Ese Miedo Al Posteo Troll

No deja de ser interesante que recién el año pasado el concepto troll se haya masificado. Después de casi una década de posteos -y posteadores- idiotas, recién ahora comienzan a importarles a la elite de internet.
Me acuerdo de almuerzos enteros analizando con el editor del suplemento “juvenil” donde escribía, las amenazas, críticas, puteadas o incoherencias que escribía gente que bastaba meterse al mantenedor para averiguar su ip.
Lo peor era cuando mi editor se picaba y escribía extensas defensas -a veces corporativas, otras acertadas- para textos que se defendían relativamente bien.
-Yo no los leo. No quiero terminar ablandándome para carle bien a los posteadores- dije, mientras inventaba alguna excusa para irme de las “pautas”.
Porque no me vengan con idioteces. En un país donde las interrelaciones digitales son una reproducción a escala de las reales (con sus grupos de referencia, discursos, correcciones políticas) es obvio que la mayoría querrá caerle bien al resto agrupándose entre ellos, ablandándose, modificando los discursos.
Así, cuando los famosos de la televisión y política -además de los desocupados con tiempo para “trabajar” sus personalidades en twitter- comenzaron a recibir ataques, el tema de los posteos se volvió “importante”.
Es gracioso verlos tan afectados, cuando ellos mismos se la buscaron. Recuerdo que el invierno de 2007 hice el ejercicio de leer los diarios todos los días, incluyendo a los “líderes de opinión”. Nunca perdí tan horriblemente el tiempo. Al menos, verlos en-acción es divertido. Y uno aprende sobre la inevitable idiotez de exhibirse desnudo y sin cinismo siquiera.






























