Dirty Pop, una aproximación a la escena electrogay santiaguina
El soundtrack de algunos chicos en el Forestal y de discoteques de Santiago lleva escote, color, roce e histeria. Grupos musicales que hablan de sexo, venganza y placer. Coreografías sadomasoquistas y videos porno en conciertos son parte de una escena que, entre otras hierbas, acoge a un muchacho talquino que canta “Maraco poblacional”.

Por J.C. Ramírez Figueroa para La Nación Domingo, 10 de septiembre 2006.
Annie tiene 23 y el año pasado aterrizó de Chiloé a la pista de baile santiaguina casi sin escalas. Huevona, tenís que olvidar a ese pelmazo. Al la mierda la moral”, le dijo una amiga arrastrándola a las puertas del Bokhara.
Recién terminó el show de Drag Queens y mientras Kylie Minogue gime, dos tipas se frotan en la esquina más oscura del lugar. Annie las mira de reojo y se ríe. Los tipos, en cambio, corean a la diva australiana felices de la vida. Hace calor y el DJ, con ganas de sacarse la polera de una buena vez, programa “Bailando”, de Alaska y Dinarama, un clásico del electropop ibérico. (“Tengo los huesos desencajados/ el fémur tengo muy dislocado/ tengo el cuerpo muy mal/ pero una gran vida social”).
Entonces, Annie, animada, se mete a bailar con ellos. Non stop. Hasta que cierren el local.
Si vienes de región y no conoces gente, al menos tienes el chat: “Loco, lo pasé la raja. Los gallos eran demasiado prendidos, entretenidos, sensibles. Me sentí a salvo. Eso me gustó”. Y mientras Annie discutía con el “pelmazo”, revisaba fotologs y my spaces nacionales. Una cosa llevó a la otra. Hizo amigos, fue a fiestas y terminó siendo parte de la escena poppy. O dirtypop. O electrogay. O electroglam.
Una movida que empezó hace tres años con Lulu Jam!, aquel insólito trío que cantaba cosas como “Bombombeame el corazón” y “Si quiero te lo doy”. Para muchos, ese look japonés-rosadito-calentón fue un mal chiste. Y los odiaron. “Pensaban que éramos unos huecos. Pero aguantamos, trabajamos, sacamos el disco Corazón caliente y encontramos nuestro público. Nosotros no teníamos referentes acá. Ahora, nosotros somos el referente”, dice Sofía Oportot, actriz y cantante de Lulu Jam!
Y el público -universitario y con Internet- empezó a armar un movimiento que camina por la cuerda floja entre el juego y el profesionalismo. “Ahora se verá la caducidad del producto. Si es al peo no durará mucho”, dice Ignacio Redard, productor de Lulu Jam!, Kinder Porno y anish, entre otros. Además, toca con Redulce, un trío electropop que recuerda a New Order.
¿PUNK ROSA?. Las cosas en su lugar. El electropop o pop caliente no es el nuevo punk. Pero podría serlo, porque es un colectivo con las cosas claras. Primero, el concepto: seducir -y excitar- al público. Segundo, las canciones: escarbemos la basura y saquemos algo bueno. Tercero, la actitud: aunque nos odien, a la mierda, tenemos las ganas, la voz y el computador. Y en un ambiente donde las bandas rockeras se declaran “indies” y pontifican sobre la autoproducción -cuando los músicos de rancheras y cueca lo hacen hace décadas- es todo un logro. Un triunfo casi.
Al principio (2004-2005) era el Club Bizarre, en el Metro Los Héroes con sus fiestas temáticas como “Dirty Dancing” o “Latex”. Allí, las Kinder Porno -“Spiniak es una opción”, su eslogan- cantaban vestidas de colegialas “Duele, duele” de Frecuencia Mod o “Toda la noche” de Supernova. Muchos dicen haber visto parejas perdiéndose en las piezas del segundo y tercer piso de la casona, que cerró el año pasado. Después, la fiesta se trasladó al Club Miel, la Blondie y, especialmente, a las fiestas que produce Redard en el Cine Arte Alameda.
Mientras los teens, seguidores de t.A.t.U se toman de la mano y se besan nerviosamente entre ellos, acá el asunto es turbio de frentón. Calenturiento, digamos, pero siempre en plan chiste. Los besos son apasionados, la gente se toca mucho y se ríe todo el tiempo. Y la banda hace su espectáculo. Como Miranda! pero con menos recursos.
¿CUÁNTO VALE EL SHOW?. Nara (17), es hija de coreanos y aún va al colegio. Cuando se sube al escenario se llama aNISH y explota su look lolita. “Es un personaje. Acá la imagen es muy importante para la música, así como en el rock es la técnica. Me gusta que la gente asocie el movimiento a algo lúdico y sexón”, dice aNish.
La chica de Quiero Star es una mujer fatal que se viste como una Cindy Lauper de paseo por la ropa usada de Bandera. Andrés -aka Androk- (23) usaba una coqueta camisa de leopardo para cantar covers de Yuri y Pablito Ruiz, hasta que se la robaron. “El pop es algo que debe vender rápido. Y para eso es necesario atraer con la imagen”, explica Androk.
La escena “Poppy” nacional se nutre de teclados viejos y pop basura. Ese que empezó a revalorizarse en las fiestas kitsch. Pero más que reírse de Camilo Sesto o Ace of Base se les toma en serio. Y lo pasan bien, con esos peinados raros, trajes de colores y lentes de sol gigantes.
“Se trata de hacer ruido visual”, explica Redard. Algo muy lógico porque el sonido, desafinado, anfetamínico, precario, agarrado de las bases y sintetizadores cosecha 1984 debe compensarse con look y onda. Aunque absolutamente todos los músicos afirmen que esto es el principio, que no van a estar toda la vida trabajando con lo mínimo, que esto es un aprendizaje. “Lo mejor de esta música es que es muy fácil de hacer. Ocupo los programas del computador y, como canto afinado, estoy listo”, explica Androk. Como el pop español, que se sostuvo en el talento de bandas como Fangoria o el mismo Berlanga -quien trabajó para Almodóvar y falleció de sida hace unos años-, hasta profesionalizarse con bandas como La Monja Enana, Chico y Chica, Ellos o Superputa. “Hay una necesidad de resolver la falta de instrumentos con otras cosas. Coreografias y vestuario. Más es mejor”, dice Redard.
LA COSA SEXUAL. “No me gusta decir que el público es exclusivamente gay. Al principio, claro, es el público que esta música atrapó en sus inicios”, dice Redard. Pero es cosa de ir a una de estas fiestas y comprobar que más de la mitad del público es gay. Eso se nota en los gestos, los abrazos, la forma de moverse. Como una disco funk de Nueva York en los ’70. Pero con más escote, roces, histeria. Y las letras. Todas las bandas hablan de sexo, abandonos, venganza y, claro, placer. “Control sexual”, como dicen Quiero Star.
“Nadie quiere aceptar que su mundo es gay. Sin ellos no estarían en el circuito y si miras sus fotologs hay casi puros fotologs de gays en sus favoritos. Ahora sacarán un disco donde esperan masificar el proyecto, pero estoy seguro que lo comprará básicamente el mundo homosexual. Antes de darles la espalda deberían agradecer su apoyo incondicional”, dice Benjamín (20), quien toca en Flancé, banda producida por Cristián Arroyo (Canal Magdalena).
Redard piensa que cerrarnos en lo sexual sería reducir el movimiento. Las coreografías sadomasoquistas y los videos porno proyectados son parte del juego. Por algo sacará un disco y no un DVD, “ePOP”, un compilatorio que testifica el movimiento a nivel sudamericano: Taxiboy, Muá, Stigma y un largo etcétera. Habrá que escucharlo.
Chico Snob es el alter ego -coqueto y de bigote- de Ignacio Salas (24). Él no estará en el disco, pero seguro se hará famoso. Si sigue grabando cosas como “Maraco poblacional”, por ejemplo. Vive en Talca -“ciudad rara, conservadora y costumbrista”- y dice que no sabe tocar ningún instrumento, pero que está aprendiendo a usar los programas para crear música en el PC. Felipe Avello lo invitó a “SQP” este verano, pero no lo dejaron actuar. “La productora, que no cachaba nada, nos cortó”.
“En Chile es fácil cantar sobre temas sexuales. Nadie lo había hecho y está bien que exista Pornogolosina. De hecho, me gustan mucho. Pero hay que tener cuidado en convertirse en anécdota, en algo irrisorio”, dice Chico Snob, quien cree que esto del asunto gay no es tan importante como la reacción del público, donde los hombres generalmente lo odian, a diferencia de las chicas. “La idea es avanzar y usar esta música básica y fácil de hacer para hablar de otras cosas”, remata Chico Snob.
Annie dice que lo mejor es poder sacar el lado b. “Todos tenemos un lado turbio, juguetón, perverso. Por eso vamos a estas fiestas y la pasamos bien”.
Sexualidad con ritmo de juguete. Es pop caliente, mamá.

