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073. Resfriado

Archivo Periodístico,Autobiografía 6 July 2009 | 0 Comments

Terminé un libro con entrevistas más un ensayo sobre Woody Allen y “Matadero 5“. Inmediatamente me puse a googlear fotos e información de Dresde. Como dice Vonnegut sobre el libro (y esto ha sido citado muchas veces):

“si es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Sólo los pájaros cantan. ¿Y qué pueden decir los pájaros? Todo lo que puede decirse sobre una matanza; así como: ¿Pío-pío-pí?”

Hoy en la mañana acabé de leer también “Into the wild“. Me sorprende la dureza de los pobladores de Alska para juzgar a Mc Candless. También que sus “amigos” del college calificaran apenas como “extraña” una noche en que los llevó a dar alimento y conversación a vagabundos y homeless. Obviamente admiro que haya podido sobrevivir tanto y que pudiera trabajar y recibir un sueldo sin que le pidieran papeles ni estupideces.

Ahora estoy leyendo “Deberes y delicias“, una extensa entrevista de Catherine Portevin a Tzevetan Torodov. Estoy de acuerdo que la literatura obedece a una estructura (lengua, signo, significante, semántica, símbolo) que hay que saber manejar, no sólo a una “historia” y “contexto”. Esto en 1968 en París no se hacía, según explica. Me gusta este párrafo:

“Una hermosa foto lo muestra (a Barthes) a punto de escribir en el pizarron negro una ecuación pseudo matemática, del tipo significante/significado, etcétera. menos intimidante que la de Lévi-Strauss, pero así y todo tiene una ecuación; tiene la tiza en la mano y al mismo tiempo sonríe como para proyectar una dosis de ironía a su propio gesto. Desdichadamente, la sonrisa no siempre llega a los libros, es una pena, porque en círculos pequeños bromeaba sin cesar sobre sus propias construcciones. No se puede tomar en serio significante/significado, connotación/denotación. La terminología académica sólo sirve para exhibirse (…)”

Con Daniela fuimos a ver El Super Agente 86, porque era noche de viernes y había que divertirse. Y vaya que nos divertimos antes también. La película tiene un timming esplendorosamente estúpido al menos hasta que 86 le dice al ruso musculoso: “Lo sé, tu señora te engaña”. Pero bueno, la película anterior que vimos era de David Lynch (“Elephant Man”), así que todo bien. Ahora, me resfrié eso si. Y estoy ordenando la semana, con novedades laborales incluidas.

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074. Se Me Incendia El Departamento

Autobiografía 6 July 2009 | 0 Comments

No, mentira. Pero sonó una molesta alarma por todo el edificio. Se trataba del humo de un asado que hacían en el segundo piso. Después de organizar la semana, me reí con ciertas peleas en blogs nacionales: alguien redacta una “reseña”, un posteador le dice al autor que el texto es una lata y el autor le responde usando laberíntos semánticos. Una tentación, claro, pero también uno queda mal. Me quedo pegado en “Los marginados del videojuego“, un sentido ensayo sobre los secundarios que jamás elegimos para jugar. Y ahí encuentro una entrevista a Fountains of wayne. Al final, claro, el power pop es el college, o el indie americano 80-90s. Countryfolk, bubblegum y punk 76. Mejor que esos post-constructivistas de la Factory.

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Cuaresma

Autobiografía 26 February 2009 | 0 Comments

A Daniela, la operan el viernes.

Espero que salga todo bien.

Iré al hospital con mi laptop y la acompañaré todo el día.

Elliott, mi gato, también está enfermo. Ha hecho caca por toda la casa. No soy muy bueno para limpiar y ordenar, pero me preocupé de tener el piso con papel de diario.

Yo también ando mal: transpiro, ando sin ánimo y estoy horriblemente fuera de forma.

Anoche vi “Operación Valquiria” y no era tan horrible como decía la crítica.

Mi papá me dijo por teléfono que podría llevarme al gato al sur.

Mientras, necesito salir adelante.

Tengo que enfocarme, creo yo.

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No Pasó Nada

Autobiografía 22 August 2008 | 0 Comments

Siempre vuelvo a este librito.
Leo el prólogo.
Y subrayo.

Procedí a servirles algunos litros de pisco sour, un brebaje chileno de cuarenta grados, extirpado de la uva, el cual, aquí, se bate con limón, azúcar, hielo, clara de huevo, y cuyo efecto permite al beneficiario olvidarse sin más de nombre, apellido, edad y, en el caso de los casados, frecuentemente de su estado civil. Pero lo que pensábamos como antídoto a la curiosidad, obró en otro sentido.

minuciosamente derrotados, los emigrantes latinoamericanos comenzaron una militancia en guetos de melancolía que muchas veces les impidió asumir las pasiones cotidianas de los países que les ofrecían refugio-

(…) sus hijos tenían otra urgencia: aprendían el idioma anfitrión en la escuela, los apasionaba la calle, sus jóvenes almas entraban en contacto con las de seres de su misma edad y compartían con énfasis adolescente los ídolos del cine, la canción, la televisión, los locales de baile y los bares, los cafés universitarios, las primeras palpitaciones sentimentales, los desfogues eróticos, los libros y los chistes. Si los padres habían entrado en un tiempo de recogimiento, de reflexión y tristeza, a ellos se les ofrecía la expansión, las exploraciones de lo desconocido, la aventura de emigrar hacia el otro, la posibilidad de ser diferente en un medio homogéneo, con todo lo que tenía de riesgoso y excitante, en fin, toda la prosa aireada de temas juveniles que ventilaban en las calles las letanías y reprimendas hogareñas.

Fueron muchos los hogares que se quebraron, incapaces de vivir entre paréntesis, en el limbo entre un país real que no aceptaban y un país fantasma que no los aceptaba a ellos. Arreciaron las separaciones y los divorcios.

(…) Durante mucho tiempo, ése fue el sabor que predominó en mi boca. Exactamente hasta que un día conocí en Berlín al primer personaje que inspiraría No pasó nada. Me lo presentó mi hijo adolescente, mientras pulsaba sin compasión un contrabajo entre las indecisas murallas de mi viejo departamento berlinés, con la siguiente frase: «A éste le gusta más la literatura que la música.» Bajo el estruendo de los onomatopéyicos zum-zum del ronco instrumento le pregunté qué le gustaba leer.

—No me gusta tanto leer, como escribir —me dijo.

—¡Vaya! ¿Y cómo es que va lo uno sin lo otro?

—Lo que pasa es que si leo, temo que me influya otro estilo.

—¿Y cómo es tu estilo?

—Al lote.

(…) me encontré en ocasiones con vivaces líderes bárbaros convencidos de que la cultura es dañina para la autenticidad, y alguna vez tuve éxito polemizando con ellos y haciéndoles ver que la espontaneidad sin sofisticación era candidata segura al lugar común, así como la naturalidad sin ironía era como beber un dry Manhattan sin la aceituna.

Supe que este muchacho había venido a casa para organizar con mi hijo una velada rock a beneficio de la resistencia chilena. Es decir, la organización la poníamos los padres que trasnochábamos sobre nuestros mimeógrafos grabando volantes donde se anunciaba el fin inminente de la dictadura, y la música era el aporte de los jóvenes, quienes por cierto comulgaban mejor con Led Zeppelin y The Electric Light Orchestra que con Quilapayún e Inti-Illimani. El chico había traído un «poema» como contribución a la «jornada de lucha y rock», con la esperanza de que mi hijo y su banda amateur le pusieran música y la cantaran. El texto le temblaba en la mano, pues mi hijo, que adoraba la violencia verbal de Jim Morrison, acababa de rechazárselo con un bruletazo: «Es cursilería soft.»

Viéndolo en ese desamparo lo invité a mi estudio, le propiné un café alemán, brebaje muy poco estimulante, y le pedí que me mostrara el texto rechazado y algún otro más que traía archivados en una carpeta empastada con el rostro de Elvis Costello inserto en un par de miopísimos anteojos. La «cursilería soft» la puedo reproducir al detalle, pues la guardé entre los materiales con que hice mi novela No pasó nada. Decía:

Échate el pelo con la mano atrás

échate lentamente el pelo con la mano atrás

échate una vez más lentamente el pelo con la mano atrás

échate otra vez más una vez más lentamente el pelo con la mano atrás

échate infinitamente otra vez más una vez

más lentamente el pelo con la mano atrás.

Le puse un quintal más de azúcar al café para mejorarle el sabor y me recliné en la poltrona con las manos cruzadas tras la nuca.

—Lo encuentra demasiado repetitivo, ¿cierto?

—No, hombre, más que repetitivo, rítmico y obsesivo.

Ladeó el cuello y se me quedó mirando como esos pájaros alucinados de los bosques nocturnos.

—Rítmico y obsesivo —repitió.

Se sobó las manos igual que si acabara de recibir un regalo inconmensurable. Su probable depresión parecía haberse esfumado.

—Repetitivo, rítmico, y obsesivo —le rimé.

—Repetitivo, rítmico, obsesivo y definitivo —dijo, golpeándose las rodillas.

Se levantó con ese desgarbado arresto juvenil donde parece que los huesos fueran repúblicas independientes de las articulaciones.

—¿Usted cree, tío, que eso que leyó es poesía?

Hay que advertir que el vocablo «tío» para llamar al padre de un amigo era en ese tiempo una actitud muy en boga. Me detengo en ese término pues he sido muchas veces víctima de él cuando me he acercado con intenciones ambiguas a hijas jóvenes de compatriotas, quienes al aplicármelo me han hundido en el más sublime ridículo y en la más estimulante inhibición.

—No me digái «tío», ¿querís?

—¿Por qué no?

—Porque es una cursilería —le dije vengativo.

—Y el texto también, ¿verdad?

—El texto está bien. ¿Cómo te inspiraste para escribirlo?

—Estaba en un café y en la mesa de enfrente había una muchacha leyendo un libro. Cada cierto tiempo se echaba el pelo para atrás sin dejar de leer. Y eso me emocionó.

—Te emocionó.

—Sentí que estaba enamorado de ella.

(…) No se me hubiera ocurrido escribir con una experiencia como ésa un poema, y menos del estilo del chico chileno, pero entendía minuciosamente su emoción. Cientos de veces, la presencia de ciertas mujeres me había cortado el aliento. Junto al placer de verlas existir allí tan plenas, excitantes y ajenas, me acometía un sentimiento de belleza que inevitablemente desembocaba en una «emoción» que me provocaba dolor. De alguna manera me parecía tranquilizante que un adolescente comulgara con una pasión como la mía. En verdad, ya comenzaba a considerarla un daño de la edad.

(…) Había que contar la experiencia del exilio no desde las víctimas directas, es decir los padres conscientes e ideologizados, sino desde los hijos, quienes dentro de la familia estaban en los valores del terruño, pero que en el aura de las calles extranjeras tenían que acomodarse a la ley de la sobrevivencia. Ni la nostalgia, ni el recuerdo, ni la improbable alborada que prometían las canciones protesta para cuando cayera el dictador servían de salvoconducto en esos laberintos llenos de ansias.

Desde ese día, cada vez que visitaba a mis amigos incursionaba un poco en las vidas de sus herederos. Les hurgueteaba sus discos, libros y revistas, alababa sus afiches deportivos y cinematográficos en la pared, permitía que sus compañeras del liceo corrigieran mi chirriante pronunciación del alemán, y no perdí ocasión de provocarlos para que me hablaran sobre sus conflictos con los «viejos», sus dilemas con la calle y la escuela y el color de su cabello y el tinte de su piel, y sobre todo acerca de cómo arreglaban cuentas con su país natal, que cada día se alejaba más y que parecía aglutinarse sólo en cuatro o cinco iconos: el palacio presidencial en llamas bombardeado por los golpistas, una foto de Allende, los discos de Quilapayún, la bandera tricolor con la estrella «solitaria», el compañero llegado del «interior» a quien había que prestarle la cama por algunos días.

A las pocas semanas ya tenía mi veredicto: nuestros muchachos navegaban fluidamente en un doble código: aceptaban los retos del nuevo ambiente y al mismo tiempo no se desafiliaban del universo de sus padres.

(…) Pero al momento de vivir, me enseñaron algo que un día bauticé como «ironía democrática». Es decir, estaban dispuestos a burlarse de todas las necedades del mundo, pero en primer lugar de ellos mismos. Conocí a muchos amigos del poeta «reiterativo», los entrevisté grabadora en mano, hablé con sus novias, fui a sus partidos de fútbol en los pastos del Tiergarten, me olvidé de mi rol de observador y entré una vez a la cancha para reclamar un penal contra mi hijo que yacía demolido en el área chica por un panzer de ojos verdes y hombros de rugbista. A veces los vi llorar sobre las faldas de sus madres, y otras veces estuve cuando ellos las consolaban con mimos, canciones, promesas o mentiras piadosas.

Hasta que un día de otoño dejé de lado todos mis apuntes, mis casetes y mi silencio, y dejé que Nopasónada contara su historia con pelos y señales.

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076. Periodismo Musical

Autobiografía 8 July 2008 | 0 Comments

Me agregó un tipo a msn cuyo nick incluía la palabra “prisionero”. También me llegaron dos mails enfurecidos. Y Vadim me dice que exageré la nota. Todo por una columna escrita con total apasionamiento y fuertemente influído por Shanton, la crítica al constructivismo (hay que incorporar lo que uno lee) y Lester Bangs. En efecto, después de “Almost Famous” surgió un montón de escritorcillos asegurando que su rollo era el rock. El problema es que ellos no saben que al pobre Bangs lo expulsaron de Rolling Stone por escribir contra Led Zeppelin. O que hay toda una escuela de crítica musical fundada en el cuestionamiento de clichés colectivos. Un paralelo de las discusiones sociológicas contemporáneas, digamos. El ejercicio parece que molestó, especialmente a las ovejitas que exaltan los defectos como virtudes. Y, si salió en El Mercurio fue un accidente. Que haya salido en Emol (tal como mis citas anti-derechistas usando algunos discursos mas o menos interesantes de bandas hip-hop y compositores) es una circunstancia que siendo inteligente y abandonando la dualidad marxismo-capitalismosalvaje (que ni siquiera los comunistas practican) no es relevante, al menos en mi CV. Tanto como los medios de izquerda (de “investigación”) que me dicen que no, que no incorporan gente nueva.

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075. Lunes Otra Vez

Autobiografía 7 July 2008 | 0 Comments

Anoche me quedé escuchando la radio Fresh Air.
Así encontré a esta banda.
Su tema “Cigarettes in the theater” es excelente.

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053. Power Pop

Autobiografía 26 June 2008 | 0 Comments

Nada como el “Come out and play” para resistir un lunes frío y nublado, el dolor de estómago y los efectos secundarios de un café tomado a las 21.30 de anoche, mientras esperaba una camioneta (que no llegó) para trasladar unos muebles.

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051. Una Década

Autobiografía 25 June 2008 | 0 Comments

1. Encontré una canción que no escuchaba hace una década. Venía en un cassette de la New Musical Express que me robaron y tuve que reponer con otro compilatorio, de la Rolling Stone. Power pop que me hizo bajar nuevamente el “Come out and play”.

2. Facebook tiene lo peor de todas las redes sociales, incluyendo una desesperante avalancha de anuncios de conciertos indie mainstream: Muse, Bright Eyes, ¿The Hives?. Bueno, el problema es mío que no soporto el piloto automático con que estas bandas enfrentan al público y segundo, si no supe socializar en la vida real, menos lo podré hacer en la red.

3. Atento psicópatas: tenemos pilas en la cámara digital y la vamos a usar.

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065. Pequeñas Anécdotas Importantes Para Mi Generación I

Autobiografía 18 June 2008 | 0 Comments

La neblina da paso al frío y de ahí la lluvia. No es una novedad, pero este preámbulo invernal es lo más parecido al clima donde crecí. Y si bien antes yo era hombre de poca fe y veía lo “atmosférico” como clichés del folclore, ahora me encantaría tener tiempo y dinero para una siesta frente al mar.

Leer sobre el postcolonialismo sólo aumenta mi hambre por estudiar otra carrera, una que me permita sacarle el jugo a la inteligencia, en lugar de lidiar con tarados como Jorge González que se niega a darme una entrevista (y después se queja de ser “ignorado” por nuestros perversos reporteros de rock) mientras sigue creyendo que nadie se da cuenta sus intentos de validación citando a esta “generación 2.0″. A mi me pasó con Colectivo Etereo y aun así, era consciente.

El último disco de Weezer me alegra. Especialmente “Heart song”. ¡Rivers Cuomo escuchaba a Slayer y Michael Jackson también!

Leo revistas de la época de Gemita Bueno. Parece que hubiesen pasado décadas y fue hace apenas cuatro años. Me perturba la decisión estética de escribir periodismo de investigación con ganchos del bajo fondo. El Clinic por ejemplo, para un reportaje sobre Diego Portales, titula “El Papurri de la patria”.

Hay una editorial excelente de Marcela Ramos en la edición aniversario de “Plan B” (Número 27, 12-8-2004). Explica lo revelador que es armar un medio en una calle dura como San Antonio y como eso se cuela en la redacción. The Clinic está en Bellas Artes, por ende su denuncia es refinada (cuestionable, sobretodo por el párrafo de arriba) o Copesa que quiere pelearle al Mercurio pero está en La Florida.

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062. Podría Ser El Comienzo De Una Brillante Carrera

Autobiografía 8 June 2008 | 0 Comments

Advertencia: hiperventilación moderada y terapéutica.

La casa de mis abuelos, donde viví los primeros cinco años tenía todo lo que más tarde comenzaría a pesarme. Un equipo de música de los sesentas con olor a madera, luces espaciales retro-futuristas y una colección que íba desde tangos hasta hard rock tipo Deep Purple. La cocina, con su un par de despensas gigantes, un refrigerador repleto de dulces, pasteles y postres. Siempre estaban cocinando mariscos o pescado. Una estufa a leña, con un gato gordo y refinado durmiendo. El otro comedor (teníamos dos), lleno de vasos finos y con su gran secreto: en la mesa dejaban instrumentos: guitarras, banjos, panderos, mandolinas. Si, mis abuelos paternos eran protestantes, casi unos pioneros americanos que tocaban hillbilly. Abajo de la escalera habían autopistas, legos y playmobils. En el segundo piso, una cama gigante y comoda donde me tiraba con mis revistas o con chocolates de las cajas míticas repletas de golosinas que me compraban (donde incluso podía esconderme dentro) y que permanecía en la otra casa, la de atrás. Al lado, un baño gigante, con un rico olor a jabón fino y más allá estaba una pieza intermedia que siempre tenia la luz prendida, porque no llegaba el sol (error de diseño perdonable: la casa quedaba al lado de un cerro donde antes hubo un castillo y se podía ver la bahía de Talcahuano). Al fondo vivían mis abuelos, con el ruido de radio siempre sintonizada en un partido o, como le decía mi abuela paterna “audición”. Al fondo, como decía antes, vivíamos nosotros antes del “sueño de la casa propia” de 1985. Una pieza para mis papás y otra para mí con un Sony Trinitron donde veía “monitos animados” y seriales (y los grababa en una radiocasetera Phillips). Por cierto, siempre me gustaron los Tom y Jerry de los sesentas (se notaban los giros psicodélicos que afectaban a sus guionistas) y Baretta (serie de los setentas de un detective que tenía un papagayo de mejor amigo). También tenía un montón de autitos, juegos de ingenio, modelos para armar, figuritas de acción, robots. Y bueno, el corazón contento, porque todos (papá, mamá, abuelos, tía Isabel, tía Nancy, tío Luis) me querían. No tenía idea de las grietas (pasar de ser el “centro” de la casa a ser una persona del montón en el colegio y universidad) que se desplazarían durante toda mi vida, tras haber dejado esa casa y que estoy tratando de resolver. Duelos sin elaboración (no tengo plata para un psiconalista) como mi adicción a hacer las cosas rápido y sin pensarlo mucho, porque estimo que si no lo hago a esa velocidad la gente se aburrirá y dejarán de prestarme atención (y valoración) y tal vez nunca vuelva a ser el “centro”, el “lider”, el más listo de la clase.

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056. This Is Mumblecore

Autobiografía 4 June 2008 | 0 Comments

Hiperventilaciones:

1. Acabo de llamar a mi novia y le digo buenas noches.
2. Leo el libro “Franceses en el país del Biobío” de Armando Cartes Montory.
3. Compré cuerdas, tomé café en el Teatro Muncipal, escribí 2 textos entre la Biblioteca y el café mítico.
4. Está lloviendo y hay paro de camioneros. Así empezó el Golpe el 73, decía el nick de mi editor de la Zona.
5. Terminé de ver “Quiet city“.

054. Anorak City

Autobiografía 30 May 2008 | 0 Comments

-Leo la entrevista a Hugo Chavez (no el presidente) en la Zona y me atraganto. Que este “melómano” cite a Sonic Youth (se supone que a su disquería Background llegaron los primeros singles) o Paul Auster (se supone que la comunidad indie noventera intercambiaba sus títulos) para validarse es vergonzoso. Si viajó tanto a Londres, debería haberse saltado el circuito indie-mainstream y leído al menos en un fanzine la palabra “jangle” o “C-86″ ¿no?. Por cierto, ¿qué es S.Y. aparte de unos vampirizadores de The Clean –todo indica que los conocen– e inventores de títulos ingeniosos para adolescentes que compran marihuana con la plata de sus papás?

-La única vez que fui a su tienda fue durante mi primer viaje a Santiago (el Gentlemen de los Afghan Whigs, Motown/Stax con furia “grunge”). Jamás necesité que otro me enseñara de música, porque este viaje es mejor hacerlo solo –así al menos “escuchas” música y no el ruido de la ropa de las bandas o la prensa musical, y por ende puedes teorizar, que es bastante entretenido–. Por eso no me asusto con internet, a diferencia de los tarados “coleccionistas” o críticos de lentes de marco grueso, que ven con horror como otros arman discografías bajadas de rapidshare que a ellos les demoraron años.

- Saint Christopher en la Quinta Normal (buscando la peluquería mítica) es altamente recomendable.

-Tardes de cine: “En busca de la felicidad” (o el lado bueno del capitalismo, que al menos tiene tres escenas intensas con un sorprendente Will Smith, aunque demuestre que llevarle café al jefe es necesario), “Tarde de perros” (Brooklyn, un asalto y Al Pacino cuyo novio le dice que no quiere el cambio de sexo por el que armó todo este escándalo), “La mirada de los otros” – “Ladrones de medio pelo” (Si, me identifico con Allen), “El latido de mi corazón” (increíble, a pesar del título mal traducido), “Gracias por fumar” (mejor que “Juno” y Adam Brody hiperventilado).

-La Biblioteca de Santiago es un buen lugar para escribir: saqué el laptop y en 2 horas terminé el articulo que los sorprenderá este domingo.

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Truffaut tenía razón

Autobiografía 21 April 2008 | 0 Comments

Un “travelling” nunca ha sido una cuestión de moral, sino un movimiento de cámara.

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No tan Buenos Aires

Autobiografía,Buenos Aires 18 April 2008 | 0 Comments

Buenos Aires apesta. Al menos estos últimos días.

De hecho el humo se cuela por las ventanas, los locales, el centro, todas partes.

Me duelen los pies porque he caminado mucho y así pude encontrar la famosa Plaza Francia o disquerías de vinilo con singles de Morrissey.

Se me ocurrieron letras de canciones.

Vi varias pelìculas (la de los Rolling Stones con Scorsese, horrible; “Brother”, buenìsima).

Comi pizza en un local viejo que me gusta.

Me aburrí con las librerías (libródromos, en verdad).

Logré llamar por teléfono a Daniela (una proeza, el sistema telefónico es pésimo).

Y me tomé un café escribiendo todo esto para que no se me olvide.

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037. Neblina

Autobiografía 28 December 2007 | 0 Comments

Vengo llegando del puerto. Me armé un compilado pero ni siquiera lo escuché con atención. Apagué el mp3 player y me quedé mirando como la neblina empezaba a nublarlo todo, mientras atardecía, olor a mar incluído. No es ese olor a pez, claro, sino olor a agua, como cuando aprendía a nadar en la laguna San Pedro a los doce. Las casonas, fuentes de soda, plazas, el cerro y la infraestructura portuaria de acá me la sé de memoria. Y me gusta. No por nada pasé toda mi época escolar acá y uno le agarra cariño a sus años formativos. Llegué hasta el terminal, compré los diarios, unos cuchuflís y tomé el colectivo para volver y escribir todo esto.

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