This House Is Not For Sale
Lo bueno de crecer es que al fin experimentas las sensaciones que evoca la canción de autor. Cuando era adolescente o veintañero apenas me bastaba la anarquía controlada del punk o la melancolía del rock inglés, que al final era más bien una reducción estética con estribillo glam. En cambio ahora, que el paso del tiempo llega a dejar polvo a su paso, entiendo perfecto la idea de “ausencia” que tan bien interpretaban las silly love songs de los setenta.
La semana pasada estuve cuidando la casa de mi Daniela. Llegaba, jugaba con los pollitos, regaba el pasto, me hacía jugo de melón, veía los Simpsons, me tiraba en su cama, volvía a ver a los pollos dormir juntos y apretados.
Y créanme que andar así es terrible.
El sentimiento de ausencia que tenía era tremendo.
Puro vacío.
Así que te digo públicamente que el próximo año, nos vamos a colonizar algún rincón sudamericano juntos.
Con todo el apasionamiento que eso implica.
Que ya no quiero más veranos sin veraneo.
Te amo.


Vamos a colonizar las alturas del Perú, o el litoral central con nuestro amor.
Gracias por cuidar a los pollitos. Y si mi abuelo no fuera tan puritano, te llevaría para Chue a comer merluza de la que trae mi tía.
TE AMO (L)