Asesinato de Frei, ética periodística y el país del 2010.

Autobiografía,Scrapbook 7 December 2009 | 0 Comments

Frei Magnicido Sabemos que la vida en Chile -que abrazó tan alegremente lo peor del capitalismo tardío- es, para el común de la gente, un fatigoso ciclo de trabajo de 9:00 a 18:00, compras en el supermercado y partidos de la selección.  En ese contexto, los “ganadores” son aquellos capaces de desvincularse de la realidad (o al menos “aquella realidad), transformando el saqueo, la explotación y la autotraición en un “juego” o “aventura”. Eso explica la sonrisa idiota de zombie de los que ganan mucho dinero: se han separado tanto de la contingencia ciudadana (deudas, miedos, no llegar a fin de mes) y a la vez han iniciado un romance unidireccional con los poderosos que han torcido y pervertido su vinculo con lo real, imaginario y simbólico, si se me perdona mi lacanismo de última hora. Esta “locura” se expresa en las clásica contradicción de defender lo que antes, con muy justificadas razones, odiabas. El periodismo es una reproducción a escala de todo esto. Las pautas  son más que nada simpáticas agendas que funciona como diario mural. La sección cultura al servicio del marketing, deportes a las mafias futboleras y la política a la estupidez. A veces hay milagros, claro. Pero en general el debate y la redacción política equivale a esos reportajes a U2 que salen en la Rolling Stone. De ahí, por ejemplo,  la seriedad con que se analizan las encuestas, en lugar de las instituciones que las hacen. O las entrevistas tan serias efectuada por periodistas cincuentones, que al final son relaciones públicas. O el súbito interés de los veinteañeros por analizar las elecciones.  Yo le comentaba a mi novia que a una semana antes iban a tirar la noticia de la muerte de Frei. Era evidente. Ella me miró con esos ojos que tiene y me dijo que conociendo a el “ambiente” era seguro. Lo sorprendete, claro, no era mi “predicción”, sino la indiferencia de mis colegas de la prensa cuando les hablaba de esto. Como suele suceder me cambiaban de tema, miraban para otro lado o se iban a saludar a otra persona más importante -es decir con más conexiones en redes análogas y virtuales- que yo.

Hasta que pasó y sigue pasando

Como dicen en las películas de catástrofes: no olviden que yo se los advertí primero.

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