Apetito Por La Destrucción

Uncategorized 18 March 2010 | 0 Comments

Guns N’ Roses comienzan a ser interesantes cuando le quitamos toda la leyenda maldita de estrellas de rock y nos quedamos con sus grandes canciones. Piezas que reactualizan el sonido Rolling Stone y lo cruzan con el punk y hard rock de los ’80. Esas son las cenizas que quedan y que Axl Rose está dispuesto a defender.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Emol, 18 de marzo 2009.

Guns N’ Roses es una desmesura histórica en el rock and roll. Desde sus psicoanalizados videos con coreografías de delfines (“Estrangled”) hasta los 35 millones de copias vendidas con Appetite for destruction (1987). Pasando por excentricidades como “trabajar” con una prostituta en el estudio o interrumpir o llegar tarde a  sus shows. Y, sobretodo, tardar quince años en grabar Chinese democracy (el disco que vienen a presentar) o lanzar un disco doble (Use your illusion, 1991) con, al menos, cinco canciones que duraban más de siete minutos.

“La historia de Guns N’ Roses es la del chico que le pegó al grande, del que triunfó a pesar de tener todo en contra. La banda, que combina lo mejor y lo peor del heavy metal, es el grupo más importante del año, esté uno de acuerdo o no (….) Su poderoso sonido es el soporte que tienen para explorar no tanto el lado oscuro del sueño americano, sino la carencia de este”, escribía Alberto Fuguet en 1988 cuando la banda desembarcó en el país -y el mundo- cautivando tanto al público del pop latino como a los thrashers.

Sin embargo, el secreto del éxito y posterior caída de Guns N’ Roses fue su identidad corporativa.

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Una jugada conceptual que agrupaba sus ropas, melenas, calaveras, declaraciones, apariciones noticiosas. El típico capital simbólico rockista que hizo que Las canciones fueron tomadas en serio después. O pasaran a un segundo plano.  No por nada entre 1987 y 1992 y con la ayuda de los agentes de prensa llegaron a ser “la banda más peligrosa del rock”, en lugar de “la banda con los discos más increíbles desde AC/DC, Led Zeppelin, etc”.

¿UNA BANDA PELIGROSA? Si aceptamos que el “relato rockero” contenido en películas y biografías fue creado por los managers y no por los periodistas, entenderemos la función de las innumerables leyendas sobre hoteles destruidos, pianos lanzados por las ventanas, orgías de sexo y cocaína, peleas en jets privados o entrevistas polémicas. Es el tipo de cosas que vuelve a un grupo de millonarios musicos californianos en bestias de temer y objeto de fascinación para adolescentes que creen que vivir así es lo máximo.

Yo tenía doce años, cuando la banda había llegado al número uno con “November rain”. Mis compañeras suspiraban con Axl y mis compañeritos usaban bandana en la cabeza. Me compré el Use your illusion 1 y, aparte de los solos de guitarra y un un puñado de canciones realmente buenas (el cover de Mc Cartney “Live and let die” y “Don`t Cry”) había mucho ripio.

Era de las primeras veces que sentiría esa sensación tan típica del capitalismo tardío de adquirir una “imagen” en lugar de una “experiencia artística”.  Es decir, lo que uno compraba era la imagen pendenciera de la banda y no canciones que, al menos, te hicieran sentir pendencieros.

Hay una escena clave durante el debut de la banda en Santiago (2 de diciembre 1992, Estadio Nacional) que contradice la leyenda brutal del grupo. El público escupe a Axl Rose, el vocalista y líder de la banda en mitad de “Civil war”. En ese momento el cantante, con una horrible bandana en la cabeza, detiene a la banda e increpa al público. “¿Esto es acaso una fucking costumbre santiaguina?” y luego, indicando al “escupidor” pide que lo capturen, sin perder jamás la calma. Finalmente llama a la intérprete para que le diga al público que si mantiene su conducta Guns N’ Roses no seguirá tocando.

Es precisamente en esa grieta del espectáculo donde queda claro que el discurso “peligroso” de Guns N’ Roses es un invento. Axl, a diferencia de un Mike Patton que abría sobreactuadamente la boca para recibir el cariño del público, se comportó como un turista americano. Un tipo civilizado que “educa” a estos buenos salvajes latinos para que se porten bien

ES SOLO ROCK AND ROLL. Si para entender el sentido del cine del terror hay que quitarle los monstruos, para valorar a los Guns N’ Roses hay que extirpar su leyenda y dejar solamente la música. Una explosiva actualización del sonido rollingstoneado de Aerosmith y el glam de Iggy Pop o New York Dolls cruzado con el punk londinense del 77 y el hard rock de sus contemporáneos: Poison, Motley Crüe e incluso Ozzy Osbourne.

El sonido, centrado en la desgarrada voz de Axl y las guitarras explotando para luego separarse en rítmica y solista a cargo de Slash, era básico para potenciar las extraordinarias “Welcome to the jungle” y “Paradise City”. Ambas, certeras lecturas del ambiente post-Reagan y que adelantaban la depresión grunge de los ’90. Aunque también la banda sabía moverse en baladas como “Patience” o “Sweet child o’ mine”

Si repasamos su discografía, incluyendo el revelador disco de covers The spaghetti incident (1993), veremos que Guns N’ Roses se mueve tanto en el folk como el punk, las baladas y la épica, el piano rock y el blues. Sin embargo no todo llega cada vez a buen puerto. Sobre todo el Use your illusion, donde no sólo hay canciones que duran diez minutos, sino que en muchas hay espacio para solos de guitarra, bajo y batería, además del cantante que se resiste a terminar la canción estirando su grito hasta el final. Es tal el nivel de desorden, egocentrismo y falta de criterio en la producción que canciones como “November rain” terminan arruinándose y otras como “The garden” o “Dead horse” suenan a simple relleno.

Es decir, si el amor por el viejo rock and roll eleva a la banda, los excesos compositivos los arruinan. A tal punto que el único miembro que queda de la banda es Axl Rose, el mismo que intentó golpear a Kurt Cobain cuando este lo miró y lo saludó muerto de la risa en una entrega de premios MTV en 1992. Precisamente el año en que Guns N’ Roses comenzó a desintegrarse, con el extraño honor de haber sido la última banda de rock and roll en lograr el éxito global y vender decenas de millones de discos.

DEMOCRACIA CHINA. Sabemos que Axl Rose (impresionante: anagrama de la expresión “oral sex”) es el único sobreviviente de la banda y que tardó cerca de quince años en terminar Chinese democracy (2008). También sabemos que el disco fue un fracaso que hizo a la marca Guns N’ Roses salir de gira y tocar los temas clásicos. Pero, ¿valen la pena las canciones nuevas? El ensayista y experto en glam rock Chuck Klosterman, escribió en el sitio AV Club una de las reseñas más comentadas en Internet.

Dice que reseñar este disco es imposible. “Es algo así como criticar un unicornio. ¿Debería estar loco para pensar que algo así existe? ¿Debería compararlo con caballos convencionales? ¿Con rinocerontes? ¿Tiene esa mitología un impacto real en su valor, o debe ser examinada dentro de un vacío cultural, como si esta criatura no fuera más (o menos) especial que el resto del reino animal? He estado pensando sobre este álbum durante 15 años y he pensado en este disco más de lo que he pensado en China…”

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