D.A. Pennebaker, el hombre que registró al mejor Dylan
A una semana del primer tributo criollo a Bob, conozca al hombre que giró con el músico en sus célebres presentaciones electroacústicas. Alan Pennebaker filmó a Hendrix, Janis Joplin y The Who en el festival de Monterrey. También siguió a Bowie en su último show como rey glam. A los 80 años es la voz más autorizada para hablar del rock.
Por J.C Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 3 de junio 2007.
Un teléfono suena en Nueva York
-¿Hola, con Alan Pennebaker?
-Ese soy yo.
-Aquí Albert Grossman, manager de Bob Dylan. Tenemos programada una gira por toda Inglaterra. ¿Quieres acompañarnos y grabar una película?
Un sueño húmedo para cualquiera. Especialmente si es 1965, la olla de la revolución está a punto de estallar y el músico estrella recién había decidido colgarse una guitarra eléctrica para grabar “Subterranean Homesick Blues”.
El director -que tenía 40 años y un impresionante curriculum documentando jazz, blues y música pop- fue a un bar del Village a conocer a Dylan, que arrendaba una suite del cercano Chelsea Hotel. Hablaron de discos y películas y se cayeron bien. La segunda vez que se vieron fue con el pasaje en la mano. Ya en Londres “Subterranean…” tendría imágenes imperecederas: la famosa secuencia de Dylan sosteniendo cartelitos y dejándolos caer al ritmo del insólito texto (“Johny`s está en el subterráneo/mezclando remedios/yo, en el pavimento/pensando en el gobierno”). Al fondo, nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg aparecía en lo que en rigor se convertiría en el primer videoclip, aunque los fanáticos de Queen se enfaden. La cinta se llamó “Don`t Look Back” y rápidamente saltó del circuito underground para instalarse para siempre en las listas de los mejores rockumentales de la historia. Su versión en dvd se estrenó en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Dónde el realizador y su mujer hablaron de lo que más saben.
PLAN SIMPLE
“Antes las consideraban películas raras. Los que ponían la plata ni siquiera querían verlas. Ahora, la gente no dice que va a ver ‘Don`t Look Back’, sino que a ver a Dylan con sus músicos y amigos”, explica. “Sensibilidad para la música, eso es lo que busco. Operar una cámara es muy fácil. El problema central es si hay o no historia. Si la hay y te engancha, la calidad o la exactitud de las imágenes pasa a segundo plano”, confesó Pennebaker en Baires.
Bajo esta premisa partió con sus amigotes en 1967 a California. Ahí se encontró con Jimi Hendrix quemando su guitarra, The Who tocando My Generation y Janis Joplin sangrando por dentro. “Monterrey Pop Festival” fue la coronación del rock como contracultura y movimiento artístico, antes que Woodstock se marketeara como tal. “Antes de Monterrey pensaba que lo único que encontraría sería música y gente divirtiéndose. Pero cuando apareció Shankar, a quien no conocía, fue una experiencia tan intensa que terminé colocándola casi en el climax de la película. Ni siquiera lo tenía planificado y sucedió. Hay que ser simple para hacer una película”.
Pennebaker siempre le pregunta a sus alumnos de Yale qué creen que mira un gato cuando mira por la ventana. “Yo pienso que la respuesta no importa. Creo en el cine instintivo. No como un problema estético, sino un encuentro de la realidad contigo. No es importante tener un esquema previo. Es la historia que debe sorprenderte”.
Tal como Shankar lo sorprendió, Pennebaker nos sorprende a nosotros. No es difícil trazar una ruta entre sus tres rockumentales fundamentales. Primero fue el rock como movimiento artístico popular abierto a la literatura y al surrealismo (Dylan), luego como fenómeno contracultural (Monterrey) y finalmente, asumiéndose como gran espectáculo, provocador y marketeable con el último show del David Bowie más glam (“Ziggy Stardus and The Spiders From Mars”).
Pero el lente de Pennebaker también registró a Little Richards, John Lennon en Canadá y Depeche Mode en una gira a fines de los ochenta. También trabajó con Godard (“One PM”), siguió a Kennedy durante su campaña de 1960 (“Primary”), narró la historia del auto de “Volver al Futuro (“De Lorean”), investigó el escándalo Clinton (“The War Room”) y también el auge de internet (“ Starup.com”).
Cuesta pensar que este gringo de lentes es el autor de todas esas imágenes que tenemos archivadas y que se repiten hasta el cansancio en las historias de rock del cable. Un tercer ojo que se cerró probablemente con Pink Floyd y la industrialización de los recitales. Porque las pulsiones de esa cámara “Pennebekeriana” no están en los dvds de U2 o Franz Ferdinand en vivo, están en los ojos del gato que mira por la ventana.















