Adventureland o Ese Persistente Engaño Nerd.

Uncategorized 2 February 2010 | 0 Comments

Pobre Lou Reed, por culpa de Trainspotting, convertido en una referencia del indie mainstream americano.

SI LOS SUPERHÉROES son un producto judío, ¿por qué no podían serlo también los nerds?. Al menos, eso insinuó Ted Nugent -no confundir con el guitarrista con apellido de betún- en Sound of Young America, presentando su libro de ensayos American Nerd: The History Of My People. Según lo que pude entender, los nerds en el cine responden a la figura de héroe compensatorio. Los descendientes de los judíos centroeuropeos heredaron un caracter, humor y cultura que hasta hoy choca con la America blanca, anglosajona y protestante. Y esa fricción hace que los descendientes de los primeros se aislen en los productos culturales o dispositivos tecnológicos (desde coleccionar discos a programación html) y los segundos se rían de estos extraños tipos de pelo risado, nerviosos y que hablan hasta por los codos. Lo nerd como resistencia social entre la torpeza, irreverencia y cultura pop. De ahí la singularidad del stand up comedy.

Me parecío una tesis impecable.

No por casualidad, prácticamente la totalidad de los nerds en el cine han sido encarnados por judíos. Como Jesse Eisenberg, protagonista de Adventureland. La película que debería haber salido antes que Suberbad, sólo que Greg Mottola no consiguió convencer a los productores. “¿Por qué transcurre en los `80, Greg?”. “¿Leí mal o no está definida la historia central definida, señor Mottola?”. “¿Por qué esa obsesión con Lou Reed?”. Todo eso debieron preguntarle al pobre director, antes de dejarle la puerte entrabierta.

HÉROE COMPENSATORIO. Sin embargo, por muy buenas intenciones que maneje la película, hay varios puntos que reafirman la idea que lo nerd es un producto que en la superficie vende la ilusión de “revancha social”, cuando en realidad el subtexto deja claro que los perdedores del colectivo social juvenil, sólo “triunfan” cuando el resto los “necesita”. Es decir, los losers sienten que “cambian” cuando son instrumentalizados por los winners.

Es decir, “soy torpe y limitado socialmente, pero estas películas demuestran que los tipos como yo son los que finalmente triunfan y son los que se ríen último y que mi colección de discos o libros son la visa para aterrizar en la tierra prometida de los nerds: la venganza al estilo americano”.

Pensemos en Em, la protagonista encarnada por la ahora famosa actriz de la saga Crepúsculo, Kristen Stewart. Si bien no es una “ganadora” explícita y el director nos la muestre conflictuada porque sale con un hombre casado y en su familia no la entienden, la tipa está bastante más integrada a la vida que el cándido James Brennan (Eisenberg).Si uno se define por las elecciones que toma, como dice Ortega y Gasset, resulta inexplicable que una tipa que supuestamente escucha a Brian Eno, Big Star y The Replacements sea tan gris y conformista. Digámoslo, la tipa es una farsante de la misma estirpe que la de 500 days of summer.

Pero James, que quiere estudiar periodismo para dedicarse a la no ficción y es fan de Lou Reed, engancha inexplicablemente mientras intenta reuinir algo de dinero trabajando en un parque de diversiones perdido en Pennsylvania. Porque él quiere irse a Paris, con su compinche del colegio.

Entonces acepta el trabajo, fuma marihuana (quizá el gesto más contracultural en una sociedad puritana como la estadounidense), escucha “Pale Blue Eyes”  o Yo La Tengo y empieza a “crecer”.

Un héroe, dentro de marco ideologico-indie mainstream que vivimos.

Y acá probablemente, un montón de adolescentes (y adolescentes tardíos) dirán: “¡oh, es la historia de mi vida!”

LA GRAN ESTAFA AMERICANA. Si vaciamos la estética y las referencias culturales a Adventureland, nos queda la amarga historia de un personaje incapaz de enfrentar el mundo que va impulsandole por los accidentes: un papá en bancarrota que le exige trabajar, un amigo que le convida hierba, una tipa que tiene un poster de Lou Reed. Si bien la película elude la escatología o la obviedad de otras cintas teenager, sobretodo en la mitad, el protagonista no puede despegarse de esa flojera existencial.

¿No es acaso todo el cine nerd un eterno engaño, donde sus protagonistas sólo reaccionan con los golpes y nunca por su propia voluntad?.

Podemos llevar esta idea al extremo y, citando a Lacan y su tesis sobre el sexo, proponer que los héroes nerds no ganan porque “el coito social”, donde finalmente logran integrarse y triunfar no existe. La gente que compone la sociedad en que se mueve el nerd es simplemente el sostén de sus proyecciones fantasmáticas.

Es decir, no es que la sociedad haya aceptado al nerd o que éste haya logrado posicionarse como ganador en ella. Simplemente ejecutó una proyección, impulsándose en las personas que conocía. Esto se comprueba en el viaje final que hizo a Nueva York, donde la dinámica rechazo/aceptación de Em volvió a producirse. Distinto habría sido, si ella lo hubiese perseguido a él, algo que no ocurrió en la película.

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