo disco/documental “Anthology”. Ni siquiera las vitaminas de sus hits planetarios reunidas en “One”. La gota de Paul, John, Ringo y George que nos ofrecen para cerrar este 2006 se llama “Love” y verá la luz el 20 de noviembre. Una palabra que será disco y ya es neón en Las Vegas anunciando el musical del Cirque du Soleil que lo utiliza de banda sonora. La manzana Beatle sigue exprimiéndose.

Hace una década, el misterio era “Free As A Bird”. Se decía que Yoko hizo las pases con Paul, entregándole unas inéditas maquetas de John, que al fin los tres músicos volvieron al estudio y que Ringo fue el más entusiasta con la reunión, a pesar de la fantasmal mezcla que hizo Jeff -Electric Light Orchestra- Lyne. Pero nadie pudo escuchar la canción hasta la salida del volumen uno de la antología. Ahora las cosas funcionan distinto: la página web de la compañía teatral está habilitada y nos cuenta que la obra “evoca el exuberante e irreverente espíritu de Los Beatles, interpretado por la juvenil y urbana energía de un reparto de sesenta artistas internacionales”. En el trailer que nos ofrece, aparecen bailarines, trapecistas y equilibristas vestidos de todos los colores y bailando pedazos de canciones hábilmente hiladas. Un intento, supuestamente, de recrear el mundo del Sargent Pepper, The Fool on the Hill o Lucy in the sky with diamonds, personajes clásicos del imaginario Beatle.

LOCURAS DE MARTIN. Más revelador es visitar el website de la banda, registrarse y escuchar las cuatro canciones que nos adelanta: “Octopus Garden”, “Lady Madonna”, “While My Guitar Gently Weeps” y “Strawberry Fields Forever”, su single. En esta última, se escucha a Lennon sólo con su guitarra -la primera toma registrada de la canción-, luego entra una guitarra psicodélica, después los violines y finalmente las percusiones de Ringo, que ya conocemos en la versión original. La sorpresa viene al final, que mezcla las trompetas inspiradas en Bach de “Penny Lane”, el clavecín de “Piggies”, la coda de “Hello, Goodbye”, todo junto y revuelto, mientras el buen Ringo sigue dándole a los tambores. Lo impresionante es que George Martin y su hijo Giles, los responsables de esto, en ningún segundo quedan en ridículo: suena muy pero muy bien.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD. ¿El mundo necesita un nuevo disco de Los Beatles? Los Rolling Stones se sostienen en sus giras monumentales, Bob Dylan en hiperventilar su leyenda, Brian Wilson en narrar mil veces -cuando está lúcido- la grabación del “Pet Sounds”, The Who en sacar un disco de vez en cuando nuevo recordando lo rupturistas y modernos que fueron, Jimi Hendrix en sus infinitas horas de estudio y Led Zeppelin en películas como “Almost Famous”.

Pero los fab four son los únicos, donde cada reedición, remezcla o toma alternativa nos conduce, directo y sin peajes, a esta pulpa contenida en sus canciones, sacándoles brillo, ayudándonos a desentrañar su ADN y a capturar, una y mil veces, la evidente genialidad del grupo que, con 25 años promedio, abandonaban el pop formal para aumentar decibeles, abrirse al ska, folk, canción francesa o gospel, coquetear con las orquestas sinfónicas y valerse de la electrónica. En el caso de Los Beatles, ninguna grabación se reduce a la simple anécdota o la curiosidad de saber cómo se comportaban en los estudios de Abbey Road, sus desafinaciones o si alguna versión era mejor que la que salía en el disco. Los bosquejos valen tanto como la versión definitiva, porque es el “work in progress” de una obra que ya es patrimonio de la humanidad y no nos aburrimos de escucharla porque las canciones sostienen a Los Beatles y el mundo necesita las canciones de Los Beatles.

LOVE IS ALL YOU NEED. “No ha habido jamás nada parecido a The Beatles (…) Pero es como si a uno le preguntaran cómo es su hija. Ningún buen padre dejaría de encontrarla bonita”, declaraba George Martin durante su insólito paso por Chile como jurado del Festival de Viña del Mar en 1987. El productor, a pesar de su formación docta, vio en estos jovenzuelos de chaqueta de cuero y covers de Chuck Berry y Buddy Holly, el renacer del rock and roll y después, el futuro de la música popular. Hasta el término “quinto Beatle” le queda chico: Sin su influencia y asesoría musical, no existiría ni “Yesterday”, ni “Sgt Pepper`s”, ni “Because” ni nada.

Ringo, Paul, Yoko y Olivia Harrison le solicitaron que trabajara con ellos en el montaje de Guy Laliberté, amigo personal de George y fundador del Cirque du Soleil. Martin se sentó en la consola junto a su hijo y revisaron el archivo Beatle, donde se conserva cada instrumento, cada detalle de la voz, cada efecto. Tal vez en algún momento Giles le dijo “Papá, no seamos fomes, si es una remezcla, que sea verdaderamente una remezcla y además, que suene cool y mis amigos no me molesten por el resultado” y así fueron tomando trozos de canciones, superponiéndoles pedazos de batería de otros temas, solos de guitarra o fragmentos vocales, escapando ingeniosamente del concepto “Best Of” y jugando en el mejor sentido con el auditor/fan: es imposible no sonreír al distinguir el teclado de “In My Life” emergiendo en plena “Strawberry Fields Forever”.

Finalmente el proyecto se convirtió en disco. Serán 78 minutos de música con sonido 5.1, además de un DVD con sonido sorround que estira diez minutos más el álbum. La idea es reproducir el ambiente del espectáculo del Cirque du Soleil en el hotel Mirage de Las Vegas, en un teatro hecho para tener una visión y sonido en 360 grados. En la conferencia de prensa celebrada en México, donde se presentó el disco/banda sonora, se hizo firmar a los asistentes un documento donde se comprometían a no revelar nada más sobre el disco que la página web, aunque ya la New Musical Express publicó la lista de canciones que van desde “Help” hasta “Hey Jude”, pasando por las no tan conocida “Glass Onion”, el medley de “Drive My Car”-”The Word”- “What You`re Doing” y , obviamente, “All You Need Is Love”.

“Escuché cosas que había olvidado que habíamos grabado”, dice Ringo. “Este álbum reunió a los Beatles nuevamente, porque de repente John y George estaban junto a Ringo y a mí”, explica el políticamente correcto de Paul. Se publicó que la curva de ventas de la Emi es paralela a Los Beatles. Es decir, ellos además sostienen al sello. Y con la muerte de dos de sus integrantes, las decisiones artísticas con el legado del grupo pueden ir a cualquier lado, especialmente por el descalabro emocional de Mc Cartney, que justo cuando cumplió 64 -como su canción-, su vida afectiva se convirtió en escándalo nacional, con las acusaciones de Heather Mills de que es “drogadicto y violento”, mientras la prensa le descubría a ésta su oscuro pasado de actriz triple equis. Paul, el chico que hacía todo bien, declará que responderá enérgicamente a su ex esposa.

Es inevitable extrañar a Lennon y preguntarse qué habría opinado de tanto jugo Beatle -no olvidemos el reciente Let It Be Naked, un capricho de Paul, quien nunca soportó las mezclas del Phil Spector, el héroe de John-. Mientras Mc Cartney se entendía a la perfección con George Martin, Lennon se limitaba a tomar la guitarra, cantar y decirle al productor -según él mismo relató en México- “Bueno, tú sabes, métele algunas cuerdas, algo de metales. Ese es tu trabajo”.

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Marky Ramone: ¿El último de los mohicanos?

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música,Rock,Zona de Contacto,Zona.cl 1 September 2006 | 0 Comments

Marky Ramone es el único sobreviviente de la banda que creó el punk. Él sabe que acá, la locura por los Ramones es mayor que en EE.UU, donde los Pistols se llevaron casi todo el crédito y Green Day la plata. “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk”, fue una de las frases para el bronce que se mandó en la entrevista. Pero le da lo mismo, él sabe que es leyenda.


Por J.C. Ramírez Figueroa (en colaboración con Guillermo Scott) para Zona de Contacto, 1 de septiembre 2006.

DON RAMÓN. Si no fuera por las arrugas, Marky se vería idéntico a como aparece en las tapas de sus discos con los Ramones. La misma chaqueta de cuero, la misma chasquilla y, obvio, las mismas converses. Mientras come una ensalada, se queda pegado en una vieja foto del trompetista Joe Sullivan que reposa sobre una pared del restaurante Bluebird de Providencia. Entonces mira a los ojos para responder la primera pregunta. “Claro que soy un sobreviviente. Mírenme: estoy vivo y respirando”, dice recordando a Joey, Johnny y Dee Dee, el resto de la familia Ramone que ya no está.

Marky Ramone es un punk amable. Y sigue siéndolo hasta que unos tipos de terno dejan la puerta abierta, a pesar que él les había pedido cortésmente que la cerraran porque hacía frío. Probablemente ni sabían quien era. Entonces, el baterista que a los 26 años abandonó el apellido Bell, grabó “I wanna be sedated” (78) y se fue a girar con la banda que creó el punk, levanta su metro 85 de estatura, les grita “asshole” y se vuelve a sentar aguantándose las ganas de ponerles un combo.

Marky llegó a los Ramones en 1978, como un suplente recomendado por el entonces baterista titular, Tommy Ramone. Marky entró a la cancha y supo jugar bien entre cada “one, two, three, four”, durante cada noche, ciudad y show. “No tuve que adaptar nada. Tommy y yo venimos de la escuela Ringo Starr. Él es grande, fresco, el mejor. Yo sólo tocaba un poco más rápido que Tommy. Y no pienses que nuestro estilo es fácil. Hay que ser muy preciso”

-¿Cuando te diste cuenta que ya eras un Ramone, que estabas integrado?

-Siempre lo fui. Hasta cuando me salí de la banda, aun seguía recibiendo dinero. En esa época (1981) yo estaba tratando dejar el alcohol. Ramones es lo que yo soy: un tipo normal al que le gusta tocar la batería”.

HEY HO, LET´S GO. 1978. En el CBGB´s los Ramones juegan de local y los Sex pistols son la visita que por entonces, se llevaba los créditos como creadores del estilo. Intimidados, los ingleses beben cerveza y miran de reojo al camarín. No saben como abordar a la banda que creó el estilo que ellos escaneron. Siguen bebiendo hasta que deciden acercarse a Los Ramones. Los neoyorkinos no pescan demasiado y en lugar de saludarlos, le pasan una chela a Johnny Rotten. La cerveza estaba meada. Los británicos ni se enteraron.

Los Ramones punkeando a los punks británicos. La historia la cuenta Marky entre risas, asegurando que es verdad.

-¿Es cierto que Syd Vicious les temía?

-El quería que nos presentaran. Estaba con Nancy y estaba seriamente borracho. Sid cuando chupaba se ponía muy odioso, rudo, quería pelear conmigo. Eso te dice como era su carácter y cuando supo que yo era un Ramone nos hicimos amigos, el era un fan de Dee Dee. Nos hicimos amigos porque nos juntábamos a tomar juntos, carreteábamos y eso. Una relación muy wasted.

-¿Qué pensabas realmente del punk inglés?

- “Para mí los Pistols son las Spice Girls del punk. Malcolm Mclaren, los juntó, los peinó, los vistió y les puso el Sex a los pistols. Eran punks fashion y eso es. Pero no eran una mala banda, no hacían mal punk. Eso sí, sin los Ramones no serían nada, ellos solo eran una banda de pop rock, se sentaban con sus pelos largos y tocaban la guitarra, eran unos hippies no hay ninguna diferencia entre ellos y Neil Young. Los ingleses tiene esa fijación con ser los que cambiaron la historia, ellos siempre dicen que inventaron el rock o el punk. Pero los que partieron todo fueron Elvis, Chuck Berry, Little Richard y tipos como ellos”.

-¿Por qué crees que durante mucho tiempo en EE.UU el crédito del punk se lo llevaran los Pistols por sobre ustedes?

-“Nunca fuimos portada de Rolling Stone porque éramos una banda nueva, el punk era nuevo, no era tan grande como ahora. Las bandas que la llevaban eran los Stones, Neil Young, Grateful Dead, Jefferson Airplane. Los hippies seguían dándole a estas bandas y la prensa no le dio a los Ramones una chance. Le dieron una portada a los Pistols y a nosotros, que inventamos el punk, no. Al final dijimos, jodánse, ¿a quien le importa?”

-Cuando ingresaron al Salón de la Fama Eddie Vedder los presentó. ¿Quien te hubiera gustado que los presentara?

-Me hubiera encantado que fuera Little Richard, Jerry lee Lewis o Dion de Dion & the Belmonts.

PUNKSTAR. Marky es una estrella de rock, pero se comporta como si nunca hubiera salido del garage. “Dylan ni en broma haría esto, ¿pero qué más da?”, dice mientras algunos oficinistas parecen reconocerlo pero no se atreven a saludarlo.

Marky se siente el responsable de mantener vivo el legado de los Ramones, mal que mal, es el último de lo mohicanos. Viaja por el mundo cantando los hits de la banda, está escribiendo un libro y tiene un programa de radio en la estación punk más importante de Estados Unidos (Satelite radio). Y acaba de formar una nueva banda, con las leyendas americanas del punk. Así se gana sus monedas. Mejor eso, que andar macheteando como los chilean punks.

-Cuéntanos del proyecto OsakaPopStars.

-“Es una idea que tuve con mi amigo John Cafiero. Él juntó a la gente: Jerry Only, bajista de los Misfits, Dez Cadena guitarrista de Black Flag e Ivan Jullian, guitarrista de Richard Hell & the Voidoids. Yo escuché los demos y me enamoré del proyecto. Hicimos unos shows para ver como funcionaba y me gustó la onda. En verdad, durante mucho tiempo no quería hacer nada aparte de tocar los temas de los Ramones. Con Osaka hicimos un muy buen álbum así que vamos a tratar de hacer una buena gira”.

-¿Qué escuchas por estos días?

-”Escucho a tipos como Mozart, Bach, Beethoven y Wagner. Ellos eran verdaderos punks, no tenían electricidad ni baños, sus condiciones de trabajo eran una mierda, morían muy jóvenes pero hacían excelente música y por eso los respeto”.

-Plop… ¿Cuál es tu relación con Pablo Echaurren, el pintor chileno hijo de Matta?

-Es un amigo. Su padre es un genio, un verdadero artista. En mi última visita a Italia, Pablo me regaló un cuadro muy bonito de los Ramones tocando. Es un gran tipo

-Por último, ¿qué opinas del la escena emo?

-Es mejor que escuchen eso a que se influencien por bandas como Cinderella, Wasp, Whitesnake o Poison. Prefiero el emo mil veces.

Se ríe y agrega “pero no soy gay. Jajaja”

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Andrés Calamaro: operación retorno

Archivo Periodístico,Entrevistas,Música,Rock,Zona de Contacto,Zona.cl 31 July 2006 | 0 Comments

Estuvo una larga temporada bajo tierra. Allí grabó discos dobles, quintuples y centenas de inéditos que subió gratis a Internet. Ahora regresó más limpio, más enamorado, pero igual de prolífico, con un disco de tangos en plan flamenco, otro doble donde lo homenajean hasta los Cadillacs, y un gran disco en vivo editado este año en Chile. Acá, conversa con la Zona desde Madrid. Acceso al exceso.


por J.C. Ramírez Figueroa para Zona de Contacto, 31 de julio 2006.

COSQUÍN STATE. Verano del 2005, Cosquín Rock. Los hoteles y las residenciales cordobesas tienen carteles de “no hay lugar” o “lleno”. En la calle los afiches anuncian con letra gigante el one night only de Andrés Calamaro.Y en los bares los chicos sólo hablan de eso, acariciando la entrada que guardan en sus bolsillos.

Hace seis años que no tocaba en vivo. Encapsulado en su depto madrileño y con el corazón roto, Calamaro grababa hasta once canciones por jornada y sólo bajaba para comprar cocaína. Veía salir el sol hasta tres veces por día antes de desmayarse. Su propia temporada en el infierno, entregada en cuotas de cedés quemados.

Canciones, canciones y más canciones que el mundo conoció gracias a Internet, Página 12, Clarín o la Rolling Stone argentina, cada vez que uno de sus periodista lograba internarse en el Vietnam privado de Calamaro. Todos regresaban con unos cuantos cedés inéditos, prueba que se trataba de “un loco, pero un loco trabajando”, según sus propias palabras.

En Cosquín, Attaque 77 termina su show. La Mancha de Rolando se sube al escenario alternativo. Nadie se mueve hasta allá. Las 15 mil personas miran hacia el principal y cantan “olé, olé, olé, olé. Andrés, Andrés”. En el backstage los músicos de La Bersuit Vergarabat, su banda de apoyo para la ocasión, lo abrazan. Finalmente, un Calamaro de barba, chaleco y camisa amarilla, sube al escenario. Y se para frente a un atril con las letras de sus propias canciones.

SOY EL CANTANTE. Como el protagonista de Garden State, Calamaro es el amigo perdido que regresa a casa. El Maradona del rock. “Siempre seguí la misma dirección/ la difícil/ la que usa el salmón” (El Salmón, 2000) es la canción que abre el show, su declaración de principios y metáfora de los días salvajes en España. La gente se la sabe de memoria, como todas las que cantó, hit tras hit.

“Prepárate, porque acá está pasando algo muy serio con tus canciones y tu repertorio” le habían dicho, en plan Nostradamus, Los Auténticos Decadentes, en cuanto se bajó del avión en Baires y –como es su costumbre- se puso a ensayar con bandas amigas.

Era la cuarta etapa del “Plan Retorno”, que continuó en el Luna Park, la edición del disco de tangos interpretados desde el flamenco (“Tinta Roja”, 06), el disco doble tributo donde versionan sus canciones Julieta Venegas, Kevin Johansen, Joaquín Sabina, Pedro Aznar o Los Fabulosos Cadillacs (especialmente reunidos para la ocasión) y un devedé en vivo pauteado para septiembre.

La primera etapa del plan fue cerrar por un tiempo la llave de la locura (personal y creativa), para centrarse en un elegante disco de versiones –que al final incluyó tres suyas también- llamado “El Cantante” (04). La segunda dejar las drogas. La tercera, regresar a su país.

“La amistad y el respeto son sagrados. No se piden. Se ofrecen. Sobre ser el músico argentino más querido y respetado, no creo que sea por méritos musicales, en el caso de ser cierta esa información tan graciosa que me honra tanto”, le dice Calamaro a la Zona desde Madrid, tras presentarse junto a Ariel Rot su ex compañero en Los Rodríguez en el Natural Festival de El Ejido en Almería junto a Placebo, The Pretenders y Guns N`Roses.

EL MEJOR DE LOS AMIGOS. Voy a salir a caminar solito. Sentarme en el parque a fumar un porrito. Y mirar a las palomas comer, el pan que la gente les tira. (“Loco”, Alta Suciedad, 1997).

Calamaro es aquel amigo en el que puedes confiar tus penas. No es sofisticado como Cerati, no juega al divo bohemio como Fito, no te lanza un vaso de whisky en la cara como Charly. Calamaro tiene calle, barra y humo, a pesar de vivir entre aeropuertos y hoteles cinco estrellas.

“Soy del centro. Crecí entre edificios, enfrente de una estación de trenes. No soy exactamente un chico de barrio, ni soy últimamente un chico. Puedes imaginarme egoísta, haragán, ermitaño y hacer un promedio. Tratando que el promedio no estropee esa buena imagen que estoy dando”, responde con esas frases de rocker pasado a ginebra, que tan bien quedan en sus canciones.

La imagen de Calamaro surge con ese chico que espera eternamente bajo la lluvia a su novia. Lo hace como un perro y con un “cohete en el pantalón”.

“Mil horas” (1983) de Los Abuelos de La Nada (grupo donde él era tecladista), fue su primer y sorpresivo hit. El más grande de la banda. Y como todos saben, cuando la mina llegó, lo miró y le dijo “loco/ estás mojado/ ya no te quiero/ na na na”.

Con esa canción nació el Calamaro con el que uno se encariña, el tipo con voz pasada a barra de bar, el “perro ideal que aprendió a ladrar, y a volver al hogar/ para poder comer” (“Flaca”, 97).

En las canciones de Calamaro son las mujeres las que realmente tienen el poder dentro de las relaciones. Ellas son las que mandan, eligen, salvan y condenan. “No entendí si fui tu dueño/ o un borracho que pasaba/ soy grande pero tengo/ algo que aprender”, canta recordando a un ex amor en “El día mundial de la mujer”.

A pesar de eso, Calamaro no es un llorón: aunque el tema central de sus canciones sea el amor no correspondido, el amor perdido y la invención de la soledad, Calamaro nunca canta desde el suelo, siempre lo hace con la dignidad del que sostiene un ramo de flores nunca entregado, con el corazón hecho pedazos. Y lo hace escribiendo frases para el bronce, que se verían excelentes como nicks de msn.

“Te quiero/ pero te llevaste la flor/ y me dejaste el florero…/ me dejaste el vestido y te llevaste el amor/ pero igual/ te quiero” (“Te quiero igual”). Tan simple y brutal como un tipo honesto.

LA MAQUINA DE HACER CANCIONES. “Te dedico mis canciones porque sientes que la vida no está hecha de canciones. Está hecha de pedazos de tormenta. Está hecha de malditas sensaciones”. “Mi Rock Perdido” (Los Rodríguez, Sin Documentos, 1993)

1987. Vicentino y Andrés Calamaro discuten en un estudio de grabación sobre el sonido de “Mi novia se cayó en un pozo ciego”. Calamaro hace algunas recomendaciones sobre el ritmo y mueve las perillas. Meses después esta canción de Los Fabulosos Cadillacs sería número uno, el primer gran clásico de la banda.

Ese fue el primer efecto de la bola de nieve Calamaro: su toque como productor y colaborador en varios hits del rock de los ochenta desde Enanitos Verdes hasta nuestros Upa! Mientras tanto, seguía componiendo y sacando buenos discos, pero sin mucha repercusión. Una máquina de hacer canciones. Aunque los hits propios, vendrían en la década siguiente.

-¿Cuándo te diste cuenta que tenías el “don” de convertir canciones en hits?

-Más que tener el don de las canciones, estaba más compenetrado en pensar: “Dios mío, perdí el don”. Ni siquiera canto lo que me gustaría escuchar. Extrañamente eso hace a mis canciones populares. Es una pregunta también que me hago.

-Tus letras generalmente tienen que ver con el amor y la tristeza…

-Sí. No entiendo como el dolor no me bloqueó totalmente. En cualquier caso es mucho más agradable bloquearse de alegría. No sufrí más que la media de las personas. ¿Si es inevitable pasarla mal? Apostaría por lo contrario. Además, el amor es la salvación. Incluso morir de amor es digno

- ¿Por qué tus discos solistas de los ochentas no tuvieron éxito en Argentina, si estaba en ellos el germen de Los Rodríguez en cuanto a rock, letras y onda?

-Es inevitable que existan tiempos buenos y tiempos medianos. Supongo que habría que mirar el panorama completo de esa época, sumarlo todo. Tampoco soy tan exitoso. Soy desconocido en la gran mayoría de los países del mundo. Con Los Rodríguez tampoco fue un súper éxito. Conseguimos trabajar y vivir de la música. Pero no éramos unos jovencillos tampoco.

-A propósito ¿es cierto lo que contó Pablo Ugarte, que te fuiste a España a fundar Los Rodríguez con tu paga como productor de UPA!?

-Es cierto, aunque no es menos cierto que necesité otras grabaciones para ahorrar los novecientos dólares que me llevé a Europa, descontándole ticket.

Calamaro dice que ”Alta Suciedad” (1997) fue una grabación extraordinaria. En Los Rodríguez su pluma y capacidad compositiva elevó al grupo a kilómetros del resto del rock ibérico, con canciones como “Sin documentos” o “Dulce condena”. Tras ese grupo nació un nuevo punto de partida para Calamaro: el de su éxito en Argentina y Latinoamérica, y la revalorización de sus canciones de los ochentas, como la inigualable “No se puede vivir del amor”.

Con el éxito apareció su muy privada, pero a la vez pública, temporada infernal. Porque Calamaro es el chico terrible del rock con eñe. Un cantautor que tomó la locura, el miedo y asco de seguir apenas vivo después de romper con la chica de su vida (le quedó un tatuaje con el nombre de su ex como marca), y lo convirtió en discos tan impresionantes como el doble “Honestidad Brutal” (1999) o el quíntuple “El Salmón” (00).

“La época fue tremenda. Confieso que buscaba respeto y repertorio y lo encontré. Incluso eligiendo el camino más complicado”, dice recordando su época de exceso, compositivo y del otro.

Y DICEN QUE NO DUERME. Una noche de 1998 Calamaro se quedó solo en su depto. La chica se había ido, la cama era más grande, y la almohada al lado de la suya aún olía a perfume. Calamaro no quería dormir. Tampoco podía hacerlo, pero en lugar de sólo revolcarse en el polvo, empezó a jugar con la portaestudio, el piano y la guitarra. “Creaba sobre los ritmos programados de los teclados baratos”, cuenta.

Calamaro no salió de esa esfera voluminosa de canciones, soledad y pupilas dilatadas hasta cuatro años después. Dejó de dar recitales y entrevistas. Después, comenzaría a grabar 50, 100, 500 canciones que subiría a internet. Su aislamiento fue total, salvo por la edición de “El salmón” (00) un disco quíntuple de 103 canciones. Fue lo único que se supo de él, aparte de algunos reportajes que lo mostraban bastante demacrado, pero impresionantemente productivo. Y claro, una vuelta a Buenos Aires para volver a encerrarse y repetir el procedimiento yonqui-compositivo de Madrid.

-“Eso duró algunos años. Sobreviví al Salmón y remonté ese mismo río una o dos veces más. Lo bueno de esa época-síndrome es que no llegaba mucha información a ninguna parte. La realidad pedía discos que no editaban, canciones ocultas y ocultistas, romper la baraja, no salir de gira. Es doloroso no dar a conocer la obra, pero es funcional y es de un orden artístico, lógico y ético. No compartir la música con el público es noble. Lo que pasó es que pasó”.

-Tú si que viviste en el lado salvaje. ¿Cómo saliste de ahí, entonces?

-No sé si habrá sido para tanto, así tan salvaje. Es que no me acuerdo. Científicamente sigo saliendo de ahí y todavía me estoy recuperando.

Con lo último, Calamaro se refiere al psicoanalista. “Cambié una droga por otra, es verdad”. Y todo lo que vino después: su reclusión en una zona campestre, su disco de versiones y la vuelta definitiva a Buenos Aires. Desintoxicado, recuperado y feliz con su novia, con la que tendrá su primer hijo.

-Andrés, lo último… Hace casi diez años que no tocas acá. ¿Qué onda?

-No tengo una respuesta aceptable para eso !!! Supongo que soy un itinerante regresado. Canto de prestado con agrupaciones que siguen su camino (Bersuit) o se van con Paco de Lucia (sus músicos actuales). Lamento tanta demora. Casi una ausencia…

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Brian Jones, el Rolling Stone perdido

Archivo Periodístico,Artes y Letras,Música,Perfiles,Rock 30 July 2006 | 0 Comments

El rubio guitarrista fue el más salvaje y talentoso de la banda. Amó el blues por sobre todas las cosas. Inauguró la tradición de morir a los 27 años cuando terminó sus días flotando en una piscina en extrañas circunstancias. Avasallado por los planes comerciales del mánager de la banda que fundó, terminó luchando contra voces invisibles.

por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 30 de julio 2006.

Todo puede pasar en el Londres de 1969. Jimi Hendrix enchufa su Fender Stratocaster blanca e improvisa un blues. Es seguido por John Lennon en la guitarra rítmica y voz, mientras Brian Jones -el responsable de la insólita junta- sonríe como no lo hacía en mucho tiempo. Ya en las grabaciones del Rock and Roll Circus Lennon y Jones reconocieron estar aburridos de sus respectivas bandas. “Formemos una, entonces. Hablé con Jimi y está en la misma. Dejaremos la cagada”, se entusiasmó Brian. Días después, recibió la llamada de un asesor desconocido. “No te recomiendo hacer lo que estás haciendo. Este grupo supondría el fin de la Jimi Hendrix Experiencie, Beatles y nuestros Stones. O sea, las más grandes atracciones del pop británico y junto a ellas cientos de contratos de giras, mánagers, representantes, publicidad. Millones de libras ¿comprendes? Y hay gente que tal vez tú nunca hayas oído nombrar que no lo va a permitir. Y te lo digo en serio. ¡No lo van a permitir!”. Pasaron seis meses de la amenaza cuando el cuerpo de Jones, de 27 años, flotaba en la piscina de su mansión en Cotchford Farm en Sussex. La autopsia asegura sobredosis de drogas. Nadie estuvo muy convencido.

El capítulo es un eslabón perdido de la historia del rock. No hay grabaciones de los ensayos del grupo Lennon-Hendrix-Jones y ninguno de los involucrados está vivo para contarlo. La conexión ocurre cuando el cineasta británico Stephen Woolley en la reciente “Stoned” -disponible en dvd- replantea la tesis del asesinato. El culpable, según él, tras una década de investigación, sería Frank Thorogood, un obrero fallecido en 1991, que hacía reformas en su mansión.Varios biógrafos, como Geoffrey Giuliano, coinciden en que fue enviado por algún mafioso de la música británica para matarlo. En 1991, Steve Marriott líder de Humble Pie -histórica banda estadounidense- señaló “(…) Que alguien me explique la jodida razón por la que alguien llamó por teléfono a mi casa tres días antes de su muerte a las cinco de la mañana y me dijo ‘Sería mejor que no te mezclases con Brian Jones (…) Esto es sólo una advertencia amistosa: no te relaciones con Jones’ y colgó el teléfono”.

Marriott, quien también tenía en mente un proyecto junto al rubio Stone, falleció una semana después de estas declaraciones en un incendio en su casa. Raro ¿no?

La vida de Brian. Brian Jones fue el alma de los Rolling Stones. Pero ellos la vendieron para ganarles a Los Beatles. Y la encrucijada fue el éxito comercial. El mánager Andrew Loog Oldham -autor de los eslóganes: “¿Dejaría a su hija salir con un Rolling Stone? o “Los Rolling Stones son un estilo de vida”- en una reunión urgente en 1964, les señaló que si querían ser tan grandes como los Fab Four, deberían tener composiciones propias. Brian, que desde chico estaba obsesionado con el jazz de Charlie Parker y blues de Muddy Waters, prefería seguir investigando y haciendo versiones. El resto se alió con Oldham: la fama, el dinero y las chicas estarían a la vuelta de la esquina. Mick Jagger y Keith Richards se encargarían de las canciones.

Sin querer queriendo, fue dando su banda por perdida. Ni siquiera protestó. Inseguro y carente de afecto, prefería refugiarse en su condición de guitarrista principal y multiinstrumentista, además de las drogas para no contradecir al resto del grupo. Y eso que su aporte no fue menor: se le ocurrió el nombre, gestionaba personalmente las tocatas en los clubes londinenses, era el único con estudios de música y para los fans era considerado el líder. Obvio, porque al lado de él, los demás parecían adolescentes de pastoral juvenil. A pesar de su origen noble, de su brillantez en los estudios y lo mal que lo hacían sentir en clases debido al asma que le impedía hacer deporte, visita los clubes de jazz, decide comprarse un saxo alto y convierte a la música en el lugar donde nada le puede hacer daño. A los 15 años embarazó a una chica de 14 y, para evitar el escándalo, lo mandan a Escandinavia.

Sin mucho dinero, recorrió toda Europa, vivió en casas okupadas, se perfeccionó en el clarinete, saxofón, guitarra slide y piano, comenzó a presentarse en cafés y bares. Ya a los 19 años, con dos críos más a su haber y perfeccionado como músico, decidió fundar su propia banda de rock and roll, para lo que reclutó a unos desconocidos Jagger y Richards. Realmente entusiasmado con su proyecto, arrienda un sucio departamento con ellos. Hacía tanto frío que tenían que ensayar arropados en sus camas. A pesar del hambre y penurias, él los anima y enseña a Richards todo lo que sabe de guitarras. Rápidamente los Rolling Stones se convirtieron en la banda más negra y salvaje de toda Inglaterra, y no tardaron en aprovechar el camino trazado por Los Beatles, asumiéndose como su antítesis. Sobre el escenario, Brian se sentía como en casa.

Sí. Brian era el alma, porque esos 23 gramos que dicen que pesa no están en los otros discos de Los Rolling Stones. Es cosa de enfrentar el “Aftermath” (1966) o “Beetween The Buttons” (1967) con cualquier obra de los ’70 en adelante. Y aunque no aparece firmando nada, es el hombre tras los arreglos. Sin él fueron simplemente una banda de rock and roll. Como Kiss, como Aerosmith, como AC/DC. Agrupaciones respetables, por supuesto, pero sin el factor sorpresa, dormidas en los laureles y sólo para estadios. Tras estos álbumes, comienza a sufrir serios ataques de paranoia e inestabilidad, consume más y más drogas y se relacionacon la modelo Anita Pallenberg, con quien comparte colchón, juergas y golpes. Una noche de aquellas, ella corre a los brazos de Keith Richards, quien lo golpea de vuelta. Incapaz de controlarse y totalmente frágil, va recluyéndose en su mansión, grabando música folclórica en Tánger y viendo enemigos en todas partes.

Mariposas en el suelo. Hacía un mes los Stones lo habían expulsado, y a él no le importó demasiado. Aparte del proyecto con Lennon, había recibido una invitación de Dylan para unirse a su banda. Nunca se quejó del abandono en que lo dejaron sus compañeros, que él mismo había reclutado. Estaba de novio con una chica sueca, Anna Wohlin y había contratado unos obreros liderados por Frank Thorogood para arreglar su casa. La pareja y los obreros estuvieron comiendo y bebiendo. Brian luego de tomar unos tranquilizantes prescritos por su médico va a nadar con Anna y Frank. Luego, Anna fue a secarse y Frank a buscar cigarrillos. Los gritos de la esposa de éste anunciaron la tragedia -y esta versión oficial- que rápidamente dio la vuelta al mundo. Y volvemos al principio. Se dice que los demos fueron secuestrados, que van a exhumar el cadáver, que los Rolling Stones sabían de esto y por eso no se sorprendieron mucho, que todo era contradictorio, que era imposible que estuviera drogado, que hubo llamadas desesperadas del músico. La película y las biografías no se topan. Pero se relacionan. En el filme, se dice que Frank-que representaba a la Inglaterra conservadora- intentó darle un susto por unas deudas impagas fingiendo ahogarlo. En los textos, se asegura que este obrero estuvo obligado a matarlo, porque Brian era el chico talentoso, superestrella y querido (no por los Stones, claro está) y que podía desestabilizar la industria del disco.

En un concierto gratuito, Mick Jagger se despidió de él liberando mariposas de unas cajas. El problema es que la mayoría estaban muertas y cayeron al suelo. Y, además, el show fue horrible. Algo debe significar eso, aunque, como su muerte, seguirá en el más rockero de los misterios.

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