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Después del horror

Autobiografía 8 March 2010 | 1 Comment

Estudié doce años en Talcahuano. De primero básico a cuarto medio. La rutina era así: a las 6:30 el espertador conectado a la radio Nacional, Chilena o “El Sereno de Doña Inés” (donde leían los diarios de la mañana); arreglarme; tomar un café Eco con tostadas; elegir el cassette para soportar los recreos;  colectivo a las 7:40 y a las 8:05 afuera del colegio, tratando de no hacer contacto visual con mis compañeritos, que a esa hora se contaban chistes malos o hablaban del “carrete” del fin de semana. Doce años viendo el mismo panorama: la villa Higueras, el tren sobrenivel, la población La Libertad, las industrias de harina de pescado, abandonadas y activas, el faro, los edificios, la Tortuga, la “ventana al mar”, los barcos, las gaviotas, el mal olor, los containers, kioskos y “déjeme acá por favor”.

Como todos, renegué de Talcahuano. Aunque me daba “algo” cuando los santiaguinos se reían de lo olorosa y contaminada de mi ciudad, no hacía mucho por defenderla. Esos doce años me los pasé yendo a Concepción, metido en los “flippers”, ciclos de cine snobistas, disquerías que exhibían orgullosas sus Genesis o Jethro Tull, la tienda de comics “Casa del Figurín”, las librerías de viejo, el Llanquihue, donde mi mamá siempre me pedía dos completos con chucrut y una Orange Crush en vaso, la U de Conce. Todo lo pencopolitano.

Después vino la Universidad, donde ya no tenía motivos para ir a Talcahuano. A veces daba vueltas por mi colegio, para pedirle algún a algun ex profesor. O la biblioteca que quedaba al lado de la Tortuga, donde me saludaban de nombre. Pero sentía haberme deshecho al fin, de ese puerto contaminado.

Sin embargo, algo me pasó, que el invierno de 2007 “regresé” a Higueras. Me había cambiado de la pieza horrorosa del ucraniano y la mendocina que arrendaba y estaba a la espera que me tuvieran lista una casa para arrendar (detrás de una sala de ensayo) y no se me ocurrió nada mejor que escribir mis reportajes desde mi casa.

Y “algo” me pasó. No sé bien, pero empecé a escribir en el café Marbella de Talcahuano. Todas las tardes, tomaba el colectivo, sentía el olor marino (hace años que no hay olor malo en Talcahuano, me explican mis papás), pasaba por la Iglesia San José, la Plaza y me sentaba a pedir un expreso doble con soda y pan tostado con mantequilla. Lo hice durante todo ese invierno.

Empecé a investigar sobre Talcahuano (recibió una importante inmigración francesa en el siglo dieciseis y dicesiete, hay una canción folk inglesa dedicada a la ciudad, fue el puerto más importante antes de Valparaíso), me metí a los cerros, me sorprendí con la arquitectura, tomé el tren hacia Concepción, en definitiva, me entendía mejor, estaba más calmado, sentía que la gente -desde su forma de hablar- era “mi” gente, a diferencia, no sé, del típico colega que vive en Providencia.

También pensaba en Daniela, la llamé desde el terminal de buses antes de ir a Santiago -iba a las pautas, sin que nadie supiera que ya no vivía allá- tenía tantas ganas de traerla para acá.

La última vez, el 1 y 2 de enero de este año, recorrí el puerto junto a mi amigo Igor. Me dio un extraño ataque de hipo. Estuve una hora así y luego vino un dolor brutal de estómago. Al otro día, ya mejorado, me fui a caminar por el mar de noche. Pensé en Daniela, en mi vida, en el puerto y me bajó una pena extraña. Escuché el mar, miré La Tortuga y la biblioteca, esquivé a las parejas escondidas en los roqueríos y tomé un colectivo.

Ahora sólo se puede entrar al puerto con mascarilla.

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Autobiografía 28 February 2010 | 1 Comment

I. Me desperté con otra replica. Mi gato se esconde debajo de la cama. No entiendo nada y ¡PAF! vuelve todo a mi cabeza. Otra vez. La imposibilidad de comunicarme con mi gente de Talcahuano y Concepción, la estupidez del 80% de la cobertura (cómo odio  a la periodista del primer despacho desde Concepción, la repetición de la palabra “dantesco” o los twitteos de gente haciendo “chistes” o contando lo bien que están), los cínicos llamados a la calma de Bachelet o la ONEMI diciendo que todo está bien, sin tener idea de lo que estaba pasando (o su indignante negación del maremoto), el alarmismo por sobre la razón y las decisiones adecuadas, la imposibilidad siquiera de llamar a  Daniela, mi novia para que me diga que todo va a estar bien.

II. No quiero escribir. Apenas puedo, con la máquina encima de la cama, arrodillado, rezando prácticamente (entre los edificios, emerge la cúpula de la Iglesia Santa Ana), intentando ganarle al shock. Porque es fácil relajarse y comentar las noticias de la tele por Twitter si te comunicaste con tu familia, pero esto es otra cosa.

III. ¿Cómo fue? Me acosté en cuanto terminó el horrible show de Ricardo Arjona. Tenía que criticar el Festival de Viña para Emol. Hice un par de apuntes -”El discurso de R.A. alude a la mujer más como “invento”/proyector de culpas masculinos que a  una realidad que decirle que no o decirle que es un pésimo letrista”- y me acosté.

De repente, mi cama bailaba, mi gato se escondía abajo de ella y yo -acostumbrado- seguía tirado, pero cuando escuché los gritos y alarmas de autos, vi el apagón total (vivo en un noveno piso y el balcón tiene vista panoramica hacia el norte de Santiago), explosiones y humo me desesperé.

Pensé en mi novia, mi familia, los pocos amigos que me quedan (a lo sumo 2 o 3) y morir gloriosamente ante el posible derrumbe. Después intenté abrir la puerta, pero estaba atascada. El horror. Un vecino echa abajo el cerrojo. Meto al gato en una jaula, guardo una carta de mi novia, el viejo mac, mi billetera y bajo por las escalares inundadas.

Me quedo abajo, junto al resto del edificio, escuchando la radio desde un auto.

Hay muertos.

IV. Ahora veo en la tele los saqueos en Concepción. La gente está sin agua ni comida. Un carabinero se aburre de tanto hueveo y deja a las mujeres entrar al supermercado. Otros se llevan electrodomésticos.  YA NO LOS APOYO. SI EMPIEZAN A CARGARSE A GENTE INOCENTE, NO.  La ideología del capitalismo tardío es tan asfixiante que es más fácil escandalizarse con un saqueo “relativamente” pacífico a una corporación (cuando en general es al revés) que ante una presidenta diciendo que no va a heber tsunami, a pesar que los especialistas lo hayan dicho. La idea es de Frederic Jameson y no de Zizek, aunque nadie se ha dado cuenta. Y con eso se me fue a la muerda el tono aterrado de este texto.

V. Me han llamado por teléfono un par de amigos, desde Bs. As. me llegan mails y hasta el conserje me pregunta si me siento bien. Y ni siquiera me animo a responder. Recién ahora me doy cuenta lo solo que estoy, encerrado en este departamento. En mis cinco años santiaguinos he pasado hambre, enfermedades, neurosis, exilio social y fracasos profesionales. También pasé de mi etapa Zelig, a arrender una pieza miserable con un ucraniano y su histérica esposa mendocina. Todo cambió cuando conocí a Daniela. Fuimos amigos durante unos diez meses, hasta que nos dimos un beso mítico y, gracias a ella, todo empezó a moverse de nuevo.

Pero ahora todo vuelve a ser como antes.

Incomunicado.

Angustiado.

Y con mi gato preguntame qué pasa.

Dios: si todo sale mal, déjame despedirme de mi puerto y escaparme de Chile, que ya tengo demasiado de él.

Daniela, ojalá que quieras acompañarme en eso.

La Familia Es Lo Primero

Autobiografía 5 February 2010 | 1 Comment

:)

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Mi Verano Sin Vacaciones

Autobiografía, Crash Boom Bang 3 February 2010 | 1 Comment

Estoy escribiendo un libro.

En verdad son dos. Una novela y una colección de ensayos.

La idea de deconstruir los mecanismos que configuran la cultura pop sudamericana en formato ensayo/memorias me parece fascinante.

Imaginar la destrucción total, o al menos la decadencia de un medio de comunicación, también.

Mientras el resto de mis colegas rasga vestiduras porque La Tercera le copia a la Biobío (y la radio de mi región se enoja), o cuenta -vía pájaro azul- que está “en reunión” en algún Starbucks con esos lattes horribles, o alega porque su trabajo lo está matando, yo escribo como malo de la cabeza.

También me hago café expreso, me paseo por el departamento, reviso las hojas y libretas con anotaciones, juego con el gato, extraño a Daniela, intento cerrar tesis o al menos escribirlas de una manera que no tengas que volver al párrafo de nuevo (siempre es mejor una relectura porque te gustó y no porque estaba redactado tan áridamente que no entendiste nada).

This House Is Not For Sale

Autobiografía 1 February 2010 | 1 Comment

Lo bueno de crecer  es que al fin  experimentas las sensaciones que evoca la canción de autor. Cuando era adolescente o veintañero apenas me bastaba la anarquía controlada del punk o la melancolía del rock inglés, que al final era más bien una reducción estética con estribillo glam. En cambio ahora, que el paso del tiempo llega a dejar polvo a su paso, entiendo perfecto la idea de “ausencia” que tan bien interpretaban las silly love songs de los setenta.

La semana pasada estuve cuidando la casa de mi Daniela. Llegaba, jugaba con los pollitos, regaba el pasto, me hacía jugo de melón, veía los Simpsons, me tiraba en su cama, volvía a ver a los pollos dormir juntos y apretados.

Y créanme que andar así es terrible.

El sentimiento de ausencia que tenía era tremendo.

Puro vacío.

Así que te digo públicamente que el próximo año, nos vamos a colonizar algún rincón sudamericano juntos.

Con todo el apasionamiento que eso implica.

Que ya no quiero más veranos sin veraneo.

Te amo.

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Mi Rollo Es El Rock: Apuntes Sobre Metallica

Autobiografía, Crash Boom Bang, Música 21 January 2010 | 1 Comment

A los catorce usaba una polera blanca con este estampado. Y asustaba a la gente.

MI HERMANO ME PREGUNTA por teléfono si quedan entradas para Metallica. Le digo que aunque hubiesen, no tiene sentido seguir enriqueciendo a esos muertos. Que el Death Magnetic es el disco que debieron sacar en vez del Load. Que por porfiados, jamás podrán volver al sonido pre-Bob Rock. Que a sus nuevas canciones veloces y “chacales” se notan las costuras, como los cambios de ritmo que en el Kill`em all les salían impecables (“¿Te has fijado que ese disco tenía más de hardcore a lo Bad Brains que heavy metal?”, le dije una vez y se lo demostré poniendole videos en youtube, que buen hermano que soy).

Él, que tiene una impresionante colección de discos, elepés y revistas de heavy metal, incluyendo el Hysteria de Def Leppard (edición americana) que le regalé para su cumpleaños se ríe y me dice que seguramente volverán.

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Sé que el heavy metal y sus derivaciones (las mismas que paulatinamente fue encarnando Metallica: NWOBHM, thrash, speed metal, neo heavy metal, neo hard rock y -horror- sinfónico) provee de chistes, parodia y menosprecio a críticos, periodistas y el indie de Pitchforkmedia. Tengo claro que es cierta la acusación de “bastardizar el blues” (desde Cream y Small Faces en adelante). También reconozco cierto machismo en las letras y la glorificación de lo infantil, a través de la épica medieval.

Los fans tampoco ayudan: el ensayo Flamigera Bola de Rock de Kiko Amat sobre Saxon provocó violentas y algo descerebradas defensas en el ambiente heavy metal hispano. Uno se esperaba un debate de alturas, algo de autocrítica (la misma que le faltó a la Concertación y antes al MIR) o al menos una tesis interesante.

Sin embargo Metallica escapa, sospecho que sin planearlo, de esta caricatura. Mientras Slayer y el resto del thrash cometía la torpeza de marketearse con la estética ocultista, la banda intentaba articular un desesperado mensaje que se podría resumir en alienación hacia el capitalismo tardío estadounidense. “Master of Puppets”, “Fade to Black”, “Search and Destroy” y todas las demás, no sólo atrapaban por lo rápido, fuerte, bien armada que eran. Había algo que hacía que te identificaras.

A los catorce yo vivía en un estado muy propicio para el heavy metal: odiaba a mis compañeros, no me interesaba estudiar (aunque me iba muy bien en Castellano, Historia y Francés), no tenía novia y me lo pasaba encerrado en la pieza de arriba sin saber adonde ir. En cierto punto necesitas escuchar una descarga eléctrica que vaya hacia algún lado. Me imagino que en los cincuenta eso pasaba con el hard bop, o antes con Wagner, o ciertos pasajes de La Consagración de la Primavera, o Bach. Y durante un verano al menos, no dejaba de escuchar a Metallica.

Que raro, nunca lo había reconocido así.

Supongo que es la madurez: no tienes que fingir tus gustos para quedar bien con el colectivo.

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Levantarse a Primera Hora

Autobiografía 21 December 2009 | 0 Comments

Me gusta levantarme temprano.

Si tuviera café sería mejor aun.

Pero aun así, ver como va aclarando es uno de los pocos placeres climáticos de Santiago.

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My Maudlin Career o Cómo Me Metí En Esta Cosa Loca Del Periodismo Cultural

Autobiografía 10 December 2009 | 2 Comments

Un profesor de Televisión 2 me dio el dato: en Chilevisión “podrían necesitar” un periodista de cultura y espectáculos. Él -como el resto de mis compañeros- estaba convencido que mi única gracia era entrevistar famosillos y promocionar recitales.

Asi que viajé a Santiago con su teléfono y la plata justa para almorzar.

Estuve esperando una mañana entera afuera del canal, hasta que logré localizar a la editora de contenidos recomendada. Me dijo que no, que periodistas como yo sobraban. Luego, algo arrepentida abrió su agenda y me dijo: este tipo te puede ayudar.

Y salí con el celular de Julio César Rodriguez.

El resto de la tarde esperé en la portería de La Nación.

No tenía idea quien era.

-”¡Ése que va bajando es Julito!”, dijo el guardia que a esta altura conocía todos mis fracasos buscando trabajo.

Me presenté a toda velocidad.

Él sonrió: “Te pareces al de Casi Famosos. Vamos a comer algo”.

Ahora pienso que esa comparación es un insulto: William era un pobre pendejo que prefería el Led Zeppelin III al Here Comes The Warm Jets.

Rodriguez me habló de los nuevos medios, la revolución de los contenidos, Joaquin Sabina, lo barato que está Buenos Aires y si se me ocurrían temas para el diario. Después saludó a todos los otros ágiles de la prensa y sin darme cuenta estaba en una pauta. No dije mucho en verdad, pero parece que les caí bien a todos.

Después Rodriguez me invitó a cenar con su novia de entonces. Me pasó toda la colección de LND y me dijo que me iba a hacer famoso. Nunca entendí si yo iba a serlo, o él como editor general iba a hacerme un periodista estrella.

A las dos semanas siguiente estaba publicado. Mi foto al lado de John Cusack.

El texto -bien malo en verdad, una antología de canciones que me gustaban a lo Nick Hornby- jamás lo pude encontrar por internet.

Tampoco me pagaron.

No tenía computador para escribir tranquilo y unas semenas después el staff completo renunció al diario.

Llegué a Santiago con más ideas, pero me atendió una editora gorda y malhumorada.

“Vuelve cuando tengas una buena colección de temas, a ver si te publicamos alguno”.

Era el 2002 y ni siquiera me daba cuenta en el lío laboral que me estaba metiendo.

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Asesinato de Frei, ética periodística y el país del 2010.

Autobiografía, Scrapbook 7 December 2009 | 0 Comments

Frei Magnicido Sabemos que la vida en Chile -que abrazó tan alegremente lo peor del capitalismo tardío- es, para el común de la gente, un fatigoso ciclo de trabajo de 9:00 a 18:00, compras en el supermercado y partidos de la selección.  En ese contexto, los “ganadores” son aquellos capaces de desvincularse de la realidad (o al menos “aquella realidad), transformando el saqueo, la explotación y la autotraición en un “juego” o “aventura”. Eso explica la sonrisa idiota de zombie de los que ganan mucho dinero: se han separado tanto de la contingencia ciudadana (deudas, miedos, no llegar a fin de mes) y a la vez han iniciado un romance unidireccional con los poderosos que han torcido y pervertido su vinculo con lo real, imaginario y simbólico, si se me perdona mi lacanismo de última hora. Esta “locura” se expresa en las clásica contradicción de defender lo que antes, con muy justificadas razones, odiabas. El periodismo es una reproducción a escala de todo esto. Las pautas  son más que nada simpáticas agendas que funciona como diario mural. La sección cultura al servicio del marketing, deportes a las mafias futboleras y la política a la estupidez. A veces hay milagros, claro. Pero en general el debate y la redacción política equivale a esos reportajes a U2 que salen en la Rolling Stone. De ahí, por ejemplo,  la seriedad con que se analizan las encuestas, en lugar de las instituciones que las hacen. O las entrevistas tan serias efectuada por periodistas cincuentones, que al final son relaciones públicas. O el súbito interés de los veinteañeros por analizar las elecciones.  Yo le comentaba a mi novia que a una semana antes iban a tirar la noticia de la muerte de Frei. Era evidente. Ella me miró con esos ojos que tiene y me dijo que conociendo a el “ambiente” era seguro. Lo sorprendete, claro, no era mi “predicción”, sino la indiferencia de mis colegas de la prensa cuando les hablaba de esto. Como suele suceder me cambiaban de tema, miraban para otro lado o se iban a saludar a otra persona más importante -es decir con más conexiones en redes análogas y virtuales- que yo.

Hasta que pasó y sigue pasando

Como dicen en las películas de catástrofes: no olviden que yo se los advertí primero.

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29/30

Autobiografía 20 November 2009 | 1 Comment

Lovebirds

Y tengo novia

trabajo

pelo

un gato

¡Gracias Dios, por dejarme ser como la canción berlinesa de David Bowie y producida por Brian Eno!

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Maravillas De La Condición Humana

Autobiografía 16 November 2009 | 1 Comment

Dentro de las numerosas operaciones políticas más o menos encubiertas de la Transición -pasta base en poblaciones, venta de recursos naturales a transnacionales, eliminación del periodismo investigativo- la más sorprendente es el desprestigio del resentimiento.

Desde mitad de los noventa, estar enrabiado -o “sentido” con la realidad- era celebrado sólo en tipos como Jorge González cuya ciclotimia autoritaria/desvalida enloquece a los chilenos, porque cumple el rol paterno necesario en un país de huachos, no de huérfanos, pero ese es otro tema.

El asunto es que cuando dejé la Universidad y sobretodo ese líquido amniótico que es Concepción me enfrenté desnudo a  Santiago. Una ciudad sucia, calurosa y saturada de gente. Incluso para compra una revista había que hacer cola. Pero lo peor de la capital son sus interacciones sociales. La gente era arrogante en ciertos espacios -área de servicios, chocando en el metro- pero estúpidamente tímida si les preguntas la hora o hay un asalto en plena calle. Se habla mal de los demás, pero en persona se le sonríe. “Es que el medio es chico, hay que cuidarse”, parece ser la filosofía utilitaria en todos los microuniversos laborales. El CV se gestiona en las fiestas. Y la clase alta, los que verdaderamente cortan el queque, son más caricaturescos que los pobres empleados que se creían jefes en Concepción: católicos fundamentalistas, reprimidos sexuales y con ese tono idiota para hablar.

El diario donde trabajaba era una reproducción a escala de todo esto. Era como una sitcom: escuchaba dialogos chistosos, de repente debía entrevistar -y pelearme- con gente como Miguel Bosé o … ¡la banda Guiso! y generalmente ningún tema que ofrecía me lo compraban.

Me pasaba navegando, caminando, leyendo la prensa en inglés y nada. Ningún tema que ofrecía a los editores valía la pena. Ni siquiera una industria de Talcahuano que provoca mutaciones genéticas en los niños.

Entonces me llenaba de furia y le comentaba mis penurias al primer jetón que encontrara. Y claro, a la gente le daba lo mismo, me dejaban hablando solo o me hacían algún comentario tonto.

Ayer cumplí dos años y un mes con Daniela y pensé en todo esto.

Seguro que de no haberla conocido estaría tratando a esta misma gente con una @ antes del nombre.

O me amargaría por los criterios de editores lobotomizados.

Por eso -y millones de cosas más- Te Amo.

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Heat Wave

Autobiografía 29 October 2009 | 1 Comment

Es curioso este departamento. En invierno hace mucho calor porque el sol pega directo. Pero en el verano pasa por arriba. Lo terrible es salir a la calle y sentir la ola de calor como un gran secador de pelo sobre Santiago.

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Exiliado de las Calles Principales

Autobiografía 28 October 2009 | 0 Comments

Si, como los Rolling Stones en su último disco bueno, prefiero contemplar el mundo desde mi ventana.

Ya me dijo un editor del primer suplemento juvenil donde escribí: “es que tú vives al lado del camino”. Pero yo me enojé. No sólo porque citó a Fito Paez (existiendo Javier Aguirre), sino porque él mismo decidió “abortarme”. Que horrible suena la palabra.

Les explico:  cuando llegué a Santiago él vio en mí algo así como la promesa del periodismo corporativo. El tipo que se metería en lugares peligrosos, escribiría con frases cortas y escribiría grandes crónicas sobre temas increíbles que reporteó borracho tras una noche de juerga. Cuando comprobó que eso no era lo mío, dejó de comprarme temas, llamarme por teléfono o encargarme reportajes.

Pienso eso, mientras leo que hay otra nueva encuesta, donde esta vez no gana Piñera.

En vez de cuestionar la función de “herramienta”de estos sondeos, los periodistas se ponen a discutir sobre sus resultados. Una pérdida de tiempo, si sabemos que saldrá otra la semana que viene y así.

Están esos ágiles de la prensa  y los que han convertido a Faith No More en una banda buena.

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Acá, la gente intrusea tu refrigerador sin pedirte permiso

Autobiografía 23 October 2009 | 1 Comment

Nunca entendí la nostalgia hasta que me vine a vivir a Santiago.

No es que piense en mis papás y necesite ir corriendo a la casa. Tampoco se trata de extrañar a Concepción (que después de todo es una reproducción a escala de Providencia con toques ñuñoínos). Y ni hablar de recodar a mis amigos de allá. En verdad nunca estuve seguro si lo fueron, porque acá estoy y nadie hizo esfuerzos por encontrarme.

El asunto es climático.

Más que el smog o el calor, lo que me enferma es que nunca llueve de verdad. Jamás. En verano pasamos perfecto los 35 grados y en invierno hace un frío relativamente soportable. Lo terrible es que para los santiaguinos una lluvia de dos horas es un temporal. Y esa falta de agua me afecta, me desarma la percepción.

En Higueras uno puede quedarse toda la noche escuchando llover. O sentarse a ver tele mientras el cielo descarga su furia y el aire marino purifica todo. Las sopaipillas son buenas de verdad y el café, aunque sea nescafé, tiene sentido.

El primer año fue una novedad. El segundo me encontró escribiendo (y fracasando) en el diario más importante del país.Al final no pude soportarlo: odiaba a Santiago y su clima. Me hacía mal ese aire hispanico-campesino que infecta sus calles, fuentes de soda y oficinas. No podía entender que la gente fuera alterada o extremadamente sumisa. Me cargaba el sistema de transporte, las colas para comprar cualquier cosa y que no hubieran ni librerías ni cafés ni lugares donde respirar y vivir decentemente.

Hasta que fui a juntarme con una señorita afuera de La Moneda.

Ahora, me tomo una sopa apurado, mientras el gato me mira sorprendido. Sigo exiliado de las calles principales del periodismo y la escritura, lo sé, pero al menos estoy inventando cosas acá en el departamento. Compruebo que está lloviendo y corro a buscarla al cine.

Sólo falta Jonathan Richman cantando sobre esto.

Non Fiction

Autobiografía 22 October 2009 | 0 Comments

Nunca me dejaron escribir en primera persona.

Los editores decían que mis opiniones no le interesaban a nadie.

Me pasaban el texto de vuelta y debía reemplazar el “Yo” por una neutral tercera persona.

Después, abría el diario del domingo y veía como los demás sí tenían la libertad para hacerlo.

Incluso podían ocupar frases o tesis mías, sin darme el crédito (y el editor los felicitaba)

Pero eso es lo normal, lo sé.

Parece que sólo los periodistas estadounidenses de non fiction son personas.

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