024. No Soy Un Extraño

A mí no me expulsan de los bares sino que de los bistrós, que son iguales pero afrancesados y de madera.
El lunes, buscando un lugar donde sentarme y escribir y leer y seguir escribiendo, terminé en un local, donde ya había ido con mi chica cuando éramos amigos (una sana amistad por lo demás).
Pero fue uno de esos días en que tu torpeza es alentada por puertas, cables y mala modulación
-¿Tiene wi-fi? (debería aprender a tutear, eso lo hacen los vascos opus dei y les funciona de maravilla)
-No.
-¿Puedo probar?
-Bueno.
Saco el laptop, me cambio al sector “no fumadores”, la puerta está trabada por otra silla y el mozo que me molesta.
-Esto es un restorán, ¿que va a pedir?
-Ya te dije: un expreso doble y una Coca-Cola light.
-¿Pero para comer?
-Hey, si me has atendido antes, ¿que onda?
-¿Que vas a pedir para comer?
Entonces me aburro, me levanto y camino desde Providencia hasta el centro.
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Lo mismo hice el viernes en la noche de vuelta de Sabina y Serrat o el domingo por la Plaza Las Lilas después de ir rezarr.
O ahora mismo que escribo esto, porque me aburrí de la siniestra cena organizada en el diario donde mis compañeritos me cargan por por mis días de pobreza franciscana en el diario. O por aplaudir cuando mencionan a Allende (de puro subversivo que soy).
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Yo hace rato que estoy aprendiendo a correr solo, pero bien acompañado.


ja
y tú te peleas con las vacas sagradas!