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¿Qué pasó con los héroes de la guitarra (y sus solos)?
Hace tiempo que en la música popular masiva no se escuchan solos de guitarras como los de antes. ¿Dónde se fueron los guitarristas? ¿O el virtuosismo terminó democratizándose en la fantasía del videojuego “Guitar hero”?

Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras 25 de julio 2010
Antes del Monterrey Pop Festival (California, 1967), el guitarrista era una parte más del grupo de rock. El cantante siempre lideraba las fotos, reportajes y requerimiento de las “groupies”. Keith Richards, George Harrison o el talentoso Roger McGuinn (The Byrds), en cambio, eran seguidos religiosamente por adolescentes espinilludos. A lo más, alguien escribiría en una pared de Londres: “Eric Clapton is God” y un perro terminaría orinando encima, convirtiéndose en una foto famosa. Pero algo pasó en la última jornada (el domingo 18 de junio) entre The Who y The Jimi Hendrix Experiencie que resignificaría los roles en una banda.
Pete Townshend (guitarrista de los primeros) expuso al público estadounidense a una agresión que los ingleses ya estaban acostumbrados: dio saltos, elevó al máximo la amplificación, movió los brazos como si fueran turbinas y destruyó su instrumento. Una coreografía guitarrera que se volvería clásica. Cancheros, The Who se retiró ante las miradas incrédulas de la concurrencia.

Jimi Hendrix (1942-1969), que había emigrado a Londres y fue recomendado por McCartney, miró al público, y comenzó tímidamente con “Killing floor”. Todo iba normal, hasta que de repente comenzó a tocar con los dientes, por la espalda, simuló irónicamente tener sexo con la guitarra, la chocó contra el mástil del micrófono, y terminó, en medio de acoples y distorsión y luego de “Purple haze” y “Wild thing”, quemando el instrumento con un encendedor y gasolina. Townshend no lo podía creer. The Mamas & The Papas -que iban después- tampoco.

Guitar hero
Gracias a los descubrimientos de Hendrix tras pasar años tocando encima de viejos discos de blues y jugando con las posibilidades de la electricidad, surgió la figura mitológica que acabaría con la primacía de los cantantes: el héroe de la guitarra. Junto a Clapton, Jeff Beck o Jimmy Page (Yardbirds y Led Zeppelin), y más tarde Tony Iommi (Black Sabbath), Ritchie Blackmore (Deep Purple), David Gimour (Pink Floyd) o Robert Fripp (King Crimson, Brian Eno), se generó una estética que haría al público dudar si acercarse al cantante o al guitarrista (que obviamente se ubicaban en alas distintas del escenario). Esto repercutía en las canciones que comenzaban a darles espacio a extensos solos e improvisaciones en directo a la manera del jazz. Incluso cuando el punk de Ramones o The Clash rechazaba ese virtuosismo, aparecería Van Halen; para muchos, el segundo revolucionario de la guitarra que redoblaría la velocidad y los recursos ( tapping ) influyendo en guitarristas aun más veloces, como Steve Vai, el heavy metal de los ochenta y sus ramificaciones.
¿Dónde están los solos?
Carlos Corales fue de los primeros guitarristas chilenos en “nacionalizar” la guitarra virtuosa, especialmente en su banda, Aguaturbia. Es consciente de que en los ochenta, después de Van Halen, surgieron figuras que privilegiaban la técnica como Joe Satriani o Randy Rhoads. “Pero esos guitarristas son Heroes para los músicos. No para el resto de la gente”. Si bien los primeros hits de Elvis Presley, Chuck Berry o incluso Bill Halley ya tenían interesantes momentos guitarreros (¿alguien puede acusar de malas las guitarras de “Rock around the clock”?), hubo épocas y géneros en que la guitarra solamente acompañó la canción: la primera invasión británica (Beatles, Hollies, Animals), el funk, la música disco, el folk-rock. Lo interesante es que en los ochenta, y hasta bien entrados los noventa, la “parte de la guitarra” era casi obligatoria. Desde Bon Jovi a Michael Jackson. Con polémicas incluidas como cuando la revista Rolling Stone destaca a The Edge (U2) o Prince. “Al pop le pusieron guitarras para darle un sonido mas rock, pero sigue siendo pop. Ni siquiera han escuchado un blues… baladistas románticos que le ponen una guitarra distorsionada con un multiefecto para ser más modernos”. Sin embargo, con el impacto mediático de Nirvana -que se reía en su cara de Guns N’Roses- y todo el rock independiente (con sus bases en el country/folk y el punk), de repente desaparecieron los guitarristas de los roles protagónicos. No por nada el fallido disco de Metallica Load (1996) fue promocionado como “el primer disco de la banda sin solos de guitarra”.
¿Renovación o dispersión?
Al parecer, la guitarra virtuosa terminó refugiada en los subgéneros del rock más duro, con su propia mitología. En la música popular masiva apenas hay rastros. Lo que priman son discípulos de la moral ochentera de Johnny Marr (The Smiths) o David Gedge (The Wedding Present), notables disidentes de las acrobacias, pero que a la vez podían componer complejas piezas. O tocar salvajemente rápido, como Gedge, pero en vez de punteos lo hacía rasgueando. El escritor y entusiasta del rock progresivo Francisco Ortega rescata a Johnny Grenwood (Radiohead): “Es un padre. Pero en la tradición del héroe efectista de Hendrix y sus clones, en el pop masivo, Matthew Bellamy (Muse) es el único. Alguien que le da lo mismo meter un solo insolente. Y eso se extraña. El buen pop épico necesita del solo de guitarra. Tanto indie sensiblero mató el espíritu de la canción de estadios”. Pero hay un detalle: juegos como el Guitar Hero que materializan la fantasía de que cualquiera puede tocar rápido y glorisamente como los viejos guitarristas o las competencias de “Air guitar”, donde los concursantes deben simular malabares con una guitarra que no existe, quizá son auténtico destino de aquellas épocas donde tener un instrumento de seis cuerdas era mítico.
LuchaLibro en Radio Uno #13: Gumucio + La biografía de Manuel Rodriguez

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Al fin: The White Ribbon Llega El 5 de Agosto
Mi noticia cinéfila del día en La 2. Junto al sabroso agregado de los descargos de la distribuidora contra el monopolio de Hollywood.
Lennon sin los Beatles
El 9 de octubre llegarán a Chile los discos solistas de John Lennon. Todos remasterizados y con el empaque original. Exactamente, a setenta años de su nacimiento. ¿Han sido lo suficientemente valorados?
Por J.C. Ramírez Figueroa para Artes y Letras, 11 de julio 2010
Aburrido de la beatlemanía. John Lennon nunca se sintió cómodo siendo un Beatle. “No estoy satisfecho con ningún maldito disco de nosotros”, reconoció a Playboy en 1980. “Me pones esas canciones hoy, y quiero rehacer cada una de ellas… Escuché “Lucy In The Sky With Diamonds” en la radio anoche. Es abismal, ¿sabes? La canción es simplemente terrible”. Ese hastío lo comprobó in situ la periodista Maureen Cleeve en su célebre reportaje “¿Cómo vive un Beatle?” de 1966. Aprovechando su amistad con el músico -muchos dicen que en realidad tuvieron un romance-, escudriñó su mansión estilo Tudor en las afueras de Londres. “Arrogante como un águila (…) imprevisible, indolente, desorganizado, infantil, disperso, encantador y ocurrente”, escribió. Le mostró su colección de autos deportivos, armaduras medievales, una pieza llena de juguetes, un crucifijo gigante, un disfraz de gorila (“lo usé dos veces”) y su estudio de grabación casero. Pero de repente, se puso a hablar de la incertidumbre sobre el futuro, la fama y el cristianismo. Eso explica el alivio que sintió al conocer a Yoko Ono. Una artista que gracias al grupo Fluxus ya era una celebridad en el ambiente vanguardista neoyorquino. Por eso empezó a dejar a sus antiguos socios y su vida de estrella convencional. Por eso fue feliz yendo a un festival de música experimental en Cambridge, en 1969, y jugar con la distorsión de la guitarra, improvisando con el ruido, en las sombras, mientras su chica recitaba textos sobre “los horrores del parto”.
Rockero experimental. Paul Mc Cartney no quería incluir “Revolution 9″ en el álbum blanco de 1968. Nueve minutos de collage sonoro era demasiado para él. Además, sería reconocer la influencia que estaba teniendo Yoko Ono en una banda cuyo caos era tan evidente, que se pasaron 24 horas discutiendo el orden de las canciones del álbum doble. Aunque la pieza fue finalmente integrada al disco, ese mismo año apareció su primer trabajo solista: “Two virgins”. Éste fue el primer volumen de la colección “Unfinished music” y que continuó con “Life with the lions” (1968) y “Wedding album” (1969). La grabación, cuya portada era el desnudo frontal de John y Yoko, sorprendió por el uso de diálogos, instrumentos y efectos de sonido. Lennon fue la primera estrella que ofreció a nivel masivo una obra realmente experimental. Más adelante, Ornette Coleman, el creador del free jazz, colaboraría con la pareja y sus experimentos sonoros. Bandas como Sonic Youth y Nirvana han reconocido que Lennon fue el primer rockero famoso en trabajar el ruido en la guitarra con un propósito artístico.
Activista político. A la “nueva izquierda” estadounidense nunca le cayó bien John Lennon. Singles como “Power to the people” o la polémica “Woman is the nigger of the world” (“La mujer es el negro del mundo”), acciones de arte como empapelar edificios con la frase “La guerra terminó (si tú quieres)” o pasar un fin de semana en cama con Yoko Ono eran vistos como actos populistas, típicos de una estrella de rock. Por otra parte, cuando en los setenta se instaló definitivamente en Nueva York, la CIA le hizo la vida imposible, como atestigua el documental “The U.S. Versus John Lennon”. “Me parece que no fue muy disfrutada su época política, porque la música sufrió. Ese tiempo de rebeldía no quedó tan marcado por su imagen pacifista”, piensa Marchi. Sin embargo, Lennon, como artista mediático, fue pionero en instalar una provocación política. Salir vestido de guerrillero cubano en la televisión norteamericana no es menor.
La reedición. “Espero que esta reedición ayude a llevar su increíble música a un nuevo público”, señaló Yoko Ono en el comunicado oficial. Se trata de remasterizaciones monitoreadas por la viuda y el productor Jack Douglas y editadas por EMI. Estas incluirán el disco Double fantasy (1980), la antología Power to the people: the hits, la caja de cuatro discos: Gimme some truth y el notable John Lennon signature box empaque de once discos con la discografía original, rarezas y lados “b” de los singles. Y, por supuesto, las ediciones dobles -con temas extras- de los discos originales: Plastic Ono Band (1970), Imagine (1971), Some Time In New York City (1972), Mind Games (1973), Walls and Bridges (1974), Rock n’ Roll (1975), Double Fantasy (1980) y Milk and Honey (obra póstuma de 1984).
LuchaLibro en Radio Uno #12: Chile Según El Mercurio + La Mano de Bielsa + Por qué apoyamos a Isabel Allende
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Bicicletas – ”Quema” (2010, Sony Music)
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 9 de julio 2010.
¿Por qué las bandas surgidas del pop independiente rockean de otra forma?. Hace unos años nada más, Bicicletas era una clásica banda indie argentina. Ésas con estribillos hermosos y arreglos entre cristalinos y densas improvisaciones noise. Sin embargo en el disco Quema -y la prensa porteña lo hace notar- dan un giro al rock más clásico. Uno que viene desde el blues y los riffs apocalípticos. Eso se comprueba desde el tema homónimo que abre el disco: pura electricidad y velocidad.. Sin embargo, inmediatamente viene “11 y 20” que si tiene una melodía y sintetizadores alejando su propuesta de, digamos, La Renga.
Esta dicotomía entre el pulso rockista y la pasión melódica domina todo el disco. Pero jamás logra sintetizarse del todo. “Araña negra” es un boogie denso y que recuerda a toda esa escuela que más tarde se llamaría “stoner” y que fundarían magistralmente Pappo Blues y Pescado Rabioso. O “En tu cara”, un rock afilado y con solo de guitarra por supuesto. Sin embargo hay algo en la disposición de acordes, la producción o la voz del cantante que marcan la diferencia.
Pero lo más interesante es cuando aflora el viejo lado indie de la banda. “Pica pica” es tan rockera como las anteriores e incluso se basa en apenas un acorde, pero el estribillo que empieza a surgir al final es excelente. O la bellísima “Pájaros de fuego”, con un notable juego entre teclados y rasgueo de guitarra. Son precisamente los momentos más melódicos los que hacen volver al disco. Mientras lo “rockero” -para los medios argentinos es “lisérgico”- se disfruta más en vivo, lo “pop” es ideal para escucharlo con audífonos. Y en estos tiempos, donde se camina tanto o se trabaja frente al computador, es precisamente lo que necesitamos.
Bicicletas / ”Quema” (2010, Sony Music)
1. Quema, 2. 11 y 20, 3. Hoy, 4. Araña negra, 5. Conversación, 6. Pájaros, 7. La puerta, 8. Cara de rojo. 9. Pica pica, 10. En tu cara, 11. Escaleras, 12. Tren
Julio César Crivelli (voz y guitarra), Feredico Wiske (guitarras), Agustín Pardo (bajo), Ignacio Valdez (sintetizadores) y Mariano Repetto (batería)
La Vuelta Al Mundo Desde Santiago
Publiqué en La Segunda, mi recorrido por los locales que venden productos de consumo rusos, mexicanos, coreanos o de Damasco acá
El Renacimiento del Afro-Pop
Mi informe al renacimiento del funk, disco y soul en los escenarios de la capital acá.
10 Canciones Que Hay Que Bajar Antes De Morir
Hice una lista para la revista iPop.
Entiendo las labores de edición (¡y que sólo las dos últimas tengan las fechas que puse!) y por eso mismo adjunto mi versión sin editar. Puros hits :)

1.- “Five get over excited” – The Housemartins (1987)
Nerds de biblioteca. Amantes del northern soul y la cultura mod. Nacidos en la ciudad más fea de Inglaterra (eso les decían sus amigos). Orgullosos de sus papás de clase obrera. Rescataron el marxismo como herramienta de análisis anti-capitalista en el pop. Cristianos practicantes. ¿Cómo no quererlos? Ah, y acá piratean el “All you need is love” de los Beatles.
2.- “Bacharach” – Fitness Forever (2009)
Un homenaje desde Italia a las maravillosas producciones de Burt Bacharach. Con trompetas, orquestaciones y sofisticado ambiente de fiesta. En el video la banda hace una coreografía disfrazada de corazones por las ruinas de Roma.
3.- “Let go of you girl” – The Left Banke (1967)
Un órgano, guitarras afiladas y voces en armonía disparando desde Nueva York un misil de alto impacto emocional. Pop de cámara increíblemente adelantado. ¡Tomen Velvet Undeground!
4.-“Answering machine” – The Replacements (1984)
El odio a la máquina contestadora. Tal como estaba uno con el buzón de voz después del terremoto.
5.- Hallelujah! - [Ingenting] (2009)
Un himno como los que escribían U2 antes del Joshua Tree. Un tipo gritándole al mundo (con una pasión que deja al Bob Dylan evangelista como Flanders) que aunque cumpla todas las leyes y normas, si no se abandona a algo más grande que él no sirve de nada. Un salmo shoegaze electrizante.
6.-“Keep your love” – Acid House Kings (2006)
Un llamado desde Suecia a mantenerse enamorado. De hecho este es un cover de sus compatriotas Loveninjas. Es imposible no levantarse e inventar pasos de baile y ponerse feliz. Si fuese un mixtape, este sería el tema uno del lado B.
7.-“Homeless Club Kids” – My Favorite (2003)
Disidentes del hype y la onda neoyorkina. La banda de Michael Grace Jr. interpreta la mejor canción sobre el fin de la juventud: “los fantasmas de los adolescentes muertos me cantan mientras bailo”.
8.-“My maudlin career” – Camera Obscura (2009)
Desde Escocia, la hipersensibilidad como vocación. Una declaración de principios que rescata el sonido wall of sound, especialmente el trabajo de Ellie Greenwich, la única mujer capaz de hacerle el peso al demente Phil Spector. Con esto, la banda definitivamente rompió con el paternalismo -y acoso sexual- de Stuart Murdoch de Belle and Sebastian.
9.- “Girlfriend” – Modern Lovers (1976)
Jonathan Richman no teme a deletrear lo que necesita: g-i-r-l-f-r-i-e-d. Y uno lo entiende, porque también estuvo perdido así
10.-“Heroes” – David Bowie (1977)
Grabada junto a Brian Eno y Tony Visconti, mirando desde el estudio a los soldados que custodiaban el muro de Berlín. La canción para besar a tu novia y escaparse hacia un futuro (mejor). Porque podemos ser héroes, al menos por una vez.
Update: Me faltó decir que, como no me atrevo a hacer una lista de “Lo Mejor del Pop” a lo Rob Gordon y como la sección continuará -y espero seguir recomendando más mp3- hice lo más simple (y rápido): recomendar lo que más ha rotado en mi casa.
Sino, habría puesto de todas maneras a Procol Harum y Wedding Present :)
LuchaLibro en Radio Uno #11: Julieta Kirkwood + Bielsa + Cuentos de Terror

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Los Tréboles – ”Inevitable” (2010, independiente)
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 2 de julio 2010
Hay quienes afirman que el pop está tan codificado que basta ver una carátula para adivinar como son las canciones, las letras y la voz del cantante. Esto en ningun caso es malo, por supuesto. Solamente ilustra la inherente relación entre imagen y música que algunos cínicos niegan. Por ende, no es casual el look “nocturno” de Inevitable, incluyendo una bola de discoteque en la contratapa. Desde “Sábado en la noche”, el disco ofrece una buena cruza de rock y baile. Lo interesante es que en lugar de incitar la danza desde el post-punk (como el 85 por ciento de las bandas contemporáneas desde Franz Ferdinand en adelante), Los Tréboles recurren al disco-funk.
Lo anterior se nota en las vocalizaciones y falsetes de Esteban Vergaras, el hombre al centro de la fotografía. O los arreglos de sintetizadores “a la antigua”. O las excelentes bases que remiten a la “música negra”. Si bien a la altura de “Sexy body” el factor sorpresa disminuye (incluso se puede pensar en Los Tetas o los Chancho en Piedra noventeros), es el ritmo lo que hace al disco entretenido y dinámico. Y también la pulsión rockera de la guitarra que compite con la tradicional relevancia del bajo en la música de baile.
Sin desconocer la importancia de un buen patrón de batería, quizás por cargarse demasiado al baile Tréboles se olvidan un poco la melodía. Lo importante es que en Inevitable terminan por potenciar una identidad. Desde allí podrán hincarle más el diente a las exigencias de “la canción”. La historia de la música popular bailable ha sido así: primero el ritmo, después las melodías inolvidables.
Los Tréboles / ”Inevitable” (2010, independiente)
1. Sábado en la noche, 2. Flash, 3. Dame, 4. Sexy body, 5. Estando dormida, 6. Preparada, 7. Si me necesitas, 8. Solo los dos, 9. Inevitable, 10. La sombra, 11. In case you want it
Esteban Vergara (voz), Enrique Escala (bajo), Cristián Águila(guitarra), Miguel Santos (batería) y Sebastián Vergara (sintetizadores y teclados).
Cine Marte – ”Un día de abril” (2010, EMI)
Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 2 de julio 2010
Basta poner sobre la mesa todos los últimos títulos de tween pop para comprobar cuan desactualizadas están las baladas. Esos lentos de voces prodigiosas (y algo sobreactuadas) que dominaron el cancionero juvenil. No por nada la revista Rolling Stone postulaba que gracias a Jones Brothers y Hannah Montana -y no de los “rockeros”- las guitarras eléctricas siguen con buena salud para las nuevas generaciones. Si bien Latinoamérica tiene una tradición de canciones románticas-juveniles bien cantadas, la rapidez y descarga emocional de “lo eléctrico” está terminando por imponerse en el público más joven. Cinemarte, sin embargo, apuesta por el formato clásico: chicos bonitos, letras de amor y muchas baladas. Una apuesta arriesgada, sin duda.
Por una parte es innegable la excelente construcción de las canciones. Los estribillos son efectivamente melódicos. La instrumentación suena impecable. Las voces, de alto nivel. El problema es que parece ser un disco hecho por adultos creyendo que saben lo que “pega en los jóvenes”. Y basta darse una vuelta por el último show de Demi Lovato para entender que es el rock (o power pop, más bien) y las canciones lideradas por el piano, lo que conquista los corazones del público.
Si bien, “Dime a donde” (¿no sería lo correcto escribir “adonde”?) o “Si no es amor” no son de ninguna manera “malas canciones” (quién es uno para decidirlo) a los muchachos de Cine Marte les falta una buena sacudida. Porque talento tienen, pero deberían mirar un poco más hacia Estados Unidos que hacia España, digamos, para encontrar su norte. Porque si de algo saben los gringos, es entregar emoción concentrada en tres minutos, sea el género que sea.
Cine Marte / ”Un día de abril” (2010, EMI)
1. Dime a donde, 2. Sálvame, 3. Te pido perdón, 4. Ya no me importa, 5. Si no es amor, 6. Volar conmigo, 7. Estará listo el corazón, 8. Tú, Delirio, 10. Atado a tí, 11. Si los dos
Gabriel Sara (voz) , Zack Arnstein (guitarra acustica, guitarra eléctrica, voces), Rodrigo Cartagena (bajo, teclados, voces), Felipe Haro (guitarra eléctrica, bajo, voces), Pablo Stagnaro(batería).






































