Las cinco de Álvaro Bisama

Uncategorized 27 February 2009 | 0 Comments

Escritor, crítico literario y profesor de castellano, Bisama no para de publicar. Tras los comentados Postales UrbanasCaja Negra (2006), publicó Cien Libros Chilenos (Ediciones B) y Música Marciana (Emecé). El primero reúne y reseña títulos que han marcado al país incluyendo a Condorito, Papelucho o “La Cultura Huachaca”. La segunda es una novela demencial poblada de asesinatos, monstruos y familias que se destruyen. Bienvenidos al mundo de Bisama, uno de los hombres claves en la nueva literatura chilena.

Por J.C. Ramírez Figueroa para Paula.cl, 27 de febrero 2009.

1. Cómo me hice escritor. “Mi epifanía es sencilla: yo era profesor de colegio y me encontré con un viejo amigo de la universidad en una micro en Valparaíso, como a las 4 de la mañana. Me invitó a escribir en un suplemento que tenía en un diario regional. La Leo Marcazzolo también escribía ahí. No sé cómo nos publicaban, la verdad. Todo ese año estuve haciendo crónicas, reseñas de libros, entrevistas, reportajes. Ese fue el camino y a mí me parecía, como dice Bertoni, el desrraje: levantarme todos los días en la mañana a escribir artículos instantáneos sobre casi cualquier cosa (desde los milagros de la cantante Gilda hasta de Marcelo Rossi, el Elvis chileno) y luego irme a hacer clases. ¿Un consejo para quien quiere ser escritor? Los caminos de la literatura son insondables. Para volverse escritor, yo prefiero la lectura omnívora de todo lo que se cruce. Saquear las bibliotecas públicas y los mesones de saldos, los puestos callejeros, las bibliotecas familiares. No creer en lo obvio. Saltar de un lugar a otro. No sentir culpa por lo que se lee”.

2. Sobre Cien Libros Chilenos. “Hubo dos motivaciones para escribirlo. Primero, extrapolar el tono de las columnas y reseñas que venía desarrollando hace años y conducirlas hacia una zona más amplia y compleja. Lo segundo es que nada salió como esperaba. Terminé preguntándome más que por los libros, sobre Chile y su imaginario. No eran respuestas agradables pero eran raras y no tenían que ver con lo que había aprendido en la universidad, ni con los lugares comunes que se enseñan. En ese sentido veo el libro como un relato involuntario, como una especie de novela sin novela sobre un país y sus ficciones”.

3. Sobre Música Marciana.
“La concebí como una novela del boom latinoamericano pero escrita desde la psicotronia absoluta. Como la saga de una familia cuyos integrantes no se conocen. Como una novela donde se destruye Reñaca, cosa que a mí me parece maravillosa. Como una colección de muertes ejemplares. Como una novela donde una voz terminal y apocalíptica ajusta cuentas con Chile antes de que todo se acabe. Como una novela realista sobre gente imposible. Como una colección de relatos que todos juntos arman la escena de un crimen”.

4. ¿Generación de recambio? “No sé si la hay. Es difícil ver los avances de la batalla desde la trinchera. Sí sé que se están haciendo libros más divertidos, ficciones que eran imposibles cinco o diez años atrás. Cosas más descentradas, personales, sin el sabor neutro de los talleristas de los años 90 o sin el karma de pedirle apadrinamientos a nadie. Por lo mismo, los libros de Baradit o Zambra, como los de la Leo Marcazzolo, el Mike Wilson o el Patricio Jara, son más raros, más íntimos y quizás más desquiciados, una cosa que, por supuesto, a mí me encanta”.

5. El futuro de Chile. “Nunca he sentido esa diferencia entre alta y baja cultura. Quizás porque me crié en la precariedad de la cultura chilena y tuve que coger lo que tenía a mano para entender las cosas. Tuve suerte, porque Raul Ruiz y  Parra te lo enseñan de inmediato: no hay diferencia alguna entre alta y baja cultura. Esa distancia es solo un lazo para amarrarte mejor. El fin del mundo va a acontecer en El Parrón; Shakespeare debe traducirse tal habla como el verdulero de la esquina. Este es un país raro y se está volviendo cada vez más raro. Esa idea de Rafael Otano que el capital de Chile son sus monstruos, ocultos tras nuestra supuesta civilidad se parece a la casa de reposo que aparecía en “El obsceno pájaro de la noche”. Llena de viejas malignas, gente sin memoria y monstruos que escriben. También puede ser el decorado televisivo donde se filman “Los Venegas”. En ambos casos se escucha desde los pasillos la voz de Chinoy, esas letras crípticas que no dicen nada pero que suena con toda la penas del mundo”.

Bonus: Mis Planes para el 2009. “Iba a escribir una novela sobre extraterrestres que comen arroz y terminé escribiendo una realista sobre la década del 90. En eso estoy ahora, metido de lleno en el realismo puro o lo que yo entiendo por realismo, cosa que, hay que decirlo, me tiene aterrado. Tengo un libro de cuentos listo y que me gustaría publicarlo para sacármelo de encima de una vez por todas. Están las clases, las columnas y lo que salga. Creo que quiero escribir de la campaña presidencial. Está el final de la cuarta temporada de Battlestar Galactica, que se acaba y que me tiene en vilo: ¿se extinguirá la humanidad?”.

Todos los blogs de Alvaro Bisama, que él mismo confesó abandonar para escribir sus dos últimos libros, acá.

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