Non Fiction
Nunca me dejaron escribir en primera persona.
Los editores decían que mis opiniones no le interesaban a nadie.
Me pasaban el texto de vuelta y debía reemplazar el “Yo” por una neutral tercera persona.
Después, abría el diario del domingo y veía como los demás sí tenían la libertad para hacerlo.
Incluso podían ocupar frases o tesis mías, sin darme el crédito (y el editor los felicitaba)
Pero eso es lo normal, lo sé.
Parece que sólo los periodistas estadounidenses de non fiction son personas.

