Periodismo, Política, etc.
LOS ANÁLISIS POLÍTICOS actuales son muy similares a esos reportajes a U2 hechos por la revista Rollintg Stone: obvios, condescendientes y sin ir jamás al grano. Así como es EVIDENTE que Bono está tan desgastado -y baboso de reconocimiento- que sigue publicando descartes del Joshua Tree; también lo es el contexto periodístico de estas, nuestras, elecciones. El tema es cómo los marionetistas de Frei o la mente de Piñera quieren perpetuar un modelo que sólo defendible si despiertas y respiras aliviado porque tus nanas ordenan la casa. O quizá, también das tu vida por el sistema cuando estás hipnotizado por el retail, la tele o identificado con las letras de Sinergia. Dicho de otro modo: nuestros comicios son la lucha relativamente violenta por ver quien continúa vendiendo el país a sonrientes corporaciones de países indefinidos.
También hay subtramas interesantes: guerrilla en territorio mapuche, al transplante de Perez Yoma, la estrategia comunicacional en torno al “asesinato” de Frei Montalva. Temas que en su profundidad son cínicamente evitados por las redacciones de prensa y por la mayoría de las webs de “periodismo serio”.
Siempre que escucho esta última frase imagino una editora cuarentona que no ha tenido sexo en mucho tiempo. Por eso anda enojada y se queda trabajando hasta la medianoche.
Quizá nuestro “periodismo serio” está fundado en la carencia de pene, más que en la envidia de éste. Es cosa de verle la cara a las periodistas dedicadas al tema.
Más política y mala leche tras el salto
Lo sorprendente es que siendo tan obvios los procesos políticos y económicos experimentados por esta “democracia” (la izquerda extraparlamentaria está convencida que no lo es) no se mencionan directamente. Y se supone que los medios piensan que la gente es estúpida y por ende te reducen la realidad a manzanitas y peritas. ¡Aun así no te cuentan nada importante!
Bueno, hay que tomar en cuenta es que acá la línea editorial influye directamente en los adjetivos y tratamientos no interpretativos. O sea, hay más opinión en una información “objetiva” que en una columna “subjetiva”. Por ejemplo, cuando en la noticia el titular anuncia que comuneros mapuches quemaron un tractor en el sur, y luego leyendo la noticia ves que no hay manera de comprobar que fueron mapuches. Es decir, el medio ya está opinando que fueron los mapuches, con toda la carga simbólica/racista/económica que se les asocia. En cambio, si leemos a David Gallagher, no hay nada nuevo, ni una sola opinión independiente.
Así el pobre periodista está obligado a autocensurarse y dejar de lados temas que nunca verán las imprentas o la web corporativa. O que su editor -igual de presionado- le dirá que no sea estupido, que no hay pruebas, que ese tema es peligros, que allá afuera hay muchos tipos de lentes oscuros y bigotes a lo Village People dispuestos a volarles la cabeza o al menos a decirles que ése artículo tiene muchos errores y que ojalá no se repita, mientras le tiran bruscamente el artículo corregido con lápiz azul y rojo. Que que no sea idiota y que mejor se dedique a esperar a ese encargado de comunicaciones tan simpático que le hizo un twitter al candidato pero que todos creen que es el propio político quien postea en 140 caracteres.
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A MI ME INTERESABA LA POLÍTICA. A los 8 años don Héctor, el chofer del furgón compraba “El Loro”, “Humanoide” y la prensa de izquerda. Las primeras eran de humor político (“Azarías” era mi dibujante favorito), la segunda era muy extraña, con harto ensayo y humor absurdo). Así fui enterándome por qué mis compañeritos defendían tanto a Pinochet (eran hijos de marinos y repetían los delirios de sus padres) y la carga nerviosa que invandía al país del Si y del No.
El día de la elección me quedé toda la noche despierto (dieron películas de John Hughes en TVN), me leí todos los diarios y celebré que se fueran los milicos. Hice lo mismo en las Presidenciales y después me aterré con el Informe Rettig, me aburrí con el “Topaze” concertacionista y me sentí levemente extraño llevando The Clinic a mi universidad.
Pero en esa época yo ya había elegido el periodismo de rock sobre la política. Yo realmente pensaba que había “campo” para escribir emocionantes crónicas musicales, entrevistas reveladoras con genios de la música y de repente, en mis ratos libres, provocar las iras del Gobierno con investigaciones profundas sobre corrupción u oscuros negociados.
Sin embargo sólo encontré sueldos insultantes (si, a veces cobrar un cheque es una forma de humillación), rockerillos que no saben hablar y editores que me dicen, riendose: “ah, bueno, traigame los certificados médicos de esas 250 personas que murieron por inhalación de gases y recién ahi te diré si puedes investigar, aunque no te prometo publicarte”).
Entonces uno se siente mal, sobretodo cuando escucha a la gente hablar mal de mi profesión. Y tienen razón: la única investigación decente que se hace es para reconstruir la noche en que Arenita se cayó de un segundo piso. O si el ex de Bolloco era gay. Los editores y ágiles de la prensa se consiguen teléfonos, mandan móviles, financian viajes.
Por otro lado, veo a colegas que sin darse cuenta están en medio de los efectos del sindrome Estocolmo: defienden la línea editorial de sus perversos patrones (están contratados), dicen que la televisión es “una lectura de la realidad” o consideran que la radio “toca sólo música de calidad, de generosos estribillos”. No puedo decir que son las mejores mentes de mi generación, pero si que hay un talento perdido en ese diseño inteligente del capitalismo tardío.
Quizá el tema es que para enfrentar la vida, tenemos que comprometernos con ella como si fuera un juego. Es lo que Zizek, ese lacaniano gruñón, acusaba a la civilización post-post moderna: a un tipo se le murió la esposa, pero sorprendentemente seguía feliz y tranquilo. Sucede que se había comprado un hamster, al cual le transpasaba toda su angustia, o más bien quien “bloqueaba” su pena. Cuando murió el animalito, el viudo enloqueció e intentó suicidarse. Por eso, Zizek dice que cuando alguien está metido en negocios turbios, explota gente o es un maldito bastardo sólo hay que preguntarle: “¿donde está tu hamster”?
Si unimos esa idea a lo que propone Giussani (si, lo confieso en mí ha sido más influyente que Hegel o Simmel, que cuando chico siempre lo citaba porque era el único que conocía bien) sobre que nuestra sociedad es “ideológica”, porque preferimos “pensar” algo, antes que tenerlo, lo tenemos todo claro.
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LA POLÍTICA CHILENA, los empresarios, los empleados de las corporaciones multinacionales son tan mezquinos, hipócritas, explotadores porque ven su trabajo como un juego. Su compromiso con la realidad está mediado por la idea perversa de que “nada es importante”. Así un señor que despide trabajadores por la “crisis” (que de repente desapareció de las noticias locales junto a la gripe porcina) y aprueba en los blogs de Emol los comentarios de David Gallagher, utiliza su fe Católica como un hamster, que le permite “deviar” la angustia y estress existencial que siente. No es capaz de ver el dolor del otro, porque la misma religión es su hamster gordito y amable que lo ayuda a comprometerse con la realidad como si fuera un juego, como si el despido de trabajadores fuera una medida de lo más normal en este esquema.
Por eso, me aburren los análisis políticos. Porque son una forma alegre de hacer relaciones públicas. Cuando lo que queremos es gente decente. O al menos, que nos contraten con un buen sobresueldo, para derrotar el sistema desde dentro.
Lo anterior era una broma. Pero es precisamente ese juicio en torno a lo escrito que lleva directamente a la risa, lo que demuestra que ése es un deseo, un sueño. Entrar a la red de sobresueldos y empezar a vivir como los que criticas.
La historia del punk rock se basa en aquello.
Siempre me he preguntado si no es una idiotez no “integrarse”. Dejar un rato la mala leche y empezar a transar. Lo que no implica venderse, te dicen los que triunfan. ¿Y por qué hay que transar? O más bien ¿Qué es transar? ¿Hablar estupideces en público para arrancarles una sonrisa? ¿Defender la honra de tu jefe? ¿Hacer cosas supuestamente divertida pero que te dejan como un idiota ante los demás por dinero?
Yo pienso en los gatos.
Son independientes, felices y duermen y comen todo el día. Y aun así, no intentan caerle bien a la gente.
Los perros en cambio son el mejor amigo del hombre.
Y vean ustedes como es el hombre.
Y lo que hace el perro.


pero mi amors, si Arenita cayó de un Tercer piso po, es pregunta de psu casi xD
vuelve luego po, viste que me aburro sola acá. aunque me entretengo con tu web site :D
TE AMO